Disclaimer: Shingeki no Kyojin y sus personajes es propiedad de Hajime Isayama, la trama a continuación es de mía.
Advertencia: BL - Yaoi - Chico x Chico | Lenguaje un poco vulgar | Ereri | Un poco de violencia, nada explicito, pero violencia es violencia | Y algo bonito (?)
Espero les guste.
4.
Había olvidado como era esa calidez, esa bella y calurosa sensación del tacto femenino. Aquella que te hormiguea y te escuece cuando te golpean con la palma abierta en la cara. Sería tolerable el dolor si se tratara de una bofetada dada por una mujer a la que le fui infiel, incluso es pasable si fuese de una tipa con la cual solo estuve una ocasión cuando prometí más, sería mejor así porque en ambos casos esas mujeres estarían tan deshechas que no serían capaces de dar un golpe fuerte sin querer llorar al mismo tiempo. Pero aquí y ahora, no es el caso.
− ¡Ah! −alcancé a gritar tambaleando mi miserable existencia por la habitación. Mi rostro ardía y la boca se contraía para asegurarse de que no hay daños.
− ¿Es que nunca aprenderás? ¿Siempre tengo que llegar yo para sacarte de un apuro? No entiendo que tengo que hacer para que te endereces −sus protestas me timbraban más no quería comprender sus palabras−. Te ayudo económicamente −exclamó−, hasta te hago el aseo en mis ratos libres. No importa que, ¡siempre que vengo pasa algo contigo!
Levi miraba desde el fondo como la persona que tenía adelante se soltaba y hablaba sin parar acusándome y criticándome. Sus ojos se entornaban hacia mí con una sola palabra tallada en la mirada: «escoria».
− ¡Ya callate! Maldita sea. Que ruidosa.
Avancé a lado de ella y tiré del brazo de Levi. Ella se alarmó, sosteniendo mi antebrazo y viéndome con unos ojos que no reconocí.
− Suéltalo −musitó−. Si sé que has estado abusando del chico, te juro que esta vez no velaré por ti −hizo énfasis al señalarme con su dedo y la sangre me hirvió valiéndome un comino quien fuera esta mujer.
− ¡Abusar! ¿Yo? ¿Eres acaso una idiota? −Mikasa abrió los ojos como platos, nunca la había tratado así, pero es que en serio, estoy enojado−. El único que está abusando de alguien es esa pequeña sabandija, y de ¡MÍ! −lo señalé y me miró dolido.
¿Qué? ¿Por qué de pronto esa cara?
− ¡No me grites, Eren! −me crispó con fuerza la camiseta, sacándome de la mirada de Levi.
− ¡Deja de darme ordenes! Tú... maldita… ¡Bastarda! −me solté de su agarre de un manotazo. Ella se cubrió la boca con ambas manos, llorando. Mi pecho sufrió un feo remordimiento y viejas heridas se estaban abriendo de nuevo.
Después de eso ambos quedamos en silencio un buen rato, ella sentada en la silla que siempre queda solitaria frente a la ventana, con una lata de cerveza en la mano. Veía de vez en cuando a esa persona, temiendo que un día se largará para siempre, pero dijera lo que dijera siempre estaba ahí con la mirada cada día más triste. Y yo…
− Eres un imbécil −habló entonces el causante de todo, sentado junto a mí en la cocina.
Era pequeña, pero funcional con una estufa chica, algunos estantes de lado a lado de la misma y un grifo descuidado, pero igual servía muy bien. La mesa en la que estábamos era circular y solo tenía tres sillas, frente a la estufa y pegada a la pared. Justamente, frente a frente, uno en cada silla recargados a la pared, estábamos Levi y yo. Me veía con sus siempre delineados ojos por esas finas pestañas.
− Deberías tratar mejor a tu… −su cara se contrajo un instante y eso me hizo suspirar del fastidio.
− Mi hermana −dije y él se sorprendió.
− ¿Cómo es posible? Y tú la llamaste…
«Bastarda».
− Bueno, puedes preguntarle a mi padre. Un día de la nada vino de un viaje de "trabajo" y esa tipa apreció. −saqué un cigarro de mi bolsillo y lo encendí con el mechero que estaba sobre la mesa. Calé hondo y exhalé el humo del tabaco, Levi agitó la mano para apartar el humo de su cara−. Era más alta y más blanca que yo o que mi padre y simplemente dijo que era su hija también. Después de eso vivir con mis padres fue un infierno, y eso a los seis años es traumático.
Él frunció aún más el entrecejo, ¿Cómo era posible que hiciera siquiera eso con su cara? Tan joven y tan amargado. Si puede deformar así sus ojos, ¿Qué hay con su boca?
− ¡No debes tratarla así! −renegó.
− ¿Ah? Callate, pulga, esto es tu culpa.
− ¿Mi culpa? −hizo una pausa para doblegarme con la mirada. Un metro más de altura y quizá me lo piense−. ¿Mi culpa? −repitió, ahora con la voz baja y la mirada perdida en la inmensidad de la madera frente a él.
Mikasa entró a la cocina con un paso tranquilo, sin embargo, me sorprendió, había olvidado que estaba aquí. Y como si el enfrentamiento anterior nunca existió, tiró la lata en un cesto y se sentó en la silla sobrante, dándole la espalda a la estufa. Supongo que vino a arreglar las cosas por su cuenta, así es siempre ella intentando remendar un mal del que no fue causante
− ¿Cómo te llamas? −preguntó a Levi con una sonrisa que hizo sonrojar al pálido chico.
− Levi −resopló.
− ¿No tienes apellidos? −él ignoró la pregunta−. Bien, si quieres no puedes decirme todo ahora, Levi. Verás, mi trabajo es ser de ayuda en dificultades sociales, eso incluye las familiares. Si escapaste de casa y por "x" razón paraste aquí con Eren, yo te ayudaré a resolver ese asunto y para eso te haré unas preguntas, ¿vale? −Levi asintió con cautela, apretando el puño sobre su rodilla−. Bien. ¿Qué edad tienes?
− Quince −respondió de inmediato y escuche como golpeaba el suelo con su pie. Mikasa por su parte, dudo un instante si eso era verdad, así que, lo miro directo a los ojos. Levi se removió en su asiento y bajó la mirada− tengo trece −confesó al fin, dejándome boquiabierto.
Mikasa sonrió de nuevo y volvió hablar:
− ¿Hace cuánto que vives con Eren?
− Cuatro días…
− ¿Eren te ha ofendido de alguna manera en ese tiempo? −sus ojos se fijaron en mí. Mi cigarro se acabó y lo apagué en la madera de la mesa−. ¿te pone nervioso que él esté aquí? −preguntó ella, llamando mi atención.
− No, pero − ¿pero…? – quisiera hablar con él… a solas.
¿Ah?
Mikasa también se sorprendió de eso, pero accedió dándome una advertencia con la mirada. Se fue otra vez hacia donde estaba y Levi se levantó para acercarse al grifo.
− ¿Qué pasa? −no me escuchó y solo abrió el grifo, dejando correr el agua−. ¡Oye! El agua es cara −corrí a cerrar el grifo y Levi me dio un manotazo.
− Es para que no nos escuche ella −gruñó−. Ella es trabajadora social.
− ¿Eso qué? −cerré la llave, ahora molesto−. No me digas que te dan miedo los trabajadores sociales −Levi desvió la mirada, tragando grueso−. Ya… así que es eso. ¿Sabes? Quizás, solo quizás, ella te lleve consigo, es decir, no viene del trabajo. Sería un gran alivio librarme de ti al fin ya que resultaste ser un niño mentiroso.
− No dejes que lo haga −susurró impaciente.
− Es que tienes a alguien buscándote, ¿verdad? −él se mordió el labio con ímpetu−. Ah, vaya… me has tomado del pelo todo este tiempo, tratándome como tú perro, después de haberte salvado el pellejo. Ya hay alguien más que te está buscando, ¿no es así? ¿Por qué no vas a ser el parasito de esa persona? −estaba afligido por mis palabras, lo cual me estaba dando un conflicto interno demasiado complicado. ¿Qué pasaba ahora con el tipo duro que me insultó como si nada hace un par de horas?
− No puedo, no quiero −confesó.
− Escucha, piojo, te seré honesto… me traes harto, colmas mi paciencia y te juro que, si me haces de nuevo lo de esta mañana, te mataré −esas palabras era más para ver si le afectaban que porque las sintiera realmente, la verdad no me importa que critique por ser un cerdo.
− Esta bien −se volvió minúsculo bajo mis palabras −como pensé− y eso me corroía el alma−. Es mejor de lo que es estar con/ −se mordió la lengua.
Lo miré desde lo alto y reconocí esa mirada en sus ojos.
− No, púdrete. No voy a dejar que hagas una estupidez −lo decía para mí mismo, pero termine soltándoselo a él.
− Pero… −su cara se llenó de desesperación y me sentí asquerosamente contagiado−. Yo… lamento como te traté, por favor… no dejes que me lleve −apretó los dientes y dio con el puño a mi pecho pegándome unas inmensas ganas de tirarme al suelo− No quiero verlo… −gruñó en un inaudible sollozo.
Era como esa ocasión, cuando mi madre y padre se separaron, me sentí tan humillado. Y aun cuando creía que podría cambiarlo, trajo a Mikasa y consigo muchas más cosas que mantuvo ocultas. Lo único que le dije en ese entonces fue: «no quiero ni verte».
Mikasa de pronto recibió una llamada, se acercó a nosotros para anunciarlo e irse un rato al pasillo. Supuse que era su novio y entonces hice lo más estúpido de mi vida.
− Levi, deja de llorar −le susurré al oído, estaba mirando la pared donde reposaba la estufa y a punto estaba de protestar que no estaba llorando hasta que lo interrumpí−. Te mostraré algo muy especial.
Parpadeó un par de veces antes de entender mis palabras por completo, entonces asintió con una mirada tan triste que me hizo querer apretujarlo, pero sé que él es demasiado orgulloso para aceptar eso. Pensar en su orgullo me daba gracia, era tan igual a mí y tan distinto también.
Corrí con sigilo a mi cuarto, tomando la mochila empolvada del closet y metiendo una muda de ropa. Le lancé a Levi una de mis chamarras y yo me puse otra y mis botas. Del bolso de Mikasa halé las llaves de su auto y le dejé mi teléfono. Tomé dinero que guardaba en un bote dentro de un cajón y miré al chico que me veía confundido.
− ¿Esto… es legal? −preguntó Levi siguiéndome con los ojos.
− Quien sabe −suspiré.
− ¿Volveremos? −su voz entonaba cierta angustia y emoción entrelazadas.
− Quien sabe.
Mikasa hablaba y hablaba, entre risillas y lágrimas, entonces detrás de ella corrió Levi y yo le seguí. En ese justo momento se volteó y sus negros ojos se expandieron, dejó caer el teléfono y en una fracción de segundo reaccionó.
− Lo siento −susurré y cerré la puerta con llave, dejándola adentro.
− ¡Eren! −gritó, golpeando la puerta− ¡Eren, piensa lo que haces!
− ¿Qué haces? ¿La dejarás adentro? −preguntó Levi y yo tiré de su brazo para bajar al primer piso, no sin antes tirar la llave del departamento enfrente de la puerta.
Para ser honesto, no tengo una puta idea de lo que hago. Yo, solamente yo, el yo real, siente algo en este momento. No tengo miedo, en lo absoluto. Me siento incomprensiblemente emocionado. Saliendo de casa el cielo bicolor de la tarde nos bañaba y los colores en él me recordaba a los ojos de mi madre. El carro con un pequeño sonido del escape arrancó por la avenida dando truncos y rechinidos como aquel «llaguar» aquella noche negra.
− ¡Eren! −se escuchó la voz de Mikasa a lo lejos.
Levi desde el asiento del copiloto miró con cierta nostalgia aquel callejón ahora vacío y seco. Todo el rato miró solo por la ventana y yo simplemente hacia al frente, ignorando lo que deje atrás aun sabiendo lo que pasaría después.
− Lamento ser una persona tan temperamental −dije sin recibir respuesta del fantasma que llevaba conmigo−, y el golpe… solo quería asustarte, de verdad deseaba que fueras más amable conmigo.
− Aún me duele el estómago −me golpeo el hombro a broma haciéndome sentir extraño−, y deja de hablar así, siento como si fueras a zanjar el auto por ahí y que te estas despidiendo. Solo olvidalo y no digas cosas así.
Creo que es su forma de decir que todo está bien, eso quiero pensar, conociéndolo.
. . .
A varias horas de salir de ese sucio departamento y alejarnos del aire de la ciudad, desperté a Levi, quien dormía desde hace un buen rato. Habíamos viajado durante horas y sin voltear un segundo hacia atrás, Levi al principio parecía tranquilo, pero conforme el kilometraje aumentaba en números comenzó a perder el poco color que tenía en la cara hasta quedar dormido diciendo que esperaba no morir por como manejo.
− Carajo −chistó−, hace frio.
Sonreí, hice hacia atrás el asiento y estiré los brazos, tocando el techo del auto con los antebrazos y cerré los ojos. Con el motor apagado la calefacción también se suspendía. El frio subía y Levi se hartaba del dolor de estar sentando tanto rato.
− ¿Dónde estamos? −pregunto adormilado, tallándose los ojos con ambas manos. Afuera solo veía una penumbra a causa de los cristales y la noche.
− Quien sabe… −solté con una gran tranquilidad, ganándome una mirada refunfuñate de mi copiloto−. En el desierto, supongo.
− No juegues conmigo, viajamos mucho −sonaba alarmado.
− Lo sé, que bueno que el tanque estaba lleno −me reí con ganas y Levi me miró con sorpresa−. ¿Qué? −pregunté ante su cara embobada.
− Nunca te había visto tan alegre, solo te veía gruñendo, bebiendo, durmiendo, lloriqueando, fumando, lloriqueando, pero riendo es muy extraño. Es… −volteó la mirada hacia la ventana y entre un lánguido suspiro, añadió−: cálido.
Por el reflejo de la ventana vi su cara sonreír, ahora entiendo a lo que se refería, se sentía extraño en verdad. Era un calor que golpeaba mi pecho y subía a mi cara.
− Je, ¿sabes qué? Hay que salir.
− Púdrete, hace mucho frio −o eso creo que dijo, yo salí del coche antes de que respondiera y solo para sacarlo del carro a la fuerza. Pesaba menos que una garrafa de agua y fue fácil levantarlo sobre mi hombro −. ¡No! Bajame… hace frío −y era cierto, su pancita tibia se erizó al sentir mi mano helada.
− Ven, tienes que verlo.
− ¿Ver qué?
Lo bajé y cayó sentado en la arena, levantó la cara y sus ojos se abrieron de par en par. A lo lejos se veía una cortina de luces que se mecía de lado a lado por la arena. Mientras más me acercaba más se alarmaba Levi por nuestra lejanía el uno del otro.
− Espera, ¿Qué haces? Eso es…
− El mar −sonreí, remangando las mangas de mi chamarra−. Incluso de noche es bello, ¿no?
− ¿El mar? −repitió, absorto en las luces que nacían del agua salada.
Levi observo desde su sitio, abrazando sus rodillas con las manos y temblando. Su aliento era visible entre el frio. Sus ojos no dejaban de verme con suspicacia y yo no dejaba de verlo con una sonrisa, las luces blanquiazules se reflejaban en su cara blanca como lentejuelas.
− Acercate −lo llamé, haciendo señas con la mano−, no es toxico.
− ¡Tú qué sabes! Maldito demente −me solté a reír por su actitud.
Me acerque más al agua y me agache para tocarla.
− ¡No, Eren! −gritó levantándose de un salto hasta casi llegar hasta mí−. Vámonos −pidió tirando de mi chamarra por la espalda.
− No seas miedoso −le salpiqué del agua fluorescente y soltó un chillido similar al de un gato cuando lo molestas.
− ¡Ya! ¡Púdrete! Jodete tú y esa maldita agua radioactiva.
Dio media vuelta y a punto estaba de correr de no ser por la arena y de no ser por mí que lo volví a levantar de la cintura. Entonces me dio un codazo y ambos caímos al agua que, por muy frio que estaba el clima, estaba templada.
− ¡Ah! −no sé si fue un grito o un ronquido, pero un ruido hizo en el agua agitándola con los brazos haciendo que pequeñas luciérnagas de agua salieran de sus manos y volvieran al mar− ¡Esta salada! −Lo miré contento entre las luces del mar y me intento ahogar, completamente avergonzado−. Carajo, esto puede ser venenoso, eres un imbécil, si me muero es tu puta culpa, pedazo de −le escupí en la cara más de su dichosa agua "toxica" y volvió a crispar como antes.
− Eres un tonto, Levi…
− Tú eres el idiota. ¿Por qué no está fría, es porque esta cosa nos está deshaciendo? −con la mano sostuvo un poco del agua y la examinó con curiosidad.
Me volví a reír. Él se enfadó y me golpeo en la frente. Esa fue la parte más alegre de mi vida en los últimos cinco años y se lo dije. Su cara de incredulidad me sobre paso las expectativas, sin embargo, no me hacía sentir avergonzado, me hacía sentir vivo.
− ¿Vivo? −preguntó en cuanto se lo dije, un par de horas después de nadar entre el mar de luz, ahora estando en una posada cerca de la playa. Estaba sentado en su cama, frente a la mía, con una toalla enrollada como un turbante en su cabeza.
− Si −dije con el cigarro en la boca, ya acostado −, vivía preso en ese departamento como un virtual, solo siguiendo un protocolo de moral y luego de la nada, rescaté un niño de la calle y cuidé de él. Dejar que me insultara mientras me embriagaba… Lo hacías porque deseabas que lo dejara, ¿no?
Levi meditó un segundo la pregunta, su turbante se desenvolvió y al lazar la mirada calló la toalla detrás de él.
− La verdad es que me importaba poco si te morías por eso −comencé a reír, apagando el tabaco en la cómoda en medio de nuestras camas−. No deberías hacer eso, nos lo cobraran.
− Que importa, estoy feliz ahora −crucé los brazos bajo mi cabeza y miré el techo con elocuencia. Levi me imitó en su cama, pero juntando las manos sobre su estómago −. Gracias.
− ¿Eh? ¿Por qué? −se conmocionó, casi saltaba de la cama por lo que dije.
− Por venir aquí conmigo y escucharme sin llamarme marica o algo así −escuché que resopló y se volvió a tirar en la cama−. Yo solía venir a esta playa en mi cumpleaños con mi madre, a ver las luces en el agua junto a ella, siempre ha sido un bello espectáculo.
− Hoy… ¿es tú cumpleaños? −preguntó sin querer sonar interesado cuando realmente lo estaba.
Sonreí y le di una respuesta casi inaudible pues Morfeo me estaba ya seduciendo y de mi interior solo se oían ronquidos disimulados. Imaginaba con fuerza a las olas del mar golpear las rocas entonando una bella canción de cuna que me recordó mi niñez. Ya me sentía adormecido, pero mi cabeza seguía en aquel lugar. Y un chico pequeño se acercó entonces del otro lado de la cama, metiéndose bajo mi cobija, acercándose como un gusanito a mi cuerpo. Ah, es verdad, no te gusta dormir solo. Si, no importa cuántas veces lo niegues, tú también te sientes como yo.
Bien, me he suavizado demasiado, pero es que así es de bonito todo esto. ¿Qué pasará después? Déjenme un review para saber que piensan, y muchas gracias por seguir mi historia, somos poquitos, ¡pero ahí vamos! nun
Por si quieren saber que clase de mar es el que ven nuestros niños es un mar fluorescente o mar bioluminiscente, son super bellos, no duden en buscar algunos videos de ello, no se arrepentirán.
ChibiGoreItaly, espero que Mikasa no te haya defraudado.
Un gran beso y nos leemos luego. Ciao!
K.
