¡Lo siento! Tardé dos meses en actualizar, pero estaba ocupada con la universidad y no tenía mucho tiempo para escribir, pero finalmente aquí está el capítulo No.4


ENCUENTROS Y REENCUENTROS

Kakarotto se encontraba en algo que parecía un campo de batalla, rodeado por rocas, saiyajin y bañado en sangre… su propia sangre.

-¿Es esto lo único que tienes Kakarotto?- preguntaba un saiyajin que se alzaba sobre el resto –Malgastaste tu vida al intentar defender este planeta- se burló –Un saiyajin de clase baja jamás superará a uno de clase alta, y menos al mismo príncipe de la raza saiyajin-

-No… puedo… perder…- murmuró Kakarotto mientras intentaba ponerse de pie, pero las costillas rotas le causaban el dolor más grande que hubiese conocido.

El resto de saiyajin se rieron al escuchar sus palabras –He estado esperando que me detengas, Kakarotto, pero lo único que has hecho es humillarte a ti mismo- respondió Vegeta. Dejó sus brazos caer a ambos lados en señal de aburrimiento –Creo que ya jugué suficiente contigo, clase baja, no quiero un saiyajin patético como tú en mi ejército- levantó la mano y comenzó a crear una bola de energía –Salúdame a Nappa cuando llegues al Otro Mundo-

Bardock despertó de un golpe antes de que su sueño terminara. Se encontraba cubierto de sudor frío y con el pulso acelerado. En ese momento agradecía no tener a Gine a su lado; estaba seguro que ella ya se había dado cuenta de esas pesadillas que lo atormentaban, pero lo conocía bastante bien como para no preguntarle o intentar algo.

Era cierto que Bardock había dominado las visiones, pero cuando dormía eran ella quienes lo dominaban a él. Al inicio creía que sus sueños simplemente eran eso, sueños, pero con el paso del tiempo era obvio que eran más que eso. Muchas veces sus sueños cambiaban, pero siempre habían constantes en ellos; como la batalla de Vegeta y Kakarotto, ése era el sueño que últimamente lo había estado cazando por las noches, pero habían otros sueños, sueños mucho más aterradores en los que prefería no pensar.

Intentó calmarse viendo hacia la ventana de forma ovalada de su nave, ¿cuánto tiempo había pasado ya? Miró la computadora y notó que apenas había dormido media hora, aun así la pesadilla se le había hecho eterna.

Dentro de pocas horas pasaría cerca del planeta de los saiyajin, así que decidió activar la opción para hibernar en la nave. No quería ver el planeta y estar tentado a descender, no podía perder el tiempo en nada.

-Todo depende de que él siga con vida- comentó para sí mismo mientras colocaba las indicaciones en la computadora.

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-Aquí ya no queda nadie, Vegeta- dijo Nappa mientras arrojaba el cuerpo de un soldado –Éste murió antes de que pudiera preguntarle algo-

–Querrás decir que lo mataste antes de recordar que tu misión era interrogarlo. Piensa antes de actuar, si dejaras de ser un tremendo animal quizás serías mejor soldado- espetó Vegeta.

Nappa no respondió nada, simplemente se limitó a ver a Vegeta mientras lanzaba energía a ningún lugar en particular, le daba la impresión que tenía algo que lo estaba molestando, pero jamás se atrevería siquiera a insinuarle su pensamiento.

Vegeta se cansó de lanzar energía esperando que alguien saliera por miedo, así que sin decir más se dirigió hacia su nave. Era hora de destruir ese planeta. –Llama al resto de idiotas y diles que regresen al planeta- le ordenó a Nappa sin siquiera voltearlo a ver –Destruiré este lugar.- Nappa asintió con la cabeza y encendió su rastreador.

Vegeta no esperó a nadie más antes de subirse en su nave y despegar. Destruyó el planeta pocos segundos después de ver las naves de su escuadrón salir de la atmósfera. Últimamente había tenido un humor demasiado volátil por causa de la desaparición de Freezer, cualquier otro imbécil podía creer que el sujeto se estaba escondiendo, pero no Vegeta. Por un momento se le cruzó por la mente, pero sería un idiota si realmente creyera eso, ¿Freezer ocultándose de alguien? Si debía ocultarse de alguien a Vegeta no se le ocurría de quién podía ser, pero lo más seguro es que estuviera simplemente dándole terreno a los saiyajin para hacerlos sentir seguros y luego golpearlos con todo su poderío, ésa era una opción. Habían varias posibilidades que a Vegeta se le habían cruzado por la cabeza y cada una las había pensado detalladamente, pero al final de nada servía tener teorías de lo que planeaba Freezer si se llegaba a mantener alejado por mucho tiempo más.

-Príncipe- dijo una voz por el intercomunicador de la nave.

-¿Qué quieres, Nappa?- preguntó de mala gana.

-Me llegaron los reportes de los otros planetas, aparentemente el pelotón de Kakarotto acabó sin problemas con los restos de arlianos que quedaban ocultos-

-De nuevo Kakarotto- pensó Vegeta mientras cruzaba los brazos frente a su pecho –Ha estado sobresaliendo demasiado desde su regreso de ese planeta-

Había pasado casi medio año desde el regreso de Kakarotto y los rumores sobre sus nuevas habilidades habían llegado a oídos de Vegeta rápidamente; eran todo tipo de rumores, desde habilidades para detectar niveles de pelea sin el rastreador hasta controlar su energía a voluntad y confundir al enemigo. Al inicio, había hecho caso omiso a todo esto, pero era imposible ignorar que el escuadrón de Kakarotto rápidamente había adquirido fama de ser uno de los mejores, opacando a muchos otros escuadrones de saiyajin de clase media.

-Nappa, dime una cosa, ¿cuál era el nombre del planeta a donde fue enviado Kakarotto antes de la adquisición de sus nuevas habilidades? preguntó Vegeta.

Nappa tardó unos segundos de responder –Creo que se llamaba Tierra-

-¿Qué sabes de ese lugar?-

-Solamente lo que el hijo de Bardock contó- respondió Nappa –El poder de pelea de los terrícolas es de 5, no hay luna, suelo fértil… nada en especial-

-El problema es que solamente sabemos lo que Kakarotto quiere que sepamos- dijo Vegeta frunciendo el ceño –¿Qué hay de Raditz?-

-Bardock se empecinó a enviarlo en otras misiones desde el regreso de Kakarotto, la última vez que supe de él estaba con Turles. Una mala combinación si me lo preguntas. Me reportaron que está en el planeta de momento, quizás podamos encontrarlo antes de que se vaya en otra misión-

-Iremos a darle una visita, quizás ya se haya decidido por contarnos los secretos de ese tal planeta Tierra-

-No me digas que quieres ir a ese planeta- dijo Nappa con un tono burlón.

-No digas tonterías, Nappa, ¿ir a un lugar tan lejano para ver a un montón de terrícolas que no son más que estorbo- rió amargamente –Solamente quiero saciar mi curiosidad- puntualizó.

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Kakarotto se encontraba cubierto de golpes en el Centro de Entrenamiento del planeta de los saiyajin, había estado entrenando constantemente desde que había regresado de la misión de exterminio de los arlianos. No había sido como esperaba, los arlianos a los que mató juraron no haber estado enterados de la traición de su rey, sin embargo Kakarotto no podía desobedecer órdenes. Desde su regreso hace casi medio año se le había estado haciendo más difícil ese tipo de misiones, siempre le había resultado difícil, pero nunca esperó que su entrenamiento en la Tierra lo ablandara más.

-Es suficiente- dijo el saiyajin que tenía enfrente –Estoy magullado, creo que tengo unas costillas rotas, y tú pareces que estás por desmayarte- se dejó caer en el suelo –Ve a traerme a una mujer, quizás eso me ayude a recobrar energías- rió.

Kakarotto exhaló, debía admitir que no creía durar más tiempo si seguía entrenando con Fennel, pero lo disimulaba mejor que su compañero –Entonces yo gano-

Fennel bufó y cerró los ojos, Kakarotto creyó que había quedado inconsciente pero abrió los ojos al paso de unos segundos –Déjame que descanse un momento y seguiremos con esto-

-En los combates no hay pausas- dijo Kakarotto sonriendo con malicia –Estás muerto y yo gano-

-Bien- contestó de mala gana. Fennel era de los pocos saiyajin con los que Kakarotto se llevaba bien. Era de su misma estatura, pero con el pecho más amplio lo que lo hacía ver más formidable. Su carácter era como el de cualquier otro saiyajin, pero al ser de clase baja como Kakarotto habían llegado a entenderse. De las mayores diferencias entre ambos estaba la constante ansiedad de Fennel por poseer una mujer, debía tener bastardos en varios planetas, pero a Kakarotto no le importaba; ahí estaba otra cosa que hacía que ambos se entendieran, Fennel no había mostrado interés por matar a sus bastardos aunque las leyes de los saiyajin lo obligaban a hacerlo.

En una ocasión Kakarotto le preguntó por qué no los mataba, y Fennel simplemente respondió que tenía cosas más importantes que hacer que matar hijos no deseados. Ahora sus hijos posiblemente vivirían sin conocer nunca a su padre, pero vivirían, era más de lo que podían decir el resto de híbridos saiyajin.

-Ya que ganaste este combate, ve por una mujer. Estoy seguro de que alguna saiyajin está ansiosa de pasar unas noches contigo, Kakarotto- dijo Fennel mientras se ponía de pie.

Kakarotto no se molestó en contestar, prefería ahorrar energías para poder llegar a su dormitorio y quedar inconsciente ahí por varias horas sin que nadie lo viera. Salió del lugar y caminó por los pasillos intentando mantener su postura, agradecía que Fennel se hubiera ofrecido a entrenar con él, al menos de esa manera había sacado su frustración sobre la misión de los arlianos.

Al llegar finalmente a su dormitorio se dejó caer sobre su cama; las de su planeta eran duras en comparación con las de la Tierra, quizás eso era lo que más extrañaba, eso y a sus amigos, ¿Bulma habría seguido su consejo? Le había recomendado hacer una nave espacial enorme para poder huir de ese planeta si llegaban a invadirlo, pero el nuevo desinterés de Vegeta en todo lo que no tuviera que ver con Freezer los había salvado de una invasión y una masacre segura.

Al cabo de unos segundos el cansancio lo venció y cerró los ojos finalmente. No volvería a despertarse por unas cuantas horas, o quizás por un día entero.

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Vegeta y Nappa tardaron medio día en regresar a su planeta, para ese entonces Raditz estaba ya en un bar seguramente encargándose de armar peleas o emborracharse hasta no poder más. Vegeta y Nappa lo buscaron en varios bares hasta que dieron con el indicado, lo hubiesen simplemente convocado al palacio, pero el príncipe no veía el motivo para hacer de eso un gran alboroto.

Cuando finalmente lo encontraron, Raditz estaba susurrándole algo a una alienígena que se estaba encargando de servirle más cerveza, una con orejas de gato. Si Vegeta y Nappa no hubiesen llegado, seguramente Raditz hubiera conseguido llevarse a la mesera a la cama, no había duda de aquello –Tiempo sin verte, Raditz- saludó Vegeta.

Raditz se volteó rápidamente, de verdad estaba sorprendido –Vegeta, no creía encontrarte aquí-

-Bah, somos saiyajin- respondió simplemente Nappa mientras se sentaba y exigía a gritos que llevaran más bebida a la mesa –¿Qué tal tus misiones con Turles? Escucho todo tipo de rumores sobre él-

-Son sólo rumores- respondió Raditz vagamente mientras tomaba un sorbo de cerveza y daba un mordisco a un trozo de carne que había frente a él –Algo me dice que no vienen aquí a saludarme-

Vegeta se sentó sin dejar de mirar alrededor, era obvio que todos sabían que era el príncipe, pero nadie parecía estar en todos sus sentidos como para prestarle demasiada atención –Vengo para que me digas lo que sabes, Raditz. Tu padre te envió lejos con Turles para mantenerte al margen de todo, pero ahora tu padre no está y tú estás aquí-

Raditz pareció pensativo por unos segundos mientras tomaba un largo trago de cerveza. Cuando finalmente puso la tarra sobre la mesa parecía un poco más ebrio que antes –Ya te lo dije, Vegeta, en ese planeta no hay nada interesante-

–En estos meses he estado ocupado buscando a Freezer y acabando con sus soldados restantes, es la única razón de por qué no he ido a ese planeta- dijo mientras entrelazaba los dedos de sus manos –Tu padre se esmeró en ocultar ese lugar, Kakarotto se esforzó por mantenerlo intacto, y tú sigues queriéndome hacer creer que en ese planeta no hay nada, ¿me tomas por imbécil?-

Raditz suspiró –Lo único que sé es que el ADN terrícola y el ADN saiyajin es compatible-

-¿Eso es todo?- preguntó Nappa.

Raditz sonrió de lado, lo que hizo que Vegeta se sintiera más intrigado –Sabes que Bardock tuvo visiones de lo que sucedía en ese universo paralelo donde la raza saiyajin casi se extinguió, ¿no es así?- no esperó a que le respondieran –En ese universo, los saiyajin sobrevivientes cruzaron su sangre con la de unas terrícolas y tuvieron híbridos-

-¿Eso qué tiene de nuevo? Los saiyajin han cruzado su sangre con otras razas y no ha habido nada de especial- dijo Vegeta.

La sonrisa en el rostro de Raditz se amplió –Pero no con terrícolas- recalcó -Hay algo en la sangre de esos seres que hace que el cruce de ambas razas de como resultado un híbrido poderoso, mucho más poderoso que un saiyajin ordinario- hizo una pausa mientras estudiaba el rostro de Nappa y el de Vegeta –Quizás en ellos resida la clave para crear súper saiyajin-

-¿Y poner en riesgo nuestra posición? Sería una estupidez- dijo Vegeta.

-Lo sería si los terrícolas fuesen salvajes como nosotros, pero son dóciles. El cruce de ambas razas daría como resultado soldados que seguirían las órdenes… seguramente-

-¿Eso es lo que ocultaba Bardock?, ¿la posibilidad de tener saiyajin superiores?-

Raditz no respondió, simplemente se limitó a ver a los ojos a Vegeta –Creía que mantenernos alejados de ese lugar sería lo mejor si en caso se llegaban a repetir los sucesos contra Freezer; si los saiyajin llegaban a casi extinguirse, la salvación estaría ahí. Quizás la mujer con la que cada saiyajin se cruzó tenía la clave para tener híbridos tan poderosos, o simplemente la raza entera posee esa clave- se encogió de hombros –Es una tontería si me lo preguntas-

-Nadie te lo preguntó- espetó Vegeta –Así como nadie le indicó a Bardock que decidiera sobre el destino de mi nuevo planeta conquistado- se puso de pie –Vámonos, Nappa-

Nappa pareció confundido por un segundo, pero siguió la orden de Vegeta, dejando a un Raditz ebrio en el lugar –¿Qué opinas, Vegeta?- preguntó cuando ya estaban bastante lejos del bar mientras volaban.

-Dime una cosa, Nappa, ¿qué entendiste de lo que Raditz dijo?-

Nappa lo vio confuso y cruzó los brazos mientras recordaba –Que los saiyajin debíamos cruzar nuestra sangre con la de los terrestres- concluyó.

Vegeta asintió, pero había algo más en su mente. La manera en que Raditz se había expresado había sido extraña, primero que todo había dicho 'los saiyajin que sobrevivieron', en lugar de haber dicho 'los que sobrevivimos'; de niño, Vegeta había obligado a Bardock a decirle cómo sabía lo del futuro, Bardock le confesó sobre las visiones y le dijo cuáles saiyajin habían sobrevivido en el pasado y seguramente volverían a hacerlo, entre esos estaba Raditz, sin embargo él no se había incluido mientras relataba lo de la Tierra, Vegeta solamente podía asumir que Raditz había muerto en otro universo eventualmente. Lo otro curioso era que también había indicado que cada saiyajin se había cruzado solamente con una mujer, ¿una terrícola por saiyajin? Eso era raro, si se trataba de repoblar la raza, un saiyajin debió de haber tomado muchas mujeres para tener híbridos. Ese universo alterno era un total misterio para Vegeta, sobre todo si él había participado en ese cruce de razas.

-Iremos a la Tierra, Nappa. Llama a mi escuadrón, no me importa si están embriagándose como Raditz o preparándose para ir a alguna otra misión, es una orden.-

-Tardaremos cuatro meses en llegar- dijo Nappa mientras encendía su rastreador –¿Cuándo partimos?-

-De inmediato-

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Yamcha se encontraba cubierto de grasa de motor, había pasado medio día ayudando a Bulma a terminar las reparaciones de una nave espacial gigantesca. No sabía realmente por qué su novia se había empecinado en construirla, había pasado un año desde la partida de Kakarotto y ninguna nave se había acercado a la Tierra.

-Buen trabajo- dijo Bulma, quien había entrado al taller –Fui a traer algo de beber. Ten-

Yamcha destapó la gaseosa y se bebió la mitad de un solo trago –¿Cuándo la probarás?-

-¿Probarla? Este bebé está en perfecto estado, despegará sin problemas. No hay necesidad de probarla- respondió Bulma con exceso de confianza –Quizás nunca la vayamos a necesitar- dijo en voz baja.

-Puede que Kakarotto haya convencido a los de su raza para que ya no vinieran- intentó convencerla.

-No lo sé… había algo en la manera de la que hablaba acerca del resto de los miembros de su raza... No está demás tener esta nave, Yamcha-

Yamcha terminó su bebida en silencio, nunca se había puesto a pensar sobre qué podía pasar si realmente llegaban a invadir el planeta, ¿podrían enfrentarse a más soldados como Kakarotto?, ¿y qué hay sobre su hermano, Raditz? Él parecía muy dispuesto a matar a cada ser vivo.

-¿Qué te parece si salimos?- preguntó Yamcha para romper el mal momento –¿Qué fecha es mañana?, ¿tienes algo que hacer?-

Bulma vio hacia su calendario: '3 de Noviembre' –Supongo que podríamos ir al cine y luego a comer.-

Yamcha le sonrió, realmente él pensaba solamente en quedarse en la corporación y ver una película en el cuarto, pero lo que acababa de decir Bulma le parecía bien también.

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Cuando finalmente aterrizaron en la Tierra, lo hicieron en una ciudad bastante poblada. Seis naves en forma de esfera hicieron destrozos, y cuando Nappa decidió 'saludar' a los terrícolas, el caos se volvió mayor. La ciudad quedó completamente destruida.

-Vaya manera de saludar- dijo una saiyajin que iba con ellos.

-Solamente son basuras, si hubiera algún terrícola que sirviera como guerrero el rastreador lo hubiese detectado- dijo Nappa.

Vegeta encendió su rastreador y frunció el ceño –Hay demasiados terrícolas con vida. Si Kakarotto llama a esto 'conquistar', me alegra que siempre lo mandemos con otros saiyajin para que se encarguen de terminar el trabajo-

-¿Qué haremos entonces?- preguntó Nappa.

Vegeta quedó pensativo por un segundo –Capturen a las mujeres que se vean fértiles- ordenó.

-Y atractivas- agregó otro saiyajin.

Vegeta gruñó, pero Nappa pareció concordar con el otro saiyajin –Y atractivas- repitió.

Las dos saiyajin que estaban en el pelotón se vieron entre ellas y parecieron llegar a un acuerdo silencioso, Vegeta decidió ignorarlas, si decidían llevar hombres terrícolas para ellas, ¿qué podía hacer él para evitarlo? Podía ser el príncipe, pero intentar impedirles algo a las hembras de su raza era un dolor de cabeza. Seguramente no encontrarían nada interesante, las saiyajin eran demasiado exigentes para conformarse con unos simples humanos.

-Vamos- dijo Vegeta mientras comenzaba a volar en dirección hacia el Sur.

Al llegar a la primera ciudad, los saiyajin se encontraron con unos tipos de 'guardianes de la ciudad', utilizaban unas armas arcaicas y trajes azules, podían ser soldados, pero por el tipo de formación que tenían parecían unos idiotas jugando con pistolas. Eso simplemente provocó que fuesen asesinados en cuestión de segundos, los saiyajin se emocionaron y terminaron por asesinar casi a todo ser vivo del lugar, hasta que Vegeta les ordenó que se detuvieran y tomaran a las mujeres, de las cuales apenas diez captaron la atención de Nappa y los demás, y un hombre que las saiyajin decidieron que parecía 'lo suficientemente fuerte como para ser su esclavo'.

Encerraron a todos los terrícolas en algo que parecía una bodega fuera de la ciudad antes de dirigirse a otra –Ésas fueron unas buenas horas de calentamiento- dijo un saiyajin un poco más alto que Vegeta –Esperemos que la siguiente ciudad sea divertida-

Vegeta estaba molesto –Me sorprende que los terrícolas hayan sobrevivido por tanto tiempo, incluso un saiyajin bebé podría acabar con este planeta en una sola noche si este lugar tuviese una luna-

-Detecto unos cuantos poderes de pelea que se dirigen hacia acá- informó uno de los saiyajin –Son unas basuras-

Vegeta encendió su rastreador para comprobarlo. En efecto eran insectos, pero algo estaba fuera de lugar, eran demasiado débiles y aun así se estaban dirigiendo hacia ellos –Quítense los rastreadores- ordenó mientras se quitaba el suyo –Estos sujetos cambian a su antojo su nivel de pelea, si se confían terminarán sorprendiéndose, y no puedo permitir que eso pase.- Si el rumor de que Kakarotto controlaba a voluntad su poder de pelea era cierto, entonces esa habilidad la debía de haberla aprendido allí en la Tierra, no estaba demás especular que los otros guerreros terrícolas podían hacer eso también.

Los otros saiyajin se vieron entre ellos confundidos, dudaron unos segundos en seguir la orden de Vegeta, pero al final todos se quitaron los rastreadores aun inseguros de lo que hacían.

-¿Te parece buena idea?- preguntó una de las saiyajin del equipo –Sin los rastreadores estaremos ciegos y…-

-Usa tus otros sentidos, Okkra- le espetó Vegeta. Si algo que detestaba era que lo cuestionarán, y sobre todo cuando eran en misiones.

-Ahí vienen- advirtió Nappa.

–Así que éste es el comité de bienvenida- comentó otro saiyajin casi tan alto como Nappa, con pelo oscuro y una cicatriz en el brazo.

Cinco terrícolas aparecieron frente ellos, uno tenía tres ojos, un terrícola con cicatrices en el rostro, y otros dos mucho más pequeños que Vegeta, pero el último guerrero de piel verde y antenas fue quien llamó la atención del príncipe.

-Es un namekuseijin- dijo Nappa.

-Así parece- Vegeta estaba sorprendido, había tirado la búsqueda por esos seres y ahora aparecía uno frente a él. Comenzaba a pensar que el hecho de que Kakarotto hubiese ido a ese planeta era más que simplemente por la relación entre los saiyajin sobrevivientes y unas cuantas terrícolas –Escuché que los namekuseijins tienen un poder increíble y habilidades extraordinarias- el alienígena parecía muy sorprendido para hablar, así que Vegeta continuó –También escuché que pueden crear trucos sorprendentes, como si fueran magos. El creador de esos objetos mágicos eres tú- no era pregunta, era una completa afirmación.

-¿Ustedes saben algo sobre las Esferas del Dragón?- preguntó el terrícola de baja estatura y ropa naranja.

Los saiyajin se vieron confusos entre ellos, pero Nappa intervino antes de que continuara hablando –Nuestro primer objetivo es conseguir las esferas, así que será mejor que nos las entreguen- cerró el puño –Aunque seas un namekuseijin no podrás derrotarnos, eres como una mosca para nosotros-

Los terrícolas parecían agitados y hablaban entre ellos, pero Vegeta no tenía paciencia para esto –Nappa, ¿todavía tienes contigo esas seis semillas de saibaiman? Sácalas ahora-

-Ah, a ti te gusta jugar mucho, Vegeta- dijo el enorme soldado mientras buscaba dentro de su armadura y sacaba un pequeño frasco. Sembró unas especie de semillas en el suelo y de éstas brotaron seis criaturas espantosas que solamente gruñían y gritaban, tenían tres dedos en cada mano y en cada uno había una garra tan grande como un cuchillo.

-Esto será interesante-

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Kakarotto estaba molesto, muy molesto. Su padre siempre estaba para recalcarle cosas antes de que las pudiera hacerlas ¿y ahora que Vegeta había decidido ir a la Tierra no estaba en ningún lado? Quien le había informado de Vegeta y su viaje a la Tierra había sido Raditz, sorprendentemente su hermano parecía interesado en que Vegeta no la destruyera; por un momento Kakarotto pensó en quedarse a averiguar la razón de la repentina preocupación de su hermano por la Tierra, pero si se demoraba más tiempo, sus amigos podrían terminar siendo asesinados.

No solía sacar la nave que Bulma le había hecho para que nadie atara cabos y terminara teniendo interés en la Tierra, pero esa nave era mucho más rápida que las otras. Vegeta y los demás habían salido casi dos meses antes de que él lo hiciera, pero tenía depositada la confianza en la velocidad de la nave. Necesitaba que ésta fuese más rápida que el resto, simplemente lo necesitaba.

Cuando finalmente llegó a la Tierra, lo hizo con un retraso de casi tres horas. –Maldita sea- se dijo cuando finalmente bajó de la nave. Cerró los ojos para sentir los ki de los demás, y lo que sintió lo asustó un poco. Decidió emprender vuelo y darse prisa, gastaría energía volando tan rápido, pero esperaba que no fuese a tener que pelear contra ningún saiyajin, sobre todo contra Vegeta.

Al llegar al campo de batalla su temor se hizo real, Ten Shin Han estaba muerto, al igual que Yamcha, Chaoz no estaba en ningún lado y no podía sentir su ki. Los únicos que estaban todavía de pie eran Krilllin y Piccoro, ¿qué demonios hacía Piccoro allí? Le había advertido que no debía aparecerse frente a los saiyajin bajo ninguna circunstancia, pero si a él le hubieran dicho que debía alejarse de una batalla tampoco lo hubiese hecho.

-¡Vegeta!- gritó haciendo que todos lo voltearan a ver.

Vegeta frunció el ceño –Así que estás aquí, Kakarotto, ¿vienes a ayudarnos a terminar lo que debiste haber hecho cuando fuiste enviado a este patético planeta?-

Kakarotto descendió mientras miraba los cuerpos de sus amigos. Apretó sus puños fuertemente y solamente agradeció que no tuvieran puestos sus rastreadores, de lo contrario hubieran detectado su aumento de poder –Esto no tiene por qué ser así, Vegeta-

Todos los saiyajin se rieron de lo que decía el joven saiyajin, todos menos el príncipe.

-Este planeta puede ser la clave para alcanzar el siguiente nivel de un saiyajin- dijo Kakarotto intentando acertar en el interés de Vegeta –Si tan siquiera me dejaras explicarte…-

-¿Me dirías que el cruce de terrícolas y saiyajin es la clave, Kakarotto? Por tu expresión imagino que no esperabas que lo supiera. Tu hermano me lo dijo-

-Déjame derrotarlo, Vegeta- imploró Nappa –He estado anhelando esto por meses-

Vegeta miró a Nappa y luego a Kakarotto –Bien, Nappa, demuéstrale a Kakarotto qué sucede cuando un saiyajin de clase baja intenta jugar en el mismo nivel que uno de clase alta-

Cuando Nappa arremetió contra Kakarotto, no esperaba recibir resistencia. Quizás había entrado demasiado confiado, quizás había perdido el control de sus emociones en la batalla, o simplemente quizás Kakarotto era mucho más fuerte de lo que el resto de saiyajin creían. No importaba cuál fuese la explicación, Nappa estaba postrado en el suelo totalmente inmóvil por el dolor, Kakarotto no parecía haber recibido casi nada de daño mientras le gritaba a Vegeta que todo eso no tenía por qué seguir ese rumbo.

Vegeta estaba molesto –Permítame pelear a mí- sugirió el otro saiyajin que era un poco más alto que Vegeta.

-No- respondió bruscamente –Pelearé yo mismo, como le dije a Nappa antes de que perdiera. Aparentemente tengo que ser yo quien le enseñe a Kakarotto cuál es su lugar-

-Lo… lo siento mucho… Vegeta- murmuró Nappa mientras seguía en el suelo.

Vegeta lo volteó a ver, le dirigió una mirada fría y llena de odio. Eso fue lo último que pudo ver Nappa antes de morir a manos de su propio príncipe, el mismo al que él había protegido desde niño. Los otros saiyajin no dijeron nada, ni siquiera Kakarotto; como saiyajin ninguno estaba libre de morir, y no importaba si era bajo ataque enemigo o por las manos de otro miembro de la misma raza. Si algo que los saiyajin entendían perfectamente era que todo ser debía morir, la circunstancia era lo único que variaba.

Kakarotto se volteó para ver a Krillin, quien parecía bastante malherido, pero aun así estaba de pie viéndolo con sorpresa –No creí que fueras a venir- dijo con una sonrisa.

-Debes de largarte de aquí, Krillin. Tú también, Piccoro. Si mueres, nada de esto tendrá sentido-

-¿Estás loco? No me das órdenes- Piccoro estaba molesto –Prefiero morir peleando que huir de una batalla-

Kakarotto sonrió levemente –Eres todo un guerrero.-

Antes de que Piccoro reaccionara, Kakarotto lo golpeó en el estómago dejándolo sin aliento y luego le dio un golpe en la parte posterior del cuello. Todo pasó en segundos y Krillin no pudo hacer nada más que ver lo que sucedía –Llévatelo- le dijo mientras tomaba al namekuseijin del cuello de su camisa –Vete a la Ciudad del Oeste y preparen la nave que Bulma hizo- realmente esperaba que Bulma hubiese seguido su consejo –No hagan nada si ven a los saiyajin cerca, pero prepárense para huir en cualquier momento-

-S… sí, ¿pero tú qué harás?-

-Pelearé con Vegeta- dijo viéndolo de reojo –Dudo poder ganarle, pero lo retrasaré lo suficiente para darles tiempo para que huyan-

-Ten cuidado- musitó Krillin antes de cargar a Piccoro.

Vegeta vio cómo huían el terrícola y el namekuseijin, pero no les dio importancia. Nadie podía huir cuando los saiyajin llegaban a un planeta, luego buscaría al alienígena para terminar el tema de las esferas mágicas -Bien, Kakarotto, tendrás el honor de enfrentarme, ¿cuántas veces soñaste con este momento?- preguntó sarcástico.

-Si debo ser honesto, Vegeta, he soñado con este momento desde hace mucho. ¿Un saiyajin de clase baja tener el honor de pelear contra el príncipe? Es algo que seguro se contará entre los soldados-

Vegeta gruñó, algo que odiaba de Kakarotto era esa constante manía por ver todo de una manera 'no negativa' –Prepárate, insecto- ambos soldados tomaron su respectiva posición de batalla.

-¡Alto!- gritó alguien que se acercaba hacia ellos. Kakarotto volteó a ver al reconocer de inmediato la voz, Vegeta simplemente bufó, ¿qué tenían los miembros de esa familia que lo hacían enojar con tanta facilidad?

Vegeta no cambió su posición –No sé qué haces aquí, Bardock, pero lárgate antes de que decida en ir por ti luego de vencer a tu maldito hijo-

Bardock le puso la mano a Kakarotto sobre su hombro –Retrocede- le ordenó, y aunque éste tuvo problemas para controlar su instinto y no golpear a su padre por interrumpir, finalmente bajó los puños.

Vegeta se enfadaba con cada segundo que pasaba, y era demasiado obvio –¡¿Qué pasa, Kakarotto?! No me digas que temes perder frente a tu padre-

-Contrólate- dijo Bardock para que su hijo no perdiera la razón y se dejara dominar por su instinto saiyajin. Se dio la vuelta y miró a Vegeta fijamente a los ojos –Majestad, necesito explicarle lo que sucede-

Vegeta estaba ya más frustrado que enojado. Se cruzó de brazos y se volvió a colocar el rastreador –Me puedes explicar lo que quieras cuando estemos regresando al planeta. Luego de destruir éste-

-Este planeta tiene mucho potencial, no es necesario destruirlo, podemos obtener mucho de él- dijo Bardock.

-¿Y quién quieres que se encargue de eso, Bardock?, ¿tú?- preguntó burlón.

-¡Yo lo haré!-

Vegeta se quedó estático por un segundo, no reconocía la voz que había escuchado. Una silueta se acercaba a ellos y cuando lo tuvo frente a frente, el príncipe saiyajin no pudo hacer otra cosa más que controlar cada músculo del rostro para no dejar escapar ninguna expresión. Debía de admitir que, a pesar de haberlo visto una vez cuando ambos eran muy pequeños, lo reconoció casi de inmediato. Lo que lo sorprendía más era que siguiera con vida, tan débil que su rastreador no lo había detectado hasta tenerlo cerca.

-Yo quiero encargarme de este planeta, hermano-

Vegeta apretó sus puños, realmente no le gustaba que lo arrinconaran como ahora. Podía simplemente negar su origen y todo problema se resolvería, pero habría que estar ciego para no ver el parecido entre ambos. ¿Matarlo? Ésa era otra opción.

El canal de comunicación se abrió antes de que Vegeta pudiera decidir qué hacer -Señor, hemos encontrado una nave que quería despegar y huir, la hemos detenido, hay bastantes terrícolas adentro- reportó uno de los saiyajin de su pelotón por medio del rastreador.

Miró detenidamente a su hermano menor, tan débil a simple vista, luego miró a Bardock y Kakarotto, que parecían estarse murmurando algo. No era coincidencia que Tarble reapareciera al lado de Bardock, no, seguramente el muy infeliz había ido a buscar a su hermano y lo había llevado ante él justamente en el momento indicado para salvar a Kakarotto. Cada día se arrepentía más de no matar a Bardock, no le gustaba esa sensación de ser una pieza en cualquier plan que Bardock tuviera.

-Iré personalmente- respondió finalmente –Tengo aquí un saiyajin que necesita probar su utilidad- cortó la comunicación –Tarble. Ven conmigo-

Bardock y Kakarotto se vieron entre ellos al ver que los dos hermanos se estaban alejando de ellos –Hay que seguirlos- dijo Kakarotto.

-No, no hay peor cosa que seguir a Vegeta cuando obviamente no nos quiere cerca. Te salvé esta vez, pero no te aseguro que podré evitar que te mate la próxima vez que lo provoques-

-¿Que me salvaste?, ¡yo tenía todo bajo control!- gritó aireado.

-¡No seas un estúpido!- le respondió Bardock. Lo tomó por el cuello de su armadura y lo acercó a su rostro –Ibas a morir. Vegeta iba a matarte así como mató a Nappa. No pongas esa expresión, no me vengas a decir que pensabas ganarle a ese loco- soltó a su hijo bruscamente –No tienes el poder para ganarle por ahora-

-No lo entiendes- Kakarotto tenía un semblante de miedo y ansiedad puro -A donde se dirige Vegeta es hacia el Oeste… a la Capital del Oeste-

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-Es por aquí, Majestad- le indicó el saiyajin con la cicatriz en el brazo.

-Creo que estos terrícolas poseen más tecnología de la que Kakarotto nos hizo querer creer- dijo Vegeta para sí mismo –¿Cuántos humanos hay dentro de la nave?-

El saiyajin quedó pensativo por un segundo –Aproximadamente 500, niños, ancianos… mujeres-

-Espero que no hayan matado a nadie mientras veníamos, Kale. Fue una orden directa- dijo Vegeta viendo de reojo al saiyajin que lo superaba en altura casi tanto como lo solía hacer Nappa.

-No, Majestad, les dije a los demás que había ordenado que ningún terrícola sufriera daño alguno- respondió rápidamente –Aunque… no entiendo por qué-

-Y no tienes porqué saberlo- respondió bruscamente Vegeta mientras miraba sobre su hombro a su hermano, quien parecía intimidado por toda la situación.

-Sí, Majestad-

Se mantuvieron caminando en silencio hasta llegar adonde estaban todos los terrícolas, unos niños lloraban mientras sus madres los intentaban consolar, los ancianos tosían y los hombres parecían demasiados confusos para actuar –Patético-pensó Vegeta mientras los miraba con desprecio. Se dio la vuelta y vio a su hermano, quien parecía ver a todos los terrícolas con una expresión de compasión.

-Encontramos a estos otros que estaban en el cuarto de motores- dijo Okkra, quien acababa de llegar con otros 20 terrícolas –Celery los encontró, está buscando más… es muy difícil encontrarlos con ese poder de pelea tan bajo-

Vegeta vio a los terrícolas, tenían trajes holgados y llenos de grasa. Todos debían ser ingenieros mecánicos –Estos me son más útiles que el resto- pensó mientras intentaba identificar al jefe encargado. Tardó unos segundos más en ubicarlo, pero por la posición en la que estaba parado, y cómo el resto de terrícolas parecían estar formados alrededor de él, estaba casi seguro de que estaba en lo cierto. Estaba cubierto de pies hasta el cuello por un traje gris con una insignia extraña en los brazos, tenía unos lentes protectores oscuros que le cubrían gran parte del rostro, y un tipo de gorro sobre el cabello. Vegeta y él eran básicamente de la misma altura.

-Tú- señaló con un movimiento de la cabeza –Tú estás a cargo, ¿no es así?, ¿esta nave puede despegar de inmediato?-

Esperó unos segundos más por la respuesta, pero el terrícola simplemente no contestó. Frunció el ceño, pero antes de que pudiera amenazarlo, Okkra intervino, y con un movimiento rápido y brusco le arrebató los lentes al terrícola; aparentemente el movimiento fue tan fuerte que lo hizo retroceder e inclusive le hizo caer el gorro que llevaba puesto, revelando así su extraño color de cabello.

-El príncipe te ha dirigido la palabra, insecto, respóndele de inmediato y baja la mirada cuando le hables- espetó Okkra.

Vegeta se mantuvo de brazos cruzados esperando la respuesta. La terrícola recuperó la compostura y cuando finalmente levantó el rostro le dirigió una mirada corta, ésta duró un segundo o menos, pero fue suficiente para dejar una impresión en el saiyajin.

Nunca antes había visto un ser tan peculiar como esa mujer.

Había visto tonos de cabello parecido, había visto rostros posiblemente más atractivos, pero jamás había visto unos ojos de color celeste con ese fuego intenso como aquellos de esa terrícola.


¡Listo! :) Espero les haya gustado o sientan que valió la pena la espera :) Siempre son bien recibidos sus reviews con ideas y comentarios. Muchas gracias por leer y tomarse el tiempo para conectar.

Espero leerlos de nuevo dentro de dos viernes :D