El Milenio de Plata
Escrito por: Tenou Haruka
Capítulo 3. Las princesas llegan a la Luna
Y los cuatro años pasaron rápidamente, como un parpadeo apenas. Setsuna llevaba ya dos años entrenándose en el Palacio del Reino de la Luna. Apenas tenía los 8 años y todo el mundo decía que era tan dedicada a su labor como su madre, aunque había heredado el encanto personal y la belleza física de Lord Charon, cuyo cadáver fue descubierto hacía poco más de año y medio. Fue encontrado en uno de los desérticos mares del satélite del Planeta más lejano del Milenio de Plata, descuartizado y congelado por la carencia de Sol y las malas lenguas decían que había sido la mismísima Lady Plutón quien le había matado al encontrarle con otra mujer. Por suerte, Setsuna no había heredado el mal carácter de su madre y era una joven alta para su edad, de cabello verde oscuro, largo y liso y unos exóticos ojos de color escarlata que, al mirarte, parecían penetrar en tu interior y leer tus pensamientos.
Se quedó en Palacio, estudiando astronomía con Lady Mercurio, mientras la Reina Serenity acudía a la estación espacial a recibir a las princesas de los planetas exteriores. Las jóvenes princesas debían abandonar su hogar para entrenarse en la Luna y, llegado el momento, convertirse en Guerreros.
La Pequeña Dama se empeñó en acompañarla. Era testaruda como su padre y tenía unos ojos tan tiernos y alegres que la Reina no pudo evitar llevársela con ella. Usagi se encontraba persiguiendo una mariposa mientras Serenity esperaba pacientemente la llegada de la nave que había ido a Saturno, a Urano y a Neptuno a buscar a las princesas.
El Reino de la Luna había avanzado tecnológicamente mucho más que los demás planetas del Milenio de Plata y contaba con una red de transportes aeroespaciales altamente competentes. Cada cinco minutos salían y llegaban naves cargadas de mercaderías y gente de todo tipo. Escuchó un ligero zumbido en el viento y llamó a Usagi. La Pequeña Dama hizo pucheritos al tener que dejar a la mariposa pero acudió obedientemente al lado de su madre, cogiéndose de la falda del largo vestido blanco de la soberana.
Levantaron la vista y al cabo de unos momentos apareció una pequeña nave de color blanco y gris. Con precisión milimétrica se depositó suavemente sobre un círculo del suelo y apagó los motores. La compuerta situada al lado del ala derecha de la nave se abrió y una escalera apareció para facilitar el descenso de los viajeros.
La primera persona en aparecer fue una joven pequeña, de cabello negro azabache y enormes ojos púrpura. Llevaba un vestido de corte infantil, que le llegaba por debajo de las rodillas, de color violeta. Bajó lentamente y al llegar hasta la Reina Serenity hizo una cortesía.
"Majestad, mi nombre es Hotaru. Soy la princesa de Saturno y espero convertirme en una Guerrero tan poderosa como mi madre en un futuro próximo." recitó el ensayado discurso bajando la vista con humildad.
Serenity sonrió afablemente y asintió, haciendo que la joven se pusiera en pie, no sin antes dedicar otra pequeña cortesía a la Pequeña Dama, que estiró los brazos para jugar con Hotaru, aunque la Reina la retuvo a su lado.
De la nave bajó otra figura, una joven que a simple vista parecía encantadora. Tenía el cabello de un color extraño, aguamarina, quizás azul verdoso, rizado y largo, ojos azules y piel clara. Llevaba un vestido largo y elegante de color verde y esbozó una elegante cortesía al situarse frente a la soberana.
"Majestad, yo soy Michiru, princesa de Neptuno" dijo en voz baja.
Serenity también le dio su aprobación y Michiru se situó junto a Hotaru. De la nave bajó un chico alto, de cabello rubio, casi blanco, ojos verdes y pantalón y camisa blancas. Hizo una reverencia al situarse ante la, ahora confundida, Reina Serenity y también se presentó.
"Majestad, soy Haruka, princesa de Urano y espero ser una Guerrero a la altura de las circunstancias cuando se requiera" dijo de forma altiva, mirándola a los ojos.
La Reina Serenity se echó a reir por lo bajo, aunque sin mostrarlo abiertamente y asintió. "Por un momento pensé que eras un muchacho" confesó.
Haruka le dedicó una sonrisa ladeada. "No me gustan esos vestidos tan incómodos, majestad", respondió.
"Pues tendrás que acostumbrarte a ellos", repuso la Reina, dando media vuelta y dirigiéndose a Palacio.
Haruka rezongó por lo bajo pensando que eso sería por encima de su cadáver y, junto con las otras dos princesas y la Pequeña Dama, siguió a su Soberana.
Las tres recién llegadas se sentaron frente a una mesa enorme, redonda, de caoba exquisitamente tallada en sus bordes, con figuras mitológicas y porciones de historia del pasado del Milenio de Plata. Se encontraban en la Sala de Reuniones del Palacio de la Luna, una enorme estancia decorada de forma sencilla y práctica. Unos cuadros con mapas y escenas bélicas adornaban, entre banderas y objetos militares las desnudas paredes blancas. Las sillas eran grandes, de las jovencitas tan sólo asomaba la cabeza por encima de la mesa, confiriendo cierto grado de ridiculez a la escena. Hotaru miraba embelesada los mapas de las paredes, Michiru se dedicó a admirar las figuras entalladas de la madera de la mesa y Haruka daba golpes con los pies a las patas de la mesa.
La Reina Serenity entró, acompañada de Lady Mercurio, Marte y Venus. Desde la muerte de Lady Júpiter no se había encontrado a nadie que ocupara su puesto, aunque como atravesaban momentos de paz la cuestión no suponía un asunto urgente. Estaban barajando la posibilidad de incluir al hermano de Lady Júpiter a la Guardia Personal de la Reina pero no era un joven especialmente dotado para el puesto. Lady Júpiter había dejado un hueco emocional difícil de llenar.
La Soberana sonrió al ver a las jóvenes princesas mirándolas asombradas y tomó asiento en la silla principal de la Sala. Venus se sentó a su derecha y Marte y Mercurio a su izquierda.
Las princesas de los planetas exteriores no habían visto jamás en persona a las Inner Senshi y se sintieron sobrecogidas por su imponente presencia.
Venus era la típica líder, una mujer alta y rubia, de ojos azules, belleza extraordinaria y carácter duro y disciplinado. Decían de ella que se había casado con un hombre de aspecto horrible para burlarse de él mientras salía con sus numerosos amantes. Cuando murió Lady Júpiter adoptó a su hija, Makoto, y la criaba junto a su propia hija en el Palacio de Venus. Todos decían que era una madre frívola y una libertina, pero lo cierto es que en el campo de batalla era la líder indiscutible por su sobriedad y maestría.
Marte las miraba con ojos críticos. El fuego de aquella mirada no parecía ir acorde con lo que se decía de ella en la corte, que era una marioneta manejada con destreza por un marido orgulloso y dominante. Sin embargo, en el campo de batalla era (después de la muerte de Lady Júpiter) la Guerrero más sanguinaria y dedicada a su trabajo.
Por otro lado, Mercurio... sus ojos denotaban cansancio y noches de vela. Ami, su hija, todavía no se había repuesto de la enfermedad que sufría desde pocos meses después de nacer y eso minaba la resistencia de la Guerrero del Agua. Aunque seguramente el cansancio no era enemigo suficiente para bajar el rendimiento de un cerebro de genio y el talento de una estratega nata.
Sí, aquellas tres presencias eran sobrecogedoras... aunque la mirada firme y seria de la Reina Serenity en aquellos momentos tampoco era la cándida luz azul que las había recibido hacía unas horas en el puerto espacial.
"Quiero que conozcáis a las Inner Senshi, vuestras tutoras a partir de ahora. Ellas se encargarán de daros los conocimientos necesarios para convertiros en Guerreros. Mercurio, a mi izquierda, se encargará de instruiros en ciencias y política. Marte en historia y religión y Venus os entrenará físicamente y os enseñará técnicas de lucha. He pensado que Hotaru comparta la habitación con Setsuna, la princesa de Plutón, que ya lleva un tiempo entrenándose aquí, y que Haruka y Michiru compartan otra habitación. Mhm... ah, sí, mañana comenzarán los entrenamientos y el próximo lunes las clases. De momento eso es todo. ¿Alguna pregunta?" Serenity miró con curiosidad a las jóvenes.
Hotaru negó con la cabeza, obedientemente y Haruka y Michiru se miraron de soslayo. Serenity se temió lo peor pero ninguna de las dos puso peros.
"Perfecto" pensó. "Supongo que Lady Urano y Neptuno han solucionado sus rencillas, o que sus hijas no están al corriente del odio que se profesan sus madres." sonrió encantada.
