Sinceramente, si lo pienso ahora, no entiendo cómo ha sucedido esto. De cualquier manera en la que lo vea, esto es demasiado incluso para mí. Estoy sobre un árbol, en medio del bosque, mirándole mientras entrena. Sostengo mi barbilla con mi mano mientras veo como mueve su báculo de un lado al otro, haciendo gala de su fuerza y flexibilidad con cada movimiento. Mientras le miro, intento averiguar cómo terminó todo así. Repaso nuestra historia para descubrir aquello que me atrajo hacia él.
Había estado vagando durante mucho tiempo, hasta que un día, al llegar a Demacia encontré algo en lo que era buena. Podía cocinar para la gente de aquel pueblo y con permisos del príncipe Jarvan pude abrir mi restaurante. Aunque era la única que atendía el lugar, no había quejas de nadie. Esto no era sorpresa, ya que la mayoría de mis visitantes eran hombres que solo pasaban para mirarme.
Lo sé, puedo ver a través de sus almas y sé la razón por la que vienen al restaurante. Noes por la comida, sino es porque quieren que en algún momento tropiece y mis encantos queden al aire. Todos esos malditos siempre han deseado eso, y lo sé, porque puedo verlo. Incluso cuando gente comenzó a ayudarme con mi restaurante, la única razón por la que acudían era para mirarme a mí. Esto nunca me molestó, ya que bastaba soplarles un beso para que dejaran una jugosa propina al salir.
Mis días eran así, con todas las miradas puestas sobre mí, hasta que un día, los vi entrar. Un raro humano con muchos lentes sobre la cara, seguido de este chico-mono. Eran una pareja rara para mí, quien solo había visto trabajadores demacianos y algunos cuantos guerreros acudir a comer.
En cuanto tomaron una mesa y una de mis ayudantes les tomó la orden, intenté mirar dentro de ellos. Nada. No era como si no pudiera leer lo que pensaban, era más como si lo que leía no pudiera entenderlo. Decidí ponerlos a prueba, ya que no me creía la posibilidad de que hubiera un humano que no tuviera una pizca de lujuria o deseo. Tomando la orden que era para ellos, la puse en mi charola y a propósito acorté un poco más mi falda para después encaminarme al dúo.
Todos me miraban. Sentía sus ojos como clavos en mi cuerpo, pero al llegar con ellos, interrumpieron su plática un momento solo para agradecerme y luego hicieron como si yo no existiera. Regresaban a su cuento y comenzaban a comer. Era algo imposible creer que ni siquiera les hubiera llamado la atención. Caminé de regreso a la cocina consternada ligeramente por lo que acababa de pasar. Mis ojos no se despegaban de aquel humano y de su compañero.
Los observé durante toda su comida, hasta que pidieron la cuenta. Una vez más y empeñada que nadie podría resistirse a mí, me acerqué a ellos. En esta ocasión, me miraron un poco más, pero fue solo un momento ya que tuvieron que hablar entre ellos para ver quién iba a pagar. El humano tomó la iniciativa, por lo que sacó el dinero y me lo tendió. Su compañero me miró por unos segundos, y fue cuando pude verlo.
Al final una imagen clara empezaba a dibujarse en su mente. Imaginé en ese momento que vería algún indicio de lujuria o maldad en él, como todos con quienes me cruzaba, pero lo que vi me sorprendió. La imagen que observé en su alma, era una flor. Quedé turbada un par de segundos. ¿Me estaba comparando con una flor? Por primera vez en mucho tiempo, me sonrojé. Los vi levantarse y salir después de haber pagado su cuenta.
Era sorprendente. Mientras que el humano parecía siquiera haberme notado, su acompañante me miró y me comparaba con una flor. Aquel dúo me intrigó de una manera que no esperé.
Tuvieron que pasar varios días hasta que aquellos dos volvieron al restaurante. En esta ocasión, se veían sucios y algo cansados. Los observé sentarse a la mesa mientras que el humano sonreía. Su acompañante mitad mono no parecía muy contento. Una visión más profunda a sus almas me señaló lo que provocaba risa en uno y enojo en otro. Al parecer, aquel chico mono cayó de un árbol de una manera graciosa. Incluso me reí yo al revivir aquel momento.
Una vez más y siguiendo con mis experimentos, me acerque de nueva cuenta a la pareja para tomar su orden. Era la misma comida del otro día. Una orden de panes al vapor acompañados de algo de carne. Una vez más volvió a mirarme el compañero del humano, y esperaba con todas mis ganas ver ese indicio de maldad dentro de él que no pude ver la ocasión anterior. Una vez más, en su alma solo se dibujó la misma flor.
—¿Te pasa algo, Wukong?.-llamó el humano cuando su compañero volteó la cara ante mi mirada.
—No maestro, iba a… estornudar.-respondió su pupilo.
—Por cierto, escuché que este restaurante tiene un servicio a domicilio, ¿Es cierto?.-el maestro me miró con todos esos extraños lentes.
—Sí. Dependiendo del lugar será el costo extra, pero podemos cumplir con ese servicio.-contesté amablemente.
—Suena bien, ¿No crees?.-comentó mirando a su alumno.-Así quizás no tendríamos que tardar tanto para venir por tus panes que tanto te gustan.-
—Es una buena idea maestro.-respondió respetuoso Wukong.-Esos panes son de lo mejor.-
—Yo los preparo.-intervine orgullosa.-Son mi receta especial.-
—¿De verdad? Quiero decirte que son exquisitos.-me tomó la mano impulsivamente.
Mi primera reacción hubiera sido una insinuación hacia él para dominarle. Un coqueteo suave para cautivarlo y quedara prendado de mí, pero al mirar sus ojos dulces y llenos de entusiasmo, lo único que pude hacer fue sonrojarme. En su alma, lo único que veía era aquellos panes que preparaba y a él disfrutándolos. Me era imposible creer eso. ¿No tenía ningún ápice de malicia aquel joven? ¿En su mente no podía imaginarse una situación más conmigo a su lado?.
—Aunque, nuestro hogar está algo lejos de aquí. No sé si nos alcanza.-me despertó el maestro mirándome también.
—Puede hacerme un mapa. Le garantizo que nuestra comida llegará.-
—De acuerdo.-
Regresé a la cocina para transmitir la orden y entregarla minutos después. Los veía comer y platicar mientras reían. Al terminar, me acerqué nuevamente con ellos.
—Este es el lugar. Puede ser un poco complicado debido a que está en medio del bosque, espero que no te pierdas.-me comentó el hombre de los lentes.-Quisiera que dentro de cuatro días, nos enviaras una orden de panes.-
—No se preocupe. He pasado mucho tiempo en el bosque y sé cómo manejarme por esos lugares.-le dije recordando mi pasado.-Estaremos ahí en cuatro días.-
—Excelente.-se levantó de la mesa.-Vamos Wukong, tenemos que seguir nuestro entrenamiento.-
—Claro, Maestro Yi.-
Los vi salir una última vez a los dos por la puerta de mi restaurante. Esperaba con verdaderas ansias el día para ir a visitarles. Mi curiosidad animal me invadía de una manera que no puedo describir. Pasaban los días en aquel restaurante, pero yo solo lo tomaba como un número menos en la cita. Cuando el día llegó, con entusiasmo preparé una orden de panes y salí lo más temprano que pude. Incluso algunas compañeras que me ayudaban se veían sorprendidas por verme tan activa a esa hora, pero yo quería saber. Quería saber qué hacían esos dos y por qué me miraban con ojos tan inocentes.
Si necesidad de releer aquel mapa que el maestro me hizo, caminé por el bosque, evocando recuerdos de mi antigua vida, antes de tener parte de la forma humana. Las personas siempre me intrigaron, por eso me sumergí en su mundo y de pronto, conocer a estas dos que no veían con ojos de deseo, era más intrigante aún. Seguí mi camino hasta que al final pude dar con una cabaña oculta en el bosque. Parecía como si los árboles y plantas hubiera formado una reja protectora ante eso.
Cuando me acerqué lo suficiente, pude verlos. Ambos en posición de flor de loto, meditando. Una espada descansaba frente al maestro mientras que un báculo reposaba frente al chico-mono. Los miré un par de segundos, envuelta también en aquel ambiente de paz que emanaban aquellos dos. Intentar mirar en sus almas era imposible, ya que lo único que podía observar era un blanco brillante. Con pasos precavidos, me acerqué el sigilo para no ser descubierta.
—Me alegra que no te hayas perdido. Puede ser bastante complicado transitar por estos sitios.-exclamó la voz del maestro.
Era imposible. Estaba por su costado, en un ángulo de visión imposible para él, pero se había dado cuenta de mi presencia. Incluso, su alumno tuvo que abrir los ojos y cerciorarse de que yo estaba ahí. Apenada por ser descubierta, me acerqué a ellos con mi canasta de comida. Ambos se levantaron de su meditación y se acercaron hacia mí.
—Tengo la orden de pan que pidió.-dije y mostré la canasta frente a mí.
—Excelente, iré por el dinero.-comentó el maestro acudiendo a la cabaña.
En un momento, nos quedamos solos aquel chico y yo. Nos mirábamos unos segundos y luego desviábamos la mirada. Nada. No había ni siquiera un signo de maldad en ese chico. De pronto me tendió la mano.
—Me llamo Wukong.-se presentó.
—Yo soy Ahri.-respondí y estreché su mano.
—Espera un segundo.-me dijo y luego saltó con velocidad fuera de mi campo de visión.
Regresó cuatro segundos después, con la misma velocidad con la que se fue. Parecía tener algo detrás de él, y así era.
—Quizás suene raro, pero cuando te vi me recordaste algo.-
—¿En serio?.-pregunté, aun sabiendo lo que era evidente.-¿a qué?.-
—Mira.-
Me mostró una bella flor blanca. Era la misma que había logrado observar en su alma las veces anteriores. Sentía un calor en mis mejillas que no era normal para mí. Tomé con delicadeza esa flor y la observé, para después mirar a Wukong. Este parecía ligeramente apenado por su acción.
—Muchas gracias.-dije intentando ver más allá.
Pero no, no había nada. En su mente no había ningún rastro siquiera de algún pensamiento malo. No había pista de alguna fantasía prohibida o de un pecado pasado. Era la primera persona que me hacía un gesto sin esperar recibir nada a cambio. Suspiré ligeramente y le miré sonriendo.
—Aquí está.-salió el maestro por fin.-Disculpa la demora.-
Entregué aquella canasta y recibí el pago. Al maestro notó la flor que tenía en la mano, pero no preguntó nada. Con el pago guardado, el maestro se acercó a mí.
—Gracias. Puedes volver a traer lo mismo en siete días.-
—¿Siete días?.-pregunté curiosa.
—Mi alumno y yo llevamos una dieta estricta. Últimamente estaba insistiendo en regresar al restaurante por algún motivo, así que la hemos descuidado un poco. Aunque tenemos un día para comer lo que nos gusta, solo será una vez a la semana. Además, así no tienes que venir por el bosque durante mucho tiempo.-
—Entiendo. Muchas gracias.-
—Gracias a ti por la comida.-
El maestro se retiró a levantar su espada del suelo y su pupilo hizo lo mismo con su báculo. Antes de entrar a la cabaña, se giró para ver si todavía estaba ahí, y así era. Se despidió de mí con la mano en todo lo alto y yo respondí el gesto suavemente. Regresé a Demacia con aquella linda flor en mi mano.
Los días siguientes fueron como si nada. Órdenes y miradas indiscretas por todas partes. En realidad, ya no me preocupaba por aquello. Lo único que ocupaba mi mente era el conteo regresivo sobre los días que faltaban para volver a ir a ver al maestro y su alumno. De alguna manera, cada noche al cerrar el restaurante y quedarme sola, pensaba en aquel chico y en la flor. Sacudí la cabeza alejando esos pensamientos.
Cuando llegó el día, hice de nueva cuenta lo de la última vez. Preparé algunos panes, salí temprano y me encaminé hacia aquella cabaña sumergida en el bosque. Caminaba rápido, ya que por alguna razón quería llegar lo antes posible. En esta ocasión, llegué casi en tiempo record. Miré las afueras pero no había nadie ahí. De pronto, de un árbol veo caer a Wukong. Este apoyó una pierna al suelo para amortiguar el impacto. Movía su báculo con maestría mientras peleaba con oponentes imaginarios.
Cualquiera que sea el arte marcial que llevaba, parecía demasiado disciplinado en ello, ya que sus movimientos eran potentes, firmes y precisos. En un giro que dio, logró darse cuenta que yo estaba ahí, lo que le sacó de concentración. Erró un movimiento y resbaló cayendo al suelo. No pude evitar soltar una risita ante ello.
—Hola-me saludó una vez recuperado.
—Hola.-
—El maestro volverá pronto. Fue por algo de leña y no tardará.-
—Descuida, no tengo prisa. ¿Qué era lo que hacías?.-pregunté sentándome en el pasto con la canasta junto a mí.
—Oh, es el estilo Wuju. El maestro me entrena para que sea igual de bueno que él.-
—Suena interesante.-
—Lo es. Las formas, los movimientos, todo esto es…-se detuvo.
La emoción con la que explicaba las cosas me parecía enternecedora. Se apenó ligeramente ante mi mirada. Observé el pelaje que le cubría y una duda asaltó mi cabeza.
—¿Eres un mono?.-pregunté directa.
—No. Bueno… algo así. Hace tiempo encontré al maestro Yi y me enseña el arte Wuju. Quiero ser el más fuerte de todos y lo demostraré en la liga.-
—Suena a un objetivo bastante grande para alguien.-
—Lo sé, pero sé que puedo conseguirlo. Ser mitad animal no es algo que convenza a mucha gente y que ellos…-
Se detuvo, y yo sé muy bien el por qué. Me sentía bien con él, así que por primera vez en mucho tiempo, deshice el hechizo que mantenía mi forma humana. Mis orejas zorrunas, así como mis colas aparecieron frente a él. Se quedó con la boca abierta ante tal transformación.
—Entonces… tú también…-
—Sé cómo es no encajar del todo en un mundo lleno de humanos, así que en parte, te comprendo. Me pareces alguien interesante.-
—Oh, gracias.-sonrió apenado.-Tú también eres interesante. Es decir, preparando los panes y cocinando esas cosas en el restaurante, es genial.-
—¿Te gustan mis platillos?.-
—Sí, sobre todo los panes.-
Le tendí la canasta, la cual él tomó con cierto temor. Al retirarla de mi mano, le sonreí sinceramente. Su alma estaba difusa, como si no entendiera lo que estaba pasando. Sin decir más, me di media vuelta y comencé a retirarme, recobrando mi forma humana, escondiendo mis orejas y colas.
—Espera, el dinero…-
—Dile a tu maestro que este va por cuenta de la casa.-exclamé antes de alejarme más.
Cuando regresé a casa, en la hora de cerrar, pensaba en las palabras de Wukong. A pesar de que su intención de ser el más fuerte era enorme, no parecía tener un ápice de maldad dentro de sí. Sonreí al recordar sus halagos sinceros hacia mi comida y mi persona. Era él, la primera persona que me hacía sentir así. Esperé una semana más, contando los días para que pudiera volver a esa cabaña. Ya ni siquiera me encargaba de engatusar nuevos clientes ni de insinuarme a alguno que otro humano para divertirme.
En lugar de eso, simplemente pensaba en qué receta podría preparar para el maestro y su alumno. Un pastel fue la idea resultante de mis reflexiones. Antes del día 7, me apuré a cuidar todos los detalles del pastel. Al día siguiente hice lo que venía siendo mi rutina. Salir temprano y casi correr al encuentro.
Así es como llegué este día. Ahora subí a un árbol para mirarles desde un mejor ángulo. Entrenan entre ellos, con sonoros y devastadores golpes que son detenidos entre sí. Sé que el maestro se ha dado cuenta de mi presencia, porque en cuanto llegué giró la cabeza rápidamente a donde estaba yo, pero el pupilo no parece siquiera estar enterado de que alguien más le observa.
Pasan los minutos y su entrenamiento se debilita por el cansancio. Al final , el maestro hace una seña y detiene el combate. Luego lo veo caminar hacia mi árbol y mirarme desde abajo.
—¿Cuándo piensas bajar?.-me grita.
De un salto y ya sin ocultar mi verdadera forma, bajo del árbol. Observo la cara de Wukong, quien se sorprende como un niño pequeño de un mago. Muestro mi canasta al frente y le invito a acercarse. Con curiosidad, corre a mi lado para observar el interior y mirar el pastel que le he preparado.
—¿Un pastel?.-menciona él.
—Pensé que te gustaría.-
—Excelente.-dijo Yi, quien no parecía inquieto por mi verdadera forma.-Oye Wukong, me habías dicho que no recuerdas cuando habías nacido, ¿Cierto?.-
—Así es maestro. Pasó hace tanto tiempo que no recuerdo cómo o cuando nací.-
—Bueno, ya que tenemos un pastel aquí, declaremos que hoy es tu cumpleaños. Lo celebraremos hoy cada año.-
—Es una buena idea..-intervengo.-Además, yo puedo prepararlo si quieres.-
—Eso sería grandioso.-sonríe feliz.
No sé qué tenga este chico, ni lo que pueda pasar. Solo sé que es de las primeras personas, junto a su maestro que no me dirige una mirada de liviandad. No crea fantasías grotescas usándome a mí. Él, cuando me mira y yo puedo ver su alma, simplemente me imagina con él, con un pastel y rodeado de panes. Quizás ese es su más grande deseo. El tener panes míos todo el tiempo, y quizás, juntos podamos hacer ese sueño realidad.
