Capítulo 4. Los lazos inquebrantables

La almirante Abbari frunció el ceño cuando uno de sus oficiales la llamó a su camerino para darle la noticia:

—Ano Bei Haddun, del planeta Jiqiss, solicita permiso para aterrizar en nuestro crucero estelar. Pide una audiencia con usted.

—¿Ano Bei Haddun? —preguntó ella, a quien el nombre no le decía nada.

—Es un importante comerciante del Borde Exterior, almirante. Asegura tener algo que puede interesarle.

La almirante no estaba nada convencida con las explicaciones del oficial, pero aun así sintió cierta curiosidad. La Primera Orden no tenía la misma influencia allí que en el Núcleo o en el Borde Interior, pero aun así eran muchos allí los que preferían tener contento al Líder Supremo a cambio de favores futuros. Y no era ninguna novedad que la noticia de que la Primera Orden se hallaba en el borde exterior en busca y captura de rebeldes y supervivientes de la Nueva República había corrido por los sistemas como la pólvora. A lo mejor el comerciante había decidido venderle alguna novedad.

—¿Habéis escaneado su nave?

—Sí, almirante. No se aprecian más formas de vida que el mismo Ano Bei Haddun. Además, se trata de un modelo ligero, sin armas y sin capacidad de carga.

—Bien. Dejadle aterrizar. Y registrad la nave una vez esté en el muelle de carga. Si todo está en orden, traedle a mi presencia.

Media hora más tarde, la puerta de la sala de audiencias se abría y dos soldados entraban en ella escoltando a un visitante. Pero la persona que apareció no fue la que la almirante Abbari esperaba.

—¿Qué clase de broma es esta? —exclamó la mujer, mientras paseaba su mirada sorprendida de un soldado a otro.

Ninguno de los dos pareció entender a qué se refería su superior.

—Ano Bei Haddun solicitó una audiencia con usted —repuso uno de ellos, explicándose—. Y usted nos ordenó que le trajéramos aquí.

Fue entonces cuando el visitante habló. Su voz distorsionada emergió dela capucha oscura que le cubría la cabeza:

—Almirante, ordene a sus hombres que se retiren.

—¿Cómo?

Pero el visitante insistió:

—Hágalo.

Y Abbari obedeció, porque no tenía alternativa.

Los soldados abandonaron la estancia y la almirante y el visitante se quedaron a solas.

—¿Qué significa esto? —preguntó la mujer entonces, visiblemente irritada.

El visitante aprovechó para retirar la capucha que le cubría la cabeza, dejando así su máscara al descubierto. A través de ella, estudió con detenimiento a la almirante.

A primera vista Abbari podía parecer una mujer delicada y vulnerable. Era baja y delgada, y su rostro angelical era casi el de una niña. Pero su fama la precedía. Kylo no la conocía en persona pero había escuchado hablar de ella. De la mujer que había adquirido el rango de almirante antes de cumplir los treinta. De la mujer que estaba ahora al mando de la búsqueda de la base de la Resistencia.

Vestigios de la Fuerza habitaban en ella y, aunque nunca habían sido muy intensos, la almirante había conseguido sacarles todo el partido del que había sido capaz. Kylo pudo percibirlo al sondearla y de ese modo entendió por qué su manipulación no había funcionado con ella como lo había hecho con los dos soldados.

—No se sulfure, almirante. He sido yo quien ha usado la Fuerza en los soldados para que no delataran mi identidad. Nadie debe saber que estoy aquí.

—¿Y eso? ¿Se trata de algún tipo de misión secreta? —quiso saber ella, confiriendo a la pregunta cierto tono de burla.

Pero Kylo se limitó a ignorarla.

—Así es —confirmó—. Tengo entendido que está usted al mando de la búsqueda de la Base Rebelde y necesito cierta información.

—¿Qué clase de información?

—Sobre el estado de la misma.

—Bueno, tenemos algunos indicios. Pero todavía estamos lejos de dar con la ubicación exacta de su guarida actual. Controlamos las principales rutas de transporte del Borde Exterior, así como los puertos más transitados, pero no hemos dado con nada remarcable todavía.

—¿Y sobre el paradero de Luke Skywalker?

—Lo cierto es que hemos dejado de investigar eso último. Seguimos sin poder situar en el conjunto de la galaxia el mapa del que disponemos. Los expertos creen que se trata de un lugar en las Regiones Desconocidas y que el fragmento que contenía la unidad BB-8 debía incluir las coordenadas exactas para el salto al hiperespacio. Así que sin ellos poco podemos hacer.

La almirante relajó su posado oficial y fue a apoyarse en el respaldo de una de las sillas que había alrededor de la mesa de reuniones que presidía la sala.

—Aunque no entiendo por qué me pregunta eso, Caballero Ren. Le transmito un informe detallado al general Hux cada ciclo. En las altas esferas deben estar al corriente de todos los pormenores. ¿Es que no le han puesto al corriente?

El tono sardónico que de nuevo había usado la almirante irritó profundamente a Kylo que, en un arrebato, extendió su Fuerza para llegar hasta la mente de la mujer.

Abbari sintió como si una mano helada se le metiera dentro y llenara su mente de una inquietud que no sabía muy bien de dónde procedía. Era una sensación profundamente desagradable, asfixiante y sucia. Una sensación que la hacía temblar de miedo.

La almirante hizo un ruido ahogado y Kylo cesó la presión, dándole la espalda.

—Quiero que me hable de esas rutas de transporte que está controlando.

—El sector oeste está teniendo una actividad más intensa de lo normal, señor —dijo ella, usando ahora un tono muy distinto al que había estado usando hasta el momento; un tono formal y contenido—. Los sistemas de Iridium y Selenium, en especial. Hemos explorado todos sus planetas, pero no hemos encontrado nada fuera de lo común. De todos modos, hay partidas de cazas que peinan la zona con regularidad y hemos establecido bases en todos ellos.

—¿Y tienen alguna pista por parte de los cazarecompensas?

—No, señor.

—De acuerdo, almirante. Agradezco por su colaboración.

Abbari aguardó, con los puños cerrados, a que Kylo saliera de la sala y alejara su poder oscuro de allí. Pero en vez de eso, el caballero se acercó a ella y le dirigió una mirada penetrante que le puso los pelos de punta. La almirante estuvo a punto de dar un paso atrás para alejarse del Jedi, pero la voz de él la dejó paralizada:

—Almirante Abbari, ahora olvidará mi presencia en la nave. Se sentará en esa silla de allí y cuando le informen de la partida de mi nave recordará una conversación poco fructífera con Ano Bei Haddun, que no aportó nada relevante.

Kylo pasó su mano derecha por delante del rostro de la almirante y los ojos de ésta adquirieron un tono vidrioso. Había sentido cierta resistencia en la mente de la almirante, pero nada que su poder no hubiese podido remediar.

—Como usted ordene, señor —dijo ella.

Y tras ello fue a sentarse en la silla que le había indicado Kylo.

La nave emergió del muelle de carga del crucero estelar y la adentró en el espacio. En su interior, Kylo activó el mapa de la zona y localizó los dos sistemas de los que le había hablado la almirante Abbari, para trazar un rumbo hasta ellos.

La visita había sido mucho más fructífera de lo que el caballero esperaba. Después de ojear los informes que la almirante enviaba periódicamente al general Hux, Kylo había llegado a la conclusión de que allí no encontraría ni siquiera un pequeño saliente al que agarrarse. Pero cuando barajaba otras posibilidades para llevar a cabo su plan, una leve percepción le había obligado a visitar el lugar de todos modos.

La Fuerza siempre era complaciente con los que sabían escucharla.

Estaba claro que la Base de la Resistencia tenía que estar, sino en uno de esos dos sistemas, en algún otro cercano. Iridium y Selenium, junto a Ileenium, y Platinium, formaban parte de un suprasistema cuaternario que no tenía apenas actividad comercial. Ese repentino aumento de trafico indicaba que algo se estaba gestando en la zona. Y aunque los soldados de la Primera Orden no habían encontrado nada allí, Kylo sabía que él sí podría hacerlo. Porque la presencia de la General Organa no podía escapar a su percepción.