Los personajes y lugares pertenecen a Marvel Studios y a Disney. Yo sólo los uso para nuestro beneficio xD

¡No me odiéis, please! Tardo mucho en escribir pero por fin está aquí :D

Este capítulo es algo más largo porque, si calculo bien, será el penúltimo. Enjoy!


Hacía rato que la carretera le parecía monótona y aburrida, como si todo el rato estuviesen recorriendo el mismo tramo de autopista. Natasha se alegró de no ser ella la que conducía, porque el paisaje la estaba adormilando un poco. Sus únicas tareas eran no moverse demasiado para no desequilibrar la moto y permanecer agarrada al torso de Steve firmemente para no caerse en una curva. Dos trabajos que no le costaban demasiado esfuerzo y que no ayudaban a que se sintiera despierta.

El avión que la pelirroja debía coger salía de Chicago al día siguiente. Era la única oportunidad que tenía de dejar el país de forma anónima y, aún teniendo la tarjeta de paso, las posibilidades de lograrlo de forma segura eran mínimas. El viaje duraba unas doce horas por carretera desde Nueva York y Steve quiso empezar la ruta nada más consiguieron la tarjeta. La mejor opción era que Natasha no cogiera trenes, ni aviones, ni autobuses, así que todo se reducía a hacer un trayecto de medio día y que atravesaba tres o cuatro estados, montados los dos en la moto de Steve.

Seguían la interestatal 80 y habían parado a comer cuando la carretera pasaba cerca de una ciudad llamada Dubois. Comieron discretamente en un Dinner a pie de carretera donde, una camarera demasiado joven, les sirvió sándwiches y té helado entre miradas curiosas y recelosas. Intentaban pasar desapercibidos pero, inevitablemente, había gente que conocía el rostro de Capitán América. Procuraron no hablar demasiado, comieron y salieron del local. Volvieron a la moto, a la autopista monótona, a los árboles todos iguales, al aburrimiento. Les esperaban aún horas largas de camino y, por mucho que condujeran, necesitaban comer y descansar durante el trayecto.

Cuando llevaban más o menos la mitad del camino, cuando la interestatal 80 se cruzaba con la 76, pararon para tomar algo y descansar. Natasha bajó de la moto sintiendo sus piernas adormecidas. Se frotó los muslos mientras Steve aparcaba bien y ponía el candado al vehículo.

- Tengo las piernas dormidas- dijo ella-. ¿No podríamos volver a coger prestado un coche?

Steve la miró con su cara de total desaprobación. Otra vez estaban huyendo, sí. Otra vez necesitaban conducir un largo trayecto discretamente, sí. Pero no pensaba convertir en una costumbre eso de coger coches "prestados".

- Esta vez tenemos mi moto- contestó él, empezando a andar hacia la estación de servicio.

Natasha sonrió y empezó a caminar tras él. Había una gasolinera, una pequeña tienda y una cafetería. Entraron en esta última y enseguida les atendieron. Había menos gente que en el Dinner así que ambos se sintieron más seguros. Esas paradas les servían para asegurarse de que nadie les estaba siguiendo. Se habían sentado en una de las mesas más alejadas de los ventanales que daban a la autopista. Natasha pidió un café con leche y Steve un batido grande de vainilla y un trozo de tarta de arándanos. Era algo tan típico americano que la pelirroja tuvo que soltar una risita.

- ¿Qué?- Preguntó él, haciéndose el ofendido- Tengo hambre.

- Claro, come. Necesitas una merienda bien americana para seguir el viaje- se burló-. La carretera es agotadora.

- Pues aún nos queda la mitad del camino.

- Si te cansas de conducir puedo hacerlo yo algún rato- se ofreció ella-. Ya le tengo bien cogido el truco a tu moto.

- ¿Ah, sí?- Sonrió él, a la vez que el camarero les traía a la mesa el pedido- ¿Crees que conduces mejor que yo?

- No lo sé- respondió ella, echando el azúcar en su taza-. Pero si vas de paquete puedes agarrarme un rato tú a mí, me parece lo justo.

Steve sonrió apartándole la mirada. Ella sonreía también y, como tantas otras veces antes, había conseguido incomodar al Capitán América con tan sólo unas pocas palabras. Era simple juego, inofensivo. Ahora él le cambiaría de tema, y todo habría quedado en nada. Como siempre.

- De todas maneras tendremos que parar a hacer noche en algún sitio- dijo Steve, volviendo a levantar la vista-. Por mucho que hagamos todo el viaje hoy, el avión no sale hasta mañana.

- Supongo que sí.

Natasha fue la que apartó la mirada esta vez. Cogió el tenedor que descansaba en el plato de Steve y cortó un trocito de tarta. La pinchó y se llevó el cubierto a la boca. El pastel sabía bien, parecía casero, y saborearlo le dio tiempo a pensar su respuesta. Steve la miraba detenidamente, ella no supo si era esperando que siguiera hablando o para verla disfrutar de la merienda. De todos modos se tomó su tiempo. Si había una posibilidad de que Steve le estuviera siguiendo el rollo en el coqueteo no pensaba dejarla escapar.

- Tranquilo- habló al fin, alzando la mirada y esbozando una media sonrisa-, puedes coger la habitación más alejada de la mía. No quiero que pases miedo esta noche.

El Capitán sonrió, recuperando su tenedor de las manos de la pelirroja. Habían entrado otra vez en un juego que él no controlaba tan bien como la experta Viuda Negra, y jugarlo siempre le hacía sentirse en terreno peligroso.

- Podría dormir más tranquilo si prometes no hacerme nada.

- Yo no hago ese tipo de promesas, Capitán.

Ella le sostenía la mirada desafiándolo a seguir la conversación por ese camino, pero Steve normalmente era el que cortaba la charla cuando le hacía sentir incómodo. Y había llegado ese momento.

- No voy a estar tranquilo hasta que estés en ese avión. Así que no voy a coger la habitación más alejada de la tuya.

- ¿Vas a dormir conmigo sólo para tenerme vigilada?- Preguntó ella, moviendo nerviosamente la cucharilla de su café.

- Vamos a dormir en la misma habitación porque estamos juntos en esto- contestó él, mirándola directamente a los ojos.

Y ahí estaban otra vez, frente a frente, con sus ojos clavados en el otro, asimilando las palabras que aún flotaban en el aire, entre ambos. La rusa aun no era capaz de asimilar que alguien confiase tanto en ella, que fuese capaz de jugárselo todo por ayudarla y que lo hiciera con gusto. Steve era una persona especial y sabía que no podía permitirse decepcionarlo. Aun y así seguía arrepintiéndose de haberlo involucrado. La vida del Capitán América era miles de veces más valiosa que la suya, y arriesgarla así no era algo que Natasha creyese merecer.

- O puedes dejarme en Chicago y ya está. Volverte a tu casa. Sabré cuidarme sola- dijo al fin. Él seguía mirándola fijamente-. ¿Puedo coger la guinda del batido?

- Ya hemos hablado de esto, Natasha- contestó Steve, cogiendo su vaso y acercándoselo para que cogiera la cereza que descansaba encima de la nata-. Si te ayudo va a ser hasta el final.

- No puedes culparme por intentarlo una vez más.

Él le sonrió y sacó su cartera del bolsillo del pantalón, dando la conversación por zanjada.

No pararon más hasta que estuvieron a algo menos de una hora de Chicago. Buscaron algún motel barato y apartado de la autopista, donde fuera más difícil tener problemas. Tras cinco horas seguidas sobre la moto ambos estaban hambrientos y necesitaban descansar, aunque suponían que no les iba a ser fácil. Compraron dos sándwiches, dos colas y unas patatas en una gasolinera y fueron hacia el motel.

"Motel Paradise", decía el cartel luminoso de la entrada del aparcamiento. Era un patio cuadrado con dos pisos de habitaciones a cada lado y una recepción en frente de la entrada.

- Si el paraíso va a ser así estoy contenta de saber que voy a ir al infierno- comentó ella mientras él aparcaba la moto cerca de la recepción. Steve le sonrió mientras se acercaba a ella.

- ¿Qué te hace pensar que el infierno va a ser mejor?- Se burló mientras aguantaba la puerta de la recepción para que ella entrase.

Una sala pintada de un verde muy descolorido ya y una señora de mediana edad sentada viendo la televisión tras un mostrador. Movió la cabeza hacia ellos al verlos entrar y se esperó hasta que ellos hablasen.

- Buenas noches- fue Natasha la que habló, haciendo un gesto a Steve para que la dejara ocuparse-. ¿Queda alguna habitación libre?

- ¿A ti qué te parece, bonita?- Preguntó la mujer, levantándose de mala gana. Les señaló el aparcamiento, donde había sólo tres coches y su moto aparcados.

- Bueno, pues necesitamos una habitación para pasar la noche. Vamos de camino a Chicago para…

- No necesito saber nada, bonita- la interrumpió la mujer bruscamente-. Ni de dónde venís, ni a donde vais, ni qué habéis hecho para acabar teniendo que dormir en un sitio como éste. Sólo necesito el documento de identidad de uno de los dos.

Steve y Natasha se miraron durante un segundo. Ella metió la mano en el bolsillo trasero de su pantalón y sacó una cartera de piel. Sacó una identificación y se la dio a la recepcionista.

La mujer miró la tarjeta, luego a Natasha y sonrió. Apuntó unos datos en su agenda y les dio la llave de la habitación número 12.

- Muy bien, señorita Rushman, al salir a mano derecha, subís las escaleras y ahí está.

- Gracias y buenas noches.

Salieron de la recepción rápido sin mirarme el uno al otro. Steve esperó hasta que habían subido la mitad del tramo de escaleras para preguntar.

- ¿Señorita Rushman?

- Esa soy yo.

Steve levantó una ceja de forma inquisitiva, pero prefirió no preguntar nada más del tema. La identidad falsa de su compañera les había venido de perlas. Chica precavida. Estaba seguro de que, cuando la recepcionista la interrumpió, Natasha iba a contarle alguna historia inventada sobre su visita a Chicago. Al menos se la había ahorrado.

La pintura de la puerta de la habitación número 12 estaba desconchada, seguramente augurando lo que iban a encontrarse dentro. Natasha metió la llave y la giró dentro de la cerradura.

La habitación era pequeña, con las paredes pintadas de azul, unas cortinas en color verde y la colcha de la cama en color beige. Era realmente deprimente, pero ambos sabían que no habían ido ahí a pasarlo bien. Al fondo de la habitación había un pequeño cuarto de baño con una decoración muy cuestionable también.

- Oh, Steve, gracias- dijo ella, dejando encima de la cama el bolso bandolera que había llevado colgado todo el día-. Esto es lo que siempre había soñado.

- Lo que haga falta para que seas feliz, Nat- contestó él sonriendo-. La parte buena es que sólo tenemos que dormir aquí y mañana esta pesadilla se habrá acabado.

- Sí, dentro de un tiempo quedaremos para tomar una cerveza y nos reiremos de esto, ¿no?

- Eso espero.

- ¿Tienes hambre?- La pelirroja sacó la cena que habían comprado de la bolsa y se sentó en la cama.

Cenaron en silencio sentados en la cama con el televisor encendido. Era un aparato viejo pero pudieron ver las noticias y parte de un programa de comedia que en condiciones normales les hubiera hecho reír. Ambos sabían que iba a ser una noche larga y que iban a dormir poco, pero aún y así la Viuda Negra se quitó las botas y se echó en la cama en cuanto acabó su sándwich. Siguió mirando la televisión sin realmente prestarle atención, porque en su cabeza no dejaba de repasar el plan del día siguiente. Pensaba en cómo debía colarse en una base de operaciones de Hydra para coger un avión que no se supone que debiera llevarla a ella.

Steve seguía sentado en la cama, comiendo patatas distraídamente mientras intentaba encontrar algo decente en la televisión. Sabía que debería meterse en la cama e intentar descansar, puesto que no sabía qué le deparaba el día siguiente. En el mejor de los casos, si no tenía que entrar en combate con nadie para ayudar a Natasha, le esperaba un viaje de vuelta a casa de doce horas. Necesitaba las fuerzas que el descanso le daría, pero aún y así no quería enfrentar el momento en que debiera meterse en la misma cama que esa mujer, a pesar de saber que era inevitable. Decidió esperar un poco a ver si ella se dormía.

Pero, cuando se giró a verla, comprobó que Natasha no tenía pinta de que fuera a dormirse rápido.

- ¿Qué pasa?- Preguntó ella, dándose cuenta de que estaba siendo observada.

- Nada. Comprobaba si estabas dormida.

- Pues no, aunque lo necesito- hizo una pausa para corregirse-. Lo necesitamos.

- Lo sé- Steve apartó la mirada y se pasó una mano por el pelo.

- Quizás si apagas la televisión y te metes en la cama podamos dormir.

Steve dudó unos segundos pero sabía que la mujer tenía razón, así que apagó la televisión y dejó el mando encima de la mesita. Se sentó en la cama para quitarse los zapatos y notó que Natasha se movía detrás de él. Se quitó también el cinturón y dejó su teléfono y su cartera en la mesilla de noche. Se tumbó en la cama dándole la espalda a su compañera de viaje y esperó a que ella apagase la lámpara que tenía al lado. En vez de eso la mujer habló:

- No te tumbes encima de la colcha- dijo-. Las sábanas las lavan después de cada salida, pero las colchas no, casi nunca.

Steve se volvió para mirarla y se la encontró tumbada de cara a él, metida debajo de las sábanas. Detrás de ella, encima de la mesilla, descansaban doblados sus pantalones negros, al lado del resto de sus cosas. El Capitán intentó no pensar que Natasha estaba medio desnuda debajo de las sábanas, pero le fue imposible no imaginárselo. Al menos llevaba puesta la camiseta.

- ¿Estás segura de que aquí lavan las sábanas?

- La habitación está bastante limpia, y las sábanas lo parecen también-contestó ella-. Si no quieres meterte en la cama, podemos quitar la colcha y al menos duermes sobre la sábana.

Él asintió y se levantó. Meterse dentro de la cama con ella no era una opción y menos ahora que ella estaba a medio vestir. Estaban en ese hotel para salvar a Natasha y sacarla del país, no para ninguna otra cuestión. Debían intentar que nada les llevase a malentendidos ni incomodidades entre ellos. Si hubiese habido un sofá quizás hubiese dormido en él. Pero sólo estaba esa cama, así que tiró de la colcha hacia abajo y la dejó colgando del final de la cama. Volvió a tumbarse, esta vez sobre las sábanas, pero de todos modos le dio la espalda a Natasha. Ella tenía razón, el olor a suavizante para la ropa que le llegó sugería que habían cambiado la cama recientemente.

La pelirroja apagó la lámpara de noche y la habitación se sumió en la oscuridad, exceptuando lo poco que alumbraba la luz que entraba de los focos del aparcamiento por la ventana. Entonces ella sintió un vacío enorme en el pecho, como si de repente todo el peso de su misión hubiese caído sobre ella, como si todos los pecados de su vida estuvieran volviendo a patearle el trasero de golpe. Y, de todas las personas a las que podría haber metido en su follón de vida, allí estaba Steve, siempre. Aunque le daba la espalda allí estaba él, con ella, apoyándola en sus momentos menos heroicos. La silueta de él en la cama era enorme y la hizo sentirse muy protegida. Él estaba entre ella y la puerta de la habitación, interponiéndose a cualquier cosa que pudiera pasar. Quiso acercarse a él y tocarle, apoyarse contra su espalda y sentir su calor. Pero se contuvo. Él ni siquiera quería estar con ella bajo las sábanas.

Steve cerró los ojos y respiró profundamente. Sabía que cuanto antes se durmiera antes acabaría todo y podría volver a su vida. Natasha sólo necesitaría un par de meses para calmar las cosas y volvería, como siempre. Y todo esto quedaría como un amargo recuerdo que con el tiempo perdería importancia. Intentó relajarse para tratar de dormirse rápido, pero la voz de Natasha le hizo volver a estar atento.

- No sé cómo voy a poder agradecerte esto.

- Nat...

- No, en serio- siguió ella-. Para mí es muy importante que me hayas ayudado. Es algo que no olvidaré.

Steve no contestó. Dejó que el silencio hablase por él. Estaban ahí, juntos en una cama, tumbados uno al lado del otro, huyendo de algo y corriendo hacia algo, sin certeza alguna. Sabía que ella guardaría su gratitud hasta que pudiera devolverle el favor, un favor igual de importante. Así que cualquier cosa que pudiera decir sólo estropearía el momento.

Notó la mano de la mujer posarse encima de su brazo y apretar, en un gesto de agradecimiento y conexión, y Steve puso su mano encima de la de ella a modo de respuesta. Ahora ella le necesitaba.

- Todo va a salir bien- dijo él en voz baja sin soltar su mano-. Confía en mí.


Ale... aquí os dejo esta basura jajajajaj

Quiero pedir perdón por calentar el ambiente porque sí, sin intenciones erotico-festivas de por medio. Soy así de mala persona y ya tengo asumido que iré al infierno muajajaja

A ratos me ha costado mucho imaginar cómo se sentirían ambos en tales situaciones, por eso si algún trozo es raro, me lo perdonáis (?)

Y en fin, creo que el siguiente capítulo ya será el último. Lo tengo ya medio pensado así que quizás no tardo tanto en publicarlo.

Contesto reviews:

Marumieta: De este capítulo creo que no habías leído todo! Así que espero que te guste como lo he acabado T_T Me ha costado montones pero aquí está :D Ya queda porquito para el final! Te quiero 3

elapink100: jajajajajaja debes haber sufrido un montón con este capítulo, no? Soy mala persona, perdón T_T Pero me cuesta imaginarme al Cap lanzándose en situaciones así... es tan paradito a veces... 3 Habrá que esperar al último capítulo a ver qué pasa ;) Y Natasha seguramente tenga sueños eróticos completos con ese hombre (y quién no?) Gracias por leerme, love!

Nastinka: MUERTE AL HULKTASHA! Arriba el Romanogers! Necesitamos más fic como este, que apoye a nuestra pareja preferida :D Espero que hayas disfrutado este capítulo 3

Kuchi-San : Ojalá en CW Steve y Nat sigan siendo best friends! Esa tensión sexual y esa química tienen que aprovecharla! Y espero que no lo junten con la tonta de Sharon, porque no pegan ni con cola! ¿Es que nadie se da cuenta del Romanogers? Por Dios! Si son amor juntitos :) Y eso es lo que intento plasmar aquí, ese amor tan inocente y bonito, desde mi punto de vista! Gracias por leerme, cielo 3

SPKBLUE: Espero que te haya gustado su coqueteo mientras merendaban, jejeje. Me encanta escribir a Steve vergonzoso y a Natasha leona, me sale muy fácil :D Espero que este capítulo te haya gustado y gracias por leerme3

soraDark666: Que review tan precioso *_* Mil gracias! Me encanta que me digas esas cosas, porque me hacen tener ganas de superarme y seguir gustando así. Es importante que me digas que plasmo bien a esos dos y a sus interacciones. Los escribo tal y como creo que se comportarían ellos, siempre basándome en como son en las películas. Así que gracias por leerme, por escribirme y por todas tus palabras bonitas 3

Pues nos vemos en el último capítulo. Espero que no me odiéis y lo leráis, aunque sea para ver como acaba todo este rollo. La verdad es que ya tengo en mente algo port AOU, pero se me hará dificil con el Hulktasha entre medias... ¬¬ Que asco de pareja, por Dios!

Os veo en el último capítulo, my loves 3