Y aqui hay conti de Sicario!

Pido disculpas por llevar...2 meses? sin subir nada, pero es que hubieron muchos inconvenientes:

1-El anteproyecto de Tesis.

2-Mucho trabajo

3-Algo de desanimo por lo de

4-avanzando con mi novela.

5-vicio a las muñecas virtuales XDDD

6-y lo mas importante...FLOJERA xDDDD

Pero bueno, aquí tienen una conti y luego subiré kagami, por que? porque estoy calentando mi mente con contis que no he anotado ni una idea en cuaderno, así no uso guía y voy despertando mis neuronas de escritora.

Bueno, sin más que decir, vamos a las advertencias y todas esos tecnicismos xDD

ADVERTENCIA: Este fic tiene violencia a nivel de sangre o arranques de brazos (hay que ser tite's style xDDD) o escenas "hot" (ASI QUE SI NO TE GUSTA; NO LEAS; QUE HAY GENTE...)

DISCLAIMER: Bleach y sus personajes le pertenecen a Tite Kubo. Lo que es mío es la trama y el equipo de hime como el equipo antagonico... y otros que aparecerán a futuro.

Capitulo 3: Dos personas con los ojos de Ichigo.

La noche estaba despejada, ninguna nube podía impedir que las estrellas o la luna llena presuman de su esplendor a los mortales terrestres. Era la noche ideal para una fiesta de cumpleaños. La gente llegaba en sus autos lujosos, en limusinas o en carruajes, toda una variedad de transportes y colores. Entre ellos, se bajaron Orihime y Rukia en una limusina ultra larga que era de color blanco, era el transporte personal de la pelinegra. Saludando a los porteros encargados de custodiar las puertas principales con una elegante inclinación, entraron a la fiesta.

El salón de fiesta tenía ventanales como paredes para que todos puedan ver lo hermoso que era el jardín del Palacio de Dame, con mesas y sillas a dos metros apartados de los ventanales, las mesas eran protegidas por largos manteles blancos, lo mismo para las sillas, que además tenían un lado grande de color rosa, para mantener firme el mantel. Al otro extremo de la puerta, también a dos metros lejos del ventanal, estaba una gran mesa blanca sobre un escenario, en dónde se supone estaría Baraggan sentado en el centro y rodeado de su familia. El suelo era de cerámica, de cuadros rosas y blancos, era como una tabla de ajedrez y el centro estaba libre para que los invitados bailasen. Orihime alzo la vista para ver un balcón en dónde estaba la banda tocando música suave, que se combinaba con las conversaciones de la gente que estaban sentados en las mesas o de pie en el centro o casi pegados a los ventanales.

Rukia encontró una mesa con cinco sillas y que estaba siendo ocupada por dos hombres: Abarai Renji e Ishida Uryuu. Renji tenía su cabellera larga y roja, con los ojos del mismo color. Alto y con músculos. Vestía un traje negro, con corbata del mismo color y camisa blanca… y si, era demasiado apuesto. Uryuu parecía ser un hombre con más… modales que el pelirrojo, con su inexpresiva y seria mirada azulada, concentrada en su copa de champagne, hermoso cabello lacio, corto con un mechón acariciando su mejilla, y de color azul, más oscuro que el de sus ojos. Su traje de fiesta era de color blanco, con su corbata mejor arreglada que la de Renji (porque el pelirrojo no las soportaba, ni en su trabajo las usaba) y la camisa azul claro. La joven Kuchiki tomó a su amiga de la mano y la guió hacía la mesa.

—Buenas noches Renji-kun, Uryuu-kun. – Saludo Orihime cordialmente mientras daba una inclinación, todo sin dejar de sonreír.

—Buenas noches, Orihime-san. — Saludó Ishida al momento que se pone de pie y la toma de la mano para besársela. Repite el mismo saludo con Rukia. — Buenas noches, Rukia-san. Ambas están hermosas esta noche.

—Gracias Ishida… y buenas noches para ti también. — Agradeció Rukia muy contenta de tan lindo cumplido, pero rápidamente gira su vista hacía donde estaba Renji, viéndolo con cara de pocos amigos. — ¿No se te olvida algo mandril?

Sí… seguía molesta por haber sido rechazada. Orihime lanzó un suspiro, resignada ante la tenacidad de la chica, como su orgullo Kuchiki… ni que hablar de lo muy cabezota que era, y Renji no ayudaba mucho que digamos si lo era también. Notó que Ishida la miraba confuso y ella le susurró al oído que, como siempre, volvieron a discutir.

—Lo siento mucho. — Renji parecía en verdad ofendido y preocupado de olvidar sus modales. Se puso también de pie y tomo la mano de Orihime. — Buenas noches Orihime, luce muy hermosa esta noche. — Elogió y besó la mano. Volvió a estar recto como tronco y ve a Rukia. — Hola enana. — Saludó alzando su mano y vuelve a su asiento para sentarse.

—Q-Q-Q-Q-Q-Q-… — Rukia estaba en verdad enojada por ser tratada como una cualquiera por ese hombre. Estaba a punto de perder los estribos y que todo el salón vea a la inner Rukia lanzar a Renji por una de las ventanas, deseando que al romperse el cristal, varios pedazos se incrusten en su piel. — Ya verás cuando…

—R-Rukia-chan. — Orihime detuvo cualquier acto violento de su amiga al tomarla de los hombres. — Mejor tomemos asiento, pronto servirán la entrada.

Ishida tomo su papel de caballero muy bien al ayudar a las damas al tomar asiento. Ya los cuatro sentados, Orihime observó fijamente el asiento vacío, recordando que antes del incidente, los cinco (incluyendo a Sado que aun no llegaba) e Ichigo estaban siempre sentados juntos en las fiestas, riendo y conversando de lo que sea (y por supuesto, también se oía discusiones y gritos en la mesa) que los haga olvidar lo aburrido que era el ambiente. Se lo imagino ahí sentado, con un ceño fruncido y tomando de una copa, luego como dirige su vista hacía ella y le sonríe sólo como él lo hace. Sin darse cuenta, una de sus manos acariciaba el aro derecho.

—Orihime. — La susodicha se sobresalto cuando la imagen desapareció de la silla, descubriendo a sus amigos tensos y con las vistas en la misma dirección. Gira la cabeza para ver quien la llamaba y quedó igual que sus amigos al ver a la persona.

—Tsukishima-san. — Saludó con los hombros rígidos y haciendo puños las manos.

—Que bueno es verte de nuevo. — Dijo con una sonrisa, se le veía en el rostro lo complacido que estaba. Orihime se puso de pie y caminó unos pasos hacía él, Tsukishima terminó la distancia y la besó en la mejilla suavemente, dando una incómoda descarga al cuerpo de la chica. — Estás cada día más hermosa. — Le elogió, acariciando su cabello con la palma de la mano.

—Gra… gracias. — Dijo mirando hacia otro lado y apartándose sin parecer grosera.

—Buenas noches muchachos. — Dijo Tsukishima notando recién a los amigos de su prometida. — Me alegra verlos saludables.

—Gracias. — Orihime tuvo que reprimir una risa por sus fieles amigos que no estaban para nada entusiasmados de la presencia del hombre.

—¿Vas a quedarte con tus amigos, Orihime? — Tsukishima cambio rápidamente la atención del grupo a su prometida. Orihime le respondió con un asentimiento de cabeza. — De acuerdo, diviértete. — La vuelve a besar en la mejilla, pero esta vez, cerca de los labios. — Avísame si necesitas algo.

Inoue suspiro hondo una vez Tsukishima se perdió de vista y, con una servilleta, se limpió la zona donde había sido besada. Sus pasos regresaron a la mesa para tomar asiento, pero apenas sus dedos rozaron la madera de la silla, su cuerpo se paralizo de una forma que no lo hacía desde hace nueve años. De inmediato miro por todas partes, ignorando las miradas de sus amigos, su vista estaba concentrada en buscar la fuente del despertar de su sexto sentido, pero había mucha gente, poca luz y diferentes sonidos como distractores.

—¿Ichigo? — Susurró bien bajo, alarmada y con la adrenalina a punto de estallar, seguía buscando una señal naranja o marrón que lo rebele de su escondite… ¿en verdad se estará volviendo loca?

El cumpleaños de Ichigo me debe estar afectando, pensó mordiéndose el labio.

Los aplausos comenzaron a sonar cuando el cumpleañero, Baraggan, acompañado de sus hijos ya mayores, apareció en la habitación. Mucha gente le estuvo felicitando por vivir otro año más, hubo estrechamiento de manos, golpecitos en los hombros e inclinaciones. El cumpleaños de Baraggan era el 9 de julio, pero por su trabajo, lo retraso hasta el 14 por la noche, con unas horas para el cumpleaños de Ichigo. A Orihime no le agradaba el hombre, no le agradaba casi nadie de la central 46, se creen mejores por ser independientes de las cinco familias y por mandar cuando no había un Senador en el país. Ya llevábamos quince años sin alguien que ocupe ese puesto, y tal parece que Tsukishima es el favorito de la Central para ser Senador.

La fiesta había seguido sin contratiempos, la gente se reía, bailaban, comían y conversaban de negocios y otras cosas.

Orihime pidió disculpas a sus amigos, alegando que iría al baño, Rukia se ofreció en acompañarla, pero la pelinaranja negó la compañía, asegurando que estaría bien estar sola unos momentos. Salió del gran salón, suspirando una vez que cerró la puerta, veía el suelo con una mirada neutral y sus pies se movían solos. Llegó al baño, sin prestarle atención a la decoración ni nada parecido, se puso frente al espejo y descubrió que estaba llorando.

—Soy tan patética, Ichigo-kun. — Sonriéndole a su reflejo, había tristeza en su sonrisa y en sus ojos. — Mírame, no puedo hacer nada más que llorar y rogar que vuelvas a mí. ¿Por qué soy tan idiota? — Se abrazo a sí misma, agachando la cabeza mientras jadeaba entre llanto. — Te extraño, te necesito… te amo tanto.

Se sobresalta al oír un ruido en la habitación, giró su cabeza hacía una de las cabinas, la única que tenía la puerta cerrada. Caminó hacía allá con el corazón en la garganta, preguntándose lo que se encontraría, pero al abrir la puerta, la cabina estaba vacío, sólo estaba el blanco retrete. Siente una brisa por la espalda, se gira y las luces se apagaron antes de poder ver lo que pasó, ¿acaso el baño estaba embrujado? Trago duro, estaba emocionada de ver finalmente a un fantasma, pero su lado noble le decía "no seas estúpida, no existen los fantasmas". Pensó que lo mejor era volver al salón, pero al abrirla con un empujón, se sorprendió a ver a Baraggan como a cuatro metros a su izquierda. De inmediato, deja la puerta con un pequeño orificio para verlo con un ojo, viendo que el hombre lucía nervioso, estaba limpiándose el rostro del sudor con un pañuelo de seda de color azul claro. Estaba mirando por todos los ángulos posibles y sigue su recorrido, doblando a la derecha.

Muerta de curiosidad, Orihime se quitó los zapatos para que el tacón no hiciera ruido al caminar, llevándolos en su mano izquierda, Orihime salió del baño con las intenciones de seguirlo. Ignorando su lado racional que le ordenaba volver a la fiesta o su corazón que se emocionaba por descubrir un secreto importante, la noble seguía al anciano manteniendo las distancias, comprobando que de verdad el hombre estaba asustado. ¿Qué pasara por la cabeza de ese hombre? Baraggan entró a otro salón de fiesta que, a diferencia del anterior, no había luces, gente o mesas, estaba completamente vació y oscuro, Orihime pensaba lo escalofriante que es entrar a un cuarto enorme con esas características. Aprovechando que el anciano no cerró la puerta, pudo entrar sin problemas al cuarto y esconderse sigilosamente detrás de un pilar, viendo como el hombre se detenía en el centro de la habitación.

—¡Ya estoy aquí! — Dijo Baraggan, viendo por todas partes, obligando a Orihime a esconderse más en el pilar. — ¡Sal de tu escondite desgraciado!

Faltaba una hora para el cumpleaños de Ichigo…

—Es interesante tu concepto de desgraciado.

El corazón de Orihime se encogió de asombro al ver como de la nada se apareció un hombre vestido con pantalones elegantes de color negro, mismo color que sus zapatos y la larga chaqueta arruinada y desarreglada que le llegaba a las rodillas. La chaqueta estaba abierta, así que se podía ver una camisa blanca de largo cuello triangular, que no estaba para nada bien cuidada, y estaba fuera del pantalón. Su rostro era cubierto por una especie de máscara blanca que le tapaba todo el rostro, exceptuando sus ojos, con dos líneas rojas en forma vertical.

—¿Zangetsu? — Susurró bien bajo al reconocer al hombre de las fotografías, el famoso asesino. ¿Iba a matar a Barragan? ¿Eran cómplices? ¿Qué debía hacer? Dios… su cuerpo no se movía, sólo temblaba, aferrándose al pilar.

—Han pasado nueve años sin verte anciano. — Saludo el famoso asesino, Orihime no podía deducir sus emociones faciales a causa de la máscara, pero por el tono de voz, podía apostar que se estaba burlando del cumpleañero. — Que descaro de tu parte celebrar tu cumpleaños a una hora del mío… debería darte vergüenza.

¿Eh?, pensó Orihime, confundida y sorprendida. Vio su reloj y descubrió que faltaban cincuenta minutos para que sea 15 de Julio. Qué extraño.

—Deberías estar muerto… se supone que te matamos hace siete años… ¡Tú ya no existes, no eres nadie más que un demente asesino!

—Ambos sabemos que no soy un demente, todo fue planeado por ustedes. Pero… — Orihime se tapó la boca para no gritar al ver como una espada apareció en las manos de Zangetsu. —… pero sí, soy un asesino… voy a matarte como a esos otros hombres de la Central. — Se podía oír que estaba lleno de ira y odio. — Y mi venganza estará concluida.

—¡Yo no tengo nada que ver al respecto! — Gritó Baraggan, sacando también un arma para defenderse. — Si quieres venganza, asesina entonces a Tsukishima, él lo planeó todo. — ¿Tsukishima-san?

—¡Pero ustedes lo ayudaron, malditos lame botas cobardes! — Lo señala con la espada. — Es tu hora anciano, pero alégrate… llegaste a cumplir otro año de vida.

La pelea comenzó, Orihime siempre pensó que Baraggan, como Yamamoto, eran my buenos peleando a pesar de ya estar alrededor de los noventa, pero ahora se veía muy frágil y asustado mientras esquivaba al asesino… algo rondando en su cabeza lo estaba debilitando, ¿será la culpa? ¿Pero qué culpa, que fue lo que le hizo a Zangetsu? ¿Y qué tenía que ver todo esto con Tsukishima? Se vuelve a tapar la boca al ver caer al hombre mayor, estaba sudando de los nervios, sabiendo que sería su final, que sería asesinado por el famoso asesino misterioso. El filo tocaba su cuello sin compasión, anhelando atravesárselo de una vez.

—Es tu hora Barragan. — Dijo Zangetsu. Orihime estaba derramando lágrimas en silencio, asustada y sintiendo mucha pena por el cumpleañero. — De seguro este es mi mejor cumpleaños… y bueno, tú muerte será un buen presente de ti, para mí.

Se oyeron las campanas que anunciaba la medianoche, ya era quince. Orihime cerró los ojos al ver que la espada iba a moverse, evitándose ver como Zangetsu desmembraba a Baraggan, pero sus orejas si sufrieron al oírlo gritar de dolor y la sangre salpicándose alrededor de su propietario. Orihime no podía respirar, estaba asustada, muy aterrada, su corazón latía como los golpes que le das a un tambor. De su garganta no se emitía ningún sonido, pensando que podía hacer, sólo se le ocurría esperar a que el hombre se vaya para no ser descubierta, luego irse al salón y dar la mala noticia.

—¿No le han enseñado señorita que la curiosidad mato al gato?

Abrió sus ojos sorprendida y grito al ver a Zangetsu frente a ella. ¿En qué momento había llegado a su lado? No lo había sentido. Quería correr, pero como su cuerpo no respondía las órdenes de su cerebro, al asesino le fue muy fácil acorralarla en el pilar apoyando su mano izquierda en esta y usando su cuerpo para apegarse al de la chica. El cuerpo de Orihime vibró por la cercanía de cuerpos y tuvo que morderse el labio para no gemir… se sentía tan extraña y muy familiar, ya había sentido eso antes por… por… por Ichigo.

—¿Vas… a matarme? — Susurró con los labios temblorosos, tuvo que hacer un gran esfuerzo para no tartamudear por el miedo.

—¿Por qué tendría que hacerlo? — no se había dado cuenta, pero la voz de ese hombre era suave y muy sensual que tuvo que tragar duro para no gemir nuevamente. — No eres mi objetivo. — Orihime podía apostar a que ese hombre se divertía con ella…y de la invasión de espacio personal, pero… es extraño, ese hombre le era familiar.

—Pero te he visto actuar, ¿eso no te preocupa? — Preguntó, sintiéndose ridícula de que su corazón este palpitando, de seguro él las podía oír con claridad.

—Te mate o no, igual se sabrá que fui yo… no hay diferencia. — Dijo llevando una mano a la mejilla de Orihime, acariciándoselo una vez y luego llevo un mechón detrás de la oreja.

La luz de la luna entro mejor en el sector en donde se encontraban ambos, permitiéndole a Orihime ver mejor los ojos detrás de la máscara, sorprendiéndose…

…marrón chocolate, como los de Ichigo. Incluso la habían hechizado como los de él.

Manteniéndose bajo el embrujo, el miedo y la adrenalina desaparecieron, mirando sin pudor aquellos ojos iguales a los de Ichigo. Zangetsu también se había quedado quieto, sabiendo donde ella estaba mirando. Sin decir ni una palabra, la chica se atrevió a mover su mano, acercándola cada vez más a la máscara, siendo detenida por el asesino apenas sus dedos rozaron el material. No tuvo miedo esta vez, manteniendo el contacto visual, le hacía entender que no revelaría su identidad, mensaje que él comprendió sin problemas, liberándola. Le levanto un poco la máscara, con la vista ahora perdida en sus labios, que curiosamente, tenían la misma curvatura de las de Ichigo. Su corazón bombardeo, ¿Acaso…? No, estaba alucinando solamente.

—Lo siento, mi joven dama, pero me temo que debo irme. — Dijo, oyéndose a continuación unos pasos y comentarios en voces altas. — Vienen críticos de arte.

—¿Críticos? — Susurró confundida, pero su expresión cambia a sorpresa cuando un pañuelo húmedo le tapo la boca. Alzo la vista para ver sus ojos y si no estaba siendo afectada aun por el cloroformo, podía jurar que había arrepentimiento en esos chocolates.

—No sabes cuánto me duele hacerte esto. — Le susurró en la oreja, en verdad parecía sincero. Al ver que las piernas de Orihime flaqueaban, la tomo de la cintura y la ayudo a caer al suelo sentada, usando el pilar como apoyo.

Estaba mareada y veía borroso, su mente le estaba jugando una mala jugada y estaba viendo a Ichigo con esa expresión de dolor en lugar de Zangetsu. Las lágrimas corrieron por sus ojos mientras estaba tratando de alcanzarlo con su mano, temblorosa y débil.

—I… Ichi…

Su mano cae, como también sus parpados, quedando completamente dormida y dejando las palabras incompletas en su garganta.


—¡Orihime!

La joven abrió sus ojos confundida, encontrándose con su amigo Uryuu preocupado, detrás de él, Rukia, Renji y Sado, estaban igual que el peliazul… ¿Sado-kun? ¿En qué momento llegó a la fiesta? Debió de haber sido cuando fue al baño…

—Menos mal. — Dijo Renji con una sonrisa de alivio. — Has estado dormida por dos horas… no había caso para despertarte.

—¡Baraggan-san! — Exclamó con los recuerdos marcados en la mente. — ¡Zangetsu!

—Lo sabemos. — Dijo Rukia con una mirada de dolor al pensar que su amiga, tan pura, haya presenciado algo tan cruel. — Zangetsu ha dejado su firma.

—Escribió su nombre al lado de Baraggan… con su sangre. — Continuo Sado, calmado como siempre ahora que sabía que nada le había pasado a su amiga.

El cuerpo de Orihime tembló un segundo con sólo imaginárselo, ya que estuvo todo oscuro y lejos del cadáver, no lo había notado… menos mal. De seguro ahora la familia del fallecido cumpleañero debe estar llorando y abrazando el cuerpo… era toda una desgracia lo que había pasado. Trato de levantarse despacio, ya que si se movía muy rápido, de seguro volvería a marearse. Se dio cuenta que había terminado sobre un sofá de cuero negro, en una pequeña habitación que de seguro era de uno de los conserjes.

—Según el doctor, estás bien. — Murmuró Sado mientras la ayudaba a pararse. — Sólo quedaste inconsciente por el cloroformo.

—¿Doctor? – Curiosa… ¿había uno en la fiesta?

-Sí, ahora mismo analiza el cadáver para darle un informe a la policía. — Comentó Renji rascándose la nuca, lucía nervioso.

-Orihime, creo que lo mejor sería irnos. — Opinó Rukia tomándola de la mano. — Llamaré a mi chofer y puedes quedarte a pasar la noche en mi casa.

—Gracias, Rukia-chan.

Un sonido alertó a todos para que miren a la puerta, viendo como se iba abriendo como si estuviesen en una cámara lenta. Por segunda vez en esta noche, el corazón de Orihime se oprimió y juro estar frente a un fantasma.

—¿Inoue-san se encuentra bien? — Preguntó el recién llegado. Tenía los ojos azules y el cabello negro.

—¿Ichigo? — Susurró por la comparación entre él y el doctor Shiba Kaien.