Buenas tardes. Me paso rápido para dejar un nuevo capítulo que espero y deseo que os guste!
No dudéis, por favor en hacerme saber qué os está pareciendo esta pequeña historia!
¡Sigamos!
Beckett llevaba más de diez minutos con la mirada perdida en algún punto de su apartamento. Seguía sentada en el sofá, con las piernas encogidas. Ya no lloraba, pero su mirada era triste y mantenía los labios apretados. Su amiga había vuelto a sentarse a su lado, sin decir nada. La conocía muy bien y de sobra sabía que necesitaba tiempo para asimilar lo que habían estado hablando y tomar una decisión.
"Creo que tienes razón". La voz de la inspectora sonó como un susurro. "Necesito hablar con él, pedirle perdón y contarle mis dudas y mis miedos. No sé si él ya ha renunciado a mí, pero aún así, se lo debo, le debo esta explicación". Cogió su copa de vino y bebió, de un trago, lo que quedaba. "En cuanto se recupere de la caída le pediré que me deje hablar con él, quiero hacerlo. Y también que vuelva a la comisaría". Miró a Lanie y le sonrió ligeramente. Su mirada había cambiado y se empezaba a ver a la mujer segura y decidida que era.
"¡Al fin! Pensaba que me iba a tener que quedar aquí tres noches más para convencerte de que hables con él". Rió tratando de animarla. "Pero… ¿qué es eso de que Rick se ha caído? Y, ¿cómo sabes tú eso?".
Beckett le contó lo que había ocurrido hacía tan sólo unas horas antes, y cómo había hablado un poco con Martha y Alexis.
"¿Lo ves?" Sonreía eufórica Lanie. "¡Se tropezó al verte, porque no te esperaba, porque lo sigues descolocando, lo sigues volviendo loco! No pierdas la oportunidad Kate. En cuanto esté mejor, lo traes aquí, le invitas a una copa de vino y habláis, os abrís el uno al otro". Animó a su compañera con la mirada. "Y ahora, permíteme que me vaya a casa a dormir, que son más de las dos de la madrugada y mañana tenemos que ir a trabajar". Se levantó poniéndose el abrigo. "Mañana te veo. Descansa guapa". Besó la mejilla de Kate y salió de aquel apartamento dejando a la inspectora con una pequeña sonrisa en la cara.
La charla con la forense la había animado. Era increíble cómo en apenas un rato conseguía siempre hacerla sentirse mejor. Tenía razón. Debía hablar con Castle, y lo haría; pero cuando hubiese salido del hospital.
Con aquella idea en la cabeza se acostó en la cama y pronto cayó rendida en los brazos de Morfeo. Estaba agotada, de todo el día trabajando, del paseo bajo la lluvia, de darle vueltas a la cabeza, de la caída de Castle, pero sobre todo se sentía cansada de mantener sus sentimientos siempre encerrados, de no dejarlos volar, de no compartirlos. Se prometió a sí misma empezar a cambiar aquello, aunque de sobra sabía que no iba a ser nada fácil.
A la mañana siguiente, la inspectora y los detectives se encontraban sumergidos en un caso que les traía de cabeza. No tenían apenas pistas y se les empezaban a acabar las ideas. Un hombre y una mujer, ambos de Nueva York, habían sido asesinados, con dos días de diferencia, en lugares opuestos de la ciudad, por el mismo francotirador. No encontraban coincidencias entre ellos, salvo por el hecho de que estaban completamente seguros de que el asesino era el mismo.
Beckett empezaba a desesperarse. La falta de pruebas para seguir investigando le hacía estar nerviosa y ligeramente insegura a cerca de cuál era el siguiente paso que tenían que dar. Pocas veces le ocurría eso, y no le gustaba nada sentirse así. Pero no solamente la complejidad del caso la mantenía irritada; el tener que enfrentarse a un francotirador como el que la había disparado a ella hacía tan poco tiempo la hacía temblar. Aunque intentaba que no se le notase. Además, esa misma mañana, tras prepararse para ir a trabajar, había mandado un mensaje a Martha preguntando por el estado de Castle, y aún seguía esperando una respuesta. Eso también le hacía estar nerviosa.
Por su parte, el escritor había pasado una buena noche y tras un par de pruebas más, le dieron el alta con la condición de que debía guardar reposo al menos un par de días. Se fueron a casa los tres juntos y según entró por la puerta, Rick se metió en su cuarto y cerró la puerta. No quería ver ni hablar con su madre, y tampoco con su hija. No se sentía con fuerzas, y no precisamente por el golpe. La pregunta que le había formulado Espósito en el bar le había molestado. Pero no era culpa de él. El detective preguntaba por la chica rubia con la que se le empezaba a ver al escritor en las revistas. La misma chica con la que le había visto la inspectora besarse. Estaba seguro de que aquello era lo que la había hecho salir corriendo.
Y él se había sentido una mierda. Por seguir locamente enamorado de Beckett, por haberse dejado llevar por Mariah, por utilizarla para intentar olvidarse de su inspectora.
Pero, ¿quién puede olvidarse de su musa?. Eso es imposible. Así que cuando vio a Beckett, se quedó helado. No esperaba verla en su bar; y menos estando él con Mariah. Nada más cruzarse sus miradas, el escritor dejó de besar a la rubia aunque ella se pegó más a él intentando que continuase, hecho que no pasó desapercibido por Kate. Lo que ella ya no vio por haber salido huyendo, fue que Castle obligó a Mariah a separarse de él para ir donde ella. Pero cuando Rick consiguió librarse de ella, y enfadarla logrando que se fuera, la inspectora ya no estaba en el bar; y aunque el salió corriendo tratando de encontrarla, fue incapaz de hacerlo, no había ni rastro de ella.
Tres días después de que Castle recibiera el alta, Beckett había hablado en un par de ocasiones con Martha. Dos conversaciones cortas en las que la madre del escritor había contado a la inspectora que su hijo se encontraba bien y que apenas le dolía la cabeza a causa del golpe. Aquello tranquilizó bastante a Kate. Sin embargo, cuando Martha le contó que Richard apenas salía de su dormitorio y que lo veía muy deprimido, algo se encogió dentro de la inspectora. Tras sopesarlo mucho y comentarlo con Lanie, aquella mañana decidió escribir un mensaje al escritor:
Hola Castle. Sólo quería saber qué tal te encuentras y cómo va el golpe. Seguro que terminas pronto de recuperarte. Espero tu respuesta, me quedé preocupada.
Bueno, debo volver al trabajo.
Hablamos.
Un beso.
Kate.
"¡Inspectora!" La voz de la capitana Gates resonó en toda la comisaría. Su voz siempre era autoritaria, incluso fría. "¡Venga a mi despacho!". Miraba a Beckett que estaba sentada sobre su mesa, dejando el móvil sobre la mesa y mirando la pizarra con las fotografías de las víctimas y las notas que habían ido tomando.
La inspectora trataba de encontrar algo que hubiesen pasado por alto, pero tras casi una hora, no había conseguido dar con nada. Suspiró cuando vio a su superiora meterse en su despacho. Echó una mirada rápida a sus compañeros indicándoles que siguiesen investigando mientras ella hablaba con Gates. Entró en el despacho y se mantuvo de pie frente a la mesa, mirándola intrigada por lo que tuviera que decirle. Miró a su lado como había hecho siempre para encontrarse con la mirada de Castle mientras esperaba que la capitana hablase, pero suspiró apretando el puño cuando una vez más la realidad la sacudió. Él no estaba allí por su culpa, porque ella había querido distanciarse de él. Lo echaba de menos, y más en aquel caso. La voz de Gates la sacó de sus pensamientos.
"Cierre la puerta y siéntese inspectora". Beckett la miró confundida y empezando a ponerse nerviosa. Fue a la puerta, la cerró con suavidad y volvió hacia la mesa, tomando asiento frente a ella. "Bien, dado que este caso se nos está complicando en exceso, creo que su equipo necesita una ayuda para continuar con la investigación". Inmediatamente la inspectora pensó en el FBI y en lo poco que le gustaba que se metieran en sus casos. Su cara cambió por completo, mostrando enfado y frustración, pero optó por callar y seguir escuchando a Gates. "Aún es pronto para pedir la ayuda del FBI, y por tanto he pensado que, aunque no me guste en absoluto, volver a tener la ayuda de Richard Castle podría venirnos de maravilla. Así que llámelo y dígale que si desea reincorporarse, puede hacerlo, y de ser así, que lo haga cuanto antes". Se levantó dando por finalizada aquella conversación.
Beckett, por su parte, se había quedado muda. Permanecía sentada en la silla, boquiabierta. Miró a la capitana y apretó los labios. "Pero… Señor, ahora mismo estamos tras otra pista, no es la primera vez que se nos atasca un caso. Y siempre acabamos por resolverlos". Se puso en pie mirándola tratando de calmarse. Oír aquello había revuelto todo su cuerpo.
"Inspectora, desde arriba me están presionando para que acabemos con todo esto cuanto antes. Se está empezando a crear el pánico entre la gente de Nueva York. Un asesino anda suelto; un asesino que no sabemos cómo ni por qué elige a sus víctimas. Tenemos que dar con él cuanto antes y parar todo esto. Necesitamos la ayuda del señor Castle". Salió de su despacho dejando a Kate con la palabra en la boca.
Un cúmulo de sentimientos se apoderaron de ella mientras caminaba con rapidez y fuerza hacia el gimnasio de la comisaría. Necesitaba soltar la rabia y la inseguridad que empezaba a sentir. Rabia por tener que solicitar ayuda. E inseguridad por tener que volver a enfrentarse a él después de lo que había ocurrido hacía 4 días. Llegó al gimnasio, se cambió rápidamente de ropa y se puso a golpear aquel saco de boxeo colocado en el medio de la habitación. Aquello le sirvió para calmarse un poco, para soltar todo. Y entonces fue cuando la rabia y la inseguridad dieron paso a la tristeza y a la decepción consigo misma. Notó como un par de lágrimas resbalaban por su mejilla, se apresuró a secarlas y fue directa a los vestuarios para que nadie la viese de aquella manera. Se desnudó y fue directa a la ducha, dejando salir todas las lágrimas bajo el agua. Es cierto que había decidido hablar con él, explicarse y pedirle perdón, pero no esperaba que fuese a tener que hacerlo tan pronto.
¿Cómo actuará Beckett ahora?
