Sí, éste es más cortito. Igualmente, que lo disfruten :3
HETALIA NO ME PERTENECE Y NADA ME PERTENECE.
—¿Irlanda?
El aludido despertó de su ensoñación, e intentó concentrarse en la conversación que mantenía por teléfono con su hermano galés. Era difícil, porque cuando has podido ir a la casa del estonio, éste te ha atendido de una manera que tendría bien merecido el Premio Nobel de la Amabilidad, te ha arreglado tu portátil, y encima se ha despedido con esa sonrisa de actor de Hollywood, toda charla parece que la escucharas desde el fondo del mar… si la escuchas.
—L-lo siento, me distraje —se disculpó rápidamente Cian, mirando la hora. Habían pasado tan sólo treinta minutos desde que había llegado de la casa de Estonia. Hizo un esfuerzo por recordar de qué tema estaba hablando con su hermano, mas no lo logró.
—¿Seguro de que no pasa nada más? —preguntó Deian, algo curioso.
—Sí.
—¿Seguro, seguro, seguro? —insistió el otro. El irlandés resopló.
—Ya, ¡n-no pasa nada! —aseguró enérgicamente—. S-sólo… me quedé pensando en algo.
—¿En qué? —Gales no se molestó en ocultar su interés. Cuando algo le intrigaba, era completamente directo. El menor se sonrojó.
—E-eh, nada, sólo en mi portátil…
—¿Qué pasó con tu portátil? —éste era peor que el FBI.
—¡N-nada grave! Sólo… se me cayó un poco de agua encima —respondió el pelirrojo, algo avergonzado. El galés ahogó una exclamación.
—¡¿CÓMO "SE ME CAYÓ UN POCO DE AGUA ENCIMA?! —repitió, presa del pánico y ahora, de la preocupación—. Cian, ¿estás seguro de que no tienes fiebre? ¿En qué mundo se te ha mojado el portátil?
—P-pues, ¡fue un accidente! —justificó inútilmente Irlanda, sabiendo que ahora su hermano haría una investigación más completa que la de las películas, para averiguar la verdad sobre "el agua maldita"—. Estaba desayunando y estaba medio dormido, así que… —se interrumpió cuando oyó un ruido metálico al otro lado de la línea.
—Estoy saliendo para tu casa —explicó el galés, adivinando el silencio—. En un par de minutos estaré allí.
—Pero ¿por qué… —Deian ya había cortado. Irlanda suspiró, y se derrumbó en el sofá a esperar a su hermano.
vVv
—Escúchame, Escocia, la situación es crítica —repitió Gales, mirando de brazos cruzados al escocés, que le prestaba poca atención y parecía estar más concentrado en el cigarrillo que estaba fumando que en la "situación crítica" actual. Scott acostumbraba a decir que el galés era un alarmista de primera; se alarmaba porque volara una mosca—. Nunca en la vida ha sucedido que…
—Deian, de verdad, estoy bien —insistió el irlandés, nervioso. Su hermano lo calló con una mirada, y luego volvió sus ojos hacia el mayor.
—¿Tú qué opinas, Scott? —dijo. Esto era peor que una novela policíaca. El pelirrojo se lo pensó unos minutos, antes de contestar, sintiendo las vistas de los británicos menores clavadas en él, expectantes.
—Debe estar enamorado.
Cian se puso no de color rojo, sino carmesí.
—Nnnno, ¡n-nada de eso! —exclamó con una voz chillona, negando con la cabeza—. Además, ¿de quién me podría enamorar? No hay nadie que me guste, tampoco que pueda ser mi pareja, así que eso es imposible, y…
Ajenos a todo el parloteo incesante del menor, Gales y Escocia se miraron y asintieron. Estaban en lo cierto. Antes de desviar la vista, el escocés pensó que su hermano tenía unos ojos muy bonitos. Él en sí era muy bonito. A pesar de ser alarmista.
Mientras tanto, Irlanda continuaba hablando como una cotorra, lanzando excusas una detrás de otra y sin detenerse siquiera para respirar, hasta rayar la histeria. Sí, definitivamente tenía que ser eso. Sus dos hermanos mayores volvieron a intercambiar una mirada cómplice. Deian sonrió y le guiñó un ojo, provocando que al escocés le saltara el corazón. Sin embargo, se limitó a devolverle la sonrisa —apenas perceptible— y a mirar al pequeño, que casi temblaba de desesperación.
—Porque es imposible que alguien me guste, además, ¿quién podría ser? Soy buen amigo de varios, pero no los persigo con segundas intenciones, y lo que pasó ese sábado con Francia, ¡juré que no volvería a repetirse! Ustedes me amenazaron, y también lo amenazaron a él, así que estoy cien por ciento seguro de que no me intentaría hacer nada otra vez, y tampoco pasó nada con Prusia, ¿de acuerdo? Ni me peleé con Rusia, y…
—Ya no tiene nada de sentido todo lo que dice —le susurró Deian al oído del mayor. Éste se estremeció ligeramente y le dio la razón con un movimiento de cabeza.
—E-entonces, en resumen, ¡no hay nadie ni puede haberlo! ¿De acuerdo? ¿De acuerdo? —Cian abrió grandes los ojos, mirando desesperadamente a uno y a otro, como si fuera un criminal sentenciado a muerte. "Por favor, que no se den cuenta, por favor, que no se den cuenta, por favor…"
El galés se acercó al pelirrojo y le desordenó el pelo con una sonrisa cariñosa.
—Está bien, tranquilo —dijo con voz calmada-. Sólo queríamos saber si nos podías contar, si es un secreto… —Irlanda estuvo a punto de replicar algo, mas Gales no le dio tiempo— No te molestaremos más, ¿sí?
Tanto el irlandés como Escocia abrieron sus ojos de par en par y le miraron sorprendidos. ¿Qué había pasado con la fuerte curiosidad galesa? No podía ser que se hubiera desvanecido tan repentinamente. Cian tragó saliva e intentó sonreír.
—¿D-de veras? —Deian asintió—. B-bueno, thanks.
El galés volvió a sonreír para transmitirle tranquilidad, y la sospecha, no, la certeza de que la desaparición de su interés era una gran mentira se instaló en Scott.
vVv
Estonia pasó los dedos por el teclado, escribiendo un salvaje "asdfgyuhnjm" en la pantalla. Era justamente así como se sentía en ese momento.
No había esperado recibir una nueva visita del irlandés. De hecho, no había previsto volverlo a ver. Se había olvidado de él por algo más de veinticuatro horas, y de golpe y porrazo, como caído del cielo, volvía a estar frente a su puerta. Pero aquél no era el problema. Eduard no había imaginado que lo comenzaría a ver con otros ojos. No había calculado que, sin darse cuenta, se quedaría mirando sus ojos verdes y perdiéndose en ellos. Tampoco había pensado en que su parte trasera fuera tan sexy… bueno, ejem, tampoco había pensado en que el pelirrojo podía parecerle muy provocativo de repente, con aquella expresión inocentona y ese cuerpo tan envidiable, incluyendo su altura, que lo hacía aún más —si era posible— adorable. Y ni hablar de las pequitas.
Un rubor leve cubrió sus mejillas. Adorable: no podía definirlo de otra forma. Bueno, también seductor a su manera, mas ése era otro tema del que prefería no hablar. ¡Joder, es que era idiota! Ahora era el turno del irlandés de ocupar su mente y la materia gris dedicada a la perversión. Sin embargo, esta vez no cometería ninguna estupidez: dejaría que el tiempo pasara y observaría al británico de lejos, sin presionarlo ni darle a entender sus verdaderas intenciones; no le hablaría si él no le dirigía la palabra, no le molestaría, no le otorgaría ninguna pista sobre sus sentimientos. Así sería mejor. Además, de seguro que terminaría enamorándose de otra persona, como siempre. Se preguntó quién sería la siguiente. ¿Rusia? ¿Quizás Ucrania, para cambiar un poco el rumbo? Sintió una punzada en el corazón, como si estuviera traicionando a Cian… casi podía verlo con aquellos ojitos llenos de tristeza, como un cachorro cruelmente abandonado por su dueño. Eeehm, bueno, no es que fuera su dueño o algo por el estilo, sino que… ¿Sino que qué? Con sólo la palabra "dueño" empezaba a imaginarse cosas raras.
Un timbrazo estridente le hizo pegar un respingo y estuvo a punto de caerse de la silla. Por unos segundos, creyó que era el timbre de la puerta y una ilusión creció en su interior; mas inmediatamente se dio cuenta de que era el teléfono, y fue a atender con cierta decepción.
—¿Sí?
—¿E-Estonia?
—¿Lituania? —reconoció sorprendido la voz temblorosa del otro lado de la línea—. ¿Qué sucede? ¿Belarús te ha roto los dedos de nuevo? Ve a casa de Polonia, él te ayudará —aconsejó rápidamente y con ganas de colgar. Quería estar un rato solo, pero no exactamente para deprimirse como antes.
—¡N-no es eso! —contestó rápidamente el lituano—. Últimamente, N-Naty se ha portado m-muy bien conmigo —el tono se dulcificó—. B-bueno… pero ése no es el tema.
—¿Entonces? —la impaciencia del rubio se notaba a leguas, y él tampoco hizo ningún esfuerzo por disimularlo. Toris tragó saliva.
—E-ehm… y-ya sé que es extraño que te llame, esp-especialmente después de los i-inconvenientes que tuvimos… —ambos sabían perfectamente cuáles habían sido los "inconvenientes", y Estonia prefería no recordarlo—. M-mas… tengo algo q-que comentarte.
Eduard se quedó callado unos instantes.
—Letonia, sé que estás ahí.
Se oyó una exclamación de susto al otro lado de la línea, y otra voz aterrorizada se hizo escuchar.
—S-sveiki* —saludó tímidamente el letón—. ¿C-cómo estás?
—Por ahora, me encuentro perfectamente —contestó el rubio, sonando neutral. "Bien"—. Vayan al grano de una vez, por favor, tengo una partida en pausa —"Mentiroso, mentiroso, más que mentiroso".
Se hizo un silencio que duró pocos minutos, y después Lituania habló.
—Es acerca de Irlanda.
*Sveiki: Hola en letón.
Yes, tengo muchos headcannons de la familia británica. Y ya vieron las pruebas.
Muy bien, me quedo corta de palabras y de tiempo, así que ¿por qué no dejan un review? O Estonia nunca le robará la virginidad a Irlanda, y admítanlo, es un robo que quieren que pase è.é
¡Alla prossima, lettori! :D
