Cuarto Capítulo
Soltó una risotada.
-¿¡Qué te pasa?!- exclamó Konan sorprendida.
-¡Nunca pensé que eras tú la que se comía la goma en kinder!
La chica abrió los ojos como platos y balbuceó algo que sonaba a: "Yo… ¿cómo?..." Entonces cogió una lámpara, y sin preocuparse por si estaba aun enchufada, empezó a darle lamparazos al líder, mientras gritaba a voz en cuello:
-¡Eres un hipócrita! ¡¿Cómo te atreves a habernos prohibido entrar a los secretos punto com, y entrar a escondidas?!
-Konan, no seas exagerada.
-¡No soy exagerada!
Tobi abrió la puerta con su cantinela "Monos locos, mo-mo-monos locos"
-¡Oye! ¿Tú no habías salido?
-Sí.
-¿Y?- preguntó Pein
-Un holograma.- respondió Tobi.
Entonces el líder vio una oportunidad para hacer uso de la frase que había planeado la noche anterior, pero que no había podido utilizar:
-Si vuelves a bromear conmigo así, descubrirás lo que se siente estar en mas de un lugar al mismo tiempo.
Tobi lo miró asustado y salió retrocediendo (aunque probablemente no se dio cuenta) mientras cantaba bajito "Monos locos, mo-mo-monos locos"
Mientras tanto, Deidara estaba amarrado a una silla mientras Sasori mantenía la situación bajo control, encubriendo el hecho de que estaban navegando por los secretos punto com.
-¡Bastardo! ¡Eres un imbécil! ¡Suéltame ahora mismo si no quieres morir, hn! ¡Si no, te voy a…!
Sasori estaba harto de oírlo gritar por tan simple pequeñez, así que decidió molestarlo en serio:
-¿Por qué le pones mi nombre a tu diario?
Hubo un silencio largo, de unos cuatro minutos. Sasori miraba a Deidara a los ojos con toda su intensidad. No sabía si era una ilusión óptica, pero el Ninja de la roca se había ido poniendo más y más rojo, hasta que podría haber pasado con un rabanito con peluca.
-¿Y bien?- preguntó Sasori
Deidara había perdido el don del habla, no había siquiera vislumbrado la posibilidad de que existiera una página de SUS secretos.
-¿Hoooolaaaaa?- Sasori se levantó y caminó hacia Deidara.
Deidara sentía su cara y sus orejas calientes, casi como si se le fueran a evaporar. Conforme Sasori se acercaba, Deidara retrocedía más y más sobre la silla, hasta que llegó al respaldar.
Ahora Deidara estaba tan colorado que sus cejas parecían artificiales.
-Eh… no se…- logró articular el rábano, quiero decir Deidara entrecortadamente.
Sasori se sentó en las piernas de su compañero amarrado y le dijo:
-Ya me cansé de esperar.
Deidara sentía que su corazón estaba a punto de salírsele por la boca o por los ojos o por las manos.
Sasori se sentó sobre las rodillas de su aprendiz, y mirándolo fijamente, le tomó la barbilla… mientras Deidara había dejado de moverse y de chillar, ahora estaba con la boca abierta…
Sasori le acarició la mejilla a su aprendiz y le soltó la colita, dejando caer el pelo sedoso de Deidara.
-Tu cuerpo es una obra de arte.- susurró Sasori en su oído, y deslizó una de sus manos alrededor de la cabeza del Ninja de la roca, y le soltó la bandana con suavidad. Esta calló al suelo profiriendo un tintineo metálico. Deidara estaba mudo, casi expectante. Sasori le puso un dedo en los labios y acercó su rostro. El joven emitió un suspiro muy débil.
-Te ves como una mujer. Tal vez deberías hablar como una, Dei.
Deidara abrió sus ojos azules como platos y durante un segundo no supo exactamente si debía empezar a lanzar improperios o quedarse callado, como solía hacer siempre.
Pero optó por la primera opción:
-¡Eres una basura! ¡No soy mujer ni actuaré nunca como una, hn! ¡AAArrggggg!
Sasori se levantó de un salto y salió, tirando la puerta. Deidara estaba tratando de soltarse y se movía con brusquedad en la silla, hasta que uno de sus movimientos lo dejó cara al suelo.
No podía ver porque lo tapaba aquella cortina rubia, la cual intentó apartar soplándola, pero era demasiado espesa. Escuchó un chirrido: La puerta se había abierto. Los pasos se aproximaban.
Itachi dijo, con sorna:
-¿Qué pasó aquí? Escuché gritos…
Deidara pensó que no podía encontrarse en una situación más ridícula: Su peinado era un desastre y encima le tapaba la cara, y estaba amarrado a una silla tirado en el piso. Escuchaba los pasos de Itachi rodeándolo, y luego dejó de escucharlos.
"Al menos se fue." Pensó, mientras trataba de desatarse las manos.
Justo cuando creía que su vida no era tan horrible, volvió a oír los pasos de Itachi, acompañados por un "¡Sonríe!"
-¡Ni se te ocurra…!- escuchó el flash de la cámara.
Luego Itachi se acercó y le apartó el pelo de la cara.
-Ahora sí sonríe.
-¡Déjame en paz!- chilló Deidara. Itachi se fue corriendo mientras exclamaba:
-¡Secretos de Deidara punto com, allá voy!
Hidan puso play a su estéreo y se quitó el abrigo de Akatsuki al ritmo de la música. Cogió las pesas del taburete y empezó a hacer flexiones con sus bíceps y sus tríceps, ejercitándolos, hasta que el músculo parecía una toronja.
Luego se miró al espejo y se puso una mano en la cadera meneando su trasero, mientras cantaba:
-Can't touch this tun tururun… ah ah can't touch this!
Luego se subió al taburete de las pesas y mientras hacía sentadillas cantando, escuchó unos ruidos en el techo, para ser más precisos, en el tubo de ventilación. No les dio importancia y continuó meneándose frente al espejo, como su estuviera seduciendo a su propia imagen.
Ya era hora de almorzar, y Hidan no sentía hambre pero si unas ganas locas de hacer abdominales, así que, con vitalidad de inmortal joven eternamente, hizo 150 de un tirón.
Luego, mientras se acariciaba el abdomen con círculos suaves, repetía para sí mismo:
-Esternocleido… Mastoideo,… Gluteus Maximus…
Un estrépito lo despojó de su fisioculturismo, trayéndole a un Deidara recién caído del tubo de ventilación.
¿Cuál sería la sorpresa del rubio platino al ver al otro Ninja despeinado, hecho una desgracia en cuento a cabello, para ser francos, sin su capa de Akatsuki, y con esa cara de querer llorar?
¿Y cuál sería la de Deidara al ver a Hidan en una posición bastante sensual sobre la mesa de las pesas, con música para hacer strip tease, susurrando los nombres de sus músculos?
-¿Qué haces en mi gimnasio?
-¿Tu… gimnasio?- jadeó el aludido
-De todos modos, ¿Qué le pasó a tu pelo? ¿Una mala noche?
Deidara lo miró con una mueca rara en la cara.
-¿Quieres ir al baño?
-No.
-¿Por qué no te vas? ¿Acaso te gusta verme sin polo?
-¡ARRRGGG ya párenla!
Hidan analizó la situación. A Deidara le estaba creciendo un chichón a un lado de la frente, estaba con el pelo revuelto y se había sentado con ambas manos atrás y las piernas arqueadas, como si la caída le hubiera causado tanto dolor y estuviera amarrado de las manos (n.a Qué inteligente es Hidan)
Hubo un silencio largo, y a Deidara le caían lágrimas por la cara, de vez en cuando temblaba y emitía gemidos casi inaudibles.
-¿Y… qué me cuentas?- dijo Hidan predispuesto a continuar con su rutina de ejercicios.
No obtuvo respuesta. Preguntó unas veces más con el mismo resultado.
-¡Al demonio! ¡DIME QUE TE PASA!
-¡ME DUELE EL TRASERO!- estalló Deidara y luego rompió a llorar amargamente.
-¿Sasori te ha... te ha…?
-¡No, imbcil! ¡Me caí del techo, SENTADO!
-Cálmate.
Se miraron. Cada uno pensaba, por su lado: "No puedo creer que sea tan idiota". Hidan cogió su capa y se la puso. Se acercó al Ninja sentado.
-¿Te llevo a la enfermería?
Deidara se sintió ridículo cuando Hidan lo cargó (y él chilló, no le resultaba cómodo moverse) y lo llevó al comedor, buscando a Kakuzu.
-Una pregunta, gringa, ¿Cómo llegaste al gimnasio si estabas amarrado de manos? O sea, ¿Cómo llegaste al tubo de ventilación?
-Arrastrándome.- respondió Deidara en tono cortante.
-¿Quién te amarró?
-¡Para de hacerme preguntas, idiota!- exclamó Deidara
-¡Te suelto, ah…!- lo amenazó Hidan.
Llegaron al comedor, y la escena causó gran revuelo.
Sasori se levantó de la mesa alegando que tenía que ir a ordeñar a los monos locos, y Tobi lo siguió, porque pensó que era verdad.
Kakuzu, en un principio, se negó a hacer algo por el trasero de Deidara, mientras este yacía amarrado sobre la mesa de la cocina, preguntándose por qué hasta ahora nadie le había soltado las manos.
