¡Crei que nunca iba a subir otro capitulo de este fic! pero para mi fortuna la inspiracion y responsabilidad se han hecho presentes en mi vida y aquí les traigo el cuarto capitulo de esta historia pervertida que por cierto hoy cumple un año, ¡No lo puedo creer!. Bueno, creo que pude matar a la constante forma de narrar que no contaba nada y era puro palabrerio, este capitulo es un bastante mas reevante que los demas, e inclusive, creo que quedó relativamente bien.
En fin, a partir de ahora la trama se vuelve mas interesante y ya no me baso tanto en el libro, es mas bien mi forma de contar las cosas asi que se volverá un poco mas sensillo. Muchas gracias por leerme! realmente me anima saber que a alguien le interesa la historia! ya saben si hay algo que las inquieta -y aunque no lo haya- pueden dejar reviews que me pondrán muy contenta!
Raiting: T
Disclaimer: -man y sus personajes pertenecen a la poseedora del tatuaje super copado en la mano; Hoshino Katsura.
Advertencias: Alguna que otra maldicion :D
Enjoy!
Allen...
By Meiko Murakami
~†» El recuerdo de Allen Walker «†~
Al día siguiente, se marcharon a la ciudad para comprar cosas necesarias para el campamento: toda compra hacía maravillas con Allen. Durante la comida pareció de su habi tual humor sarcástico. En seguida de comer, subió a su cuarto para sumergirse en las historietas adquiridas para los días lluviosos del campamento (las leyó tantas veces que cuando llegó el jueves no las llevó consigo). También Kanda se retiró a su cubil, y escribio cartas. Su plan era marcharse a la playa y después, cuando empezaran las clases, reanudar su existencia en casa del tipejo Cross. Porque ya sabía que le era imposible vivir sin el niño.
El miércoles salieron nuevamente de compras; Cross le pidió a Kanda que atendiera el teléfono si la directora del campamento llamaba durante su ausencia. Llamó, y un mes después, o poco más, ambos tuvieron ocasión de recordar su agradable charla. Ese miércoles, Allen comió en su cuarto. Había llora do durante una de las consabidas riñas con su "tutor" y, como ya había ocurrido en ocasiones anteriores, no quería que Kanda viera sus ojos hinchados: tenía una piel delica da que después de un llanto prolongado se inflamaba y enrojecía, volviéndose morbosamente seductora.
Lamentó mucho su error acerca de su estética privada, pues ese toque de carmesí boticelliano, ese rosa intenso alrededor de los labios, esas pestañas húmedas y pegoteadas le en cantaban. Y desde luego, esos accesos de pudor le priva ban de muchas oportunidades de plausible consuelo. Pero esa vez había algo más de lo que el japonés pensaba. Mientras estaban sentados en la oscuridad de la galería (una ráfaga violenta había apagado las velas), Cross le reveló con una risa lóbrega, que había dicho a A. que su amado Kanda aprobaba enteramente la idea del campamento.
El miércoles se las arregló para ver un instante a solas a Allen: estaba en el descanso de la escalera, con una camisa vieja y pantalones cortos blancos, manchados de verde, re volviendo cosas en un baúl. El mayor dijo algo que pretendía ser una burla que lo alteraría, pero el pequeño se limitó a resoplar sin mirarlo. El desesperado, agonizante Kanda la palmeó tímidamen te en el coxis, y él lo golpeó con todas sus fuerzas con uno de los botines del difunto Mana. «Traidor» dijo mientras el moreno se precipitaba escaleras abajo frotándose el brazo entre ostentosos lamentos. Allen no consintió en comer con Kanda. Y el jueves, el tranquilo señor Cross lo llevó al campamento.
Sabía que se había ena morado de Allen para siempre, incluso aunque pareciera precipitado, y aunque supiera que él no era de esos que se tomaban la palabra "amar" tan a la ligera, de hecho su orgullo se veía lastimado al tener que admitir que tenía un grave problema mental al haber caído en las redes de un chico de 13 años; pero también sabía que él no sería siempre el pequeño Moyashi.
Dentro de dos meses tendría catorce años. Dos años más, y habría dejado de ser un niño para convertirse en un «hombresito» y después en un «hombre», como él. Ese colmo de horrores. Pronto dejaría de ser el niño que dependía de Cross, dejaría de ser aquel niño estúpidamente cabeza hueca, y compasivo al punto de interesarse más por los demás que el mismo. Allen, su Moyashi, se perdería para siempre para el pobre Catulo.
Pero ese jueves reveló una gota de preciosa miel en su pulpa. Cross debía llevar a Allen al campamento casi de madrugada. Cuando le llegaron los diversos ruidos de la partida, saltó de la cama y se asomó a la ventana. Bajo los álamos, el automóvil ya estaba con el motor en mar cha. De pie en la acera, Louise se protegía los ojos con la mano como si el pequeño viajero ya se alejara bajo el fuerte sol matinal. Pero el ademán resultó prematuro.
— ¡Apúrate!— Gritó Cross. El Moyashi que había cerrado la puerta del automóvil y bajaba el vidrio de la ventanilla y saludaba a Louise y los álamos, (a ninguno de los cuales volvería a ver nunca más), interrumpió el movimiento fa tal: miró hacia arriba y... corrió hacia la casa. Cross lo llamó furioso. Un instante después, oyó como su amor corría escaleras arriba. Su corazón se ensanchó con tal fuer za que casi estalló en su pecho.
Abrió la puerta y simultáneamente Allen apare ció jadeante con su camisa a cuadros, saltó cayendo en sus brazos, lo rodeaba con las piernas para no caerse, casi como un coala se aferra al tronco de un árbol, el solo atinó a no dejarlo caer tomándolo de las caderas, realmente no pesaba mucho en consideración de lo que comía. El menor solo lo observaba con sombría picardía, casi no parecía el, estaban a solo centímetros y podía sentir el aliento acaramelado del otro, sus deseos eran desbordantes ¿pero qué podía hacer? Era el chico el único que podía saciar su sed.
-¿Y qué piensas hacer Moyashi?-
-Eres lento Kanda, creí que era algo obvio- inmediatamente los labios húmedos del de ojos plata impactaron con los suyos, una sensación que le desbordó, hizo que se quedara helado. Jamás creyó que algo así le sucediera.
Era algo superfluo, tan simple como el contacto de sus labios, pero pareció encantarlo impidiendo que reaccionara. El pequeño movió un poco sus labios buscando algo de respuesta por parte del otro, así que finalmente el sorprendido Kanda respondió a los movimientos torpes del chico. Fue corto para su gusto, sin pasión y con exceso de ternura, pero incluso así lo había fascinado más que cualquier cosa en los últimos 10 años de su vida. Allen se separó lentamente y bajó de los brazos del japonés para bajar corriendo las escaleras, dejándolo sin palabras y con las piernas tan flojas que juraba que podía caer.
El movimiento fatal se reanudó. La pierna dora da se introdujo en el automóvil, la puerta se cerró –volvió a cerrarse– y Cross, el conductor sentado al violento volante, se llevó a su vida mascullando con sus labios color rojo-goma palabras enfurecidas e inaudibles.
El hueco de su mano estaba aún lleno con el marfil de Allen, con la sensación de su espalda pre-adolescente –una sensación deslizante, con suavidad marfileña– de su piel bajo la tela delgada que él había restregado mientras lo abrazaba. Se dirigió hacia su cuarto en desorden, abrió la puerta del ropero y se sumergió en un revoltijo de cosas que lo habían tocado. Encontró una prenda rosada, liviana, rota... Envolvió en ella su corazón henchido. Un caos punzante bullía en su interior; pero era necesario que dejara esas cosas y se recobrara cuanto antes, pues oyó la voz aterciopelada de la criada que lo llamaba desde las escaleras. Tenía un mensaje para él. La buena Louise depositó en su mano trémula un sobre sin estampilla, curiosamente inmaculado.
«Estoy metido en serios problemas»
Así empezaba la carta, y durante un instante confundió sus garabatos histéricos con la mala letra de una colegiala.
«No creo que te convenga ni que desees saber qué es lo que ocurre realmente, no es de tu incumbencia tampoco, pero si estoy escribiendo esta carta es porque eres el único que me puede ayudar -¡maldita sea!- en realidad no a mí, a Allen. Se que ese maldito mocoso te saca de quicio y realmente tu lo haces con el -jamás lo he visto perder la cordura como lo hace contigo- pero no estoy muy seguro de lo que vaya a suceder conmigo de ahora en adelante, así que necesito que te hagas cargo de él. Si he mandado al estúpido chico al maldito campamento es porque necesitaba tiempo, necesitaba pensar que haría, y lo mejor será que me vaya lo antes posible.
Ahora, sabes muy bien que no puedes permanecer en esta casa, así que te pediré amablemente que te vayas de aquí, porque si te encuentro al regresar, significa que aceptas ayudar a ese chiquillo, hacerte cargo de él, y ser su padre -su jodido padre ¿entiendes?- deberás hacerte cargo de alguien que no está relacionado contigo en ningún sentido -¿eres capaz de eso?- no te veo pinta de padre misericordioso, pero eres la última carta que me queda por ser jugada, si sabes lo que te conviene te irás y yo también lo haré, de modo que aunque me duela –¡Si, tengo sentimientos!- deberé dejar a Allen a la buena de dios.
Tú sabrás que hacer.
C. M.»
Estaba completamente confundido, ¿qué mierda se suponía que debía hacer? Tenía que marcharse de esa problemática casa si no quería meterse en graves problemas, pero si lo hacía, renunciaría al Moyashi para siempre, lo dejaría -como bien había dicho Cross- a la buena de dios, tendría que matar en su alma el recuerdo del puro y casto Allen Walker, tendría que asesinar al amor una vez más.
Si se quedaba… sus fantasías con el chico se verían destruidas completamente, debería hacerse cargo, debería cuidarle como a un hijo –¡un hijo!- afrontar los problemas que Cross les dejase, y amar al chico de forma solo fraternal y eso, le parecía realmente enfermo y pervertido. Su corazón –más bien todo su ser- se debatía entre la duda y la pena.
...Continuará...
¡Ahi estuvo! Aunque haya sido corto espero que les haya gustado y hayan notado la diferencia con respecto a la dinamica de la historia! esta vez hice a un Cross no tan OCC, mas que nada en la carta -me gustó hacerla e.e- ¡y hubo beso! no fué EL GRAN beso, pero algo es algo. En fin, no se si lo actualice pronto porque estoy tratando de seguir con mis otros fics pendientes, pero sepan que ¡hago mi mejor esfuerzo!
Gracias nuevamente por leer y si gustan dejar review me dejarán super contenta! :)
Mei!
