Urgencia


¿Quién es ella? – fue la pregunta de Carolina. Roy no volteó a verla, seguía mirando a aquella rubia que lo hacía sentir tan extraño.

Perdió la conciencia en el momento en que se le quedó mirando, sobre todo cuando detectó nuevamente el perfecto cuerpo que tenía; sus piernas bien torneadas y delgadas realizaban unos constantes movimientos que la hacían alejarse de él; su cabello se movía con gracia, de lado contrario al viento y sus caderas iban y regresaban al compás de su caminata. Desde su vista parecía una diosa.

¿Roy? la voz chillona lo sacó de sus pensamientos, la miró avergonzado por su notable muestra de excitación y le preguntó con la voz más tierna del mundo qué se le ofrecía. Carolina infló sus cachetes como niña pequeña -¿Quién es ella? No me has respondido.

Es mi secretaria.

Entonces mejoró su rostro.

¿La que me habló ayer? Me pareció agradable, es muy educada.

Sí –bajó la mirada –Lo es.

Dime Roy, ¿qué haremos mañana?

¿De qué hablas?

De nuestra cita –enfatizó la última palabra. ¿Por qué su amante estaba tan distraído? Roy la miró perpleja –tontito, mañana es nuestra cita y bueno, quería saber a dónde me ibas a llevar y qué vamos a hacer.

La joven comenzó a abalanzarse con delicadeza mientras numeraba como niña pequeña las actividades que quería realizar en su prometida cita. Roy la miró un momento. "¿cómo conocí a esta?" pensó mientras se cacheteaba mentalmente. Todo por culpa de su instinto de Don Juan. Riza tenía razón.

Comenzó a desesperarse, quería alcanzar a la rubia así que calló a Carolina con delicadeza.

Será una sorpresa –no podía negar que tenía ganas de probar aquel cuerpo joven y perfecto, eso lo impulsó a arruinarlo otra vez –por ahora solo te puedo decir que busques un bonito vestido.

¡Ah! –gritó con emoción mientras lo abrazaba del cuello ¡Me llevarás a cenar!

Te dije que es una sorpresa –se estaba desesperando.

Es un lugar elegante ¿verdad? ¿Será costoso?

Escucha Carolina, tengo que irme. Debo trabajar.

Pero amor hace un momento estabas de flojo con esa secretaria tuya, quédate un momento más.

Carolina, soy el Fuhrer, debo regresar –la chica lo abrazó con cariño.

Ya sé que eres el Fuhrer, por eso te amo tanto. Debes ser millonario.

De acuerdo eso era innecesario, ahora ya se enteró que la chica era materialista. Dios ya se estaba enfureciendo aunque… podría usarlo como ventaja. Se soltó del agarre y la miró fulminantemente, la chica se tornó algo nerviosa.

Si el dinero es todo lo que te importa entonces será mejor que terminemos nuestra relación.

¿Eh? –preguntó incrédula. No había entendido ninguna palabra.

No soy una billetera, búscate a otro que te ofrezca más que yo –con eso se encaminó hacia donde se había dirigido la rubia. Carolina lo detuvo con un grito agudo.

¡No Roy, no era en serio…! ¡Fue una broma!

Me mostraste todo lo contrario, olvídate de mí. A diferencia de ti a mí no me importa el dinero ni el poder.

Nuevamente infló sus cachetes. Carolina apretó sus puños.

¡Ni digas porque sé que lo que más te importa es eso!

Lo que me importa… –se detuvo para poder mirarla a los ojos y para crear algo de drama en su actuación –lo que me importa es el bien de mi país.

Con eso continúo su caminata. Carolina no sabía cómo responder a eso.

Al menos se había librado de esa cita odiosa, al final todo había salido mejor. Debía agradecerle a Riza ya que después de esto, Carolina nunca más lo molestaría.

Ya había llegado al cuartel siendo recibida adecuadamente por todos los soldados que la integraban. Finalmente se dirigió a la oficina del Fuhrer. Cuando entró se dio cuenta de que aún cargaba el uniforme del ex coronel.

Creo que debería controlar mis celos –murmuró para sí y seguido colgó la prenda en un pequeño ropero junto al escritorio de Roy.

Miró el reloj notando que ya se estaba haciendo tarde. Deseaba irse pero debía quedarse para recibir instrucciones, seguramente Roy no tardaría, o al menos eso creía.

¿Y si salió con esa tipa? –le preguntó al aire pero no recibió respuesta alguna. Bajó la mirada, lanzó un suspiro. Por un momento sintió rabia crecer en su pecho pero se detuvo al sentir una extraña calidez en la oficina.

Volteó con rapidez… era solo un soldado.

Disculpe si la interrumpí señorita Hawkeye.

No hay problema.

Estoy buscando al Fuhrer.

No debe tardar.

El joven lo pensó un segundo.

¿Podría entregarle usted este documento? Es urgente.

Seguro.

Recibió el folder y despidió al soldado con su típica postura. Aún estaba acostumbrada a eso. Miró aquel sobre amarillento y se perdió en un mar de pensamientos.

Aquel hombre de cabello negro y ojos azabaches aparecía en su mente. Con aquel rostro perfecto la hizo estremecer. Dios, amaba a ese hombre.

Pero él jamás me amará a mí –se mantuvo así durante un tiempo, pensando en sus penas y buscando soluciones –estoy harta de que solo me considere como un peón.

No era necesario admitir que exageraba, pero en ese momento se sentía dolida. Estaba segura que los pensamientos de Roy hacia ella jamás cambiarían. Río un poco al imaginarse a ella misma como una pieza de ajedrez.

Siempre será el mismo –nuevamente observó el reloj. Se estaba tardando demasiado. Cerró sus ojos al tiempo que lanzaba un suspiro, como si se resignara. Los abrió nuevamente y tomó su decisión –lo único que conseguiré si me quedo aquí es que sufriré… será mejor que renuncie.

No tenía tampoco ganas de esperarlo así que decidió que presentaría su renuncia al día siguiente. Tomó sus cosas… o las pocas cosas que le pertenecían y se dirigió a la salida del cuartel.

Aun pensando en aquellos ojos azabaches que la hacían arrepentirse.

Cuando llegó a su oficina notó inmediatamente que aquella rubia que lo volvía loco ya no estaba. Miró entonces un sobre encima de su escritorio, tuvo un mal presentimiento. Lo abrió con temor y leyó el contenido. Suspiró aliviado, era sobre el tratado que tenía planeado hacer con los países vecinos, creyó que era exagerado poner con marcador rojo permanente la palabra URGENTE en el folder. Más urgente era el averiguar dónde estaba su rubia.

Preguntó inmediatamente a algunos soldados lo cuales le avisaron que ya se había retirado. Roy chasqueó la lengua y frunció el ceño. Aún era temprano entonces ¿por qué se había ido?

Sin dudarlo un momento se dirigió a la casa de esa joven. Tocó varias veces pero solo escuchó el ladrido de Black Hayate. Se estaba preocupando, Riza no solía hacer esas cosas.

Dejándose llevar por sus pensamientos, se sentó en las escaleras que daban acceso a la puerta de entrada. Se apoyó del barandal para poder reflexionar y entonces se dio cuenta de algunas cosas. La rubia se había estado comportando de forma inusual desde el momento en que la encontró en los pasillos del cuartel después de la ceremonia. Después de aquello tuvo pequeños conflictos con ella, pero ignorando aquello memorizó cuando la invitó a esa cafetería. Hasta ese momento ya todo estaba arreglado, la rubia se comportó como comúnmente lo hace pero todo empeoró cuando Carolina interrumpió su caminata.

Después de atar cabos llegó a una conclusión un poco descabellada.

¿Riza estaría enamorada de él?

¿Qué haces aquí?

Escuchó una conocible voz. Se puso de pie inmediatamente y saludó a la rubia con nerviosismo. Riza alzó una ceja y volvió a preguntar.

Vine porque estaba preocupado.

¿Por mí?

Desapareciste y eso me alteró, y no solo eso, no te encontré aquí así que me preocupé más.

Bueno, normalmente salgo a dar un paseo antes de entrar a mi casa.

Ya veo –ya no tenía datos para entablar una nueva conversación, entonces recordó su teoría –también vine porque… te comportaste extraño cuando apareció Carolina.

Riza frunció el ceño.

No me agrada esa mujer, es todo.

¿Por qué no te agrada?

Ahora no tenía pretextos.

Siento que es… que es algo materialista.

Bajó la mirada. Roy notó que no fue el único que se dio cuenta de ello. Sonrió con ternura y se acercó más a la ex teniente.

Yo también pienso lo mismo –Riza alzó su cabeza para poder verlo mejor, perdiéndose inmediatamente en aquellos ojos azabaches –por eso terminé con ella.

Eso fue música para sus oídos.

¿Por eso?

¿Ahora la defiendes? Te recuerdo que tú fuiste quien me enredó en todo ello –exclamó Roy fingiendo reproche. Río al notar como su rubia desviaba la mirada y como sus mejillas adquirían un color rosado. Jamás en su vida había visto esa expresión en ella… lucía más hermosa que nunca.

Quería mostrarle que debe hacerse responsable –se defendió ella sintiéndose más nerviosa al sentir una mirada acosadora a su persona. Lo volteó a ver con rapidez –después de todo ya eres el Fuhrer.

Y no sabes cuánto te agradezco por ello –confesó el pelinegro para después tomar a Riza de los hombros para crear un abrazo. La chica quedó estática –te debo mi vida.

Ahora si sintió la sangre hervir y convertirse en una manchita color roja en sus pómulos, estaba impresionada por ello, pero sobre todo… ¿enamorada? Con torpeza correspondió el abrazo y hundió su rostro en el pecho masculino de su coronel… porque eso siempre sería para ella… su coronel, su Roy.

De un momento a otro se separaron. El oji rasgado le dedicó una de sus más encantadores sonrisas mientras que Riza mostró como límite media sonrisa.

Creo que ya es tarde, debería dejarte descansar –murmuró él.

También deberías hacer lo mismo, el trabajo de Fuhrer debe ser estresante.

¿Por qué siempre hablaba del trabajo? Roy haría cambiar ello.

Mañana quiero invitarte a cenar, ¿puedo?

… Tenía planeado comprar mi despensa.

Entiendo –reflejó su tristeza. Si la quería con él debería esforzarse más, entonces se le ocurrió una idea estúpida.

Yo también tengo que comprar algunas cosas, ¿por qué no vamos juntos?

Riza alzó sus dos cejas doradas.

Creo que las compras son cosas personales, Roy. Mejor hacemos lo de la cena.

Casi se le viene encima de la emoción. Solo atinó a mostrar su rostro iluminado por la sensación.

Pasaré por ti como a las 9.

De acuerdo.

Abriendo paso entre ambos logró subir sus escaleras para entrar al apartamento pero antes le dedicó una sonrisa mientras decía:

Mañana a las 9, no llegues tarde.

Dicho eso se adentró a su casa. Al ver la puerta que se cerraba, Roy no pudo evitar perderse en un mar de pensamientos. Algo en su interior estaba haciendo que cambiara su opinión sobre Riza y lo mejor era que… que le gustaba el cambio.

Cerró la puerta con delicadeza para después recargarse en ella y suspirar. Black Hayate se acercó con emoción para recibirla, al parecer sospechaba y descubría una gran fuente de felicidad en su dueña, pero solo consiguió una acaricia en su pequeña cabecita negra.

La rubia se puso de pie y se dirigió al baño, estaba tan contenta aunque en su reflejo mostraba algo completamente distinto. Luego pensó que tal vez funcionaria lo suyo.

¿Me querrá? –le preguntó al aire. El ladrido del canino le dio la respuesta… o al menos la que quería escuchar. Se acercó a este y lo acarició con mayor euforia –es hora de dormir Black Hayate, mañana será un hermoso domingo.

Y así comenzó su día. Primero desayunó algo ligero, luego se vistió y seguido salió a comprar su despensa. Las cosas iban bien.

Toda la tarde se dedicó a buscar algo bonito para presumirlo con su coronel, encontrando un hermoso vestido color verde esmeralda. No sabía qué más lucir así que se decidió por ese.

Y cuando menos lo esperó faltaba una hora para su reunión. Con rapidez se bañó y con esa misma se cambió y al cabo de unos minutos el timbre sonó. Miró su reloj con asombro, eran las 9 en punto. Roy nunca… nunca para una reunión, junta o cita, era puntual entonces… ¿sería otra persona? Quiso averiguarlo, así que bajó con algo de prisa. Asombro fue el ver al pelinegro esperándola.

Entre tanto Roy estaba más que nervioso. Aprovechando que aún no bajaba su cita, comenzó a perfumarse y a secar un poco sus axilas que ya estaban liberando toxinas. Cuando escuchó un "estoy lista" volteó con rapidez encontrándose a la mujer, que había compartido tantas cosas con ella, luciendo como una diosa.

Su boca no pudo articular palabra, sus ojos se abrieron hasta más no poder mientras recorría con la mirada el cuerpo que desprendía la joven, su cuerpo se negó a moverse y su nariz se drogo con el perfume floral que inundaba el ambiente.

Riza… susurró al tiempo que se acercaba un poco, luchando porque sus piernas le respondieran –luces… estás hermosa.

La susodicha se ruborizó un poco mientras bajaba la mirada con vergüenza y sonreía.

Tú también luces muy atractivo.

Bajó las escaleras con elegancia, mostrando el talento que tenía para caminar con aquellos tacones, y se acercó al azabache con la misma expresión. Roy comenzó a reaccionar. Le ofreció su brazo para que la chica se sintiera cómoda al caminar y la ayudó a sostenerse en él.

Recorrieron unos cuantos metros para llegar al vehículo y, una vez que le abrió la puerta, arrancaron para dirigirse a su destino.


N/A Espero les haya gustado

Ando algo presionada con esto de la universidad y pues no voy a tener tanto tiempo libre. Por lo menos espero terminarla este año xDD

Respuesta a reviews anónimos:

duckan Gracias por comentar!

Besos!