Disbelief at the last minute.
#4 | Unión
500 palabras


Tardó algo más que una hora dentro de la tina de su departamento para recomponerse. Estuvo observando a la nada durante un buen rato, y quizá hubiera sido lo mejor si sólo hubiese estado con el propósito de relajarse por el hecho de que ya se casaba, y no por lo que estaba pasando en su mente referente a la noche anterior.

Ikki no dudaba que estuvo realmente drogado el día anterior. Tampoco dudaba que todavía hubiera cantidades inhóspitas de alcohol en su sangre, y que tardaría más de un baño largo para removerlas de ahí. Lo que sí dudaba era que pensamientos coherentes hubieran estado dentro de su cabeza cuando creyó que sería una buena idea comenzar a besar a su mejor amigo una noche antes de la boda.

Por la forma en la que su cuerpo reaccionaba, podía tener la consciencia limpia de que no hizo nada con Mime más allá de devorar su boca y destrozar su cuello, lo cual hasta cierto punto lo tenía aliviado y mortificado. Realmente, ¿qué carajos pasó por su cabeza? ¿A qué maldita "voz" siguió estando dopado?

Hundir su nariz dentro del rango de alcance del agua no era una respuesta que le ayudara con su actual conflicto. Ni tampoco evitar mirar el reloj que colgaba del otro lado de la habitación diciéndole que no tenía el tiempo del mundo para suicidarse con aguas con sales agregadas y de temperaturas recomendadas sólo para instancias terapéuticas.

Echarse para atrás no era una opción muy tangible en su actual estado, y realmente no quería morir de una forma tan patética. Menos teniendo la oportunidad de hacerse de que nada sucedió y que podría tener una relación perfecta, una esposa perfecta y, en algún punto de su vida, unos hijos perfectos, los que querrían mucho a su tío Mime y…

…y una mentira tan hipócrita la que su inconsciente le hacía repetirse, ¿huh?

Para su buena fortuna, la ceremonia no había durado eternidades como esperaba que fuera. Cuando Esmeralda había llegado al recinto, sintió que habían reemplazado a su prometida por un ángel, su rostro cubierto con un velo que le cubría los ojos de descubrir las atrocidades que Ikki cometió estando no consciente de ello. Realmente, el mundo no era merecedor de ella, su inocencia, su pureza.

Mime también se había presentado. Ikki no sabía cómo, pero notó positivamente que había logrado cubrir su cuello a tiempo. Después de todo, lo que sucedió la noche anterior, si alguien más llegaba a enterarse, serían ambos perjudicados, él uniéndose con alguien más y con Mime… bueno, ese no era el punto realmente. ¿O sí?

La pequeña celebración después de la ceremonia fue encantadora. Habían decidido rentar un lugar lleno de naturaleza, alejado un tanto de la ciudad y con una vista preciosa. Esmeralda había optado por quitarse tan estorboso vestido y decidido que podría estar con ropa normal por un rato.

Lo más triste de la celebración, por muy buena que resultara: nadie atrapó el ramo.


―gem―