Titulo: Enseñándole al Tiempo.

Renuncia: Esta historia está basada en los personajes creados y es propiedad de JK Rowling, de varias editoriales pero no limitada solo a los libros de Bloomsbury, Scholastic Books y los Raincoat Books, y Warner Bros,. Inc. No se está tomando dinero de aquí, y no se pretende tomar los derechos de la autora.


Capítulo cuatro: Pociones de pimienta y laberintos.

Hermione se encontraba en aquel instante junto a Harry Potter, en su clase de pociones que dio comienzo a primera hora en un nublado día lunes. Su mejor amigo, yacía casi dormido encima del escritorio repleto de cansancio, tenía una excusa: el capitán del Equipo de Quidditch de Gryffindor, para su sorpresa Charlus Potter, había comenzado ya un riguroso entrenamiento para los jugadores de su casa.

Alegaba que todos los miembros del equipo, se debían de encontrar en forma perfecta para el primer partido de la temporada, que tocaría con Ravenclaw.

Hermione era algo que había podido vislumbrar fácilmente en el tiempo que llevaba en el castillo, incluso Harry había tomado nota de ello. En su tiempo, la rivalidad entre Slytherin y las demás casas era evidente, era muy difícil que una serpiente tuviera una amistad sincera con personas de las otras casas, ambos quedaron de acuerdo en que fue debido a la influencia de Lord Voldemort. El había sido un Slytherin, y por lo tanto, todas las familias de sangre pura querían que sus hijos siguieran sus pasos, influyéndolos en los códigos y normas que ellos asumían correctas, tales como no tener amistades fuera de su casa.

En cambio, en este tiempo, los alumnos a pesar de tener la lógica rivalidad por la copa de la casa y por la copa de Quidditch, se mantenían más tranquilos con respecto a sus prejuicios con respecto a los Slytherin. Claro está, Hermione se preguntaba si esta tranquilidad seguiría hasta el próximo año cuando se comenzara los temores respecto a la Cámara de los Secretos.

A su lado, Harry la sacó de sus pensamientos cuando el muchacho estornudó: la noche anterior, la práctica de Quidditch había durado el doble de lo previsto y había sido realizada en medio de una fuerte y atemorizante lluvia que ocultó a todos los alumnos dentro del castillo, a excepción de ellos. Hermione se acordaba perfectamente del pálido rostro de su mejor amigo cuando pudo entrar al castillo castañeando los dientes por el frío.

― Ya tienes casi un pie dentro de enfermería― susurró la castaña a él, quien simplemente negó con su rostro al oírla. Cuando iba a comenzar a hablar, el profesor Slughorn penetró en la instancia hablando a vozarrón, tal y como él solía hacerlo.

― Este clima nos tiene a todos cubiertos hasta las orejas― bromeó una vez se posó al frente de la clase y todos observaron como de sus orejas, chorros de vapor caliente emanaban emitiendo suaves silbidos, como si fuese un tetera hirviendo en el fuego ― Si, no hay nada mejor que protegerse con una buena dosis de poción de pimienta― agregó con su usual humor.

― Pero tiene chorros de vapor en las orejas profesor― señaló Enid Longbottom desde su asiento, mientras su gemela disimuladamente reía.

― Lo puedo notar señor Longbottom― declaró Slughorn perdiendo su sonrisa. ― Basta de comerciales; Madame Caroline ha requerido una simple tarea para todos mis alumnos, y le encuentro toda la razón. La cruda competencia en la que se convierte la Temporada de Quidditch es atemorizante… Aun recuerdo como Nicholas de Hufflepuff se vio lesionado cuando la Blugder impactó en…―

― Nos están observando― le interrumpió suavemente Harry a Hermione,

― ¿Quién?― preguntó ella abriendo su libro de pociones como si estuviera leyendo en voz baja.

― No me sus nombres, solo puedo reconocer al que dio el gen de Malfoy ― espetó el niño que vivió suavemente, Hermione posicionó su mano en la pálida de él como pidiéndole en silencio que se tranquilizara.

― No te preocupes― le pidió simplemente la castaña ― Están…jugando ― titubeó un poco al decirlo, lógicamente Harry no lo tomaría muy bien.

― ¿Jugando?― repitió el pelinegro ― Hermione, debes de tener cuidado― advirtió con la preocupación escrita en sus facciones.

― Lo sé, Harry, lo sé― susurró finalmente, cerrando su libro de pociones y colocando atención al profesor.

― ..Sería todo para el día de hoy, las instrucciones se encuentran en la pizarra― finalizó Slughorn mientras sacaba su varita y daba tres golpecitos a la pizarra para que aparecieran mágicamente las instrucciones.

― ¿Quién va por los…. Ingredientes?― preguntó Harry luego de unos segundos de silencio que había utilizado para estornudar, hiso el ademán de levantarse del asiento pero Hermione con rapidez, lo jaló de su túnica para que se devolviera al asiento.

― Tú vas a ir conmigo a enfermería después de esta clase por un poco de poción de pimienta― le dijo seriamente la chica y se levantó ella del asiento finalmente para ir en busca de los ingredientes.

Una sencilla poción. ¿Qué estaba pensando Slughorn en hacerlos realizar pociones para alumnos de primer año? Sinceramente había creído que el nivel de las clases iba a ser más…

― Tu deberías de trabajar con un Slytherin― comentó en un susurro Abraxas Malfoy sacándola de la batalla mental de sus pensamientos.

Hermione observó a su lado como el joven rubio le observaba con neutralidad, e incluso un ápice de indiferencia, no era aquella mirada de burla que la castaña encontraba en los ojos de Draco Malfoy cada vez que se cruzaban en su camino. Dentro de sí, debió admitirse que prefería aquella faceta neutral antes que comenzaran a burlarse sin razón fuerte de ella. Porque no se le engañaba fácilmente, Abraxas podría poner su máscara egocéntrica e indiferente, pero el solo hecho de que le estuviera hablando a Hermione le delataba, estaba demostrando un cierto interés en su persona.

― No necesito que…― comenzó a discutir ella enfurruñada mientras observaba como el tomaba un puñado de raíces de jengibre.

― Es tu maldito problema si no quieres Granger― le interrumpió el joven de cabellos blancos rápidamente, una sonrisa apareció en su rostro ― Es más….― Se inclinó hacia Hermione como si quisiera darle un beso en su mejilla, al menos, eso atinó a pensar ella, pero tan rápido como lo pensó, el ya se había retirado hacía atrás con una rama de menta entre sus dedos ― Una buena observación para lo que tus acciones podrían acarrearte―

Luego de unos minutos, Hermione había decidido que solo ella elaboraría la sencilla poción debido a que la gripe del niño que vivió podría contaminar la antiséptica solución a preparar. Así que él se encontraba a su lado, con su barbilla apoyada en su mano mientras la observaba cortar las raíces de mandrágora en cuadrados.

― Realmente quisiera evitar ir a parar a enfermería― le comentó Harry ― ¿Te has fijado como siempre acabamos allí?― Inquirió.

Hermione dejó su cuchillo filudo de plata a un lado, y procedía a verter las raíces que debían de cocerse a fuego lento sin revolver por un espacio de cinco minutos, luego se revolvería un minuto contrario a las manecillas del reloj, se agregaban las hojitas cortadas de menta, y estaría listo.

― Podría decirse que si― titubeó la chica ― Pero, ese no es el dilema, el dilema es que el partido de Quidditch es este fin de semana, y tú estás a medio morir junto a mi―

― No estoy muriendo― se negó Harry para luego ser silenciado por un fuerte estornudo que sobresaltó a muchas chicas de Slytherin, en toda respuesta, la castaña rodó los ojos al observar las mejillas sonrosadas del niño que vivió al aceptar su derrota. ― Bien― murmuró únicamente.

Una vez la poción incolora tomó su olor característico a menta, Hermione la guardó en una botella con ayuda de su varita, y se encaminó entre medio del bullicio de los alumnos hacia el escritorio del profesor, donde ya previamente la había etiquetado con el nombre del de Harry y de ella.

― Ah, señorita Granger ¡Qué honor!― comentó Slughorn levantando la vista de su libro ― Veo que ha sido la segunda en terminar la poción, Tom acaba de finalizar también― dijo con una sonrisa sugestiva el profesor, lo que causó levemente nauseas a Hermione de solo pensar que era lo que realmente quería dar a entender el profesor.

― Veo que su compañero de mesa, el señor Evans se encuentra en un estado delicado de salud. Debe de llevar a enfermería a su prometido, no puede permitirse dejarlo en tal estado― le susurró Slughorn, como si quisiera evitar que eso último llegara a los oídos de Harry.

― El no es mi prometido― aclaró Hermione intentando no gritar de la frustración ― El es mi mejor amigo― declaró con un tono un poco más pesado, y lejos de decaer la sonrisa de Slughorn ante su tono, esta pareció ensancharse.

― Si tal es el caso, le pediré a Tom si puede escoltarlos a la enfermería― sentenció con una sonrisita, como si el honor fuera inmenso para ellos, más lejos estuvo, pues fue como si un balde de agua les hubiera caído.

._._._._._._.

― Por aquí― llamó la autoritaria voz de Tom Ryddle una vez se encontraban fuera del salón de clases donde Slughorn los había despedido.

― ¿Por qué Slughorn hace esto?― preguntó Harry frunciendo el entrecejo, mientras movía su pierna, ese movimiento era para comprobar si en su bolsillo tenía su varita, ella le conocía demasiado bien para ello.

― El notó que estás enfermo― susurró la joven, quitándole de sus brazos su pesada mochila y colgándosela en su hombro izquierdo.

― Yo puedo cargar mis libros Hermione― protestó el niño que vivió pálido, pero su mejor amiga sabiendo que en el fondo se lo agradecía, se negó.

― Te conozco― se limitó a decir, y luego volteó su atención hacia el Slytherin que les observaba con atención ― No es necesario Ryddle que nos lleves, podemos recordar el camino fácilmente― mintió la Slytherin, queriendo evadir a toda costa la compañía del mago oscuro.

El no es aun el mago Oscuro, Hermione. Le recordó su mente inmediatamente.

― Insisto; es de mala educación no tener compañerismo por nuestros nuevos alumnos― replicó el muchacho, enviando una… hermosa sonrisa en su dirección, sus ojos azules parecían brillar con honestidad y en su pálido rostro había algo que indicaba simpatía. Máscaras. Hermione sabía perfectamente que lo eran, y que era lo que realmente él tenía en el interior; un monstruo.

La castaña se preguntó si aquellas chicas que formaban una asociación de ― Amamos a Tom― seguirían tan entusiasmadas con la idea de que él fuera el padre de sus hijos si vieran realmente su interior, si supieran lo que realmente el estaba pensando y maquinando. No. Ninguna podría estar siquiera en el mismo país que él. Solo ella y Harry se mantenían en pié frente a la futura amenaza.

― El tiene razón, Hermione; la última vez nos perdimos― declaró su amigo a unos metros de ella, hablaba forzadamente, casi como si estuviera en una lucha interna para evitar abalanzarse sobre el rostro del Slytherin y marcarlo con unas buenas cicatrices.

― Al menos el tiene sentido de supervivencia, Granger― bromeó el muchacho de ávidos ojos azules quien observaba a Harry, como si tuviera curiosidad respecto a él.

― Muy gracioso Ryddle― espetó, para luego observar la figura de Tom avanzar camino hacía enfermería.

― Por cierto; no hemos tenido tiempo de presentarnos ¿Tu eres?― el muchacho de guapas facciones se volteó y extendió una mano hacia el Gryffindor quien parpadeó sorprendido ante la abrupta parada.

― Harry Evans― se limitó a decir, sin agregar el usual un placer que venía a esas palabras.

― Tom Ryddle― murmuró sombríamente y después de ello, el Slytherin no volvió a conversar, sus pasos contra el suelo de piedra eran inaudibles.

Harry y Hermione intercambiaron discretas miradas de preocupación a sus espaldas, cuando dejaron de observarse, la chica había posado sus ojos en el cuello de Ryddle, sin saber porqué. Observaba como las perfectas ondas de su cabello no se movían de su sitio en ningún momento, como la palidez de su rostro le llegaba hasta la parte atrás de su cuello y… Espera. ¿Qué te tiene a ti que importar como luce la parte de atrás de su cuello?

― Merlín, Hermione― se regañó en voz alta en medio del pasillo, le salió más alto de lo que esperaba.

― ¿Qué?― preguntó Harry desconcentrado, sus ojos verde esmeralda se encontraban completamente fijos en la espalda de Tom Ryddle, con rabia.

Ella sacudió su cabeza en respuesta, restándole importancia.

― Toca la puerta― ordenó Ryddle en voz clara y fría hacia Harry.

Hermione frunció el entrecejo, el Slytherin evidentemente había decidido quitar su máscara de soy-un-niño-cordial por una máscara indiferente y autoritaria que solía sacar en algunos momentos en la Sala Común de Slytherin. En sí, era una prueba de poder que él estaba haciendo. Sabía que Harry tendría que hacer lo que él había dicho sí o sí, no podía pararse en la puerta y decirle que no tocaría, debido a que estaba enfermo. Todo era una… la castaña rodó los ojos: hombres. Siempre tratando de marcar su territorio.

El niño lo hiso, simplemente porque Hermione con los ojos le rogaba que no realizara ningún acto. El dio tres golpes en la puerta de madera.

― Ah, Tom, pero que placer es volver a verlo― saludó Madame Caroline una vez abrió su puerta, la mujer de mediana edad sonreía tal cual una adolescente hacia el Slytherin.

― No más que el mío Madame― respondió Ryddle, y un ligero sonrojo adornó sus mejillas.

― Oh, que encantador que eres― aduló ella, y de reojo, observó las figuras de Harry y Hermione. ― Pero si es el señor Evans, y la señorita― dijo, con un nivel muchísimo más bajo de emoción con el que saludó a Ryddle. ― ¿Qué puedo hacer por ustedes?― inquirió ajustándose su delantal blanco de enfermera, sus ojos chispeantes puestos sobre los de Tom.

― Harry está enfermo― habló Hermione, llamando la atención de la mujer quien no recibió sus palabras con un buen talante.

― Yo soy quien determina si lo está o no― espetó frunciendo el entrecejo, y luego su mirada se posó en Harry ― Oh, realmente si lo estás, ven, ven, una buena dosis de mi poción curativa de pimienta y estarás como nuevo en un día― le invitó a pasar señalándolo con la mano. Ambos avanzaron ― Oh, no, usted se queda señorita Granger no se le permite estar en contacto con los caballeros…― menospreció.

― ¿Qué? ¡Pero él es mi amigo!― protestó la chica desde su sitio.

― Bobadas. . . Pero usted Tom si puede ¿Desea entrar?― preguntó la enfermera batiendo sus pestañas de forma descarada, Hermione reprimió las ganas de vomitar.

― Confío en sus excelentes habilidades como sanadora, además, no puedo permitirme dejar a la Señorita Granger sola en los pasillos― admitió enfocando sus ojos azules en ella. La enfermera volteó a observarla, como si la evaluara.

― Si, tiene razón Tom. Usted siempre tan caballeroso― sentenció.

Hermione aun quería jalarse los cabellos de la rabia cuando la mujer cerró la puerta enfrente de ella, solo alcanzó a observar la mirada de preocupación de su amigo al saber la compañía con la que lo había dejado.

La chica bufó de rabia, para luego darse media vuelta y enfrentar una mirada curiosa de Ryddle. Había aprendido a conocerla bien, a pesar de que el chico era demasiado cerrado para su propio bien.

― ¿Qué?― preguntó en un tono descortés.

― Realmente tienes sentimientos por el― dijo simplemente, no era una acusación ni una pregunta, simplemente era una observación.

― No es mi prometido― repitió Hermione, como si se tratara de un mantra. Ella comenzó a caminar retomando el camino hacia la biblioteca, tenía una hora libre antes de iniciar Transformaciones y se encontraba especialmente interesada en tener nuevamente una clase con el prodigio del Profesor Dumbledore.

― Cuando uno se refiere a sentimientos, no solo puedes estar refiriéndote a lo sentimental romántico, Granger. ¿Ves? Te empeñas en mostrar una cara de indiferencia a toda la clase de cosas que las adolescentes ven, simplemente eres como una más de ellas, solo admítelo― señaló con su mano a un grupo de brujas que sonreían y reían hacia Tom, para luego lanzar miradas que si pudieran matar, ella estaría dos metros bajo tierra.

Sus mejillas se colorearon con indignación.

― Aclaro lo que se refiere a Harry dado que todos en esta é…― época ― escuela creen que solo estamos juntos por ese hecho, un compromiso― se burló ella en voz alta. ― Es frustrante como sus tradicionales mentes no pueden ver más allá de lo que sus planteamientos de época no les dejan ver―

― ¿Y lo que quieres dar a entender con ello es?― le siguió la corriente divertido el Slytherin, las reacciones de la castaña eran intrigantes.

― ¡Que Harry es mi amigo!― gritó con frustración cuando avanzaban por un tapiz donde un retrato se terminó tapando los oídos ante sus palabras. Tom dejó escapar una risa ante la imagen de la castaña.

― Santo Merlín. ¡Una dama no grita de esa manera a un caballero!― le reprendió el cuadro observando a Hermione con desprecio, quien parecía estar lívida de la rabia observando como la mujer del retrato la observaba con disgusto. ― Disculpe usted señor a esta. . . salvaje. ¡Qué mis ancestros la escucharan hablar así! ¡Salvaje! ¡No es una dama! ¡Pero qué…!―

― Escúchala Granger, puede ser de ayuda― contribuyó el Slytherin, queriendo alterar a Hermione más de lo que ya estaba.

― ¡Yo te voy a dar algo de qué hablar a tus ancestros!― explotó la castaña sacando su varita y apuntándola hacia el retrato. En ese momento fue cuando sintió un pequeño empujón en su hombro para observar cómo es que Ryddle había desviado el hechizo diffindo del retrato para golpear en la pared de ladrillo. Un pequeño hoyo y escombro en el suelo aparecieron tras la nubecita de humo que se creó.

Cuando levantó su mirada de ojos miel, observó lo cerca que se encontraba Tom de ella. Su rostro era una composición de burla escrito con indiferencia. Una máscara que solo él podría crear.

― Aléjate― espetó la chica tomando sus cosas del suelo y alejándose de la presencia del mago.

._._._._._._.

― ¿Por qué no puedo entrar?― protestó Hermione a los días cuando quiso entrar a la sala común, muchas niñas de Slytherin se encontraban en el suelo platicando en voz baja a medida de que ella avanzaba hacia el retrato, estas fueron apagando sus voces a medida se acercaba. Venía recién llegando de la biblioteca y había perdido la cena por su atraso, Harry se encontraba ocupado recibiendo las últimas instrucciones de su capitán para el partido del día domingo. No estaba de humor sinceramente.

― Es sábado de Octubre― explicó una niña pelirroja, desde su sitio, tímidamente.

― ¿Y eso que tiene que ver?― preguntó la castaña, ya oliéndose que era lo que tenía que ver.

― Una vez al mes, los hombres tienen a su disposición la sala común para tener pláticas entre ellos. Es casi una ley. Las mujeres no son admitidas debido a que ellos requieren su tiempo de privacidad― contestó mecánicamente la niña, Hermione no podía creer casi lo que escuchaba.

― No lo puedo creer― sentenció en voz alta, se preguntó si así se haría en las demás casas, pero rápidamente lo descartó. Harry se lo hubiera dicho y solo los machistas y dominantes de Slytherin podrían tratar de aquella forma tan burlesca a las mujeres. ― ¿Pero por qué se dejan tratar así? ¿Crees que un hombre es superior a ti tan solo por el hecho de serlo? ¿Acaso tú no vales?― preguntó la castaña.

Los ojos de la niña pelirroja, al igual que los de sus amigas, se abrieron en estado de shock. Las niñas comenzaron a retirarse hacia atrás, como si estuvieran alejándose de un foco infeccioso del que se podrían contaminar.

― No comiences con una revolución femenina Granger― habló una voz autoritaria y todas las voces se apagaron inmediatamente. Hermione se volteó con rabia para observar a Ryddle llegar con su típica imposición natural. La observaba con una ceja alzada, de su rostro caían dos mechones oscuros de cabello, sus ojos parecían más oscuros que nunca.

― Tú no me ordenas, Ryddle― desafió la castaña con saña, levantando la barbilla.

― Quiero que todos se vayan en este momento― susurró el Slytherin, fríamente y apenas había terminado de decir aquellas palabras, todas las niñas que los habían estado observando comenzaron a correr lejos. Hermione sintió como el ambiente se comenzaba a colocar incluso aún más frío de lo habitual, casi como si algo lo estuviera provocando exteriormente, más denso.

A los segundos, todo el pasillo se encontraba deshabitado.

― Estoy realmente cansado de ti, Granger― susurró Ryddle avanzando hacia ella mientras sacaba su varita de su bolsillo, Hermione hiso lo mismo.

― No sé de lo que estás hablando― la chica se colocó en posición de defensa, definitivamente, esto no era algo que estuviera esperando. Nunca había sido muy buena en lo que se refería a batallas, cuando la adrenalina tomaba posesión de su cuerpo, todos los hechizos de defensa y ataque que conocía se iban de su mente.

Pero justo cuando sus ojos se enfrentaban, la puerta del retrato de abrió, una nube de humo se esparció por el pasillo. Tabaco. Que olor más desagradable.

― ¡Indomable! ¡Qué agradable sorpresa!― gritó Cygnus abriendo los brazos para ir a abrazarla pero ella se aparto visiblemente asqueada.

― Deja tus pies donde están Black― amenazó la castaña fulminando con sus ojos castaños a aquel insoportable chico, a leguas, se notaba su estado de ebriedad. Ya entendía porque Ryddle se encontraba al margen de realizar todo aquellos actos, podría ser una serpiente cínica maquiavélica, pero dudaba que se rebajaría a estar en la misma habitación que los demás tomando en exceso y fumando. No encajaba con aquella escena.

― Ella no es lo suficientemente hermosa como Greengrass, pero sí que llama la atención― se burló Avery caminando hacia la castaña con su varita en alto, el chico estaba ebrio, eso era visible. Llegó hasta donde estaba Hermione y la observó de pies a cabeza, deteniendo su mirada en su pequeño pecho, lascivamente.

Tom simplemente había decidido ser un espectador de aquella escena, se encontraba con su típica máscara de indiferencia contemplando todo.

Basta. No se dejaría observar por un asqueroso Slytherin como ese.

Expelliarmus― dijo, al mismo tiempo que realizaba una floritura con su varita. El hechizo rojo emanó de la punta de su varita y golpeó el estómago del ebrio joven que golpeó contra la pared tras él. ― Y tú….― Su atención se desvió hacia Cygnus quien sonreía tal cual payaso burlón hacia el inconsciente Avery ― Tú simplemente… Desmaius― perfiló, y el hechizo golpeó al joven en la cabeza quien se desplomó en el suelo.

― Tus hechizos son impresionantes, para un alumno de primer año― interrumpió Ryddle segundos después de que ambos Slytherin estuvieran sin moverse en el suelo.

― ¿Y qué quieres que use? ¿Magia oscura?― preguntó la chica alzando una ceja con sarcasmo, era evidente que el futuro mago tenebroso hubiera utilizado magia negra para sacárselos de encima.

― Si― respondió simplemente Ryddle, encogiéndose de hombros con indiferencia.

― No puedes usar magia oscura contra los alumnos― contradijo Hermione.

― ¿Va contra las normas?― preguntó el muchacho alzando una ceja, sus ojos azules vivaces escaneaban el rostro de Granger.

― Pues si― respondió simplemente la castaña, sin guardar la varita que se encontraba atrapada entre sus dedos, pero tampoco ya en posición de alerta como lo había estado antes cuando el malhumor del futuro mago tenebroso quería descargarse contra ella.

― ¿Y acaso no va contra las normas atacar a los alumnos como lo has hecho tú? ¿Acaso no vas tú criticando las normas básicas de esta sociedad? Tan hipócrita Granger. Simplemente no quieres admitir frente a mí que ellos merecían más que un estúpido hechizo básico de primer año. Remueve esa máscara de seguidora de los profesores, sé tú misma― aconsejó Tom ya aburrido de la castaña, se dio media vuelta para ir a caminar un rato en el castillo para ver si encontraba más pasadizos secretos, pero no se decepcionó al sentir la mandona voz de nuevo.

― ¿Se tú misma?― repitió la chica con furia ― ¿Quieres apostar quien tiene más máscaras? De eso no tengo dudas en el resultado, Ryddle. Así que no vengas a darme consejos como si tú fueras un buen ejemplo― espetó Hermione, y luego se calló al observar la fría mirada que se encontraba recibiendo.

Fue como si todo su cuerpo se congelara, sí, definitivamente no saldría con vida después de que Ryddle había escuchado aquello. Todo el ambiente a su alrededor comenzó a tensarse, una sensación de molestia se instaló en su estómago y la voz de su supervivencia le gritó ― corre― pero no pudo moverse. El ambiente se hacía a cada segundo más asfixiante, era como si… magia oscura se estuviera replegando en el ambiente, invadiendo el aura mágica de Hermione también.

No era una buena señal provocar a un mago oscuro, definitivamente, no lo era. Hermione quiso tragar saliva. ¡Merlín, cuanto deseaba estar soñando en aquel instante y despertar pronto! Sintió por su espalda descender una gota fría de sudor, Ryddle dio un paso hacia ella, podía jurar haber visto un atisbo rojizo en su mirada, pero desapareció tan pronto como el pestañeó.

Y así como había llegado, todo el ambiente denso de su alrededor desapareció. El Slytherin quien tenía su varita en su mano derecha la agitó hacia la pared susurrando:

Dissendium ―

Hermione por inercia se cubrió su rostro ante el posible hechizo que le podría llegar, para luego sentir una cálida mano tomar su muñeca con demasiada fuerza, y ser arrastrada por algo que se sintió como un baño de agua fría sobre su cuerpo.

― ¿Qué en el nombre de Merlín era eso?― gritó Hermione cuando abrió los ojos nuevamente y notó que estaba en un pasillo de las mazmorras que se encontraba a la vuelta de la Sala Común de Slytherin. El soltó su muñeca como si el contacto de su piel le quemara.

― Un hechizo― respondió sarcásticamente Ryddle, alejándose de la castaña para caminar solo.

― ¡Espera!― le llamó Hermione avanzando unos pasos, mas él no se dio vuelta. ― ¿Qué sucedió?― preguntó la Slytherin. El continuó caminando sin molestarse en responderle.

― Bien― replicó la castaña caminando hacia el lado contrario camino a la Sala Común de Slytherin.

¿Quién podría ser tan bipolar y diferente tantas veces en menos de un minuto? Ryddle era un enigma sinceramente. Era un laberinto, no sabías donde comenzar y donde finalizar, en segundos, su personalidad se transformaba de una altanera y arrogante, para luego convertirse en un ser silenciosa antisocial. Hermione debía de admitir que se había encontrado impresionada con la inteligencia y magia del mago, sus destrezas en clase eran brillantes, sus máscaras podían seducir a cualquier profesor o alumno. ¿Cuál era la verdadera personalidad de Ryddle? Las miles de facetas que denotaba hacía imposible descubrir como es que realmente él era.

El acuerdo con el que había llegado con Harry el primer día de clases en Hogwarts había sido una misión extremadamente difícil. Su conocimiento acerca de Tom Ryddle era escaso, Hermione solo contaba con la información que Ginny se había atrevido a decirle cuando conversaba con el diario pero simplemente eran opiniones, o para decir lo buen amigo que él podría llegar a ser. La otra información con la que contaba era la que el Profesor Dumbledore le había proporcionado a Harry ese mismo año. Hermione dejó escapar un pequeño suspiro. Era un fracaso. Todo.

Hermione dobló la esquina para ir a la Sala Común pero se detuvo. A lo lejos, se encontraba el profesor Merrytought de Defensa Contra las Artes Oscuras hablando con un tono fuerte a otras serpientes. Al parecer, su fiesta privada se había arruinado. Pero luego la paranoia cayó sobre Hermione. ¿Y qué tal si Avery o Cygnus le acusaban de los hechizos que ella había enviado a ellos?

― Estoy arruinada― sentenció, con un mohín mientras espiaba desde la esquina lejana al profesor preguntar algo.

― Granger― susurró una voz fría en su oído lo que provocó que la chica se sobresaltara, pero antes de poder gritar, un hechizo silenciador había sido enviado hacia ella amortiguando el chillido que iba a pronunciar.

― ¡Ryddle!― gritó afónica Hermione observando la altiva figura del Slytherin a pasos de ella. Comenzó a señalizarse sus labios dándole a entender que le quitara el hechizo, la castaña también notó que su varita estaba entre los dedos del chico. Si, el era rápido definitivamente.

― Te ves realmente graciosa de esa manera― se rió el chico observando como el rostro de Hermione comenzaba a adquirir un color morado a medida hablaba sin tener que escuchar su voz. ― Silencio, Granger, disfruta el silencio― ironizó.

Continuaron avanzando así por varios pasillos en silencio, donde la castaña aprendió que el chico no le quitaría el hechizo, así que simplemente se mantuvo a su lado caminando en ·silencio. Pensando en que faceta se encontraría el Slytherin en este momento que le ― permitía― avanzar a su lado.

― ¡Señor Ryddle!― gritó una voz potente a través del pasillo logrando que ambos se detuvieran y se dieran vuelta. Inmediatamente Hermione sintió como su garganta contraída se relajaba visiblemente. Ambos contemplaron, como se acercaba el profesor Dumbledore con sus ojos sospechosos enfocados explícitamente en el joven. ― Señorita Granger― saludó ligeramente impresionado el profesor. ― Puedo preguntar ¿Qué hace usted aquí en un pasillo sin tener clases en este sector?― Hermione no pudo evitar notar como el entrecejo del hombre se fruncía al enfrentar la esbelta figura de Tom.

― Dábamos un paseo con Hermione profesor― contestó simplemente Tom, indiferente. No se molestó en colocar una de sus típicas sonrisas, ni fingir. Simplemente contestaba una pregunta más.

― ¿Por qué?― inquirió el futuro director. La castaña alzó una ceja. ¿Era su idea o el profesor estaba sobrepasándose un poco con Ryddle? Claro, el siempre tuvo sus sospechas respecto a él, pero hasta el momento, el aún no cometía ningún delito, aún. Así que, ¿Qué sucedía?

― Yo se lo pedí, profesor― intervino Hermione llamando la atención de los dos magos, mentalmente la chica aún no podía creer que estuviera saliendo al auxilio de Ryddle después de todo.

― Tom, estas son altas horas de la noche, casi es toque de queda e irresponsablemente has llevado afuera a la señorita Granger. Ella no tiene conocimiento del horario aún y aun así tú has accedido― sentenció Albus Dumbledore, no convencido de lo que estaba diciendo la Slytherin. ¿Es que acaso creía que Ryddle la había forzado o algo así? Bueno, no estaba muy lejos de la realidad pero tampoco el tenía toda la culpa.

Hermione frunció el entrecejo, aquí había algo mal. El Profesor Dumbledore sabía perfectamente de que ella se conocía todas las reglas de su tiempo, y las leyes con respecto al horario de que los alumnos podían transitar por el castillo no habían cambiado desde 1750 cuando Héctor El Loco, el en ese entonces director de Hogwarts, había decretado un toque a las diez de la noche, dado que las demás horas de la noche las aprovechaba para beber Whiskey de fuego en las cantinas de Hogsmeade, la hora en la que abrían. No, este asunto trascendía más allá de una simple amonestación por caminar en el castillo a las nueve y media de la noche.

Observó el rostro del Slytherin, difícilmente podría decir si su rostro contorsionado en una mueca era producto de una nueva artimaña para zafarse de las ridículas palabras de Dumbledore, o simplemente no estaba usando una de sus peculiares máscaras.

― Creo que estas acciones están mal Tom… Como profesor está en mi deber de…― comenzó a decir Dumbledore, más Hermione le interrumpió.

― Estamos conscientes de la hora a la que termina el toque de queda Profesor, pero no estamos rompiendo ninguna ley al caminar por el castillo después de haber estado en la biblioteca realizando un trabajo de la clase de Aritmomancia. Yo le pedí a Tom ir a caminar un rato luego de tanto encierro entre libros y deberes― mintió la castaña, con una voz sabihonda y dura.

― ¿Porqué Tom?― preguntó el profesor, sus típicos ojos azules chispeantes ahora destilaban… ¿Decepción? Si el no se creía la mentira engendrada, no era su culpa, puesto que no tenía ninguna evidencia o prueba de que ambos estuvieran realizando algo malo. Eso si, si no descubrían de los hechizos que le lanzó a los otros dos Slytherin un poco de tiempo atrás.

Hermione tomó aire, cuadró sus hombros con fuerza y dijo:

― Por qué es mi amigo― dijo simplemente la castaña, más en su interior una punzada de culpa se arremolinó. ¿Ella defendiendo al futuro mago tenebroso?

Los ojos azules de Tom se clavaron en los de ella inmediatamente luego de esas palabras.


Notas de Autora: Si nunca tuviera amigos, y alguien me diga eso siendo antisocial, me impactaría bastante, al menos en el interior.

Quiero sacar a relucir que Tom, siempre siempre lo tomé como el típico que necesita saberlo todo para tener todo bajo control. Su curiosidad le motiva mucho, y es de admitir que Hermione & Harry son un misterio para la hermosa serpiente :)

Muchas gracias por sus comentarios: Smithback, lutarinoe, memoriesofkagome, Yuuki. Hinamori .Chan, Mature-sama, AanGyy, y Rous Black. Realmente les tengo que decir que mi día se ilumina al leerlas y leerlos. Kirtash R