Capítulo 4 el plan

Al llegar al campo se encontraron con una casa aparentemente abandonada, pero que estaba siendo vigilada en la entrada por dos guardias.

Siguiendo el plan, Fortachón y Valiente se quedaron escondidos detrás de unos árboles, listos para actuar si las cosas salían mal, mientras Gruñón se acercaba a la entrada. Los guardias, al ver sus fachas, lo dejaron pasar.

El interior no era muy lujoso, pero era elegante y estaba bien arreglado: todo lo contrario al exterior. A un lado había un mostrador con un pitufo detrás; al parecer era la recepción.

Gruñón decidió comenzar con su actuación. Se acercó al mostrador y, golpeándolo con el puño, dijo:

-Quiero una Pitufina.

El recepcionista puso una sonrisa malvada y respondió:

-Trasladamos a todas las que teníamos, pero afortunadamente conseguimos unas más el otro día. ¿Quieres que te las muestre a todas o sólo las que están disponibles?

-Pitúfamelas todas-gruñó Gruñón.

El recepcionista sacó un mazo de fotos de debajo del mostrador y las puso enfrente de Gruñón.

Gruñón las contó. Eran diez. Las observó detenidamente, memorizó cada rostro, cada detalle. Luego señaló la de Vexy y dijo:

-Ésta.

-¿Cuánto tiempo?-preguntó el recepcionista.

-¿Cuánto se pitufipuede?

-De media a tres horas.

-Pitúfame media.

-Claro. Son trescientos "azuletes" (nota de la autora: azuletes es la moneda de la ciudad pitufo). Y si te quejas del precio, te volaré la cabeza-advirtió el recepcionista, arto de las quejas de sus clientes.

Gruñón prefirió no decir nada, solamente le entregó el dinero.

-Sube las escaleras, tercera puerta a la derecha-le informó el recepcionista.

Sin decir nada, Gruñón se encaminó lentamente hacia allí. Estudiaba todo el lugar. Trataba de memorizar lo más posible, por lo cual iba prestando especial atención a todas las cosas, incluso las más mínimas.

Al llegar a la puerta decidió que se vería sospechoso si tocaba, por lo cual decidió entrar.

Vexy estaba sentada sobre una cama. Estaba mirando al piso, con la mirada perdida. No se había percatado de que Gruñón había entrado a la habitación. Parecía muerta, Gruñón pudo haber jurado que se trataba de un muñeco. No hacía el más mínimo movimiento.

-¿Vexy?

Los ojos de Vexy parecieron iluminarse por un momento. Al levantar la mirada y encontrarse con Gruñón, corrió hacia él y se hechó a llorar en sus brazos. Gruñón no soportaba verla así.

-Vexy… Shh… No soporto verte así…-tartamudeó Gruñón.

-Oh Pitufo… Gruñón… Estoy tan pitufifeliz de verte…-gimió Vexy con los ojos llenos de lágrimas.

-Yo también. Y siento ser tan pitufifrío, pero no pitufamos de mucho tiempo.

-¿A qué te refieres?-preguntó Vexy sin soltarlo y aún con lágrimas en los ojos.

Gruñón la separó un poco, la besó durante unos segundos y le dijo:

-Es complicado. ¿Tienes lápiz y papel?

-Sí-respondió Vexy limpiándose la nariz y las lágrimas.

-Genial, ¿conoces toda esta pituficasa?

-Sí, esos pitufidiotas nos arrastraron por toda la pituficasa antes de pitufarnos una habitación a cada una.

-Pitufástico-Vexy lo miró como para matarlo, y Gruñón se dio cuenta de su error-. No, no. No me refiero a eso. Es decir, no me alegro de que les pitufaran eso, me refiero a que es pitufástico que conozcas toda la pituficasa.

-Ah

-¿Me pitufas un mapa?

-Claro-respondió Vexy con una mueca que pretendía ser una sonrisa. Hace tiempo que no sonreía, casi olvida como hacerlo.

Gruñón se dio cuenta de esto. Para animarla, la besó y le dijo:

-Eres la mejor-. Y luego, recordando, añadió-: pero solo dispones de quince minutos.

Vexy demoró diez minutos en dibujarle el mapa.

-¿Qué te parece?-preguntó agitándolo frente a su cara.

-Pitufiperfecto-dijo Gruñón. Al parecer la casa tenía dos pisos y un sótano. Vexy había anotado también qué había dentro de cada habitación. El sótano tenía armas, máquinas y otras cosas, el primer piso era solo la recepción, y en el segundo estaban todas las chicas.

Quedaban cinco minutos, así que Gruñón decidió explicarle las cosas de la manera más sutil posible.

-¿¡QUÉ!?-gritó Vexy con lágrimas en los ojos. Al parecer no había sido tan sutil como pensó.

-Solo serán unas horas, volveré por la noche, te lo pitufiprometo-le dijo Gruñón tratando de consolarla.

-No quiero que te pitufivayas-gimió Vexy abrazándolo fuerte.

Alguien golpeó la puerta de la habitación y gritó:

-¡Se te acabó el tiempo!

-¿Enserio? ¡Pitufos! Era divertido-gruñó Gruñón continuando con su actuación.

-Lo sé viejo, pero tienes que irte.

-Grrr… Está bien. Me pitufilargo-. Besó apasionadamente a Vexy durante unos segundos y le dijo-: volveré por esto se marchó.