III
Ranma bajó de su montura y se puso en frente de la vieja momia, no se podía presentar directamente a la niña, la momia haría las veces de su padre.
-Mi nombre es Ranma Saotome, heredero de la escuela Estilo Libre Todo lo Vale Saotome-.
La momia acercó su rostro al de la niña, y "aparentemente" le repitió lo que él acaba decir, "aparentemente" porque en realidad no pudo escuchar nada de la conversación, por lo que pudo observar esas dos tenía una extraña forma de comunicarse entre ellas, luego fue el turno para que ella acercara su rostro al de la momia y también "aparentemente" le dijera algo, entonces la momia volteó su rostro hacia él.
-Mi nombre es Akane Tendo, heredera de la escuela Estilo Libre Todo lo Vale Tendo, ahora quiero que vea mi rostro- mientras la momia decías esas palabras Akane levantaba su rostro lentamente hacia él.
Tenía unos enorme ojos café, colmados de una tristeza tan grande que con solo verlos a él le dolió el alma, no era frialdad como tal vez otros pudieran pensar, en esos hermosos ojos, enmarados por espesas pestañas, solo había una enorme tristeza y nada más, su nariz era pequeña y respingada, sus labios eran ¿Cómo describirlos? carnosos, tentadores, con el reclamo silencioso de ser besados, su piel era blanca de porcelana, ¿Cómo sería acariciarla aunque fuera solo por un momento? se preguntaba, pero al instante se reprendió sí mismo por ser tan débil y dejar volar así sus pensamientos, por eso quiso retirar su mirada de su rostro pero no pudo, no quería; ella era tan solo un niña, ¿Cuántos años podría tener? quince, a lo máximo dieciséis años, lo que si no podía negar es en que se convertiría en una mujer endemoniadamente hermosa, por eso confió, se traicionó a sí mismo y bajó la guardia, se rindió a ella, como una niña tan linda podría ser peligrosa.
-Porque será lo último que vea, hoy te mueres Saotome y los Tendo tendremos al fin parte nuestra venganza- término por decir Cologne.
En ese momento Akane desenfundó su espada, Ranma no pudo hacer nada o simplemente no quiso hacer nada, solo sintió un dolor agudo que partió en dos su pecho, miró hacia abajo y vio que tenía enterrada una espada justo en el lugar donde debería estar su corazón, entonces pensó un su padre, lo había dejado sin heredero, pensó también en su madre, lo que iba a sufrir por su muerte y pensó en Ranko, le había fallado, se había dejado matar por una niña que tendría la misma edad que tendría ella ahora mismo sino la hubieran asesinado; Ranma sintió frio; así que esa era la muerte, alzó su cabeza para mirar nuevamente su rostro, sería lo último que él vería y para su desconcierto no deseaba que fuera de otra forma, el rostro de la mujer que lo asesinó lo acompañaría en su camino hacia la muerte; Ranma sintió frio; se preguntaba porque aun agonizando no podía odiarla, y entonces quiso acariciar su bello rostro tan solo una vez antes de morir tal si fuera el último deseo de un condenado a muerte, por eso levantó su mano hacia ella, encontrándose su mirada con la mirada triste de ella y aunque sabía que en esa inmensa tristeza no había ni un poco de dolor por él, ni siquiera por acabar con su vida, lamentó no haber podido consolarla; su mano ya está muy cerca, tan solo un poco más y podría sentirla, entonces ella giró su espada, Akane no podía permitir que se le escapara vivo de ésta, Ranma con ese último movimiento no sintió dolor, Ranma sintió frio, vergüenza y luego negro.
Él muy imbécil no murió enseguida, es más levantó su mano para atacarla, entonces ella giró su espada, no podía dejar que se le escapara vivo de ésta, si la herida inicial no lo había matado el giro de seguro se encargaría, luego retiro su espada y el cuerpo cayó pesadamente al suelo no si antes machar con una lluvia sangre su hermoso kimono; entonces ella sintió pesar por matar a alguien tan joven y bello, con esos profundos ojos azules color cielo, antes había matado y no había sentido nada, que extraño pensó.
Los hombres de Ranma no pudieron siquiera reaccionar, todo pasó tan rápido que no les dio tiempo de hacer nada, entonces ella les habló.
–Acabo de matar a su maestro, él era el único que me interesaba, por eso voy dejar que se marchen pero si insisten en atacarnos acabare con todos-
Como había pasado todo eso se preguntaban los discípulos de Saotome, ni siquiera vivieron uno solo de sus movimientos, solo el caer del cuerpo sin vida de su maestro, se suponía que eran tan solo una niña y una viaja anciana, como demonios la situación se había salido de control.
Dos de ellos alcanzaron a reaccionar y tomaron el cuerpo de Ranma, tratando de evitar que escapara más sangre de la herida y salieron corriendo con él, había que llevarlo pronto con su familia no fuera a ser que esa maldita bruja quisiera también profanar su cadáver.
Los que se quedaron estaban indecisos entre atacar o no, entonces ella se les adelantó, enviándolos a volar con una ráfaga de aire que desprendió del movimiento de su espada, los hombre solo pudieron pensar que esa era una bruja, eso lo explicaba todo, solo una bruja podría haber matado a su maestro, si una bruja disfrazada de niña-mujer para engañarlos, de seguro eran tan fea con la momia que la acompañaba, si, esa es la explicación, que iba ser ahora de ellos, su maestro había muerto.
Mientras tanto las dos mujeres decidieron no seguir en su transporte, podría ser peligroso, tampoco huyeron a toda prisa como se pudiera pensar, simplemente caminaron, despacio, sin temor a nada, hacia una de las casas y de un salto subieron al techo, de ahí desaparecieron.
-Niña, fue muy osado no huir a toda prisa- la reprendió su nana.
-Vamos, todos estaban tan asustados con nosotras que no hubieran hecho nada, nuestra huida de esa forma solo le dio el dramatismo que faltaba a la escena- sonrió.
Así llegaron a la casa de su padre, encontrándose con la escena de que éste estaba en medio de su ceremonia de sekkupu.
