Notas de la autora: Mariana Elías, quiero darte las GRACIAS por el apoyo que le das a esta tabla semana tras semana ^^ Como tus reviews no son de usuario registrado no te los puedo responder en un mensaje privado, pero quería que supieras que me hacen muchísima ilusión. Me alegro mucho de que te esté gustando esta tabla. De verdad, ¡GRACIAS! 8D
Y ahora… ¡a por el siguiente prompt! XD
Title: Perspectiva
Author: Dikana
Fandom: Fullmetal Alchemist
Characters/Pairing: Ling/LanFan
Table: Mystic
Prompt: #02 - Grace
Rating: G
Warnings: … ¿no? XD
Word Count: 3.764
Summary: Cuando llevas toda la vida junto a una persona, a veces puede parecer difícil ser capaz de mirarle de forma distinta. Pero los cambios de perspectiva pueden darse en cualquier momento, y entonces te preguntas por qué no te diste cuenta antes.
Notes: Todos los oneshots que he escrito hasta ahora sobre la gente de Xing, para esta tabla, la otra o independientes, están relacionado entre sí aunque no sean correlativos. Por lo tanto, los compañeros de la guardia de élite de Ling que aparecen aquí son los mismos a los que ya he hecho mención en otras ocasiones: Bao, Huan, Jun y Xiang, que junto con Lan Fan, son sus amigos de infancia además de sus soldados.
Perspectiva
Ed y Al levantaron la vista de sus respectivos libros cuando vieron a Ling y Lan Fan bajar por las escaleras y cruzar el comedor de camino a la puerta de entrada.
- ¿Vais a algún sitio? –entonó el mayor de los Elric, sarcástico-. Qué novedad…
- Vamos a entrenar un rato –repuso Ling, sonriendo con indulgencia, ignorando el ataque verbal-. No podemos estar todo el día durmiendo, acabará saliéndonos moho… Además, tenemos que mantenernos en forma y Lan Fan necesita probar el nuevo brazo que le ha fabricado Winry.
La morena asintió con sobriedad, secundando las palabras de su señor, y ambos salieron al porche sin más ceremonias. Los hermanos intercambiaron una mirada medio incrédula.
- Qué motivados están hoy, ¿no? –comentó Al, con una sonrisilla-. Es la hora de la siesta, pero de repente se van a entrenar… No les he visto practicar ni una sola vez desde que están aquí.
- Bah, están como una cabra. Lo dos –Ed hizo amago de centrar de nuevo su atención en el libro, pero fue incapaz de reprimir la risa-. De todas formas, debe ser un espectáculo ver a Lan Fan atizando a Ling, ¿puede existir algo más surrealista? ¿Te lo imaginas?
Los dos se echaron a reír alegremente. Pero las carcajadas se desvanecieron enseguida y ambos volvieron a mirarse con gesto sombrío. No tardaron ni un segundo en levantarse atropelladamente y echar a correr hacia el porche también para presenciar el acontecimiento. Cuando llegaron fuera, amo y sierva ya estaban colocados sobre el césped, a una distancia de tres o cuatro metros el uno del otro.
- … No recuerdo cuándo fue la última vez que tuvimos una sesión de sparring –decía Ling, estirando y flexionando las piernas en el típico calentamiento previo a la acción.
- Yo sí –contestó Lan Fan lacónicamente, girando el brazo izquierdo para comprobar su movilidad-. Gané yo.
- Ohhh, ¿en serio? –Ling de dedicó una sonrisa burlona-. Seguro que hiciste trampa para distraerme…
- Yo nunca hago trampa. Si te distraes tú solo, no es culpa mía.
- ¿Cómo quieres que no me distraiga entrenando con semejante bellezón?
Lan Fan le fulminó con la mirada, sonrojándose profusamente, y Ling rompió a reír. A los Elric les rodó una gota de sudor por la sien.
- Creo que he cambiado de idea –musitó Al-, casi prefiero no presenciar esto…
Ed no tuvo tiempo de contestar, porque el príncipe se colocó en posición de combate de golpe y exclamó:
- ¡Vamos, arma secreta! ¡Menos charla y más acción!
La reacción de Lan Fan fue inmediata. Se lanzó contra Ling a tal velocidad que los dos hermanos rubios prácticamente se cayeron sentados en las escaleras del porche por la impresión, enmudeciendo. El heredero de los Yao esquivó con agilidad la patada dirigida a su rostro y aprovechó el impulso del propio movimiento para atacar directamente la cara de su escolta. Lan Fan también esquivó su mano, girando en el aire como si fuese una muñeca de papel en vez de una persona, y contraatacó con un codazo que Ling bloqueó en el último momento.
- ¿Qué pasa, Lan Fan? –rió, exultante. Su rostro entero brillaba, como el de un niño al ver los regalos en la mañana de Navidad-. ¿Todavía estás dormida?
Ella dejó escapar un rugido, agachándose para barrer el suelo con una pierna y desequilibrar a su oponente. Ling saltó y se alejó con una voltereta, aunque ella salió en el acto tras él. Durante unos momentos ambos se convirtieron en una masa de brazos y piernas que se atacaban a velocidad vertiginosa, fintando y saltando de tal forma que casi parecían estar realizando una curiosa danza. Los espectadores apenas eran conscientes de que estaban conteniendo el aliento.
- ¡Más deprisa! –chilló Ling, al mismo tiempo que lanzaba un puñetazo contra Lan Fan.
Ella se echó hacia atrás con una de esas volteretas dignas de acróbata y, apoyándose en el suelo con las manos, enredó las pierna rápidamente en torno al brazo de Ling, lanzándolo contra la hierba. Él se estrelló en el suelo, pero rodó inmediatamente para volver a levantarse y el espectáculo continuó.
- Qué pasada… -soltó finalmente Al, dejando escapar el aire que había estado reteniendo-. Ya impresiona luchar contra ellos, pero verlos luchando entre sí es increíble…
- Sí… visto desde fuera te deja con la boca abierta. Aunque supongo que es normal. Nosotros dos también debíamos vernos impresionantes cuando entrenábamos juntos.
- Modestia a parte, ¿no? –Al se echó a reír.
Pero los dos brincaron y chillaron del susto cuando Lan Fan cayó del cielo de repente y se posó con una agilidad pasmosa en la barandilla de la escalera, justo a su lado. Ling se encaramó a la barandilla también, sosteniéndose en los brazos para alzarse bocabajo e intentar derribarla con una compleja patada en molino. La joven esquivó sus piernas con otra voltereta hacia atrás, apoyada en el pasamanos como una gimnasta. Saltó al tramo de barandilla que había al otro lado de la escalera y emprendió la huída, con Ling saltando tras ella, pisándole los talones.
- ¡Maldita sea! –gritó Ed, con el corazón en la boca y las manos sobre la cabeza en gesto protector-. ¡Parecéis un par de monos!
Pero, por supuesto, los de Xing no contestaron. Estaban demasiado metidos en su particular escaramuza como para prestar atención a nada más. Cuando parecía que Ling por fin la estaba acorralando, Lan Fan logró encontrar una apertura en la defensa del príncipe y volvió a derribarle con una llave. Esta vez, Ling no se levantó tan deprisa como antes. Y entonces hicieron una pausa, de nuevo colocados en posición de combate a una distancia prudencial, jadeando y sin apartar la vista de los ojos del otro.
- Eres una tramposa –rió de repente Ling entre dientes, aunque el entusiasmo de su expresión no había decaído en absoluto.
Lan Fan frunció el ceño, con la respiración tan agitada como él.
- … Mal perdedor –replicó exasperada.
- Creo que aún no he perdido –exclamó el joven, lanzándose de nuevo a por ella.
Lan Fan apenas tuvo tiempo de esquivarle. Se desequilibró con la embestida y tuvo que bloquear la patada de Ling con el brazo de metal. Intentó reponerse para volver a atacarle desde el mismo ángulo que antes, pero él la interceptó hábilmente.
- ¡No puedes atacar a un enemigo dos veces seguidas con el mismo truco! –le espetó.
Y, agarrándola del brazo sano, la alzó del suelo y la lanzó por los aires.
- ¡Ostras! –dejó escapar Al, con los ojos muy abiertos.
Daba la impresión de que Lan Fan iba a golpear el suelo como un saco de patatas, pero la joven volvió a girar en el aire con esa increíble fluidez que caracterizaba a los guerreros de Xing y cayó de pie como si nada, con la misma gracilidad que un pájaro, retomando en el acto la postura de defensa. Ling dejó escapar un exagerado suspiro de satisfacción, sacudiéndose las manos igual que al terminar un trabajo bien hecho.
- ¡Muy bien! –anunció contentísimo, poniendo los brazos en jarras-. ¡Has mejorado un montón, estoy impresionado!
Ella le escrutó por un segundo, como intentando descifrar si era un truco para pillarla desprevenida o la pelea había terminado de verdad, pero pareció decantarse por lo segundo, porque perdió la tensión poco a poco y se irguió, dejando caer los brazos.
- Gracias, waka –soltó formalmente. Unió la palma de las manos en el saludo típico de Xing y se inclinó con una pequeña reverencia. Ling le devolvió el gesto.
- ¡Busquemos a Mei! –entonó de repente el príncipe, volviéndose hacia la casa con aire risueño-. Puedes entrenar con ella un rato también, ¿eh, Lan Fan?
La chica se sacudió de pies a cabeza.
- ¡Si me pones a pelear con ella no te aseguro que sea un sparring! –chilló descompuesta-. ¡… waka! –añadió tardíamente, como para subsanar su brusquedad.
Ling soltó una carcajada y su vista recayó en los hermanos Elric.
- ¡Hey, Ed! –llamó, su sonrisa ampliándose con malicia al señalar a Lan Fan con el pulgar-. ¿Te apetece un poco de acción? Ahora que Al no está en condiciones de entrenar contigo, tú también te debes estar oxidando…
- ¡Ja! –Ed adoptó su habitual actitud condescendiente, recostándose en las escaleras con altanería-. ¿Un sparring con Lan Fan? No, gracias. La última vez que peleamos, yo la gané por goleada. Creo que es obvio quién es el mejor de los dos. No quiero humillarla delante de su príncipe.
- ¿Cómo dices? –intervino ella, frunciendo el ceño aún más. Resopló, cruzándose de brazos, y giró el rostro en dirección contraria al alquimista-. Bah… ¿Hace cuánto tiempo fue eso? ¿Un año? Eres un cretino… además de un enano.
Ed se lanzó a por ella como un cohete a propulsión, chillando por el insulto. Pero Lan Fan le esquivó con facilidad y aprovechó el impulso del chico para estrellarle su puño metálico en plena cara. Y allí estalló el infierno.
- Vaya par… -comentó Ling con voz ligera, riéndose aún mientras se sentaba junto a Al en las escaleras, ocupando el sitio de Ed, con los otros dos de fondo enzarzados en una lucha mortal en la que Lan Fan llevaba una clara ventaja.
- ¿Y tú qué? –Al se rió entre dientes-. ¿Ya estás cansado? Qué poco aguante, Ling, me esperaba más de ti…
- No, no estoy cansado…
El príncipe se quedó mirando a los dos contrincantes mientras se atizaban, esquivaban y brincaban. Winry le había dejado a Lan Fan una de esas camisetas de tirantes que se ajustan a la piel, considerándola más cómoda para entrenar. Y cada vez que la joven se movía, sus músculos se estiraban, flexibles como una rama de bambú. Con cada voltereta, con cada patada, con cada llave… cómo se dibujaban las líneas de su cuerpo… Parecía estar hecha de agua, en vez de carne, por la fluidez de todos y cada uno de sus gestos. Era casi hipnótico verla pelear.
Ling esbozó una ambigua sonrisa que Al no entendió y se acodó en una rodilla para apoyar la cabeza en la mano, sus ojos fijos en Lan Fan.
- … Simplemente creo que ésta es una mejor perspectiva.
Ling y Huan apenas llegaban a la ventana del dojo, incluso subiéndose a aquellos enormes toneles que se amontonaban en el patio trasero de las dependencias de los soldados, en la residencia de los Yao. El príncipe era menor que su compañero, pero a sus 13 años de edad ya le igualaba en altura, de modo que aquello no estaba siendo fácil para ninguno de los dos. Sin embargo, el esfuerzo valía la pena…
- ¿Qué demonios estáis haciendo? –soltó de repente una voz a sus espaldas.
Los chicos brincaron por el susto y estuvieron a punto de caerse del tonel. Se volvieron con brusquedad, sus rostros tensos como los de los críos pillados en plena travesura. Pero suspiraron con alivio al ver que sólo se trataba de Bao, mirándoles desde abajo con los brazos en jarras y expresión escéptica.
- Sólo estamos mirando a las chicas… -empezó a explicar Ling. Aunque no le dio tiempo a terminar.
- ¿Qué? ¿Estáis mirando a las chicas? Sois un par de guarros, de verdad… ¿No tenéis nada mejor que hacer? Mejor dicho, ¿no podíais haberme avisado a mí también?
- ¡No estamos haciendo ninguna guarrada! –le espetó Huan rápidamente, avergonzado-. Estamos mirando cómo entrenan, ¡nada más!
Bao pareció terriblemente decepcionado.
- Ah… ¿y eso es todo? Vaya idiotez, ¿por qué no pasáis al dojo y las veis desde dentro?
- Porque nos han echado –contestó Ling secamente, y dirigió una cruda mirada a Huan, que se sacudió por un escalofrío de culpabilidad.
- B-bueno, ¡yo sólo le dije a Jun que tenía un montón de aperturas y que Lan Fan iba a darle una paliza!
- ¡Tenía aperturas porque tú no hacías más que distraerla con tus comentarios!
- ¡Pues peor para ella si se deja distraer así en mitad de una pelea!
- Pfff… -Bao resopló, cruzándose de brazos-. Sois lo peor… Y ahora subidos ahí como un par de ratas… Con perdón por la comparación, waka.
- Perdonado –Ling suspiró, sentándose sobre el tonel con aire decaído, hundiéndose de hombros-. Tienes razón. Pero nos gusta verlas pelear. Cada vez lo hacen mejor, ¿verdad, Huan? –miró a su compañero, que asintió de mala gana-. A veces hacen cosas realmente impresionantes…
Bao se quedó mirándoles en silencio durante un momento, hasta que una repentina y pícara sonrisa le cruzó el rostro.
- Deberíais tener cuidado con estas cosas. Ver a las chicas entrenar puede llegar a ser peligroso.
- ¿Por qué? –Huan puso los ojos en blanco, sarcástico-. ¿Porque se les puede escapar un kunai y alcanzarte a ti?
- Además de eso –rió el otro.
Como los chicos seguían mirándole sin comprender, Bao dejó escapar un resoplido y se encaramó con agilidad al tonel, que se tambaleó peligrosamente bajo el peso de los tres jóvenes. Él no sólo era el mayor en edad sino también en altura, de modo que no necesitó estirarse para alcanzar la ventana del dojo, mientras que los otros dos tuvieron que volver a ponerse de puntillas para poder echar de nuevo un vistazo al interior.
Jun y Lan Fan continuaban con el sparring. Fuu estaba con ellas, corrigiendo malas posturas o errores técnicos y dándoles consejos mientras las muchachas se enzarzaban en una rápida lucha, mezclando patadas, puñetazos, saltos y piruetas con una fluidez impresionante. Puede que estuvieran cansadas, jadeantes y sudorosas, pero ninguna de las dos se daba por vencida y mantenían el ritmo frenético de forma admirable. Los tres muchachos se quedaron un rato observándolas en silencio, como hipnotizados.
- ¿Veis cómo se mueven? –murmuró entonces Bao, como si se dispusiera a contarles un secreto, una nueva sonrisa pícara adornando su rostro-. ¿Lo flexibles que son? Tienen una gracilidad especial y pueden hacer cosas que nosotros no podemos. Son impresionantes, ¿eh? Pues esa forma de moverse no la tienen sólo en el dojo… la tienen también en la cama.
Ling y Huan se atragantaron de golpe y miraron a su compañero con los ojos tan abiertos que él soltó una carcajada.
- Ba… ¡Bao! –chilló Huan, medio escandalizado-. ¡Eres un cerdo! ¡Qué asco!
- ¿Qué asco? –repitió Bao, alzando una ceja-. ¿Tienes casi 15 años y dices "qué asco"? Tío, tú tienes algo mal en el cerebro…
- ¡No lo digo por eso! –exclamó Huan a la defensiva, sonrojándose levemente-. ¡Por favor, estamos hablando de Jun y Lan Fan!
- ¿Y qué? ¿Acaso no son chicas también, como cualquier otra? Y ya no son precisamente unas niñas. Especialmente Jun. Con la forma en la que se mueve, ¿nunca te has planteado cómo sería hacerle el amor?
- ¿A Jun? ¡No seas repugnante! ¡Sería como acostarme con mi hermana! ¡Es asqueroso!
- ¡No digas "de esta agua no beberé"! Te aseguro que acostarse con una guerrera no tiene nada que ver con estar con una chica normal.
- ¿Y tú cómo lo sabes?
Bao alzó las cejas, componiendo una expresión tremendamente obvia, y Huan se calló por fin, torciendo la boca en una mueca avergonzada.
- Ah… claro…
Ling se había tragado de lleno la discusión de los dos miembros de su guardia de élite, porque estaba colocado en medio de ellos, pero no había sido capaz de intervenir. Él seguía mirando a las chicas, demasiado impresionado como para pensar con claridad. Bao tenía razón en una cosa, al menos: de verdad poseían una flexibilidad especial. Él había oído a veces a las criadas e incluso a su propia abuela y sus tías comentar lo triste que era la vida de las guerreras, condenadas a vivir como hombres, dejando de lado su feminidad. Ling nunca había entendido aquel razonamiento. La elegancia que demostraban en la batalla sus compañeras de la guardia de élite no tenía nada que envidiar a la que demostraba la típica dama de bien tocando un instrumento musical. A él siempre le había parecido que ellas seguían siendo tan femeninas como las demás. No había nada varonil en su forma de moverse.
Lan Fan esquivó una embestida de Jun con una limpia voltereta que estiró su cuerpo entero y Ling tragó saliva. ¿Desde cuándo Lan Fan… rellenaba así la ropa que vestía? Podía verse con claridad a través del uniforme que su silueta ya no la formaban líneas rectas, sino incipientes curvas. Sólo tenía 13 años… pero era cierto que ya no era una niña.
- ¿Ves algo que te guste, waka? –musitó de repente Bao, examinando su expresión con detenimiento, su boca aún luciendo aquella sonrisa traviesa.
Ling asintió maquinalmente sin ser consciente de lo que hacía en realidad, sus ojos fijos en Lan Fan. Bao siguió su mirada. Y entonces la sonrisa se disolvió para dar paso a una mueca sorprendida.
- ¿Te gusta Lan Fan? –inquirió, girando de nuevo el rostro hacia él con los ojos muy abiertos.
Ling reacción con un brinco, sintiendo que le subía el calor a la cara.
- Me gusta verla pelear –se apresuró a especificar, aunque esperaba de todo corazón que su réplica hubiese sonado más convincente a oídos de sus compañeros de lo que había sonado a los propios.
La expresión que compuso Bao le dio a entender que había fracasado.
- Pues ten cuidado –rió el joven por lo bajo, dedicándole una elocuente mirada-, no sea que algún día cambies de perspectiva…
Ling permanecía sentado sobre la cama a estilo indio, acodado en sus rodillas. Aún sentía el pelo algo húmedo, suelto por su espalda y escurriéndose por sus hombros, despidiendo aquel agradable perfume que tenía el jabón del baño de las Rockbell. No había nada mejor que un buen baño tras una tarde de entrenamiento, nada mejor para refrescarse, desentumecerse y sentirse limpio otra vez. Pero, contra todo pronóstico, la somnolencia típica de esos momentos de relajación no estaba haciendo acto de presencia. De hecho, él se sentía aún más espabilado que una lechuga metida en agua.
Lan Fan también estaba sentada en la cama con él, pero le daba la espalda, concentrada en secar y engrasar concienzudamente su automail, llevando a cabo el mantenimiento básico que requería la prótesis. Ella también tenía aún el pelo húmedo, pero se lo había retirado de la espalda, atrayéndoselo hacia el pecho por el hombro derecho, para que no le estorbara mientras se ocupaba del brazo izquierdo. El perfume del jabón se mezclaba con el olor del aceite.
Era difícil quitarle la vista de encima. Lan Fan no se había puesto aún la camisa para dormir, por supuesto, y su piel blanca llamaba demasiado su atención bajo la luz artificial del cuarto. Ling la había visto millones de veces así, con el torso desnudo, sin otra cosa encima que aquellas vendas que se ataba en torno al pecho. No era algo novedoso ni incómodo para ninguno de los dos. Pero aquella noche se encontró a sí mismo recorriendo con los ojos una y otra vez la línea de vértebras que marcaba su columna bajo la piel de su espalda, y el contorno de los omóplatos, que se contraían y estiraban cada vez que movía los brazos. Cuando cambiaba de postura, podía distinguir el movimiento de sus músculos. La placa del automail no sólo se atornillaba en la carne, sino también en los huesos. Y llevaba tanto tiempo mirando fijamente sus cicatrices que le estaban dando unas terribles ganas de tocarlas.
- ¿Qué te pasa? –musitó Lan Fan en voz baja, mirándole de soslayo por encima del hombro-. Estás muy callado desde esta tarde…
Ling apretó los labios y frunció el ceño, cruzándose de brazos con gesto reflexivo.
- He estado acordándome de una cosa que me contó Bao hace años.
- ¿Ah, sí? –Lan Fan se volvió un poco más hacia él, sonriendo-. ¿Sobre qué?
- Sobre lo impresionantes que sois las guerreras.
Ella parpadeó, un poco desconcertada. Se quedó esperando a que él dijera algo más, pero como Ling permaneció callado, añadió:
- ¿Y qué dijo Bao sobre las guerreras?
- Pues eso, que sois impresionantes.
Lan Fan torció la boca con indulgencia y dejó escapar una suave risilla.
- Qué profundo… -comentó divertida, negando con la cabeza, y volvió a centrar su atención en el automail.
El flequillo le caía sobre el rostro, ocultándole media cara, pero aún así Ling podía distinguir cómo se había enternecido su expresión con los recuerdos de los viejos tiempos. Por un momento fijó su mirada en la mano derecha de Lan Fan, que se movía con destreza por el brazo metálico, comprobando hasta las juntas más pequeñas. Incluso aquellos gestos destilaban delicadeza y elegancia. En realidad toda ella llevaba ya un rato largo emitiendo ondas de feminidad tan intensas que el ambiente en el cuarto empezaba a densificarse. Al menos para él.
Ahhh, qué duro era lo del cambio de perspectiva…
- Lan Fan… echaba de menos verte pelear.
Ella se detuvo y volvió a mirarle, sorprendida. Ling no pudo evitar sonreír.
- ¿Te queda mucho? –inquirió, cambiando abruptamente de tema, señalando la prótesis con un gesto de cabeza.
- Ehh… no, no –Lan Fan parecía cada vez más confusa-. Ya he terminado, en realidad.
- No necesitas ayuda con nada, ¿verdad?
- No, no te preocupes –ella alzó el brazo, observándolo con ojos ausentes-. No termino de acostumbrarme a este olor… Aún me parece desagradable.
- Pues a mí me gusta.
Lan Fan se quedó con la boca abierta, pero antes de que pudiera decir nada más, Ling se levantó de la cama, estirándose perezosamente con un bostezo.
- Bueno… creo que voy a ir a darme una ducha –anunció, rascándose la nuca.
- ¿Otra vez? –Lan Fan frunció el ceño y le miró de arriba abajo, ya medio preocupada, como si al joven se le hubiese cruzado algún cable en el cerebro-. Pero si te bañaste antes que yo…
- Ya. Pero fue un error de cálculos –Ling se encaminó hacia la puerta, encargándose de que ella no viera la sonrisa que le cruzaba el rostro-. Me bañé con agua caliente.
La cara que puso Lan Fan fue digna de foto. Ling se volvió hacia ella justo antes de abrir la puerta, dirigiéndole una elocuente mirada.
- Ahora voy a darme una ducha fría. Porque si no, me temo que esta noche tendré que dormir en el sofá del comedor.
Y abandonó la habitación, dejando allí a Lan Fan, roja como un tomate.
--Fin--
