CAPÍTULO 4: HERIDAS Y LOS CULLEN.
(Voz de Ann)
"¿Ann?" Me llaman mientras trabajo en la tienda de la señora mayor y estoy ordenando cajas.
Es curioso, pero entonces me doy cuenta que hay un olor extraño en la tienda.
"¿Ann, estás aquí?" Vuelven a llamarme.
"Aquí estoy." Afirmo parando y saliendo para secarme el sudor inexistente de la frente con el dorso de la mano. "Vaya, no sabía que estabais aquí. ¿Compráis algo?"
"Veníamos a acompañarte." Afirma Embry.
"Habla por ti." Afirma Quil. "Yo venía de parte de mis padres, habíamos pedido un cargamento de cera de tabla para surf."
"Ah, así que era para vosotros." Afirmo sonriéndole. "Está bien, estaba acabando de meterlas antes de ponerme a ordenar cajas. Iba por la 100."
"No te preocupes, podemos esperar si me das 10 para esta tarde." Me dice.
"Claro." Asiento. "Ahora mismo saco la caja y comienzo a contar a partir de 100, podrás coger las que quieras."
"Muchas gracias." Afirma sonriendo. "Si no hubiera necesidad de unas pocas para acabar la tarde…"
"No necesito explicaciones." Afirmo cogiendo la cesta donde la anciana conserva las pastillas de cera artesanales y la caja que estaba preparándole a los Ateara para empujar el taburete y colocarme junto al mostrador a contar más pastillas. "Vale, 101, 102, 103… coge las que necesites, yo acabaré de prepararte el pedido en un momento."
"Antes era un placer hacer negocios con la mujer y ahora contigo lo es aún más." Afirma Quil cogiendo 10 pastillas de su caja. "Trabajas bien."
"Talvez en mi casa fuese tendera." Afirmo sonriendo y siguiendo con mi mascarada mientras sigo contando. "¿Tienes ya todo lo que necesitas?"
"Sí, voy a llevarlo a mi madre y volveré." Afirma sonriéndome para irse mientras Embry se queda allí.
"¿Tú querías algo más?" Le pregunto.
"No, pero miraré un poco alrededor antes de acompañarte." Afirma sonriendome ampliamente. "Hoy parece que has tenido trabajo."
"Ha habido reparto." Asiento llegando a las 175 pastillas. "Y 175, solo faltan 25, y las cajas no van a ordenarse solas."
Mientras cojo las cajas, miro el reloj y maldigo la insistencia de los chicos a veces. Falta menos de media hora para que vengan a traerme provisiones a mí; pero si los chicos están allí...
"Vaya, pensaba que ibas a ordenar cajas." Me dice mientras saco un par de cajas fingiendo que me cuesta más de lo que realmente me cuesta.
"Y he de ordenarlas, pero tengo 3 que son para reponer." Afirmo sonriéndole y volviendo a frotarme el sudor inexistente haciéndolo venir y parándole con la mano. "Tú sigue mirando, seré la tendera, pero si la jefa viene y te ve ayudándome me ganaré un buen problema." Afirmo.
"No debería ser legal que…" Me dice para que la puerta se abra de golpe y aparezca de nuevo la mujer morena y silenciosa que habita la casa.
Y como cada día que la he visto, me mira fijamente sin decir palabra y da un vistazo rápido a Embry antes de irse sin decir de nuevo ni palabra.
"¿Qué le pasa a esa?" Dice Embry.
"Es la nieta de la jefa." Afirmo. "Siempre hace lo mismo, nunca habla, al menos no a mí."
"Pues trabajando como trabajas para su abuela ya podía saludar al menos." Me dice.
Sí, probablemente, y me preocupa su comportamiento, no es normal, nunca he conocido a nadie tan huraño como ella.
"Había pensado ir a tomar algo fuera de la reserva." Le digo a Embry preparando el terreno para desaparecer un rato.
"Aquí dentro hay unos buenos bares." Me dice. "¿Has ido al del viejo Jebediah? Ahora lo lleva su hijo, creo que es de la edad de Sam."
"No te ofendas." Le digo intentando sonar natural y normal para una chica de su edad allí. "Pero quería conocer a chicos. Necesito ampliar mi círculo. Ahora mismo solo conozco a la familia de la jefa y a vosotros."
"Podrías ir con Leah." Me dice. "Creo que ella también está siempre quejándose de la falta de hombres por aquí."
"Ya, claro." Les digo. "Y con esa super-modelo indígena al lado nadie se fija en la pobrecita morena y pálida. Que no, quiero ir sola."
"¿Y qué hay de…?"
"So-la." Afirmo marcando cada sílaba. "Si voy con alguno de vosotros seguro que no se me acerca nadie."
"Pero las chicas te envidiarían." Afirma sonriendo divertido.
"Y los chicos os temerían." Afirmo contestando rápidamente a su broma. "Voy a conquistar hombres, no mujeres."
"Sí, pero…"
"¿Sabes que como sigas intentando acompañarme pensaré que te gusto?" Le digo volviéndome para hacerle chocar contra mí y sujetarme para evitar derribarme. "Eso o que me intentas acosar."
"No era mi intención." Afirma sonrojándose. "Y no me parece que seas fea, pero no podría salir contigo."
"Además indigna." Afirmo bromeando. "Cada vez echamos más leña al fuego."
"Yo…" Me dice.
"Es broma, tonto." Le digo riéndome. "Parece mentira, para estar siempre riéndoos cuando estáis juntos vuestros chicos y tú siempre estáis riéndoos. O casi siempre."
"Pero mira qué graciosa." Me dice volviendo a recuperar su humor de siempre. "Dentro de nada comenzarás a parecer una habitante más de la reserva, si te pusieras más morena."
"Soy Suiza, amigo mío." Afirmo divertida. "Poco conocéis de las suizas si no sabes que nuestra piel es demasiado propensa a quemarse si me pongo demasiado al sol."
"Aquí no hay demasiado sol." Me dice más calmado. "No sé si es tan malo para ti pues. Pero el sol es bueno para la playa. Y hay mucha gente que viene a las playas."
"Ya me he dado cuenta." Asiento. "Hay gente que se queda hasta que anochece, a veces les he visto desde casa. Y desde que puse el cenador con suelo de madera… chico, no sé que os da a todos con ir a sentaros ahí a beber."
"Será porque es el mejor sitio." Me dice. "Con un par de barriles y un mostrador podías tener hasta un bar."
"Comienzo a pensar que sea una buena idea." Afirmo viendo otro punto de inflexión donde poder recoger información.
A fin de cuentas, es sabido por todo el mundo que los camareros son los mejores confesores. Todo el mundo les contaba secretos que no contarían a nadie más, así que eran los mejores puntos donde obtener información.
(Salto espacio-temporal)
"Así que… la fierecilla salvaje tiene problemas con un trabajito de medio pelo." Me dice Seamos.
"No es un trabajo de medio pelo." Afirmo. "Me juego el cuello, son lobos lo que me rodean, no vulgares corderitos."
"Puaf, chuchos sarnosos me parecieron a mí." Me dice escupiendo a un lado.
"No menosprecies a la gente, Seamos." Le digo cogiendo la botella de sangre que me ha pasado de contrabando para poder seguir manteniéndome sana dado que la sangre de conejos y alimañas que caen en mis trampas no es ya suficiente para mantenerme al cien por ciento. "Podría matarte un día."
"Sabes que no he llegado tan lejos en vida solo por esta cara y este cuerpo." Me dice tranquilamente. "¿Acaso no estoy haciendo lo que se me pidió? Entro y salgo de las fronteras de esos chuchos tanto como puedo, esquivo sus mandíbulas con mis habilidades naturales mejoradas a lo largo de años… y te paso estas bebidas tal y como tú me pediste."
"Sabes que no me gusta matar, ni animales ni mucho menos gente." Afirmo. "Y necesito más, pero por desgracia no está en las manos de ninguno de vosotros el proporcionármelo."
"Tú y tus secretos…" Murmura derrotado. "Me sorprende que tus 'maestros' no te lo hayan sacado aún."
"No puedes sacar algo que no te interesa ver." Afirmo viendo que pone mala cara. "Oh, vamos, no es nada tan malo."
"No es por ti." Me dice. "¿Sabes que te han seguido?"
"Imposible, no dejé rastro." Afirmo.
"Aquí huele a chucho, y preciosa, tú sigues oliendo a flores frescas." Afirma con ironía sin perder el gesto duro.
"Pégame." Afirmo.
"¿Estas de broma?" Me dice. "Oye, no quiero líos con los tuyos."
"Pégame y vete." Afirmo. "Si me ven herida se pararán a atenderme, y tendrás una opción de huir."
"No pienso hacerlo." Me dice antes de salir corriendo.
"Por desgracia para ti, yo sí." Afirma una voz tras de mí. "Graham era mi novio."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Leah)
"¡Jake!" Le grito mientras veo cómo la mujer nos ha visto y ha salido corriendo dejando atrás a la chica que ahora todos protegen por haber sobrevivido a un ataque.
"Seth y tú quedaros con ella." Me dice. "Nosotros tres la perseguiremos, cuando salga seremos más rápidos."
Asiento. Desde que me convertí en su beta todo ha sido más fácil, pero ahora con lo de mi hermano…
Es doloroso ver cómo se arrastra por ella, cómo se ha tirado a por el tipo sin importarle que puedan verle explotar en ese maldito callejón.
Por suerte, no parece abrir los ojos hasta que Seth no le toca la cara suavemente animándola de palabra a despertar.
"Seth, apriétale el trapo contra las heridas." Le digo tirándole el pañuelo del cuello que llevaba mientras yo comienzo a encargarme del resto de sus heridas. "Oh, coño. Está perdiendo bastante sangre."
"Tenemos que llevarla al médico." Afirma mi hemano.
"Llama a Jake." Le digo. "¡Hazlo! Joder, aguanta un poco. Enseguida estarás bien."
"Jake." Dice mi hermano por el móvil que le quito.
"Jake, esta chica está mal." Afirmo. "Está perdiendo bastante sangre, necesitamos hacer algo ya."
"Avisa a Carlisle, con un poco de suerte no tardará mucho en llegar." Me dice. "Estamos a punto de sacarla fuera de la ciudad, es una neófita lista."
"Llamaré a Carlisle." Le digo.
"No, llévala a su casa, yo le diré que vais." Me contesta antes de colgar.
"Seth, vamos a llevarla a casa de los Cullen." Le digo. "Podríamos correr, pero creo que será mejor ir en coche, si sigue perdiendo sangre…"
"Yo sé conducir." Me dice.
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Carlisle)
"¿Carlisle?" Me llama Seth llamando a la puerta.
"Lo siento." Afirmo quitando la vista de esa chica. "Parece más grave de lo que realmente es."
"¿En serio?" Le pregunto.
"Sí, pero está necesitando demasiadas bolsas de trasfusiones, y me preocupa que haya perdido más sangre de lo que pensabais, pero en ese caso… no debería seguir viva." Le digo explicándole mis preocupaciones.
La chica estba amoratada, pero las heridas en su abdomen eran profundas, tanto que había tenido que ponerle puntos de sutura, aunque con un poco de suerte no le quedarían marcas.
"Pero no morirá ¿no?" Me pregunta.
"No." Afirmo sonriéndole intentando apaciguarlo un poco. "Ha tenido suerte."
(Salto espacio-temporal)
(Voz de Ann)
Llevaba un rato consciente sin poder despertar dado a la debilidad. Me había alimentado bien esa noche, pero esa zorra me había hecho malgastar mi comida y había vuelto a quedar débil, pero aún así podía oír lo que decían a mi alrededor.
¿Suerte?
La mujer había tenido suerte de pillarme entre la espada y la pared, estaba atada de pies y manos por la presencia de los chicos cerca y no querer descubrirme fácilmente. Eso además del hecho de que era una 'completa' y eso significaba que era más fuerte, veloz y ágil que yo. Pero yo tampoco era una cualquiera.
Esa zorra había tenido suerte y no yo.
Y tendría más suerte si eran los chicos quienes la encontraban porque si era yo… vive dios que moriría y de una forma nada agradable.
"Carlisle." Dice otra voz masculina recordándome que debería tener la mente en blanco debido precisamente a la presencia de alguien más en esa casa. "Creo que deberías saber que os oyen."
"¿Está consciente?" Pregunta Seth.
"No exactamente." Afirma mientras lleno mi mente de mentiras y tonterías mortales que puedan confundir a ese chico. "Pero deberías saber que está llena de rabia y su mente es… caótica."
"¿Otra?" Dice otra voz, esta vez femenina.
"No creo, no huele a ellos." Afirma Carlisle.
"Si fuese como nosotros lo sabríamos." Afirma Jake.
Así que estaban todos allí.
"Tal vez debería pasar la noche aquí." Les dice Carlisle.
"Yo me quedaré con ella." Afirma Seth.
"Traerla a mi casa." Afirma el mentalista de la familia. "Será más fácil, yo la controlaré."
"Iré igualmente." Afirma Seth.
(Salto espacio-temporal)
Es casi el alba a juzgar por la luz que se cuela por mis párpados cerrados cuando vuelvo a activar mi cerebro en forma activa en lugar de pasiva como lo he tenido hasta el momento.
Vuelvo a tener energía, la sangre en mi organismo comienza a hacerse fuerte y me sana, así que intento despertar y tras un poco de esfuerzo lo consigo para parpadear ligeramente.
"Por fin vuelves a despertar." Me dice una voz femenina haciéndome reparar en que hay una mujer castaña con pelo fuertemente ondulado mirándome desde un tresillo. "No te preocupes, no diré nada."
"No sé de qué hablas." Afirmo para que se toque el estomago.
"Me llamo Carmen." Me dice. "Eleazar me dijo quién eres."
Inmediatamente me pongo en guardia. ¡Me han descubierto!
¡¿Cómo ha podido pasar?!
"También me dijo que no eres exactamente una amenaza." Me dice. "En primer lugar porque no eres como nosotros."
Siempre esa maldita restricción.
"¿Y en segundo?" Le pregunto.
"En segundo porque no percibe mal en ti." Afirma. "Él una vez también trabajó para tus amos, ambos los conocemos bien. Y no me pareces como ellos, ni como el resto. Y nadie que consiga una fidelidad como esa puede ser tan sospechoso." Afirma mirando suavemente y con una sonrisa a un lado de mi costado.
Así que con cuidado, miro a mi lado y veo a Seth dormido con su mano al lado de mi cuerpo sin tocarme del todo.
"Ha estado ahí toda la noche." Me dice la vampiro llamada Carmen. "Por lo que dicen Carlisle y su familia esos chicos son realmente fieles cuando se trata de alguien de su confianza."
Eso me hace sentir un poco mal, sorprendentemente.
"¿Por qué no vas a decir nada?" Le susurro.
"No me pareces como ellos." Me dice sonriendo. "No sé lo que estarás haciendo aquí, pero si te convirtieses en una amenaza… bueno, los Cullen podrían ocuparse fácilmente."
"No sé de qué me hablas." Afirmo.
"Tus heridas, ya casi han sanado, así que si quieres seguir manteniendo la farsa tendrás que abrírtelas cada día durante unos días." Afirma. "Y conozco ese anillo que llevas." Me dice mirándome la mano donde lo llevo y que además llevo el gotero de sangre para trasfusiones casi acabado ya. "Se lo vi a alguien de los Vulturi, no hay que ser demasiado listo para saber que si esa persona te lo dio es porque eres uno de ellos."
"No he venido por vosotros." Afirmo dándome cuenta que me han descubierto.
"Y no seremos nosotros quienes te delatemos." Me dice. "Aro y Cayo ya mataron a una de mis hermanas, no busco un baño de sangre, pero tampoco esperes que te cubramos las espaldas."
"No lo necesito." Afirmo.
"Mejor." Afirma. "Oh, y deberías volver a hacerte la enferma, viene alguien y tu amigo podría despertar."
"Si ellos se enteran que lo sabéis…" Le digo.
"Nosotros no le diremos a nadie quién eres realmente y tú no les dirás a ellos que lo sabemos." Me dice. "Creo que es justo."
"Justo." Asiento percibiendo que hay gente junto a la puerta ya y haciéndome la enferma antes de que entren en casa. "Es justo aquí."
"Veo que ya estás despierta." Me dice otra chica castaña entrando con una niña pequeña, Jake y el mentalista de los Cullen.
"Me he permitido cambiarle las vendas." Afirma Carmen sonriéndoles y tocando a la niña.
"¿Y Eleazar?" Pregunta la mujer castaña que debe ser Isabella Marie, también llamada Bella Cullen desde hacía algo más que un año.
"Salió a cazar algo antes de volver a casa." Afirma Carmen. "Debe estar al llegar."
"Está cerca." Afirma el mentalista para mirarme. "¿Cómo te encuentras?"
"Mejor que anoche." Afirmo. "¿Quiénes sois?"
"Me llamo Edward, soy el hijo de Carlisle, y estudio medicina." Afirma. "Esta es mi mujer Bella y mi hija Reneesme."
"Eres joven para ser padre." Afirmo suavemente como si me costase hablar.
"Nos casamos jóvenes." Me dice Isabella sonriendo.
"Debería irme a casa." Afirmo incorporándome ligeramente. "No me encuentro demasiado bien. ¿Cómo he llegado hasta aquí?"
"Te trajimos de casa de Carlisle. Seth y Leah te llevaron allí." Me dice Jake. "Tuviste suerte de que te encontrásemos."
"Yo… no sé qué pasó." Afirmo. "Estaba pasando por una calle para ir a un bar y…"
"Últimamente hay una ola de crímenes bastante grande." Me dice Edward. "Probablemente pensaran que podían sacar algo de ti."
"Ah, ya veo." Afirmo. "Pero… soy pobre."
"Aún no sabemos nada de tu familia." Me dice Jake de brazos cruzados. "Podrías estar podrida de dinero."
"¿Y entonces porqué vendría a buscar trabajo aquí?" Le digo para hacerle callar. "Vivo en una cabaña y construyo mis muebles, dependo de vuestra caridad para vivir. No creo que si estuviese podrida de dinero viviera así."
"Probablemente no." Afirma Edward.
"Creo que me voy." Afirmo levantándome y fingiendo un mareo. "En cuanto consiga ponerme en pie." Añado cuando Seth me sujeta y se levanta para sujetarme mejor.
"Igual deberías descansar más." Me dice preocupado.
"En mi casa." Afirmo.
"Deberías esperar aquí." Afirma Jacob. "Al menos hasta que se te pase el mareo."
"Se me pasará andando." Afirmo.
"En realidad tienen coche." Me dice Edward.
"Perfecto." Asiento volviendo a levantarme y tratabillando como si estuviese débil, o al menos más humanamente débil de lo que realmente estaba.
"Espera, deja que te ayudemos." Me dice Jake uniéndose a Seth que me lleva del otro lado.
"No estoy inválida." Afirmo molesta de que mis piernas me molesten tanto.
"Lo que digas, pero será mejor que no te caigas por el camino." Me dice Jacob.
"No te preocupes, el coche está cerca." Me dice Seth para acompañarme y abrirme la puerta para dejarme pasar.
Mientras se despiden, no puedo evitar echarme un ojo por casualidad a mi herida del costado para ver que está cubierta por una gasa que parece húmeda de algo amarillento reciente y algo de sangre.
Sin embargo, cuando los chicos regresan al coche, me doy cuenta de que parecen algo más serios de lo normal.
"¿Ocurre algo?" Pregunto.
"No, es que hemos pasado mala noche." Me dicen.
Entonces Seth sonríe a medias.
"Le he dicho a Jake que de camino a casa podría pararme en el supermercado para comprar algo de comer." Me dice. "Salchichas, bacon… y esta noche si nos puedes prestar la hoguera podríamos hacer una fiesta."
"No sé si tengo yo el cuerpo para fiestas." Afirmo.
"Oh, vamos, será divertido." Me dice.
"Y desde luego no tendrás que hacer nada." Me dice Jake. "Nosotros nos encargaremos de hacer todo."
"Avisaremos a todos y podemos hacer una noche de leyendas." Afirma Seth.
"No creo que sea tan buena idea, Seth." Le dice Jake.
"¿Qué es eso?" Les pregunto.
"Una noche que nos juntamos a hacer barbacoa y a contar historias y viejas leyendas de la tribu." Me dice Seth. "Será divertido."
"Seth, no queremos asustar a Ann." Le dice Jake. "Además, te recuerdo que tiene la tripa con unos cortes preciosos."
"Igual no es tan mala idea." Cedo. "Quiero decir… no soy de quedarme en casa compadeciéndome de mis miserias, y me sé unas cuantas leyendas de terror. ¿Os sabéis la de Dracula?"
"De memoria." Afirma para sonreír y hacerme sonreír ante su sincronización, uno a mi izquierda conduciendo y el otro a mi derecha.
"Está bien, tendré que contar otra." Afirmo divertida. "Aún tengo unas cuantas en la manga."
(Salto espacio-temporal)
(Voz extraña)
Es extraño, pero mientras estoy con mis compañeras cerca de la costa preparándome para nuestro ritual de nuevo esta noche, veo que alguien se acerca a la cabaña donde he descubierto que llevaba el rastro que había seguido.
Es una mujer con dos chicos que parecen ayudarla a caminar, puedo oler su sangre y coincide con la que mi hermana consiguió arrancarle con los dientes.
Entonces me acerco más para observarles desde el agua.
"Marina." Me llama Aaroon.
"Aaroon, ve a informar a la tribu de que he encontrado al asesino de Shelly." Le digo con nuestra mente compartida por ser familia. "Diles que esta noche nos encargaremos de ellos."
Sí… el olor es fuerte en esa cabaña, pero esos chicos también están impregnados de su olor.
Pero nosotros éramos más inteligentes, habíamos estado viviendo en aquellas tierras durante siglos, acudiendo a las playas en las noches de luna llena cuando teníamos más poder.
Y esta noche era luna llena.
