¡Hola! Les comparto mi dolor ;-; ayer estaba empezando el capítulo y como tenía los otros capítulos abiertos (para leer más o menos por dónde iba), cerré sin querer el archivo ToT y no lo guardé. Traté de recuperarlo pero al ser yo la que puso el "No guardar", Word no me lo recuperó UnU por eso me desanimé y recién ahora lo estoy escribiendo…
En fin, luego de mis lamentos, quiero tomar este pequeño momento para agradecer a Janemba988 y a PrincessMico por sus reviews n.n en cuanto tenga internet los contestaré, ahora ando con los datos del celu
Disclaimer: Fairy Tail y sus personajes son propiedad de Hiro Mashima, la idea principal de esta historia le pertenece a Janemba988.
El abismo del alma
Capítulo 4: Mis razones, ¿son suficientes para ti?
Gajeel y Levy se encontraban dentro del departamento de esta última, ambos mirándose las caras sin saber qué decir o por dónde empezar. La chica pensaba más que nada en que iba a recursar la materia o mejor dicho el año, y que por una extraña razón eso la tenía sin cuidado. Si bien siempre había puesto sus estudios en primer lugar, ahora había algo más importante, que "tenía solución" y que cuando acabara podría estudiar como se debía. Por la mente de Gajeel solo pasaban reproche tras reproche, ¿cómo fue tan impulsivo como para decirle que le contaría semejante cosa? Que ni él sabía dónde comenzaba. Servía el hecho de que en esas semanas ambos se conocieron así que algunos detalle podría omitir. Pero también habían otros problemas aflorando en su cabeza, si se lo contaba sería más difícil olvidarlo puesto que existiría en más de una memoria; o incluso pensaba que tal vez ella no lo entendería y hasta podría mirarlo con otros ojos por ello.
Sus dudas quedaron de lado cuando una pequeña mano se posó sobre la suya, levantó la mirada y ahí estaba esa chiquilla impertinente, dándole una sonrisa comprensiva. Alejó su mano y miró hacia otro lado, claramente incómodo.
―No sé por dónde empezar ―se sinceró, ella permaneció callada, paciente―. Eres como una maldita psicóloga si no dices nada, siempre tratando de analizarme, como si fuera tus libros.
Levy comprendió por sus palabras lo difícil que se le estaba haciendo, y no, ella no se la daba de psicóloga ni mucho menos, y ya hacía tiempo que había dejado de tratar de analizarlo. Aguantó sus reclamos y siguió esperando, a que él se decidiera a contarlo.
¿Decirlo? ¿No decirlo? Tenía tantos sentimientos a favor y en contra que estaba confundido hasta sobre sí mismo. No quería exponerse a ella, pero sentía que si no se lo sacaba de encima aquello iba por terminar de matarlo. Pero si lo compartía y ella no lo entendía, no iba a saber qué hacer y no quería distanciarse. Entonces, la respuesta que lo calmó fue aquella que quería olvidar, si ella también lo dejaba, ¿no sería mejor morir? Ya nadie lo necesitaría, nadie velaría por él, en cualquier caso, esa noche tendría una salida.
―Ya sabes que cuando tenía tu edad mi mamá murió, eso no me afectó tanto porque no me lo permití, estaba ocupado con mis estudios y mi trabajo y creí que la estaría deshonrando si me detenía a llorarla ―. Observó a Levy quien estaba concentrada en sus palabras―. Luego mi padre pensó muy mal de mí por ello, él estaba muy afectado y creí que debía dejar que desahogara todas sus penas conmigo, aunque haya sido de…esa forma.
A medida que su relato continuaba, sus recuerdos inevitablemente afloraban, cómo su padre había cambiado radicalmente su forma de ser y comenzó a insultarlo, a maltratarlo verbalmente, a gritarle las veinticuatro horas del día o a simplemente mirarlo de forma acusadora; su padre se refugió en la idea que fue culpa de Gajeel el accidente, y él tenía claro que no lo era, pese a que su madre había salido ese día para ir a comprar para hacerle su cena favorita, siempre supo que el accidente no tenía forma de ser su culpa. Y cuando su padre trató de golpearlo, fue la primera vez que él trató de razonar la situación, pero ya era tarde porque le había dejado creer algo que no era. Era tan injusto, de haber sido él quien hubiera muerto, su padre jamás le hubiera reclamado a su madre e incluso la hubiera ayudado a afrontarlo. Suspiró, tratando de sacar con eso el dolor en su pecho.
―Cuando me fui de casa, inevitablemente tuve que dejar mis estudios, debía conseguir otro trabajo para poder pagarme un lugar donde estar. Comencé en una pensión, donde me robaron todo lo que tenía por pendejo ―dijo enojado, recordando cómo se había confiado en que las personas de allí eran buena gente, cómo estos habían fingido hasta que lograron ganarse su confianza, sacarlo de parranda, emborracharse juntos…mientras conocidos de estos le robaban sus pertenencias―. Pero al menos conocí cómo ahogar mis penas en alcohol ―se burló, ¿qué más podía hacer? Ya había pasado, no había forma de resolverlo―. Luego Juvia me dio techo, a sus padres no les agradaba pero a ella no le importaba…claro, hasta que apareció su "Gray-sama" ―dijo con desprecio, recordando que al chico no le parecía que ellos vivieran juntos, suponía que era algo de parejas primerizas.
Aún recordaba el día que Juvia, con resolución pero con culpa, le había pedido que se marchara, aun sabiendo que no tenía un lugar a dónde ir y que el dinero que había juntado no era mucho. Trató de darle dinero pero no dejaría que ella quedara con la conciencia en calma, por lo que se fue sin nada, incluso sin su amistad.
―Me fui, traté de ser optimista pero estaba solo ―cerró fuerte sus ojos, al recordar la desesperación que sentía al ver caer el sol y saber que no tenía ni un lugar a dónde ir, que no había nadie esperándolo. Golpeó la mesa para alejar esos pensamientos, notando cómo Levy daba un pequeño salto de la impresión―. Lo siento…luego de eso, le pedí a uno de mis empleadores que me dejara quedarme a dormir en el trabajo, y tuve suerte, o al menos eso creí. El muy imbécil creía que era mi dueño y yo un perro de la calle, con el que podía hacer todo lo que se le plazca porque estaba viviendo allí y además me pagaba por trabajar. Me recordaba mucho a mi padre, cuando me gritaba solo pensaba: mi padre me gritaba más fuerte y peor, tú no me afectas. Pero era mentira, quisiera o no me afectaba. ¿Sabes lo que es que te estén gritando, denigrando y humillando y no poder decir nada?
En ese momento, se sintió horrible, se sentía poco hombre al admitir aquello puesto que cualquiera lo habría enfrentado, pero él temía volver a quedar en la calle y por eso lo dejó ser. Miró con un poco de temor a Levy pero se veía bastante seria, no había cambiado su forma de verlo, aparentemente. Eso le dio la seguridad para continuar.
―Todo siguió así, gracias a que yo toleraba todo eso fue que me ascendió y me dio un mejor lugar dónde dormir. Aproveché para ahorrar y cuando mi mente estaba más al borde de la locura, recibí la noticia de que mi padre había muerto. Extrañamente fue el padre de Juvia quien me llamó, no sé cómo averiguó a dónde estaba pero le agradecí ―. Su mirada se tornó triste y oscura, según Levy, sabiendo que seguramente ese día había sido muy duro para él. ―Le pedí a mi jefe que me dejara salir para ir al funeral y el muy maldito no quiso, se burló de mi padre, de mi madre…y no lo aguanté más, tomé mis cosas y me fui ―bajó su mirada a su mano y esta tomó forma de puño, lo apretaba tan fuerte que se estaba poniendo blanca, Levy se apresuró a tomarlo entre sus manos y acercarlo a su pecho, reconfortándolo, diciéndole de esa forma que no estaba allí, que no debía hacerse daño. Gajeel estaba al límite, sentía ganas de llorar y su garganta estaba hecha un nudo, pero no lloraría, era un hombre duro ya…no podía afectarle―. No pude golpearlo, no pude gritarle, solo me quedé callado y me fui, soy patético.
Levy negó con la cabeza, mirándolo seriamente. ―Eras, lo fuiste tal vez, pero ya no lo eres.
―Eso tú no lo sabes ―protestó el mayor, ella sonrió.
―Sí que lo sé, cuando renunciaste a tu antiguo empleo golpeaste al dueño ―dijo segura, puesto que lo había escuchado de buena fuente. Él pareció recordarlo y se rió también.
―Cuando fui al funeral, un abogado se acercó a mí y me dijo que mi padre me había dejado todo a mí. Lo vendí, la casa, las cosas…los muebles los conservé y los traje aquí porque le gustaban mucho a mi madre y no podía dejarlos. Los cuidaba mucho, estaba obsesionada, era raro no verla con una gamuza y un aerosol lustra mueble ―se burló, con uno de sus pocos recuerdos felices―. Me mudé aquí, estaba en alquiler o venta el departamento y decidí comprarlo. Esta ciudad era nueva, nadie me conocía y no tenía ganas de seguir buscando. Conseguí trabajo pero ya no podía confiar en nadie, tengo un odio ciego hacia la gente, por eso prefería trabajos pesados, de carga y descarga, de repositor, esas cosas, no tenían la gran paga pero me alcanzaba. Sin embargo, de mi cabeza jamás se fueron esos recuerdos, jamás pedí ayuda. Solo me encerré en mí mismo y de a poco me fue consumiendo. Hasta que finalmente me sentí en la orilla de un precipicio, la muerte era el abismo y la vida todo el valle restante, pero mis recuerdos son el viento que me empuja y en medio de eso una chiquilla entrometida tendiéndome la mano.
La joven se sintió algo nerviosa al notar que había terminado. Ahora debía contestar, ¿o no? No había meditado qué decir, aunque estaba claro que la historia la tomó desprevenida. Sabía sobre la muerte de ambos de sus padres pero no con tanto detalle, sabía quiénes eran esos que lo engañaron, sabía de Juvia y Gray, de su jefe…pero no sabía cómo responder.
Para ella cada persona era un mundo, no lo juzgaba, tal vez no lo llegaba a comprender al cien por ciento o pensaba que tal vez ella hubiera reaccionado diferente, pero no lo sabía, porque como él le había dicho desde un principio: debía vivirlo primero. ¿Ella hubiera aguantado? Parte de ella pensaba que de pasar algo así prefería vivir en la calle, ¿pero sabía lo que era eso en verdad? No era acampar, nunca se vio acorralada en una situación así, jamás se vio enteramente sola contra el mundo. De pequeña tuvo a sus padres, de joven también y además a sus amigos. No podía imaginar lo que habría sufrido Gajeel.
Se levantó y lo abrazó, comenzó a llorar por la confusión que tenía, por no saber cómo reconfortarlo. Pero aunque no lo supiera, sus lágrimas eran la mejor respuesta que él podía recibir. La paz que lo invadió al compartir eso, incluso cuando se saltó lo que sintió al respecto; al verse comprendido con tan poco, lo hizo respirar tranquilo por primera vez en mucho tiempo, y aunque no lo tenía presente la idea de suicidarse se había ido de la mano a la soledad. Por lo menos en ese momento, porque sus heridas eran muy profundas, no era algo físico que pudiera curarse, era algo psicológico que se había agarrado fuerte a su interior.
―Puedes contar conmigo, sin importar qué o quién, nunca te dejaré ―prometió Levy entre lágrimas, sintiendo cómo él la abrazaba fuerte. Era curioso, parecía saber utilizar la fuerza justa para hacerla sentir protegida pero sin lastimarla―. Seremos amigos por siempre.
―No hagas promesas, tonta. No sabes si podrás cumplirlas.
La noche transcurrió en medio de preguntas del tipo "¿qué habrías hecho si…?" y "¿Qué sientes al respecto sobre…?". Todas ellas le resultaban hilarantes a Gajeel, la confianza que había tomado Levy y parecía una niña curiosa ante un nuevo mundo, sus ansias de conocer y saber le resultaban interesantes. Y así fue que amaneció, con ellos en medio de una plática sobre el pasado.
―Tienes que irte a la universidad ―comentó el hombre, ella asintió con pesadez y se levantó, estirándose―. Date un baño así no te quedas dormida, yo voy a dormir.
Ante ese comentario Levy se vio muy molesta, puesto que este le refregaba en la cara lo que ella no podría hacer hasta la tarde. Pero antes de que pudiera irse ella lo llamó, se veía algo indecisa si decirlo o no pero al final pareció armarse de valor.
―Creo…creo que eres muy fuerte. Creo que yo y la mayoría de personas que conozco, no hubiera podido llegar a dónde estás.
Él le dio su característica risa y una sonrisa de medio lado, bastante orgulloso del comentario, como si le hubiera subido el ego. Levy hizo un puchero, pero él no lo vio ya que había desaparecido tras el umbral de la puerta. Y desde el pasillo, en silencio, agradeció al mundo por Levy McGarden.
-.-.-.-.-.-
Al llegar a la universidad se sintió presa de todas las miradas y murmullos, pero con el sueño que cargaba encima le importaba muy poco, incluso se preguntaba qué hacía allí. Era el día anterior al primer parcial, tal vez de estar atenta podría aprovechar al profesor pero ahora su mente solo pensaba en dormir.
―Ah, Levy-chan…
Pasó a su amiga de lado, sin querer obviamente, pero ésta la alcanzó rápido. Lucy estaba preocupada por su aspecto pero ella se defendió diciendo que valió la pena, que ahora conocía un poco más al chico misterioso, como se refería cuando estaban juntas; y que tenía fe en que todo se resolvería. La rubia la abrazó fuerte, rogando porque aquello fuera cierto, ella pese a su sueño se veía tan animada que no se imaginaba qué pasaría si sucediera algo malo.
―De acuerdo, mi clase comienza pronto, así que cualquier cosa escríbeme. Y no te preocupes, no te dirán nada por dormir en clases, a mí no me reprochan ―dijo muy orgullosa, guiñándole un ojo―. Hazte la fama y échate a dormir.
Levy sonrió al escuchar esa frase, pues en ambas aplicaba ya que eran las mejores de sus respectivas clases, sus profesores no les dirían nada y al parecer la rubia ya tenía pruebas de ello. Pronto, la vio volver en sus pasos, como si de repente hubiera recordado algo de suma importancia que no pudiera esperar a contarle.
―Por cierto, todos rumorean que estás saliendo con Gajeel Redfox, dicen que te vieron en la salida. Luego me cuentas eso, eh ―dijo haciéndose la despistada, como si no pudiera unir dos puntos. Y por lo dormida que Levy estaba, solo asintió.
-.-.-.-.-.-.-
Gajeel despertó súbitamente, había tenido una pesadilla horrible, en la que todos sus malos recuerdos lo acechaban. Su padre, sus "amigos", su jefe. Sacudió su cabeza tratando de no pensar en eso, se repetía que solo había sido un sueño, pero el mal sabor de boca que le dejó lo hizo perder la calma. Comenzó a golpear la pared, tratando de combatirlos, mientras Lily lo observaba fijamente desde la puerta de la habitación. Al acabar, se tiró sobre la cama, agitado. Su mano estaba ensangrentada y la pared hecha añicos. Y en la puerta, seguía Lily.
― ¿Qué me ves? ―desafió, pero el gato no se movía. Suspiró.
En la noche se había olvidado un detalle muy importante y era esa bola de pelos, encontró a Lily cuando se marchó de casa de Juvia, esperándolo cerca de una avenida, mirándolo con esa mirada profunda que parecía leer su mente. Con la necesidad de compañía, fue que lo acogió, cuando resolvió que iba a vivir en su trabajo se lamentó porque debería abandonarlo, pero él jamás se fue. Incluso esos días en que no tenía comida, Lily no se iba. Él era su compañero.
―Gato mugroso ―dijo arrojándole la almohada, obviamente no le apuntó a él y este parecía saberlo porque no se molestó en moverse de donde estaba.
¿Levy se quedaría con su gato si él se iba? Sentía tanto asco y odio hacia sí mismo, porque sabía que ella pensaba que habían dado un gran paso, pero lo que hizo solo fue como un analgésico. El dolor desapareció, pero solo por un rato. Ya no quería arrastrarla con él, porque de hacerlo no la dejaría continuar, no quería que ella perdiera lo que toda jovencita debía vivir que era tener uno que otro novio, tal vez novia, nunca se lo preguntó; terminar su carrera, viajar por el mundo con sus amigos, en el caso particular de ella: publicar un libro. Quería ser su amigo, pero tal como ella se lo había demostrado, eso implicaba proteger al otro. Y él debía protegerla de sí mismo.
En cualquier caso solo había un pensamiento latente en su cabeza, debía morir, no había opción. Cubrió sus ojos con un brazo, para que Lily no lo viera llorar, era un idiota y no había forma de cambiar eso. No podía volver al pasado, no podía arreglar lo que ya estaba arruinado.
Por más que lo intentara, no podía seguir adelante.
Continuará…
eoe el próximo cap es el final, chan, Chan, CHAN xD espero que les esté gustando hasta ahora y seguir contando con sus reviews. Al final terminaré subiendo el cap final antes del viernes, aparentemente xD
¡Ja-ne!
