Desde el comienzo de nuestra aventura nocturna, todos los acontecimientos ocurridos no han hecho más que darnos pistas una y otra vez sobre que Kate requería nuestra atención inmediata: desde su mensaje inicial a mi móvil hasta el descubrir que se encuentra en un granero en las afueras junto con un perturbado armado con una pistola. Todo lleva a que mi modosita amiga estaría pasando con toda probabilidad por un momento muy jodido. Según empecé a ponerme en movimiento caminando detrás de Chloe con la intención de bajar a aquel sótano oculto, me fui mentalizando de que lo que me encontrase abajo podría ser bastante desagradable. Como si no hubiera tenido suficientes desventuras ya por hoy.
Chloe caminaba muy despacio, con la cautela propia de una persona que ignora los peligros que podría encontrarse al adentrarse en terreno desconocido, a pesar de que yo sabía perfectamente que allí no había nada de lo que preocuparnos; al menos en el trayecto que hay desde la camioneta de Chloe hasta la compuerta del sótano. Los misterios que encontrásemos abajo eran desconocidos para ambas, pero al menos sabía que si hubiera más psicópatas armados, habrían subido antes a interceptarnos junto con Nathan, lo cual me ofrecía cierta tranquilidad.
—¡Mira, Max! ¡El granero tiene una compuerta que lleva hacia abajo! Seguro que ahí se encuentra…. ¿Max? ¿Te encuentras bien? No tienes muy buena cara.
Chloe se encontraba ya dentro del granero y yo todavía afuera, a punto de entrar. Cuando mi amiga miró para atrás y su mirada se topó conmigo, pasó a poner cara de preocupación. No era de extrañar: a pesar de que no estaba siendo del todo consciente, seguro que el cansancio físico y mental provocado por los acontecimientos de la última hora que yo había vivido y ella no me estaba pasando factura.
—Estoy bien… es solo que no dormí bien ayer, eso es todo.
—¡Ni se te ocurra sobarte ahora que estamos tan cerca! Prepárate: vamos a bajar al sótano. Seguro que dentro está Kate.
Sacando fuerzas de flaqueza, bajé las escaleras justo detrás de Chloe. El hecho de que hace tan sólo unos minutos hubiera cometido un homicidio en esa misma sala por suerte pasó totalmente desapercibido para mi amiga, y yo respiré aliviada por ello. La entrada al sótano estaba protegida por una puerta blindaba que se encontraba abierta y a su izquierda se encontraba un panel numérico que serviría para desbloquearla mediante un código. Gracias por no cerrar la puerta y ahorrarnos este paso, Nathan: al menos tu actitud impulsiva ha servido para algo positivo.
—¡Vamos, Max! —me dijo Chloe hablando por lo bajo— ¡La puerta está abierta! Voy a asomarme.
Cruzando la puerta a la izquierda se encontraban unas cortinas que daban paso a lo que sería el interior del sótano. Durante el rato en el que Chloe estuvo asomando su cabeza cuidadosamente a través de las cortinas, no se oía ni el más mínimo sonido: no daba la sensación de que se escondiera nadie más aparte de Nathan allí. Mi amiga miró en todas direcciones para, finalmente, en un movimiento compulsivo, apartar las cortinas y dirigirse rápidamente hacia el interior del sótano.
—¡La madre que me…! ¡Kate…!
Alarmada e intrigada, seguí a Chloe adentrándome con ella en la sala. Tío… tienes que estar de broma. Llegado este punto, me podía imaginar casi cualquier cosa proveniente de Nathan y del Club Vortex, pero… esto sobrepasaba los límites de mi imaginación.
Así que este era el cuarto oscuro del que hablaba Hayden. El secreto que escondía el granero a las afueras de Arcadia Bay era un estudio de fotografía. Pero no uno cualquiera: era con toda probabilidad la sala más grotesca que había visto en mi vida. Por dónde empezar… era muy amplia, tendría alrededor de cien metros cuadrados, todas las paredes estaban pintadas de negro y decoradas por cuadros y posters de una temática que oscilaba entre el snuff y el erotismo. Me niego a describir cuadros concretos… sólo sé que quien pueda encontrar algo de atractivo en aquella decoración está mal, pero que muy mal de la cabeza. Todo el equipo del estudio era insultantemente sofisticado: ordenadores, cámaras, focos y demás equipamiento fotográfico que no podría pagarme ni trabajando durante varios años. En un carrito cercano al centro de la sala se encontraban varias jeringuillas, así como frascos y pastillas cuyo contenido no me apetecía demasiado averiguar. Al final, rodeado por numerosos focos, había un telón de fondo blanco y sobre éste… la persona a quien buscábamos.
Kate estaba recostada sobre el telón de fondo en postura fetal completamente desnuda. Afortunadamente, no presentaba magulladuras: ni cortes, ni heridas ni ninguna evidencia de violencia física sobre ella. Sin embargo, parecía encontrarse totalmente fuera de sí: permanecía inmóvil pero con los ojos abiertos como platos y respirando de forma acelerada. No reaccionó al vernos a mi o a Chloe. Dios mío, Kate… por momentos, me alegré tantísimo de haber matado a Nathan con mis propias manos. Cuántas más aparte de Kate habrán sufrido sus enfermizas acciones.
—¡Kate! ¡Kate, responde! —Chloe se agazapó y movió su mano frente a los ojos de la víctima de Nathan— Max… no reacciona. Alguien la ha drogado. No parece que esté herida… pero… algo han tenido que hacer con ella, ¿no? Está desnuda… ¿Crees que ha sido Nathan? ¿Dónde estará ese bastardo ahora…? Como le vea, va a lamentar haber nacido… —los ojos de Chloe se encendieron.
—No me cabe duda de que ha sido Nathan —sentí tentación de contarle a Chloe la verdad. Me quitaría un enorme peso de encima, pero no podía. No de momento—. No te preocupes, Chloe. No te quepa duda de que pagará. Ese desgraciado se pudrirá en el infierno por esto —la voz se me quebraba al hablar.
—Tú tienes más confianza con Kate, ¿no? Encárgate de reanimarla y ponerle algo por encima. Yo voy a buscar pistas —Chloe, con su estilo nervioso y acelerado, se puso a investigar toda la sala en busca de pruebas, moviéndose erráticamente de un lado para otro—. Tío, esta sala da una grima de la hostia…
No era necesario decirlo dos veces: Kate no podía permanecer así ni un minuto más. Miré por todos los rincones buscando la ropa de mi compañera de clase, rezando para que estuviera en la sala. Por suerte, tras apenas un minuto de búsqueda vi que se encontraba tirada sobre un sofá. Chloe se encontraba en un escritorio situado en una esquina del estudio, sentada con los pies en alto y cotilleando el carísimo ordenador con cara mitad de sorpresa y mitad de asco.
—Puaj. Max… —dijo mientras yo recogía la ropa de Kate— cuando termines, tienes que ver esto. Es muy fuerte.
Me dispuse a vestir a Kate. Veamos… esto va a ser muy muy raro… Tenía en mis manos una falda larga gris, una blusa blanca, una chaqueta azul oscuro y ropa interior blanca, a juego con su carácter puro e inocente. Estaba claro que mi amiga no podía cooperar ni lo más mínimo en su estado, así que tragué saliva y me dispuse a moverla con todo el cuidado del que era capaz.
—Con permiso, Kate…
Coloqué a la chica inconsciente boca arriba y pude contemplar su cuerpo desnudo en todo su esplendor. Kate, a pesar de su formalidad y su recato, era una chica realmente guapa. Solía llevar su pelo rubio recogido pero dejándose un flequillo muy mono, y hoy además se había arreglado un poco más de lo normal: llevaba maquillaje y un poco de pintalabios. Nunca me había fijado porque siempre va bastante tapada, pero tiene un cuerpo realmente sexy: unos pechos de un tamaño ideal, ni muy pequeños ni muy grandes, unas caderas y una cintura muy femeninas, y una piel de tono claro y muy suave. Esto… ¿Max? ¿Estás comiéndote a tu amiga Kate con la mirada? Tronca, estás peor de lo que creía… Pero lo cierto es que, mientras Chloe estaba distraída con el ordenador, yo me encontraba sentada en el suelo contemplando el desnudo y atractivo cuerpo de mi amiga, con sus braguitas blancas en la mano… y fíjate tú que me estaba dando mucha lástima ponérselas… Mi vista fue a parar a la entrepierna de Kate. Era la primera vez que veía en persona las partes íntimas de una chica de mi edad, y lo cierto es que no me desagradaba para nada la imagen. Lo tenía de un rubio similar al pelo de su cabeza y con una vellosidad poco abundante que, ayudada por los focos encendidos del estudio, me ofrecía una visión bastante explícita.
Los ojos se me encendieron. La respiración se me intensificó. Mi entrepierna se me humedeció. Me había puesto muy cachonda.
Sé perfectamente que la situación es la menos apropiada del universo para ponerse a pensar cosas así. Lo sé de sobra. Pero me ha ocurrido algo parecido a cuando Logan trató de meterme mano. ¿Será que tengo un don para encenderme cuando menos debería? Y aparte, ¿desde cuándo me van las chicas? Max, sucia pervertida… ¿no te da vergüenza ser así? Sea como fuere, me estaba mordiendo el labio inferior comiéndome con la mirada a Kate sin pudor alguno, y tenía que hacer algo.
A la mierda. Cogí mi cámara y le hice una foto al cuerpo desnudo de mi sexy compañera de clase que tenía el privilegio de poder observar en primicia. Perdóname, Kate. No soy como el desgraciado de Nathan y su club: yo siempre te cuidaré y te protegeré, tienes mi palabra, pero déjame al menos tener un recuerdo de la hermosa visión que acabo de contemplar. Permíteme inmortalizar este momento que ha conseguido que pierda temporalmente la cabeza. Nadie lo sabrá nunca.
Apenas pude sacar una única fotografía cuando el sonido de la cámara al hacer la foto y revelarse me delató.
—¡Max! Pero… ¿¡qué cojones estás haciendo con Kate…!?
Chloe, totalmente alarmada y desquiciada como si hubiera escupido sobre la tumba de algún familiar, se dirigió hacia mí con cara de pocos amigos. Era previsible: lo que estaba haciendo no era mi medio normal, y era consciente de ello. Para antes de que Chloe me alcanzase, ya tenía mi fotografía de Kate como vino al mundo revelada y bien guardada en el bolsillo del vaquero. Entonces rebobiné. Mi turbia acción anterior quedó perdida para siempre en el flujo del tiempo: Chloe seguía a lo suyo con el ordenador, ignorante de todo, pero yo conservaba la foto de Kate.
Empecé a abrazar esta nueva faceta mía y a ser consciente de que existe un lado mío oscuro y reprimido que estaba oculto en mi interior, y que podía empezar a sacar jugo a partir de ahora, ya que mis acciones estaban a salvo gracias al poder del rebobinado. Aunque estaba un poco asustada de conocer al verdadero yo que empezaba a asomar, a la vez tenía el convencimiento de que no estaba haciendo nada realmente malvado. No soy como Nathan y compañía: yo jamás haría nada que perjudicara a Kate ni a Chloe, y además pienso humildemente que lo estoy demostrando con creces. Dejémoslo en que… a veces siento ganas de ser un poco traviesa.
Eso sí, mi peculiar código ético no podía evitar que siguiera como una maldita perra en celo, y aun así tuve que seguir con mi tarea: con ojitos de deseo y apretando los dientes, finalmente tapé la entrepierna de Kate poniéndola sus braguitas blancas. Fue peor todavía al llegar el turno del sujetador, para el cual tuve que coger a Kate y hacer que se incorporase ligeramente, con el contacto físico que ello implicaba. Noté mi cuerpo arder mientras le colocaba bien la copa del sujetador y mis manos accidentalmente rozaron parte de sus pechos. Genial, Max. Qué pensaría Chloe de ti si supiera que ahora mismo tienes tus bragas empapadas en mitad del marrón más serio de nuestras vidas. Estás muy enferma…
Por suerte, logré relajarme ligeramente cuando al fin vestí completamente a Kate con su recatada indumentaria habitual, ataviada con su blusa y su falda hasta las rodillas.
—¡Chloe, ya he terminado de vestir a Kate! ¡Ayúdame a moverla al sofá! —evidentemente no íbamos a dejar a mi amiga rubia tirada en el suelo. El siguiente paso es reanimarla en un lugar cómodo.
—¡Voy! —Chloe dejó el ordenador y vino conmigo. Cada una a un lado de Kate, intentamos cargar con ella echando el brazo correspondiente sobre nuestros hombros— Max, me temo que todo este tinglado no es un simple caprichito de un niño de papá… Esto… he visto cosas en ese ordenador.
—¿Cosas…? ¿Qué cosas? —alzamos a Kate y comenzamos a andar con ella a cuestas.
—Muchas fotos… bizarras. De varias chicas de nuestra edad. En algunas fotos la modelo está vestida y en otras desnuda, pero todas tienen en común que la chica está drogada, con mirada perdida… exactamente igual que Kate ahora. Te lo juro, Max, me daban ganas de potar según cotilleaba las carpetas del ordenador. Esto tiene que ser algo gordo… seguro que algún degenerado paga dinero por esta mierda o algo.
—Este pueblo está todavía más enfermo de lo que pensaba… —puse cara de asco. Aunque mi maldita conciencia me recordó que por un instante, yo he sido más o menos igual de depravada que la gentuza que está detrás de esto— y aparte de la pobre Kate, ¿había más chicas de aquí entre las modelos…?
—Por suerte, nadie que yo conozca. También imploré no encontrarme fotos de mí misma de cuando ese desgraciado me dejó inconsciente, pero no encontré nada. ¿Dónde estará Nathan? Pienso sonsacarle a hostias dónde guarda mis fotos —recostamos a Kate sobre el sofá que se encontraba hacia la mitad del cuarto oscuro. Su rostro seguía sin mostrar apenas signos de consciencia—. Escucha, Max: esto parece serio. Si no fuera porque aquí la policía son los amiguitos de la familia Prescott, ya les tendríamos que haber llamado.
No, Chloe. Nada de policía. Tu amiga Max es culpable de asesinato. La policía sólo nos sería de ayuda si, para empezar, hubiera ocultado el cadáver de Nathan de forma menos patética. E incluso siendo así, estando en el pueblo en el que estamos, tenemos todas las de perder precisamente por los motivos que me recordaba Chloe. La policía estatal no actuaría a no ser que demostrásemos que el asunto que tenemos entre manos traspasa los límites del condado, cosa que dudo.
—Esto… —corté a Chloe, nerviosa y con la intención de cambiar de tema— deberíamos tratar de reanimar a Kate.
—Tienes razón: lo urgente ahora es poner a Kate a salvo. Ya pensaremos qué hacer con toda esta mierda más adelante. Puede que esta noche no pueda tener mi venganza, pero tarde o temprano la culminaré. Nathan y quienes sean que estén detrás de todo esto, pagarán, lo juro. ¿Estás conmigo, Max?
—No te quepa duda, Chloe —puse gesto serio tratando de tener complicidad con mi amiga. En estos momentos, la merece—. Nathan pagará.
—¡No esperaba menos de mi compañera de tripulación! Ahora, rescatemos a Kate y subámosla a bordo de nuestro barco.
—¡Arr, capitana!
Después de aquel nostálgico momento recordando días en los cuales éramos más inocentes y no teníamos que preocuparnos de que nos drogasen o nos fotografiasen en pelotas, me puse manos a la obra. Acaricié suavemente la cabeza de Kate que reposaba en uno de los laterales del sofá, mientras Chloe la zarandeaba levemente.
—¡Hey, Kate! Soy yo, Max… reacciona, por favor…
El proceso iba muy lento, pero tras un par de minutos, la chica inconsciente movió ligeramente la cabeza.
—¡Kate! ¿Puedes hablar? ¿Sabes quién soy? —dije.
Kate asintió con un leve movimiento de cabeza. Aún no estaba lo suficientemente consciente como para gesticular correctamente.
—Escucha, Kate —continué—. Estamos Chloe y yo contigo y vamos a llevarte a casa. Te pondrás bien… pero necesitamos que camines unos pasos con nuestra ayuda. ¿Te ves capaz?
Con ojos entreabiertos, intentó decir algo, pero la cosa quedó en un casi imperceptible movimiento de labios sin que pudiera emitir un sonido.
—Vamos a intentarlo —intervino Chloe—. Ayúdame, Max. Igual que antes.
Enganchamos a Kate cada una de un brazo tal como hicimos hace un momento para llevarla al sofá, y tratamos de que apoyase sus pies en el suelo. La pobre era incapaz de mantener el equilibrio y se desplomaría al instante si se nos ocurriera soltarla.
—Muy bien, cielo. Vamos a empezar a caminar muy despacito. Un, dos.
Kate movió las piernas junto a nosotras de una forma extremadamente torpe, pero suficiente como para que no tuviera que ir arrastrando sus pies de camino a la camioneta. Los primeros pasos fueron especialmente costosos, pero por cada metro avanzado parecía que nuestra incapacitada amiga lo iba haciendo un poco mejor. La forma en la cual teníamos que agarrar a Kate implicaba un contacto físico con ella que no me ayudaba demasiado a relajarme. Mi mano izquierda estaba sobre su cintura, y no podía evitar que el recuerdo de cómo vestía su cuerpo desnudo viniera a mi mente una y otra vez. Qué buena estás incluso estando inconsciente, Kate... Y tú, Max, qué jodidamente ida de la olla estás por pensar en esas cosas ahora. Haz el favor de centrarte.
Para cuando llegamos a la camioneta de Chloe, Kate había hecho ya bastantes progresos en su forma de caminar, e incluso la oímos balbucear algún sonido. Con sumo cuidado, la sentamos a mi lado en los asientos del copiloto y la enganchamos bien el cinturón de seguridad. Todo dispuesto.
—¡Rumbo a Blackwell! —exclamó Chloe según arrancaba el motor.
Apenas llevábamos unos metros desfilando por la carretera comarcal que nos llevaría de nuevo al corazón de Arcadia Bay, Kate pronunció sus primeras palabras:
—¿Max? ¿Dónde… estoy?
Me alegré sinceramente al escuchar su voz.
—Estás en la Chloemioneta, el vehículo mágico que te va a llevar sana y salva de vuelta a la residencia —respondí, tratando de poner un tono de voz desenfadado y lo más tranquilizador posible para nuestra recién resucitada amiga.
—¿De dónde venimos? Yo… no recuerdo nada…
—Nosotras tampoco sabemos gran cosa —Chloe se coló en la conversación—. Sólo nos enteramos dónde estabas y fuimos en tu busca. Esperábamos que tú nos pudieras decir un poco más de lo que pasó en realidad.
—No consigo acordarme… —Kate se llevó las manos a la cabeza— Yo… estaba tan tranquila en la fiesta del Club Vortex cuando de repente…
Según Kate hacía esfuerzos para recordar, iba poniendo una cara de pavor cada vez más marcada mientras un sudor frío le recorría la frente.
—Yo… —continuó Kate con voz temblorosa— creo que he hecho cosas muy malas esta noche, Max…
—Pasara lo que pasase, no es culpa tuya, Kate. Te han dado algo que te ha dejado inconsciente, así que no eres responsable de nada de lo que hicieras —reconozco que me mientras hablaba a Kate con voz sedante, a la vez aprovechaba la situación para sobetearla un poco en forma de caricias sobre su muslo. Seguro que a ella no sólo no le importaría, sino que lo encontraría reconfortante—. Cuéntanos desde el principio: ¿por qué estabas con los del Club Vortex? No es nada propio de ti…
—Ellos me lo propusieron. Yo tan sólo quería probar cosas distintas… hacer amigos, llevar una vida de estudiante adolescente normal, Max —Kate volvió a su habitual voz seria, que casi parecía que te estuviera reprendiendo—. Pero no pensé que las cosas se torcerían así. Sólo me tomé un refresco al que me invitó el club, y… creo que después… he hecho cosas de las que no me siento demasiado orgullosa…
Creo que yo lo sé mejor que la propia Kate. Pensé en aportar los datos que conocía, como el testimonio de Logan, o el hecho de que estuviera completamente en pelotas cuando la encontramos, pero preferí omitirlo. Además, me imagino perfectamente el tipo de cosas que pueden haber ocurrido entre medias, y no era necesario hacer pasar a Kate el trago de recordarlas. Su ignorancia puede ser su felicidad.
—Lo que no entiendo… —siguió hablando nuestra amiga rubia— Es qué hacía en aquel sitio donde me habéis recogido. ¿Por qué me llevaron allí?
—Lo importante es que estás bien. Por suerte ninguno de esos bastardos te hizo daño —traté de esquivar el tema del cuarto oscuro.
—¿Que no me han hecho daño? ¿Y qué hay de mis sentimientos, Max? No me quiero imaginar las cosas que me han podido hacer en el estado en el que me encontraba… y las que he podido hacer yo…
Vi algunas lágrimas resbalar por las mejillas de Kate. No la culpo. Incluso protegiéndola y contando una versión más light de su noche, la pobre ha pasado por un mal trago tremendo.
—¡Fin de trayecto, chavalas! —anunció Chloe, a la par que detenía la camioneta enfrente de la residencia de estudiantes de la academia.
—Gracias por traernos, Chloe —dijo Kate con voz rota—. Eres mejor chica de lo que aparentas por tu indumentaria.
—Eh…. Claro. No soy muy de esas cosas, pero, ¿no había un versículo de la Biblia acerca de no juzgar al prójimo o algo así…? Cuídate, Kate Marsh.
—Sí, algo así era… —Kate esbozó una sonrisilla, aunque se notaba sobradamente que sonreír no era lo que más la apetecía en aquel momento— Que Dios te bendiga, Chloe.
Después de despedirse de Kate, Chloe ahora me miró a mí.
—Bueno, y Max, nosotras ya…
Sin darle tiempo a Chloe a terminar la frase, la corté con un súbito abrazo que la desarmó completamente. Un abrazo que representaba todas las cosas que me tenía que callar. Un abrazo de agradecimiento: gracias, Chloe, por aparecer, por no odiarme a pesar de todo, por tu inestimable ayuda… y sobre todo, perdón. Perdón por estos cinco años de silencio. Perdón por manipularte y mentirte. Perdón por mis múltiples y continuas cagadas. A pesar de estar condenada a no poder expresarme con palabras, estoy segura de que comprendes al menos parte del mensaje que te quiero transmitir. Lo noto en la forma en la que me has devuelto el abrazo. Sigue habiendo esa conexión entre nosotras, a pesar del paso de los años. La tripulación del barco pirata de Arcadia Bay sigue en pie, y todavía tiene mucha guerra que dar.
—Hey, Supermax… Nos vemos mañana… esto no ha hecho más que comenzar.
Como colofón, Chloe me besó la mejilla, muy cerca de los labios. Sin más, con Kate y yo ya en tierra, centró la vista en la carretera mientras arrancaba, y se fue alejando de nosotras en su ya mítica Chloemioneta alzando la mano en señal de despedida. Me invadió cierta desazón, pero aún tenía que llevar a Kate a su habitación. Por suerte parecía que ya se podía tener en pie por su cuenta.
Avanzamos por el pasillo de la residencia de estudiantes y nos detuvimos frente a la puerta de la habitación de Kate, que se encontraba un poco antes de la mía.
—Escucha, Kate —la dije frente a su puerta antes de despedirnos—. Lo que ocurriera esta noche ya no importa. Pero averiguaré quienes son los responsables, y te juro que pagarán por ello. Me aseguraré personalmente.
—No tienes por qué hacer nada más, Max, ya has hecho más que suficiente. Pero gracias. Eres una buena amiga.
Kate era una chica muy formal en todo y eso incluía el contacto físico, por lo que no se atrevió a darme un abrazo en la despedida. Sin embargo, me cogió las manos en señal de sincero agradecimiento y su cara, con mejillas aún húmedas por las lágrimas, me dedicó una cálida sonrisa.
—Ahora ambas necesitamos descansar. Mañana hablamos, Max.
—Cuídate mucho, Kate. Hasta mañana.
Kate cerró la puerta de su habitación y me quedé sola en el pasillo de la residencia. Parece que por fin ha terminado todo, al menos por hoy. Estaba completamente derrotada. Según entraba en mi habitación, miré el reloj: la hora real eran las dos de la madrugada, pero teniendo en cuenta mis continuas idas y venidas en el flujo del tiempo, mi organismo le podría sumar al reloj tranquilamente otro par de horas más. Y a pesar de todo, tenía la cabeza tan sumamente llena de dudas, misterios e interrogantes, que no tenía sueño. Todavía estaba flipando con mi capacidad de alterar el tiempo y quería investigar más al respecto. Tampoco me podía quitar de la cabeza la cantidad de depravaciones y tramas truculentas que están sucediendo en este pueblo que hasta ahora pasaban totalmente desapercibidas para mí. Y, por supuesto, aún no me creo que me haya reencontrado con Chloe después de cinco años y siento que aún tenemos demasiadas cosas que contarnos. Quedan demasiadas cosas por hacer aún, pero tienes que relajarte, Max. Con este cansancio que arrastras, lo mejor que puedes hacer ahora es echarte a dormir. Ya actuaremos mañana con la mente más despejada.
Pensando en todo ello, empecé a quitarme la ropa de calle, dispuesta a ponerme el pijama. Tiré con poca delicadeza a la cama mi chaqueta gris, mi camiseta rosa y mis pantalones vaqueros azules según me los iba quitando.
Permaneciendo de pie en ropa interior, me miré al espejo. Me desabroché el sujetador, dejando mis pechos al aire y pensando que lo mismo que reflejaba ahora el espejo, lo había visto Logan. No, Max. Piensa: lo que hayas rebobinado, nunca jamás ha ocurrido. Tienes que acostumbrarte a esa regla. Pero lo cierto es que, por mucho que los demás jamás lo sepan, yo misma no puedo borrar de mi memoria todo lo que me ha pasado esta noche.
Inconscientemente, me llevé una mano a mi pezón y comencé a juguetear con él. Logan me chupó antes aquí… Mierda, Max. ¿Encuentras eso morboso? ¿De verdad te pone que ese gilipollas redomado estuviera a punto de follarte?
—Pues sí —me dije a mi misma en susurros—. Me pone muy cachonda…
Mis pezones se endurecieron recordando la escena. Me empecé a estremecer. Noté mi cuerpo muy caliente y decidí tumbarme en mi cama.
—Ese capullo… también me metió mano aquí…
Rememorando las acciones de Logan, mi mano se deslizó lentamente por debajo de mis braguitas. Acaricié suavemente mi entrepierna, para descubrir que, a pesar de todo el ajetreo que he tenido hoy y todo el cansancio que arrastraba, me encontraba más empapada de lo que había estado en mi vida.
—No puedo más…
Con mucha ansia y la respiración acelerada, me quité mis bragas mojadas y las tiré al suelo. Empecé a temblar de placer, desnuda sobre mi cama, mientras me tocaba enérgicamente. Lo necesito. Mi cuerpo arde.
Por mi sucia mente pasaron multitud de momentos: los sobeteos de Logan. Mi beso con Chloe. La mano de Hayden sobre mis tetas. Las vistas de Kate desnuda. Pensar en todo ello a la vez me estaba volviendo loca. Eres una guarra, Max… y lo peor es que te encanta.
—Me encanta… —me susurré, como reafirmando las perversiones que pasaban por mi mente.
De repente me acordé de algo. Registré los bolsillos de mis vaqueros que se encontraban tirados sobre mi cama y saqué lo que se encontraba en ellos: la foto que le hice a Kate desnuda. Las circunstancias en las que hice la foto no tenían ninguna gracia, pero eso no hacía si no provocarme más morbo. Joder, qué cuerpo tienes, Kate… Me encantaría que vinieses aquí y me toques, me beses, me lamas…
—Daría lo que fuera por que me follases, Kate…
Esas palabras que jamás me imaginé que saldrían de mi boca fueron el detonante. No podía contenerlo más: solté la fotografía, puse los ojos en blanco y me retorcí de placer. Durante un minuto no hice otra cosa que no fuera gemir y sacudirme con unos espasmos que no podía controlar. Fue un orgasmo muy bestia.
Completamente desnuda sobre mi cama y todavía con los mofletes rojos, no sabía bien si a consecuencia de mis sucias acciones o de pura vergüenza por pensar cosas que jamás creí que pensaría, caí frita casi al instante.
