La tercera vez que lo vió, se sorprendió del aspecto relajado que transmitía su rostro. No hacía pocos meses atrás, a finales del año anterior, habría jurado que sus facciones tenían la dureza de una piedra. Pero ahora, la suavidad de su piel era casi visible, mínimamente opacada por la profundidad de sus ojeras que parecían nunca irse. A su lado, una mujer de cabello negro en tonalidades más claras que su hijo mayor, y sumamente hermosa, le tomaba la mano.

Era obvio que estaban esperando a Sasuke.

Al principio a la muchacha le había resultado extraño la ausencia del Uchiha más joven en la reunión que se había celebrado entre los clanes, pero tampoco había visto a Kiba y, siendo ellos los hermanos menores, supuso que debía tratarse de algo exclusivo de los primogénitos.

Se había entristecido al saber que no podría encontrarse durante esos momentos con su ahora compañero de clases, creyendo que sería una ocasión perfecta para hablar por primera vez con él porque, a pesar de ser una de las que estaban en primera fila para ovacionarlo cuando mostraba sus destrezas en las clases de Iruka-sensei, nunca había intentado comunicarse directamente.

Sin embargo la presencia de Itachi en la reconfortaba mucho más de lo que suponía.

Se acercó a la pareja que continuaba aguardando y se inclinó para presentar sus respetos a la mujer que aún sostenía la mano de Itachi.

"Bu...buenas tardes, Uchiha-sama."

"¿Uhm?" La mujer bajó la vista hacia la presencia, "buenas tardes, pequeño. ¿Eres amigo de Sasuke?"

Ino enrojeció de vergüenza.

"Ehm... no... yo no -"

"Kaachan, su nombre es Ino, hija de Yamanaka Inoichi," intervino Itachi corrigiendo a su madre sutilmente al notar la incomodidad de la rubia.

"Oh, Kami, lo siento mucho pequeña, pensé que...es que tus ropas…" señaló lo que Ino traía puesto, "tus rasgos son femeninos, pero creí que eras un joven con rostro... delicado."

Bueno, en realidad Ino no se sorprendió del todo de la reacción del adulto. Después de todo, ya en otras ocasiones la habían confundido con un chico cuando llevaba puesta su campera holgada color crema con la insignia de su clan y sus bermudas favoritas de color marrón oscuro. Lo que la apenaba, en realidad, era haber sido confundida frente a su héroe, frente a Itachi, ¡y por su madre nada menos! Seguro ahora él la vería como un varón, una cosa rara sin ningún interés por verse femenina como las mujeres Uchiha suelen verse. Pasó su mano para acomodar un pequeño mechón de cabello detrás de su oreja y notó lo corto que se lo había cortado no hacía mucho tiempo atrás. Quizás lo mejor sería dejarlo crecer, sí, eso sería lo mejor, lo tendría tan largo que nunca más alguien la confundiría con un chico.

"¿Qué te trae por aquí, Yamanaka-san?" Consultó la mujer con una sonrisa en su rostro.

"Oh" se ruborizó Ino al verse aludida, "vine...vine a saludarlos, Uchiha-sama."

"San..." Contestó la morena.

"¿Qué?"

"Dime Uchiha-san, no hace falta ser tan formales aquí."

"Oh…" volvió a responder la jóven, "entiendo Uchiha-sama -san."

Mikoto sonrió y dirigió su atención a su hijo mayor.

"Itachi-kun, tú la conoces ¿verdad?"

"Sí, okaasama, la ví en la última reunión," respondió mirando a los ojos a su madre, para luego dirigirlos a la otra figura, "es bueno volver a verte, Yamanaka-san."

"Oh, Ino, dime Ino." Le contestó sonriendo de par en par.

Itachi levantó una ceja "¿Ino?" Preguntó.

"Sí, dime Ino, Itachi-kun."

El pequeño Uchiha abrió un poco más los ojos en respuesta a el título tan informal con el que la muchacha se había dirigido a él. No se conocían ni tenían la confianza suficiente como para darse ese privilegio y la costumbre dictaba que entre aquellos que precederán un clan los manejos debían ser lo más prudente posibles. Por ello, no le respondió.

"Sabes…" continuó la rubia sin importarle no tener respuesta del joven, "cuando te conocí en esa reunión supe que me falta mucho para ayudar a otou-san en las cosas de la familia…" su rostro se entristeció al recordar su intento fallido al realizar el shintenshin no jutsu y la furia de su padre, "pero, planeo convertirme en una gran líder... porque tú... tú me... inspiraste Itachi-kun…" dijo mientras hacía una reverencia y se ponía roja como un tomate, "a-arigató."

Nadie le contestó y a lo lejos los pájaros dejaron de cantar.

Al no recibir ninguna especie de sonido en retorno a su agradecimiento, Ino levantó lentamente la cabeza, con un ojo abierto y uno cerrado, queriendo espiar sólo una pizca de la reacción del joven. Pero él sólo la estaba viendo, atónito, sin moverse ni un milímetro. Mikoto, por su parte, miraba a Itachi unos segundos y luego dirigía su atención a Ino, repitiendo ese movimiento un par de veces.

¿Es que ninguno de ellos piensa hablar? pensó la adulta, y estaba a punto de codear a su hijo mayor -dado que era de muy mala educación no responder a un agradecimiento- cuando una voz hizo sobresaltar a todos.

"¿Ino?"

"Sa...Sasuke-kun…"

El joven la miró con desconfianza.

"¿Qué haces?"

"Yo...yo sólo vine a agradec -a saludar a… a Uchiha-sam -san, ehm…" La verdad era que Ino no tenía motivos por los que estar nerviosa, no había hecho nada malo y la razón de su visita nada tenía que ver con Sasuke. Pero por algún motivo creyó que él creería que estaba ahí por él y, si el modo despectivo que el muchacho le dirigía era algún indicativo, ese razonamiento no estaba lejos de ser verdad. "De todos modos yo ya… me iba." Y dando una veloz reverencia de despedida, se alejó del lugar.

"Ára…" dijo Mikoto mientras observaba a la joven que velozmente desaparecía por la dirección contraria, cerrando el tema de conversación.

Itachi quedó mirando estupefacto el espacio donde hasta hace unos segundos atrás había estado parada.


Hinata sabía que lo que estaba haciendo estaba mal.

Después de todo, estaba espiando. Estaba espiando a alguien intentando pasar desapercibida. Lo miraba, a una distancia que consideraba segura, mientras el muchacho paseaba por la ciudad o se sentaba en el columpio gastado de una plaza vacía. Jamás lo vió acompañado, jamás alguien vino a buscarlo al final del día, jamás observó a alguien ser amable con él. El muchacho estaba solo y Hinata lo sabía.

Y sin embargo jamás se acercó a hablarle.

Se quedaba escondida entre los matorrales mientras lo miraba sin hablar. Nunca intervino cuando lo maltrataban, nunca saltó en su defensa, nunca se acercó a consolarlo. Sus superiores le habían prohibido arrimarse a aquel joven y la heredera Hyüga jamás desobedecía. No importaba que trágica fuera la situación de aquel chico al que ella había aprendido a idolatrar.

Naruto, supo que se llamaba cuando Iruka-sensei comenzó a tomar asistencia el primer día de clases, y los cabellos dorados de él le recordaban al sol.

"¿Qué haces?" La voz la sobresaltó.

"I...Ino-chan…"

"¿Qué estás haciendo?" Repitió en tono incisivo.

"Y...yo…"

Pero Ino ya se había adelantado unos pasos y estiraba su cuello para observar qué era lo que Hinata estaba mirando con tanta devoción hasta ese momento. Ignoró la palidez que tomó a la joven Hyüga, y corrió despacio las ramas que servían de camuflaje.

No había nada allí.

La joven Yamanaka giró rápidamente sobre sus pies, con el dedo índice levantado buscando verse intimidante.

"No hay nada ahí." Soltó despectivamente y Hinata abrió sus ojos de par en par.

No era que ambas tuvieran una mala relación, de hecho no tenían ningún tipo de vínculo salvo el de compañeras de clases. Sus padres no se encontraban con frecuencia (como Inoichi con Shikaku y Chöza) y, francamente ninguna compartía ningún tipo de afición. Ino pasaba la mayor parte de su tiempo con Sakura en el campo de flores, al que Hinata iba poco y nada y, mientras la (futura) lee mentes se ocupaba de vitorear a Sasuke abiertamente, la peli-azul espiaba a Naruto desde las sombras.

Como si fuera poco, sus personalidades eran lo opuesto. Ino era casi-gritona, poco prudente e hiperactiva. Hinata era callada, tímida y sólo se movía cuando era absolutamente necesario.

"N-no…" respondió la futura usuaria del byakugan.

Ino abrió su boca para continuar con su interrogatorio, pero decidió por lo contrario. Después de todo, ¿qué sentido tenía para ella saberlo? Es verdad que le resultaba morbosamente curioso saber qué encontraba la muchacha de fascinante en lo que parecía un páramo completamente vacío (salvo por la robusta vegetación), pero quizás no se trataba de algo que estaba viendo sino que intentaba ver, y el kekkei genkai visual de la familia Hyüga saltó en su mente. Haciendo un gesto entre reprobación y curiosidad (aunque Ino no sabía muy bien qué era exactamente lo que estaba reprobando), irguió su espalda y comenzó a alejarse del lugar, arrastrando la mirada por el rostro pálido de Hinata.

"Te veo mañana," le dijo la joven Yamanaka.

La peli-azul solo asintió con la cabeza, respirando agitadamente. El terror de casi ser descubierta abandonándola de a poco.

No se odiaban, no tenían por qué, sin embargo debían tener bastante cuidado en el tipo de información o relación que compartían entre ellas. Ambas eran futuras líderes y estaban obligadas a responder a las necesidades de su clan. Ino sabía que los Yamanaka no tenían la importancia que merecían en Konoha dado que un kekkei genkai era considerado más valioso que un jutsu secreto (cosa que la kunoichi no entendía, puesto que si un jutsu secreto era "robable", un ojo también), y Hinata sabía del recelo que otras facciones podían tener para con los Hyüga, su padre siempre que podía le recordaba de la grandeza de su familia y todo el tiempo aseguraba los celos que otras facciones les tenían debido a sus ojos y su grandeza.

Uno pensaría que su relación no se acrecentaría en los años posteriores.


Sólo conseguía volver a verlo en las reuniones, jamás lo encontraba por las calles de la aldea y en ningún momento pudo encontrar el momento adecuado para escabullirse y hablarle. Quizás quería pedirle consejos, pero no estaba del todo segura. Quería saber por qué no le había respondido el agradecimiento, quería que le contara de sus entrenamientos, saber algo de su vida.

Ino era una joven muy curiosa e Itachi era su héroe.

La última vez que cruzaron miradas fue en la reunión final a la que él logró asistir. Sólo fue por unos breves instantes, un movimiento fugaz y furtivo y la mirada de él era triste y vacía.

Ella continuó levantándose levemente de su asiento durante toda la junta, logrando impacientar a varios de los presentes (sobre todo a Hiashi y Fugaku), buscándolo. Quería ver qué era aquello que ocultaban sus ojos y la idea creció en ella de tal modo que no prestó atención a ninguna palabra que se habló ese día.

Pero él no la miró. Como si estuviera evitándola a propósito.

¿Lo había ofendido de alguna forma?

¿Por qué le negaba sus ojos?

Quería verlos con tanta desesperación…

Pero no lo logró.

Desde ese día los ojos de Itachi serían como una especie de fantasma, algo sobre lo que se descubriría pensando en las noches mientras miraba el techo. Durante ese año, el año siguiente, los años posteriores, durante su infancia, adolescencia y adultez, aquellos ojos la obsesionarían, como si fueran lo más precioso y terrorífico del mundo. Culparía a la niña que fue y razonaría que la memoria le jugaba una mala pasada, porque no había posibilidad de que una mirada transmitiera tanto.

Sí, era tan solo la mirada de una niña que se había fijado demasiado en el muchacho al que consideraba su héroe y meta, tan simple como eso.

¿Verdad?


Gracioso, como uno de los peores momentos de su vida, como uno de los años más catastróficos de su niñez se vería inocente en comparación a lo que ocurriría en su futuro. Cómico, como después de años de experiencia en el campo como shinobi, Ino Yamanaka recordaría este momento y lo vería que uno de los golpes más suaves que había tenido que enfrentar.

Fue, sin embargo, el precursor de toda su desgracia.

Teniendo sólo ocho años de edad aprendió a perder gente significante en su vida y, para peor, gente que se alejaba a propósito de ella, como si su sola presencia provocara repugnancia, como si su persona irradiara veneno. Sakura, aquella persona que significaba más para ella de lo que jamás había admitido (o admitiría, después de ésto), se había llevado su amistad, aquella que creía inquebrantable, fuerte como roble y totalmente dependiente una de la otra, se resquebrajó con la velocidad de un relámpago.

"Eso nos hace rivales", le dijo aquel día, déjandola sola en aquella banqueta sin mirar atrás.

"Competiremos por el amor de Sasuke", susurró a la distancia, mientras la abandonaba con el corazón roto.

Ino era lo suficientemente perceptiva incluso a su joven edad como para saber que el joven Uchiha no era la principal razón por la que Sakura se alejaba de ella. Se sentía a su sombra, oscurecida a causa de la supuesta intensidad con la que la joven Yamanaka brillaba e Ino sólo quería hacerle entender que ella en realidad no resplandecía en lo más mínimo, que en comparación con Itachi o el supuesto prodigio Hyüga, o el genio de su amigo Shikamaru, ella no brillaba, ella era quien estaba en penumbras. Pero no lo hizo.

Apartarla de su vida había sido una decisión tomada en pos de forjar su propio camino.

Eso no quitaba el sabor amargo de su ruptura.

Ni el odio.

Deseaba con tanta fuerza volver el tiempo atrás, decirle que estaba todo bien, negar lo que creía era su enamoramiento con el joven Uchiha, tratar de hacerla entender que ellas funcionaban al unísono, eran parte de un ser. Quizás era egoísta, porque Ino se sabía "la líder" del dúo, pero estaba cayendo todo, cayendo todo tan rápido. Todas las imágenes que su cabeza infantil había creado concerniente a su futuro se desplomaban con la fuerza de un terremoto y ella ya no tenía en quien apoyarse, no tenía en qué brazos caer o en que caricias encontrar confort. Quiso sostenerse, realmente quiso que sus brazos y piernas la sostengan durante la tragedia de su amistad rota, pero el cuerpo que hasta entonces se mantenía en pie, exhausto pero en pie al fin, cayó como piedra en el agua ante la otra noticia.

Los Uchiha. El clan del Sharingan, extintos.

Ino quedó tan inmóvil que su madre tuvo que llamarla varias veces antes de obtener alguna respuesta. Ella había sido quien le contara lo sucedido, pero omitió la identidad del responsable.

Ino lo dió por muerto.

Y allí, justo allí, su pequeño cuerpo se dió por vencido y colapsó en su propia tristeza, algo en su mente se despertó sin saberlo y la imagen de Itachi cesando de existir, dejando de respirar, cayendo como un héroe pero cayendo al fin retumbó en todas las partes de su cerebro. No queriendo dejarla ir.

Sakura se había ido, Itachi se había ido.

Ino se sintió tan sola.

El motivo por el cual la matriarca Yamanaka no tuvo el corazón para transmitirle completamente lo ocurrido con los Uchiha era más por intuición que por aseveración propiamente dicha, pero en raras ocasiones sus presentimientos eran errados. Si bien no tenía la sangre o la predisposición de dicho clan, había vivido lo suficiente junto a ellos como para asimilar parte de la sagacidad que los caracterizaba. Y si no se equivocaba, ser como él se había transformado en la meta de su hija.

¿Y quién tendría el corazón para destruir aquella imagen frente a sus infantiles ojos?

¿Quién le negaría la ambición de crecer como kunoichi, sólo por el terrible final de aquél joven? Ino no sería como Itachi, no caería como él. De todos modos el llanto de la joven al creerlo muerto era lo suficientemente doloroso de ver.

Sasuke no apareció en la academia durante las semanas que siguieron a la tragedia y nadie mencionó nada sobre aquello. Ni su profesor, ni el Hokage y en su casa el tema era evitado a toda costa. Quizás creían que sólo la haría llorar de nuevo, pero de algún modo Ino sabía que había algo más. El rostro comúnmente relajado de su padre se había tornado en una constante mueca de disgusto y pánico y el día en que su madre le contó lo ocurrido notó la ausencia de Inoichi, pero no reparó en aquello por estar demasiado ocupada llorando por la pérdida de quien consideraba su modelo a seguir.

Pero ahora ese pensamiento la asaltaba sin tregua. ¿Acaso habían convocado a una reunión urgente entre los clanes restantes? Si así era, ¿por qué no la había llevado? ¿Sería un tema muy delicado para discutir frente a los jóvenes? ¿Temían por la seguridad de Konoha? ¿De los clanes que quedaban? Dado que nadie le había dicho exactamente lo ocurrido, era una posibilidad. El nerviosismo de su padre era incaracterístico.

Cuando Sasuke volvió a presentarse a clases, con el rostro ensombrecido y mostrándose reticente a cualquier contacto humano, físico o verbal, Ino sintió una punzada de culpa en el pecho. En todo ese tiempo había pensado poco y nada en cómo el último sobreviviente de su estirpe se encontraba. Se había enfocado en su propio dolor, en sus propias dudas, en cómo aquello le afectaba a ella y a su papá. Todos, absolutamente todos actuaban como si nada de eso hubiera ocurrido, dejando a su suerte a la claramente rota psique del pequeño y el error de ella, el error de todos, fue dejarlo pasar. Fue creer que eso estaba bien, fue abandonarlo también. Incluso sabiéndose tan solo una niña al momento de lo ocurrido, el sabor de que aquella idea era una excusa trepó por su mente durante los años siguientes, sin poder ser totalmente olvidada.

Decidió escapar de aquellas sensaciones y fingió demencia. Siguió la corriente junto con los demás alumnos, incentivados por los adultos, y continuó vitoreando al sobreviviente sin mencionar lo ocurrido ni una sola vez, como si eso nunca hubiera ocurrido. Estaba tan llena de vergüenza.

"Cobarde," escuchó decir a una voz áspera en su mente.