Capítulo 3

Sorpresas en alta mar

-¿Cómo llegué aquí?-se continuaba preguntando Orfeo. Unos segundos después de dormirse en el templo de Libra, apareció en un barco que había zarpado a Troya.

-"Recapitulemos"-se dijo Orfeo-"Supongo que aquí deberíamos estar: Shun, Ikki, Camus, Saga, Aioria, Shiryu, Afrodita y yo ¿Pero dónde rayos están Camus y Saga?"

En ese instante, Camus y Saga entraban a la habitación. Estaban con ropas de griego, pero parecía que habían caído al mar.

-Saga, Camus-les dijo Orfeo-¿Qué les pasó?

-No lo sé-explicó Saga-desperté y me di cuenta que estaba en el mar. Y vi a alguien a mi lado. Supuse que eras tú, Orfeo. Pero esa persona se despertó y congeló la zona donde habíamos caído.

En ese momento, Saga le dirigió una severa mirada a Camus y el galo hizo un gesto de: "Agradece que te ayudé a salvar la vida".

-Luego, Camus me ayudó a subir al hielo-continuó Saga-y divisamos este barco. Pensamos que nos iban a atacar, ya que navegaron hacia nosotros y trataron de bajar una escalera. Pero nos ayudaron. Subimos, y los vimos en el suelo del barco. Y en ese instante, caía Afrodita del cielo.

-Aún tengo el dolor de la caída de Afrodita-dijo Camus.

-Y supongo que estamos en barco griego, ¿cierto?-preguntó Orfeo.

-Sí-dijo Saga-caímos en el barco de Áyax de Salamina. Afortunadamente, todos estamos bien y juntos. Pero ahora estamos de camino a Troya. Debemos conseguir una armadura, una espada y un escudo y también flechas.

-Mirad-dijo Camus-ya despiertan Aioria y Afrodita.

Efectivamente, ambos despertaron. Pero ya que no sabían dónde estaban, asediaron a sus compañeros dorados y a Orfeo con preguntas.

-Entonces-dijo Aioria-estamos en la Era del Mito, y ¿podemos usar el cosmos? Eso es muy raro. Nos verían como guerreros sobrenaturales. Y además, ¿alguien sabe por qué podemos usar el cosmos?

-Si mi teoría es correcta-dijo Camus- Athena nos dio el cosmos en casos de emergencia o si es que por alguna razón luchemos contra un dios.

-Estoy de acuerdo con Camus-dijo Afrodita, que estaba algo serio-dudo que Athena nos deje sólo con una espada y un escudo para defendernos de un dios.

-Bueno-dijo Saga-basta de discusiones. Los de bronce están despertando.

Orfeo y los dorados les contaron lo sucedido a los santos de bronce. Ellos se mostraron algo sorprendidos, pero aliviados cuando les dijeron que podían usar el cosmo. Salieron de la habitación y se encontraron con un barco grande. Supusieron que era el barco principal, ya que era una flota de 7 barcos. Un soldado les informó que Áyax los invitaba a comer con él, y nadie se negó a aceptar, porque todos tenían hambre. Llegaron al comedor del barco, donde Áyax los esperaba.

-Mis estimados protegidos de Athena, siéntanse como en su barco.

Ellos se sentaron en la mesa. Había mucha comida, pero sólo Saga, Orfeo y Aioria comieron.

Los otros, especialmente Afrodita, no quisieron comer, ya que no gustaban de la comida griega.

Luego de haber terminado, Áyax quiso hablar con ellos acerca de lo acontecido en Esparta.

-No te preocupes-dijo Saga respetuosamente-ya nos encontramos al tanto de la situación. ¿Podrías darnos un tiempo para descansar, por favor?

-Muy bien-dijo Áyax-no los molestaré, ya que deben estar algo cansados luego de caer al mar y despertar en 30 minutos.

Los Santos se dirigieron a la popa del barco, donde estaba su habitación. Pero ninguno se sentía cansado: necesitaban tiempo para pensar en la situación.

-Áyax me parece un buen tipo-dijo Ikki.

-Sí, es un buen tipo-dijo Aioria, sarcásticamente-un buen tipo que asesinó muchas reses e intentó matar a Odiseo por la armadura de Aquiles.

-Ja, ja-dijo Ikki-muy gracioso, minino sin garras.

-¡Cállate pajarraco en llamas!-le espetó Aioria.

Mientras los 2 Santos discutían, los demás los miraban divertidos.

-Creo que es suficiente-dijo Saga-deberíamos detenerlos, Camus.

-No lo creo, Saga-dijo Camus-déjalos discutiendo otro rato.

-Ya ni te reconozco-dijo Saga, algo divertido.

Siguieron hablando entre ellos, Ikki y Aioria continuaron con su discusión hasta que los llamaron a cenar.

Terminada la cena, fueron a descansar. Pero Saga estaba intranquilo: La furia de Ares era algo difícil de apaciguar, y además, debía proteger a todos en silencio, ya que si se enteraran de que había una conexión entre él y Ares, se preocuparían, y él no quería eso.

Regresó a la habitación, se metió en su cama y durmió.

Mientras tanto, Odiseo zarpaba de Delfos hacia Troya. El Oráculo había sido claro: 3 Santos de Athena morirían, y 2 se quedarían en la Era del Mito. Pero, además de eso, estaba triste. Había dejado a su familia en Troya, pero el volvería. Regresaría con su familia, pero ese no era su destino.

Odiseo estaba parado mirando el horizonte, pero en ese instante, la misma luz que apareció cuando se salvó de Éaco se le apareció enfrente. La luz tomó forma de una persona, que luego estrechó la mano de Odiseo. La luz se desvaneció, y Odiseo pudo observar a Teseo, el antiguo Rey de Atenas.

-Hola, Odiseo-dijo Teseo-soy Teseo. Mi señora, Artemisa, quiere verte.

-Encantado estoy por la invitación de Artemisa-dijo Odiseo-pero no puedo abandonar mi barco.

-Eso no es problema-le respondió Teseo-sujeta mi hombro con tu mano.

Odiseo obedeció, y en ese instante, una luz los rodeó. Odiseo abrió los ojos y se dio cuenta que estaban en el Templo de Artemisa en el Olimpo.

-Entra-le dijo Teseo.

Odiseo entró y observó un trono. Dentro estaba Artemisa, la diosa de la caza y la luna. La diosa se levantó y se acercó a Odiseo.

-Odiseo, hijo de Laertes-dijo Artemisa-yo quiero que seas un ángel de la Luna.