¡Qué semana! Perdón por tardar tanto, pero mi lap colapsó bastante. Tengo varios comentarios al final, así que ¡Nos vemos abajo! Disfruten :D

Los Juegos del Hambre y su continuación son de Suzanne Collins.


-"Katniss, no creo que el presidente Snow vaya a matar a Peeta- recuerdo esas palabras, esa voz. La escucho a la mitad de la noche, de la nada- si lo hace, no tendrá a nadie al que tú quieras. Él no tiene otra forma de hacerte daño. "

-"Después de los primeros Juegos, pensé que todo el romance era un acto de tu parte. Todos esperábamos que continuaras con esa estrategia. Pero no fue hasta que Peeta golpeó el campo de fuerza y casi murió que yo…- también puedo reconocer esa voz, una masculina y un tanto seductora- que yo te había juzgado mal. Que lo amas. No estoy diciendo de qué forma. Quizá tu misma no lo sabes."

-"Katniss elegirá a quien necesite para sobrevivir"-

Sé que no es la voz ni lo que dice lo que me hace despertar, sino otra voz a lo lejos, gritando mi nombre, jadeando ¿llorando? Lo pienso por un momento y recuerdo quien más está en casa, por lo que bajo corriendo hacia la sala y ahí es donde lo veo, dando vueltas, sudando y gritando mi nombre, buscándome en una oscuridad en la que estoy segura, jamás me encontrará.

Me acerco, sé de primera mano que tocar a alguien mientras tiene una de estas pesadillas puede resultar de dos maneras: o apuñalada por el soñante o agradecida por el mismo. Sé también que acercarme a Peeta, consciente o inconsciente resulta peligroso, por lo que me quedo a una distancia prudente y comienzo a cantarle.

Así como a Rue, así como a Prim. La misma melodía que hizo que se fijara en mí, las mismas notas que me dejan helada, esas son las que le canto, acercándome poco a poco. Veo como su respiración se tranquiliza y deja de moverse tanto, por lo que me tomo el atrevimiento de hincarme a su lado y tomarle una mano, todavía cantando. Está temblando.

Sigo cantando, moviendo su cabello, acariciándolo como él lo ha hecho veces pasadas. Y él dice:

-No veas, Katniss, no veas… todo está en llamas. ¡Katniss!

Su dolor me duele, por lo que algunas lágrimas se escapan de mis ojos mientras sigo cantando, acariciándolo, susurrándole todo estará bien, hasta que me doy cuenta de que un par de ojos azules me ven de regreso.

-Katniss…

-Solo cierra los ojos, Peeta. Estás a salvo, nadie te hará daño, te lo prometo, aquí estoy.

-Aquí estás…- se alza sobre un codo y toca mi trenza desecha por las vueltas en la cama. Sigue temblando, pero de una manera más calmada.

-Aquí estoy, Peeta.- lo abrazo y él, aunque temeroso, responde envolviéndome en sus brazos, hace mucho que nadie me abraza así; desde que mi padre murió y dejé de confiar en mi madre, ningú abrazo me ha hecho sentir tan a salvo. Hacía mucho que necesitaba de él. Nos separamos, nos sentamos en el sillón, frente a frente con las manos entrelazadas.

-Peeta… ¿Recuerdas la playa?-temo su respuesta.

-Ni siquiera el Capitolio podrá quitarme ese recuerdo.

-¿Pero la recuerdas como en realidad fue?

-¿Por qué no me lo cuentas? Así nos quitamos la duda.

Carraspeo, me muevo para estar más cómoda y lo invito a que se recueste en mi regazo, duda por unos segundos pero al final accede, en el momento en el que él cierra los ojos y se entrega a mis caricias comienzo:

-Eran los septuagésimos quintos Juegos del Hambre. Yo fui elegida, tú voluntario. Desde antes, cuando el presidente Snow dio el aviso de que volveríamos a la arena, te habías vuelto maniático entrenándonos- no puedo evitar sonreír al recordarlo, en su momento fue desesperante, confuso. Mientras sigo acariciando su cabello veo como él también sonríe y recuerda- habíamos estado juntos todas las noches del tren, desde que ese ayudante del Capitolio nos trajo leche ya que yo no lograba dormir y tú seguías viendo a nuestros contrincantes. Entrenamos, tú como siempre fuiste mejor que yo al momento de hacer amigos, Joanna Mason fue el mejor ejemplo, creo que le gustaste desde un principio a la descerebrada- veo como alza una ceja y estoy segura de que preguntará si estoy celosa, por lo que le beso la nariz para evitar que lo haga y continuo:

-Los juegos eran más mortales que nunca, realmente nadie quería verlos. Tic, toc, esto es un reloj… - mi voz se apaga un poco y él me anima a continuar acariciándome la rodilla, la parte de mi cuerpo que tiene más al alcance. Me recorre un escalofrío, pero lejos de ser incomodo me gusta.-La mitad de los tributos estaban de nuestro lado, sacrificándose para salvarnos- mi voz se quiebra un poco- habíamos pasado por todo, incluso habías muerto.

-Una sensación increíblemente horrible, si me preguntas a mí- dice sonriendo de lado.

-Créeme que para mí también lo fue… en ese momento noté la necesidad tan grande que tenía de ti. –Su mirada es profunda, así que desvío la mirada y continuo- yo acababa de caer en una trampa de la arena, al igual que Finnick. Tú me calmaste, ya había muerto Wiress y lo único que podía pensar era en cómo sacarte de esos Juegos con vida. Nos ofrecimos para montar guardia, espalda con espalda. Acariciabas mi cabello como yo hago ahora con el tuyo. Todavía podía escuchar la voz de los charlajos en mi cabeza y mencionaste

"No sé qué tratos habrás hecho con Haymitch, pero deberás saber que me hizo promesas a mí también. Así que podemos asegurar que nos estaba mintiendo a alguno de los dos." Ahora podía ver que nos había mentido a los dos.

-Levanté mi cabeza y te vi, espantada por las promesas, los tratos dobles. Te pregunté "oye y ¿por qué me cuentas esto ahora?"- mi voz trataba de ser amigable, tranquila- respondiste: porque no quiero que olvides lo distintas que son nuestras circunstancias. Si mueres y yo vivo, no quedará nada para mí en el Distrito 12. Tú eres todo para mí. Nunca volvería a ser feliz – nuestras miradas chocan y veo en la suya que esa respuesta está luchando por seguir siendo verdad- quise protestar y pusiste un debo en mis labios, como yo hago ahora contigo- digo haciendo dicha acción- y seguiste sin dejarme decir algo, dijiste: para ti es diferente. No digo que no sea duro, pero hay otras personas que harán que tu vida merezca la pena.

Sé que han modificado el recuerdo, eso me duele ya que era íntimo aun cuando sabíamos que todos lo estaban viendo, pero me agrada notar que él está queriendo creerme sobre lo que él tiene en la memoria, así que sigo.

-Descolgaste tu medallón, lo abriste revelando dos fotos, Gale en una, mi madre y Prim en la segunda- no puedo evitar sentir una punzada de dolor al mencionarla- en el medio no había nada. Dijiste "tu familia te necesita, Katniss". En ese momento entendí que me querías dar todo, tu vida y una oportunidad de tener una vida con Gale. Esperaba que mencionaras al bebé, ¿Sabes? Por las cámaras y todo, pero no lo hiciste por lo que entendí también que estabas siendo sincero, que no era parte de un acto, que todo era real. Seguiste diciendo que nadie te necesitaba, literalmente dijiste "En realidad, a mí no me necesita nadie" pero no de una manera autocompasiva, sino sincera. Ahí fue cuando yo noté que, dentro de todo nuestro mundo solo una persona quedaría herida sin remedio si tú, Peeta Mellark, te murieses: yo.

No podía verlo a los ojos, principalmente porque los míos seguían lagrimosos. Por lo que digo con la mayor fuerza que puedo:

-Yo, yo te necesito. Eso respondí, pero te enojaste así que para que no empezaras a racionalizar las cosas, te besé. Pero no para la audiencia. Así como tú no mencionaste al bebé, yo tampoco lo hice. Quería que supieras que ese beso, esa necesidad, esos y estos sentimientos eran y siguen siendo reales.

Alza su mano y me baja el mentón para que nos veamos, apoyo mi frente con la suya y menciona:

-Me quedaré con tu versión de la historia, me gusta más.

-No es una versión, Peeta. Es la verdad. Es real.

-Te creo.- Permanecemos así, en calma, en paz por primera vez en dos años. Ambos nos dormimos, juntos estamos a salvo.

Despierto y noto un olor delicioso, a pan recién hecho. Me alzo y puedo ver a Peeta cocinando una de las ardillas que ayer cacé, espero a que se volteé (porque sé que me ha escuchado despertar) y cuando lo hace alzo una ceja y le saco la lengua. Su sonrisa no tiene igual, por lo que me impulso, salto el sillón y corro hacia sus brazos, los cuales abre para recibirme y dar una vuelta. Casi tiramos todo en la cocina, por lo que reímos a carcajadas.

Podría decirse que no notamos la naturalidad con la que actuamos, o más bien que tratamos de ignorar todo lo malo que nos ha sucedido anteriormente y decidimos dejarlo atrás, al menos por una mañana, reír y olvidar que él me quiere matar, que hemos perdido a nuestras familias y que yo lo usé para sobrevivir.

-Oye, no eres malo despellejando- una parte de mí cree que se ofenderá ante mi fingida sorpresa, pero realmente (para mi verdadera sorpresa) sonríe y dice:

-¡Gracias! Pensé que lo haría mal, de hecho hice un desastre…- me ve como su me lo fuera a comer y dice quedo:- de hecho eché a perder una de tus ardillas…

No sé cómo tomar eso, estoy acostumbrada a que cada una de esos animalitos son sagrados ya que significan comida, mantas y más materiales necesarios, sin embargo ahora que tengo dinero, no hay Quemador, realmente no hay a quien vendérselas no hay mucho de qué preocuparme. Sin embargo sigue siendo una vida, por lo cual mi cara se contrae en una mueca bastante chistosa que asusta un poco a Peeta.

-Tranquilo, a todos nos pasa la primera vez, pero me debiste de despertar. De hecho hiciste un trabajo increíble con la segunda. ¿Dónde está la primera?- señaló con el dedo un poco apenado, como si lo hubiera regañado. La vi, tenía salvación.

-Mira, te enseño.

Cuando mi padre lo hizo, era invierto, estaba temblando de frío pero con el ceño fruncido, prestando total atención sin importarme lo demás. Mientras le explicaba a Peeta, el me veía con toda su atención, pero lo hacía calmado y me comentaba cosas como "yo hice esto, ¿está mal?" era un niño, uno pequeño viendo con adoración a su maestro, a mí. Por lo que después de que me preguntara por séptima vez si lo que él había hecho estaba bien, lo besé.

Su primer impulsó fue apartarse por la sorpresa y me atrevería decir que el miedo, pero puse mi mano en su nuca impidiéndoselo de la manera más delicada que pude. Noto como él teme en un principio pero termina cediendo ante el hecho de que ambos queremos esto.

Es la primera vez que nos besamos desde los últimos Juegos y sentir sus labios sobre los míos hace que un hambre que parecía ya dormida renazca y llene cada poro de mi ser. Me siento hipnotizada por los movimientos que realizamos, el olor a pan recién hecho que desprende y lo acerco un poco más a mí, él mete sus manos entre mi cabello y yo suelto la ardilla, sus manos fuertes me hacen sentirme en casa, segura. El beso es intenso, bello, hambriento pero también un poco temeroso. Dejo de pensar en todo lo demás y me pongo de puntitas para profundizar el contacto cuando mi chico del pan lo corta.

Sin poder evitarlo emito un mohín, que él solo encuentra adorable. Se ríe y me acomoda el cabello detrás de mí oreja y dice:

-Poco a poco, ¿te parece?

Así como hasta el día de hoy, no he sido capaz de romper la conexión entre este chico, Peeta Mellark, el pan que me dio esperanza y el diente de león que me recordó que no estaba condenada; tampoco me había dado cuenta de la necesidad que tengo de él. Es mi esperanza, es mi diente de león. Hasta este momento, no había sido consciente de lo mucho que me importa, lo mucho que me gustan sus besos, lo segura que me siento en sus brazos, no había sido consciente de lo mucho que lo amo.

-Poco a poco.- aun así me acerco a él y rozo mi nariz con la suya. Ahora que entiendo lo mucho que lo extraño, es difícil no estar cerca de él.

-¿Qué es ese olor?- la cara de Peeta al notar que su estofado de ardilla se estaba quemando fue bastante épica. Mis carcajadas se hicieron oír por toda la casa, mientras él terminaba de mover y tratar de arreglar el platillo, termino de limpiar a la ardilla y me le acerco.

-¿Comestible?- él solo hace una mueca- Venga, créeme que he comido cosas quemadas, así que no te preocupes, sigue oliendo bastante rico.

-Perdón por haberte lanzado un pan quemado, Katniss…

-¿Te das cuenta de que me salvaste la vida en ese momento? Y no solo a mí, sino a Prim también. Estábamos muriendo, Peeta. Ese pan, quemado o no, ha sido el mejor gesto que alguien ha tenido conmigo.

-Pero debí de dártelo.

-Pero estabas con tu mamá, sin mencionar que ya te había golpeado de por medio. – me acerco a él y le beso el ojo, donde en ese entonces su madre le había dañado. Lo cierra con parsimonia y sonríe.

-Prometo que cada que cocine, lo haré con mayor cuidado para que no se queme nada.

-Me parece que tendrás que cocinar ésta también, una vez despellejadas es mejor comerlas pronto.

-¿No será mucha comida?

Me quedo haciendo cálculos, una ardilla en la época antes de los Juegos nos alcanzaba a mi familia y a mí una semana, la otra seguramente la habría vendido. Muy posiblemente a su padre, cosa que le comento. Su cabeza se inclina, puedo escucharlo pensar.

-Tengo una idea- se vuelve a formar una sonrisa en su rostro, apaga la flama, me toma de la mano y salimos corriendo. Pasamos por la Veta, la cual desde lo que el Capitolio nos hizo no es muy reconocible, recorremos el pequeño Distrito casi desierto hasta llegar a una pequeña casa, donde toca. Esperamos hasta que sale una mujer con una sonrisa en la cara. Es Delly.

-¡Peeta!- su alegría no me pasa desapercibida, se lanza a sus brazos, que él torpemente logra medio abrazar, ya que todavía tiene mi mano con la suya. -¡Katniss!- dice al separarse.

-Hola, Delly. Oye, necesito que me hagas un favor- dice Peeta.

-Dime para qué soy buena.

-Reúne a los habitantes del Distrito en una hora, en la Plaza, o donde antes era la plaza. Una hora, Delly, a todos.

-¿Pero para qué?

-Es una sorpresa- digo, al fin entendiendo lo que Peeta quiere hacer.

-Está bien, lo haré, pero es posible que muchos no quieran, estarán trabajando.

-Diles que es orden del Capitolio, por el festival Primrose.

-Oh, Katniss, debo de decir que tu actuación ha sido de las cosas más bellas que he visto en televisión.

-No fue actuación, Delly. Ella está feliz de que podamos honrar a su hermana, así que por favor junta a todos.

Con la misma rapidez que llegamos nos vamos directamente a la Aldea de los Vencedores, a la puerta de Haymitch.

-¡Haymitch, abre!- sin respuesta, por lo que ruedo los ojos y abro sin importarme más. Esta vez no sé lo que Peeta quiere, digo Haymitch tiene comida.

Entramos y encontramos a nuestro mentor en su sillón, con una botella junto y un cuchillo en la mano. Peeta a diferencia de mí lo despierta de una manera más linda y le explica que tomará latas de verduras de su alacena. Que si quiere puede ir en una hora a la Plaza y "recuperarlas" pero ya cocinadas. Después salimos y antes de llegar a casa, me volteo y digo:

-Dos ardillas no alcanzará. Cazaré unas cuantas, prometo hacerlo rápido para que puedas cocinarlas.

-Está bien, pero ten cuidado.

-Peeta… por favor- cazar es de lo poco que estoy segura, soy buena. Él sonríe, le robo un beso que dura lo mismo que un suspiro. Salgo corriendo con una sonrisa en la cara.

Me adentro en el bosque, encuentro mi arco y pienso en que es posible que pronto haga más, si es que Paylor me concede el permiso, lo cual me emociona, más de lo que pensaba. No tardo más de diez minutos en cazar la primera, empiezo a poner trampas ya que sería una buena idea tener conejos, cuando veo un ciervo. Hacía mucho que no veía uno tan cerca, seguramente se habían olvidado de mí y el peligro que para algunos represento. Alisto mi arco y tiro, muere de inmediato. Me acerco y noto el gran tamaño que representa ¿cómo cargaré esto? En su momento era Gale el que se hacía cargo de esto, él es fuerte mientras que yo soy bastante menuda. Sé que si lo dejo otros depredadores podrían tomarlo, pero dudo poder cargarlo.

Comienzo a arrastrarlo, con la ardilla atada al cinturón. Posiblemente llegue a la cerca y tenga la posibilidad de pasarlo, ir por ayuda y regresar sin que algo pase, algo me sobrepasa volando y sin pensarlo dos veces chiflo como Rue me enseñó, esperando que Peeta pueda escucharlo gracias a los Sinsajos y que sepa entenderlo.

Cuando estoy a punto de rendirme, pensando en correr lo más rápido que mis piernas me lo permitan para poder ir por él, lo veo llegar asustado, cruza la cerca y empieza a gritar mi nombre hasta que me escucha y ve.

-Katniss, pensé que- sus ojos están casi fuera de órbita y puedo asegurar que su corazón está queriendo saltar de su pecho.

-No te preocupes, es solo que no puedo con el ciervo, es bastante pesado.- antes de que pueda quitármelo de encima, Peeta llega me abraza con fuerza, como temiendo que me desvanezca en cualquier segundo, su corazón late a mil por hora.

-Pensé que algo te había sucedido.- al fin comprendo su miedo, ese chiflido era usado si el otro estaba en apuros, lo usamos en la arena y estoy segura que no lo guardamos como un recuerdo preciado. El ciervo y su cuerpo me están aplastando.

-Perdóname, Peeta… pero por favor, quítate de encima, moriré aplastada.- lo nota y da un salto para atrás, toma el ciervo por las patas delanteras y me ayuda a cargarlo. De camino a casa ninguno dice nada.

Llegamos, es tan grande que lo cortamos y decidimos congelar la mayor parte. Antes de que regrese a cocinar, lo abrazo y digo:

-Perdóname, mi intención no era asustarte.- me da un beso en la coronilla y posa sus brazos alrededor de mi cintura, cómodamente y dice:

-Tranquila, solo que a la próxima debemos de avisarnos las señales.

-O me podrías acompañar.

-Katniss, sabes que el bosque no es lugar para mí, a menos de que quieras que ahuyente a todas tus presas.- hago una mueca, sacudo mi cabeza diciendo que no y él ríe.

-Tengamos señales, puedo esperarte cerca de la valla cada vez que caces.

-Eso lo veremos en otro momento, tienes poco tiempo para cocinar todo esto.

-¿Qué no me vas a ayudar?

-Yo alisto todo en la Plaza, despellejo y lo que quieras, pero cocinar, no muchas gracias. – realmente no puedo entender como Peeta puede estar cerca del fuego como si nada cuando los parches de mi piel siguen siendo de color rosa.

Me miró extrañado, pero dijo:- bueno, podrías empezar a llevar el guiso de la ardilla #1, con una mesa… ¿Tenemos suficientes sillas?

-Peeta, comemos en el piso, no te preocupes por eso.

-Hablando de eso, lleva algo de agua, muchos estarán saliendo de las minas.

-Sí, papá- digo rodando los ojos. Veo por el rabito del ojo como sonríe mientras yo salgo para poner todo listo.

La Plaza sigue vacía mientras pongo todo en orden. Me duele que mi hogar siga siendo una mancha gris, una gran explanada llena de ruinas y destrucción. Me prometo que con o sin el permiso, cazaré y ayudaré a reconstruir el 12, por ellos, por los que se fueron, por mí misma. Estoy consciente de que muchos lo tomarán como una ofensa en un principio, ya que en este Distrito estamos acostumbrados a movernos solos, sin esperar nada de nadie, así que si alguien lo hiciera, sería de cierta manera, mal visto. De repente escucho algo detrás de mí y volteo con el arco tenso, el cual no había notado que llevaba conmigo. Son mis conciudadanos, asustados.

Tiro el arco lentamente y alzo las manos como si me estuvieran apuntando. Realmente nadie sabe qué hacer, el momento es un tanto tenso. Puedo ver a muchos de la Veta, no muchos comerciantes. Ver a mi distrito reducido a por mucho esas veinte personas me duele. De repente noto como un camino se va formando y la pequeña Posy sale corriendo, se lanza a mis brazos y ríe.

-¡Catnip!- su felicidad resalta impresionantemente en comparación al miedo de tantos. Me olvido de ellos y la abrazo.

-¿Cómo estás, pequeña?

-Tengo hambre.- sus ojitos detonan sinceridad. La mayoría de mi distrito se ve delgado, los ojos cansados y muchos, sin esperanza.

-Eso tiene solución, pequeña-esta vez no fui yo, sino Peeta el que le responde, todos volteamos a verle y en brazos tiene dos ollas con estofado, el olor hace que muchos estómagos rujan.

-Posy, déjame bajarte para poder repartir la comida, ¿te parece? Así ya no tendrás hambre.

-¿Es por Prim?- la voz de una niña jamás debería de escucharse como suena la de Posy al mencionar a mi hermana, es triste.

-Es por ustedes, por todos nosotros-alzo la mirada, viendo a todos- en su nombre. Felices Fiestas…

-Primrose- esas escasas veinte personas dijeron su nombre al unísono, se llevaron los tres dedos centrales, los besaron y los alzaron. Los imito y sé que Peeta lo haría si tuviera una mano libre, lo puedo leer en sus ojos, por lo que carraspeo para hacer desaparecer el nudo en la garganta y digo:

-Sí, Prim no está aquí, pero le hubiera encantado este tipo de fiestas así que comamos. – se me acercan Delly y Sae para comenzar a servir, cuando notamos que nos hacen falta platos.

-Chicos, ¿podrían ir por platos a sus casas? –muchos se van corriendo emocionados, alguien pregunta:

-¿En verdad vamos a comer?- la esperanza de su voz me rompe el alma, sé lo que es pasar hambre.

-Y también cantaremos, bailaremos, hablaremos y más.- Peeta les habla de una manera que yo jamás podré. Se acerca a ellos, los comienza a saludar, muchos al verlo se emocionan, puedo jurar que una niña llora.

Veo cómo mientras le paso los platos, logra que la gente se relaje se sienten en el piso, e incluso empiezan a platicar y reír. Algunos incluso lo felicitan por el guiso, comentan técnicas de cocina y casi podría jurar que lo escucho mencionar que cazar es algo que todos debemos de aprender, más que cocinar. Cuando se acaban los platos por servir, tomo un poco del estofado, me siento con la espalda contra la mesa, notando que realmente Peeta tiene habilidades culinarias y me quedo viendo a todos. Muchos dirían que yo soy más parte de la Veta que Peeta, pero al verlo desenvolverse de esa manera, lo podría en duda, se le ve feliz y ellos disfrutan con él.

-¿Por qué no te acercas?- es Hazelle. Se ve un poco demacrada, pero ahora hay un brillo en sus ojos, lo cual me hace sonreír.

-No sé cómo hacerlo, lo sabes Hazelle.

-Tú y Gale siempre permanecían al margen en las festividades, pero el momento necesitado, ahí estaban. –el brillo se opaca.

-Él está bien, ¿lo sabes, verdad?

-Sí, pero igual no está aquí.

-Era necesitado en otros lugares. Está siendo él.

-Pero también es necesitado aquí.

-Por eso estoy yo.- sonrío un poco al notar lo que acabo de decir. Podía estar enojada a rabiar con él, pero su familia necesitaba eso. Y en parte, muy en el fondo sé que no es mentira lo que acabo de decir.

-Pues no nos puedes ayudar completamente si te alejas de nosotros o nos apuntas con un arco.

-Lo lamento tanto, Hazelle, no lo puedo evitar…

-Lo sabemos, pero sería una buena idea que te relajaras. Imita a tu esposo.

-¿Peeta? – es tan raro escuchar que se refiere a él como mi esposo, estoy a punto de abrir mi boca para preguntar cuando recuerdo la entrevista con Caesar, su movimiento desesperado para evitar los Juegos y como dijo que nos habíamos casado en secreto… como dijo que esperábamos tener un bebé. No puedo evitar tocar mi vientre.

-Lo lamento tanto- dice al notar mi movimiento.

-No, no te preocupes. Solamente que no me termino de hacer a la idea.- cosa que es completamente cierta.

-¿Sabes? Siempre creí que terminarías siendo mi yerna. – su comentario me toma con la guardia baja, ella continua:- En un principio pensé que lo hacías porque te habían obligado en el Capitolio, besar a ese chico y fingir amarlo, después al llegar aquí y ver como se ignoraban y tú seguías con Gale estuve segura. Sin embargo después vi como al momento de que él dijo "me ofrezco como voluntario", vi el dolor en tus ojos. También había visto tu dolor y preocupación por mi hijo, en el momento de los latigazos por ejemplo, pero cuando vi tu expresión en la cosecha, en la segunda arena, como reaccionaste cuando golpeó el campo de fuerza. Vi que lo amas.

-Hazelle…

-No tienes que explicarme nada, te entiendo. Podemos confundirnos. Pero cuando logramos ver la verdad, debemos de decirlo. Bien sabes que la vida es inestable, honra a Prim viviendo, hablando con tu esposo, diciéndole lo mucho que lo amas. Y si puedes, logra que el cabezota de mi hijo vea más allá de lo que quiere ver y regrese a casa.

-Hazelle, perdóname si crees que yo soy la culpable de que Gale no esté aquí…

-No, Katniss, el culpable es él y solo él.- se acerca a mí y posa sus labios en mi frente. Me dan unas ganas inmensas de llorar y abrazarla. Solo hago lo segundo.

-Gracias- susurro en su oído.

-Mami, que Catnip cante- Posy ha aparecido bajo su falda, haciéndonos reír. El distrito entero, que realmente no es decir mucho, se voltea a vernos y piden que cante. Realmente no quiero hacerlo pero recuerdo lo que me acaba de decir Hazelle, la persona más cerca a ser una madre para mí y digo:

-Lo haré…- me acerco a Peeta, lo tomo de la mano y comienzo a cantar.

Es una canción vieja, que nos enseñan desde pequeños por lo que cuando comienzo no me extraña que Leevy haya tomado su guitarra y empezado a tocar. Veo la sorpresa de Peeta, la cual no es para menos ya que la canción habla de dos amantes confesando cómo al separarse notaron que estar juntos era lo que en verdad deseaban, pero que al verse otra vez pueden encontrar una manera, un camino, pueden sonreír.

En la segunda parte, él se me une de manera tímida, por lo que le sonrío para que continúe, la canción sigue hablando de como aun cuando les costó trabajo, de cómo el día que se despidieron fue el peor pero que llegaron a rencontrarse y fue el mejor día de su vida. Hablando de un presente claro, un presente feliz. Es hasta hoy que puedo entender la canción.

Al terminar, me olvido de todos y le beso tiernamente los labios. Los aplausos me traen a la realidad y veo como todos nos sonríen felices realmente por nosotros. Me sonrojo intensamente aun cuando sé que ellos han visto muchos de esos besos y me escondo detrás de su espalda.

-Damas y caballeros, ¡La chica en llamas!- todos ríen, incluso a mí se me escapa una risita por su ocurrencia y la tensión que en algún punto existió, desaparece.

Así transcurre toda una tarde, donde los mineros se olvidan de las frías minas, los comerciantes dejan de estresarse por los números, Sae disfruta de un verdadero estofado y yo me mantengo más de una hora al lado de la persona que más me importa en este mundo. A lo lejos veo como Haymitch nos observa, tiene un cuenco en la mano, no termino de saber quién se lo ha dado pero sé que no desea acercarse, todavía está evaluándome. Incluso ya entrada la noche, prenden una fogata y puedo notar como el distrito gris y destrozado se pinta de colores rojizos, se colorea de llamas. Al poco rato sabemos que eso se acaba, pero antes de que todos nos marchemos, Peeta nos díce:

-Sabemos que estamos en tiempos difíciles. Hasta que encontremos una solución para todos, para que cada quien vuelva a ser independiente, déjennos ayudarlos. Si es posible, hagamos esto diariamente, para que así nos unamos como antes y salgamos adelante.

-Les puedo enseñar a cazar.

Sé que no me han dado permiso, pero no puedo evitar decirlo. Muchos se me quedan viendo y los hombres sonríen, asintiendo. Veo como Peeta comienza a pensar como enmendar mi error.

-Primero saquemos adelante las minas, así el comercio también comenzará a andar ¿les parece?

Todos le dan la razón y en poco nos encontramos camino a casa, vamos de la mano, es cómodo y reconfortante. No sé lo que somos, pero me hace feliz que lo seamos. Me quedo pensando en la poca población que tenemos así como recursos, creo que nos comparo con el 4 y que lo hago en voz alta porque Peeta me llama genio, pero antes de que pueda preguntarle a qué se refiere entro a la casa en la cual el teléfono está sonando. Temo que sea Gale por lo que corro a contestar, no sé cuál podría ser la reacción de mi chico del pan y no planeo arriesgarme.

-Sinsajo.

-Comandante Paylor- mi voz detona sorpresa- Perdón, Presidenta.

-Seamos realistas, Sinsajo, para ti siempre seré Paylor. Tengo entendido que tenías un pacto con Snow, el cual consistía en no mentirse el uno al otro, ¿me equivoco?

-No.

-ok, entonces te propongo lo mismo. ¿Aceptas?

-Sí.

-Muy bien, te seré sincera. No puedo dejarte cazar.

-¿Por qué es eso?

-Porque sé lo buena que eres. Sé que no sigues órdenes, sé que la caza te dio las habilidades que tienes y no puedo tener por seguro que lo que estés haciendo no sea una revolución.

-¿Estás tonta?

-¿Perdóname?- por su tono de voz puedo entender que no está acostumbrada a que la llamen así, pero sus suposiciones se me hacen completamente estúpidas.

-En el momento en el que veas a mi distrito, veas lo destruido que está, el hambre que pasan podrás entender que nos importa un comino todo lo demás. Queremos sobrevivir.

-Katniss, ¿me dejarías tomar la llamada?-Es Peeta, que tiene la cara calmada a comparación de la mía que empieza a enojarse y tener fruncido el ceño. Sé que él está de mi lado, creo que es el único en el cual realmente confío por lo que le paso el teléfono y salgo. Empiezo a tirar flechas al árbol. Después de cierto tiempo, puedo notarlo tras de mí.

-Tendrás que fabricar más de esos, tus alumnos los necesitarán.

Me volteo de golpe, tiro mi flecha pero aun con arco en mano me lanzo a sus brazos. Él comienza a dar vueltas y reímos. Al separarme le miro a los ojos y sé que sabe lo agradecida que le estoy. Le beso de manera delicada pero entusiasta, como antes él es el que rompe el contacto.

-Antes de que me agradezcas, hay algo que debes de saber.- alzo una ceja, aun estando en sus brazos- Vendrán algunas personas…

-¿A qué te refieres? ¿Quiénes?

-La condición de Paylor fue que estuvieras con alguien que ella confiara, por lo que vendrán algunos agentes de la paz, el Doctor Aurelius y…

-¿Y?

-Johanna.

-¿La descerebrada? ¿En verdad? ¿Se quedará con nosotros? – en mi voz hay una nota de felicidad.

-Espera… ¿Qué me perdí? ¿En qué momento la quieres?

-Bueno, si se vuelve a desvestir en frente de ti, la mato, pero desde la revolución creo que nos aprendimos a querer.

-Entonces no hay problema alguno, ¿no crees? Podrás enseñar y tendremos más recursos.

-Espera… ¿Cómo tendremos más recursos?

-¡Oh! Bueno es una idea, pero la quiero platicar mañana con los demás a la hora de la comida.

-¡Oye! Cuéntame, al menos que el ser tu esposa tenga sus beneficios.

-Me encantaría que eso fuera real. – por un segundo sus ojos azules se ven oscurecidos por la sombra de la tristeza, pero se recupera y dice: -cuando lo sea, tendrás ese beneficio, mientras no lo sea, tendrás que esperar. – hago un puchero y él besa la punta de mi nariz. Nos adentramos una vez más a la casa y se separa.

-¿Te vas?

-Poco a poco, ¿lo recuerdas?- sin realmente estar de acuerdo, lo acepto y lo dejo partir.

Cuando lo veo irse, siento como mi corazón se parte y noto así que la canción tiene razón: estando lejos aprendo que quiero estar a su lado.


Me gustaría aclarar varias cosas:

1. La canción que use se llama "Confieso" y no sé bien de quien es, pero la versión que yo conozco y me encanta es de Natalia Lafourcade con Leonel García. No puse la letra, como lo hice en la canción del árbol del ahorcado porque no me pareció correcto, creo que Collins hizo algo maravilloso al escribir las canciones que poner una popera, no me pareció bien, sin mencionar que así la imaginación puede volar un poco más.

2. Perdón por no actualizar antes, como dije arriba tuve unos problemas con mi laptop, está un poco loca, entonces puede que ahora tarde un poco más, pero prometo que no será tanto.

ísimas gracias a todos los que me dejan review, me hacen muy feliz. Especialmente a aquellas que son Guest, les agradezco por aquí sus comentarios. Natii, regresa jajajaj :D

Por último, solo me gustaría aclarar que las letras en cursiva son extractos exactos de los libros, porque para mi este capítulo es como la base de la relación Peeta Katniss, empezando pero bien fuerte. Espero en verdad que les guste y me dejen un comentario por aquí. Venga, no les quita mucho tiempo y créanme que me ayudan bastante.

Gracias por leer! Espero verlos pronto(;

.:Nina:.