Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Kōhei Horikoshi y CLAMP.
Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia ramdon con sus debidos momentos serios. Bullying. Violencia canónica. Bakugou tiene boca de camionero. Ansiedad. Estrés post-traumático.
Summary: La única cosa que Midoriya Izuku necesitaba para salir adelante, era que alguien depositara su fe en él. No esperaba que dicha persona fuese la estudiante de transferencia en su clase de sexto. Y ciertamente, tampoco esperaba la curiosa cadena de eventos que siguió después. Pero por una vez, todo estaba bien, e Izuku estaba acostumbrado a las personas con mucho carácter y tendencias violentas de todas formas.
Open your Eyes
«Si tus amigos se tiran de un puente, ¿harías lo mismo? No seas ridículo».
Bakugou Katsuki estaba cabreado.
Para ninguno de sus compañeros era difícil de notar, Katsuki era de por sí así de expresivo y aún si no lo fuera, algo en lo que todos estaban de acuerdo tácitamente es que su enojo era como la explosión de un volcán. Cuando pasaba era digno de salir en los noticieros y no por ser algo bueno, sino por los resultados desastrosos que dejaba detrás.
Todo era culpa de la chica nueva, la segunda Quirkless en su salón de clases.
Katsuki era el Alfa adondequiera que fuese: la escuela, el vecindario, el patio de juegos. Los niños se agrupaban alrededor de él, escuchaban lo que decía, obedecían. Lo seguían ciegamente como corderos a su pastor. Como los cristianos a su Mesías.
Katsuki estaba en el epitome de la Cadena Alimenticia.
Entonces, ¡¿por qué demonios, las pestes conocidas como 'Quirkless' se empeñaban en querer acabar con el status quo?!
De tratarse simplemente de Deku, habría sido pan comido sofocar sus esperanzas y extinguir su rebelión una vez más. Con cada año que pasaba el idiota se volvía más fácil de manejar, aunque no por ello se hacía más soportable, pero al menos era una molestia que Katsuki podía controlar con una simple intervención.
Ella no.
Ella lo había vencido. Esa Perra Quirkless lo había vencido y reconocer aquello, así fuera internamente, lo volvía loco. Sus seguidores trataban de justificarlo, pero Katsuki no era estúpido– Sabía lo que era una derrota y también sabía que lo odiaba con la pasión de mil soles ardientes.
Lo que hería a su orgullo es que no había sido solamente una vez.
El primer día lo habían tomado por sorpresa, pero la segunda vez que había decidido enfrentarla por su cuenta había estado esperando un contraataque, a sabiendas de que era una perra rebelde con la que estaba lidiando. El plan era el habitual: sobreponerse, abrumar y aplastar la voluntad ajena.
Katsuki apenas tuvo tiempo de parpadear antes de que su cara se reuniera con el suelo.
La tercera vez, Katsuki la había interceptado después de la escuela, también sin compañía pues aquello ya era negocio personal y sus lacayos nada tenían que ver en sus malditos asuntos.
La perra lo incapacitó en dos movimientos.
Sólo recordarlo lo hacía rechinar los dientes. Odiaba sentirse inferior. Él era Bakugou Katsuki, por amor a los alimentos picantes, ¡no tenía por qué sentirse inferior a nadie! ¡Y mucho menos a causa de una Don Nadie!
Pero ahí estaba, partiéndose los labios y gruñendo como un animal, ardiendo internamente a causa de la ira que sentía; la frustración consigo mismo por haber dejado que aquello sucediera y el odio a esa perra creciendo por minuto.
Se supone que ser Quirkless significa que eres débil e insignificante, ¿entonces por qué no había miedo en esos ojos?
Katsuki tenía que hacer algo. Los seres inferiores debían conocer su lugar.
…
Midoriya Izuku finalmente sentía esperanza.
Había pasado mucho tiempo desde que Izuku se había sentido de aquella manera, desde que una persona le había arrebatado el aliento– Desde que se había sentido tan inspirado por las acciones de otra persona.
Li Meilin era una chica quirkless al igual que él, pero Izuku no podía apartar sus ojos de ella. Prueba de ello era que se había visto en la necesidad de comprar un nuevo cuaderno para llenar exclusivamente con todos los detalles que iba descubriendo de a poco sobre la muchacha.
Li estaba lejos de ser All Might, (obviamente) tampoco tenía un quirk vistoso como el de Kacchan, y tal vez por eso es que Izuku finalmente sentía que las cosas en su vida comenzaban a encajar. Sus sueños no se sentían tan inalcanzables como antes. No con un modelo a seguir adecuado frente a sus ojos, no viendo como los frutos de alguien en su misma liga daban resultados.
Aún recordaba la particular conversación que habían tenido tras la clase de Educación Física:
—¡L-Li san eso fue increíble!
Izuku estaba obviamente maravillado y en modo fanboy, habiendo quedado sin palabras junto a varios tras ver a la preadolescente ejecutar complicadas piruetas que nadie en su clase —ni siquiera Kacchan— soñarían con poder hacer, al menos no sin partirse la cabeza en el proceso.
Meilin lo había mirado a los ojos antes de suspirar, agarrarse el puente de la nariz y gruñir:
—Ugh, deja de ser tan patético Midoriya —la sangre del muchacho se congeló—. ¡Ser quirkless no es el fin del mundo!
Y con eso, el corazón de Izuku volvió a latir.
Meilin no estaba enojada por él, por su presencia. Estaba enojada con el mal hábito que otros habían condicionado sobre él. Estaba enojada con el hábito de Izuku de verse a sí mismo como ser inferior, de dejarse hacer sentir inferior– Pero no es como si pudiera hacer mucho para cambiar algo de eso a estas alturas de su vida, ¿o sí?
—P-pero… —Izuku se mordió el labio inferior, sus ojos pegados al suelo.
La joven china suspiró pesadamente.
—Mira, no importa qué te hayan dicho hasta ahora, nosotros vamos a romper los canones de esta sociedad así que no hay punto en sobre-pensar las cosas —dicho esto el muchacho sintió un leve golpe en la coronilla de su cabeza. No en una manera agresiva, si no en plan '¿Entendiste?'—. Ten un poco de confianza.
Izuku la miró como si estuviera hablando en lenguaje extraterrestre.
—Juro por dios, Bakugou… —murmuró, parecía apenas estarse aguantando las ganas de tirarse de los cabellos—. A ver, déjame ponerlo en una forma que tu cerebro de almendra pueda procesar. Es demasiado obvio pero no está de más mencionar que ambos crecimos con ideas muy diferentes —Meilin inhaló y exhaló profundamente, recuperando así su compostura—. Tú ves convertirse en Héroe como un sueño imposible, porque todos estos años esta manada de idiotas te ha dicho que no vales nada; pero yo sé mejor que nadie que los quirks están sobrevalorados.
Midoriya jadeó como si ella acabara de decir el insulto más grande del universo a su madre.
—Oh sí, lo dije —reafirmó sin un sólo ápice de arrepentimiento en la cara—. Los quirks están sobrevalorados. Por sus usuarios y, por sobre todo, la gente como nosotros. Y es ahí donde yace el problema.
—¡Pero los quirks son geniales! —protestó el muchacho casi de inmediato—. ¡Sin ellos, ser un Héroe seguiría siendo un sueño!
—La sociedad también sería menos peligrosa sin ellos.
Izuku abrió la boca para protestar.
Nada salió de ella.
No podía refutar la verdad, por mucho que así lo deseara. No podía negar que el mundo sería más seguro sin la existencia de los quirks. Después de todo, la pregunta «¿Cuál es tu Quirk?» no era solamente algo que los niños preguntaban apenas conocían a los demás porque realmente quisieran saber. No, era algo que los padres de hace un par de generaciones atrás habían condicionado a sus vástagos por motivos de seguridad.
En aquel nuevo mundo, la ignorancia era igual a peligro. Habían tantos tipos diferentes de Quirks de por sí y las mutaciones de estos hacían imposible asumir el poder de alguien sólo teniendo en cuenta a sus padres; si a esto sumamos el hecho de que estas habilidades súper-humanas se manifestaban ya fuera desde el nacimiento o más tardar a la edad de cuatro años, compartir tu Quirk no era algo que hacías simplemente para presumir ante tus amigos —pese a que ahora era visto así debido al éxito y demanda de Héroes—, aquello era un deber que cada ciudadano tenía la obligación de cumplir para mantener seguras a las personas a su alrededor.
Pues si los súper poderes ya eran un problema, niños teniendo libre acceso a ellos lo era aún más. Especialmente si estos eran poderosos y destructivos.
Como el de Kacchan.
—Mira, no quiero iniciar un conflicto por algo tan insignificante, pero tienes que ampliar tu perspectiva —si Meilin había notado que su argumento lo había dejado con la boca seca, Izuku no lo sabía; lo cierto es que los salvó de un silencio incómodo al continuar hablando por su cuenta—. Sal de ese cajón al que la sociedad te confinó. Ve al mundo por lo que realmente es, construye tu propio criterio sobre las cosas; si dejas que otros influyan sobre ti fácilmente, entonces no estás siguiendo tu propio camino, sino caminando como oveja obediente por el sendero que alguien más hizo.
Midoriya no tenía vergüenza en admitir que no lo entendía. A fin de cuentas, Li estaba influyendo en su vida, ¿eso no significaba que aquello también aplicaba para sí misma? Sin embargo, Izuku no quería deshacerse de esa influencia; Meilin era áspera y un poco acida, pero estaba llena de razón.
Las palabras de Li eran duras, pero justas. No había malicia en ellas ni motivos ulteriores. Y aunque Izuku pareciera muy inocente a ojos del resto, ciertamente podía reconocer la maldad en la gente tras ser ridiculizados por las personas a su alrededor durante años.
Ella no quería hacerle daño, pero tampoco lo trataría como si fuera de cristal. ¿Y honestamente? Aquello era algo que Izuku apreciaba, a pesar de que lo pusiera nervioso tan fácilmente.
—Concuerdo en que los quirks son increíbles, pero no precisamente porque sean asombrosos —dijo la azabache—. Quiero decir, ¿has visto al chico que se sienta detrás de ti? Tiene un estúpido Marshmallow Laser, Midoriya. Eso solamente es útil cuando quieres hacer un postre o estás de campamento.
Negando la cabeza, la joven china alzó cuatro de sus dedos a la par que enumeraba:
—Hay quirks poderosos, hay quirks débiles, hay quirks útiles y hay quirks que aparentemente no sirven para nada. Vivimos en un mundo que segrega a todo y a todos, donde la opinión popular es lo que construye el 'sentido común' y lo que es 'correcto' e 'incorrecto.' ¿Pero sabes, Midoriya? Puedes estar equivocado y al mismo tiempo tener la razón. La vida no es simplemente blanco y negro, también hay una escala de grises.
Sus palabras finales fueron una anticlimática declaración que el chico apenas y registró, algo sobre ir a cambiarse antes del siguiente período, ejemplo que él ciertamente debería haber seguido. Pero no lo hizo. En vez de eso, Izuku se quedó de pie y en soledad en el gimnasio, su mente corriendo a toda velocidad a pesar de que su boca no se movía al ritmo vertiginoso usual.
Su perspectiva del mundo ya estaba cambiando.
Continuará
Nota de la Autora:
Consideré que las perspectivas de Katsuki e Izuku eran necesarias antes de los eventos que están por venir, así que en vez de ponerme a escribir el siguiente capítulo decidí hacer éste para darles a entender cómo están las cosas. Ya después se desarrollará esto un poco más.
