Hola queridos lectores

Aquí les traigo la continuación de la historia. Espero que sea de su agrado

Gracias por sus comentarios, follows y favoritos :)

Disclaimer: Los personajes de Naruto son de Kishimoto sensei. La historia es mía


Después de muchas horas ensimismados en el sellamiento del Shukaku, habían terminado debilitados. Su energía descendió más del 40% en el proceso, y sumado a eso estuvo el enfrentamiento contra los shinobis de la arena y la hoja.

Las ramas de los árboles se mecían sobre él mientras veía las primeras estrellas aparecer. Itachi estaba recostado sobre el pasto, concentrando su vista en el cielo, como hacía cada vez que quería meditar en calma. Se encontraba muy cerca del lugar que años atrás había llamado hogar. Konoha solo quedaba a dos horas de camino y aunque los recuerdos nostálgicos del pasado cuando aún era feliz pululaban en su cabeza, decidió dejarlos de lado y concentrarse de lleno en su misión. Fuera de eso nada importaba, solo en eso pensaba y para ello vivía.

Sabía que el momento estaba cerca, ya habían transcurrido tres años desde la partida de Sasuke, desde que se convirtió en un desertor. Muchas posibilidades rondaban su mente, pero entre todas, la idea de salvar a su hermano de volverse el próximo recipiente de Orochimaru reinaba. La serpiente no lo tendría, eso lo podía apostar.

Él impediría aquello a toda costa. No era la primera vez que se enfrentaría a aquel despreciable sujeto, después de todo, pero bien sabía que debía andarse con cuidado. Lo haría nuevamente, probablemente desde las sombras. No podía permitirse que los demás descubriesen sus verdaderos objetivos con respecto a la organización.

Los meses transcurrieron con impresionante rapidez y con ello su enfermedad empeoró, estaba consciente del innegable hecho y aunque nunca diera indicio de preocupación alguna por su muy segura muerte, en el fondo sentía algo desagradable, muy similar al temor. Miedo del mañana, de la muerte, de ser empujado a sus fauces. Porque lejos de lo que alguna vez creyó, su corazón se sentía intranquilo, en el fondo el motivo por el que quería preservar la vida no solo era Sasuke, sino también ella. La mujer que día a día invadía sus pensamientos, recordándole el inesperado encuentro que surgió semanas anteriores. El recuerdo de verla en ese estado y notar la bella mujer en la que se convirtió, lo tranquila que parecía estar y lo lejana que sabía y estaba de él, era un martirio con el que vivía.

Se sentó un rato en la fresca hierba, mirando a cada lado, esperando pacientemente a Tear y las noticias que traería. Esperaba que su fiel mascota le transmitiera lo que quería saber con prontitud. No le gustaba sumergirse en la ansiedad, pero cuando de las noticias sobre Izumi se trataba, era imposible no hacerlo.

El ave alzaba vuelo a varios metros de su ubicación y sus sonoros aleteos fueron escuchados con anticipación por el genio Uchiha, quien al verlo suspiró aliviado de que ya estuviese de regreso.

El cuervo descendió rápidamente hacia su dueño y se posó en el dorso de la mano alzada que tenía a su espera.

—Estas de regreso. ―Itachi acarició levemente las plumas de su mascota predilecta, mientras esta se removía en busca de más contacto― ¿Listo? ―Preguntó al momento en que activaba su sharingan

Visualizó al instante las imágenes que representaban los recuerdos de Tear.

Un nudo se instaló en su garganta al enterarse que Izumi sería la esposa de aquel shinobi de la arena en poco menos de tres meses. Entendía todo aquello, era tan simple como el curso de la vida, pero eso no volvía el amargo trago más fácil de digerir. La joven debía rehacer su vida y olvidarse del pasado que tanto dolor le causó. Él le había deseado aquello en las notas que le dejó sobre su mesa de noche. No obstante, sentirse desplazado de su vida en su totalidad, aunque fuese lo mejor, le oprimía el pecho de manera dolorosa. Ahora solo formaba parte de su pasado y nada más que eso, parte de uno extremadamente cruel que seguramente ansiaba olvidar.

Al estar en completa soledad, exceptuando al animal, dejó fluir sus emociones sin tapujos y por primera vez en mucho tiempo, su rostro reflejó el desazón que estaba sintiendo. Si alguien hubiese visto la desolación que rodeaba el aura de Itachi en ese momento hubiesen creído confundirse de persona.

Sentía como a cada segundo su penuria se agravaba. El dolor del corazón era más insoportable que el físico y aunque llevaba a duras cuestas el dolor de haber matado a su familia y haberse ganado el odio de su hermano, ahora también tendría que lidiar con el dolor del desamor, pues la castaña siempre fue la única chica a la que llegó a mirar con otros ojos. Siempre sería su primera amiga y su única de la infancia.

―Itachi, si no entras a la cueva empeorarás. ―Observó Kisame, señalando el cielo, el cual se tornaba gris rápidamente, anunciando la lluvia―. Por si te interesa, traje algo especial que quizá nos ayude con el frío de la noche. ―Rió entre dientes al concluir.

―En un segundo. ―Contestó el Uchiha, mirando un punto fijo en la espesura de la vegetación para despejarse. Al darse por satisfecho indicó a Tear las nuevas órdenes a seguir.

Ya no husmearía más en su vida, dejarlo todo como estaba era lo mejor.

Ahora solo se enfrascaría en la seguridad de Sasuke y en averiguar con cuanto tiempo contaba antes que el invocador de serpientes lo poseyera, pues los tres años ya habían pasado.

―Como quieras, muchachito. ―Riendo, Kisame regresó a aquel túnel bajo la montaña. Tomando lugar sobre una piedra en la entrada de la cueva.

El pelinegro lo siguió poco después, sentándose frente a su compañero. Pedazos de leña cortados perfectamente en simetría se reunían de forma circular para la fogata que prepararía la cena de esa noche, unos cuantos peces ensartados.

Con una pequeña bola de fuego, Itachi incendió la leña puesta para la fogata, solo restaba esperar. La lluvia hizo acto de presencia y el suave sonido de las gotas impactando contra las afueras de su guarida fue escuchado por ambos en completo silencio, dándole un aire entre tétrico y melancólico al lugar.

Concluida la cena, el azabache tomó una infusión de yerbas para el malestar, posteriormente se dirigió a extraer de su bolso una de las píldoras que últimamente tomaba con puntualidad. El tónico ya no hacía efecto y la vía química era la única esperanza que le restaba para alargar su vida un poco más.

Al terminar se preparó para descansar, acto interrumpido cuando Kisame lo llamó.

―Niño, acércate. Traje algo que quizá te guste. ―Anunció mirándole a los ojos ónix, los mismos que parecieron un poco extrañados ante la invitación. Itachi no se fiaba de las intenciones del otro. Kisame se comportaba como un lunático cuando se lo proponía. Ya había estado presente en otras oportunidades. No quería recordar cuando en una de sus misiones el espadachín fue a un bar y regresó totalmente ebrio. Prácticamente obligándolo a cargar con él y sus ridículas anécdotas de cómo las mujeres le huían por su apariencia.

Por el contrario, Itachi aún siendo temido por varias personas, había hecho sonrojar a más de una mujer en los pueblos a los que habían arribado en busca de posadas. Era guapo y en algunos casos, irresistible para las adolescentes con hormonas en ebullición que regularmente se encontraba. Inconscientemente provocó celos en su compañero quien se creía un "fenómeno" a su lado, o al menos eso había balbuceado en medio de su letargo inducido por el sake.

Kisame lo observó fijamente, mostrando sus afilados dientes en una espeluznante sonrisa que nada bueno indicaba. Al no recibir respuesta, sacó cuidadosamente de su bolso una botella singular, que Itachi reconoció al instante. Era sake, nuevamente.

Miró disimuladamente curioso aquel envase, nunca había tomado bebidas embriagantes, pero ya vaticinaba los planes del hombre de tez azul, su respuesta fue un rotundo no.

―Mañana partiremos al amanecer, no pierdas el tiempo. ―Alegó con voz dura.

―Esto es lo mejor para las penas amorosas. ―Intentó con la bebida en su mano, moviéndola en pequeños círculos. El sarcasmo en su voz fue intencionalmente grotesco, obteniendo como resultado el efímero fruncimiento de ceño del menor― ¿Acaso toque alguna fibra… Sensible?

―Deja de molestar. ―Alzando la botella e ignorando la negativa, vertió de aquel liquido con olor particular en un pequeño vasito de loza, lo acercó a Itachi para que lo degustara junto a él, cosa que no sucedió.

―Ten. ―Insistió.

―No deseo, gracias. ―Comunicó serenamente, retomando su anterior objetivo, descansar.

―No me digas que no tienes la edad suficiente para beber un poco. ―Se burló.

―Kisame. ―Llamó con voz gélida, que tomara si le apetecía, pero eso no era su caso. ¿O sí? Imágenes de Izumi llegaron a su mente, seguida de la acotación de quien en ese instante le hacía compañía. ¿Lo mejor para las penas amorosas? ¿Estaba él en medio de una pena amorosa?

Sí, le comunicó su subconsciente.

La firmeza con la que antes había declinado la oferta fue descomponiéndose lentamente al recordar todo. Examinando sus emociones, reconoció que la noticia de la pronta unión le había afectado más de lo que alguna vez pensó y es que aunque sabía que algún día sucedería, no se había preparo para ello, no lo suficiente como para evitar el dolor de su pecho.

―Anímate, niño. No te hagas del rogar. ―Instigó su compañero.

Esperando con ello eliminar la insistencia que ya lo estaba molestando, cogió el vasito de loza con cuidado, subiéndolo lentamente hasta sus labios para beber un poco. La primera reacción de su organismo fue rechazar aquella sustancia que le provocó un intenso ardor en su garganta al pasar. Sentía como quemaba su esófago hasta llegar al estómago donde la sensación era menor, donde igual persistía por unos segundos, pero lejos de aquella sensación, resultaba extrañamente reconfortante. Cuando aquella bebida surtió efecto en su sistema, lo cual sucedió muy rápido al ser la primera vez que la probaba, sintió como su cuerpo se relajaba, al igual que su mente, la cual poco a poco se poblaba con pensamientos distintos a los anteriores, cosa que le agradaba.

―Toma. ―Devolvió el pequeño vaso.

―Mira tu rostro, parece que te afectó un solo trago. ―Se mofó Kisame, ensanchando una sonrisa burlesca. El pelinegro guardó silencio, un poco avergonzado por su falta de experiencia con el alcohol―. Debes ingerir el siguiente. ―Aseguró, le daba gracia que el tranquilo joven aceptara, pero eso era lo que esperaba para por primera vez, ver a su sereno compañero poseído por el alcohol. Podía estar actuando como un chiquillo, pero no podía negar que le hacía gracia. Aunque también esperaba, teniendo mucha suerte de su lado, le dijera el porqué de su mirada más decaída los últimos días. O el motivo por el que llegó aquel día en el que terminaron la extracción de otro Bijuu, con una mirada perdida y sus mejillas anunciando que antes había estado profundamente sonrojado y aún con la respiración tan agitada.

―No. ―Dictó Itachi, pero como Kisame no estaba dispuesto a darse por vencido, insistió vehementemente hasta que el de coleta aceptó a regañadientes el vaso extendido, nuevamente hasta el tope.

El segundo trago descendió con menos ardor por la garganta del pelinegro bajo la atenta mirada de Kisame, quien esperaba a que su improvisado plan diera frutos. Se sentía como cuando era un niño y buscaba la forma de menguar su energía, la cual pronto desarrolló en una impresionante cantidad de chakra. Embriagar al más joven era una pequeña travesura que haría para recordar el antaño, o por lo menos hasta que su vida se volvió miserable.

El tercero y cuarto sorbo fueron más livianos para Itachi, quien pronto sintió su cuerpo adormecerse con lentitud y después, nada más.

Aprovechándose de su estado de embriaguez el dueño de la Samehada se le acercó cauteloso.

―¿Estas atravesando un mal de amores, muchacho?

―Déjame dormir. ―Dictaminó Itachi, a pesar de su estado de alcoholismo, no tartamudeaba ni cambiaba el tono de voz, como sabía y a él sí le ocurría.

―¿Hay alguien importante para ti? ―Intentó de nuevo.

―No molestes.

Frustrado, aspiró obtener respuesta de otra forma. O con otra pregunta.

―El día que estuvimos en Iwagakure, ¿te encontraste algo… Importante?

―Cállate.

―A una mujer, ¿no es así? ―Ignoró la tajante respuesta anteriormente escuchada.

―¿Por qué quieres saberlo?

―Curiosidad.

―Entrometido. ―Gruñó.

―¿Entonces? ―Como el poseedor del sharingan hizo ademán de levantarse y escapar de aquel interrogatorio, lo sentó de nuevo con otro trago que no vio venir― ¿Era bonita? ―Volvió al ataque al verlo sumergirse en un estado de semiinconsciencia.

―Sí. ―Contestó por fin, entre sueños.

―¿Cuál es su nombre? ¿Acaso tienes una novia por ahí? ―Preguntó divertido, había planeado detenerse al saber el motivo, pero verlo esbozar aquella sonrisa soñadora lo divirtió en demasía, por lo que prefirió seguir, así tendría algo con que molestarlo en el futuro.

―Izumi… ―Susurró por lo bajo antes de dormirse.

Se encontraba rumbo a Konoha, su apariencia había cambiado mucho en esos años en los que se hospedó en Suna y además contaba con una nueva identidad, era por eso que confiaba en que nadie sabría que era una Uchiha y que estaba de regreso a su hogar.

Todo había cambiado y por dicho motivo estaba de regreso. La quinta gustosa había aceptado que su discípula la entrenara, mediante una carta del Kazekage previamente enviada.

Como médico, lo que más quería era aprender y estar al día con los nuevos tratamientos que se crearan. Había observado a aquella chica de extraño cabello rosado curando de forma experta al hermano del líder de la aldea y le había encantado, por lo que no dudo en postularse a un intercambio de ninjas médicos que se había aplicado con anterioridad. Con las buenas relaciones que ahora mantenían ambas aldeas, había sido aceptada y poco después enviada a recibir un entrenamiento médico de dos meses de duración, en los cuales aprovecharía al máximo para despejar todas sus dudas concernientes a medicinas y venenos.

Al llegar a la puerta de la aldea un deje de nostalgia la invadió, se sentía triste y la vez feliz por regresar, la vez en la que escapó había sido en medio de la noche, cuando todo estaba oscuro y en total soledad. En ese lugar que ahora estaba lleno de la luz solar del mediodía, la cual iluminaba el rostro de muchos ancianos y niños transeúntes, reposaban sus recuerdos más preciados, así como también los que ella quería olvidar y desterrar para siempre de su mente, como la noche de la matanza.

Los guardias de la entrada, Kotetzu e Izumo la saludaron y se presentaron respectivamente, levemente sonrojados. Su delicada belleza resultaba muy atrayente para los hombres y ahora se reflejada en las expresiones de los porteros. Razón por la que su novio estaba siempre a su lado y la cuidaba de la mirada de los desmoralizados lascivos, como él solía llamarle a todo aquel que deparara en ella poco más de un segundo. Una sonrisa se extendió por sus labios, pensar en Tenko la alegraba. Su prometido quiso acompañarla pero ella se rehusó, no quería ser el motivo por el que desatendiera sus deberes como shinobi. Además, aún se encontraba un poco convaleciente, pues el escuadrón al que pertenecía resultó emboscado y heridos de gravedad en la misión de rescate del Kazekage, de milagro sobrevivió, gracias a que Sakura lo había curado en un momento crucial.

Deambuló por las calles de la aldea, detallando como habían cambiado muchas cosas, para después emprender el rumbo a la oficina de la Hokage. Traía su solicitud aprobada bajo el brazo en un firme agarre y en su rostro dibujado las ansias que tenia por aprender cuanto antes.

Al llegar a la puerta del despacho y tocando con suavidad, oyó como se le otorgaba el permiso de entrada. Dentro la esperaban una mujer hermosa de unos casi treinta años y una pelinegra que cargaba un cerdito.

―Bienvenida, Sayumi. ―Dijo la Hokage cortésmente.

―Gracias por aceptarme en la aldea, Tsunade-sama. ―Hizo una reverencia impecable frente a la rubia y luego se dirigió a la pelinegra, saludándola de igual forma.

―Tengo entendido que vienes aquí por entrenamiento especializado en medicina, ¿no es así? ―Interrogó la mujer de alto cargo.

―Así es, Hokage-sama. ―Contestó―. Sunagakure necesita especialistas médicos para cualquier emergencia, mucho más desde que Chiyo-baasama falleció.

―Ya veo… ―Musitó pensativa, estudiándola discretamente―. Sakura aún no regresa. Llegará mañana de su misión.

―Entonces esperare a su retorno.

―Shizune te acompañara al lugar donde te hospedarse. ―Informó mientras con un gesto de manos indicaba a la pelinegra que acompañara a la ninja extranjera.

―Muchas gracias, Tsunade sama. No ocasionaré ningún problema durante mi estadía en Konohagakure. ―Izumi hizo otra reverencia y salió detrás de la asistente pelinegra con destino a su lugar provisional.

Su primera impresión al llegar al lugar, fue de clara sorpresa. Se le había asignado un apartamento muy bonito, aunque un tanto descuidado, lo que más la sorprendió fue el abanico Uchiha que tenía el mismo en el centro de la habitación.

Una foto enmarcada estaba tumbada en la mesita de noche que se encontraba cerca de la cama. La estancia estaba muy bien organizada aunque un poco polvorienta, parecía abandonada desde hacía mucho. Era muy bonito pese al desgastado aspecto de algunas cosas.

Shizune le dijo que ese era el único apartamento propiedad del Hokage para ninjas externos que quedaba y que solo bastaba una simple limpiada para que quedara como nuevo. Si eso no la molestaba podía quedarse, Izumi fascinada accedió, el lugar estaba bien para ella, además solo iba a permanecer allí un par de meses.

Horas después cuando limpiaba la foto que había estado reposando bocabajo, un deje de tristeza la invadió al encajar las piezas. Reconoció al propietario de ese espacio al observar el retrato. Aquel era el departamento de Sasuke. De eso no tenía duda, lo podía ver en aquella foto, el niño que algunas veces saludó creció mucho y por un instante le recordó a su hermano mayor, movió la cabeza, no era momento para irse por la tangente, retomó su atención en la foto y distinguió a Sakura.

Definitivamente era la niña que estaba a su lado sonriendo felizmente, a un lado del chiquillo que rápidamente reconoció como el hijo del cuarto Hokage.

Analizando lo recién descubierto se preguntó el motivo por el que el azabache no estuviese ahí si ese era su hogar, o lo había sido. Contaba con dos meses para averiguarlo. Limpiar el resto del lugar no le costó mucho trabajo. Al parecer Sasuke era muy ordenado y metódico en la distribución de sus cosas.

Al concluir se recostó en los suaves edredones de la que sería su cama por los días venideros, observando el blanco techo de la habitación, recordando porqué había regresado a su aldea natal.

Izumi no pertenecía al grupo de encargados de los campos de plantas medicinales, pero aquel día solo había ido porque una de sus amigas estaba enferma y necesitaba un reemplazo.

Se encontraba inspeccionando las hierbas, su pigmentación y su estado para eluso en los antídotos, cuando una joven de unos quince años solicitó permiso para tomar algunasde las medicinas disponibles.

Como ella era la encargada ese día, guió a la pelirosa por los estantes y los jarrones donde se encontraba la medicina. La joven se quedó mirando la gran variedad y pidió lo necesario para iniciar la preparación.

¿Para quién es el antídoto? ―Indagó la castaña.

Para Kankuro. ―Contestó la pelirosa. La mayorquedó asombrada, había escuchado que ni si quiera la señora Chiyo, líder de medicina en Suna, había podido curarlo.

¿Puedo ver como haces el procedimiento? ―La joven kunoichi sonrió.

No hay problema. Por cierto… ¿Cuál es tu nombre?

En ese momento vio su banda, la que la identificaba como ninja de Konoha y sus pensamientos se desviaron.

Sayumi Konahara. ―Respondió al volver en sí. Esa era su nueva identidad, después de todo― ¿Y el tuyo?

Sakura. ―Contestó pulverizando algunas plantas.

Izumi la acompañó hasta la camilla de Kankuro y se quedó asombrada, pese a su poca edad Sakura tenía conocimientos muy avanzados en medicina. Por eso le había preguntado al terminar el tratamiento con éxito, si podría entrenarla, a lo que ella gustosa le había dado una respuesta afirmativa, claro, si era aceptada en el programa primero, pues era lo primordial.

―Mañana será un buen día...

...

Shizune le había dicho que se presentara en la oficina de la Hokage al día siguiente, sin falta.

Al llegar, Sakura se encontraba a un lado de la líder de la aldea. Su cara denotaba tristeza, pero esta fue echada de lado un poco al verla. La saludó con una sonrisa cordial. Tsunade describió lo que harían a partir de ese día, todo lo referente a la técnica de extracción de venenos y realización de antídotos.

Al entrar al lugar al que habían sido enviadas, Izumi miró asombrada la gran cantidad de libros que había. Suna no tenía una biblioteca tan variada como esa o por lo menos no que ella conociera. La instalación era inmensa por lo que la joven de exótico cabello le sugirió empezar a leer de la esquina derecha, en la segunda estantería, para dar inicio a su entrenamiento. La castaña poseía un buen control de chakra, pero no tanto como la discípula de la Quinta, así que le fue un poco dificultoso el recibir aquel arduo entrenamiento que bien valía la pena para salvar las vidas de los shinobis.

―¿Dónde estás quedándote? ―Preguntó la menor cuando Izumi trataba de extraer el veneno previamente inducido en un conejo al que tenía que salvar.

―En la casa de... ―Guardó silencio, sabía de quien era el apartamento pero si lo decía saldría la duda de cómo estaba al tanto que el departamento pertenecía a Sasuke.

―Sakura-san. ―Llamó su atención sin despegar la vista del peludo animal―. Su equipo… Cuénteme de ellos. ―Pidió, desviando el tema.

―Actualmente somos cuatro integrantes ―Hizo una pausa para suspirar―, Antes también estaba él. ―La pelirosa disimulo las lágrimas que amenazaban con salir cada vez que lo recordaba―. A Naruto y Kakashi creo que ya los conoces. ―Continuó. La novicia asintió, ambos estuvieron presentes en la aldea por el rescate de Gaara―. Hace poco se integró un muchacho en reemplazo de… Sasuke. ―Calló la pelirosa, no quería ser obvia delante de una desconocida, pero Sayumi le transmitía confianza, tanto o más inclusive que sus amigas de la aldea, pese a tener poco tiempo conociéndose.

Las enseñanzas de Sakura resultaron muy efectivas y fáciles de memorizar, por lo que pronto ambas entablaron una amistad. Mientras avanzaba el entrenamiento, la Uchiha notó los sentimientos de su joven maestra para con el hermano menor de Itachi, pues ella misma se los confesó una tarde.

Le resultaba curioso, ella en algún momento de su vida también sintió lo mismo por el pelinegro mayor, eso se lo recordó su corazón cuya voz interior cambió el verbo pasado, por el presente.

Los dos meses pasaron rápidamente y como era de esperarse, volvió a Sunagakure. Su matrimonio tendría lugar en una semana por lo que tenía que prepararse. Tenko era un novio tierno y bueno pero sobre todo atento, mediante una carta le hizo saber que estaba recuperado en su totalidad y que ansiaba su regreso, pero más aún el día en que se convertiría en su esposa, para nadie era un secreto que el joven la amaba y que el tiempo sin ella se le hacía insoportable. En su interior, Izumi sabía que nunca iba a encontrar a nadie mejor que él. Era el novio ideal y aspiraba a ser el esposo ideal también.

Itachi estaba practicando lanzamientos de kunais para distraerse cuando nuevamente aparecieron los síntomas, puso las manos en su boca para contener la sangre que expulsaba por borbotones, un dolor punzante se le instaló en los pulmones y parte de su laringe. Había olvidado comprar su medicina y al no conseguirla en el lugar donde estaba de paso, la enfermedad estaba empeorando. Con pasos tambaleantes se sostuvo de uno de los árboles que había usado como centro de tiro, respirar le dolía y costaba en partes iguales. La fatiga comenzó a tomar control de su cuerpo, por lo que pronto cayó sentado bajo el árbol.

Aún no. ―Pensó.

Veía como quizá la muerte lo estaba llamando y sintió un poco de miedo.

La dolencia muscular empezó a afectarle, sus piernas temblaron, las sacudidas y punzadas en su columna vertebral iban en aumento, al igual que el martilleo en su cabeza. Ya no podía moverse.

Kisame se encontraba en un pueblo cercano por comida y no volvería en horas, o hasta el día siguiente, después de lo pasado el último par de meses, notó al piel de tiburón menos parlanchín, pero con una sonrisa más burlona de lo normal. Aquello comenzaba a irritarle, en su mente algo le decía que su actitud tenía que ver con aquel día en que con un poco de rabia en su corazón producida por las noticias recibidas y sumándole a eso la persistencia de su compañero de equipo, había caído ante la tentación del sake.

Trató de levantarse y lo logró con innegable dificultad. Una nueva arcada lo hizo vomitar sangre sin control y al terminar todo se volvió negro mientras él sentía como era arrastrado por la inconsciencia a un fatal destino.

Izumi iba saltando entre los arboles de la frondosa vegetación del país del fuego. Solo le faltaban unas pocas horas para llegar a Suna y ver a Tenko. Estaba muy contenta, su entrenamiento había sido productivo y aunque no se podía igualar en habilidad a la alumna de la Quinta Hokage, había avanzado mucho. Sería un gran aporte en la aldea de la arena y una ninja-médico excelente y de buena reputación si se lo proponía.

Mientras avanzaba observaba como la flora se tornaba más borrosa, motivado a su velocidad. Al notar su propio paso no pudo evitar recordar a Lee y Gai-sensei, aquellos singulares personajes que había conocido en aquel lapsus de tiempo que se residenció en Konoha.

Concentrada en marchar lo más rápido que podía, tardó unos segundos en distinguir a un peculiar cuervo con una pluma roja que ingresó repentinamente en su campo de visión, volando en círculos sobre su cabeza. Se detuvo contrariada. No entendía nada hasta que notó como ese mismo cuervo descendía y se posaba nerviosamente sobre un cuerpo tirado sobre el césped, el cual estaba rodeado por un charco de lo que parecía ser sangre.

Con sumo cuidado, la castaña bajó de la rama en la que se mantenía. Un sentimiento extraño se apoderó de su pecho, advirtiéndole mudamente sobre lo que se avecinaba, mientras ella se acercaba al cuerpo aparentemente inerte.

El ave sobre su espalda parecía su único amigo, pues fijo en su posición, con un brillo especial en los ojos negros, giraba su cabeza en dirección de quien podría ser su amo y en ella intermitentemente. Pidiéndole ayuda con sus gestos.

Izumi era médico, su deber era ayudarlo y aún si ese no fuese el caso, también acudiría en su asistencia. Al llegar al lado del hombre y asegurarse de que no se tratara de alguna trampa, trató de girarlo y averiguar si tenía alguna herida por la cual brotaba tanta sangre.

Lo primero que sus marrones ojos reconocieron fueron las mismas facciones del rostro, aunque más maduro, del hombre por quien tanto tiempo suspiró en silencio, sus ojeras estaban pronunciadas, su tez pálida y fría, mantenía los ojos cerrados, estaba inconsciente, y los labios que besó años atrás ahora estaban manchados por sangre seca. Un grito se ahogó en su garganta al despertar del trance en el que se había auto-inducido por distinguirlo. La capa tirada a unos metros de distancia revelaba su participación en Akatsuki, era él. No había duda alguna.

De todas las hipotéticas situaciones en las que se podrían reencontrar tenía que ser precisamente esa. Ella como médico y él como una persona que necesitaba ayuda de extrema urgencia. No estaba muerto, pues aún mantenía un pulso casi inexistente.

Tragando el nudo de su garganta, lo llamó en un murmullo. Aquello le produjo dolor y añoranza en la misma escala.

—Itachi...


Bueno, este es el final del capitulo

Por fin se encontraron, aunque en una situacion un poco crítica :/

Gracias a HarunoSB por ayudarme con la edición del capitulo :)

Respondiendo a sus comentarios:

Dawn Yoshino: Esperar un poco mas para la zuculencia. Sí, es cierto pobre Itachi se quedo con las ganas de su poco decoroso inconsciente xD. Gracias por comentar :3

Patricia21: Me hiciste reir, como digo es solo esperar. Itachi, si es virgen lo de Izumi, solo el tiempo lo dirá... jajjajaja . En este capitulo apareció Sakura jejjeje Gracias por comentar.

Guest: Aqui esta la continuacion xD :v

Ya saben si les gusto el capitulo, pueden decirmelo a travez de un comentario ;)

Nos vemos en el proximo capitulo :D