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Ninguno estaba seguro de cómo había sobrevivido las horas anteriores. De alguna manera, saliendo de la escuela el lunes por la tarde, los embarazados se habían metido en sus casas, y no habían salido pero ni para ir a la tienda de la esquina. El martes por la mañana, todos se las habían arreglado para llevar ropa extra grande llevando al frente las mochilas para cubrirse. Y siempre, con su pareja, o algún amigo que no estaba en su condición, cubriéndole las espaldas. Se comportaban como si estuvieran encubriendo un terrible crimen, lo que provocó muchas risas entre aquellos que conformaban el "jurado" dentro de Mckinley. Sin embargo, funcionaba para ellos. Todos los habían mirado raro, claro (lo cual era bastante común, porque, vamos, eran del Club Glee), y solamente 2 de los chicos recibieron un slushie facial durante el día, una cifra nada preocupante. Al menos nadie había sido metido al contenedor de basura.
Sin embargo, la hermosa chica rubia de pelo corto y vestido floreado, no pensaba en nada de eso mientras caminaba.
A Quinn nunca se le ocurrió que le pudiera salir el tiro por la culata, y menos tan pronto. Mientras cargaba una bolsa de papel llena de cosas y se dirigía a la casa de Puck, siguió analizando cómo había sucedido esto. La verdad es que no se explicaba el comportamiento de Noah. ¿Acaso había alguna soplona en la AFMACG, y él se había enterado de la estrategia de las chicas, y ahora la usaba en su contra? ¿O se dio cuenta él solo, al ver lo que las chicas pedían a sus novios, y éstos les entregaban solícitamente? ¿O quizá se remontaba a lo que había aprendido en aquellos meses oscuros (como los llamaba a veces en su fuero interno), cuando una enojada y llorosa Quinn le exigía cosas a voz de cuello?
La chica miró de reojo su reloj, eran pasadas de las 6pm, y hacía más de cuarenta minutos que el chico la había llamado. Apuro el paso apenas divisó la puerta de su casa. Si se tardaba más, el chico del mohicano se iba a poner hecho una fiera. Todavía más. Había notado su cambio de actitud desde el lunes por la noche, pero desde el martes a medio día, estaba prácticamente imposible.
Cuando tocó el timbre, la Sra. Puckerman le abrió la puerta. No parecía muy contenta de verla, pero para ser honestos, desde que ella estuvo embarazada y vivió en su casa, apenas aguantaban estar juntas más de un par de minutos. Y Quinn suponía que la presente situación no hacía más que empeorar las cosas. Ella estaba tratando de tomárselo con calma, pero se le hacía un nudo en la garganta constantemente, cada vez que pensaba en su Beth. Creía que Puck lo había percibido, y esa era otra de las razones por las que se había ofrecido a hacerse cargo del "embarazo". Él lo negaría rotundamente, pero la chica sabía que él podía ser muy sensible y tierno. Al menos con ella. Sonrió al pensarlo.
Tan sensible, y tan tierno, ¿verdad? Se lo repitió como un mantra mientras subía las escaleras hacia el cuarto de Puck.
[…]
-¡¿Sabes lo horrible que es esto?! ¡Me he estado escondiendo todo el día! ¡Y he perdido dos trabajos en mi negocio de limpieza de piscinas!- chilló Puck en el tono más agudo que Quinn jamás le había oído. La chica lo miraba con la boca abierta. No se le había ocurrido que iba a gritarle- ¿Cómo puedes decirme que no es tan malo? ¡Y es apenas el primer día! ¡Y esta maldita panza está lastimándome la espalda, los broches se me clavan en la piel! ¡Y…!
Quinn lo dejó desahogarse. En primer lugar, porque la había tomado por sorpresa, y aunque Puck le hubiera dejado hablar, no sabría qué decir. Y en segundo lugar, porque una vez que entendió más o menos de qué iba aquello, se dio cuenta que no tenía caso discutir. Lo sabía por experiencia, pero era raro que los papeles se hubieran invertido. Suspiró medio exasperada, medio divertida, por lo bizarro que era todo eso.
Puck la oyó y se lo tomó como afrenta personal. Aquello iba para largo, pensó exasperada la rubia.
Mientras, en otro punto de Lima, Mike se estiró sobre su cama, reflexionando.
Él estaba acostumbrado a que lo subestimaran, tanto como a su novia, y aunque en esta ocasión había demostrado su valía, se estaba arrepintiendo un poco.
Algo que la mayoría de la gente no sabía, era que el secreto de que él y Tina llevaran tanto tiempo juntos, era simplemente que les era casi imposible mentirse el uno al otro. Él había notado que Tina estaba, o más bien intentaba, ocultarle algo. Estaba nerviosa, no lo miraba a los ojos, y aunque, como las otras, le pedía cosas a su novio, lo hacía más bien con timidez e incluso un deje de culpa. Mike no necesitó insistir mucho, porque apenas le mencionó que la notaba rara, ella se echó a llorar y le confesó todo. Se oía tan arrepentida, que a él se le derritió el corazón, la perdonó de inmediato, y trató de consolarla. Se reconciliaron con un dulce beso asiático, y no se habló más del asunto el resto del día. El martes ella había sido más dulce que de costumbre, y él, más solícito. Todo un ejemplo de un perfecto noviazgo.
Hasta ahí todo estaba bien, incluso romántico, pensó el chico. El problema fue después, cuando en un arranque de frustración, se lo contó a los otros chicos. Fue el mismo lunes por la tarde. Salieron por la noche, en lo que ellos llamaban una "escapada de chicos". Salían, principalmente, a hacer algún deporte, charlar, reír, hacer unas cuantas cosas estúpidas y temerarias y, citando a sus novias, "comer como puercos".
Sin embargo, esa noche, los ánimos estaban decaídos. Todos habían pasado buena parte de la tarde con sus parejas, que, evidentemente, ya habían puesto en marcha el plan maestro establecido por la mañana.
Cuando el tema surgió, Mike sintió como su paciencia iba disminuyendo. Los chicos desarrollaban teorías bizarras y bastante tontas. Él resistió callado unos cuantos minutos, pero cuando oyó a Sam y a Finn formulando una hipótesis particularmente absurda, no aguantó más, y prácticamente les gritó lo que sabía. Cuando terminó de hablar, deseó que alguien le diera un puñetazo. Finn, Sam, Blaine, Puck y Joe lo miraban con la boca abierta.
Artie y Rory no prestaban atención, porque estaban sumidos en su pequeño infierno personal. Fuera de los dramas de las relaciones, era mucho más difícil hacerlo todo solos. Aunque alguno de sus amigos o amigas se compadeciera, y lo ayudara, era sólo por un par de minutos, y después, los dejaban a su suerte.
El bailarín no estaba seguro de la magnitud de las consecuencias de su error, porque había visto a las otras chicas cuchicheando enojadas al final del último periodo en la escuela. Eso no auguraba nada bueno. Pasara lo que pasara, esperaba que las cosas no se tornaran en su contra y en la de Tina.
Mike suspiró en su cama. Eran las 7pm, pero estaba molido. Tomaría una siesta breve, y después llamaría a su novia, sólo para preguntarle si necesitaba algo, y decirle que la amaba. Si algo malo pasaba mañana, más valía que ella recordara ese detalle.
Will le dio un pequeño sorbo a su cerveza (sin alcohol), mientras seguía pensando. Él era un hombre de palabra, y es por eso que llevaba la panza en ese momento, pero las cosas pintaban más difíciles de lo que se le habían antojado en un principio. Emma había accedido a llevar la panza durante el horario escolar, para ahorrarle a Will la burla de sus colegas y alumnos, pero el hombre seguía preguntándose si resistiría un tercer día. A él no se le escapaba el hecho de que Emma tardaba una hora limpiando el accesorio antes de ponérselo, y, poco frecuente en ella, estaba irritable. Él estaba tratando de poner todo de su parte, pero ella se negaba a hablar de su OCD desde hace semanas, y no quería presionarla. Además, también veía a sus chicos, sus queridos chicos, luchando. Aunque ciertamente había situaciones francamente hilarantes, el profesor también había sido testigo de una discusión entre Finn y Rachel en el pasillo, que se parecía demasiado a una pelea. Y además, había notado cierta frialdad en Blaine hacia Kurt, algo muy extraño, ya que en esa pareja era él el más dispuesto a demostrar afecto en púlico. Y, ¿eran imaginaciones suyas, o Mercedes había estado menos descarada que de costumbre? ¿Y Sam menos bromista? Artie y Rory habían estado más apagados, eso era indudable. Sugar estaba más irritable que lo normal, y Joe, menos pacífico. Tal parecía que sólo Tina y Mike seguían como de costumbre, y Brittany y Santana parecían incluso un poco más contentas y relajadas. Eso era algo positivo, se dijo Will.
Pero, ¿era suficiente? ¿Era ese rayito de luz lo bastante grande como para sobrevivir el siguiente día, su último como embarzados? ¿Y los próximos 12 días?
Mátenme o algo, me tardé años en actualizar. Cap algo largo para compensar. Prometo que el próximo será más divertido ;)
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