Y ahora, unas cuantas palabras de la autora antes de empezar el capítulo:

¡ESCRIBIR FLUFF ES JODIDAMENTE DIFÍCIL! XD

También, hay otras cosas que quisiera decirles, pero las agregaré más tarde. Por ahora, disfruten de la lectura.

IV

Primer Beso

En el recibidor, antes de entrar, cada uno se quitó los zapatos y se puso un par de cómodas pantuflas que allí había. Teruki encendió las luces y condujo a su invitado al interior de la estancia principal. Como la mayoría de los apartamentos modernos, esta habitación consistía en un único ambiente, compartido entre la cocina, el comedor y el cuarto de estar.

Mob ya antes había estado allí una primera vez. Fue el día en que debió enfrentarse contra aquel sujeto, Koyama. Tras quedar inconsciente, despertó en la alcoba de Teruki, quien se había tomado la molestia de cuidar de él hasta que recobrara el sentido. En aquella ocasión, también le había prestado algo de ropa, ya que su gakuran había quedado completamente estropeado.

Una vez dentro, Teruki dejó su maletín de la escuela sobre la mesa del comedor, se quitó el blazer del uniforme y lo colgó en el respaldo de una de las sillas.

—Dime, Kageyama-kun —le habló mientras se aflojaba el nudo de la corbata— ¿tienes algo que hacer esta noche?

— ¿Qué si tengo algo que hacer? —repitió, pensativo. Aparte de ir a su casa y ver televisión, estaba libre como siempre—. Ehm, no, no lo creo ¿Por qué lo preguntas?

—Pensaba que podíamos pasar juntos un rato más —miró el reloj en la pared y luego a su compañero—. Son las diez, ¿qué te parece si te quedas aquí hasta las once? Sé que es un poco tarde, pero, de todas formas, mañana no tenemos escuela, y para que no te devuelvas solo, yo puedo acompañarte hasta tu casa.

— ¿Quieres que me quede? —volvió a repetir, como si no estuviera seguro de haber escuchado bien.

—Claro, ¿por qué no?… bueno, a menos que no puedas. Entiendo si estás cansado o si prefieres dejarlo para otra ocasión.

—No, no estoy cansado —respondió en seguida—. Puedo quedarme un rato más, si en verdad te agrada la idea.

Teruki le aseguró que sí y eso bastó para que Mob se decidiera por completo.

—Bien, en ese caso, ¿qué te gustaría que hiciésemos ahora? —le preguntó Shigeo a su anfitrión.

Con una mano en la barbilla, Hanazawa lo pensó un instante antes de responder con otra pregunta.

—Veamos… ¿te gustan los videojuegos?

Sí le gustaban, respondió. De hecho, él y Ritsu tenían su propia consola en casa, comprada de segunda mano, así como una vieja computadora de escritorio, que también usaban para jugar.

Del comedor se trasladaron al living, donde había, colgado en la pared, un televisor de pantalla plana tan grande como una mesa. Debajo de éste había un aparador con estanterías y sobre el cual se hallaban, no sólo una, sino dos videoconsolas. Mob reconoció ambas. Una era de las más nuevas y costosas que había en el mercado, mientras que la otra, más pequeña, se trataba de un modelo un par de años más antiguo. De hecho, era la misma consola que tenían Mob y su hermano Ritsu, sólo que mejor conservada.

Teruki decidió que, ya que ambos estaban familiarizados con el modelo antiguo, entonces usarían ese. Después, lo siguiente que hizo, fue mostrarle su numerosa colección de videojuegos, ordenados en las estanterías, y le dio a escoger el que quisiera. Algunos eran títulos que Mob ya conocía. Él y Ritsu acostumbraban juntar sus mesadas y arrendarlos en las tiendas de videojuegos. Pero otros, la gran mayoría, jamás los había jugado u oído hablar de ellos. Al final, escogió uno de sus favoritos, que era de aventuras con modalidad para dos jugadores.

Shigeo supuso que antes de jugar, su amigo lo llevaría hasta su habitación, a cambiarse el uniforme de colegiala por algo prestado de su guardarropa. Pero esto nunca sucedió. En cambio, fue invitado a tomar asiento en el sofá, mientras Teruki se ocupaba de conectar y encender la consola.

¿Lo habrá olvidado?, se preguntó Shigeo, arreglándose los pliegues de la falda; al sentarse, la tela se le había subido hasta casi llegar al muslo.

Tal vez, de haber sido un chico distinto, con otra personalidad y un carácter diferente, Mob no habría tenido problemas en recordarle a su compañero acerca de ese pequeño favor. Sin embargo, Mob seguía siendo quien era, un muchacho tímido con dificultades para decir lo que realmente pensaba. De modo que al final se quedó callado y prefirió esperar a que su amigo se lo ofreciera por sí solo. De todas formas, ya no se sentía tan ridículo vistiendo falda y usando extensiones en el cabello, no desde que Teruki le había asegurado que se veía lindo.

Con el disco ya inserto y corriendo dentro de la consola, Hanazawa sacó de la estantería un mando para cada uno y fue a reunirse con su amigo en el sofá.

Tras tomar asiento y entregarle uno de los controles a Shigeo, sus ojos se fijaron automáticamente en la manera en que éste se hallaba sentado. Tenía las piernas abiertas de un modo muy poco femenino, o mejor dicho, como las tendría cualquier muchacho al estar en esa posición; y la falda se le había recogido hasta más arriba de la rodilla, revelando la piel de sus muslos, pálidos y delgados. Mob no parecía ser consciente de ello, pero había algo en su apariencia que resultaba bastante atrayente, y el hecho de que lo ignorase no hacía más que acentuarlo.

—Este juego es uno de mis favoritos —comentó Mob mientras seleccionaban personajes.

—Sí, es bastante bueno —coincidió Teruki—. Debo haberlo completado al menos cuatro veces. Aunque es primera vez que lo juego con alguien más. Seguro que así es más divertido.

Con sus personajes ya seleccionados, dieron comienzo a una partida completamente nueva, desde la primera etapa. El tiempo se les pasó volando a medida que avanzaban niveles, enfrentándose a nuevos y poderosos enemigos y superando obstáculos cada vez más difíciles. De ese modo, transcurrió media hora sin que casi se dieran cuenta.

Tras llegar al quinto nivel y derrotar juntos a uno de los subjefes, decidieron hacer una pequeña pausa.

Teruki fue en busca de algo de comer, mientras su invitado aprovechaba de ir al baño.

Mob regresó a la sala a los pocos minutos. Al ir hacia el sofá, se fijó que a un lado de éste había un pequeño revistero. Se inclinó a echarle un vistazo y se dio cuenta de que solo contenía revistas de fitness, de aquellas para estar en buena forma física. Sacó una en cuya portada aparecía un hombre trotando con el torso desnudo, tomó asiento y empezó a hojearla.

Al cabo de un rato, Teruki volvió de la cocina portando una bandeja. En ésta llevaba un recipiente con galletitas y dos tazas con té verde.

Al verle llegar, Mob cerró la publicación.

—Descuida, puedes seguir viéndola si quieres —Dejó la bandeja sobre la mesita de centro que había entre el sofá y el televisor. Luego, regresó a su sitio, al lado izquierdo de Shigeo, sentándose, esta vez, un poco más cerca—. La edición que tienes ahí trae un artículo muy interesante acerca de cómo mejorar el rendimiento físico.

— ¿Te refieres al de la página quince? —Mob volvió a abrir la revista y buscó la página marcada con ese número—. Leí un poco mientras te esperaba. Algo así me sería muy útil en el club de acondicionamiento físico, especialmente cuando salimos a trotar.

Entre los dos continuaron viendo la revista y conversando de temas relacionados sobre el ejercicio físico, olvidándose por completo de jugar con la consola.

Teruki se acomodó en su asiento y se acercó a Mob un poco más, como si quisiera echar un mejor vistazo a la publicación. En seguida, y sabiendo muy bien lo que hacía, dejó que su pierna "accidentalmente" tocara la de Shigeo. Al hacerlo, creyó que éste se incomodaría y trataría de alejarse de él, pero se quedó ahí donde estaba, sin dar señales de haberlo notado.

Tras dar vuelta a la página, Mob señaló la imagen de un hombre musculoso y mencionó algo acerca de que se parecía a un miembro del club de acondicionamiento físico. Teruki, sin embargo, apenas le prestó atención, ya que estaba más pendientes de sus piernas que de cualquier otra cosa. Mob volvía a tenerlas separadas, y una vez más, la falda se le había recogido hasta arriba.

Mientras observaba disimuladamente a su compañero, Hanazawa no pudo evitar preguntarse qué tan completo sería su uniforme de colegiala y si acaso éste incluiría ropa interior acorde al resto del disfraz. Lo más probable era que no, ya que ni siquiera resultaba necesario; Shigeo podía estar usando calzoncillos debajo de esa falda y nadie notaría la diferencia. Por otro lado, bien podía existir una remota posibilidad de que, en vez de calzoncillos, fuesen unas bonitas bragas de colores, aunque aún no se le ocurría ninguna buena explicación que justificara algo como eso

Quien sabe, pensó distraídamente mientras fingía estar atento a la revista. Quizás, para el maestro de Mob, no sólo bastara con vestir un uniforme escolar femenino. Para hacerse pasar por una estudiante de preparatoria, también hacía falta moverse y sentirse como una, y qué mejor forma de conseguirlo que poniéndose en sus zapatos, o mejor dicho, en sus pantaletas.

Hanazawa estaba pensando en alguna otra explicación que sonara menos absurda, cuando se acordó del té y las galletitas servidos sobre la mesa, y de los cuales se había olvidado por completo. De inmediato, levantó una de las tazas y se la ofreció a Shigeo, disculpándose por no tener leche, pero prometiendo comprar para la próxima vez que viniera a visitarle.

—Por cierto, ¿qué tal va el entrenamiento? —preguntó a su invitado, acercándole el recipiente con galletitas. Mob dejó la revista sobre la mesa y se sacó una de chocolate.

—A decir verdad, bastante difícil. Más de lo que hubiera imaginado —exhaló con pesadez, como si el simple hecho de hablar del tema lo agotara.

—bueno, eso es normal, considerando que nunca antes te habías entrenado. Tal vez te cueste al principio, pero estoy seguro de que irás mejorando con el tiempo.

Shigeo se tocó la barbilla con una mano y reflexionó al respecto.

—Mmm, sí, puede que tengas razón —dijo tras una breve pausa—. De hecho, ahora que lo mencionas, me he dado cuenta de que soy capaz de hacer cinco flexiones de brazos consecutivas, antes de agotarme. Quizás no parezca mucho, pero, hace un par de meses, ni siquiera era capaz de hacer solo una. Quizás el esfuerzo sí valga la pena después de todo.

Escucharle hablar de esa manera, recobrando el entusiasmo, y todo gracias a sus palabras de apoyo, hizo sentir a Teruki como un verdadero amigo. Si bien cinco flexiones de brazos eran bastante pocas en comparación a las que él podía realizar, los empeños de Mob por volverse más fuerte, sin depender de sus increíbles habilidades psíquicas, no dejaba de ser impresionante.

—Así se habla, Kageyama-kun —lo felicitó, poniendo una mano sobre su hombro y apretando con firmeza—. Y es verdad lo que dices, tus esfuerzos definitivamente están dando resultado. Se nota con solo ver los músculos de tus piernas —Quitó la mano de su hombro y la bajó hasta su rodilla, en donde le dio unas afectuosas palmaditas.

— ¿Eh? ¿Mis piernas? —levantó la extremidad que su compañero había tocado, y la examinó sin entender a qué se refería.

—Sí. Están más robustas y tonificadas de cuando te conocí —explicó, sujetando por debajo del tobillo la pierna que Mob tenía levantada y ayudándole a extenderla un poco más—. Gracias a tu dedicación y al ejercicio constante has conseguido fortalecer esta zona —dijo y palpó con su otra mano los músculos gemelos de la pantorrilla, por encima de la calceta del uniforme.

Mob se dejó tocar con toda confianza, como si se tratara de un inofensivo examen físico.

— ¿Tú crees eso? —preguntó— ¿En verdad crees que esté funcionando?

—Desde luego que sí. Como dije antes, se nota con solo verlo —le soltó la pierna y Mob volvió a apoyar en el piso—. Quién sabe, si sigues así, estoy seguro de que tarde o temprano atraerás a muchas admiradoras.

Shigeo sonrió avergonzado, sin saber qué decir a excepción de un simple "gracias, eres muy amables".

Teruki le devolvió la sonrisa; luego, levantó su taza, sopló un par de veces y le dio un sorbo. Mob también levantó la suya, pero en vez de probar el té, se quedó observándolo, con la mirada perdida en su ondulante movimiento. Tras un instante de silenciosa contemplación, levantó la cabeza y se dirigió a su compañero, quien en ese momento se comía otra galletita.

—Oye, Hanazawa-kun ¿puedo hacerte una pregunta?

El exlíder terminó de tragar lo que tenía en la boca antes de responderle.

—Claro, ¿de qué se trata?

Mob dejó su taza devuelta en la bandeja, sobre la mesita. Se enderezó en su asiento y miró a su anfitrión con seriedad.

— ¿Alguna vez has besado a alguien?

Shigeo quería hacerle esa pregunta desde hacía un buen rato, desde que estaban en el café, e incluso antes de eso, cuando se toparon en la calle con aquel grupo de amigas. Ahora que estaban solos en su apartamento decidió hacérsela sin rodeos.

Teruki, por su parte, creyó que le consultaría algo relacionado con su conversación anterior, acerca del entrenamiento físico. Por eso, cuando escuchó la pregunta, ésta lo pilló completamente desprevenido, pero lo disimuló bastante bien mostrándose calmado, incluso, un poco indiferente. En realidad, se moría de ganas por saber el motivo que le había llevado a formularla.

— ¿Te refieres a un beso en la boca? —inquirió, cauteloso. Mob asintió con la cabeza; sus ojos llenos de expectación—. Pues sí, sí lo he hecho.

—Ah, me lo imaginaba ¿Eso quiere decir que has tenido novia?

—Bueno, no exactamente —aclaró—. Para empezar, yo no las llamaría novias. Salí con algunas chicas, y sí, nos besamos, pero nunca fue nada serio.

— ¿Nada serio? —Repitió, tratando de entender por qué alguien besaría a alguien para luego no convertirlo en algo más significativo—. Pero acaso ninguna de ellas te gustó lo suficiente como para pedirle que fuera tu novia. Quiero decir, por algo habrás querido besarlas…

De pronto, se dio cuenta de que estaba siendo indiscreto con ese tipo de preguntas y decidió detenerse.

—Oh, lo lamento, sé que no es asunto mío. Si quieres, podemos hablar de otra cosa.

—No, está bien. Supongo que es algo difícil de explicar, pero no me molesta hablarlo contigo.

Teruki se acomodó en su asiento y buscó una posición más confortable y relajada desde la cual seguir hablando.

—Me agradaban —prosiguió—, pero nunca estuve enamorado de ninguna de esas chicas, si a eso te refieres. Ni siquiera sé por qué salí con ellas. Supongo que sólo fue por diversión, pero no porque sintiera algo más profundo. Y estoy seguro de que ellas tampoco estaban enamoradas de mí; quizás sí se sentían atraídas, pero al igual que yo, solo buscaban divertirse.

Bebió de su taza un poco más y esperó a ver si su compañero tenía algo qué decir después de escuchar una explicación como esa. Había procurado ser honesto, pero sin entrar en detalles innecesarios. Su vida amorosa, si es que podía llamarla de esa manera, no era algo de lo que se sintiera orgulloso o quisiera alardear, al menos, no desde que había conocido a Mob.

—Quizás no era lo que esperabas oír —continuó diciendo—, pero te aseguro que todo eso ha quedado en el pasado. Ahora, la próxima vez que vaya a besar a alguien, quiero que sea con la persona indicada —Teruki devolvió su taza a la bandeja y escogió del recipiente de galletitas dos en forma de corazón; una se la convidó a su amigo— ¿Y qué hay de ti? ¿Alguna vez has besado a alguien?

Sorprendido, Shigeo casi deja caer su galleta al oírle hacer la misma pregunta. Realmente no se lo esperaba.

— ¿Y-yo? —se apuntó con el dedo, como si hubiese alguien más en la sala a quien dirigirse. Teruki respondió que sí, lo que hizo que Mob se sintiera aún más desconcertado—. No, nunca —admitió con timidez—. Jamás he besado a alguien, ni he salido con una chica, ni mucho menos he tenido novia.

Shigeo habría jurado que su falta de experiencia amorosa era algo evidente para todos los demás, por eso le desconcertaba un poco que alguien siquiera considerara preguntárselo. Y claro que era evidente. Hanazawa lo sabía muy bien, o al menos, era algo que había dado por sentado desde un principio. Si se lo preguntó, fue más que nada para estar completamente seguro.

— ¿Qué sucede, Kageyama-kun?, ¿te preocupa mucho no tener novia?

Intranquilo, Teruki se dio cuenta de que algo no andaba bien. De un momento a otro, la expresión en el rostro de su amigo, antes tranquila e invariable, se tornó reservada y melancólica, como si algo se apagara en él.

Mob guardó silencio un instante. Apartó sus ojos de los suyos y bajó la mirada a la galletita en forma de corazón que sostenía en una de sus manos. Su aspecto era delicioso, pero sentía que ya no podía disfrutarla como a las demás. Algo en la conversación había gatillado otra vez en su memoria el recuerdo de aquel espíritu maligno y el de sus siniestras palabras.

—En realidad, lo que me preocupa es otra cosa —Mob colocó la galletita de vuelta en el recipiente y se giró hacia él—. Sí te lo cuento, ¿prometes no burlarte?

—Jamás podría burlarme de ti —le dijo mirándole seriamente a los ojos. Ni en broma deseaba que le creyese capaz de algo semejante.

Su respuesta bastó para convencer a Shigeo, quien ya sabía, en realidad, que podía fiarse de él, y lo siguiente que hizo fue contarle acerca de su trabajo en la academia Azafrán.

Él ya antes le había explicado a Teruki, al principio de su encuentro con él, en qué había consistido su misión en ese lugar, y de porqué había ido vestido así. Pero hubo algunos detalles que no reveló, como el modo en que el fantasma asustaba a las estudiantes, espiándolas en los baños, hurtándoles sus pertenencias, como ropa interior, y haciéndola levitar en el aire.

—Se oye como un completo cretino —opinó Hanazawa, sin mucha simpatía.

Su compañero se mostró de acuerdo.

—Por lo que pude entender —continuó explicándole—, cuando estaba vivo, fue un estudiante impopular con las chicas. Desconozco las circunstancias de su muerte, pero percibí en él un profundo resentimiento. Se refirió a la academia como a "su paraíso", quizás, por tratarse de un lugar sólo para señoritas. Dijo que, estando muerto, finalmente había encontrado la felicidad.

—Eso es deprimente, incluso para un alma en pena. Pero no lo entiendo, ¿qué tiene que ver contigo? Acaso dijo algo más.

Shigeo sintió como si un nudo se formara en su garganta, seguido de una opresión en el pecho.

—Sí, hay algo más —confirmó, vacilante, y un poco arrepentido de haber tocado el tema—. Tras el exorcismo, le oí decir que yo era como él. No estoy seguro, pero supongo que se refería a que también soy alguien impopular, a quien le cuesta hablar con las chicas. Lo más probable es que haya muerto sin nunca besar a una, y eso hace que me pregunte si yo tendré un destino similar.

A Teruki no le gustó el rumbo que estaba tomando la conversación. Aunque aún no comprendía qué era lo que Mob estaba tratando de decirle, podía darse cuenta del malestar que a éste le causaba el solo tener que hablar de ello. Con el cuerpo encorvado, los hombros rígidos y los puños apretados sobre las rodillas, se notaba que era en serio cuando dijo que algo le preocupaba.

—No me refiero a morir joven ni nada de eso —aclaró Shigeo, tras una breve pausa—, sino más bien, a acabar mis días, ya sea mañana o en cincuenta años más, sin saber qué se siente que le guste a otra persona. Porque lo más probable es que así sea. Como no soy atractivo ni gracioso o siquiera interesante, dudo mucho que alguien se fije en mí.

Abrió la boca para decir algo más, pero la cerró cuando se dio cuenta de que ya no tenía ganas de seguir hablando. Con una larga exhalación, dejó caer la cabeza hacia adelante y se miró los puños sobre los pliegues de la falda. Volvió a suspirar y cerró los ojos, pero los abrió en seguida cuando sintió una inesperada sensación de calidez sobre uno de sus puños. Era la mano de Teru apoyada encima de la suya.

—Kageyama-kun —le llamó con gentileza.

Al levantar la vista, se encontró con sus ojos azules, que le observaban de un modo extraño. No en un sentido negativo, sino todo lo contrario. Su expresión era acogedora y, de alguna manera, reconfortante. Mob no estaba seguro qué significaba, pero de haber sabido interpretar lo que decía, habría visto en su mirada todo el cariño y la devoción que Teruki sentía hacia él.

—Por favor, no seas tan duro contigo mismo, Kageyama-kun —volvió a pronunciar su nombre, esta vez, de manera más amorosa, como si tuviese un significado especial.

Con su mano aún arriba de la suya, Teruki empezó a acariciarle los nudillos con la yema del pulgar. Era una sensación agradable y un tanto desconocida para Shigeo; sentir el contacto de otra persona cuando no se estaba acostumbrado a recibirlo. Poco a poco, fue cediendo a las caricias y soltando sus puños hasta tener los dedos relajados y completamente extendidos.

—Sabes —le dijo, sin dejar de acariciarle el dorso de la mano—, el que todavía no hayas besado a nadie, no quiere decir que nunca lo harás. Ni tampoco el que te parezcas a alguien quiere decir que acabarás convirtiéndote en esa persona. Y, sobre todo, si nadie se ha fijado todavía en ti, no significa que haya algo de malo en tu forma de ser —Teru ladeó la cabeza y sonrió suavemente—. El atractivo y la popularidad, al igual que las habilidades psíquicas, no nos hacen mejores seres humanos. Tú mismo me lo enseñaste, ¿recuerdas? Así que no veo por qué no has de conocer a alguien, en el futuro, a quien le gustes tal como eres. Y aunque no lo encuentres, puedes estar tranquilo, ya que yo siempre estaré a tu lado. De eso puedes estar seguro.

Teruki cerró su mano alrededor de la suya y la apretó con firmeza, como queriendo transmitirle un poco más de tranquilidad antes de tener que soltársela.

—Hanazawa… kun… —suspiró Shigeo, mirándole con ojos mansos y apacibles, completamente cautivado por lo que acababa de escuchar, en especial, por aquellas últimas palabras.

De alguna forma, Teruki siempre sabía qué decir para hacerle sentir mejor. Y ahora que le había oído decir eso, Mob se daba cuenta de que no tenía nada de qué preocuparse. Si bien debía confiar un poco más en sí mismo, la idea de no gustarle a alguien ya no parecía ser tan aterradora. Mientras ellos dos siguiesen siendo amigos, eso era más que suficiente.

Mob sonrió y echó un vistazo a la mano que su compañero acababa de tocar. Luego, se dirigió a Teruki, quien le miraba con atención, como en espera de oírle decir algo. Shigeo no sabía exactamente qué podía ser. A diferencia de su amigo, nunca fue muy bueno comunicándose con los demás, y menos aún para expresar lo que sentía. Como en ese momento, que estaba agradecido de poder contar con Teruki y deseaba demostrarle su aprecio de la mejor manera posible; y ya que no hallaba las palabras adecuadas, lo hizo de la única forma que se le ocurrió.

Con calma, se giró en su asiento y miró a Teruki de frente. Éste último, creyendo que el primero quería decirle algo, se inclinó hacia delante para oírle mejor. Pero no era hablar lo que Shigeo tenía en mente, sino otra cosa muy distinta. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca, Mob alzó los brazos y, sin titubear, lo rodeo por los hombros en un tierno apretón.

Sucedió de manera tan inesperada que a Teruki le llevó un instante entenderlo por completo. Cuando al fin lo comprendió, su asombro pasó a ser alegría y sus ojos brillaron llenos de felicidad. Sintiendo cómo se le aceleraba el corazón, rodeó a Shigeo por la cintura y lo estrechó fuertemente contra su cuerpo, cuya temperatura, de pronto, parecía haber aumentado.

Como si se tratara de un sueño del que no quisiese despertar, Teruki cerró los ojos y disfrutó de la agradable cercanía física. Sin duda se sentía mejor de lo que había imaginado. Desde aquella vez que fueron juntos a rescatar a su hermano Ritsu, y vio cómo Shigeo lo abrazaba tras reencontrarse con él, se estuvo preguntando qué se sentiría poder tenerlo entre sus brazos.

Al cabo de un minuto o dos en completo silencio, Mob fue el primero en hablar.

—Hanazawa-kun —susurró su nombre junto a su oído, haciendo que Teruki se estremeciera por dentro. Hubo una pausa y luego una exhalación—. Gracias, Hanazawa-kun.

Fue lo único que dijo, pero bastó para hacer sonreír al exlíder, como si acabara de recibir el mayor de los elogios. Enternecido, volvió a estrechar a Mob fuertemente contra su cuerpo. Luego, se separó de él, aunque sólo un poco, lo suficiente como para verlo a la cara sin dejar de abrazarlo. Sus ojos azules se encontraron con los de él, y mientras se sonreían y miraban el uno al otro, Teruki no pudo evitar fijarse en sus labios, a pocos centímetros de los suyos, y en lo irresistible que estos le resultaban.

Cuando llegó el momento de separarse, y sintió cómo Shigeo se apartaba de su lado, Teruki, sin saber cómo o porqué, se dejó llevar por un inexplicable impulso. Antes de que pudiera pensar y darse cuenta de lo que hacía, sujetó a Mob del brazo y lo obligó a quedarse donde estaba. Mob lo miró confundido y preguntó si acaso ocurría algo malo, pero no hubo tiempo para dar explicaciones. Teruki lo rodeó otra vez por la cintura, y cerrando los ojos, le besó en la boca; lo último que alcanzó a ver fue la expresión de absoluta perplejidad en el rostro de su amigo.

Al sentir los labios húmedos de Hanazawa presionados contra los suyos, Mob abrió grande los ojos y su cuerpo se tensó por completo. Al principio, no fue capaz de hacer nada; no se movió ni intentó sacárselo de encima Estaba demasiado aturdido como para reaccionar, y aun si hubiese querido hacer algo, no habría sido fácil, ya que Teruki lo sujetaba con bastante fuerza. Incluso su mente había quedado en blanco y en lo único que pudo pensar en ese momento fue en el empalagoso sabor a galletas que su compañero tenía en la boca.

Tras la conmoción inicial, no pasó mucho antes de que Shigeo, finalmente, despertara de su asombro y se diera cuenta de lo que estaba sucediendo. Asustado, apretó los ojos, y echándose hacia atrás, empujó con las manos a su compañero una y otra vez, desesperadamente. Pero no hubo caso. Por más que insistió, Teruki no lo dejaba ir a ninguna parte. Lo único que pudo hacer fue separar sus labios por un segundo, y tomar algo de aire, antes de que Hanazawa volviera a unirlos con otro beso.

Entre gemidos de protesta y con la respiración entrecortada, Mob continuó forcejeando hasta que, de un violento empujón, logró quitárselo de encima y enviarlo de vuelta a su lado del sofá. Si bien no tenía intenciones de lastimarlo, el pánico hizo que lo empujara con más fuerza de la que hacía falta. Teruki resbaló por el borde del asiento y fue a caer al piso de manera bastante estrepitosa.

— ¡Ah, lo siento mucho! ¿Te encuentras bien? —Preocupado, Mob saltó del sofá y se arrodilló junto a su amigo, quien se sobaba la cadera tras habérsela golpeado contra el suelo.

—Sí, no te preocupes —intentó tranquilizarlo, disimulando el dolor con una sonrisa—, supongo que me lo tenía merecido.

Shigeo escuchó su comentario, pero prefirió no decir nada. En vez de eso, le tomó del brazo y lo ayudó a levantarse. Teruki se lo agradeció, aunque le inquietaba un poco su silencio.

— ¿Qué hay de ti? —preguntó, una vez erguido, acercándose a Shigeo— ¿Te encuentras bien?

Despacio, Mob dio un paso atrás, procurando mantener cierta distancia.

—Yo… no lo sé, no estoy seguro —dijo mirando fugazmente a un lado y al otro, como si buscara una salida a esa extraña situación.

— ¿Qué sucede? —Insistió con cautela—, ¿no estuvo tan mal o sí? —Teruki volvió a acercarse, esta vez, apoyando una mano sobre su hombro.

Shigeo dio un respingo y se le aceleró el corazón. Por un momento, creyó iba a darle otro beso, pero no fue así. Teruki, que parecía haberse fijado en su reacción, retiró la mano casi enseguida, se rascó la cabeza y sonrió inocentemente.

—Hace tiempo que no he besado a nadie, así que tal vez haya perdido algo de práctica —trató de explicar, aunque ni él mismo sabía qué clase de excusa era esa—. Seguro fue un beso terrible.

— ¿Eh? Oh no, bueno, sí, quiero decir… es sólo que… definitivamente, no me lo esperaba.

Shigeo estaba atónito. Así que de eso se trataba, ¿de un beso de práctica? ¿Es por eso que le había besado? ¿Para practicar?

—Oye, Kageyama-kun… —tragó saliva para humedecer la garganta, que de pronto sentía seca, pero fue incapaz de seguir hablando. Deseaba más que ninguna otra cosa poder aclarar lo ocurrido, pero, por primera vez en su vida, no halló las palabras adecuadas.

Ambos permanecieron en silencio un instante hasta que la ruidosa melodía de un celular sonó en la habitación. Era el teléfono móvil de Shigeo, vibrando en uno de los bolsillos de su uniforme. Tras sacarlo de allí, Shigeo leyó en la pantalla el nombre del contacto y vio que se trataba de Ritsu, su querido hermano menor. Sintiéndose aliviado, aquella llamada resultó ser de lo más conveniente.

—Me disculpas un momento —sin esperar respuesta, Mob se giró y le dio la espalda.

—Claro, no hay problema.

Mientras su amigo atendía el teléfono, y para darle algo más de privacidad, Teruki levantó la bandeja con las dos tazas ya vacías y el recipiente de galletas, y se marchó a la cocina. Allí, se mantuvo ocupado lavando la loza sucia en el fregadero, y sin querer, alcanzó a escuchar parte de la conversación. Según ésta, el menor de los Kageyama estaba preocupado porque su hermano mayor todavía no regresaba a casa. Teruki miró el reloj del microondas y se dio cuenta de que ya eran más de las once de la noche. Sin casi advertirlo, el tiempo se les había pasado volando.

—Lo siento, no me di cuenta de lo tarde que era —escuchó a Shigeo explicarle a Ritsu—. Sí, así es, me encuentro con Hanazawa-kun en su apartamento. No, no es necesario que vengas por mí. Te lo agradezco, pero él ya se ha ofrecido acompañarme de regreso a casa. Dile a papá y a mamá que pronto estaré allí. Sí, de acuerdo, tendré cuidado. Adiós.

Tras despedirse de Ritsu, Mob cerró el celular y lo devolvió al bolsillo de su uniforme. Luego, regresó a su sitio en el sillón y esperó a que volviera Teruki. Mientras estaba solo, se llevó la mano a la boca y, con la yema de los dedos, se tocó levemente los labios, como si los descubriera por primera vez y solo ahora fuese consciente de que podían ser usados para besar.

Teruki ya había terminado de lavar los platos, pero aún no se decidía a salir de la cocina. Con las manos apoyadas sobre la encimera, cargó su cuerpo hacia adelante y dejó que su cabeza se hundiera entre sus hombros, como si un gran peso le impidiera levantarla. Cerró los ojos y exhaló e inhaló profundo, buscando el valor y la confianza en sí mismo que, de pronto, parecían haberlo abandonado. Una vez que pudo reunir suficiente para enfrentar lo que había hecho y, al mismo tiempo, fingir que nada había sucedido, Teruki volvió al living, donde su compañero aguardaba por él.

—Hanazawa-kun —Mob se levantó de su asiento tan pronto lo vio llegar—, si no te molesta, me gustaría cambiarme de ropa, como habíamos acordado. Ya es hora de que me vaya a casa.

Su voz se oía cortés, como siempre, aunque fría cual témpano de hielo, muy distinta al tono amoroso que había usado recién, mientras hablaba con Ritsu.

—Oh, claro, es verdad —respondió Teruki, ocultando su decepción—. Disculpa que te mantuviera ocupado hasta tan tarde. Ven, pasa, mi habitación está por acá.

Teruki lo condujo por un estrecho pasillo, escasamente iluminado por la luz que alcanzaba a llegar de la sala, y abrió la segunda puerta a la derecha. Adentro estaba completamente oscuro.

Continuará…