Muchísimas gracias por leer y por todas las reviews. Espero que disfrutéis el fic tanto como yo lo estoy disfrutando escribiendo.
Mi madre se excusa y sube arriba, dejándonos a mí y a Alexis solos en la cocina. Le explico de manera pausada que tiene un hermano de dieciséis meses y observo detenidamente su reacción, que pasa de sorpresa a incomprensión para tornarse en lo que parece, enfado.
-¿Cómo pudo haberte guardado ese secreto? – Es lo primero que pregunta, su voz suena dura.
-No es tan sencillo Alexis… - Intento continuar, pero ella me corta.
-¿Y tú la perdonas? ¡Papá, te has perdido el primer año de vida de tu hijo! – Me grita y veo cómo la rabia se enciende dentro de ella.
-Si he perdonado a Kate es porque hay motivos que le llevaron a actuar como lo hizo – le explico despacio, tratando de que se calme y me comprenda.
-¡No papá, tú solo la has perdonado porque sigues enamorado de ella!
Me duele cuando escucho esas palabras de su boca. Me duele porque tiene razón en lo último que ha dicho, sigo inevitablemente enamorado de Kate, nunca he dejado de estarlo. Y me duele porque no me gusta que mi hija sea tan dura con ella, no después de todo lo que Kate ha pasado, pero claro… Alexis no lo sabe. Y seguramente no es algo que Kate quiera que yo vaya contando, ni siquiera a mi hija. La conozco demasiado bien y, seguramente, odiaría que las personas a su alrededor comenzasen a mirarla de forma diferente por todo lo que ha pasado.
Alexis me mira, sus ojos brillantes debido a las lágrimas que está conteniendo. La agarro suavemente del brazo y hago que me siga hasta el sofá, donde ambos nos sentamos. Guardo silencio durante unos segundos, tratando de valorar cómo explicarle aquello, hasta que me decido a hablar.
-Alexis, cariño hace dos años pasó algo, que llevó a Kate a actuar de la manera que lo hizo. Ella no me engañó con Josh como yo pensé.
Mi hija me mira, ahora algo dubitativa.
-¿Entonces qué fue lo que pasó?
Yo niego.
-No puedo contártelo, creo que es lo mejor para Kate, necesita privacidad con ese tema, pero es algo serio, no es algo que se supere de la noche a la mañana. Ni en dos años. Alexis, lo que quiero que comprendas es que si yo he perdonado a Kate – en realidad no hay nada que perdonar, pienso – tú también puedes hacerlo.
Veo cómo ahora me mira con algo más de comprensión y sé que entiende que, sea lo que sea, es lo suficientemente difícil como para que yo no se lo cuente.
-¿Entonces tengo un hermano? – pregunta ahora con una media sonrisa.
Sus palabras hacen que se me ilumine la cara y asiento.
-¿Cómo es?
-Espera… - le digo, buscando mi móvil en los bolsillos de la chaqueta. Lo encuentro y abro la galería de fotos, seleccionando una foto que le había echado aquella misma mañana a Alex.
En ella aparece Alex, sentado en la manta del salón, mirando a la cámara. Sus ojos azules con un brillo especial, se le ve feliz, la gran sonrisa en su cara hace que su nariz se arrugue un poco al mismo tiempo que se le marcan los hoyuelos de su cara. Me quedo mirándolo unos segundos antes de pasarle el móvil a Alexis. Allan es simplemente perfecto.
Alexis no puede hacer más que mirarlo, reír de emoción y mirarme a mí, para volver su mirada a la pantalla y fijarla ahí durante varios minutos, observando a su hermano.
-Papá es guapísimo – me dice, sin retirar la sonrisa que alumbra su rostro.
-Lo sé – digo yo con suficiencia, haciendo que Alexis tuerza el gesto y me eche una mirada.
-¿Cuándo podré verlo? – pregunta, dubitativa.
-Déjame que hable primero con Kate, ¿vale?
Ella asiente y me da un fuerte abrazo antes de irse a estudiar. La miro mientras sube las escaleras hacia el piso de arriba, Alexis ya es toda una mujer, pero por suerte ahora tengo al pequeño Allan. Cojo mi teléfono móvil y observo la foto de Allan, después paso a la siguiente y siento un gran amor hacia las dos personas que hay en esta otra foto. Kate está con nuestro hijo en brazos, dándole un beso en la mejilla mientras éste muestra una amplia sonrisa. Seguramente Kate se enfadaría si se enterase que le he hecho una foto sin que se diese cuenta, pero no me importa, es simplemente perfecta. Esa foto refleja amor y a mí me encanta. Me tumbo en el sofá y me dedico a observarla durante un largo tiempo, quizás horas, me da igual, lo único que sé es que no puedo dejar de mirarla y sentir un gran amor por esas dos personas.
Al día siguiente, por la tarde, me reúno con Kate y Allan en el parque, tal y como acordamos. Ella sigue distante, hablándome solamente de temas relacionados con nuestro hijo, pero supongo que con eso me basta ahora mismo. Caminamos juntos por la orilla del lago, yo con Allan en brazos. Le pido a Kate que me cuente cosas de Allan y me cuenta que aprendió a caminar a los trece meses, cuando ella volvió del trabajo y fue a buscarlo a casa de su padre, que era donde solía quedarse el pequeño cuando Kate no estaba, se soltó de las manos de su abuelo y comenzó a caminar torpemente hacia ella. Kate me relata todo esto con emoción y una gran sonrisa en su rostro, imagino ese momento en que nuestro hijo dio sus primeros pasos corriendo hacia ella y mi rostro se llena de felicidad, al mismo tiempo que de tristeza por no haber podido vivirlo. También me cuenta que su primera palabra fue 'poli' después de que Esposito y Ryan se pasasen toda una semana repitiéndosela.
-¡Pato! – La dulce voz de nuestro pequeño hace que los dos dejemos de hablar para mirar a Allan, que alza su mano señalando con su dedito hacia una zona verde del parque donde una docena de patos descansan.
-¿Quieres bajar al suelo pequeñín? – le pregunto en un tono cariñoso en cuanto él empieza a patalear para que le baje.
-Atento a esto – me dice Kate, sonriendo y mirando a Allan.
Al principio comienza a caminar dudoso hacia los patos, con paso lento, mientras se gira varias veces para comprobar que Kate y yo vamos tras él. Cuando estamos a escasos metros de los patos, Allan comienza a correr hacia ellos, que rápidamente salen despavoridos del lugar en diferentes direcciones. La escena es tan graciosa que incluso el pequeño Allan ríe a carcajadas durante un rato, contagiándonos todavía más su risa a su madre y a mí.
Después de un rato, Kate extiende una pequeña manta que llevaba en una mochila, sobre la hierba, y nos sentamos los tres allí. Deja la mochila en el suelo, saca un muñeco, un caballo de goma, y se lo da a Allan, que rápidamente se lo lleva a la boca y comienza a jugar con él. Me fijo en la mochila durante unos segundos, observando que lleva de todo.
-Vaya – digo, señalándola – es como un Kit para bebés.
-Lo es – dice ella – Es totalmente necesario cuando vas con un niño. Aquí van las toallitas, tiritas, agua, zumo, galletas, algún juguete, pañales, crema de protección solar… son cosas básicas que puedes necesitar en cualquier momento.
Yo sonrío al ver cómo ha cambiado, ahora Kate es toda una madre experta en la materia.
Nos quedamos allí un rato, simplemente disfrutando del momento juntos, como si fuésemos una familia. Por un momento me permito pensar que es así, hasta que Kate rompe el silencio.
-Castle, esta semana no podrás ver a Allan durante tres días – Le miro, confuso, esperando que siga hablando y que me diga la razón – Yo… el Capitán Gates me ha pedido que me infiltre en un caso, será durante tres noches, así que Allan se quedará en casa de mi padre.
-Pero… - yo trato de procesar la información - ¿Infiltrada en un caso? Y… ¿Allan se queda con tu padre?
Ella asiente mientras me observa, supongo que para encontrarse con mi cara repleta de confusión.
-Kate, ¿por qué no dejas que Allan se quede conmigo durante estos tres días? – le pregunto, esperanzado.
-Castle, apenas te conoce de hace dos días… Él ya está acostumbrado a quedarse con mi padre cuando yo estoy trabajando.
-Por favor – le miro suplicante – Allan ya me conoce, no se siente extraño conmigo, en todo momento parece estar cómodo, ya lo has visto. Además, Alexis y mi madre están deseando conocerlo y tu padre o Lanie, pueden venir para ver que está bien.
-Castle no estoy diciendo que no me fíe de ti… - me corta ella tras escuchar mis últimas palabras.
-Lo sé, pero, pueden venir si él se va a sentir más cómodo o si tú vas a estar más tranquila – le digo. La veo dudar durante unos segundos – Vamos, sabes que estará bien conmigo.
Ella tuerce el labio, suspira, y al final asiente.
-Está bien, se queda contigo.
Impulsivamente le doy un abrazo.
-Castle – dice ella, separándose rápidamente – No te pases.
-Lo siento, ha sido… - digo, haciendo un gesto con la mano para restarle importancia – Gracias por dejar que se quede conmigo.
Ella coge a Allan y lo sienta entre sus piernas, dándole un beso después en el pelo. Saca una bolsa con pequeñas galletas y la deja abierta delante de Allan, que rápidamente coge una y se la lleva a la boca.
-Oye Kate... – digo, mientras le doy vueltas en mi cabeza – El caso en el que te vas a infiltrar…
-No es peligroso – me corta ella, sabiendo lo que iba a preguntar – Además no voy sola, Esposito se infiltra también, y otra media docena de polis.
Yo respiro, algo más aliviado sabiendo que Espo, que es como un hermano para ella, estará guardándole las espaldas.
-Castle, ahora soy madre, no me infiltraría en un caso si no sé que es seguro.
Yo asiento, sabiendo además que Kate mejor que nadie sabe lo que es perder a una madre y que ella no va a permitir que eso le pase a Allan, pero aún así no puedo evitar preocuparme. Kate es policía y, aunque tenga mucha seguridad en un caso, siempre pueden ocurrir cosas inesperadas.
Un rato después nos despedimos y yo me marcho feliz a mi casa, sabiendo que al día siguiente mi hijo pasará dos días y tres noches conmigo.
