Luego de la cena, todos estaban reunidos en el salón. Estaban repletos de tanta comida y Ron aseguraba que era como la tercera vez que su madre había tenido que ajustarle los pantalones, porque subía y bajaba de peso.

Todos habían reído ante el comentario de que su madre aún arreglara la ropa y de que necesitara una mujer en su vida. Pero ante ese tópico, Hermione había desviado la vista y Sirius había zanjado la conversación con juegos de azar. Ajedrez mágico. Cartas.

Pero Snape no jugaba. Hermione tampoco. Los dos se habían encontrado apartados, sentados en la mesa del comedor, mirando al resto.

— ¿Todo está bien, señorita Granger?

Hermione parpadeó confundida. Extraño que preguntara, puesto que a Snape...nada le interesaba. No lo suficiente como para que despertara su curiosidad.

— ¿Bien? ¿A qué se refiere?

Severus había alzado la vista y se había posado sobre Ron.. Con ese gesto, Hermione había captado el punto y había resoplado suavemente. Sobre su copa de vino.

— Estoy bien, no se preocupe. Ronald y yo somos dos adultos y sabemos manejar este tipo de asuntos.

El hombre había sonreído suavemente y Hermione esperaba por el sarcasmo que debía de venir. Tan pronto hubiese mencionado su nombre.

— Lo creo de usted, pero no de Weasley. ¡Adulto, por supuesto!

Hermione se había echado a reír y Snape había suspirado en silencio. Sí, su melodiosa risa rebotaba en su tímpano, con una sensación agradable. Hermione había suspirado, conteniendo las lágrimas de la risa y alzado la mirada para posarla sobre los negros ojos de su contraparte. Contenta.

— Gracias. Eso me ha levantado el ánimo, sin duda alguna.

— El placer es mío, Granger. Siempre.

Claro. El placer de incomodar a alguien como Ron, nunca podría dejarlo pasar. Menos a Harry Potter. Eso era tan divertido. Le otorgaba tanto placer extra a su vida. Tenía que hacerlo. Era como respirar.

Resultaba ser por inercia.

Y antes de que Hermione pudiera decir algo más, habían escuchado una suave vocecita que provenía de los pisos superiores.

— ¡Ah, Lily despertó! Seguro tiene hambre. ¿Me acompañaría, profesor Snape? A veces necesito ayuda. Se pone de mal humor si está cansada.

Snape se preguntaba en qué podía ayudar, no sabía nada de niños. Asintió sin hablar y caminó tras ella.

En la escalera, la pequeña pelirroja estaba detenida. Trataba de bajar los escalones, pero continuaba aferrada al posa brazos.

— Espera, pequeña. Hermione va en camino.

Hermione se detuvo al final y se inclinó para sostener a la pequeña Lily, que largaba sus brazos alrededor del cuello de la joven, ahogando un bostezo.

— Lo sé...ya podrás dormir luego. Pero ahora hay que comer. Sirius hizo un delicioso asado de carne y papas. Seguro te gustará. ¡Y espera hasta que pruebes mi pie de limón!

Hermione se había inclinado ligeramente, al sentir que su bolso se había resbalado de sus manos y estaba próximo a caerse. Suspirando, había alzado la vista hacia Snape.

— Mira, Lily. Es el profesor Snape, ya lo conoces. ¿Te importaría si él te sostiene un rato mientras recojo mis cosas?

El hombre se quedó en silencio, sin saber qué decir. ¿Cargarla? Lily había ahogado otro bostezo entre sus brazos y había colocado su cabeza sobre uno de sus hombros. Mordisqueándole la túnica. Podía sentirlo en su cuello. La humedad de su saliva.

— Deja de comerte la ropa del profesor. Sabes que es de mala educación, morder a la gente. Te lo he dicho.

— Es solo una niña, Granger. Dudo que escuche más de lo que Potter o Weasley escucharían.

Hermione volvió a sonreír, mientras ambos bajaban las escaleras y Ginny esperaba abajo. Ya estaba extrañada de que Lily no despertara e iba a llamarla, para que comiera un poco. Con una sonrisa suave, había mirado a Snape, mientras descendía con ella entre sus brazos.

Muy paternal.

— ¿Molestando al profesor, mi amor? Sí...sí...estás cansada. Pero tienes que comer.

— Mami...

— Sí, vamos a comer con mami.

Hermione había suspirado y colocado una mano sobre el hombro de Snape. Sobresaltándolo ligeramente.

— Gracias por toda la ayuda, profesor Snape. Siempre sucede. Siempre todo se cae cuando sostengo a Lily. Y también gracias por los chistes, eso sin duda me ha levantado el ánimo. Ahora ya no me siento tan tonta, por todo lo que ha pasado.

— No hay forma de que eso suceda, Granger. Es usted, una gran mujer. De eso estoy seguro. Y no hablo de sus dotes como estudiante. Sino de otras cosas.

Y no podía creérselo, pero Snape la había alagado. Bueno, imaginándose que ya en esa vida, no tenía razones para ponerse a pelear con ella.

Con nadie.

Había cambiado y para bien. No totalmente, pero al menos era una persona diferente. Ya las hostilidades podían quedarse en el pasado.

— Espero que al menos sirviera para algo.

Hermione había asentido, con una sonrisa.

— Usted es muy útil, profesor Snape. Deje de decir esas cosas. Siempre lo fue y siempre lo será. Ya lo verá.

Y la había visto caminar tras Ginny, que había comenzado a servir un poco de aquel asado, sobre un plato hondo. Lily estaba sentada sobre su regazo y ella acercaba la cucharilla, haciendo ruidos de trenes y escobas.

Ella parecía muy divertida con el asunto y aún más, luego de que Hermione se unió al almuerzo -cena.

Todo estaba bien.

El futuro estaba bien.

— Ah, veo que socializaste con Hermione. Muy bien.

Era Sirius y ese aroma alcohol, era pésimo. Se había cubierto la nariz con una mano y había negado con la cabeza, alejándose. Sirius se había encogido de hombros, levantándose los brazos para olfatearse.

Sí, bueno, necesitaba un baño para quitarse ese aroma de bebedor empedernido. Subió las escaleras directo a los baños.

¿¡Cuándo iba a aprender ese hombre!

Un completo desastre.