Las dos caras del destino

Cara a cara

Omi

Hoy se cumple mi quinto día en la prisión, ¿debería celebrarlo? ¡Que sigo con vida! Quiero decir obviamente, ¿qué pensaban? Ahora que estoy confinado a permanecer en esta caverna, quién sabe cuánto, tengo más tiempo libre y por consiguiente, me la paso preguntando a los polis que circundan delante de mi celda la hora y el día. Cómo desearía un cuadernillo y un lápiz o una tiza. Desde luego conozco la forma de obtenerlos, pero no es tan sencillo. Nadie más ha entrado después de mí y eso me supone un terrible problema, en tanto yo sea la cara nueva seguiré siendo el juguete preferido de los guardias y los demás reclusos. Algunos no dejan de mirarme de tal manera que representara una amenaza, debido a mi parentesco, y la mayoría me observa igual que un niño indefenso.

¡Uf, qué frío hace! Extendí el brazo y las puntas de mis dedos tocaron el único haz de luz que se infiltraba en mi calabozo a través de la ventanilla. Ya no quería apartar la mano. Agradezco que yo no soy claustrofóbico, no sé porque presiento que los muros de este infierno se cierran y comprimen más con el paso del tiempo. A raíz de todo esto, también he podido reflexionar acerca de mis errores. No voy a negar mi responsabilidad. Megan ¿por qué no habrá venido a visitarme? ¿Se habrá enterado? —claro que sí. No digas majaderías—, ¿cómo reaccionaría? ¿Creerá mi inocencia? Tal vez no, mis antecedentes harían dudar a cualquiera. La lastimé a ella y a Willow. Existen varias definiciones de la palabra "lastimar". No es inherente a uno en particular. Lo aclaro ya que la gente, a menudo, se limita a pensar cuando la chica está desvestida y depravada. Aunque, confesaré, que tampoco he sido fiel conmigo. Temo haberme perdido yo mismo.

Siempre he sustentado que las mujeres son las culpables de conducir al hombre al desastre. Una vez que eres envuelto en "sus redes" es imposible liberarte. Ni yo pude escapar, lo cual significa que rompí mi promesa. Todo es por obra de Jermaine. Él me lo advirtió y a partir de ese momento se levantó una maldición en mi contra. No me involucré con una ¡si no dos! Volviendo al punto, en parte no me sentí desengañado con la respuesta de Megan. Yo sabía que esto era un viaje sinsentido para un final inútil. No obstante mientras Jermaine se sienta avergonzado y el causante de gastar mi tiempo, habré adquirido un premio de consolación y mi misión no hubiera sido en vano de cabo a rabo. Al día siguiente, en la escuela, les conté a Tiny y a Jermaine el fruto de mi cometido. Por supuesto tuve que exagerar en mi disgusto para que sonara convincente y se sintieran mal por mí. Más les asombró enterarse que Jack fue bueno alguna vez en lugar de la disociación y la incomunicación entre los miembros de la familia Spicer. Casi todo lo que ella dijo fue publicado en la prensa. No es ningún secreto que el escándalo se cernió en ellos.

—En resumen: Ella no sabía nada de nada. Pero lo peor fue que me dejó con las palabras en la boca y echó a volar... —referí.

—¡¿Cómo?! ¡¿Te plantó?! —exclamó Tiny abriendo mucho los ojos, Jermaine lo chistó ya que estábamos en plena clase. Él se hundió más en su asiento, encubriéndose, y me susurró en el oído— ¡mierda! Qué jeva más extraña, ¿no tiene idea de que eso no se lo hace a nadie? Y menos a un hombre con tanto que ella lo necesita... ¿ustedes creen que ella sea lesbiana?

—¿De dónde sacas tal conclusión? —indagué, mirándolo ceñudo.

—El otro día oí a las chicas en el baño —explicó—. Laura decía que sólo a ella no se le ha visto nunca con un chico y como vive enfrascada en su poesía feminista...

—Bueno, de ser así qué nostalgia para cabeza de Ping Pong —apostilló Jermaine, quien no había intervenido en un largo rato, antes de que preguntáramos el aludido esclareció—: ¡oh, por favor, no me digan que jamás han reparado que él no puede quitarle los ojos de encima! En ocasiones se sienta a merendar con ella en el receso y... —chasqueó la lengua— a mí me late que sí le gusta, le presta mayor atención que a otras jevas.

—¡Vaya, lo que se descubre cada día! Es como afirma mi abuelo, un nuevo día trae nueva sorpresas o algo así era. Nomás eso no era lo que iba a preguntar, ¿qué hacías tú en el baño de chicas, Tiny?

Tiny no contestó a mi interrogativa, se echó sobre el respaldo y lanzó una risa tan tronante que la profesora se nos quedó viendo bastante. Maldito Tiny. Claro, para cada regla existe su excepción y lo nuestro es pura broma. Las verdaderas pervertidas son las mujeres. Que si el trasero, el paquete de seis, los brazos, las piernas, la cara, el color de ojos, los músculos ¡rayos!

Cambiando de tema, yo no soy el más indicado para criticar, con omisión de que estaría mal, las tendencias sexuales del prójimo. Laura hablaba de las chicas, mas si hubiera abarcado a hombres y mujeres. A mí no se me ha visto al lado de una chica. Como expuse no me interesa, a pesar de que probé que me gustan las mujeres, entorpecería mis designios de ubicar a Chase. Aunque sí sé, de primera fuente, que Laura es el doble de menos que yo para tachar a los otros. Le guardo un secreto desde tercero: Es bisexual. La atrapé desprevenida besándose en la boca con una de sus amiguitas. Intentó en balde persuadirme que ella estaba "experimentando" que no le gustaban las chicas. Al ver que no me convenció en absoluto, dijo que prefería a los chicos. Una noticia como esa armaría un revuelo tremendo en la escuela, me hizo jurar que no se lo revelaría a nadie, siquiera a Jermaine y Tiny, en contraste ella se comprometió a no burlarse otra vez de mi ascendencia asiática ni cotillear que yo no le había metido mano a ninguna mujer —y luego nos acusan de fisgones— la verdad es que no tenía intenciones de propagar lo que mis ojos testificaron, sin embargo, como pude sacarle ventaja a la situación le seguí la corriente y me valió para extorsionarla.

En cierto modo, conjeturar que Megan era lesbiana para decepción de Ping Pong dibujó el amago de una sonrisa amarga en mis labios. Demonios, ¿cuándo mi amigo creció y dejó atrás toda su infancia? Cuasi ni es la sombra del niño que solía recordar: Era tan despistado. Pero ahora creo que es más observador que Tiny y yo. En ese momento yo pensaba que mi historia con Megan había llegado a su punto final y no retornaríamos a hablarnos. Como había sido de costumbre. Si bien me pareció creer que unos minutos antes de dar inicio a la clase de biología ese mismo día, ella venía hacia la mensa en la que estaba sentado con Jermaine y Tiny. No sé si iba hacerlo o era imaginación mía pues que Laura la interceptó. Sea de lo que sea que tuvieron que conversar fue breve, el profesor entró al acto. Su materia no me ha imputado dificultades, es de la clase de hombre que aprueba a todo el mundo. Sus clases son bien animadas e interactivas. No, no interactivas en ese sentido si no que los alumnos pueden hablar libremente ¿si me entienden? Comparto la opinión de que la biología es sugestiva, de ahí a tomármela como algo serio no estoy seguro. No creo que me guste con tanta intensidad para una carrera.

—Chino... chino... voltea acá... ¡chino! —me llamaba Tiny en bisbiseos, en vista que no le hacía caso. Se puso a arrojarme bolas de papel rasgadas de su cuaderno ¡cuando sabe que lo odio! De seguir ese curso de acción el cuaderno no le perdurará, de mala gana viré— ¿a que no lo coges? Te he concertado para hoy un encuentro por una suma de cinco grandes.

Encuentro es la manera de denominar a los enfrentamientos o peleas callejeras.

—¿Por cinco grandes?

—Sí, tú sabes hermano, cinco...

—¡Sí, sé lo que es cinco grandes! ¡No me lo aclares! —interrumpí impaciente—. Lo que no sé es ¿cómo?

—Ayer. Un bravucón apareció buscando al campeón demandando un enfrenamiento como si trabajáramos para él. Presumía que podía vencerlo y yo le dije que conocía al campeón, o sea tú, y contactarlo si pagaba, ¿te lo tragas? Pretendía confrontarte sin dinero, ¡ah! Estaba a punto de ofrecer menos de dos grandes cuando me puse a regatear y engatusarlo, que no lo aceptarías y esas cosas, ¡cayó redondo!

—¿Un bravucón? ¿y qué tal es? —inquirió Jermaine, quien estuvo oyendo.

—Un hombre como cualquiera, cabello oscuro, unos centímetros más alto, ¡qué importa su aspecto! Él no es nada que nuestro héroe no pueda destruir.

—¡Cierto! —corroboré con una sonrisa muy dilatada.

Al mismo tiempo, sonó el timbre. ¡Genial, hora de pirarse! De un porrazo cerré el cuaderno. Alrededor todos repetían aquello mismo, unos más adelantados. El profesor no se movió de su lugar.

—¡Deténganse, no he dado la orden de que salgan! —él aguardó que dejáramos de hacer lo que hacíamos, para tener la garantía que no lo repetiría y atendíamos a sus instrucciones—. Antes debo participarles una información, a causa que se acerca nuestra primera práctica en laboratorio decidí que se efectuaría en parejas asignadas por mí. En la próxima clase ya les indicaré cómo nos vamos a distribuir...

Al instante, hirvió un bullicio en reproche al descontento, en general, por la imposición de compañeros. El pobre profesor trató de frenar el griterío y explicar sus razones. Sólo que no se lo permitieron. Jermaine nos hizo unas señas a Tiny y a mí para que lo siguiéramos hacia la puerta y fugarnos de forma inadvertida. Mis instintos me dicen que "en la próxima clase" tendrá que escribir en el pizarrón esa distribución. Su voz se mezclaba y confundía entre las demás. Apenas se sabía a cuál pertenecía. Para las personas que me prestaron su atención y todavía se acuerdan que había dicho que no peleaba a no ser que necesitaba plata, les aclaro que semanas atrás Tiny ha estado muy empecinado en comprar un apartamento. Jermaine y yo acordamos ayudarlo a él y en conjunto a nosotros proponiéndole una sociedad, a lo que Tiny muy entusiasta accedió que pudiéramos convivir juntos, de corazón, por lo que hemos estado recaudando fondos. En lo que a mí concierne me gusta saborear la idea de empezar a vivir independiente.

Son complicadas las razones por las que Tiny está ansioso por mudarse, pero en principio tienen mucha relación con que pase las noches en mi casa o la de Jer o en las calles. No he tenido el atrevimiento de notificarle a Dashi o a mi abuelo mi decisión mas preveo sus reacciones. Mi papá sufriría un ataque de apoplejía. A menos que anunciara que me voy a casar pronto, mi lugar está en el techo de mi padre, es lo que dicta la tradición y el motivo de que haya tantas familias conviviendo el mismo espacio (si jamás se trasladan es lógico). Yo no soy quien para rebatir o cuestionar nuestras costumbres, no obstante, aquella en singular me parece una exageración y más que simpatizo con los trotamundos...

De regreso; Jermaine, Tiny y yo comentábamos sobre la última acotación que recibimos en clase de biología y su repercusión. Admitiré que no me traía buena espina esta "asignación de parejas". Lo que temía era que me pusieran al lado de alguien que ni era capaz de tolerar. Pues la empresa de este ejercicio era para alejarnos de quienes estábamos habituados por lo regular, en pocas palabras ni Jermaine ni Tiny. Ni yo percibía que estaba tan malhumorado en consecuencia de este hecho que tiré la puerta de casa, cubrí mi rostro con ambas manos y me restregué con fuerza desfogándome con vehemencia:

—¡Coño a la puta madre, ¿POR QUÉ?!

—Omi, ¿llegaste? —se anunció una voz queda. Me destapé poniendo los ojos desorbitados.

—¿Abuelo? ¿Eres tú? ¡¿Dónde estás?!

¡¿El abuelo aquí?! No es que no me complazca que venga a visitarme, es que ¡rayos, ¿no se supone que iba a estar solo?! Y para colmo he dicho esa grosería a voces. Sería un auténtico milagro el interpelado que no me hubiera oído. Por otro lado, no debería asombrarme como entró porque, cuando era niño, le adquirieron un duplicado de la llave para "cuidarme". Era un pequeño terremoto. Corrí hacia el sitio en el que emanaba la voz, justo en el jardín. Él estaba para podar un arbusto, ¿labores de jardinería a esta hora? En cuanto me vio, se paró despacio sonriendo tenuemente. Su ropa se había ensuciado de lodo y ramillas. Parecía que no lo observó o no le afectaba. A su edad prolongada, sus movimientos se asemejaban a la velocidad y agilidad de, uhm, una persona joven… ¡sí! Maravilloso, lo sé. Sólo que existían momentos en que no lograba evitar preocuparme. El abuelo Fung ya no posee esa vitalidad y fuerza de su juventud, tiene que cuidarse. Inclusive mi padre piensa en ello, con las miles enfermedades emigratorias de occidente, es un alivio que haya llegado a su longevidad sano. De hecho, Dashi me reconoció que cuando no había nacido aún él era más dinámico. En la actualidad está más tranquilo. Me irrita que a veces, estando yo aquí, se esfuerza. No soy un adorno (con lo que me toca velar por el adolescente de mi padre y a mi abuelo). Aunque lo entiendo: la frustración de sentirse inservible es insoportable. Me pregunto si seré parecido a él cuando cumpla sus años. De muchacho fue un poderoso adversario.

—¡Oh Omi! Imaginé que eras tú. Oí la puerta cerrarse.

—Sí, pero ¿abuelo no deberías estar en tu tienda?

—¡Ah eso! No te preocupes —sonrió blandiendo la mano como manoteando a un mosquito en el aire—, la tienda podrá sobrevivir sin mí hoy, ¿no crees? Tu padre se le imposibilitará regresar y me solicitó venir, quise que fuera una sorpresa y como tenía mi propia llave, por eso no te avisamos, ojalá puedas disculparme... ¡en fin! Me detuve a observar el jardín entre tanto te esperaba y pensé que necesitaban una mano —dijo con parquedad, escondiendo las manos atrás— ¡ven Omi! Auxíliame con esto.

—¡Ah sí, sí, por supuesto! —borboté atropelladamente.

Me descolgué la mochila del hombro y bajé la cremallera de mi chaqueta para una mayor comodidad, arrojándola y acudí con él pisando la maleza. Nunca tuve las agallas suficientes para rebelarme contra una petición/orden del abuelo. Tal vez porque tenía esa impresión de inspirar respeto. ¡Uf, cuánta hierba mala crece! Demoré truncando esos retoños. Y después el trabajo que pasé buscando la cortadora de césped y echarla andar. Todavía huelo el vapor que salió de ella ¡puaj! Por no mencionar que se metía dentro de mis cuencas oculares. Bajo mi concepto, el abuelo Fung es el hombre más ilustrado que conozco, y eso es un grado dificilísimo de alcanzar, no estimo a muchas personas más listas que yo, porque lo soy, casi todos quieren pasar por inteligentes cuando ni siquiera saben sumar dos más dos. Mi abuelo cosechó su riqueza de la cantidad de libros que ha leído (de niño me parecía que consultó la mercancía entera de su librería y de grande no he alterado demasiado esa perspectiva) y su facultad de extraerse para contemplar y analizar su entorno. Manejo un léxico, a lo mejor, un poco más amplio que la mayoría de tanto pegarme a él. Luchaba entonces con la grama, sí que estaba segregando sudor —ni en las peleas me canso así—, empero al menos llevaba una guarda camisa. De pronto, Fung apuntó a un árbol.

—Omi, ¡frena un segundo! Quisiera mostrarte una cosa. Mira hacia allá, ¿te recuerda algo?

Feliz de tomar un minuto de descanso de la máquina, obedecí y paré. Giré la cabeza al sitio en que señalaba, el sol brillaba tan fuerte que de modo instintivo entorné los ojos colocando la palma de mi mano arriba de la vista resguardándome. Era un árbol alto y tronco robusto. Para saber qué tan viejo es uno he repasado que hay que enumerar los anillos de su corteza. De acuerdo, no soy un experto en esto si bien si no me equivoco es un árbol magnolia, ¿de qué tipo? No lo sé, aparte de eso no entendía su punto.

—Lo siento, no lo recuerdo —contesté.

Mi maestro no se mostró ofendido en nada, podría apostar que se hubiera pasmado en caso de dar una respuesta afirmativa.

—Yo planté este bonito árbol el día en que viniste al mundo. Fue mi regalo de bienvenida. Tu papá y yo lo nombrábamos árbol Omi. Pienso que cada acto importante de la vida debe celebrarse sembrando un árbol y aunque te parezca una ridiculez, puedes sacar lecciones de él. Fíjate en las marcas arraigadas en el corazón del árbol no fueron asentadas allí como una prenda de vestir que se puede poner y despojar para satisfacer el capricho de un lapso, hubo necesidad de tiempo y esmero para que creciera y llegara a ser en lo que es ahora, ¿no crees que es una alegoría visible del carácter de los humanos? Es una verdad infalible. Nosotros nos moldeamos en lo que hacemos y dejamos que nos hagan pues que somos el puro reflejo de lo que hicimos en el pasado. Sembramos cizaña para obtener malas hierbas. Sembramos un naranjo para obtener naranjas. Y este árbol, en especial, fue criado con tanto cariño al igual que tú —suspiró en tono soñador— que confío que a su momento perfecto tú traerás buenas cosas, asimismo como este árbol nos aporta a quienes custodiaron a él y a las otras personas sombra, oxígeno, bienestar y ¡deliciosas frutas!

El anciano se agachó a levantar del suelo una fruta. Yo desvié la mirada, brusco, fue uno de los escasos intervalos que anhelaba que la tierra se abriera por la mitad y que me tragara o despedazara pues que no podía contener la vergüenza. En mi conciencia había un atisbo de perturbación. No, yo no soy bueno. Y romper las ilusiones de mi abuelo... si él había creído durante este tiempo en la inmaculada conducta de su nieto ¿qué razón había para refutárselo? A la larga se acabó averiguando que estaba en lo cierto en una cosa: La vida nos devuelve lo que le damos. Mal por mal. Bien por bien. No lo pensé en seguida, en realidad en nada. Mi abuelo me enseñó tanto y yo no lo tomé en cuenta o agradecérselo. Bueno, es tarde para arrepentirse y pedir disculpas.

—¿Y qué tal te ha ido en la escuela? ¡Cuéntame! —inquirió intrigado.

—Ah... no hay demasiado que contar. El maestro de biología avisó que el siguiente trabajo práctico sería en parejas impuestas por él.

—Entiendo, ¿fue por eso que gritaste esa palabrota?

—¡No me digas que escuchaste eso! —gemí contrayendo los labios con pesar—. Perdona, supuse que nadie estaba por aquí.

—No estoy sordo, hijo mío. Acepto tus excusas —asintió él—. Descuida, hay montones de trabas en el camino al éxito, pero nada grave y tú eres un muchacho listo, sabrás apañártelas. ¿Acaso no comentaste en otra oportunidad que el profesor es flexible y aprobabas con él en todo? Oye, hace meses he querido preguntarte ¿has pensado con detenimiento a qué te vas a dedicar al graduarte? Si es una carrera te aconsejo que indagues cuándo deberás presentarte a las pruebas de la universidad.

—Son en junio, aplica a todas las áreas. Pues me sofoca serte sincero abuelo, sin embargo, ando embrollado con ese asunto. No estoy muy seguro, por una parte me llama la atención proseguir con las artes marciales, quizá implantar una escuela o afiliarme a una y enseñar, y por la otra cara me inclino hacia las ciencias sociales, derecho o estudios internacionales o estudios políticos —respondí rascándome la nuca.

—Muchacho querido, dividido entre la educación y la instrucción a la política —soltó para sí mismo.

—Extraño, ¿verdad? —culminé poniendo una mueca.

—No lo es. Podrías elegir una o todas, ¿quién dice que todas no consiguen apasionarte de igual magnitud? Mi recomendación sería que un día en que te desocupes te pongas a revisar con calma las opciones, las aptitudes y el campo. Lo que te ofrece ahora y luego. No sientas angustia porque estés indeciso, ése es el mejor estado para cualquiera. ¡En una tendrás que encajar, no lo pongo en duda!

—Gracias abuelo —murmuré entrecortado.

—De nada —sonrió aproximándose, dándome unas palmaditas en la espalda y variando de tema— ¡ah! Y por curiosidad, ¿de qué consiste el trabajo práctico que realizarás en tu clase de biología?

Mientras estábamos hablando, adentrándonos a la casa. Vi a Dojo encaramado a la ventana de mi cuarto mirando hacia abajo. Error mío dejarla entreabierta. Debo estar más pendiente cómo abandonaba mi habitación al salir. ¡De la que me salvé! Tuve a rebosar de suerte esa vez, es la pregunta más simple que me pueden hacer y alcanza a desarmarme con facilidad. Seamos honestos, el futuro, lo que hay afuera, me cohíbe. He estado de sobra acostumbrado a plantar firmemente los pies en el presente para suplir los hábitos. Pretendía no hacer nada y aguardar hasta que llegara. No obstante, es la clase de obligaciones que no puedes relegar a más tarde. Mis aspiraciones al mundo de la política no son nuevas. De niño yo sabía que cuando creciera iba a optar un cargo fundamental. Con relación al ejercicio del derecho... la observación surgió de una adivina que me leyó el porvenir y afirmó con íntegra seguridad que me graduaría de la escuela de derecho, investigué y resumamos que despertó mi interés. A lo que mi abuelo señalaba que la mejor etapa es cuando estás confundido su intención era indicar es que ese santiamén las personas más que en ninguna ocasión están enfrascadas en desenmarañar ese enredo. Lógico, ¿no?

Ella vaticinó que uno de mis mejores amigos traicionaría mi amistad en unos años y que, de ignorar sus advertencias, continuaría el recorrido de mi hermano. Hay cualidades entre los dos que coindicen, odio ser yo quien lo avale, Fung también lo dijo y agregó que dos de las diferencias que nos individualizan es que a mí la ambición no me vuelve "loco" —sí, es el término conveniente para una explicación desarrollada— ni desestimo a los demás. Chase arrinconó a los que le rodeaban y se sumió en la oscuridad, nadie estaba allí para rescatarlo. En cierto modo me da una pizca de lástima. No tuvo las mismas utilidades que yo y debido a eso está cómo tiene que estar.

El abuelo no es de cerca mejor cocinero que mi padre o yo, mas es acogedor comer con otra persona en adición de Dojo. A las siete de la noche tras trabajar en unos deberes escolares, me senté a ver televisión, a matar estas ansias de aburrimiento. El dúo más célebre, cómico y adorado jamás antes visto del gato y el ratón se apoderó de la pantalla. No soy de los que frecuenta a buscar entretenimiento en equipos eléctricos, pues no me satisface en lo mínimo, prefiero optimizar mis habilidades en artes marciales o cualquier actividad que se recree en el aire libre. Pese, estaba dispuesto a formalizar una excepción con estas caricaturas sádicas. Es súper hilarante ver como se lastiman entrambos y cada reciente intento es más rebuscado y doloroso que su antecesor, me sacan incluso lágrimas de las carcajadas. Que rememorase estas eran mis series favoritos de pequeño y ahora. De antuvión interrumpió el repique del teléfono de la sala. Participé alzando la voz que yo tomaría la llamara, para que el abuelo se quedara en el lugar que estaba.

—¿Diga?

¿Chino? ¡¿Sigues en tu casa?! A esta hora tenías que estar en la calle, ¿se te olvidó que hoy tienes un enfrentamiento? Ya el tipo está aquí y, si quieres saber, furioso.

Con disimulo, volteé a la cocina, Fung canturreaba una melodía alegre, ensimismado en lo suyo. Cubrí el auricular con la mano.

—Diablos, Tiny, ocurrió un acontecimiento imprevisto y me descuidé —mascullé—. Saldré allá en un abrir y cerrar de ojos. No volverá a suceder.

Me apresuré a trancar el teléfono y apagar la tele. Le dije a Fung que iría a estudiar, para un examen, encerrado en mi cuarto y si alguien preguntaba por mí no quería que me molestara. Esta norma se adjudicaría a él y a juzgar por las apariencias se tragó mi mentira, no protestó si no que susurró algo parecido a: Ve tranquilo. Escalé los escalones de dos en dos. Aseguré mi puerta echando el pestillo por medida de prevención. No es que desconfíe de mi abuelo, sería feo si dijera que sí, es de antemano. Da la casualidad que no marchaba a un concurso de belleza podía permanecer con esta ropa. El único accesorio adicional fueron unas vendas para proteger mis manos y muñecas. Mis manos... curtidas de numerosos combates, llenas de costras, ampolletas y sangre de mis adversarios cada noche. Mi familia no parece notarlo. Quién pronosticaría que estas manos ásperas de luchador serían hábiles, aparte de repartir puñetazos y sostener un lápiz, para acariciar y etcétera. ¡Ejem! Claro que no vacilé ahí, fui rápido. A la postre, abrí la ventana de par en par.

¿De veras vas a salir y abandonar a tu pobre abuelo inocente? Si te descubre infraganti romperás en su corazón en miles de pedazos, ¿te gustaría esa imagen? —poniendo los ojos en blanco me di la media vuelta. Dojo me miraba con reproche, batiendo la colita, desde mi cama.

—Es por una causa noble: ayudar a Tiny, el abuelo lo aprobaría —repliqué.

¡Oh sí, y yo te creo! Pero abunda un despliegue de maneras de conseguir dinero que no implican la necesidad que te partas los nudillos y lesiones a otros chicos, ¿te suena la frase "entrena para no pelear"? —insistió Dojo.

—¡¿Otros chicos?! —reí con amargura—. Yo golpeo a chicos que han golpeado a muchos otros chicos desamparados. Les doy una sopa de su propia medicina. No hace falta que lo describas así, es temporal, hasta que encuentre a Chase.

Chase, tu hermanito Chase —bufó mi lagarto cabeceando— el zutano Chase por el que metes las manos al fuego y engañas a tu abuelo y tu padre y luego te remuerde en el alma, una situación similar a la de ahora. Mira chico, sé que tu abuelo desearía que te pusieras EN VERDAD a estudiar. Déjame darte un preámbulo de lo que acontecerá: Una pelea de gallos, alcohol, apuestas, sangre, contusiones nulas, ¡policía! En serio, no merece el riesgo, ¿has imaginado pensar que pasaría si la policía interviene? —inquirió alarmado—. Con lo que te costó apaciguar a los ánimos de tu familia...

—Se lo prometí a Tiny. Nunca fallo a mi palabra.

A ellos les prometiste que te portarías bien.

—¡Suficiente! —grité—. Creo que exageras Dojo, la policía no ha tenido necesidad de aparecerse ya que no lo sabe y no acontecerá. Volveré pronto, empieza a contar los minutos que tardo. Estaré bien.

Alargué el brazo sujetando una rama de la magnolia a mi nombre, subí mi pie al alféizar de la ventana y salté, colgándome del árbol. Balanceé las piernas de atrás hacia adelante para aumentar el impulso y me lancé a tierra firme en una voltereta. Fue un aterrizaje perfecto en el que caí de pie. Fue fácil para la primera vez. Eché a correr. Claro está no organizábamos las peleas a plena vista en el que cualquiera pudiera mangonearse, habíamos pensado en los peligros y en consecuencia, invadimos un viejo almacén de textiles que quebró hace varios años cuyo sótano amplio decidimos emplear para estos fines.

De igual forma hay vigilancia, contamos con alguien que se queda en la puerta a rondar, condescendiendo el acceso a sólo personas "deseadas" (ni requiero que me escrudiñen, tengo pase de cortesía) y si albergan indicios de moros en la costa nos alerta para despejar. Ahora si la gente transborda bebidas alcohólicas de contrabando o instaura apuestas, es su problema. Bajé las escaleras de metal a mi encuentro con la pelea. Se sorprendería de la cantidad de miembros o quiénes asisten a este evento. Suele ser concurrido. A mi posición auscultaba con perfecta nitidez los rugidos hambrientos de ansias por ver sangre y bofetones. Vi de soslayo a Jermaine y Tiny, empero no me reuní con ellos. Fui sin más al centro de la arena, un hombre del público se interpuso y tuve que empujarlo para que no me estorbara.

—Llegaron a mis oídos que alguien me buscaba. Bueno, ¡aquí estoy!

¿Cabello oscuro y unos centímetros más alto? ¿Un hombre igual a otro? Cuanto antes Tiny debe revisarse con su oftalmólogo. El tipo en cuestión era un gigante, calculo al tanteo uno noventa y tres de estatura, igual que Clay podría ser, cabello negro, piel cobriza y tenía los pies más grandes que haya visto. Las venas del cuello se le hinchaban. Apretaba los puños. Dejó escapar una risilla sardónica en seguida de verme. En comparación, yo era "menudo" y liviano. El tamaño no me intimida y las burlas tampoco me humillan. Con cara de fastidio crucé los brazos bajo el pecho.

—¿Tú eres el campeón? —me acusó con su dedo pringado y regordete—. ¡¿Eres CHINO?! ¡¿Qué?! ¡¿Vas a enseñarme a hablar chino, es tu poder?! ¡Tú no intimidas! No comprendo cómo es que eres el campeón, yo creo que es porque los otros te dejaban ganar.

—¿Esto todo lo que sabes hacer: Un bocaza? —dije sin alterarme, limpiando la saliva de mi rostro. Él escupía mientras hablaba—. Cinco segundos y nada más has abierto esa enorme boca, yo pensaba que íbamos a pelear. Qué decepción. Es una pena que sea yo quien lo diga, pero sí soy el campeón y si quieres averiguar el por qué, te espero aquí… —dictaminé con aplomo poniéndome en guardia. No voy a reverenciar a este imbécil.

Decidí que él inaugurara la pelea, quería fijarme en sus movimientos y descubrir su técnica. Nomás lo que investía a mi contendiente no era su pericia o su fuerza si no su evidente falta de escrúpulos, durante diez minutos el hombre se dedicó a provocarme: me llamó mariquita, gritó todos los insultos conocidos, escupió mi cara, pateó a mi dirección arena del sótano, y mancilló a mis padres, sobre todo a mi madre. En ningún lance salí de mis casillas como él codiciaba: Cediendo a la cólera y perdiendo la concentración. Los espectadores se aburrían y abucheaban a ambos, designándonos cobardes. Yo podía resistirlo. Él no y arremetió con fiereza. Tiró un golpe a mi derecha. Lo esquivé desplazándome al sentido contrario. Repitió el mismo ataque con la otra mano y volví a sortearlo. Pegó un puñetazo a la pared cuando me agaché. Unos pedazos de concreto se desplomaron. Intentó vaciar mi aire impactando el puño a mi costado, rechacé su golpe. Echando chispas en los ojos estuvo a punto de meter sus nudillos en mi cara a excepción que lo pude evitar empujándolo. Antes que pudiera izar la pierna, lo pateé primero. Sin esperar nada a cambio contraataqué y le propiné un segundo puntapié. El matón dio contra el piso con las extremidades extendidas y la cara amoratada de la sangre que acumulaba presión en su cabeza, un coágulo prorrumpía de su nariz.

Arrugó la nariz conteniendo el ramalazo. Me lanzó una profunda mirada de odio y se puso de pie de nuevo, probó su suerte con una patada la cual me trasladé a tiempo. Golpeó tres veces seguiditas y a las tres las devolví. El cuarto porrazo rozó mi estómago. Retrocedí un paso. El aludido no tuvo muestras de piedad y me tiró otra coceadura dirigida a mi cabeza. Giré sobre mi propio eje escapando de su pataleo y rompí su raíz, derribándolo al suelo. El hombre se agarró del pecho gimiendo con rigidez, sonreí conforme apenas nuestras miradas se cruzaron. Quería que supiera que yo lo estaba disfrutando. Con torpeza se paró. Debe ser que fracturé las falanges de sus manos porque sus pies insistieron en patear, para su fortuna mis palmas detuvieron a la mitad de camino sus azotes. A una velocidad fulminante envió un codazo contra mi cara. A último segundo de que acertara huí.

Bueno, fue suficiente, te divertiste Omi. Demos por terminado este combate y no alarguemos el sufrimiento de este adefesio, quedará muy mal parado el pobre. En vano, quiso imitar una de mis acometidas cortando mi raíz con el piso, brinqué por encima y encajé mi zapato en su nariz. ¡Crack! El dulce sonido de la victoria. Todos saben que cuando se oye ese sonido es porque alguien se ha fracturado algo, diría que fue la nariz. El hombre salió volando y se derrumbó bocabajo. ¡Uf! Qué dolor, el dentista recibirá una vista mañana. Unos brazos me arrastraron fuera del área de lucha, felicitándome con palmadas en la espalda y chillando de júbilo.

—¡¿No se los dije?! ¡Este chico es asombroso! ¡Sabía que podías vencerlo! —sonrió Tiny, guardándose en los bolsillos dinero de las apuestas.

—Sí —afirmé—. Honestamente este tipo estaba muerto desde que lo vi. Ya me dije: Caerá en un dos por tres. No era rival de mis prodigiosas destrezas, tardé porque quería brindar al público un espectáculo.

—¡Vámonos a festejarlo! —sugirió Jermaine entusiasta. Todos lo aprobaron aullando más fuerte. ¡Rayos, qué bueno que no uso audífonos!

—Yo creo que no hermano. Estoy que huelo a muerto —dije alzando una axila y desviando rápido la nariz, Tiny se acercó a olerme y obtener su versión de los hechos. Yo lo aparté de un codazo— mejor voy a casa a preparar una ducha.

—¡Al diablo con eso, tienes prohibido perderte la celebración! —carcajeó Tiny alegre.

—¡CHINO CUIDADO! —rugió Jermaine.

A ver, juguemos a las adivinanzas: El hombre está apuntándome con una pistola por atrás, ¡muy sucio! Ni le di plazo para que presionara el gatillo, en un rebote volteé y descargué una enérgica patada en su patada mandándolo a volar. El arma de fuego resbaló de su mano y se fue rodando. La pateé lejos para que no la localizara.

—Eres una persona horrible, debería desfigurarte la cara para que todo el mundo observe lo feo que luces tanto adentro como por fuera, pero estoy en medio de una fiesta en mi honor.Y por cierto... el idioma es mandarín.

No me malentiendan, situaciones extremas medidas desesperadas. En esta zona me urge ser rudo. Al lado de mis amigos acudí a uno de los pocos pub nocturnos abiertos donde venden tequila, billar y uno es libre de fumar cigarrillos, comparecieron en general los espectadores que fueron a la pelea. A Tiny y Jermaine les abstrae ese juego y echarse palos y más palos a lo ancho y largo. A veces uno se emborracha. Por increíble que parezca no me gusta mucho el aguardiente. Imaginaba que cuando lo bebería degustaría un néctar exquisito, en su lugar me dejó un sabor amargo y reseco que no pude extirpar de mi lengua tras quinientos tragos de agua mineral, para disimular cogía mi bebida, la sorbo un par de veces y luego no la toco. Limitándome a practicar mí pool —este deporte en lo personal no es mi predilecto y no sé qué le ven de entretenido, yo lo juego a manera de pasar el rato con mis amigos. Ellos son fanáticos y me adiestraron a jugarlo—. Pensándolo mejor el alcohol no le hace justicia a mi organismo. Si anhelo estar en forma, eso le haría mal.

Disculpen que sea tan brutal, hay una cosa que no me explico, si pululan miles de campañas en contra del exceso del alcohol y de los cigarrillos (inclusive las drogas) cada año ¿para qué la gente reanuda produciéndolos? Y de ser así, ¿por qué se amontonan compradores?... ¿Estrés? ¿Depresión? ¿Atraer la atención? Hombre, el ser humano es por naturaleza creativo, hallarían diversas maneras de lidiar con eso. No es la única vía disponible. Respuesta: Suicidio masoquista.

—Oye chino —siseó Jermaine, era su turno. Jugábamos bola 8. Tiny estaba muy enajenado fumando para percatarse de nuestra conversación— no voltees, empero hay un tipo extraño detrás de ti.

Omitiendo la advertencia de Jermaine, me volví de reata obviando la discreción. Se trataba del mismo hombre con que tropecé previo a la pelea, retozaba solitario el pool, aislado de los demás. Era insólito que no se hubiera quitado la capucha todavía, ¿cuál era el peligro? Aquí no entraba la lluvia, ¿se escondía de alguien? En lo que cabe de la medida ordinaria reconozco a todas las caras que merodean por estos lados. A él no lo había visto y a pesar le otorgaron el acceso, ¡¿cómo lo habrá hecho?! ¿Y qué es lo que querrá? Mi amigo me haló obligándome a poner de frente.

—¡No seas cara de tabla! ¿Quieres exponerte?

—Concédeme un minuto, Jer, no me sobreprotejas... —pedí. Traje conmigo el taco hasta la mesa de billar que reservó nuestro intruso—. ¿Le molesta si me uno?

No respondió, en posición y concentrado a fondo, expulsó con el taco la bola blanca y botó contra dos. Solamente la bola violeta descendió por el agujero de la esquina izquierda, entre tanto la otra bola amarilla pegó con la banda y rodó unos centímetros de su trayectoria. Él retrocedió, dejándome espacio. Seamos suaves para no asustarlo. Me incliné sobre la recta. Barrí con la mirada, pensando acerca de mi próximo movimiento y decidí ir por una facilita. La bola blanca y la bola azul colisionaron, la fuerza de repulsión las hizo recular ejerciendo con igual intensidad. La bola azul desapareció de vista metiéndose en el agujero del flanco derecho. Le insinué a mi opositor que debía relevarme mediante un ademán. Sin subyugar a gran esfuerzo logró impeler a cuatro bolas a la par. Silbé de la admiración. Quise extraerle una conversación y todos mis intentos fracasaron. El misterioso caballero era muy callado y en exceso talentoso en el billar. Le pregunté si era ferviente a las peleas callejeras, si era su primera aparición en una, procurando ser amigable, inclusive convertí el amistoso juego en un desafío de habilidades: Quien ganara tenía que pagar cien dólares al contrario. No objetó, por lo que interpreté de buena gana mi oferta. Estaba boquiabierto (o dicho con formalidad: abatido y los ojos desenfocados de la incredulidad), sin embargo, por una gran diferencia fui derrotado.

—Bueno, vaya... una apuesta es una apuesta. Felicidades misterioso hombre.

Saqué la billetera del bolsillo trasero de mis vaqueros para pagarle cuando él se marchó de improviso, apremiante se bebió lo que le quedaba de cerveza y regresó el taco. Lo perseguí a las afueras del local. Por fortuna, no se distanció demasiado. Lo llamé con voz al cuello agitando el papel verde. Él no oyó y prosiguió andando como sin querer la cosa. Corrí para alcanzarlo con el dinero en la mano cuando comprendí que estaba alejándome más y más. En realidad no iba hacia algún lado a lo sumo.

—¡Basta! ¿Qué te propones con eso? ¡¿Quién eres tú?! —pregunté empezando a enfadarme, supongo que debí iniciar por ahí en vez de ponerme con rodeos innecesarios.

El forastero se dio la vuelta y se reveló ante mí: el cabello rojo sucio, desvaído y revuelto le caía sobre su piel apergaminada del rostro laxo y estirado, sus pómulos marcados parecían ora chupados, su labio inferior estaba partido fue la pausa en que reparé que en sí su porte estaba astroso a rajatabla, en los contornos de sus ojos negros (que no eran ni penetrantes si no apagados y carente de expresión) bajo las cuencas oscuras y profundas emergieron unas arrugas proporcionándole un aspecto mucho mayor. De no haberlo visto con mis propios ojos no habría sospechado siquiera que este era el genuino Jack Spicer, los años en la cárcel lo habían transformado en una criatura que reflejaba su actual estado decadente.

—¡Omi! —clamó Jack estrangulando un suspiro y en un tono de voz que daba la sensación que hemos sido amigos durante años abriendo los brazos—. Han pasado siglos... ¡Y mírate! —dio una palmada— eres un hombre hecho y derecho, bueno, un hombrecito ¿dieciocho o diecisiete? De niño llegabas a mis rodillas.

—¡ACÉRCATE UN PASO MÁS Y LO LAMENTARÁS, SPICER! —bramé conduciendo las manos a la altura de la cara. Listo para luchar.

—Tranquilízate, mi querido muchacho. No he venido a pelear contigo —explicó Jack en un deje de calma acompañado a un ademán—. Me halaga que me recuerdes después de 7 años. Aunque no como yo quisiera. No estoy resentido por ello, al contrario estás en tu completo derecho de despreciarme, fui un horrible hombre en el pasado ¡espantosamente horrible! —declaró metiéndose el puño a la boca reprimiendo un gimoteo.

—¿Quieres decir que no vienes a reclamar tu venganza? —indagué suspicaz.

—¿Venganza? ¡Oh no, ni pronuncies esa palabra tan pavorosa! Eso lo haría el antiguo Jack, el que atrapaste y encerraste en la prisión. Aquél hombre alevoso e impúdico. En cautiverio he tenido tiempo de reflexionar lo que he sido en el pasado y cuando veo todo lo que hice a fin de lastimar a la pobre Kimiko, a ti y a tantas personas inocentes, cuán equivocado estaba, me avergüenzo ¡no tengo perdón de Dios ni de nadie!

—¡Qué mentiroso eres Spicer! No vas a engañarme —dije con frialdad—. Porque si no mal me acuerdo habías usado ese truco antes, dijiste que te arrepentías de tus malos actos y a los meses consecutivos trataste de quemar vivos a Kimiko y Raimundo.

Su rostro se contorsionó, sus manos y mandíbula temblaban fuera de control. De improviso, sus ojos brillaban de la humedad en la penumbra. Simulaba a punto de llorar.

—¡Lo sé! ¡Lo sé! ¡Me sentenciaron a causa de eso! —chilló él a la desesperada agarrándose de la cabeza— por más que me esfuerzo no borro ese monstruosidad de mi mente. Se queda soldado ahí. Está bien admito que allí sí fue un engaño, pero hoy es diferente ¡he rectificado! ¡De veras! Y si vas a juzgarme que sea por lo que soy en este momento y no por quien fui antaño. Concédeme un favor y óyeme, no tiene sentido que vaya a disculparme con Kimiko. Por el bien de ambos que yo permanezca alejado es la solución. En cambio, ¡a ti sí te puedo compensar!

—¡Yo no quiero nada que ver contigo, alimaña!

Jack se echó hacia adelante arrojándose sobre el ruedo de mi pantalón. Lo miré con asco y tiré de la prenda para soltarla de la presa del ex convicto.

—Tú no concibes ni una pequeña idea de lo que he sufrido estos últimos años —dijo Spicer agudizando el timbre de sus cuerdas vocales, era peligroso cuando hablaba en esa vibración. Así frecuentaba platicar "el viejo Jack"—. Te juro por lo que tú quieras que sí me reformé, sólo quiero hacer el bien a partir de ahora...

—¡No me toques maldito!

—¡TU MADRE! —rugió él en conjunto. Me paralicé entonces, mi cuerpo no manifestaba a ningún estímulo luego de escucharlo—, no pude evitar enterarme de la noticia en mi estadía en la penitenciaría. Yo lo ignoraba. Mí sentido pésame —helado y sin separar los labios, no me sacudí ni tercié—. Sabes, puedo ayudarte a encontrar el asesino de tu madre y a dar con las respuestas de tus dudas, mi apoyo sería valiosísimo, es lo que ansías ¿no?

Es una oferta tentadora. Si llegó a tener conocimientos de mi situación es porque conoce a gente involucrada o que trabajó con los Lao Meng. Me preguntaba de qué forma surgió ese diálogo. Bien que eso no expresaba que olvidaría lo hecho por Jack y accedería a colaborar juntos. Y ya tenía una pista: Salvador Cumo. Debía ubicarlo. Manteniendo ese pensamiento:

—Tentador, pero no gracias. Sabré arreglármelas.

—Lo presagié —confirmó dolido, levantándose lentamente—. Entiendo tu punto de vista y lo respeto. Pero por si cambias de opinión, sabes donde contactarme.

Acto seguido, él caminó a la lobreguez de la noche dando traspiés.


N/A: Por fin ha llegado miércoles, el día de la semana favorita de todos porque hay una actualización de Las dos caras del destino. ¡Llegamos al final del cuarto capítulo mis amores! Pasemos a las acotaciones de este episodio. El título es alusión a que Jack y Omi se encuentran cara a cara enfrentándose, en oposición al título del capítulo diez de Quiero ser escritora, Golpe a golpe, yo argumento y tú me contradices, tú sugieres algo y yo lo refuto.Bueno, ¿qué opinan? ¿Ustedes creen que él es un nuevo hombre o pura actuación? ¿se esperaban un arrepentimiento o apostaban por la venganza? Me inspiré en "Good Jack" para escribir sus líneas ¿saben? Quizás veamos a lo mejor más de Good Jack a lo largo de esta historia, pues yo no sé qué tan pulidas están sus habilidades en el pool, imagino que buenas porque no requiere gran esfuerzo físico como otro deporte. Como empezamos de atrás hacia adelante, vamos a otro de los aspectos destacados: ¿Omi se volvió loco? ¿la historia está clasificada como fantasía? ¿Por qué de repente él estaba hablando con Dojo? Si en Quiero ser escritora parecía un lagarto común y corriente. No, los géneros son romance, acción, drama y espiritual. No hay nada fantasioso o sobrenaturalismo. Y Omi no está loco. Carezco de cualidad jurídica para decírselos, voy a dejar que ustedes adivinen lo de Dojo o mejor, lo interpreten. Es posible que no se percaten ahora mismo qué pasó y precisan revisar varios episodios antes de tener una respuesta. Si estoy de buen humor más adelante haría el intento de dar a conocer mi hipótesis...

Francamente, yo estoy cansada de los estereotipos a los que nos han acostumbrado las telenovelas latinoamericanas y las películas estadounidenses, y antes que me critiquen o me llamen discriminadora u homofóbica o lo que sea, dije que Laura está inspirada en una persona de la vida real y esta persona es bisexual, me consta porque lo sé. No son invenciones. Y por lo común representan a los "no heterosexuales" en las historias heterosexuales con el papel del mejor amigo del o la protagonista o del cómico y en las historias homosexuales los heterosexuales somos los malos (de lo poco que he visto de historias slash). No quiero decir que todos los que tienen otra tendencia son malos. Es mentira. Son tan personas como los heterosexuales y sienten lo mismo diría yo, ¿por qué no darles un papel distinto? Y Laura es todo un personaje de novelas. Si se siente ofendido, no tengo problema porque abandone la lectura. Si no y comparte mi criterio, adelante amig . Lo aclaro porque de diez lectores uno es un Chavo del 8 que hay que explicarle punto por punto, igual que en la escuelita. Y sí, es absurdo que asuman algo cuando no saben ni de qué habla (juzgar a Megan de que sea lesbiana porque no ha tenido novio jamás en la vida o no se le ha visto), pero sucede y más con estas cosas de la sexualidad. Siempre he insistido: Hay que romper el tabú.

En Quiero ser escritora me hubiera gustado tantear esa vena sabia del maestro Fung, aconsejando a Kim con sus frases típicas de la serie, sin embargo, no me fue posible ya que ella no pasaba mucho tiempo con él si no con su adorable nietecito. Aquí yo creo que sí se logrará por el vínculo familiar entre Omi y su abuelito, además de que va a ser fundamental las lecciones y la presencia de Fung mientras se entreteje esta historia. Durante la misma Omi estará en medio de dos caminos, envuelto en decisiones. Fung ejercerá una influencia para que se incline en uno de esos caminos. Por supuesto para bien. Ese cuento del árbol me gustó mucho, sacado del popular refrán "cosechamos lo que sembramos", pienso que abarca gran parte de la reflexión que trae esta historia y me pareció bueno incluirla a comienzos. En desarrollo veremos y estudiaremos a otras "filosofías". Ya que esta historia está narrada en pasado o en términos técnicos para un análisis, ruptura del plano temporal, aprovecho para saltar a través del tiempo, o sea que Omi narra desde el presente su pasado de tal modo que simultáneamente que ustedes van conociendo su historia él medita, analizando sus acciones pretéritas y de vez en cuando realizando sus comentarios personales. Lo admito, me inspiré en la novela argentina de Sábato, El túnel, extraordinario trabajo que hizo ese hombre. La diferencia es que Omi habla a mitad de la historia. No a partir del final. Quizá cuando lleguemos a donde "está en la actualidad" leamos todo en tiempo presente. Entonces sería en vez de decir: Él preguntó él pregunta.

Una de las cualidades que me gustan de Omi es que es muy sincero y abierto, dice lo que piensa sin escrúpulos, ¿qué más puedo decir? Es divertidísimo escribir personajes arrogantes jajajaja Se los quería confesar antes que se me olvidara, no se despeluquen mis malvaviscos asados por el romance, todo a su debido tiempo. Está demás señalar que a mí me gusta el desarrollo de las cosas, por eso lento. Si vamos rápido nos vamos a estrellar y habrá meollos de por medio que no habrá quien lo entienda. En fin eso ha sido todo por hoy. Escríbanme lo que piensan, a lo mejor respondiendo las preguntas que hice al principio o algún comentario que quieran hacer que llamó su atención. Es válido. Yo estaré aguardando con ansias leer sus comentarios. Muchísimas gracias por leerme, malvaviscos asados. Se les quiere y se les respeta, nos leemos en el próximo capítulo de Las dos caras del destino. ¡Cuídense!

Mensaje para Isabel: ¡Saludos! ¡Felicitaciones, primer comentario! Pues yo hasta este momento estaba un poco alicaída, pero tu comentario me animó :) En efecto, Megan es una chica de armas tomar. Yo prefiero a las protagonistas con carácter. A mí lo que me gustó fue cuando Megan se devolvió a pisarle el pie al chico skater jajaja Fue muy gracioso. Pues estate pendiente porque el tema de los chicos skaters no acaba allí. Es cierto, Jack tiene más sentido que sea estadounidense, pero aquí tienes la sorpresa que fue la bomba de este capítulo: Jack no quiere vengarse si no ayudar a Omi, ¿qué tal, eh? ¡A qué no te lo esperabas! ¿Crees que miente? ¿y qué es parte de un plan maligno? Da para pensar mucho, es cierto cuando Jack era malo era un desquiciado, se nublaba por sus deseos de venganza para empeorar las cosas y digamos que su memoria no es tan mala. Pues sí, You're my spring es hermosa, toda historia romántica necesita una canción, aunque sea una, que sea lenta para los momentos de amor y ternura. Tocante a Me against to world, tú lo has dicho exactamente (el odio deriva de la envidia) y es su letra, además de su ritmo, lo que me encantó de la canción. Es de perseverancia. ¿Una actriz para Megan? ¿te refieres en versión niña o adolescente como ahora para este fic? Sí es niña, en caso de hacer una película de acción real para Duelo Xiaolin, yo propongo a Maddie Zigler, tiene el mismo color de pelo, los ojos claros y la estatura, ¿y tú? ¡Oh muchísimas gracias por tus buenos deseos, leer y en especial comentar, me alegra el día! ¡Tú también ten una hermosa semana, Isabel! ¡Nos leemos en la próxima actualización!