Disclaimer: Los personajes de Fire Emblem Fates no son de mi pertenencia.
Leo realmente no sabía como había llegado a esa situación que tan sólo miraba el objeto que había comprado no hace mucho en la ciudadela con un poco de su dinero ahorrado, y un poco más prestado por su hermano mayor a base de una mentira; Un pequeño objeto circular y dorado con un brillo excepcional con el que toda mujer soñó alguna vez en su vida enamorada o no.
Había acudido a la gran biblioteca para leer un poco y calmar sus ideas, pero simplemente pensó en qué le diría cuando la encontrase y más que nada, si le diría o no la situación.
-…
Allí se mantuvo, fuera de la biblioteca al descubrir que no lograría nada encerrado.
Y fue en ese momento que Corrin se le acercó, curiosa y preocupada al semblante.
- ¿Qué pasa, Leo? – Le preguntó – Luces triste
- Ahora no, Corrin – Habló seriamente con ese semblante
- ¿Cuál es el problema? – Siguió preguntando mirándole al rostro directamente – Te conozco, Leo. No puedes esconderlo de mí. Vamos, dime qué te molesta
- ¿Podrías por favor dejarme sólo un momento? – Suspiró de su insistencia
- No quieres decir ahora, ¿Verdad?
- Lo siento, pero eres la última persona que quiero que me vea así
Entonces, rió levemente a la respuesta.
- No seas tonto – Sonrió – Estar triste no es nada para avergonzarse
- No entiendes – Cerró los ojos ligeramente molesto – Sólo… vete
- ¿De verdad no hay nada en qué pueda ayudarte? ¿Nada?
Leo simplemente guardó silencio, esperando ser comprendido.
- Muy bien – Torció la boca resignada de lograr algo con su hermano menor – Si no me quieres cerca, te dejaré solo con tu problema. Sólo recuerda que estoy aquí para ti. Si necesitas algo, por favor, házmelo saber.
Y fue cuando la vio marcharse, cuando se decidió encarar las cosas de una buena vez. Si no era ahora, seguiría con ese sentimiento que le pesaba en el pecho y sería demasiado tarde cuando se librase de él.
La llamó y Corrin obedeció.
- Perdóname, Corrin – Comenzó de nueva cuenta – Quizás puedes ayudarme después de todo. ¿Me escucharás?
- Pensé que nunca preguntarías – Sonrió
- Tengo un problema y para mi vida, no puedo encontrar una solución.
Entonces, fingió un poco de espanto, aunque era más una sorpresa que otra emoción.
- ¡¿Algo que el gran Leo no pueda solucionar?! ¿Qué podría ser?
- Quiero verdaderamente algo, pero no sé como obtenerlo – Frunció el ceño angustiado – Esto nunca había pasado. Nunca había tenido un problema que no pudiera solucionar. Sé que sería tonto actuar sin un plan adecuado. Y aún, no sé cuánto podría mantenerlo dentro de mí.
- Leo – Comenzó después de escucharle atenta – Si significa mucho para ti, tienes que ir por ello. ¿Qué es eso que quieres?
- Quizá, esto haga las cosas más claras
Corrin se mantuvo curiosa cuando le vio abrir la mano derecha, mostrando un objeto de, no gran valor material, sino, de valor sentimental.
- Espera… - Expresó viendo cómo se lo mostraba - ¡Esto es un anillo!
- Entusiasta como siempre – Siguió con el tono normal en rostro y voz – Sin embargo, como se puede conjeturar, no es un simple anillo. Ese es un anillo para dárselo a esa persona especial con quien hagas voto de amor para la eternidad.
Corrin no sabía si ese anillo lo había comprado para alguien del ejército en especial, o para… ella…
- Cuando compré este anillo para ti, por primera vez en mi vida, me sentí… Feliz – Sonrió sincero – Pura felicidad, todo había tomado sentido en mi vida… He estado batallando con estas emociones desde la primera vez que supe que no estábamos relacionados sanguíneamente. Pero como he dicho, no puedo sostenerlo más tiempo.
Rápidamente, el color en sus mejillas aumentaron y las palabras de su boca tardaron en salir.
- No quieres decir…
- Querida Corrin… Parece que he caído perdidamente enamorado de ti
No sabía hacia dónde mirar o qué decir cuándo le vio arrodillarse.
- ¿Me harías el honor de aceptar este anillo?
Y debía de admitir lo que sentía.
- ¡Leo! No sé qué decir…
- Lo sé, es sólo que… Eres todo lo que pienso. Te amo. ¡Estoy en agonía!
Corrin calló y Leo temió lo peor. Se levantó, guardando toda la dignidad que le sobraba dispuesto a disculparse, marcharse y procurar que las cosas con hermana retomaran el curso.
- Lo siento… Sé que probablemente es la última cosa que escucharías de mí. Pero ahora que está, debo saber… ¿Sientes lo mismo?
- Leo… - Sonrió – Gracias. Felizmente, acepto este hermoso anillo
Y ahora, la vergüenza y sorpresa se posaron en el rostro del menor.
- ¡¿E-En serio?!
- Sí. Me siento igual que tú – Confesó – Estos sentimientos son inesperados, y además, hermosos… Me alegro de que hayas dicho algo. No creo haber tenido el mismo coraje que tú. Ya sé que me falta mucho por aprender, pero prometo, ¡Darlo todo por ti! No quiero nada más que se digna de tu amor.
- Tú eres perfectamente esplendida como eres, Corrin – Sonrió colocando el anillo en el dedo correspondiente – Juntos, estoy seguro que continuaremos creciendo como guerreros y como personas.
- ¡Espero que sí! – Rió
Leo pudo perder mucho ese día, pero al contrario, ganó más de lo que esperaba.
- Gracias por tu mano, Corrin. Juro dedicar mi vida a tu felicidad
- Oh, Leo… Prometo lo mismo
Para Leo, había sido el mejor día de su vida.
"He escondido mis sentimientos por mucho tiempo. No puedo creer que te sientas de la misma forma después de todo.
Quédate conmigo siempre".
