Antes de empezar, imagínense un Ekko de pelo negro y muy pequeño, de unos 7 años... lo visualizan? tienen la imagen mental? Bien! Ahora lean el capítulo...


Capítulo 4 - Pequeños Problemas

Desnia, recostada en un árbol, analizaba cuidadosamente a la jovencita frente a ella. Tenía facciones delicadas pero modales un poco toscos, había ira en su interior, y soledad, años de soledad. Desnia entendía por qué Ashe desconfiaba tanto de ella. Sus orígenes eran distintos pero su historia estaba marcada por el abandono y el dolor. Pero Desnia buscaba venganza, ella mataría con sus propias manos al que le quitó todo cuanto poseía, su familia; no sabía si Ashe perseguía el mismo objetivo pero su rumbo actual le favorecía.

Nunca olvidaría cuando Swain y sus terribles guerreros invadieron la pequeña aldea de Gyfu, donde ella y su padre vivían. El malvado rey de Duatros había asesinado uno a uno los hechiceros y brujos del pueblo, hasta que consiguió lo que buscaba. Decía que el destino de todos estaba en sus manos mientras sus caballeros degollaban a los aldeanos. Desnia se había salvado porque aún era muy joven para poseer poderes considerables; según Swain, por ella no valía la pena esgrimir una espada. Una vez conseguido su objetivo, ese horrendo ser de rostro decadente y cabellos opacos, junto a sus guerreros, quemó todas las chozas. Unos pocos ancianos y niños lograron escapar internándose en el bosque que rodeaba la aldea, allí subsistieron por varios años. Cuando los ancianos finalmente perecieron, los jóvenes hechiceros se esparcieron por el reino de Vanaheim buscando la paz. Excepto Desnia, ella vengaría la muerte de su pueblo o perecería en el intento.

No hacía mucho tiempo atrás se había topado con la mismísima reina y le había predicho un gran futuro para ella y su hijo. Tenía esperanzas de que el heredero de Vanaheim gobernaría el reino con justicia y bondad, al igual que los reyes anteriores. Todos excepto Jarvan. El actual rey de Vanaheim era despiadado y codicioso, el reino había caído en desgracia desde que fuera proclamado.

Los pensamientos de Desnia seguían navegando mientras el cielo, cubierto de estrellas, descansaba sobre la arboleda que habían elegido para pasar la noche. No era un bosque grande pero los frondosos árboles ofrecían excelente refugio. La ciudad de Gorban era demasiado bulliciosa y tanto a Meric como a Ashe les pareció una buena idea descansar en las afueras. Habían elegido ese lugar a propósito, existía una banda de ladrones que se refugiaba en ese lugar y, según escucharon en la aldea, esa noche, las autoridades del pueblo, los estarían buscando. Ellos solo esperaban que fueran lo suficientemente tontos como para intentar robarles, así los atraparían primero y cobrarían la recompensa.

Por el momento, reinaba la paz alrededor de la pequeña fogata que Desnia había encendido, solamente tuvo que mirar fijamente la pila de ramitas que Meric había depositado en el suelo, para que una llama comenzara a danzar sobre la leña seca.

"Veo que la magia puede llegar a ser útil" había comentado Ashe al pasar. Desnia sabía que la curiosidad de la chica era muy grande, pero lo era aún más su orgullo, por lo que no hizo otro comentario.

La noche se había convertido en un manto de densa oscuridad. Desnia estaba recostada junto al fuego. Ashe y Meric permanecían expectantes ante cualquier señal de movimiento.

"¿Estás segura de que vendrán?" susurró Meric.

"Vendrán" le respondió Ashe tranquilamente.

No había pasado mucho tiempo desde que las palabras de Ashe habían surcado el silencio cuando unas ramas cercanas fueron sacudidas levemente. No había viento esa aquella noche, el resto de los árboles permanecían inmóviles.

"Déjamelo a mí" musitó Ashe simulando atizar el fuego.

Meric asintió. En materia de cacería, la chica tenía más experiencia. Se volvió a oír un ruido de follaje en movimiento, esta vez a su derecha. Era uno solo, y muy ágil, por cierto.

Ashe tomó la espada, pero no desenvainó. Permaneció sentada durante unos segundos.

"Buscaré algo de agua "dijo de repente, lo suficientemente fuerte como para ser oída por quién sea que anduviera vagando por ahí. Tomó una de las pequeñas vasijas que Meric llevaba consigo y se dirigió en dirección contraria a la que había escuchado el ruido. La chica se internó en la oscuridad y despareció. Meric permanecía sentado, la mirada perdida en el fuego pero sus sentidos en alerta. Desnia permanecía recostada, sus ojos abiertos reflejaban las llamas.

Cuando el intruso se dejó escuchar nuevamente ya estaba muy cerca de Meric, a sus espaldas, este tensó su cuerpo el cuerpo pero permaneció inmóvil.

De repente, una serie de movimientos bruscos y rápidos dieron paso a un grito ahogado. Luego silencio. Meric tomó su espada y se volteó en la dirección del tumulto. Entre forcejeos y lamentos, Ashe salió de la espesura del bosque sosteniendo fuertemente a un niño que luchaba, en vano, por soltarse. La chica se las había ingeniado para atarle las muñecas y lo empujaba hacia la luz del fuego. El niño no tendría más de siete u ocho años. Una densa mata de pelo negro cubría su frente y se deslizaba a modo de cresta por su cabeza, su piel morena brillaba a la luz de la fogata mientras el sudor caía ante los esfuerzos por liberarse.

"Siéntate" le dijo Ashe aunque su voz carecía de severidad. El chico obedeció, sabía reconocer cuando había perdido.

Meric esbozó una sonrisa la verlo.

"¿Cómo supiste?" le preguntó a la chica que ocupó un lugar junto a él.

"Para ser tan ágil debía ser pequeño" explicó brevemente.

"Y, ¿cómo te llamas, niño?" preguntó Desnia desde el otro lado de la hoguera.

El pequeño no respondió.

"Respóndele a la dama" le dijo Meric con rostro adusto pero con un tono muy paternal en la voz.

El chico lo miró desde su lugar. Estaba sentado frente a una mujer muy extraña, a su lado estaba la chica que lo atrapó y del otro, un hombre que, a simple vista, parecía muy fuerte.

"Ekko, señora" respondió fuerte y claro.

"¿Qué haces por aquí?" preguntó Ashe. Su voz fue cálida y amigable, Meric quedó sorprendido ante la reacción de la chica, en los pocos días que la conocía no había visto que tratase bien a nadie que recién conociera.

"Vivo aquí" respondió lacónicamente y posó su mirada en el horizonte.

Entre los árboles se divisaba parte del Gran Mar. La luz de la luna, que se oscurecía por momentos debido a densas nubes negras, trazaba un sendero brillante en el oleaje. Pequeñas crestas serpenteantes reflejaban el enorme disco blanquecino y luego se volvían a sumergir en las profundidades de las aguas. El mar estaba inquieto esa noche.

"¿Y tu familia?" preguntó Meric, aunque tenía una vaga idea de lo que les había podido suceder.

"No tengo familia" le respondió Loki, hundiendo la cabeza entre los brazos. "Me entregarán, ¿verdad?"

Nadie respondió. Los tres tenían razones, muy personales, para no querer contestar esa pregunta.

Ashe lo miraba fijamente, no quería ser la responsable del destino del niño. Alzó la mirada para encontrar la de Meric pero notó que este observaba un punto de la espesura del bosque. Le siguió la mirada y se sorprendió al ver un grupo de antorchas que se movían hacia ellos.

Ekko tembló en su lugar. Él también había notado el grupo de hombres que se dirigía hacia allí.

"Los caballeros de la corona" dijo en un murmullo apenas audible y su mano se aferró a la capa de Ashe.

"¿Quiénes son ustedes?" preguntó con brusquedad uno de ellos cuando hubieron llegado al pequeño e improvisado campamento.

"Solo viajeros, señor" contestó Meric tranquilamente.

El hombre dudó al principio pero cuando los miró más detenidamente no pudo hacer más que aceptar lo que aquel hombre le decía. Además, ¿cuántos problemas podían causar un hombre, dos mujeres y un niño?

Allí fue cuando prestó atención al más pequeño del grupo.

"¿Están buscando a los ladrones que se esconden en este bosque?" preguntó Ashe "¿Es verdad que ofrecen una recompensa por ellos?"

Meric la miró detenidamente, su rostro impasible no delataba ningún pensamiento.

"Así es" respondió el caballero, en cuyo escudo estaban estampados los leones enfrentados y el símbolo del reino de Vanaheim.

"Tú" dijo, dirigiéndose a Ekko. "Eres de por aquí, ¿verdad?"

Ekko no respondió.

"Es él, señor" le dijo uno de ellos hombres que se encontraba al final de la formación. "Él también es uno de ellos."

El pequeño levantó la mirada ante la acusación, su rostro estaba revestido por el miedo pero, valientemente, se incorporó y les hizo frente.

"No dejaré que me lleven tan fácilmente."

Sus enclenques rodillas temblaron cuando uno de los fuertes caballeros se dirigió a su encuentro.

"Espere" Ashe se había incorporado de repente e interrumpido el camino del hombre, con su brazo rodeó al chico y lo atrajo hacia ella. "Este sinvergüenza intentó robarnos hace unos momentos y nosotros le haremos pagar por el atrevimiento."

El grupo de hombres prorrumpió en murmullos. El caballero que parecía ser el de mayor rango, sonrió antes de adelantarse.

"Mi nombre es Faelan, encargado de las tierras de Gorban, en lo que a la seguridad del reino y de la corona se refiere. Hace meses que buscamos a un grupo de sabandijas que asaltan a cuanto viajero pasa por esta arboleda, y parece que nuestro amiguito aquí presente, es un vivaz aprendiz" dijo, poniendo su mano sobre la alborotada cabellera del niño "Está bien, dejaremos que ustedes se hagan cargo del pequeño, el resto de los ladrones nos preocupan más."

Se volteó y le ordenó a uno de sus hombres que le pagase la recompensa a la joven.

El hombre que había ido a buscar a Ekko le entregó a Ashe las relucientes monedas de oro, luego hizo una profunda reverencia, haciendo que su poblado cabello negro se volcara sobre su frente. Faelan le dio una señal a sus hombres y emprendieron nuevamente su búsqueda.

Alrededor del fuego, cuatro personas permanecían calladas. Ashe había vuelto a sentarse después de guardar las monedas en su pequeña bolsa de cuero, puso un poco del guisado que Meric había cocinado para esa noche en uno de los cacharros que usaban como platos y se lo tendió a Ekko. El niño lo tomó con cautela.

"Come, te hará bien" le dijo la chica dulcemente. Tanto Meric como Desnia seguían estupefactos ante el comportamiento de la joven, pero ambos crían entender por qué reaccionaba así frente al muchacho.

El niño comía en silencio. Ashe lo observaba detenidamente, su cuerpecito delgado se encorvaba y formaba una pequeña bolita junto al fuego mientras devoraba velozmente la comida.

"Está solo", pensó amargamente. Las ansias por protegerlo llenaron su pecho de golpe. Ella había estado sola de pequeña, lo único que recordaba era su nombre, cuando un alma caritativa le había salvado la vida.

"¿Por qué hiciste eso?" preguntó Ekko incrédulo "Creí que me entregarían."

Ashe no respondió, sus pensamientos seguían vagando por tierras lejanas de intenso fría y soledad. Meric se hizo cargo de las explicaciones.

"En realidad, tú, no nos robaste pero de todas maneras obtuvimos la recompensa. Así que no tenemos por qué acusarte" le dijo con una enorme sonrisa, "Además, creo que estás hecho de buena madera, hijo. Algún día serás un hombre de bien, y uno muy valiente según hemos podido ver."

El chico le sonrió con orgullo. Era evidente que la figura de Meric le infundía respeto.

"Vendrás con nosotros" sentenció Ashe de repente, y luego, con un tono mucho más pausado, continuó "Si te dejamos aquí, volverás a robar así es que, mientras dure nuestro viaje estarás a salvo, abrigado y alimentado. Cuando todo esto termine, veremos que haremos contigo"

Desnia sonrió disimuladamente mientras volvía a recostarse en la hierba fresca del bosque. "La chica tiene un buen corazón", pensó, "No me equivocaba, será una gran líder"

Meric también sonreía a medida que se acomodaba a sí mismo sobre unas mantas.

"Veo que no está todo perdido" dijo, sin dirigirse a nadie en particular, pero las dos mujeres entendieron a qué se refería.

Con cuidado, Ashe tendió unas pieles al lado de las mantas que ella usaba para dormir y le indicó a Ekko que se acostara también.

El pequeño tomó su lugar en silencio y cerró los ojos.

"Ni sueñes con escaparte" le susurró Ashe al oído "Porque te encontraré y te atraparé tan fácil como lo hice hoy"

La muchacha le ofreció una amplia y sincera sonrisa al niño, que se limitó a asentir. De todas formas, Ekko no tenía planeado escapar.


Swain y Katarina se dirigían al Recinto de Guerra, en una de las torres del castillo. El hechicero esperaba allí.

Al llegar a la puerta, divisaron la figura escuálida y sumida en las sombras de Eylack, hechicero y consejero de Duatros. Nadie sabía que aquel hombre estaba al servicio de Jericho, razón por la que el rey decidió usarlo como mensajero.

"Ve a reunir un grupo de guerreros" le dijo hoscamente a Katarina que lo miró extrañada "Luego vuelve aquí"

La muchacha no pudo hacer más que seguir las órdenes de su hermano, le parecía raro que no la dejara oír su conversación con Eylack. Después de todo, ella también tenía que sufrir las consecuencias de todo aquello.

Una vez cerrada la puerta detrás de ella, la princesa de Duatros se encaminó a la zona más oscura de las mazmorras del castillo, donde entrenaban los mejores guerreros al servicio del rey.

"¿La princesa no participa en sus planes?" preguntó Eylack con voz melosa mientras, con la mirada, seguía a Swain que paseaba por la habitación y tomaba su lugar en la robusta mesa del centro del salón.

"No confío en ella" gruñó Jericho una vez sentado "Es mejor que no sepa nada. Se limitará a seguir mis órdenes"

El hechicero asintió y permaneció en su sitio. Luego de unos segundos volvió a hablar.

"El rey de Vanaheim mandará un contingente de guerreros hacia aquí, mi señor, partirán por la mañana. Quiere recuperar a la reina para no levantar sospechas" Eylack hizo una pausa tratando de leer la expresión pétrea en el rostro de Swain. "Quiere darle las tierras del norte"

Ante esto último, el rey de Duatros, soltó una carcajada que llenó los rincones de la sala con reverberantes ecos cargados de furia.

"Ese inútil de Jarvan cree que yo terminaré lo que él no pudo hace veinte años, y pretende pagarme con unas mugrosas colinas heladas habitadas por bárbaros"

El hombre volvió a reír, esta vez, una sonrisa fría quedó impresa en su rostro.

"Esto le costará más de lo que jamás imaginó. ¡Nunca debió confiar en mí!"

"Pero contábamos con eso, señor" dijo Eylack. "Con su desesperación. Jarvan hará cualquier cosa con tal de mantener la corona sobre su cabeza, incluyendo la exposición al peligro de su propia esposa e hijo"

"Ese mal nacido no se dio cuenta de que nos está entregando el reino en bandeja para que, simplemente, lo tomemos. Tienes razón, contábamos con eso"

"Ahora, mi señor" dijo el viejo acercándose "¿Continuaremos con lo planeado?"

Swain notó como Eylack esquivaba el único rayo de luna que se escabullía en la habitación.

"Sí, prosigue. Yo enviaré a Katarina a Ezca. No pensé que tendríamos una batalla tan pronto, en fin, pondremos a Jarvan algo nervioso..."

El silencio se apoderó del recinto. Las últimas palabras de Jericho Swain aún reverberaban en el ambiente, como mantenidas con vida por el odio con el que fueron pronunciadas, cuando alguien golpeó con fuerza la puerta.

"Entra" gruñó el rey desde su sillón.

"Está todo listo" le informó Katarina desde el dintel de la puerta "¿Dónde está Eylack?"

"Ya se ha ido" le dijo Jericho sin darle demasiada importancia. Se levantó y fue a encontrarse con su hermano. "Quiero que vayas a la isla de Ezca, llévate a un escuadrón completo. Allí encontrarás a los caballeros de Vanaheim que se dirigen hacia aquí. Mátalos a todos."

Katarina volvió a asentir mientras emprendía marcha al patio principal del castillo, donde sus hombres aguardaban. Ella supo desde un principio que su hermano no se conformaría con conquistar apenas unas tierras, cuando podía tenerlo todo. El trueque que le había ofrecido Jarvan, siempre le había parecido descabellado. No podía pagar un asesinato a encargo con un par de montañas si se trataba con el Rey y Gran General de Duatros. La princesa pensó que Jarvan aprendería eso a la fuerza.

Llegó hasta la explanada donde sus hombres mantenían posturas rígidas ante su llegada.

El lugarteniente se adelantó.

"Estamos listos para partir, mi señora. ¿Cuál es nuestro destino?"

"Ezca" dijo Katarina mientras verificaba que todo estuviera listo. "Yo iré con ustedes. Interceptaremos a los caballeros que quieren rescatar a la reina. Nuestra misión es acabar con ellos"

"Pero, señora..."

"¡¿Qué sucede?!" exclamó La princesa ante el cuestionamiento de su súbdito.

"Bueno..., señora. ¿Por qué Ezca? ¿No sería mejor esperarlos aquí?"

"Todo aquel que quiera cruzar el Gran Mar tendrá que pasar por la isla de Ezca para abastecerse. Ahora deja de cuestionar las órdenes del rey y súbelos a todos al barco más rápido que esté en los astilleros.

El soldado obedeció inmediatamente.