CAPITULO 4: El primer día en mi nuevo "hogar"
– Buenos días – Percibió que le decían en su oído, abrió sus ojos lentamente enfocando su visión encontrándose con el rostro de su "nuevo amigo" a tres centímetros del suyo propio, esté le sonrió gatunamente y se alejó de él para que se lograra levantar.
– ¿Qué haces aquí? – Preguntó tartamudeando – cerraron la puerta con seguro nadie aparte de los doctores la puede abrir – dijo sorprendido.
– Oh…pues yo también puedo – Le explicó sonriéndole como si nada – pero bueno dejemos de hablar de mí, vayamos a presentarte a los demás para que conozcas mejor el lugar, de todos modos este es tu primer día, ¿no? – le tendió la mano, Gon dudó, no quería salir de su habitación, tenía el presentimiento que en cuanto saliera alguien se le abalanzaría encima y lo violaría, pero no contó con que el otro chico lo tomara de la mano de improvisto y lo jalara fuera de su cuarto…de su seguro cuarto.
– Pero…pero no quiero – Exclamó intentando tomarse de las paredes y marcos de diferentes puertas pero el albino era más fuerte que él – Oye… – le dijo parando cerca de una puerta captando la atención del moreno que lloraba dramáticamente a su espalda – no te pasará nada estoy contigo, ¿bien? – le sonrió animadamente, dándole un poco de esperanza – además… – se acerca a él – dime por mi nombre…me llamo KILLUA entiendes no "hey" o "tu" o "chico" ¿entiendes? Killua – Gon rio un poco, con el ánimo más elevado – está bien KILLUA entrare contigo pero en cuanto me dejes solo correré hasta mi habitación y nunca volveré a salir de ella- le retó haciendo que Killua le sonriera aceptando el desafío.
Abrió la puerta encontrándose con varias personas en la cafetería, Killua no tardó en avanzar decidido hacia una mesa donde había cuatro personas hablando animadamente, permaneció parado como estatua, Killua lo llamó con seguridad moviendo su mano para que se acercara a ellos, negó con la cabeza automáticamente, siguieron con una batalla de gestos hasta que el albino volvió a mover la mano para que se acercara haciendo señas de que si no iba él, le forzaría a acercarse.
La pelea termino con ellos dos acercándose en forcejeos frente a la mesa, las personas ahí se miraron con curiosidad, centrando la mirada en un nervioso Gon. – ¡Bien! – Exclamó con energía Killua – él es Gon, es el nuevo en el lugar ya debieron haber escuchado el rumor por los pasillos – Gon movió la mano con el rostro bajo.
– Yo soy Morau, un gusto conocerte eres el primer chico de la edad de Killua – Dijo con una sonrisa amable el más viejo de todos ellos. Esté miro al chico a su lado que tenía una cara de fastidio, esté chistó. – Soy Snuckle, y no quiero ser tu amigo – expresó con fastidio cruzándose de brazos. – No te preocupes Gon eso le dice a todo el mundo – dijo Killua al oído del moreno; otro chico se levantó dejando expuesto que solo tuviera un brazo pero con una sonrisa cordial le dijo – soy Shoot es un gusto conocerte – se sentó y el único que quedó fue un adulto de cejas pobladas con el ceño fruncido – yo soy Ikalgo y… – el albino lo interrumpió – es el calamar que no es calamar si no pulpo pero no lo acepta – dijo como si nada Killua soltándose a reír al ver el cambio de expresión en el rostro del moreno mayor, Gon solo los miró con pena ajena, ¿pulpo? ¿Calamar? ¿Ese hombre creía que era pulpo?, su cabeza daba vueltas mientras el albino y el hombre seguían peleando.
– Hola palm – Saludaron casi todos en coro al ver acercarse a la joven a paso lento, Gon le saludó en un pequeño susurro que ella contesto sonrojada.
-¿Se conocen? – Preguntó Ikalgo dejando de lado la pelea con Killua que se había quedado mirando en silencio – Si nos conocemos – dijo palm sonriendo. Los mayores comenzaron a hacer comentarios picaros hacia la chica que solo les respondía negando todo.
– Killua – Susurró Gon, captando su atención – ¿nos vamos a sentar con ellos? – preguntó algo avergonzado, lo miró extrañado- siento que interrumpo- volvió a susurrar juntando sus pulgares con un pequeño sonrojo. – está bien, como tú quieras – le dijo con una pequeña sonrisa, lo tomó del antebrazo, llevándolo hacia una mesa cerca de una ventana que daba al patio trasero, Gon comenzó a cavilar sobre la posibilidad de quedarse todos los días en aquel patio, se miraba muy cálido, muchos árboles, algunos animalitos, no parecía mal sitio ahora que lo miraba con tranquilidad, el albino observó atentamente al moreno enfrente de él y sonrió, lo dejó dentro de sus pensamientos en lo que iba por el desayuno, dejarlo solo unos segundos no traería problemas, además estaba muy cómodo mirando hacia la ventana, se levantó sin mencionarle nada y se alejó.
Oh grave error…
El moreno había sentido como killua se levantaba pero no le dijo nada, estaba demasiado cómodo para decir o dejar de contemplar la vista, divisó como alguien se sentaba y lo acechaba sin ninguna vergüenza. – ¿Ya trajiste los almuerzos? Que rápido – dijo girando su cabeza hacia él, pero se sorprendió al descubrir a un hombre de cabellos zanahoria y de sonrisa extravagante sentado en el lugar de Killua.
– Eh… ¿Hola? – Pronunció el moreno, ante la mirada fija del personaje – un gusto el conocerte pequeña fruta mi nombre es Hisoka, el mago – dijo el hombre con una voz ronca y madura; ¿Mago? Parece más payaso pensó Gon; el adulto por su parte se acercó más al chico tocando su mejilla con sus fríos dedos, haciéndolo tensar, una ceja tembló junto con su labio al sentir el dedo bajar hacia su cuello; iba a gritar, golpearlo, hacer algo que lo parara, ese sentimiento era horrible pero Killua se le había adelantado. Empujó al hombre desprevenido al suelo, dejando las bandejas de comida al mismo tiempo, se sentó e ignoró al enorme individuo a comparación a ellos.
– ¡Oh! Hisoka, perdóname no te vi – Soltó Killua con un tono lleno de sarcasmo, el hombre se paró y se acercó a su rostro demasiado; se quedaron así un momento y después sonrió – la pasare por hoy, Killua, solo por hoy – y así como había llegado se había ido, el albino soltó un bufido regresando la mirada a Gon, y esté solo frunció el ceño.
– ¿Qué ocurre? – Preguntó el albino sin entender, Gon le volteó la cara y empezó a comer su almuerzo, Killua levantó una ceja empezando a comer también, el silencio reino la mesa; el mayor no sabía qué hacer, movió los chicharos con el tenedor desechable de un lado a otro del plato, hasta que una brillante idea- al menos para él- cruzó por su cabeza, tomó un pequeño chícharo, lo colocó en el tenedor de plástico y lo dobló un poco, dejando caer el proyectil cerca del ojo de Gon, que solo cerro sus ojos enojado, ignorando como podía cada chícharo que caía estratégicamente sobre su rostro pero lo que más le molestaba era la sonrisa traviesa que hacia Killua cada que lanzaba un chícharo.
– ¡AHH! – Gritó enfadado Gon, levantándose; Killua se levantó también preparándose a parar a Gon si fuera necesario, se miraron fijamente por unos segundos en los que Killua no pudo aguantar más y soltó una risita, el menor se quedó en blanco; esa risa…por alguna extraña razón le había gustado, contagiado soltó a reírse con él – idiota – exclamó entre risas Gon – no me dejes solo de nuevo, ¿entendido? – dijo parando de reír, Killua le sonrió – está bien, no te volveré a dejar solo.
La otra mitad del almuerzo transcurrió bien, no volvieron a ver a Hisoka para alegría de Gon, al terminar de comer este preguntó. – Oye Killua ¿dónde está tu cuarto?
– ¿Quieres conocerlo? – Respondió Killua dejando la bandeja cerca de la cocina
caminaron por unos pasillos hasta pararse enfrente de una habitación sin puerta. Era una habitación completamente blanco marfil, con algunas camas tendidas correctamente y separadas lo más posibles unas de otras. Había algunos pacientes caminando por la habitación pero al ver a los dos chicos salieron por otra puerta que se encontraba al otro lado de la habitación, Gon se sorprendió por el acto pero no deseó preguntarle nada a Killua. Entró guiado por el chico más alto hasta la cama más apartada, en una esquina de la habitación.
– Eres el único con un cuarto solo ya que eres el nuevo, cuando crean que te has acostumbrado o te miren "más equilibrado" te trasladaran a alguna habitación como esta – Le contaba Killua a Gon como si fuera algo común. El menor observó de un lado a otro el pequeño espacio que proclamaba Killua como suyo; miró la cama pasando sus dedos por la blanca sabana y se sentó al lado de su nuevo amigo.
– ¿Qué es esto? – Preguntó Gon, cuando Killua estaba distraído en sus pensamientos. – ¡Espera! – se quejó Killua, el otro chico ya tenía la caja en sus manos y la había abierto sin prestarle atención. – Eso…- Killua solo pasó su mano por su cabello albino y suspiró con cansancio o tal vez con frustración – son cosas que he hecho o más bien me ha obligado a hacer la psicóloga del lugar; después la veras supongo – terminó quedándose en silencio esperando alguna pregunta de Gon, que no tardaron en llegar.
– ¿Estos dibujos los hiciste tú? – Preguntó mientras pasaba las hojas una por una, hasta llegar al último dibujo donde se miraba un rostro muy pálido como la piel del dibujante, pero con cabellos largos de un negro muy marcado, como si Killua hubiera tallado ese cabello duramente; y unos ojos sin expresión y sin vida. – Killua… ¿Quién es ella? –preguntó Gon enseñándole el dibujo.
Killua lo observó un instante con una expresión dura pero cansada, tal vez no debió de haber preguntado. – No es nadie es solo una mujer que me hizo dibujar la psicóloga krueger, mientras me hacía unas preguntas – dijo sonriéndole un poco y sin decirle nada más le quito el dibujo de entre sus manos suavemente y lo arrugó tirándolo debajo de su cama – No me quedó lindo, lo hare mejor después – dijo riéndose un poco; Gon rio levemente siguiéndole el juego, sabía que ese dibujo era algo para Killua pero cuando iba a preguntar un enfermero se acercó a ellos.
– Eres el joven Freecs, ¿cierto? – Gon cabeceó – La psicóloga krueger lo llama a su oficina – al terminar de decir eso, lo tomó de un brazo bruscamente empezando a encaminarlo a la salida –lo llevare con ella así que camine.
– ¡Suerte Gon nos vemos más tarde! – Le gritó Killua sin haberse movido un centímetro, mirándolo alejarse del enorme cuarto, preocupado.
El enfermero lo había dejado solo frente de una puerta de madera donde relucía una placa con el apellido krueger en letras doradas. Con solo leer su nombre lograba imponer autoridad, había escuchado ese apellido, esperaba que no fuera una horrible psicóloga como las que salían en los programas de televisión y que la cara de preocupación de Killua antes de dar media vuelta solo fuera una broma de muy mal gusto.
Escucho unos movimientos detrás de la puerta, el crujido de una silla y una voz firme.
– ¿Gon Freecs?, Pasa – escuchó, tomó el pomo de la puerta lentamente y lo giró lo más silencioso posible, sus ojos se posaron en aquella pequeña figura, sentada en la silla de cuero, era casi de su misma estatura, de cabellos rizados y de unos ojos penetrantes pero a la vez con un brillo que parecía curiosidad a su persona, como si…lo estuviera cazando.
– Buenas tardes, jovencito Freecs – Dijo una voz que no encajaba con su aspecto. – siéntese en la silla o en el sillón donde prefieras – dijo con un tono amable. El moreno se acercó más a ella y miró los dos asientos que le habían ofrecido, se decidió por la silla y se sentó educadamente. – muy bien entonces, comencemos con las presentaciones, soy la psicóloga Biscuit Krueger, te atenderé a partir de hoy una vez cada semana hasta dictaminar un diagnóstico. Ahora bien se cómo te llamas y toda tu información personal pero me gustaría que tú me platicaras sobre ti.
– ¿Que debería decir? – Preguntó nervioso sobre eso último.
– Bueno – Se acomodó en su silla. – puedes decirme tu nombre, tu edad, las cosas que te gustan, puedes platicarme un poco de tu familia si es conveniente para ti. – le dijo con una sonrisa.
No creyó ventajoso mentirle, así que le dijo todo lo que pudo decirle sobre él, no fue mucho tiempo, solo tenía trece años, dijo su nombre, su familia; la abuela, su tía y un poco de lo que sabía de su padre, que los había dejado ya hacia bastante tiempo. No creyó haber dicho algo que "Contribuyera al asesinato que había cometido", lo llenaba de ira el que creyeran que lo había hecho el, ¿Por qué lo haría? Ni siquiera conocía a ese hombre.
La mujer lo miró seriamente luego de que terminara de hablar.
– Tu información no da pistas sobre tu estado – Comenzó a explicar la mujer – pero leyendo el informe que me llego sobre tu caso puedo decirte solo una hipótesis de mi parte, sufres un trastorno disociativo, debido a esto has sufrido una amnesia que no te permite recordar ese acontecimiento.- explicó claramente refiriéndose al asesinato.
Gon iba a comenzar a protestar cuando la mujer comenzó a hablar de nuevo.
– Ya pasaron los 40 minutos de la cita, la próxima semana te volveré a citar y haremos unos pequeños ejercicios que nos ayudaran para aclarar levemente todo, ¿sí? – Dijo calmadamente la psicóloga. – Sé que te he dejado con dudas pero ¿qué te parece si las contesto en la siguiente sesión? – explicó con una pequeña sonrisa.
El moreno se levantó de la silla lentamente y maleducadamente salió sin decir nada más que – Yo no lo hice… – cerrando la puerta.
Se sentía cansado, no había sentido la hora que había pasado ahí adentro, lo había sentido como una eternidad. Caminó por los largos pasillos parecidos a un laberinto, giraba su rostro en cada esquina observando a los pacientes caminar sin rumbo fijo, como el mismo. Se sentía con poca energía y todo el buen ánimo que había tenido en las primeras horas del día se había desvanecido en solo una hora. Los enfermeros caminaban de un lado a otro ignorando todo lo que pasaba a su alrededor como si la presencia de los "enfermos" no existiera. Suspiró de nuevo, iba a volver a su habitación cuando sintió un peso extra en su espalda.
– ¡Gon! – Dijo el peso extra, era killua. – No me digas que la vieja te bajo los ánimos, ¡vamos hombre! – terminó golpeando su hombro.
– ¿No te molesta como nos tratan los enfermeros? O ¿Cómo habla esa psicóloga? – le dijo aun molesto, se habían detenido en una ventana que daba hacia un gran cedro.
Killua lo miro con una ceja alzada.
– Lo hacía cuando llegue por primera vez aquí, sus ojos solo te muestran desprecio o lastima; pero en realidad es mejor así. – Le explicaba mirando las ramas del árbol. – hacen que quieras salir pronto de este lugar y ese es su trabajo.
Gon lo comprendió aunque aún tenía una mueca molesta, más parecida a un berrinche; el albino se rio de su expresión. – Aunque no puedo excusar a la vieja, así habla ella. – dijo con una mueca graciosa haciendo reír a Gon.
Un extraño sonido comenzó a esparcirse por el edificio, y los pacientes comenzaron a moverse hacia un solo pasillo, Gon no sabía que pasaba solo sintió el jalón de su camiseta por su compañero haciéndolo caminar junto a él. – Son las actividades.
Siguieron el paso de los demás pacientes, el nuevo estaba confundido pero no asustado, si fuese algo malo entonces killua se lo hubiera dicho... ¿verdad?
– Oye killua… – Se quedó mudo al sentir una incertidumbre aún más grande, ¿Cuánto tiempo llevaba killua en esa institución?; un recuerdo pasó rápidamente por su mente:
– ¿Entonces qué? – dijo la voz de killua
– ¿Qué haces tú aquí? – preguntó parándose delante de él
– Ese cuento te lo contare después…
Killua no le había dicho la razón por la que estaba dentro… ¿Cómo había olvidado eso?, sintió una extraña ansiedad, se lo había dicho solamente un día atrás pero no podía recordarlo claramente. – ¡Gon ya llegamos! – escuchó a la lejanía. – ¿Gon? – Volvió a insistir la voz en un tono preocupado – ¿Estas bien?
El mencionado reaccionó turbado mirando a su alrededor, estaban en una habitación bastante grande. –… Estoy bien – el más alto aun intranquilo lo encaminó a una de las mesas, y lo hizo sentar; aun no llegaba el encargado así que aún tenía tiempo para cerciorarse de la condición del moreno. – estoy bien solo había olvidado que nunca me dijiste sobre ti; y me extraño haberlo olvidado – le explicó para calmarlo.
– Es normal que lo hayas olvidado, estas pasando por muchas cosas en un solo día – intentó tranquilizarlo también, el moreno le sonrió agradecido. – ¿qué puedo decirte de mí?... estoy aquí por la misma razón que tú, fui acusado por asesinato terminando en este lugar. – Sonrió con desolación – pero sabes es mejor estar aquí.
El sonido de la puerta abriéndose y los murmullos del lugar los distrajo de la conversación, un hombre se colocó enfrente de todos y saludo. – Buenos días a todos, pasare asistencia y comenzaremos con la actividad.
