Saint Seiya no me pertenece...


Es como ir por un caudal corriendo,

Ligero y fugaz como un destello.

La vida, dime, ¿es algo más que un espejo?

Alicia a través del espejo

Lewis Carroll

Los recuerdos de su apreciada niñez la siguen.

Rene está sentada en la mesa compartiendo la merienda con su querido discípulo, y junto a ellos están los guardianes de Aries, Sagitario, Leo, Virgo, Libra, Acuario y hasta la misma Atena se dio un tiempo libre para estar con ellos.

Por lo menos han pasado más de dos semanas desde aquel incidente, y todos sus viejos amigos están de regreso.

Salem le pasa el pan a Kiki, quien lo recibe con gusto. Este sonríe plenamente y luego comenta a modo de iniciar una conversación diferente.

- Has crecido mucho Salem. ¡Espero que Rene no sea ruda al entrenarte! – dice entre risas mientras que le regresa el cesto

- Para nada, la señorita Rene es muy dedicada a nuestro entrenamiento, he aprendido mucho estos años a su cuidado, espero ser un gran Santo como ella.

- ¡Basta Salem, harás que me sonroje! – dice Rene que está entre Hyoga y Athena – pero diles a los muchachos cuanto tiempo te falta para tu prueba final...

- Cierto Salem, ¿cuándo será tu prueba final? – agrega meticulosamente Shun

- En menos de un mes. Me ciento nervioso, pero se que no les defraudare.

- Por lo que veo eres muy dedicado en tus entrenamientos Salem - lo alaga Shyriu - espero encontrarme a un discípulo como tu algún día.

- Gracias señor Shyrui.

- No nos digas así, dentro de poco seremos compañeros de armas, ten un poco de piedad, cuando mucho has de ser mayor que Kiki por dos años - dice Hyoga entre risas

- Lo siento.

- Por cierto Diana, por que no te quitas el gorro en presencia de Saori - le pregunta curioso Seiya

- De seguro ya te salieron canas - bromea Ikki

- No. Lo haré a su debido tiempo chico.

Esto trae risas a sus compañeros.

Después de una magnifica velada, todos tienen que regresar a sus respectivos lugares, dejando solos a los residentes y anfitriones en Cáncer. Salem mira muy curioso a su maestra, esta le dedica una sonrisa y luego se retira a la biblioteca.

El joven aspirante se queda quieto un segundo antes de retirarse, la servidumbre del templo comienza a levantar la mesa, obligándolo a salir del comedor principal; pasa cuidadosamente por la biblioteca para no molestar a su maestra, Rene lo ve pasar y le habla con un gesto de mano.

- ¿Qué puedo hacer por usted señorita Rene?

- Simplemente ve a dormir un poco mi pequeño, descansa, te lo mereces después de tanto tiempo de aguantar mis entrenamientos, espero que Morfeo te guié a un sueño lleno de tranquilidad.

Esto lleno de alegría al joven pupilo de Rene, sabe que a pesar de todo, ella siempre velara por su bienestar, luego él le responde con el mismo sentimiento de tranquilidad.

- Que así sea mi querida maestra, y que los coros de ninfas la arrullen tranquilamente. Descanse usted también.

Ella se levantó de su silla y fue directo a donde su pupilo, lo estrecha entre sus brazos cariñosos, deseando que la inocencia de este chico perdure y pueda guiar a los retorcidos guardianes de Atena a lo que alguna vez ella vivió en carne propia, la esperanza de un futuro libre de maldad.

- Salem, jamás cambies ante nada ni nadie mi querido pupilo – deposita un beso cariñoso en su frente y luego lo deja libre.

- Maestra... ¡Gracias! – Salem levanta la cabeza y se atreve a regresarle el beso en la mejilla.

Siempre hacen esto antes de dormir. Rene le recuerda que tiene que ser un hombre justo y bondadoso para poder portar su armadura con orgullo. Estas enseñanzas se las heredo su querido maestro Mu, el anterior santo de Aries.

El joven irlandés tira sus ropajes al suelo y se dispone a tomar una ducha antes de dormir, en su mente resuenan las risas de su querida maestra, ahora que lo piensa mejor, ha notado algo distinto en ella desde el día que llego al Santuario, su cabeza siempre la tiene cubierta, solo se quita su gorro cuando está metida en su habitación. No le toma mucha importancia y deja que el agua perfumada haga su trabajo.

Rene aún está en la biblioteca, metida de lleno en sus pensamientos, una lagrima recorre el mismo camino surcado en su rostro, para ella ya no es extraño derramar las lágrimas de un pasado olvidado, cuando reía, corría, jugaba y vivía plenamente su vida, antes de ser notada por el Santuario o por su abuelo, el hombre que crio a Atena como su nieta.

A las afueras de Aries, Kiki observa curioso el movimiento en el universo, viendo estrellas fugases, sumergido en la duda que todos tiene con respecto al comportamiento vario de su compañera de entrenamiento. Una voz femenina sale de entre los escalones para ingresar al templo, Thalía regreso de su misión y tiene que pasar por Aries para ir a entregar informes.

- Buenas noches Kiki. ¿observando la lluvia de estrellas?

- Buenas noches Thalía. ¿Cómo te fue en tu misión? – pregunta tranquilo y lleno de alegría

- Muy bien. a pesar de ello algo cansada por el viaje. Disculpa si no puedo quedarme más tiempo, tengo que entregar un informe a Atena, con tu permiso amigo...

- Adelante, y descansa Caballero de Escorpión.

La noche es iluminada por la luna más hermosa que se ha visto desde inicios de primavera, Diana la observa con recelo por el ventanal de su habitación, es casi media noche y no consigue el sueño. Se levanta y sale de la recamara con el pijama puesto y una bata que la cubre del cálido aire, ve la puerta de Salem cerrada, pasa con cautela, no lo quiere despertar. Sabe que seguramente alguien no puede conciliar el sueño al igual que ella y decide salir a buscarlo.

Aiolia está sentado en uno de los peldaños que dan a la casa de Leo, disfruta del silencio nocturno, ve maravillado la pintura que este momento aprecia en soledad. Prende un cigarrillo y expulsa la primera bocanada de humo. Esta confundido, sus emociones le juegan una broma cruel, cierra los ojos y siente el cosmos cálido de su vieja amiga; Rene sube cuidadosamente los peldaños y observa la figura gélida del antiguo león.

- ¿Puedo sentarme? – agrega la recién llegada.

- Claro, ¿aún no duermes por la noche? – pregunta con ironía

- No. Mi cabeza no me deja descansar, ¿y tú porque no duermes? – y con una sonrisa pícara agrega – He escuchado que los leones roncan demasiado fuerte...

- Quizá sea por eso, me despertaron mis ronquidos – agrega divertido para ella – ¿y ahora porque no puedes dormir?

- Es por la prueba final de Salem. Me carcomen los nervios, no quiero que le ocurra algo o que no pueda medir mi fuerza y lo mande directamente a la sala de emergencias.

Aiolia cierra sus ojos, en el aire percibe el aroma a jazmín que emana del cuerpo de Rene, voltea a donde ella y la estrecha en sus brazos. El cigarrillo termina por consumirse solo, Rene está apegada a ese abrazo de consuelo que le ofrece Aiolia, termina por separarse de él y siguen su conversación actual.

- Te luce de maravilla el cabello corto – dice sonriente

- Y a ti te queda mejor el cabello a los hombros – le regresa la sonrisa – Aiolia.

El chico la mira cuidadosamente, saca otro cigarrillo y le ofrece uno a ella, esta lo acepta complacida, él le acerca el fuego y luego prende el suyo. observa la misma escena nocturna que su compañero, luego voltea a ver sus ojos verdes.

- Pensé que habías dicho que te irías terminando esa semana – dice al fin tristemente

- Yo también, pero a Atena se le ocurrió darme más tiempo, ahora mi obligación es entrenar a este chico...

- Por lo que veo te has encariñado mucho de él, tiene suerte.

- No empieces con tonterías... pero si, estimo mucho a este chico, a pesar de tener casi dieciocho años, tiene la inocencia intacta. Eso es lo que aprecio y cuido con mucho cariño.

- Seguramente te encontraste reflejada en él, suele ocurrir, si no mira a Camus como cuida aun de Hyoga o Dohoko, como cuidaba a Shyru o simplemente a tu amado maestro Mu, como crio a dos chicos casi huérfanos, eso es lo que te está ocurriendo a ti en estos momentos.

Guarda silencio un breve instante, luego da otra bocanada al cigarro y lo suelta lentamente.

- Escuche que Marín regresara pronto al Santuario, Afrodita dice que aprendió muy rápido las técnicas de Piscis. ¿regresaras con ella?

- No lo creo. Ella lo dejo muy en claro la última vez que nos vimos, no quiere saber nada de mí.

Las esmeraldas brillan con tristeza, eso se puede sentir desde lejos. Lo observa curiosa, quiere examinar más a fondo ese brillo tan peculiar de sus ojos, ahora es Aiolia quien rompe el silencio.

- ¿porque quieres matar a Milo cada que lo ves?

- Por idiota. Es un gran idiota, nunca debí de fijarme en un hombre como él.

Aiolia sabe de lo que habla. El también sintió un deseo desenfrenado por alguien, un deseo y a la vez una enfermiza obsesión, sabe por lo que ella está pasando, sabe que es ese sentimiento alejado de la realidad y sabe más que nadie el cómo tienes que sobrevivir a ello.


La temperatura es más cálida en la habitación, el fuego que sueltan sus cuerpos unidos hacen que se estremezca el silencio total de la noche. Milo tiene abrazado a su fiel amante, deseoso por otro encuentro como el último. El francés se aferra febrilmente al pecho de su amado. Saben que esto no puede estar siguiendo de esta manera, el heleno observa el techo de su habitación y luego suspira.

- ¿en qué piensas? ¿ahora qué fue lo que arranco ese suspiro de ti? – pregunta Camus mientras enmarca los músculos de los pectorales

- En nada. Sabes deberíamos de dejar todo y largarnos de aquí - dice mientras acaricia ese cabello de fuego gélido

- Si claro, como si eso pudiera suceder. ¿y adonde iremos? – pregunta serio

- A cualquier lugar, solo lejos de este sitio, a un lugar donde podamos estar juntos, solos tu y yo...

- Y el recuerdo de alguien más – dice caprichoso ante la idea

- ¿Qué te hace pensar eso? Simplemente quiero que estemos juntos, como antes...

El francés se levanta, observa detalladamente los ojos de ese hombre, sabe que está mintiendo, que aun piensa en ella, en la mujer que casi se lo arrebata por completo.


Rene se aferra a los brazos de Aiolia.

Sabe que el ateniense la cuidara de cualquier forma, de todo lo que esté en sus manos para que no la dañen nuevamente.

Aiolia se separa de ella y luego con esperanza a ser rechazado le pregunta.

- ¿Te parece que mañana después de tus deberes vallamos a la ciudad a distraernos un poco?

- Me parece buena idea. ¿a qué hora nos vemos?

- A las 5...

- Perfecto. Buenas noches Aiolia, no ronques fuerte o no podrás dormir

- Buenas noches Rene, que los ángeles te guíen

Después de separarse, Rene se agacha un poco y le da un beso en los labios a Aiolia, él simplemente saborea el sabor a miel que hay en ellos mientras la observa alejarse...


Mega Post, faltan 5 de 6 jojo nos vemos en el siguiente capitulo