Disclaimer: Los personajes pertenecen a Akira Toriyama. Esta historia es una traducción del fic Make a wish, escrito por aria710. Los créditos van a la verdadera autora.
Muchas gracias por los favs, follows y rws; los aprecio mucho. He tenido una semana dura pero aquí está el nuevo capítulo. Intentaré subir al menos un capítulo por semana o más si me da el tiempo. No descansaré hasta haber terminado esta historia confíen en mí ;)
Capítulo 4
Pensamientos de un Saiyajin
-Yo soy un Saiyajin –respondió Vegeta-. Pertenezco a una de las razas guerreras más temidas de la galaxia. Estaba empezando a creer que mentías con respecto a tener amnesia –dijo él observándola con sospecha.
A Bulma le desagradaba el modo en que la miraba. Su aspecto era prácticamente el de un depredador.
-No, pero tienes razón. No creo ser un saiyan…
-Saiyajin –corrigió él con tono agresivo.
-Eso, un Saiyajin. No recuerdo haber tenido nunca una cola.
-Fui tonto al pensar que tal vez algún día conocería a una mujer Saiyajin –dijo Vegeta amargamente, tomando a Bulma por sorpresa.
-¿Acaso nunca has visto una? –Dijo la chica y notando el silencio de su interlocutor continuó -¿No me digas que ni siquiera sabes cómo luce una mujer? –Preguntó mientras agarraba el borde de su falda, recordando la primera vez que conoció al niño con quien compartió su viaje–. ¿O quieres echar un vistazo?
-¿Qué demonios estás haciendo? –El chico inmediatamente le sostuvo las manos-. No toleraré ninguna conducta provocativa en mi presencia. Es ofensivo.
-Relájate, solo bromeaba –indicó Bulma, riendo al ver el ligero sonrojo en la cara del príncipe–. Oh… ya entiendo. Eres igual que Goku –rió de nuevo notando su expresión confundida –O tal vez un poco mejor, ya que al menos lograste reconocer que soy una chica. Pero nunca habías hablado con una, ¿verdad? Viviendo aquí en esta nave llena de hombres.
-No es como si hubiera elegido vivir aquí, muchacha.
-Entonces, ¿por qué estás aquí? –comentó ella con curiosidad.
Durante los minutos siguientes, escuchó atentamente la historia de Vegeta. Era obvio que había omitido mucho en su narración, especialmente las cosas que tenían que ver con él específicamente. Le contó que Freezer lo había tomado de su planeta cuando era niño y que ahora trabajaba para él. Aunque no mencionó nada sobre la verdadera razón por la que fue raptado. Pero sí dejó claro que él pertenecía a una raza muy, muy noble. Y que toda su raza había sido prácticamente destruida por su captor.
-Él tenía miedo de nosotros –dijo frunciendo las cejas-. De lo que podríamos llegar a ser.
Bulma lo observó atentamente. A pesar de tratarse de alguien tan mentalmente perturbado, al menos era muy ordenado. Se quitó los guantes, doblándolos inmediatamente, luego su armadura y sus botas. Guardó todo cuidadosamente en sus respectivos cajones, ningún artículo quedó fuera de lugar. Su pulcritud la hizo sentirse a salvo. Le recordaba el ambiente estéril de un laboratorio, algo que instintivamente asociaba con su padre.
-¿Y qué era eso que podrían llegar a ser? –preguntó con interés.
-Nada –respondió Vegeta mientras terminaba de colocar su armadura en el armario-. Es solo un estúpido mito.
El chico se recostó en la cama, observando el techo de metal. Al parecer se había olvidado de la chica.
-Emm… ¿Vegeta? –pronunció cuidadosamente.
-¿Qué quieres, muchacha?
-Con respecto a Freezer… ¿Qué exactamente quieres que haga? –Dijo sentándose en el piso. El aire frío la hizo temblar y llevó un escalofrío por su cuerpo–. Lo haces sonar como un tipo terrible, y si es capaz de cometer genocidio no creo que tenga ningún reparo en matarm… -continuó diciendo antes de ser interrumpida.
-No te matará –exclamó el chico con seguridad.
-¿Por qué lo dices?
-No le gusta molestar a su mono mascota –murmuró él con desdén, al tiempo que cerraba los ojos.
"¿Quién es ese tal Freezer?" Debía tratarse de un tipo intimidante. Vegeta tenía a ese gigante Nappa comiendo de su mano, pero por alguna razón el príncipe Saiyajin parecía temer a Freezer. "Debe ser un tipo muy poderoso, si fue capaz de destruir una raza entera."
-Eres mía, ¿entendido? –dijo Vegeta, sonando completamente despierto, pero cuando Bulma volteó a verlo sus ojos estaban cerrados y parecía estar dormido, excepto por la tensión de sus músculos.
La chica se puso de pie de inmediato, asqueada ante aquella idea.
-¡Yo no soy propiedad de nadie!
El príncipe sonrió con malicia.
-Puedes pertenecerme o darte por muerta, chica. No seas estúpida –indicó Vegeta, ignorando las protestas y pisadas furiosas de la chica sobre el piso metálico.
-¡Eso lo veremos! –exclamó ella, alejándose hacia la puerta de la habitación. Bulma se detuvo frente a ella, recordando que aún no conocía la clave para abrirla-. ¡Vegeta! – dijo, pero la figura durmiente no pronunció respuesta–. Vegeta, ¿en dónde se supone que dormiré?
-Ese no es mi problema –gruñó somnoliento. El chico retiró el rastreador de su rostro dejándolo sobre la mesa junto a su cama. Con un toque en el panel de control tras él, las luces se apagaron, dejando a Bulma conmocionada en la oscuridad.
"Qué imbécil." Pensó Bulma, dejándose caer en el suelo. ¿Cómo se metió en esto? Ella solo deseaba a su novio perfecto. No se suponía que fuera tan difícil. No se suponía que conocería a Goku ni que sería aprisionada por aquel pequeño emperador hambriento de poder. Y definitivamente no se suponía que terminaría en el espacio, siendo espía para un tirano que de seguro era responsable del genocidio de más de una raza alienígena.
"Bien hecho, Bulma Briefs." Pensó con exasperación. Echó un vistazo al príncipe durmiendo, viendo como su pecho tensado subía y bajaba con su respiración. Quién hubiera creído que los extraterrestres no solo existían de verdad sino que, además, podían lucir tan humanos. No tenía duda de que Goku también pertenecía a esta extraña raza Saiyajin. Desde su primer encuentro con el niño, Bulma había tenido la sensación de que éste no era un humano normal. Él era muy fuerte, no sabía cómo interactuar con la gente normal y, lo más importante, poseía una cola de mono.
Aunque era increíble pensar de repente que el niño con el que estuvo viajando todo este tiempo era nada menos que un extraterrestre, Bulma se tranquilizó un poco ante esta idea. Si Goku logró llegar a la Tierra desde algún lugar lejano en el espacio, entonces ella también podría. Todo lo que debía hacer, era descubrir cómo escapar de este príncipe Saiyajin.
"Esperaré hasta mañana para ver el código. Tendrá que salir de esta habitación sin mí en algún momento." Pensó la chica, sonriendo ante su plan. Luego se tumbó en el piso metálico tratando de pensar en cualquier impedimento.
"Me molesta ese rastreador." Pensó, aunque siendo completamente honesta, la pieza tecnológica la fascinaba. Parecía ser un intercomunicador, además de un dispositivo para calcular el 'poder de pelea' o la que sea. Y aunque no estaba segura a qué se referían Vegeta y Nappa con eso, lo que si sabía era que el artefacto obviamente podría rastrearla. Y si iba a intentar escapar, eso era algo que en definitiva no podía permitir.
Caminó en silencio a través de la habitación. El príncipe lucía tan atento, que no cabía duda de que la había oído tomar el rastreador. Sin embargo su cuerpo no se movió, a excepción de sus rítmicas y profundas respiraciones. La chica sonrió triunfante, mientras pulsaba lo que parecía ser el botón de encendido. El artefacto empezó a emitir un sonido agudo y Bulma se congeló al instante, volteándose lentamente a observar al muchacho. Pero éste aún dormía plácidamente.
Observó con sorpresa que el rastreador tenía la opción de idioma español, el mismo Vegeta parecía hablarlo con fluidez. No se molestó en preguntar por qué un montón de extraterrestres parecían conocer muy bien un lenguaje que solo se habla en ciertas partes de la Tierra. Habían cosas más importantes en qué pensar.
Como por ejemplo, cómo hackear un dispositivo extraterrestre.
-Estúpido… rastreador… ¡lo tengo! –Bulma inmediatamente cubrió su boca ante su exclamación, escuchando los movimientos del chico que hacían crujir la cama. "Mierda, mierda."
Pero éste solo se acomodó hacia un lado, dejando caer su cola marrón a lo largo de las sábanas. La chica rió para sí, mirando la figura pequeña y musculosa mientras dormía. De no haber sido un patán, ella podría haberse aventurado a pensar que era lindo.
Luego de volver a colocar el rastreador en su puesto, Bulma se acercó al armario, tomando varios trajes azules y ubicándolos en el suelo. "Si el pelmazo no piensa darme una cama, entonces no me queda más que fabricar una." No era nada confortable, pero la chica no podía darse el lujo de ser exigente. Bulma cerró los ojos, pensando que tal vez todo aquello no era nada más que un sueño y que pronto despertaría junto a Goku y Yamcha.
"Qué chica tan idiota."
Vegeta observó con fastidio a la chica en el suelo. Ella no tenía derecho a tocar sus cosas, y mucho menos a recostarse sobre ellas como un animal salvaje.
Ni siquiera quería pensar en lo que estuvo haciendo con su rastreador. Ya era increíblemente irrespetuoso que haya tomado su ropa, pero incluso se había atrevido a husmear en uno de los equipos más valiosos de su propiedad. El chico colocó el rastreador en su rostro, pensando que una muchacha tan ingenua no podría haber hecho nada perjudicial.
Eran las 2:25, demasiado temprano incluso para los soldados de Freezer. Lo que significaba que era la hora perfecta para el entrenamiento del príncipe. Digitó la clave rápidamente en el teclado y se movió hacia la puerta abierta, deteniéndose solo unos segundos para observar a la muchacha en el suelo.
La chica dormía tranquilamente. Él sacudió su cabeza con disgusto. "¿Acaso no se da cuenta en dónde está? Y sin embargo duerme plácidamente como un bebé indefenso." La luz del pasillo comenzó a propagarse hacia la habitación, proyectando sombras en los delicados pómulos de la chica.
Vegeta se mordió el labio, sintiendo algo extraño en el estómago y cerrando inmediatamente la puerta cuando salió al pasillo.
-Criatura miserable –dijo apartando aquella sensación de su mente.
Pero no pudo evitar pensar en aquel cuerpo delicado que se acurrucaba en el suelo, sobre sus trajes de batalla, con su extraño cabello azul enredado a través de su rostro. El chico inconscientemente se volteó hacia la puerta y comenzó a escribir nuevamente el código de su habitación, pero al darse cuenta se detuvo.
-Es solo el desarrollo adolescente de los Saiyajin –se dijo en silencio-. ¡Concéntrate, Vegeta!
No había tiempo que perder satisfaciendo sus necesidades más… salvajes. Si esa chica quería volver a casa algún día, pues será mejor que se empeñe en descubrir la debilidad de Freezer, una información que solo podría obtener de uno de sus lacayos más fieles. Además, Vegeta tenía que entrenar. Debía alcanzar el poder absoluto si algún día pensaba derrotar a Freezer y obtener su libertad y venganza.
De repente sintió una oleada de pánico y se volteó rápidamente para ver quien estaba cerca. Apretó los puños con furia. Él era el maldito príncipe de los Saiyajin, no tenía por qué sentir temor ante nadie. No debería encontrarse haciendo el trabajo sucio de ningún imbécil y mucho menos permitir que lo mantengan encerrado como una miserable rata.
Su ira lo dirigió hasta la sala de entrenamiento, donde se mantuvo haciendo levantamiento de pesos por horas. Sus músculos se hinchaban más luego de cada repetición, pero él continuó, hasta que ya no pudo levantar sus brazos por encima de su cabeza.
Fue entonces cuando empezó correr, dejando que sus piernas se entumecieran hasta el punto en que, horas más tarde, apenas pudo caminar a la cápsula de recuperación.
-¿Castigándote a ti mismo de nuevo, Vegeta? ¿Acaso Zarbon y Dodoria no lo hacen lo suficiente? –dijo el alienígena de cabeza alargada, sonriendo con malicia.
-Algún día voy a tener el placer de desgarrarte miembro por miembro, Appul –contestó el príncipe con desprecio.
El tipo rió de nuevo, palmeando a Vegeta fuertemente en la espalda, golpeando adrede su parte más adolorida y haciéndolo encogerse.
-Oh, pequeño príncipe, yo no actuaría tan arrogante si fuera tú –exclamó Appul burlonamente-. Considerando el hecho de que Freezer me puso a cargo de tus tratamientos en la cápsula de recuperación.
-Cállate, y configúralo para dos horas de tratamiento.
Appul asintió gruñendo y abrió el portal del tanque, permitiendo a Vegeta entrar en el líquido extraño.
-¿En dónde diablos estabas?
El príncipe no entendía de qué rayos se quejaba la muchacha. Había regresado una hora antes de lo que le hubiera gustado. Sus brazos aún se sentían cansados, todo debido a que Appul detuvo el tratamiento porque, según él, la cápsula estaba experimentando un problema de funcionamiento.
-Y te ves horrible –continuó la chica, mirándolo de arriba a abajo.
Se miró en el espejo colgado en la puerta de su armario, para confirmar la afirmación de la chica. Había cortes por toda su cara y brazos, y varios moretones cubriendo sus piernas y cuello. Pero lo peor era la enorme quemadura en una de sus piernas. La sangre aún goteaba desde la herida hasta el suelo metálico.
La chica corrió hacia él y comenzó a tocar su rostro y brazos con tanta delicadeza que hizo a su cuerpo tensarse. "¿Qué está haciendo?" Pensó él, mientras sus ojos azules examinaban su traje y armadura desgarrada.
-¿Qué te sucedió, Vegeta? –preguntó, sonando casi enojada.
Vegeta levantó una ceja en confusión. Luego la empujó lejos de él, mandándola a volar sobre su cama.
-¡Eso no te incumbe! –respondió con ira.
Ella no tenía por qué saber que se había encontrado a Dodoria en el pasillo.
…
-¡Pero si es el príncipe de los monos! ¿Cómo se encuentra el pequeño y todopoderoso Vegeta hoy?
El chico gruñó a la distancia. La cápsula de recuperación apenas había curado un poco las heridas de su intenso entrenamiento. Y aunque le hubiera encantado tener una pelea con Dodoria, solo para tener el placer de darle aunque sea un golpe a esa bola de grasa, todo su cuerpo dolía miserablemente.
-Si me disculpas –respondió el príncipe siguiendo su camino.
-¡Oh! Mira quién, finalmente, muestra un poco de respeto –el monstruo de color rosa desapareció, solo para reaparecer frente a Vegeta, sonriendo cruelmente-. Tengo una adivinanza para ti, Vegeta.
-No me hagas perder el tiempo.
-No, tranquilo, es muy simple. Incluso alguien con un diminuto cerebro de mono como el tuyo podría descifrarlo. Será divertido –dijo Dodoria, levantando dos dedos-. Te daré solo dos oportunidades para adivinar y si no lo haces pierdes, ¿de acuerdo?
Vegeta soltó un rugido. No era lo suficientemente rápido para escapar de Dodoria… aún.
-Tomaré eso como un sí. Aquí está la adivinanza. ¿Qué es pequeño, débil y no tiene ninguna razón para vivir?
Los labios del príncipe se cerraron con ira y su visión se enrojeció. Quería golpearlo, mandarlo volando a través de la pared hasta el espacio, donde se asfixiaría lentamente. Algún día…
-¿Y bien, Vegeta? –dijo Dodoria sonriendo.
-No lo sé –se limitó a responder.
Dodoria frunció el ceño.
-Oh, vamos, Vegeta. Tendré que contar esa como tu primera oportunidad. Sé que eres estúpido, pero piénsalo muy bien. Es increíblemente pequeño y sin poder. Es tan inútil, que debería simplemente morir y desaparecer. ¿Qué es?
El príncipe sonrió.
-Tu pene.
Su respiración se detuvo inmediatamente, cuando el puño rosado colisionó contra su abdomen, lo que lo hizo caer de rodillas. El suelo se llenó de grietas con el impacto de sus extremidades. Dodoria agarró a Vegeta desde la punta de su cabello, esperando que gritase. Pero él solo se lo quedó mirando, demasiado acostumbrado al dolor como para reaccionar de esa manera.
-Maldito sabelotodo. Te daré una oportunidad más y después tendré que arrancarte esa cola.
Vegeta no necesitaba que Nappa le recordara a Dodoria, como siempre, lo furioso que Freezer estaría con su conducta. Él tenía que aprender a manejarlo por sí solo.
…
-Está bien –dijo la chica-, desángrate en el piso si eso es lo que quieres –se cruzó de brazos y se tumbó en la cama, estirándose en el colchón mientras cerraba los ojos.
El chico no le prestó atención, se obligó a apartar la mirada de su cuerpo indefenso que yacía en su cama. Decidió enfocarse en su dolor, dejando que recorra su cuerpo. Así había sido su vida desde que era un niño y no iba a dejar que una chica tonta lo distraiga.
Rápidamente sacó el botiquín de primeros auxilios del cajón de su escritorio. Todo su cuerpo dolió al moverse, pero él continuó. Primero tomó la crema para quemaduras y luego la gasa. Hizo una mueca de dolor cuando la aplicó en su herida.
Cuando terminó de colocarse los vendajes, se dirigió hacia la chica, que aún se encontraba en su cama. Se aclaró la garganta antes de hablar.
-Muchacha, no quiero ningún cadáver podrido apestando en mi habitación.
La chica se despertó, observándolo con aquellos extraños ojos azules. "¿Quién la maldijo con esos ojos tan asquerosos?" Pensó el príncipe, mientras ella se rascaba su pelo igualmente grotesco antes de responder.
-¿Eh?
-Vendrás conmigo al comedor.
La chica sonrió y Vegeta la miró confundido.
-¿Es esta tu manera rara de pedirme que almuerce contigo, Vegeta?
-Príncipe Vegeta, chica –la corrigió.
-Mi nombre es Bulma –dijo ella encogiéndose de hombros-. Hagamos un trato. Yo te llamaré por tu título, si tú reconoces que tengo un nombre.
-Un nombre que ni siquiera recuerdas.
La chica lo miró confundida ante su afirmación, pero luego pareció recuperarse y exclamó.
-Cualquier nombre es mejor que ser llamada chica o muchacha. Yo no te digo "extraño chico extraterrestre" –dijo y se detuvo por un segundo-. Aunque ahora que lo pienso…
-Muchacha, tengo hambre. Si gustas puedes quedarte aquí y morirte o…
-¡Ya voy! –exclamó ella, levantándose de la cama.
Él sintió sus ojos en su mano mientras presionaba la clave de la puerta, pero no le prestó mucha atención.
Su compañero Saiyajin, Nappa, estaba esperándolo en el pasillo. El hombre enderezó su postura y luego hizo una reverencia en presencia de Vegeta.
-¿Vegeta, piensas traer a la chica contigo?
-A él si le permites llamarte Vegeta –murmuró ella.
-Nappa, creo que quiero quedármela.
-Entonces, ¿ella en serio es un Saiyajin? –dijo éste levantando una ceja.
-No seas idiota. Su poder de pelea es humillante, incluso para un bebé Saiyajin. Pero el olor que lleva hace que me pregunte si aún hay otros por ahí –expresó honestamente. Además de Nappa, de él mismo y de un Saiyajin de tercera clase llamado Raditz, Vegeta no tenía idea de ningún otro de su raza que estuviera con vida. Pero, la chica nunca había estado con ellos, lo que lo hacía cuestionarse si el olor podría provenir de otro sobreviviente.
-Tú eres el Príncipe Coronado del Planeta Vegeta, y ni siquiera sabes lo que es esta criatura…
-¡Nunca dije que me la quedaría como pareja, Nappa! Ella me servirá de diversión mientras me pudro en este infierno. ¡No te atrevas a cuestionar mis decisiones de nuevo! –gruñó Vegeta, sin ocultar la ira en su voz. Nappa era su subordinado, y él ya no era un niño indefenso, de hecho, nunca lo había sido.
Agarrando la mano de la chica, la arrastró por el pasillo, dejando a Nappa seguirlos desde atrás. Ignoró los balbuceos de la chica que preguntaban '¿pareja?' y '¿diversión?', y continuó hasta el comedor. Nappa arruinaría el plan si lo supiera. Vegeta tenía sus dudas sobre si el otro Saiyajin quería a Freezer muerto al igual que él.
El príncipe lo había visto en sus ojos. Nappa estaba empezando a tomar gusto a los exterminios, hasta el punto de esperar con ansias su siguiente misión. Vegeta tenía que admitir que una parte de él disfrutaba la violencia; era su naturaleza Saiyajin después de todo. Él prosperaba con las batallas, las guerras y los rivales fuertes. Pero odiaba verse reducido a un puto mercenario, matando niños solo porque alguien lo ordenaba.
-Me estás lastimando –exclamó la chica, intentando liberar su muñeca.
Vegeta la observó suspirar de alivio cuando él la soltó. "Qué criatura tan patética. Apuesto que se romperá si la toco fuerte." Miró a través del pasillo, satisfecho al ver que Nappa se detuvo a hablar con otro de los hombres de Freezer.
-No le digas nada a Nappa sobre nuestro trato, muchacha –ordenó el príncipe.
-¿Por qué no? –preguntó ella, mirándolo atentamente.
-Porque lo arruinaría. Solo sígueme la corriente.
-Lo que usted diga, su majestad.
El chico sonrió ante su sarcasmo. Patética, sí, pero no podía negar que esta tal Bulma era entretenida. Su satisfacción aumentó cuando ella saltó al sentir que él la agarraba de la mano. Vegeta la llevó toscamente hasta el comedor, donde inmediatamente recibieron docenas de miradas curiosas de los soldados.
-No tienes permitido hablar, tocar ni mirar a nadie al menos que yo diga –dijo, alzando la voz para que todos en la sala puedan escucharlo-. ¿Ha quedado claro?
La chica tragó saliva ante su tono y asintió con la cabeza, para luego comenzar a seguirlo hacia el salón oscuro y lleno de gente.
La autora siente que, si Akira Toriyama ignoró el hecho de que los extraterrestres de repente pueden hablar el idioma de los humanos sin razón alguna, entonces ella tampoco necesita darle explicación xD
