Advertencias: AU. Y por este capítulo ninguna, en el futuro quien sabe xD
Desclaimer: Sherlock es de Watson y Watson de Sherlock segun el dorado testamento de Sir Arthur Conan Doyle, pero la BBC es una malagradecida y no los pone juntos por envidiosa TT_TT
Basado en:
"radioactive, Imaginen dragons" y levemente "August: el triunfo de un sueño"
.Música radioactiva.
Capítulo 3
Que se haga ceniza y se pierda en el viento
— ¡Sherlock! — gritaba él, pataleando, luchando, aun cuando sabía que tenía las de perder. Pero es que simplemente no quería perder. Perderlo. — ¡Sherlock!
Los gritos de un inocente niño era lo que escuchaba, un niño que también estaba peleando por ser libre. Pero tal cosa profana no existía, no se tenía que ser un sabio para encontrarle propósito. Un objetivo ni un incisivo. Todo era como era y así se quedaría.
— Sherlock… — sintió como soltaron su cuerpo, y por su debilidad ya demostrada, se dejó caer en el césped recién rociado por la noche… todo se perdió para él, el mundo se mostraba como era frente a sus ojos.
— ¿Mycroft? — la voz masculina a su lado le hizo despertarse de su mutismo.
Para el pelirrojo siempre era así, se perdía cuando sus memorias ganaban la batalla contra su razonamiento y lo ponían en una especie de shok. Pues si bien era un problema, el saberse camuflajeado por un libro sobre su nariz fingiendo "concentración", todo estaba bien.
Más que bien.
Despego la mirada de su texto y poso su vista en su compañero, y porque no, "amigo" de la universidad. Henry era amigo de la familia, hijo de un miembro de parlamento, castaño de ojos verdes y se conocían desde niños por las funciones sociales en las que participaban. Coincidieron en la facultad de ciencias políticas y a veces se tomaban un respiro
— Perdona Henry, ¿decías? — con su estilizada elegancia cambio de pagina mientras veía como su amigo revoloteaba la mirada discreto.
— Que nos vemos a las 8, ¿verdad? Para la tocada del amigo de Sebastián. — ante su sonrisa emocionada y la ceja altiva del pelirrojo, el cerebro de este último trabajo al cien. Sebastián, amigo de Henry + Sebastián amigo de una banda = noche de banda amateur, desesperante y aburrida música.
No es que no gozase de una buena interpretación, pero normalmente los jóvenes músicos universitarios o bachiller, eran un asco para él. Sin afinaciones, pasiones o proezas, repitiendo lo mismo que las demás por popularidad desviándose de un camino que comenzaron pero que se cayeron a un barranco de vacío. Ver eso era más deprimente que ver su vida, y eso, ya era pasarse de mártir.
Y sin contar también el otro motivo por el cual debía evitar a toda costa el tener que pararse en esa susodicha fiesta.
Exhalo con fingido arrepentimiento y paso a otra página. De pronto ese libro se le estaba haciendo totalmente aburrido.
— Lo siento Henry, no se podrá. — Mycroft siguió leyendo a su velocidad innata, rogando porque fuese uno de esos caprichos de los que su amigo no se aferraba y no hacia rabieta. La única forma de que Henry ocupase un lugar como "amigo" en su vacía red social, era porque a pesar de ser heredero multimillonario usaba el cerebro, pero como cualquier niño nacido en cuna de oro, sus berrinches eran magistrales.
— ¡Oh ni creas que lo harás esta vez Holmes! ¡Me lo prometiste! — ahí estaba el berrinche. Mirada entrecerrada y fija en su persona, labios fruncidos y dientes apretados con la nariz levemente arrugada. Mycroft podía irse despidiendo de su paz en la biblioteca y que Lady Turner los saque a patadas por el escándalo.
El parloteo de Henry comenzó a surgir con "mal amigo, vil ser humano, traidor" pero por suerte algo lo detuvo y ese fue el sonido de su propio celular avisando de mensaje reciente, con gracia el pelirrojo miro el registro numérico y su tensión se volvió palpable
Contacto: John W.
Emergencia, Sherlock tiene una crisis. Corre.
Así como llego el terror se fue, sin dejar rastro en sus facciones que lo delataran. Envió un mensaje a su chofer y bloqueo el móvil, poniéndose de pie y tomando sus cosas con la actitud pasiva que lo caracterizaba
— Jamás falto a mi palabra amigo mío, por eso solo asegure que iba a pensarlo. — Henry le hizo la cara de "no me vengas con eso" a lo que solo respondió con una sonrisa de "yo soy una inocente palomilla blanca"
El pelirrojo torció su sonrisa y paso de largo su sitio, dejando al castaño sin nada con que replicarle o exigirle su presencia en esa reunión. No sabía que por la mente de Mycroft pasaban mil escenarios y cada uno de ellos catastróficos para con su hermanito y que no tenía tiempo ni interés en embriagarse como los de su generación. Ni que apenas atravesando esa puerta y perdiéndose de su campo de visión, echaría a correr lo que sus piernas largas le permitiesen
— Implícito: iras conmigo. — Henry alzo la voz lo suficientemente alto para que el pelirrojo lo escuchase
— Realista: te deseo una agradable noche. — se despidió Mycroft sin tomarse la molestia de voltearse.
¿Qué habrá hecho quebrar a Sherlock? ¿Otra novia de Watson? Pero si estas ni le duran por culpa del mismo personaje que siempre le aurina las relaciones desde la primera cita, y nunca reacciono sobre el limite normal de "provocar un drama". ¿Habrá tenido otra "pesadilla"? ¿Watson se iba del planeta? ¡¿Qué demonios pasaba?!
Miles y miles de preguntas que no se dejaban responder ante su frustrada mente. Si bien es cierto que con la presencia de ese estudiante clínico la vida de su hermano mejoro, y hasta la suya propia también, aún estaba resentido con esa relación indefinida.
Siempre verías al rubio en la habitación del moreno en horas de trabajo o descansó, se comunicaban entre miradas y gestos cuando su hermanito no tenía ganas de hablar o había más gente de improviso, pero era una conexión tan poderosa e inquebrantable que hasta a la pareja más enamorada del planeta le daría envidia.
Él tenía envidia.
No solo por el hecho de que un extraño logro que su hermanito hablara más allá de gritos de rabia, y aunque Mycroft tuviera los pocos recuerdos hermosos de Sherlock, estaba seguro que Watson ha comenzado a almacenar cientos y cientos de ellos sin saber lo preciados que eran. Sin merecerlos o darse cuenta que ya los tenia de todos modos. Pero no era eso su motivo de envidia, sino el hecho de que su hermano ya había visto los hermosos colores de la vida al lado del estudiante y él aún seguía contemplando la oscuridad.
A excepción del sujeto de hace una semana, claro.
Mycroft sacudió su cabeza con ligereza mientras bajaba de dos en dos las escaleras. No era momento de perderse en más tonterías.
— Señor. — su chofer ya le tenía la puerta abierta para cuando llego con él
— Al Barts. Rápido. — ordeno sin siquiera mirarlo, con rapidez adentrándose al auto negro y su lacayo obedeciendo.
Su chofer de joven le sirvió antes a su padre y en su herencia paso sus servicios a Mycroft, muy a pesar del catatónico Sherrinford, quien quería poner a uno de sus perros falderos para poder seguir controlándolo. Por lo menos podía confiar en que el hombre mayor no le diría a su hermano mayor que pasó algo tan grave como para verse obligado a ir a visitar a su hermanito dos veces más de lo permitido.
O salir más de una vez a la semana con Henry, y debía ser durante el día porque tendría que soportar el sermón del mayor si osaba llegar tarde, y solo debía ser a eventos de alcurnia o en compañía de gente rica, sin mencionar que un solo escándalo que manchara el nombre de la prole Holmes le vendría con un castigo aun medieval.
Sherrinford se tomaba muchas molestias para mantenerlo al margen de todo y a Sherlock lo dio por muerto años atrás, y solo porque Mycroft supo cómo mover sus cartas a favor de su tonta madre y llenarse de buenos halagos por parte de toda la gente de casta privilegiada, no le hubiera ido tan diferente.
Después de todo, no es como si alguien lo echase de menos. Bueno, tal vez a excepción de…
Contacto: Molestia G.L.
¿Sí vas a ir?
Él, a punto de un mini infarto esperando un mensaje con la noticia del suicidio de Sherlock, pero en vez de la defunción de su hermano, es el miserable ser que no lo dejo de joder desde hace ya una semana. ¡Una semana entera de sus tonterías! ¿Cómo consiguió su número pri-va-do? Ni la menor idea. Sin contar con que es el tipo amigo de Sebastián, cuya banda tocaría esa noche y a la que Henry estaba dando lata con ir.
Por supuesto que no iría. Y tampoco contestaría, no era el momento ni tenía por qué….
Respuesta:
No. – MH.
Su cuerpo era un traidor de su racionamiento. Sí, solo por eso había contestado tan infantil mensajito.
Contacto: Molestia G.L
¡¿Es que te lo tengo que pedir de rodillas?! ;-;
Si ignoraba el hecho de que no quería estar rodeado de gente subnormal, que se ganaría una discusión con la cabeza de la familia, que debía de cuidarse de las babosadas de un Henry ebrio, que su hermano tarado tuvo una crisis, y más el hecho de su propio dilema interno entre sentirse feliz o acosado por ese fenómeno brillante que toda la semana pareció como su molesto mosquito personal; aparte, sería justo la persona que estaría tocando con su intento de banda neófita condenada a la última base de la cadena alimenticia, solo entonces podemos decir que sí aceptaría la invitación a la fiesta si tuviera a ese ojinegro si se lo propone de rodillas.
No fue sarcasmo, fue sinceridad en su máxima expresión
Respuesta:
Sí – MH.
No acaba de mandar ese mensaje, ¿verdad? Por si las dudas reviso la pantallita del móvil negro, cerrando los ojos con fuerza al darse cuenta que solo le dio más cuerda al mono de feria. No se dio cuenta de que el chofer lo miraba como si fuese un marciano desde el retrovisor.
Contacto: Molestia G.L
¿Tú lo único que quieres es tenerme de cuclillas frente a ti, cierto?
¡Maldito hijo de…!
Mycroft rechino los dientes y no evito pegarse la palma en la frente, en un intento desesperado de obtener una respuesta divina ante su duda universal: ¿por qué dejaban que existieran tipos así? ¿Por qué a él? ¿Es que si existía la vida pasada, él había sido Jack el destripador para merecer tal castigo? ¿Rodearse de idiotas? ¡¿En serio?!
Sí hay algo de lo que su mosquito personal podía darse a presumir, era su gran creatividad y la agudeza para hallarle el doble sentido a las cosas. Pero él también fue estúpido, por no ponerse a pensar en sus palabras, o tal vez, por cometer la tontería de no demandarlo por acoso desde el primer día.
No se daba cuenta de que su chofer se estaba asustando.
Respuesta:
Eres un animal. – MH.
Contacto: Molestia G.L
Es parte de mi encanto ;)
Ya en serio, por favor, ven a verme.
"…Ven a verme." Mycroft se preguntaba si era natural sentir su estómago encogerse y al mismo tiempo una desesperación por no querer ese encogimiento emocional al ser derribado por alguien sin importancia.
Porque Gregory Lestrade era alguien sin importancia, un ciudadano de clase media apenas aferrándose a esa clasificación que provenía de una familia juzgando por lo que observó la segunda vez que se lo encontró en la universidad. El pelirrojo solo quería volver a tocar aprovechando que su hermano se enfrasco en una junta de suma importancia en Corea y no volvería hasta el día siguiente, pero resulto que el sujeto que lo deslumbro por un reflejo de la luz del sol, o eso se estuvo repitiendo hasta el cansancio la noche del primer encuentro, teoría que se vino abajo cuando en el teatro oscuro volvió a brillar.
Pero eso era lo que hizo a Gregory Lestrade en alguien sin importancia mundial, pero muy importante para él. No de forma sentimental, por supuesto que no, más bien en ánimos de curiosidad insana; ha sido el primer ser humano que no era gris, negro ni nada oscuro. Era el primer humano cuya sonrisa y ojos ónix podía descifrar y no encontrar nada más allá que luz.
La pregunta era, por qué.
— Señor, llegamos. — el hombre mayor tras el volante lo saco de sus pensamientos y volviéndolo a la realidad, cayendo en la cuenta de que se había olvidado por completo el asunto de Sherlock.
Qué vergüenza, ¡se olvidó de su hermano por un ser inferior como Gregory-mosquito-molesto-Lestrade! Y tomando en cuenta el brillo inquisitivo en los ojos del hombre de negro, el pelirrojo tuvo que abofetearse cien veces mentalmente por dejarse al descubierto en campo de batalla.
¡Pero era culpa de aquel mosquito!
Bajo los pies a la tierra figurativa y literalmente, cerrando la puerta para que su conductor fuera a buscar algún lugar parar esperarlo y se dio la vuelta con largas zancadas para entrar tras la puerta de cristal. La misma rubia de esa mañana seguía ahí y él se limitó a indicarle a donde se dirigía, ella por supuesto se asustó e intento detenerlo pues la hora de visitas ya había terminado, pero no lo alcanzo para cuando ya estaba en el ascensor y subiendo. Después le pediría disculpas a la doctora Sawyer, si es que su equipo de enfermeras no había… un minuto, si su hermano tuvo una crisis, ¿Por qué no lo llamo Sawyer en vez de un mensaje de John?
¡Maldito hijo de…!
Y por tercera vez en el día, nombro a la madre de alguien más. En este caso, también fue a la suya propia.
Con la misma prisa pero ahora por diferente objetivo, salió del ascensor ignorando todas las miradas sobre él, pero no se dio a la molestia de mirarlos como las cucarachas que eran, pues tenía que ir a cometer un asesinato.
Entro a la habitación más lejana de la estación de enfermeras del piso psiquiátrico y sin preguntar la abrió, casi doblando la manija por la fuerza ejercida.
— ¡Sherlock! — nombro con acusación y en voz alta, solo para observar como el susodicho levanto la mirada del tablero de monopolio, con descaro de mirarle con reproche
— Tardaste demasiado, ¿no entendiste que era una emergencia? — la voz de Sherlock siempre le fue un misterio hasta los doce años, cuando le pidió que enterrara a Barba Roja en otro lado que no fuese el jardín de la mansión, y casi llora de emoción, deseando que el morenito de bucles rebeldes siempre parloteara.
Ahora quería comenzar a experimentar cien formas de callarlo eternamente.
Sin dejar de fulminar al joven moreno dejo salir al aire de sus pulmones, cerró la puerta a sus espaldas y se dio cuenta que la mochila aun colgaba cruzada la tira por su pecho. Volvió a tomar aire y dejo lo innecesario sobre la cama de su hermano.
— Respiras, por lo menos. — si es que eso era un consuelo, no lo sentía como tal.
Se sentó frente a él y tomo los dados para avanzar, Sherlock hizo un mohín porque en su mente era él quien seguía para tirarlos sobre el tablero, pero el pelirrojo hizo de sus anchas y movió el monito que ya lo estaba esperando en la ciudad de compras. Como inteligentes que eran, ya podían predecir los movimientos del otro y crear evasivas y ataques, y siendo ellos competitivos, las cosas no eran aburridas como con cualquier otra persona.
Sherlock tenía la ciudad de Londres en sus manos, juego sucio pues sabía que a Mycroft le encantaba tenerla bajo su poder. Pero el pelirrojo tenia los siete mares, queriendo llegar a un acuerdo por el poder de todo pirata por sobre el gobierno británico. Miradas furtivas, entrecerradas y de odio era a lo que se limitaban, pues el mantenerse a los ojos directamente los planes de ambos se irían al traste, siendo capaces de leerse a la perfección, sus tácticas valdrían cero si eso llegase a ocurrir.
Seis movimiento dictaba el gran-dado-dictador y Mycroft estuvo a punto de caer en tierras prohibidas, Sherlock controlo su frustración aunque era claro para su contrincante, pero si lograba tomar España que estaba a trece movimientos, las posibilidades de negociar un intercambio de dinero por los mares cuando Mycroft callera en el tercer movimiento de veinticuatro, el porcentaje era 76% de efectividad. Pero si a su hermano mayor le salían menos de quince en veinte movimientos, Oriente seria por completo suyo y Sherlock tendría que ceder alguna de sus propiedades… decisiones, decisiones…
¿Decisiones? ¡Oh! Es verdad. Sería un movimiento sucio pero, Sherlock no temía ensuciarse las manos.
— Quiero salir de aquí e ir al instinto y luego la universidad. — con la mirada sobre el mayor, precisa e insistente, este dejo tirar los dados por la sorpresa y ¡bingo! El monito de Mycroft solo avanzaría siete y sobre una de sus propiedades.
Mientras el menor festejaba, Mycroft no nuevo evitar mirarlo con el ceño fruncido.
— ¿Qué? — demando el pelirrojo y el moreno solo parpadeo exasperado. Sherlock odiaba que repitieran las cosas, Mycroft odiaba las bromas de mal gusto si él no las hacía para herir a alguien. Se olvidó por completo del juego y erguido sobre el sofá, miro a su hermano con insistencia — Perdón, simplemente no me creo lo que dices.
— No me importa. Sácame y matricúlame. Lo haría yo pero no tengo mis papeles. — hablo tan rápido y seguro, volviendo a tomar los dados como si el tema fuese sobre el clima — Ah, tampoco quiero volver a la Mansión. Busca otro lugar.
¿Instituto? ¿Universidad? ¿Sacarlo y meterlo en otro lado? ¡¿Pero quién coños se venía a creer, el príncipe William?! ¡¿Qué él era alguien que podía solucionarle todos sus problemas?! Valentía no era lo que le faltaba a su hermanito, ¡era el racionamiento lógico!
Sherlock tiene cargos penales, aun si pasara el instituto, ¿Qué universidad lo aceptaría con todos sus problemas? Además de que la familia jamás lo permitiría, Sherrinford jamás aceptaría que Sherlock volviera a la "vida" y se las ensañaría con el pequeño hasta volverlo a dejar en la miseria. No podía permitir que su hermano mayor volviera a posar sus ojos en el pequeño; lo lastimaría, lo rompería y esta vez nada ni nadie lograría que Sherlock regrese. Como aquel día…
Sherlock tenía derecho a vivir y tenía planes para él. Mycroft se graduaría y se conseguiría un trabajo, sacaría a su hermano del hospital y lo mantendría a salvo donde él quisiera y hasta con el mismo John Watson. Lejos de las garras de Holmes mayor, pero para eso necesitaba tiempo. No era un plan sencillo, no podía arriesgarse a un mínimo error como lo era el capricho del moreno.
— Sherlock, no puedo inscribirte nada más porque sí, sí solo cubres el nivel básico de primaria y secundaria. — comenzó a discutir esa idea, aunque la cara de "no seas idiota" que le daba su hermanito, estaba claro que no sería fácil y el pelirrojo pedía toda paciencia posible — Legalmente. Además, tú y yo teníamos un acuerdo.
— Nimiedades. Solo hazlo para que pueda entrar a la universidad este año. — no sería fácil convencerlo. De hecho, estaba seguro que no lo lograría, pero los intentos serían los últimos que fallarían a toda costa de parar el berrinche.
Sherlock jamás le ha pedido sacarlo de ahí, es más, él mismo escogió el hospital y ahí quiso quedarse sin rechistar en algún momento. Entonces, la necesidad de salir con esa prisa demostrada en sus escurridizos brillantes ojos no era apuración y algo que no debía apurarle a él. Más bien, reconocía emoción. ¡Emoción!
— ¿Por qué salir ahora? ¿Por qué no antes? — debía saberlo, aunque la respuesta ya la supiera y le doliera por un lado, por el otro solo quería que su hermano lo admitirá y saberse satisfecho con los pros y los contra de la descabellada idea. Pero Sherlock era un niño que no quería aceptarlo. Algo tan fácil que logro cambiarlo y le estaba temiendo, pero ansia descubrir por qué. Por qué quería seguir a John Watson al mundo exterior. — No puedo hacerlo de todos modos.
Y era verdad, no podía. No mientras Sherlock tuviese miedo de lo desconocido y que dicho tema lo termine por enloquecer. Los sentimientos en ellos, los tres hermanos en general, no eran una bendición, sino un arma de doble filo, y al fin a Sherlock le estaba tocando en si tomar la decisión de amar o no. A su hermanito le había llegado la hora, pero no estaba listo, y Mycroft tampoco.
Pero en dicho hermanito no había compresión, ni siquiera estaba razonando con toda lógica al parecer del pelirrojo, pues sus ojos estaban siendo cubiertos de una fría rabia que compartía con toda su sangre. Entre ellos aquella mirada debía ser inmune, pero a Mycroft le incomodo un poco el hecho de ser el flanco de la ira de su único tesoro.
— ¿Cuándo dejaras de ser el perro de Sherrinford? ¿De tenerle miedo? — Sherlock dejo salir las palabras con veneno, dirigiéndolas directo con rencor y asqueo a su mayor, sabiendo lo que significaban aquellas palabras, pero no queriendo guardárselas.
Mycroft lo contemplo minutos, sin mover ni un ápice de su cuerpo o pestañear siquiera, con aquella acusación como lo que fue, resonando en su mente mientras miraba directamente a los ojos de su hermano sin buscar o deducir nada, solo mirando.
Pero de un momento a otro se puso de pie y tomo su mochila para volver a salir por donde vino. Sherlock solo se preguntaba que parte de la verdad fue la que causo aquello.
Lamentablemente él también estaba erróneo y certero al mismo tiempo.
¿El perro de Sherrinford? ¿Miedo? ¡Por supuesto que le tenía miedo! ¡Por supuesto que tenía que actuar como otro más de sus perros falderos!
El pasillo lo atravesó con furia insana, cegado por ella que casi aventó a un recién John al piso. Por el que John H. Watson también se fuera al cuerno. El y su hermano.
Tal vez Sherlock quiso olvidarlo, ignorarlo o creerse más fuerte que todo el recuerdo, pero las cicatrices en la espalda pecosa del pelirrojo eran tan sensibles, tan frescas como la mañana en la neblina en la que fueron creadas, que aun ardían tan solo perderse en aquel momento de gritos y oscuridad.
No le temía a Sherrinford pues su cuerpo no era santo ni dorado, por él que se pudriera en el moho o que su mayor le rebanara la piel a manos desnudas. Pero no solo pagaría él su soberbia o rebeldía, Sherlock no tenía a nadie más que pudiese protegerlo como él lo había logrado todo ese tiempo y Sherrinford solo esperaba la oportunidad perfecta. Es más, si pudiese deshacer del pelirrojo tan fácil como del moreno, no perdería oportunidad alguna.
Y ninguno de ellos estaba extinto, eso era por la inteligente obediencia de Mycroft y su trato con mantener a su hermanito callado e inexistente.
Necesitaba el dinero, la posición y las puertas que su apellido le otorgaba y que Sherrinford estaba obligado a darle, pero cuando obtuviera apenas lo necesario y seguro, retornaría y la cabeza de la familia colgaría literalmente del árbol genealógico en el gran salón de la mansión.
Su venganza era deliciosa y fría como siempre la soñó, solo necesitaba seguir resistiendo y que Sherlock también pusiera de su parte. Solo un poco más, se alentaba cada mañana.
Pero había días, había momentos de microsegundos donde ser un vago o un rey le venía importando lo mismo, donde leyes e interacciones de poder podían irse a lo más oscuro de sus prioridades y solo tomar su chelo era lo que le hacía reflexionar de qué vida le gustaría llevar. Soñar, añorar y descansar era lo que su música lograba darle.
Hasta el momento donde terminaban las notas y la razón de tu supervivencia a un sufrimiento desalmado te dice que vales nada, que eres un don nadie y tiemblas cual cachorro mojado contra un lobo enorme.
Es ahí cuando acaba toda esperanza y amor a tu objetivo, y solo quieres que se valla a la mierda. Justo ahora, Sherlock podría hacer lo que quisiera y el mundo podía girar cuantas vueltas le diese en gana, él de todos modos seguiría en el mismo lugar de monotonía.
— ¡Oye! — un llamado a su espalda, casi a punto de salir por las puertas de cristal le hizo voltear. No porque volteara cada que alguien le gritara en público, sino porque esa voz le había marco tres veces a media noche.
Y Mycroft no podía creer que su día pusiera ser mejor. Aunque no estuvo seguro si fue sarcasmo o era realidad, por lo que se enfureció más.
— ¿Estas enfermo? — la mano sobre su hombro fue un bonus a su frustración, sacudiendo su brazo para librarse del agarre al que no estaba seguro de cómo responder.
Frente a él estaba su mosquito de resplandor plateado sobre las sombras del gris que poco a poco se desvanecían, como siempre que se trataba de él todo a su alrededor tomaba sentido, cuando no debería porque ni él lo comprendía. No comprendía porque un agarre en su hombro quemo.
— No. — respondió a secas y sin mirarlo, sintiendo un mareo interno por todo lo colorido que antes no noto a su alrededor y ahora atacaban a sus iris.
Malditos colores que aparecían cuando no los necesitaba, cuando le estorbaban. Cuando el por su pasado se sentía un peso muerto sobre el cuerpo de su hermano que solo quería comenzar a ser libre, pero Mycroft quería decirle que la libertad en los vientos no existía.
Malditos sentimientos del pasado que lo descontrolaban, que llegaban cuando no le convenían y se apropiaban de su cuerpo hasta perder el control en algo tan pobre como el enojo y resentimiento.
Y maldito Greg que llego por accidente a su vida y ahora no tenía ni idea de cómo sacárselo de encima. ¿Qué no veía que su luz lo molestaba? ¿Qué no debía dañar su monocromático mundo? ¡¿Qué ya no quería más daño?!
— ¿Estas bien? ¿Vienes a ver a alguien? — le molestaba que siguiera insistiendo, queriéndolo ver todo de él cuando él avergonzado no tenía que mostrar.
Le molestaba tanto no ser nadie, justo como dijo Sherlock.
— ¡Gregory…! — grito el nombre del otro antes de que le volviera a preguntar esas cosas sin sentido, levanto ambas manos como si hubiese querido ahorcar a alguien y cerro sus ojos con fuerza, buscando la paz que ya no conocía.
Pero debió sonar bastante enojado como para que todos los visitantes a su alrededor se callaran y que en los ojos carbón del otro personaje cambiaran al mirarlo.
Por un momento distinguió enojo y alteración, seguramente sintiéndose ofendido por intentar se amable y llevarse un grito de aquellos. Pero luego cambiaron y es lo que hizo que el pelirrojo soltara todo el aire de sus pulmones de un jalón, pues Gregory estaba perdiendo su brillo mientras que sus ojos se mostraban tristes y preocupados.
Lo siguiente que ocurrió no fue su intención, ni culpa ni mandato, pero como siempre, su cuerpo por cualquier tema sobre Greg obedecía otras cosas. Él le mando a su cerebro el irse corriendo de ese sitio antes de ver que todo volvió a los tonos neutros de su miseria, en vez de eso estaba tocando los costados del cuello de Greg con sus manos frías.
Y aunque el brillo no volvió a la misma intensidad de la que había presenciado, esta se volvió calidad y lo atonto por segundos, dejando que sus manos se calentaran. ¿Se estaba volviendo loco o lo estaban intentando envenenar con drogas alucinantes? ¡¿Cómo diablos podía ver colores y no-colores en alguien?!
O acaso era, ¿sentimientos? ¿Así se sentían los sentimientos positivos?
— Discúlpame. No quería gritar, pero ahora… — saliendo de su ensoñación se dio cuenta de la poca distancia entre ambas caras. Y la incomodidad del otro
Sus estaturas casi no se diferenciaban, milímetros eran lo que lo hacía el más alto entre ambos, por lo que las caras así de juntas podían dar a hablar a mucha gente como ahora. Lo gracioso es el pavoneo de las pestañas negras de Greg ante su nerviosismo y el sonrojo que cruzaba por su cara. Y Maycroft no pudo más que elevar una ceja divertido: quien diría que su mosquito-experto-doble-sentido se ruborizaría tan fácil.
Pero pasos conocidos y calculados para él iban resonando por el pasillo central estaban apurados, pesados pero deslizándose como si volaran sobre el mármol. Soltó los hombros del sujeto frente a él quien ignoraba el por qué, pero Mycroft quería evitarse más vergüenzas ese día.
— ¡Mycroft! ¡Para! — ambos voltearon, uno con su cara inexpresiva y el otro con sorpresa.
John iba sin aire en los pulmones pero con sus facciones arrugadas, muy asustados y apurado en llegar con el pelirrojo quien se preguntaba el motivo de aquella desesperación por encontrarlo, y para cuando llego a su conclusión, la desesperación volvía a tomar partido en su sistema
— ¡¿John?! — la voz de Greg paro sus teorías y se mostró sorprendido. Sus ojos y su rostro estaban sobre el moreno quien miraba al rubio con expresada alegría en un principio, pero después se volvió nerviosismo y miraba de él hacia el rubio sin saber que decir.
Mycroft puso su mueca perspicaz y frunció los parpados mirando acusatoriamente a ambos resultantes conocidos. Bueno, misterio resuelto, ahora ya sabía quién le había dado su número a su mosquito y por lo menos John tuvo la descendía de mirar a otro lado avergonzado.
— Greg… — los movimientos de sus manos a su costado y el tono utilizado solo afirmo que se sentía culpable de sus crímenes, pero después miro a su amigo con curiosidad y soltó un suspiro como si se acabase de acordar de algo importante — Ah sí, la fiesta…
— Watson. — nombro el apellido del enfermero de su hermano para que el jovencito recordara el motivo de su presencia. Y para que olvidaran el tema de la dichosa fiesta.
John parpadeo varias veces y entre su confusión volvió la lucidez junto al espanto, comenzando a mover sus manos intentando explicarse.
— ¡Mycroft, tu hermano se volvió loco…! ¡No me mires así, ahora sí va en serio! ¡Quiere verte! — vocifero el rubio comenzando a caminar de vuelta por el pasillo sin despegar la mirada del mayor quien preocupado (otra vez) dio largas zancadas al lado de John, olvidándose de Greg un rato que se quedó en su lugar.
¿Qué estaba pasando? Greg no entendió nada de lo que sucedió los últimos diez minutos. ¡Él solo había ido a pedirle a John su reproductor para la tocada de esa noche! ¿Por qué termino parado a la mitad de una recepción medica como idiota?
John y Mycroft subieron por el elevador hasta el último piso de habitaciones psiquiátricas y volvieron a trotar hasta donde una multitud ya estaba amontonada en la entrada de un cuarto al que normalmente se le veía desterrado siempre.
Se abrieron paso entre los metiches y solo dos enfermeros de turno estaban tratando de hablar con Sherlock, quien los ignoraba olímpicamente mientras se mantenía sobre los bordes de la ventana abierta.
Mycroft de niño tenía una teoría para su proyecto de ciencias sociales, y esta probaba que las personas tenían semejanzas con animales. Saco un diez al llevar de ejemplo un neonato comparado con un gato, cuyo conejillo de indias para las pruebas fue su hermano que tenía la mañana de sacarle el relleno a sus cojines, dormir hecho bola en el rincón de su sofá bajo el ventanal y tomar litros y litros de leche. Otro punto de referencia fue que tenía un equilibrio perfecto y que entraba a todo agujero que consistiera; como en ese momento se mantenía firme en una brecha de solo cuatro centímetros con 2.5 milímetros exactos encorvado claro para estar con la mitad de su cuerpo hacia fuera.
Era un maldito gato suicida, porque aunque Sherlock jugara con bolas de estambre de niño enredándolas por toda su habitación a "favor de la ciencia", eso no significaba que cayera de pie.
Y solo por un maldito capricho.
— ¿En serio? ¿Solo para entrar a una institución que ni siquiera soportaras? ¡Te expulsarían al primer día, Sherlock! — o los maestros te demandad, lo que ocurra primero. Los pensamientos del pelirrojo mejor se quedaron como pensamientos.
— ¡Sí o sí Mycroft! ¡No es otra de tus estúpidas dietas! — vocifero su hermano por primera vez dignándose a mirar algo que no fuese el bello paisaje de Londres.
John a su lado volteo a verlo con ojos suplicantes; sus labios temblaban ligeramente y su vista exigente era penetrante, pero Mycroft solo lo miro con poca importancia y regreso su vista al loco suicida al frente. Sherlock era consciente de la preocupación que alteraba a su luz, pero aunque dudo un poco, tres segundos de esa duda bastaron para esfumarse y mirar determinado al pelirrojo. Mycroft se lo creía capaz de hacerlo, no por nada Sherlock tenía cortes en sus arterias, dos fracturas de caídas y antecedentes de adicción. Le creía capaz de todo.
Entonces perderlo ahora o perderlo después, esas eran sus opciones. Y aunque cruzo sus brazos sobre su pecho y la mirada impasible y fría seguía intacta, Sherlock no se movió ni un centímetro más ni menos.
— Bien. Tú ganas. — acepto el pelirrojo apretando los labios, pero el pelinegro se inclinó hacia afuera sin creerle y el pelirrojo tuvo que terminar en la exasperación — ¡Te lo juro Sherlock!
Dicho hermanito soltó una burlesca sonrisa y salto dentro de la habitación, sabiéndose victorioso y como si no hubiera ocurrido nada en especial ni su intento de muerte, se sentó sobre la cama con las rodillas pegadas al pecho mientras enfermeros comenzaban a acercársele para revisarlo y el se empeñaba en negarse y evitar el contacto de los seres inferiores.
Mycroft escucho el suspiro de alivio del ojiazul a su lado y después de una mirada agradecida y otra de disculpa doblemente cargada de vergüenza, fue rumbo a la salvación de los jóvenes que comenzaban a ser ahuyentados por la brusquedad del Holmes menor.
El pelirrojo salió con su máscara indiferente puesta y pensando en todas las formas posibles de morir antes de que su hermano volviera a la sociedad solo para destruirla. Ignoro a todo el que estaba frente a él mientras se dirigía a la salida queriendo llegar a la mansión y enterrarse bajo sus colchas ignorando que apenas y eran las 5:00 de la tarde. Pero se sentí lo doble de cansado que un día cualquiera.
Pero por el rabillo del ojo no pudo evitar buscar una cabellera oscura por el primer pasillo hasta la salida, sin encontrar nada particularmente interesante, o a alguien que le interesara.
Debe estar en la máquina de bocadillos.
Se olvidó por completo que no le había marcado a su chofer y tuvo que esperar los cinco minutos que calculo que el hombre a su servicio tardaría en llegar. Con su figura erguida y elegante quedo esperando sobre la banqueta en la que circulaba gente a su alrededor, asombrada por lo que su simple presencia representaba para los simples ciudadanos.
Pero su cara neutral cambio cuando escucho el tono de su celular sonar nuevamente, y aunque no quería tomarlo para volver a saber otra tontería de Sherlock, recordó que ya había pasado la hora acostumbrada que el tenia marcada en el horario de Sherrinford. Levemente distraído con ese pensamiento tomo su sellar y lo desbloqueo, tragándose otro suspiro resignado.
Debía cambiar los tonos a sus respectivos contactos, así sabría cuando tomar el mensaje y cuando ignorarlo.
Contacto: Molestia G.L
¿Estas molesto porque John me haya pasado tú numero? :/
John Watson se las pagaría luego, eso estaba claro para Mycroft, pero la verdad no estaba enojado. Solo curioso por el comportamiento insistente que mantenía el aparentado músico sobre él, a tal punto de corromper a un noble humano como lo era el enfermero personal de Sherlock.
Y sabiendo que el otro no dejaría de molestar hasta darse satisfecho, contesto.
Respuesta:
Lo superare. – MH
¿No bastaba con una negativa? El pelirrojo dudo un rato, pero decidió no darle importancia. Ya muchas cosas había en su cabeza para más disputas emocionales y corporales.
Contacto: Molestia G.L
¡Yeah! "lml"
Sabiéndome perdonado pero con una fuerte culpabilidad, tendré que darlo por hecho para pagar mi deuda: te veré esta noche. Sin replicas. ¡Y no traigas a nadie!
¿Ir acompañado de alguien? Mycroft no suprimió su sonrisa ante esa invitación tan poco galante. Lestrade era muy posesivo y eso lo estaba demostrando, pero el pelirrojo se rio más ante el hecho de que el sujeto ya se sentía con derecho sobre él. ¿De qué? Quien sabe, solo el pelinegro lo sabría.
Además de que su única compañía seria Henry, y el muy oportunista empezaría a flirtear con las mujeres presentes apenas pisar la cera de la calle, dejándolo de lado. Estaría completamente solo para cualquier momento.
El chofer llego y Mycroft entro al aunto negro, ignorando la mirada de susto que traía el hombre otra vez al verlo sonriendo contra el teléfono. Ya le advertiría luego que solo por conocerlo de pañales y llevarlo de un lado a otro, no debía tomar exceso de libertades.
En el asiento de piel solo mando un mensaje a su madre avisándole que estaba en caminó antes de que esta se preocupara y marcara a Sherrinford, y otro ultimo a Henry que llevaba marcándole ocho veces desde que salió disparado de la biblioteca, solo que había bloqueado su número por la misma razón.
¿Qué le diría a su familia? Ya estaba pensando en ello, pero aunque pasara el apocalipsis y no encontrara una buena excusa, qué la vida no fuera nada y se hiciera cenizas perdidas en el viento, él debía estar en esa mugrienta fiesta, y más le valía a Gregory Lestrade que valiera la pena.
Receptor: Henry K.
Te veo a las 8.
1) ¡Clases de comunicacion! (yo reprobe ese tema en la priaria xD) Receptor: aquel que recibe el mensaje. Emisor: aquel que envia el mensaje. En este capítulo Mycroft fue el emisor y todos los demas los receptores lml
2) Monopolio: es un juego de mesa, aunque yo lo conozco como el "turista mundial", donde compras paises y terrenos importantes en el mundo y quien caiga en alguno de tus terrenos, debe de pagarte con billetitos o alguno de sus paises. ME encanta ese juego, te da poder .
Lalala, me creeran que ya tenia el capítulo escrito y se me olvido publicarlo? lo sé, estoy bien idiota. ¡Pero mis estudios me estan rompiendo, tengo muchos deberes y mi cabeza esta en otro mundo! Aun así, pido disculpas u.u
Gracias a yusefan halackti fanny alejo , Tsubasa Nicte, BlueArcana, y deadxendxless17 por sus comentarios. Tambien a los lectores anonimos y a todo aquel que se tome su tiempo de leer... "esto". Juro que revise la ortografía tres veces, pero siendo yo... bueno, en algo debi haber fallado. Disculpen.
ATTE: L4
