Capítulo 3.- El Escape

Los días pasaban, y no llegaba respuesta de Imladris, respecto a la demanda que Sauron había hecho para devolverles a la princesa Selene sana y salva.

Lo que nadie sabía, era lo que Selene ya estaba provocando, aún sin saberlo o quererlo, en el príncipe de la oscuridad.

En Imladris los elfos en verdad tenían problemas para tomar una decisión. Elrohir insistía en mandar un ejército al rescate de su hermana. Elladan trataba de calmarlo.

Los otros Guardianes, especialmente Aerandir, estaban muy preocupados por Selene aunque al mismo tiempo estaban completamente seguros que ella se encontraba a salvo, no por nada ella era la mejor de ellos.

En sí todos coincidían en no entregar los Anillos Élficos, pero ¿En verdad éstos valían tanto como para sacrificar a la princesa Selene?

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Ya hacía una semana desde la 'lección' que había dado Selene a Gothmog sobre el Amor, y aunque de vez en cuando ambos cruzaban palabra, no era de importancia.

A diferencia de éste día...

Gothmog llegó un poco temprano a su habitación y...

…Luna quiere ser madre
y no encuentras querer
que te haga mujer
dime luna de plata
que pretendes hacer
con un niño de piel
hijo de la luna…

-¿Qué es eso? –preguntó Gothmog con curiosidad.

-Eso, es una canción que me enseñaron. –respondió Selene

-Una canción. –repitió Gothmog confundido ante el término desconocido. -¿Cómo es eso?

-Bueno. –dijo Selene sin saber bien que contestar. –Es… es cuando a una historia o un sentimiento, en ves de decirlo hablando lo hacer con ritmo, con música, ya sabes, cantándolo ¿No cantan en Mordor?

-Bueno, existe algo parecido, lo que los orcos gritan cuando trabajan, pero no se parece en nada a eso. –dijo él reflexionando.

-Gracias a Éru, si cantara igual que un orco me suicidaría. –dijo Selene riendo.

La cara de Gothmog se relajó un poco.

-¿Cómo haces para reír tanto? –preguntó él. –Deberías estar enojada

-Reír es saludable, -replicó ella. –Deberías intentar hacerlo alguna vez

-No río si no existe una buena razón. –dijo él

-Ah, ¿Es que ríes? ¿De verdad? –Selene se colocó delante de su cara y lo miró fijamente diciendo, como si tratara de hipnotizarlo. –Mírame, mírame bien, tienes muchas ganas de reírte, te quieres reír. –Nada, simplemente no funcionaba. –Vamos, por fa, ríete, ríete ¿Tienes dientes en esa boca?

Finalmente Gothmog soltó una carcajada, y la risa fluyó por él invadiéndolo y relajándolo. Nunca había sentido nada parecido.

Pronto su risa se unió a la de Selene que gritaba:

-Tienes dientes, lo he descubierto, sí, sí, sí.

-Tienes razón. –dijo él recuperando un poco la compostura. –Me siento mucho mejor. Gracias

-De nada. –dijo Selene mirándolo con ternura.

Gothmog se volteó para evitar su mirada

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Unos días después Selene estaba recostaba en la cama, mirando las estrellas por la ventana.

-Quiero que me enseñes a bailar. –dijo de repente Gothmog

-¿Qué? –preguntó Selene incorporándose, sorprendida.

-Quiero que me enseñes a bailar, -insistió él. –Parece divertido.

Selene dudó por unos instantes

-Bien, supongo que puedo enseñarte. –dijo levantándose.

Se puso de pie frente a él y se acomodó la falda, mientras pensaba en algo fácil que pudiera enseñarle al demonio.

-Okay, empecemos por el ritmo, algo lento para iniciar. –dijo ella mientras empezaba a balancearse para los lados. –Trata de seguir mis pasos mientras tarareo la música… ves… no esta mal…

Selene sonrió al ver al balrog balanceándose al mismo paso que ella.

Gothmog lo hacia bastante bien en realidad

-Bien, ahora intentémoslo juntos. –dijo ella.

Selene se acerco hacia él y le tomó la mano

-¿Qué haces? –dijo él alarmado.

-No te voy a comer. –dijo ella

Tomó la mano de él y la llevó a su cintura lo que produjo en él un leve temblor en las manos que ella notó e hizo que ella se sonrojara.

"¿Qué me pasa? Cálmate." Se dijo ella.

Respirando profundamente colocó su mano libre en el hombro de él.

-Bien, -dijo ella. –Ahora es lo mismo, pero sin pisarme, ¿Entendido?

Gothmog comenzó a bailar mirando los pies de Selene por lo que ésta le levanto la cara con delicadeza

-Mírame a la cara, déjate llevar por la música. –le dijo con dulzura.

Mirarla a la cara produjo un efecto algo extraño en él: Se relajó todo su cuerpo y se concentró en ella.

Después de un par de minutos ella se acerco a él y apoyo la cabeza en el hombro, abrazándolo.

Esto preocupó a Gothmog que pensó que estaba enferma.

-¿Te encuentras bien? –preguntó él, inclinándose un poco para verla a la cara.

Ella levantó la cara para responder.

-Sí, sólo…

Selene calló.

Se encontraban tan cerca que podían sentir la respiración del otro.

Se acercaron un poco más.

"¿Qué esta pasando? Detente." Se dijo a sí misma Selene.

Pero siguió acercándose hacia él.

"¿Qué diablos estás haciendo?" Pensó él.

Pero tampoco se detuvo.

Sus labios se rozaron unos instantes, pero ambos se alejaron inmediatamente, Gothmog salió de la habitación y cerrando la puerta tras él se apoyó en ella.

"¿Que diablos fue eso? Sabes perfectamente que ella es una prisionera, tu enemiga, ¿Qué diablos estabas haciendo allí adentro?" una conciencia interior empezó a recriminarlo.

-Tengo que salir de aquí. –dijo él en un susurro.

Pero sólo se dejó caer en el suelo, como alguien que se encuentra muy cansado.

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Y en el interior de la habitación, los efectos del suceso en la princesa elfa no parecían ser muy diferentes.

-O por Erú, no puede ser, no puede ser, no puede ser. Casi me besó. –empezó a murmurar Selene mientras daba vueltas a la habitación con desesperación. –Peor aún casi lo bese. Peor aún… -se dejó caer en la cama a la vez que pasaba una mano por sus labios. -… me estoy enamorando de él.

Y sin poder evitarlo, lloró desconsoladamente.

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Había transcurrido alrededor de un mes desde el secuestro de Selene cuando Gothmog fue llamado a la sala del trono por su padre...

-Gothmog

-Dime padre. –dijo Gothmog arrodillándose

-Hemos recibido la respuesta de los altos elfos. –dijo Sauron. –Se niegan a entregar los anillos. Por lo tanto, la princesa Selene perderá la cabeza mañana y se las enviaremos como respuesta.

El corazón de Gothmog dio un salto, pero no se notó en su semblante

-Sí señor, me retiro. –dijo Gothmog poniéndose de pie.

Apenas se había dado la vuelta para marcharse cuando su padre lo llamó.

-¿A dónde vas? –le preguntó.

-A darle la buena noticia a Selene. –respondió su hijo con seriedad.

-Disfrútalo. –dijo Sauron con sonrisa perversa.

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Gothmog entró en el laberinto y cerró la puerta.

"No puede ser, no la pueden matar, no pueden matarla. La necesito. La necesito." Gothmog se debatía consigo mismo mientras recorría el laberinto. "Pero si la ayudo a escapar, traicionaría a mi padre ¿Qué debo hacer? No, no puedo dejarme dominar por estúpidos sentimientos. Le diré que morirá mañana y eso será todo".

Caminó por el laberinto aparentemente seguro de sí mismo, pero al abrir la puerta de su habitación le temblaba la mano.

Respiró profundamente y entró.

Volvió a apoyarse en la puerta para cerrarla y toda su voluntad se desmoronó.

No podía hacerlo.

-Buenos días Gothmog. –lo recibió ella.

Nunca nadie decía su nombre con tanto cariño, ni siquiera su madre.

Le dolía, le dolía por dentro. No podía hacerlo.

La miró de nuevo. Nunca la había visto así. Era tan hermosa.

Tomó una decisión.

-Tienes que salir de aquí. –le dijo él con absoluta seriedad. –Ahora. Mi padre mandará matarte mañana al amanecer.

-No te preocupes. No le temo a la muerte. –dijo ella con seguridad.

Esto sólo hizo que Gothmog la admirara más.

-No lo permitiré. –dijo él

Tomó un tintero y lo derramó en el umbral de la puerta

-Dejaré un rastro de tinta negra al caminar, -explicó él mirándola fijamente a los ojos. –Suficiente para que halles la salida ¿Puedes defenderte sola?

-Sí. –dijo ella, algo extrañada y preocupada al mismo tiempo.

-La salida está un nivel más arriba. –siguió explicando él. –Toma las escaleras al fondo del pasillo. Hay cinco guardias en la puerta. La zona exterior esta llena de guardias y orcos. Tu mejor opción es dirigirte a Ithilien, una ciudad de hombres a unas millas de aquí…

-Estaré bien. –dijo ella para tranquilizarlo. –He estudiado los mapas de Mordor

-¿Estudias mapas de Mordor y no tienes modales? ¿Estas segura de que eres una princesa? –Dijo Gothmog ante su propio asombro.

¿Acaso acaba de decir un chiste?

-El mundo no necesita una princesa más. –fue la respuesta de ella.

-Bien. Esto es todo lo que puedo hacer por ti. Así que me voy. –dijo él.

Se dispuso a salir al laberinto

-Gothmog. –lo llamó Selene tomándolo por el brazo

-¿Qué? –preguntó él mirándola

-Gracias. –dijo ella, con una sonrisa de profunda gratitud.

Y acercándose a él lo abrazo con todas sus fuerzas.

Finalmente se separaron.

-Me debes una. –dijo él y se fue dejando un rastro en el suelo.

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Selene esperó unos minutos, para dar oportunidad a que Gothmog se alejara, y no estuviera cerca en caso de que la descubrieran al escapar.

Finalmente ella se puso una capa negra de él y salió al laberinto, fue siguiendo las huellas de él a la vez que las borraba con la parte caída de la capa. Si iba a escapar, estaba decidida a no dejar huellas que incriminaran a Gothmog. Pero...¿por qué se preocupaba tanto por él?

"Sólo lo hago para devolverle el favor que hizo por mí." Se dijo ella mentalmente.

Pero ni siquiera ella estaba segura de eso.

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Un cuarto de hora después Selene salía corriendo del país de las Sombras, Mordor, después de haber tenido que pelear con un par de orcos que se habían percatado de su presencia.

-Por suerte no alcanzaron a alertar a otros de mi escape. –se dijo ella mientras se cubría con la capucha de la capa, procurando ocultarse de ojos espías, pues sabía que aunque había salido de Mordor aún estaba demasiado cerca del peligro.

-Tu mejor opción es dirigirte a Ithilien,

Recordó ella que Gothmog le había dicho eso.

-Entonces allá es a donde iré. –se dijo y comenzó a caminar.

Con eso ella se puso en marcha hacia Ithilien.

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Unas horas después el Jefe Vigía de la Torre de Ithilien se alarmó cuando vio una figura encapuchada acercarse. De inmediato puso a dos arqueros en alerta, y se acercó a una ventana desde la cual se distinguía la entrada a la Torre.

-¡Deténgase ahí! Quienquiera que sea. –ordenó él.

La figura encapuchada alzó la cara (oculta por la capucha) hacia arriba y lo miró.

-Vengo en son de paz. –dijo la figura con calma.

El vigía no le creía, y es que ¿Cómo creer algo así en tiempos de guerra?

-Decidme vuestro nombre y mostrad vuestro rostro. –ordenó el vigía. –Y yo decidiré si os dejo pasar o no.

-Sólo pido un lugar donde descansar. –dijo la figura y se echó para atrás la capucha. –Soy Selene Moonlight, hija de Elrond, princesa de los Elfos de Imladris.

Los guardias la miraron realmente sorprendidos.

El vigía de inmediato corrió a abrirle la puerta.

Una hora después Selene, ya comida, se dirigía en un caballo hacia Gondor; desde donde esperaba poder comunicarse con su familia.

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Y mientras esto ocurría con ella, una figura permanecía de pie en la ventana de una de las torres en Barad-dur. Se le veía melancólico.

-Selene... –la voz de Gothmog llenó el aire frío de la noche, aunque nadie hubo cerca para escucharla.

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Después de una semana de llegar Selene a Gondor, Elrond y su familia viajaron a encontrarse con ella.

El rey Elendil no dudó ni un instante e invitó a Lord Elrond junto con todos los suyos a que se quedaran igualmente, aunque fuera por un tiempo, como huéspedes de honor en su castillo. Ellos aceptaron gustosos.

Y con el paso de los días no fue difícil para todos aquellos que la conocían bien notar los cambios que había sufrido la actitud de Selene: Se le veía casi siempre rodeada de un aire de melancolía y con un dejo de tristeza; ya no reía, y apenas sí sonreía, y aún cuando lo hacía, no era igual que antes.

Sus hermanos mayores de inmediato pensaron que debía tratarse tan sólo del trauma de haber sido secuestrada y mantenida cautiva por un mes en un lugar tan horrible como lo es Mordor, además de haber estado a punto de ser decapitada; pero Aerandir, como su amigo que era, estaba seguro que había algo más.