LA LEYENDA DEL GATO CARMESI

Madame Reed hizo un esfuerzo por tranquilizarse a si misma pero la escena seguía transitando por su mente y entonces toda la magia enseñada por sus ancestros se centraba en un mismo punto: la destrucción de Clow. Las uñas rojas de la mujer se clavaron con fuerza sobre su propia piel y con la sangre derramada realizo el hechizo que destruirá a ese hombre que lo único que deseaba de ella era el conocimiento de su magia. Lo mataría, ¡Acabaría con él! En esta vida o en otra.

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EL GATO CARMESI

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Londres, Inglaterra.

Tomoyo no era consciente de que los últimos días había estado más sonriente y animada de lo normal, sus empleadas que iban desde modistas, modelos y gente publicidad todos ellos intentaban adivinar el nombre de ÉL. Algunos apostaban que se trataba de Eriol Hiragizawa que por fin se había decidido a hacer caso a lo que siempre había tenido frente a las narices pero otros en cambio afirmaban que se trataba de alguien nuevo y que Tomoyo aún mantenía oculto. Nadie se sorprendió cuando ella anuncio que se iría a casa temprano ese día otra vez, ¿Sería que ya vivía con su pareja? Aquello era un escándalo que todos disfrutaban comentar.

—¿Tomoyo? –preguntó Touya al entrar a la casa y se sintió menos extranjero en Londres al ver a la chica recibirlo con su característica sonrisa, el aroma de la comida provoco gruñidos en el estomago del moreno, vivir con Tomoyo había adquirido una rutina a la que Touya se había acostumbrado con una facilidad que lo sorprendía a si mismo, por eso cuando esa noche después de la cena en el departamento se escucho el nítido sonido del timbre ambos se vieron confundidos—. ¿Esperabas a alguien?

—Yo no –dijo Tomoyo que había estado dibujando bosquejos mientras Touya luchaba por no quedarse dormido—. ¿Y tú?

Touya negó con la cabeza y fue abrir la puerta lo primero que reconoció fue el chillido de Nakuru cuando se arrojo a sus brazos, sobre sus hombros descansaba la figura de Spi que no gusto tanto del abrazo de Touya, detrás de ellos estaba un hombre que no reconoció hasta después, era el mismo que siempre había causado cierto malestar en Touya, según lo contado por Sakura ese era la reencarnación de Clow y había puesto a su hermana pequeña en problemas cuando la obligo a luchar a cambio de rescatar al mundo de una perpetua oscuridad. Eriol no era de su agrado en lo más mínimo.

—Pero bueno, ¿Y a ustedes que les ah pasado?

—Se nos inundo la casa –respondió Naruku a la pregunta de Tomoyo—. ¿Nos darías un asilo de dos días?

La cabeza de Tomoyo empezó a trabajar rápidamente ignorando la algarabía de Naruku, el aprieto en el que se hallaba Touya y la rencilla de Spi por haber sido aplastado de forma desconsiderada, los ojos violetas de Tomoyo se ubicaron con los de Eriol que se limito a sonreír el poderoso mago derrotado por una fuga de agua tenía poco sentido, aún así Tomoyo les dio la bienvenida y empezó a disponer de todo para hacer sentir bienvenidos a sus sorpresivos invitados. Eriol tenía mucho que explicar.

Por la mañana…

—¡Ya nos vamos! –anunció Naruku mientras se colgaba del brazo de Touya que se marchaba al trabajo.

—¿Estarás bien? –pregunto Touya en dirección a Tomoyo que le respondió de forma afirmativa y los vio marcharse, la casa se quedo en silencio, Tomoyo veía a Eriol beber el café de la mañana, él ocupaba un asiento en el sofá de mayor tamaño y parecía un rey en su trono que se limitaba a verla como a la espera su conversación. Spi se dio cuenta de ello y opto por dar un paseo a esas horas de la mañana, agito sus pequeñas alas y salio por la ventana sin tener un rumbo en mente.

—Cuando llegue a Japón para probar a Sakura y te vi cerca de ella tuve la certeza de que me causarías problemas –decía Eriol dejando de lado el café—. Ella es muy inocente, tanto como Shaoran por eso es muy fácil engañarlos, ¿Por qué no puedo hacer lo mismo contigo Tomoyo?

Los ojos violetas no se dejaron engañar por la apariencia tranquila de Eriol, él estaba enojado pero la razón de su enojo no le quedaba clara, en los últimos días desde que Touya se había mudado con ella la presencia de Eriol había sido lejana hasta un tanto cortante pero ella no podía dejar de olvidar que todos sus encuentros con el mago eran propiciados por si misma. Tomoyo iba a decir algo cuando el timbre del apartamento sonó de nuevo tal vez era Naruku o Touya que regresaban por algo, no era ninguno de los dos, era el portero del edificio que llevaba un paquete que entrego a Tomoyo ella se lo agradeció y regreso en sus pasos hasta dejar el paquete en una mesa.

—¿No lo vas abrir? –pregunto el curioso mago.

—Claro –Tomo retiro las cintas del paquete—. Estoy pensando que anoche llegaste a mi casa solo para observar más de cerca, ¿A quien cuidas Eriol?

—Eso queda claro –dijo el ojiazul—. Estoy al pendiente de Touya Kinomoto después de todo como tu misma dijiste el quedo muy débil desde que cedió su poder a Yue, ¿No fuiste tu misma quien me pidió una solución para su mal?

—Que dedicado –ella no había mordido el anzuelo—. ¿Y bien que te parece mi casa? Esta es la primera vez que vienes a ella y aún no me has dado tu opinión.

—Es preciosa –Eriol se inquieto pero no dio señas visibles de ello, tenía años desde que Tomoyo se había mudado a Londres pero hasta entonces el nunca la había visitado a pesar de vivir en el mismo edificio y apenas separados por un piso, ella en cambio estaba acostumbrada a su casa de él que verla por la mañana era algo habitual—. ¿Te sientes descuidada?

—En absoluto –Tomoyo se río al ver que era él quien retiraba la mirada al menos el primer asalto lo había ganado ella. El paquete ya libre de toda atadura fue abierto con sumo cuidado, Tomoyo exclamo un sonido de sorpresa al ver la figura que descansaba sobre la tela blanca el contraste con la figura de un gato absolutamente negro y con ojos carmesí fue una imagen que complació a la diseñadora que saco el objeto y lo coloco frente a sus ojos y los de Eriol que seguían con cuidado los movimientos de ella. Eriol observo receloso la figura, no era algo tan extraordinario, el acostumbrado a objetos mágicos veía esa figura del gato sin mayor interés todo lo contrario a Tomoyo que se apresuro a ir por su cámara de video y grabar el objeto.

—¿Quién te lo ah enviado?

—El portero dijo que un chico lo había dejado y se había ido sin mayor aviso que una nota con mi nombre –Tomoyo tuvo que soltar la cámara cuando sintió a Eriol levantarla prácticamente del suelo y jalarla con una fuerza que ella desconocía.

—Te estas acostumbrado con mucha facilidad a los desconocidos primero Touya Kinomoto y luego este regalo sin procedencia.

—Touya no es ningún desconocido –Tomoyo intento soltarse pero Eriol no cedió—. ¿Por qué estas aquí? ¿Por qué me estas acusando de algo Eriol?

—Estábamos bien, estábamos bien en Inglaterra antes de todos estos cambios. No me gusta Tomoyo.

Tomoyo no se atrevió a preguntarle que era lo que le disgustaba pensó que el mismo no lo sabía y ella ya no quería saberlo, no ahora que Touya había iluminado de nuevo la gris vida en Londres, Eriol era un tema complicado él era a quien amaba pero también era alguien que no estaba hecho para el romance y cualquier expectativa que ella se hubiera formado acerca de una unión mas allá de la amistad siempre había sido derrumbada por Eriol, el perfecto chico que jamás cedería a algo tan humano como el romance.

Continuará…