Ya no lxs dejaré con incertidumbre que es bien gacho eso... y pues ya sé dónde quedo Radamanthys. Esos Dioses gemelos ya empiezan a sentir los estragos de sus travesuras. Pandora quedará más loca que antes. Bueno, este es el cuarto capítulo. Me está gustando como va, porque yo amo la mitología Sumeria y le sé perfecto, por eso es que de sólo imaginar que Hades teme y reconoce el poder devastador que tienen los dioses de ese panteón, es real.

Gracias a todxs los que se tomaron el tiempo en dejarme un comentario y seguir, leer y apoyar esta loca idea, que como ven va bien. Leer me pone muy contenta y por eso me apresuro a terminar la historia y no dejarlas tanto tiempo en suspenso.

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Mientras dormías

Capítulo 4

De acuerdo con su explicación, el Fenix llegó con ayuda de Virgo mi castillo. Este aceptó ayudarlo por simpatía o quien sabe que más porque no le puse mucha atención. Quería hablar conmigo en privado. Miró despectivamente a Violate y me negué. No confiaba en él aunque… hubiese sido amable la última vez que lo vi. No parecía muy contento. Además estábamos en crisis y tenerlo aquí significaba doble problema. Le pedí que hablara. No tenía mucho tiempo.

Pidió privacidad, cosa que por su puesto negué. Dije que Violate era de mi entera confianza. Así que lo anime a que iniciará.

― Este no es un buen momento, Fenix.

― Nunca es buen momento para las mujeres. Por eso vine.

― ¿Estás aquí por los sueños? Es por eso.

Una vez dado en el clavo. Fenix abrió sus ojos y me miró fijamente.

― Entonces es verdad, ¿tienes que ver con todo esto?

― Yo no, son los dioses del sueño quienes me están jugando una mala broma. Disculpa por involucrarte. No era mi intensión. Ni siquiera sé porque…

― No entiendo. ― dijo Fenix con los puños cerrados, amenazándome― ¿Yo que tengo que ver en esto? Exijo ver a ese par de cobardes que se esconden tras los sueños de otros.

― Mucho cuidado con tu lenguaje, niño― observó Violate molesta.

― Tú no te metas… ― respondió el Fenix de forma grosera, lo que indigno a Violate― ¿Cuándo va a parar esto? Es incomodo no poder dormir, sabes.

― Y me lo dices a mí. Estoy igual que tú.

Ikki dio varios pasos hacía mí. Violate se interpuso en su camino.

― No le voy a hacer daño. Sólo quiero saber que está pasando― explicó en un tono más amable. Aun así Behemont no se movió.

― Y me encantaría charlar contigo, sentarme a contarte lo poco que sé, pero ahora no puedo. Tengo problemas más graves― le indique caminando hacia él.

― Si no me explicas tú ni los dioses estos, entonces buscaré a Radamanthys y veras como con unos buenos golpes me termina por decir.

Violate me miró preocupada y bajo la guardia. Se dirigió al Fenix que caminó a la salida.

― Espera, caballero… al quién buscas no lo encontraras, porque está desaparecido― la voz de Violate fue clara y suave. Dijo aquello como si hablara de su hermano menor que enfermo.

Ikki me miró desconcertado. Suspiró. Caminó a una mesa cercana y se sentó.

― Esperaré. Finalmente no tengo nada mejor que hacer.

― Podrías intentar dormir― señalé― descansar, es lo mínimo si es lo que más te preocupa.

Cruzó los brazos y dobló la pierna formando un cuatro sobre otra. En verdad no pensaba irse, quería llegar al fondo de todo esto, igual que yo. Sin embargo, mi prioridad era otra. Aunque al verlo sentado, tuve una sensación de paz extraña. Como si la desaparición de Radamanthys tuviera solución. Como si yo no fuera tan gris o negra.

De acuerdo con el informe de Zeros, Aiacos y Minos fueron directamente a las tierras de Ereshkigal en compañía de tres espectros cada uno. Si pudiera ir yo misma hasta allá. Hablar con la diosa y pedirle que no lastime a Radamanthys porque no vale la pena. Tenía que esperar que todo saliera a favor. Miré a Violate buscando en ella todas mis respuestas.

Mientras pasaba una hora de incertidumbre. Violate me hizo compañía en el castillo. Esperamos desde la terraza alguna noticia.

― Puede aprovechar el tiempo para hablar con el Fenix. Explicarle que no ha sido su culpa el que tenga sueños extraños― aconsejó Violate.

― No creo que sea el momento para hablar, no sé… ¿No sé porque está involucrado en esto? Me pone un poco incomoda y nerviosa que este aquí. Siento que me sigue a todos lados con su mirada.

― Y eso hace― afirmó ella, mirando por arriba del hombro a Fenix que esperaba sentado en la sala.

Sus ojos azules penetraban las paredes, mi espalda, los huesos, mi alma. Era como si fuera despojada de todos mis sentidos. Su cosmo era fuerte y agresivo. Me sentí prisionera entre sus ojos y mi incertidumbre.

― No tengo paciencia― dijo al mismo tiempo que se levantaba― No confío en tus espectros, son muy inútiles, Pandora. Si me permites, puedo ir en busca de Radamanthys. De cualquier manera, estoy aburrido. Una pelea no me hará mal.

Hablaba como si se tratará de un partido de futbol, una partida de ajedrez. Un dejavu impacto mi memoria. Estaba actuando de la misma forma que Radamanthys. Su misma arrogancia y prepotencia. Me estaba retando. Camine hacia él y lo enfrente. Le di una fuerte bofetada en la mejilla. Estaba chispeando de coraje y furia. Este tipo era otro engreído que no medía las consecuencias de sus actos. Violate observó atónita desde la terraza.

― Eres igual de idiota que él. No sabes lo que dices… No tienes idea de lo que hablas. No sabes nada…

Ikki se quedó de pie, sin decir nada, con la mejilla aun roja por el golpe. Di la vuelta y camine de regreso con Violate.

― Las tierras a donde fue el Señor Wyvern son tierras más hostiles que estas― explicó Violate― tú no sobreviras, porque sólo las Sapuris pueden ir y venir de un lugar a otro del Inframundo fuera de la barrera de Hades. Con ella puedes ir al Irkalla, el Mictlan, Helheim y el Naraka. Y vaya a saber que otras tierras más.― Fenix la escuchaba con atención― el Irkalla es muy distinto a este Inframundo. Aun así, si consiguieras salir, algún guardia de Enkidu te asesinaría― Ikki sonrió― su poder es superior al de un dios. La diosa de ese lugar es más poderosa que Hades.

Al decir aquello, Ikki nos miró confundido.

― Bueno, nosotros demostramos ser más poderosos que ustedes, espectros.

― Es cierto, caballero fénix. Pero el poder de los guardias de Enkidu no tiene comparación.

― Suena interesante… iré.

― ¡No!― grite y lo tome del brazo derecho― por favor no. No quiero estar preocupada por alguien más. No vayas.

Me encontré llorando en su brazo para no dejarlo partir. ¿Qué estaba haciendo? Lo único que desee en ese momento era no quedarme sola y no perderlo. Me estaba doliendo el pecho. Dentro de mí algo se desfragmentó. Un florero cayó a lo lejos. Ikki estaba inmóvil. Apreté fuerte su brazo. Hundí mi rostro en su espalda y dije:

― Ustedes los guerreros siempre se creen inmortales o superiores a otros. No miden consecuencias ni piensan sus acciones. No todo en la vida es pelear. Ikki, no sabes lo que hay pasando la barrera de Hades. Lo que dice Violate es real. Hades siempre ha mantenido neutralidad con Ereshkigal, incluso, incluso mi señor le teme.

― Vaya, existe algo más poderoso que Hades que hasta él teme. Interesante. Ahora me han dado muchas ganas de conocerla.

― Morirás ― observó Violate― no miento.

― Me dices eso para que no vaya.

― ¿Qué gano yo con advertirle esto a un guerrero de Athena? Por mí pueden morir todos. Lo hago por la señorita Pandora que esta angustiada por ti.

― Por favor, espera sí quieres conmigo. Cuando llegue Radamanthys aclararemos todo con los dioses gemelos, lo prometo. Pero por favor, no vayas…

Obstinado como de costumbre, me apartó de su lado y caminó a la puerta.

― ¡Violate detenlo!― ordene de forma desesperada. Con las lágrimas corriendo mi rostro.

En seguida ella se puso delante de él, lista para pelear. Fenix cerró los ojos y sonrió.

― No creerás que me detendrá una dama de compañía― retó a Violate― no pienso pelear con una mujer. Por muy fuerte que seas, no va contra mi código.

― ¡Ni contra el mío pegarle a un hombre!

Una voz femenina salió de entre las sombras, a espaldas de Ikki. Chris golpeó el cuello al caballero de bronce dejándolo inconsciente sobre el suelo. A los pies de Violate. Ambas la miramos sin dar crédito. Todo sucedió tan rápido.

― ¿Dónde está mi primo?― preguntó con un pie sobre la espalda de Ikki― señorita Pandora, ¿dónde está mi primo Radamanthys?

― El Señor Aiacos y Minos fueron en su búsqueda― explicó Violate. Tomó al Fenix en sus brazos y lo recostó en el sillón― Gracias, aunque no necesitaba tu ayuda, pude detenerlo yo sola.

― No lo hice por ayudarte, Violate, lo hice porque me urge saber dónde está mi primo. Dijo que saldría al Ikalla desde hace una semana y no ha regresado. ¿Espero que esto no sea un castigo de su parte, señorita Pandora? Sé que mi primo es muy irritable, pero…

― No es un castigo. Él no ha vuelto… esperó noticias de él. Si te hace sentir más tranquila, puedes esperarlo con nosotras.

La prima de Radamanthys, Chris de Cetus. Una niña bastante incomoda. Siempre al pendiente de su primo. Como si necesitara ser cuidado. Habla nada conmigo, siento su desprecio a kilómetros. No es mi culpa que su primo desobedezca y yo tenga que castigarlo.

― No, gracias. No me quedaré de brazos cruzados en espera de mi primo. Iré a buscarlo. Quizá alcance a los Jueces. Adiós.

Chris al igual que su primo, era desobediente e impertinente. Iba a detenerla, pero de nada serviría otra pelea. Quizá si ella iba, podría ser más sencilla la misión. Así que le permití marcharse. Violate se acercó, colocó su mano en mi hombro. "Todo estará bien" dijo y no sé si fue el tono de voz, el atardecer o la seguridad de sus palabras, pero lo creí. Cerré los ojos.


― ¿Qué crees que haya sucedido?― preguntó Minos a su compañero― sé que Radamanthys es un poco… ya sabes, débil, pero no entiendo que paso para que tarde tanto.

― No lo sé. Iba en compañía de Valentine y Queen. Algo muy extraño debió suceder.

El camino hacia el Ikalla constaba de un día. Debían atravesar la frontera en el Sur, donde terminaba la barrera de Hades. Después se encontrarían con un desierto de Sal de miles de kilómetros, después atravesarían un rio de magma. El Ikalla estaba rodeado de soldados comandados por Enkidu. Bestias con cuerpo humano, deformes seres de tres metros con forma de reptil y león. Lune le comentó a Minos que, el ejército de los sumerios no era similar a ningún otro, no había humanos en él, y si los había eran esclavos. Ya que los dioses sumerios los usaban como mano de obra y alimento. Ninguno de los dos jueces quiso pensar que su amigo haya sufrido una muerte inimaginable. Tomando en cuenta que para ellos Radamanthys era impulsivo, débil y obstinado. Cualquier cosa pudo echar a perder.

― Tal vez a la señora Ereshkigal no le gusto su regalo y se comió al Señor Wyvern― dijo Niobe, al momento Minos le dio un zape en la cabeza.

― Más vale que eso no haya pasado. Parece que nadie entiende la magnitud del problema― apuntó Minos― si algo le paso al Radamanthys, estaremos en una guerra donde no tenemos ninguna posibilidad de ganar. Incluso podríamos pedir ayuda a otros…

― ¿A otros?― una voz femenina provino de los aires. Los ocho espectros miraron arriba de sus cabezas sin encontrar nada.

― ¡¿Chris?!― exclamó Aiacos al verla frente a él.

― No hagan preguntas tontas. Vine porque sé que buscan a mi primo.

― ¿Pandora te dejo venir?― preguntó Minos asombrado de verla.

― ¿Eso importa? Vamos.

La prima del Wyvern caminó delante de la comitiva. Al cruzar la barrera de Hades quedarían indefensos y muertos. Consientes de ese acto, tardaron en cruzar diez minutos pero lo hicieron. Aún quedaba un día de recorrido. ¿En qué estaba pensando Radamanthys qué no regresaba?


Cuando entraron al Ikalla, Queen sintió miedo por primera vez. Valentine se quitó el casco frente a una bestia, soldado de Enkidu. El ambiente era denso, un olor a muerto impregnaba el lugar. Este era el verdadero infierno. Radamanthys se inclinó ante el gran y poderoso guerrero, Enkidu. Este hizo una reverencia y los acompañó hasta la entrada del palacio de la ciudad de Ereshkigal. El suelo estaba cubierto por raíces que no eran otra cosa que venas que daban vida a los árboles del Ikalla. El cielo era rojo y las piedras pequeños volcanes de lava. Llegaron a una puerta de metal en la cual estaba grabado un enorme león con alas de águila y cabeza humana.

― Mi buen amigo Gilgamesh va a tener que hacerles un interrogatorio, jóvenes de Hades.― dijo Enkidu y los dejo en la puerta.

Valentine sentía como su cosmos se desvanecía de su cuerpo. Queen cerraba los ojos. Algo lo estaba debilitando. Radamanthys intentó no caer por el sueño al piso. Hubiera sido una falta de respeto y su vida pendía de un hilo en aquel lugar. La puerta se abrió después de unos minutos. Un enorme hombre con una armadura de león con alas, barba y cabello ensortijado los saludó con una sonrisa. Medía alrededor de tres metros y con sus enormes brazos abrazó a los tres espectros.

― Sean bienvenidos, hijos del Hades.

Los invitó a pasar a la entrada del palacio. Dentro era completamente distinto al averno que encontraron. Había edificios de piedra y ladrillos amarillos con jardines colgantes, naves espaciales sobrevolando la ciudad. Leones de dos metros caminando libremente por las calles. Aves gigantes rozando las azoteas de los edificios. Era otro planeta. Caminaron tras Gilgamesh quien silbaba contento y saludaba a algunos soldados que miraban con curiosidad a los recién llegados.

― A que hace un día hermoso. Días como estos no son frecuentes en el Ikalla. Los dioses del Olimpo nos regalaron este día con su llegada― decía el guerrero.

Radamanthys recordó que Lune habló de este hombre antes de llegar. Le dijo que su carácter era dicharachero y bonachón pese a su reputación. Apreciaba la lealtad y la amistad. Pero en batalla podía despedazar a Hades con sus manos. Valentine observaba curioso la ciudad. Queen estaba por desmayarse al ver como algunos guerreros devoraban cadáveres de niños. Mordían los brazos como si fuera una pieza de pollo. Estaba a punto de entrar en shock.

― Y díganme… ¿cómo fue su viaje? ¿Los soldados de mi amigo Enkidu los intimidaron? Esos tipos les encanta hacer eso. Ya le he dicho a Enkidu: "controla a esos mocosos"

― Todo ha estado bien… El viaje fue largo― respondió Radamanthys tratando de ocultar su voz temblorosa.

― Lo sé y es por eso que primero pasaran a mi templo antes de llegar con la Reina. Descansaran y comerán algo.

― ¿Reina? Creí que veríamos a la Señora Ereshkigal― observó Valentine

― No seas tonto. También es la Reina Ereshkigal…― corrigió Radamanthys enseguida antes que se enfureciera Giglamesh― disculpe, mi sirviente es…

― No pasa nada― dijo riendo el guerrero sumerio― Diosa, Reina, es igual… Pudo haber sido mi cuñada pero… las diosas no me van, quien sabe porque.

Finalmente llegaron a un enorme templo de tres plantas cubierto por enredaderas de hojas con flores. Las sillas eran enormes para los espectros. Gilgamesh ofreció vino y los tres se negaron. Durante el viaje, Radamanthys les explicó las pruebas que pasarían antes de ver a Ereshkigal. Pruebas a manos del mayor guerrero. Así que debían, de acuerdo con las indicaciones de Lune. No aceptar el vino, ya que esto es considerado como un vicio cuando no es fiesta. Comer del mismo plato los tres, ya que esto representa amistad y unión entre los soldados y por último…

― Ella es Shamhat― una hermosa mujer de cabellos dorados y ojos celestes, con la piel bronceada, salió detrás de la cortina.

Llevaba un vestido blanco muy delgado que dejaba ver, con ayuda del Sol sus encantos.

Ella no era, en ese momento, igual de alta que la mayor parte de los habitantes del Ikalla, estaba a la altura de los espectros. La altura de una mujer promedio humana. Valentine tragó saliva. Queen agachó la mirada y trató de borrar cualquier pensamiento impuro que llegó a su mente. Radamanthys tuvo otra visión. Parpadeó un par de veces. Primero vio a una mujer de cabellos dorados y ahora Pandora estaba frente a él. Miró a Gilgamesh.

― Esto es el "Kuzbu" ¿cierto?― después cayó al suelo.

― Así es… y parece que no pasaron la prueba, y tú tienes una astilla en el corazón― respondió Gilgamesh.

Valentine corrió a socorrer a su señor. Queen apretó fuerte los ojos para no ver a la mujer y evitar sus encantos porque se sabía débil. Comenzaba a tener una erección y quería escapar. Sin embargo, ella no se fue… tocó los mechones de cabello de Radamanthys. Valentine intentaba reanimarlo y miró suplicante al sumerio.

― Tiene una astilla en el corazón― repitió― no puede entrar así a ver a la Reina.

― ¿Eso qué significa?― preguntó Valentine angustiado.

― ¿Nos van a matar? Fracasamos la misión― Queen estaba por tener un colapso de crisis.

― Su prueba la han pasado a medias. Sin embargo, tú la has pasado con éxito. Será que no te atraen las mujeres o ya tienes el amor de una.

Valentine se sonrojó. Contempló el rostro de Radamanthys.

― Has aceptado tus instintos y sentimientos. No te arrepientes de nada. De lo contrario, Shamhat te hubiera dado algo que deseas y no puedes tener, como a tu amigo.

El cuerpo de Radamanthys estaba caliente, sus mejillas ardían. Acarició su rostro con la yema de sus dedos. ¿Qué paso con él? ¿Qué significa la astilla en el corazón?

― Aunque ése― señaló a Queen para desviar ese tema incomodo― le está costando trabajo― volvió a dirigirse a Valentine― una espina en el corazón significa que este hombre tiene un sentimiento que considera inapropiado hacía otra mujer. No acepta sus sentimientos y emociones y por eso nació una astilla en su corazón. Shamhat le mostró su herida. Ella limpia el camino para aquellos que quieren visitar a Ereshkigal. A la reina no le gustan los seres que se niegan a sí mismos. Tus dos compañeros de armas, están negándose. Hasta que se liberen de ese tormento podrán continuar. En tanto… no podrán ver a la reina.

― ¿Cómo le quitamos esa "espina"?― preguntó Valentine consternado por aquella revelación.

― Buena pregunta… nadie puede, sólo él mismo.

― Significa que no podremos darle la ofrenda a la Reina ― Queen consiguió abrir los ojos y luchar contra la tentación.

― Hasta que este hombre deje de verme como aquella mujer y tú bajes el libido. Entonces podrán pasar con la reina. Mientras sucede, pueden quedarse en el Templo hasta que borren ese pecado de su corazón― aconsejó Shamhat.

― Tardaremos más de lo acordado― observó Valentine, pero aceptó.

Un criado de Gilgamesh los condujo a una habitación. Queen llevaba en la espalda a Radamanthys que aún no se reponía. Valentine sabía que esto sería complicado, hablar con Radamanthys sobre… algo que sospechaba desde hace varios meses. Queen dejó en la cama su líder y se dejó caer en otra cama. Otro criado entró para dejar una copa de vino y alimentos que consistieron en fruta y cordero.

― Estamos en un lío grande, ¿cierto Valentine?

― Déjame pensar― suspiró el sirviente.

― ¿Quién es la mujer por la que tiene sentimientos indebidos?

― Ya debes imaginar…

― Creo saber de quién estamos hablando― Queen cerró los ojos y se quedó completamente dormido.

Por la madrugada. Radamanthys despertó. Tenía un dolor de cabeza terrible como si hubiese bebido como cosaco. Miró la ventana mientras escuchaba lo sucedido de la boca de su sirviente. La vergüenza y la humillación cayeron sobre él. Un montón de sentimientos que consideraba inservibles detenían su misión. Pandora era un problema más grande en su vida de lo que creía. No sólo por ser el heraldo de Hades, sino porque era una mocosa, una niña de dieciséis años que en comparación a él, le llevaba siete años. ¿Por qué? No era una espina la que llevaba, era una maldita flecha de Aioros de Sagitario. No podía creer que ese sentimiento arruinara su misión. Justo en el orgullo, justo en el ego.

― Tenemos que completar la misión Valentine… aún si tengo que arrancarme el corazón.

― No de nuevo, mi señor. Sólo tire sus sentimientos y podremos volver ― dijo Valentine con una gran sonrisa.

― ¿Cómo? ¿A caso sabes hacerlo? ¿Lo has hecho tú? Ser humano es complicado. Dime… ¿por qué no te afecto a ti y pasaste la prueba sin problemas?

― Eso fue, porque Giglamesh me dijo que yo me he aceptado como soy. No tengo problemas con mis sentimientos. Eso es lo que agrada a la señora Ereshkigal. La honestidad.

― ¿Así? Te aceptaste… y eso qué significa.

Valentine agachó la cabeza, no respondió. Ante la insistencia de su amo tuvo que decirle la verdad. Afortunadamente, Queen roncaba, cansado del viaje y de aguantarse las ganas con esa mujer.

― Porque yo… yo tengo una relación con su prima Chris.

El Wyvern se paralizó al escuchar a su sirviente decir aquello. Miró la cama de Queen que estaba completamente dormido. Rió bajito. No estaba creyendo nada y seguía en shock.

― Es la verdad. Perdón, señor, si esto le incomoda. Sin embargo, las cosas son así…

Radamanthys miró los jardines colgantes desde la ventana. No estaba seguro si quería seguir escuchando pero necesitaba salvar la misión.

― Pensé que eras gay, pero creo voy comprendiendo, continua…

― Gilgamesh dijo que sólo usted puede quitarse esa espina del corazón. Aunque quizá pueda ayudarle con eso.

El Juez se acercó a su sirviente. Tan cerca que pudo sentir su aliento y el aroma que manaba del cabello rosado.

― El problema, es que… me gusta esa astilla en el corazón ― dijo mirando los ojos de su sirviente.


Los campos Eliseos estaban llenos de melodías y flores en la mesa. Para la hora del almuerzo Ikelos apareció con noticias para su señor Hypnos. Necesitaba saber que había sucedido con Radamanthys ya que de alguna forma también eran responsables indirectamente de su ausencia y cuando el Señor Hades se enteré también serán castigados además de Pandora. Así que conociendo las habilidades de Ikelos para congeniar con otros seres, pudo conseguir información. Sin bien estaba prohibido hacer pactos con otros dioses, no se dijo nada de soldados o guerreros de ellos.

― El gigante Humbaba me ha dicho que desde que cruzaron el bosque no los ha visto― comentó Ikelos, él se refería a uno de los guardianes del bosque a los alrededores de Ikalla ― parece que no pasaron la prueba de Gilgamesh y están encerrados en su templo esperando pasar su prueba.

― Al menos siguen con vida― afirmó Thanatos suspirando aliviado.

― Gracias, querido Ikelos… ― dijo Hypnos acariciando la cabeza de Ikelos como lo hiciera con un perrito faldero― si puedes conseguir más detalles, te lo agradeceré.

Ikelos asintió y se retiró de la sala de estar de los Dioses Gemelos.

― ¿No pasaron la prueba de Gilgamesh?― preguntó angustiado Thanatos― se supone que Lune debió decirles todos los detalles de la visita. ¿Qué salió mal?

― Ya volverá Ikelos con información. Tú no te preocupes, todo estará bien. Están vivos y no fueron parte de la cena. Trataré de buscar entre sus sueños.

― No podrás hermano, están fuera de la barrera del Señor Hades. Están bajo los dominios del panteón Sumerio. Tendrás que confiar en tus "bebes".

Antes de retirarse de la sala, Phantasos apareció, inclinó su cuerpo y se dirigió a Hypnos.

― Señor, me informan que el Fenix está en la sala principal del castillo, junto a Pandora y Violate de Behemont.

Ambos dioses se miraron. Thanatos dibujo una sonrisa. Hypnos dio las gracias a su "hijo". Una vez solos de nuevo. Thanatos suspiró.

― ¿En tu plan estaba que Fenix llegará con Pandora?― preguntó el rubio jugando con un pétalo en su mano.

― No lo esperé, pero Pandora está en un gran lio. Te dije que las cosas iban a hilarse si las conectabas.

― Ya me está dando lastima la pobre. ¿Crees qué debemos decirle que Radamanthys está vivo?― dudó Thanatos.

Hypnos pensó un momento. Buscando una respuesta en el viento.

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Listo, un capítulo más. Yo sólo puedo decir que amo a los dioses sumerios. No sé qué espera Kurumada para meterlos, o es que… acaso él sabe que son tan poderosos que en dos le ganan a cualquiera: D Sí.

Gracias una vez que han llegado hasta aquí. Prometo seguir buscando mejorar siempre y dar una buena historia.

La galleta siempre es importante para escribir. Ya saben.

Bye