(Nota: En tanto estoy desarrollando su llegada a Paris, les dejo una pequeña transición… el vuelo)
Sentados en primera clase, ella junto a la ventana, antes de que el avión despegue, Kate y Rick ya han iniciado una pequeña conversación acerca de anécdotas de viajes pasados que ambos han realizado. Ella por estudio, el la mayoría por trabajo, a excepción de algunas vacaciones con Alexis.
Se sienten cómodos tan solo hablando de sus vidas, de las cosas bellas en ellas.
Están solo ellos. Rick, en un atento de que el vuelo sea lo más de ellos posible, compró, sin decirle a ella, todos los asientos que los rodean. Kate se extraño en que nadie los ocupara, pero jamás imagino que el haría una cosa tan descabellada para conservar su privacidad.
Luego, anuncian el despegue, y un tiempo después se encuentran flotando entre las nubes. Cada uno perdido en sus pensamientos, hasta que Castle rompe el silencio.
-Kate… ¿puedo hacerte una pregunta?
-Me acabas de hacer una…
El se sonríe. Le encanta verla tan distendida y disfrutando.
-Hace unos días… la noche en que acordamos viajar… me dijiste que el cielo colmado de estrellas era abrumador pero confortante, y me preguntaste si así era cuanto yo te quería. ¿Lo recuerdas?
-Lo recuerdo.
-Me quede pensando… ¿A qué te refieres con abrumador y confortante? ¿Es algo bueno o algo malo?
Ella se sonríe ante el rostro de inquietud de él, y lo toma de la mano.
-Es algo único. Es confortante porque siempre estas a mi lado, sé que puedo contar contigo, que vas a escucharme, ayudarme, o tan solo estar sentado al lado mío en silencio si eso es lo que necesitara… pero al mismo tiempo, aunque sea una suerte de antítesis, es abrumador… yo… nunca te he dicho, pero el hecho de que alguien te quiera tanto, y tu poder devolver tan poco se torna angustioso, Rick… he pasado momentos muy tristes colmada por ese sentir… esa lucha incesante entre el querer y el no poder.
El aprieta cariñosamente su mano.
-Espero dejar de ser abrumador, y ser solo confortante.
Ella se sonríe.
-No eres abrumador… es solo una sensación mía… es algo que me provocas, pero no quiere decir que lo seas. No sé cómo explicarme mejor.
-Creo que lo comprendo… en cierto modo a mi me sucede…
-¿Yo soy abrumadora?
-No. Abrumadora es la sensación de querer hacer algo por ti y no saber qué ni cómo, de haberte visto quebrada y sentir que no haces lo suficiente por ayudarte. Eso me ha pasado siempre desde que te conocí, Kate.
-Si tan solo nos hubiéramos sincerado antes… Siempre que estuve mal has estado allí, Castle… Rick… Si no fuera así me hubiera desplomado con tan solo el soplar del viento… Tal vez intento dar la apariencia de ser fuerte y autosuficiente… pero no lo soy… creo que incluso soy todo lo contrario.
Ambos se encuentran al borde de las lágrimas.
Kate se seca con el dorso de su mano algunas que están comenzando a asomar.
-Wow… no han pasado ni dos horas de viaje y ya estoy llorando. Por favor hablemos de otra cosa…
-Bien… no quiero ponerte mal, pero si tienes ganas puedes contarme lo que habían planeado con tu madre… cuéntame cuáles son tus planes para Paris.
Ella se sonríe.
-No voy a ponerme mal… me he propuesto reconsiderar mi relación para con los recuerdos de mi madre… no quiero vivir recordando lo que le paso… quiero vivir recordando todo lo lindo que viví con ella, lo que me enseño, lo que marco en mi.
-Me alegra eso. De verdad dejaste a la Kate de siempre en Nueva York.
-Sí, si lo hice. Esa Kate era abrumadora.
Ambos se sonríen.
-Entonces voy a tener que probar a la Kate confortante.
Él le guiña un ojo. Ella se sonroja y se sonríe.
-Habrá que probar… Entonces, ¿mis planes en Paris? Con mamá teníamos todo un itinerario pensando… pero quiero ser mas espontanea en este viaje… Siempre han dicho que Paris es la ciudad de la luz… Y por cursi que suene, quiero dejar que Paris me ilumine.
-Yo creí que Paris era la ciudad del amor.
-Mmm… vamos a tener que comprobar esa versión de los hechos, Castle.
-Eso es muy Detective Beckett.
-Lo es… tu sabes yo no me baso en teorías, me baso en hechos.
El se sonríe.
-Creo que en esta oportunidad yo también voy a aferrarme a los hechos.
Ella se sonríe y apoya su cabeza sobre el hombro de él. Mientras ambos se pierden en la vista, pero no la que obtienen a través de la ventana, sino la que cada uno de los dos tiene en su imaginación de lo que están por vivir.
