Disclaimer: Ni Kingdom Hearts ni Fairy Tail me pertenecen, ambos pertenecen a sus respectivos creadores.

Capitulo 3: Cada pieza en su lugar

— Bien, lo dejo en tus manos.

— Sí, no se preocupe, no le decepcionare. — Sonrió de lado al escuchar esas palabras. Había dejado la vigilancia de Sora en buenas manos así que podía encargarse de observar a Riku personalmente... en cuanto se encargara del "maestro".

Extendió la mano al frente e invocó un portal oscuro. Una vez que lo atravesó llegó hasta el reino de la oscuridad e inspeccionó el lugar con la mirada, preguntándose sí su "amiguita" estaría cerca.

— Parece que no se encuentra por esta zona — pensó —. Es mejor así, ahora mismo no tengo tiempo que perder. — Una vez más, un portal oscuro se abrió delante de la figura misteriosa y, al atravesarlo, llegó a una zona desértica y sin vida.

Durante unos minutos, se dedicó únicamente a mirar a su alrededor, concretamente a los numerosos cráteres que se encontraban dispersos por todo el escenario.

— No importa cuánto tiempo pase, es como si pudiera verla. — susurró con amargura. Dejo de lado esa línea de pensamientos, tenía que darse prisa, sí Riku despertaba antes de que volviera, le perdería la pista.

Ignorando la destrucción de la zona, su vista se poso en aquello que había venido a buscar: Una armadura.

Una armadura que se encontraba arrodillada, con ambas manos descansando sobre una llave espada que, al igual que su vista, estaba clavada en el suelo. Tenía una capa de color crema y el diseño del casco parecía tener dos cuernos.

Cuando la figura misteriosa se acercó dejando entre los dos unos cuatro metros de distancia, la armadura levantó la mirada.

— Iré al grano, tengo grandes planes para ti, así que he venido a sacarte de este cementerio, ¿Qué te parece?.— Ignorando las palabras de la figura misteriosa, la armadura se levantó y agarró su llave espada mientras adoptaba una postura de batalla — No me escuchas— dijo mientras se cruzaba de brazos — me pregunto si eres consciente de lo que ocurre a tu alrededor o simplemente actúas por instinto...— Dijo mientras se ría entre dientes — Consciente... tiene gracia, ¿lo pillas? Consciente... es gracioso porque eres una consciencia latente y...— saltó hacia atrás, evitando un corte horizontal.- Supongo que no te hace gracia. — Murmuró con tono burlón mientras se envolvía en una fina capa de oscuridad.


Sora abrió los ojos. Se levantó rápidamente observando el cielo, teñido por nubes oscuras, los truenos sonaban y una enorme esfera de oscuridad estaba suspendida a decenas de metros sobre él. Miró a su alrededor, estaba solo, en una pequeña isla de arena de unos 10 metros.

Espera un segundo, yo ya he estado aquí antes — Con el corazón latiendo con fuerza, avanzó rápidamente hasta el límite de la isla, donde sus sospechas quedaron confirmadas.

La isla se encontraba flotando en el aire, sobre el pequeño mundo que alguna vez fue su hogar. Sora observó con horror como la isla donde hace tiempo solía pasar el día con sus amigos estaba completamente destruida, le recordaba a la forma que adoptó en el fin del mundo, al pelear con el buscador de la oscuridad.

Se percato de la presencia de alguien en la orilla. Agudizó su vista intentando averiguar quién era hasta que distinguió una cabellera larga y pelirroja.

— ¡Kairi! — Gritó el castaño mientras se arrodillaba esperando que la chica le escuchara, pero no fue así. Cada vez veía mejor a la pelirroja, ¿su vista se estaba agudizando o la isla estaba descendiendo? En cualquier caso, Sora pudo apreciar mejor el estado actual de Kairi. La chica se encontraba cabizbaja y sus manos cubrían su rostro, como si estuviera llorando.

— ¡Kairi! — Sora gritó una vez más al mismo tiempo que extendía su brazo derecho hacía la pelirroja, esperando alcanzarla, pero de repente un brazo tan oscuro como la noche surgió de la arena y agarró la muñeca derecha del castaño.

— ¿Pero que..?— Sora intentaba liberarse del agarre pero era inútil. Poco a poco, una figura empezaba a salir de la arena — Un sincorazón —. Pensó, pero cuando la figura salió completamente, Sora se quedo sin palabras al ver quién era ese sincorazón.

—¿S-soy yo?— Balbuceó al verse a sí mismo como si fuera una criatura de la oscuridad.

Ambos eran exactamente iguales, excepto por la diferencia de que el cabello, piel y ropa del sincorazón tenían el mismo oscuro color, además de que sus ojos eran simplemente dos puntos amarillos y los labios y nariz eran imperceptibles.

Sora, incapaz de reaccionar, únicamente se observo a sí mismo hasta que vio que un pequeño punto amarillo empezaba a formarse un poco más abajo de la nariz, o al menos donde ésta debería estar, de su "yo" oscuro. Dicho punto empezó a alargarse hasta que su rostro parecía formar una espeluznante sonrisa.

— ¿Qué demonios eres? — Sora preguntó sin esperar realmente una respuesta.

— ¿Qué soy?— Para terror del castaño, la criatura habló. — Es obvio... ¡Soy tu!


El golpe seco contra el suelo lo despertó y, desesperado, se levantó bruscamente, quitándose la sabana que se encontraba colgando de su cabeza debido a sus bruscos movimientos.

Una vez que se calmó, pudo apreciar mejor donde estaba. Se encontraba en una habitación bastante amplía y sencilla, las paredes y el suelo estaban hechos de madera y había varias camas y, al lado de la suya había una silla y una mesa, donde estaban sus guantes, su collar y un amuleto con forma de estrella hecho con conchas.

Solo era un sueño — Pensó el castaño aliviado. Poco a poco los recuerdos empezaron a llegar a su mente. La batalla contra Xemnas, el reino de la oscuridad, la puerta de la luz...

¿Donde estaba? ¿Que había pasado con Riku? ¿Habían llegado a las islas? Estas preguntas se arremolinaban en la cabeza del castaño — Solo hay una forma de averiguarlo — Pensó mientras cogía sus efectos personales, aunque observó durante unos segundos el amuleto que Kairi le dio, un escalofrío recorrió su espalda al recordar su sueño. Agitando la cabeza, se guardo el amuleto en su bolsillo trasero del pantalón y se coloco sus enormes e inconfundibles zapatos amarillos, que se encontraban a un lado de la cama, y salió disparado por la puerta.


No había tanto revuelo en el gremio de Caith shielter desde que una gata parlante salió de un huevo como si de una gallina se tratase. Hacía unas 24 horas aproximadamente, el maestro del gremio sintió un poder mágico tan poderoso como oscuro que tan rápido como vino, se fue. Durante unas horas pensó que el día en que pagaría por sus pecados había llegado, el único inconveniente por ello era el hecho de que los miembros inocentes del gremio podían salir heridos. Para evitarlo decidió esperar hasta confirmar completamente sus temores y, si resultaban ser ciertos, ordenarles ir rápidamente a algún lugar lejano utilizando como excusa una misión muy urgente, así, cuando volvieran, la tormenta habría pasado... O al menos ese era el plan. Así que esperó... Y esperó, pero todo siguió como siempre. Dejó de esperar en cuanto el sol salió y se dirigió hasta el lugar donde percibió ese poder.

Su sorpresa fue mayúscula cuando se encontró a un muchacho herido e inconsciente en mitad de la hierba.

Con su magia se encargó de llevar con cuidado al joven hasta el gremio, donde ordenó que sus heridas fueran tratadas, no obstante, el chico no poseía únicamente heridas físicas sino que también sufría de un gran cansancio y fatiga por lo que decidió dejarlo descansar en una de las camas del edificio. Aun no despertaba y obviamente todo el gremio hablaba y quería saber sobre el misterioso muchacho, lo que provocaba un alboroto muy inusual en el tranquilo gremio. Todos, excepto el maestro de dicho gremio, que se encontraba en un profundo silencio, reflexionando sobre lo ocurrido.

Le resultaba curioso el hecho de que, a pesar de que el poder que sintió era sin lugar a dudas oscuro, el muchacho desprendía un aura de inocencia que llego a recordarle a la miembro más joven del gremio, no obstante, por su estado actual era fácil saber que acababa de salir de una batalla.

¿Poseía ese muchacho ese oscuro poder? Imposible. No sabía cómo podía estar tan seguro, puesto que no sabía nada de él, pero algo en su interior se lo decía.

¿Había enfrentado ese muchacho a la persona que poseía tal poder? Era poco probable. Ese poder se manifestó durante unos pocos segundos, bien podría haber sido un único ataque el que hubiera dejado en ese estado al joven pero eso no explicaría su fatiga y cansancio.

Quizás ese muchacho estaba huyendo de algo o alguien pero fue demasiado lento y le golpearon con la magia que sintió, dejándolo inconsciente y exhausto, pero entonces, ¿por que dejarlo con vida?

Al final, lo único que podía hacer era espera hasta que el joven despertara para poder obtener respuestas.

El maestro se dedico a observar a todos y cada uno del los integrantes del gremio, que se encontraban en frente suyo, observándolo, esperando expectantes nueva información sobre el desconocido.

— Ya es tarde — Dijo con tono despreocupado interrumpiendo la tensión del ambiente — .Sera mejor que vayamos a cenar y descansemos, lo más probable es que nuestro invitado no despierte hasta mañana. — En cuanto termino de hablar un golpe captó la atención de todo el gremio. Todos desviaron su mirada hacia la derecha (el maestro hacia la izquierda), al parecer el golpe se había producido en la habitación que los hombres compartían. ¡Allí era donde dormía el muchacho!

Antes de que alguien pudiera decir o hacer algo, Sora salió disparado de la habitación y, ignorando a todos, se dirigió a la puerta más grande que vio y salió al exterior. Mientras, los magos de cait shelter dirigieron su mirada al maestro, esperando alguna orden o reacción de su parte.

Roubaul, el maestro, permaneció serio y estoico mientras cogía una botella que se encontraba a su lado y bebía de ella.

— Wendy, ve a buscar a nuestro invitado y tráelo ante mí, los demás id a servir la cena. — dijo sin tragar el liquido, provocando que este se derramara.

— ¡Traga antes de hablar! — Gritaron todos los miembros del gremio excepto la nombrada Wendy que, con una leve reverencia salió a cumplir el encargo del maestro.


En cuanto puso un pie en el exterior, se percató de que no estaba en las islas, y no pudo evitar deprimirse un poco por ello.

Al menos hemos conseguido salir del reino de la oscuridad — Pensó mientras volvía a animarse —. Ahora solo queda encontrar una nave y podremos volver a las islas.— Un grito interrumpió su línea de pensamientos y, al girarse hacía donde provenía, se encontró con una niña de aspecto dulce y tímida de unos doce años. Su pelo es largo y de color azul marino, lleva un vestido amarillo, azul y blanco en forma de zigzag adornado con un lazo en su pecho y unos zapatos de color azul. En sus zapatos y las mangas de su vestido tienen formas de alas.

— Hola — el castaño se acercó hasta la niña y se agachó hasta quedar a su altura —. Soy Sora ¿Cómo te llamas?— Pregunto con una sonrisa.

— Wendy, es un placer conocerte.— Respondió mientras hacía una reverencia — Sora-san, ¿Cómo te encuentras? — Sonaba preocupada.

— Estoy bien — Dijo mientras se erguía y estiraba los brazos —. Solo un poco cansado...y hambriento. — Finalizo acariciándose el estomago con la mano.

— La cena estará lista enseguida, pero antes el maestro quiere hablar contigo.

— ¿Maestro? — Preguntó Sora mientras arqueaba una ceja.

— Sí, el maestro del gremio. Por aquí por favor.— Dijo mientras volvía a entrar en el gremio.

A pesar de querer preguntar sobre el gremio, el castaño siguió a la pequeña en silencio.

Wendy lo llevó hasta un hombre de avanzada edad y corto de estatura. Tiene una espesa barba blanca que se extiende por las patillas y se combina con sus cejas. Viste con pieles grises bajo la cintura a modo de pantalón. Usa adornos dorados y cubre sus muñecas y parte de los brazos con vendajes. Finalmente lleva una corona de plumas violetas con puntas rojas sobre la cabeza.

— Soy Roubaul y soy el maestro de caith shelter.

— Soy Sora

— Sora...— Roubaul esperó unos segundos antes de hablar — Como están tus heridas?.— Preguntó para romper el hielo.

— Completamente sanadas — Respondió mientras sonreía.

— Ya veo, parece que Wendy ha hecho un buen trabajo curándote, no esperaba menos.

— Espera, Wendy, ¿tú me has curado? — Pregunto a la de cabello azul, la cual bajo la mirada, sonrojada mientras pronunciaba un apenas audible "Si". — ¡Eres increíble! Me encuentro mejor que incluso antes de salir herido. — Anunció avergonzando mas a la pequeña.

— Hablando de eso — El maestro volvió a hablar —, ¿Como te has producido unas heridas como esas? ¿Recuerdas que pasó antes de que perdieras la consciencia?

— Bueno... —Sora se cruzó de brazos — Un amigo y yo luchamos contra el líder de un grupo que no paraba de causar problemas en todas partes. Era muy fuerte pero conseguimos derrotarlo aunque nos quedamos atrapados y sin posibilidades de volver o así era hasta que un portal apareció ante nosotros. No recuerdo nada después de eso. ¡Oh! ¡Es verdad! ¿Riku está aquí?

— Esta mañana te encontramos en mitad de un prado no muy lejos de aquí... Solo a ti, no había nadie más. — Sora se deprimió visiblemente al escucharle, ahora debía encontrar otra vez a Riku. —Tu amigo y tu formáis parte de algún gremio? — Roubaul preguntó.

— No, ni siquiera sé que es un gremio. — Ambos oyentes se sorprendieron ante tal declaración.

— ¿Cómo es posible eso? ¿Acaso vivís en una cueva?

— Es difícil de explicar — Respondió el castaño mientras se rascaba la mejilla derecha.— ¿De todas formas que es un gremio?

— Los gremios... — Roubaul empezó lentamente, intentando averiguar si aquel muchacho era sincero o simplemente les estaba tomando el pelo. — son organizaciones de magos. La gente nos ofrece encargos, nosotros cumplimos esas misiones a cambio de una recompensa justa.

— Eso suena divertido.

—Sora ¿Qué piensas hacer?— Preguntó el maestro. Si decía la verdad, significaba que alguien los había traído hasta aquí, pero ¿por qué? En todo caso, la persona poseedora de aquella oscura magia era la responsable.

— Tengo que encontrar a Riku, después de eso, volveremos a nuestras islas — Hizo una pausa mientras su mano viajaba hasta su bolsillo derecho, donde agarro el amuleto —. Nos están esperando.

— Así que planeas buscar a tu amigo y volver a casa... ¿Donde están vuestras islas? — Supo que Sora no soltaría prenda al ver su sonrisa avergonzada — Difícil de explicar ¿No es así? De todas formas ya es tarde, además imagino que estarás hambriento. — Sora asintió con la cabeza — En ese caso quédate a dormir aquí esta noche, ahora íbamos a cenar. Mañana te daré un mapa antes de que te vayas.

— ¿En serio? Gracias señor Rabelo. — Silenció incomodo.

— Es Roubaul

— ¡Eso! Gracias señor Roubi.

Roubaul únicamente suspiró con cansancio pero al ver como Wendy cubría su rostro con una mano para evitar que su sonrisa saliera a la luz se le ocurrió una descabellada idea.


En una sala hecha totalmente de de piedra de unos seis metros, con cinco tronos también de piedra y un altar en el centro, surgió un portal oscuro, y de él, la persona del abrigo negro.

Esa persona se dirigió al trono más cercano y se sentó pesadamente en el mientras soltaba un sonoro suspiro. Sus ojos amarillos se posaron en los demás tronos que estaban ocupados por cuatro figuras que llevaban un abrigo blanco que cubría sus rostros.

— Una armadura con voluntad propia— La primera de las figuras habló. Su voz era masculina grave. Perteneciente seguramente a un adulto.— Su portador era alguien excepcional.

— Creo que no es el portador, sino la llave... siempre es la llave. — La segundo figura de blanco habló. Su voz pertenecía a una mujer adulta.

— ¿Porque no os calláis un rato?— La única persona vestida de negro habló.— Quizás era una armadura vacía pero era dura de roer y me gustaría descansar unos minutos.

— ¿Estás seguro de que tienes tiempo? — Canturreó una segunda voz masculina que sonaba como un chico joven.— Riku despertará pronto.

— ¿Riku? ¿Y qué hay de Sora?— Añadió una segundo voz femenina que se asemejaba a la de una chica joven.

— Ya me he encargado de eso — La figura de negro tomó la palabra.— No hay de que...

— ¿Confías en ella?- El adulto le cortó — Te acabara traicionando, al igual que todos, cuando sepa lo que eres... Monstruo...

— Ella no es como vosotros.

— En cualquier caso — La adulta interrumpió la discusión — Sora y Riku probablemente acabaran uniéndose a algún gremio e incluso si no lo hacen y les perdemos la pista, será fácil predecir donde y cuando aparecerán...

— Mientras tengan la llave espada...— Finalizó la joven.— Y de verdad creen que les guiara hasta la luz. Que estúpidos.

— Eso solo demuestra cuán jóvenes e inexpertos son — Replicó la mujer mientras se cruzaba de brazos — Me dan un poco de pena y no puedo evitar preocuparme...

— Mas que preocuparte por ellos deberías preocuparte por Xehanort — Contestó el joven tras lo cual se dirigió a la figura de negro — Que piensas hacer con él?

— ¿Con Xehanort?— Preguntó con desgana mientras apoyaba la mejilla en su puño.— ¿Por qué debería hacer algo?-

— Debes de estar bromeando — El hombre habló con enfado — Has quitado de en medio a Sora y Riku, le estas ofreciendo a las siete luces puras en bandeja de plata — Gritó — ¿Tienes idea de cuántas vidas estas destruyendo?— A pesar de sus palabras la persona misteriosa no se inmuto.

— Tampoco es para tanto... Aun quedan más guardianes. Además, en cuanto Sora y Riku cumplan con su cometido serán libres de volver. Esto nos beneficia a todos — La mujer bufó como respuesta.

— ¿Y que harás si llegan hasta Tenroujima antes de conseguirlo?

— Nada. Xehenort no es mi problema.

— Deja de mentir. — La mujer se levantó de su asiento y se acercó hasta el altar del centro. — Deja de pretender no tener corazón.

— ¿Corazón? Hace mucho que lo perdí. — Alzó su brazo izquierdo mientras miraba su mano cubierta por el guante negro. — Soy una criatura de la oscuridad y como tal usaré a esos dos en mi beneficio, lo que hagan después o lo que pase con Xehanort no es de mi incumbencia. Además, si Riku dejara de lado su miedo a la oscuridad podría volver a casa.

— No es la oscuridad en sí lo que teme — La joven tomó la palabra —, teme que la oscuridad le arrebate todo aquello que le importa.-

— En cualquier caso, debe superar su miedo más profundo para poder dominar completamente la oscuridad.— Bajó el brazo hasta que la palma de su mano quedó justo en frente de su cara. — Y me encargaré personalmente de que lo haga... o muera en el intento.— Cerró con fuerza la mano mientras esbozaba una sonrisa.


Era un nuevo día en Fiore y en cait shelter. Después de desayunar, Sora se reunió con Roubaul a pedido de este.

— Buenos días Sora, ¿como has dormido?

— Bien, gracias Roubalou

Casi acierta — Pensó mientras soltaba un suspiro.—Supongo que tienes prisa por irte.

— Sí, de hecho ahora iba a despedirme de todos.

— Me lo imaginaba... Me gustaría darte el mapa que te prometí pero no sé donde lo he dejado. Mientras lo busco, ¿me harías el favor de ir con Wendy a buscar suministros?

— Claro, ¿donde esta?

— Afuera, estará a punto de irse. — Dando por terminada la conversación Sora dio media vuelta y se dirigió hacia la salida.

En cuanto se fue, Roubaul se acercó hasta un pequeño mueble. Abrió uno de los cajones y sacó un mapa, el cual se llevó para apuntar algunas cosas que le servirían de ayuda a Sora si al final decidía irse.

Cuando el maestro le dijo que Sora le acompañaría se extraño bastante, aunque no dijo nada al respecto. Ella pensaba que se iría lo antes posible. No es que le molestara, ni mucho menos. Anoche estuvieron hablando un buen rato y descubrió lo alegre y optimista que era el castaño, era realmente fácil sonreír a su lado, pero también le habló de Riku y las ganas que tenia de encontrarlo y volver a casa, así que no podía evitar extrañarse ante la situación.

Antes de que pudiera seguir en sus cavilaciones Sora salió del gremio.

— Buenos días Sora.

— Buenos días Wendy, siento haberte hecho esp...— Antes de que pudiera terminar una voz femenina le cortó.

— Has tardado mucho... No tenemos todo el día ¿sabes? — Sora desvió su mirada hacía una pequeña gata blanca que se encontraba a un lado de Wendy. Llevaba una falda rosa, una blusa amarilla con rayas negras y con grandes mangas con encajes rosas, además de llevar un moño rosa casi al final de su cola.

— Hola, soy Sora ¿Quién eres? — Preguntó levemente sorprendido. No la había visto durante la cena.

— Eso no es de tu incumbencia. — Supo que su nombre era Charle cuando Wendy le reprochó por lo que había dicho.

— Charle ¿verdad?— Sora habló con una sonrisa como si no la hubiera escuchado.— Espero que podamos ser amigos.— Charle entrecerró los ojos al escuchar sus palabras.

— ¿Amigos? No me hagas reír — La gatita se dio media vuelta y empezó a avanzar. —. Andando, ya nos ha retrasado mucho.

— Sora-san lo siento mucho, no se lo tengas en cuenta, por favor. — Wendy se disculpó en nombre de su amiga. A pie, el viaje hasta el pueblo más cercano, duraba unas horas, lo que menos quería era estar en una discusión entre ambos.

— No te preocupes, he tratado con gente como ella antes, ya verás como al final seremos amigos. — Wendy no pudo sino sonreír ante las palabras de Sora, realmente era muy optimista.


Mientras avanzaban por el camino hacia el pueblo no podía evitar mirar de reojo a Sora, había algo de él que no le gustaba. ¿Por que sonreía todo el rato? ¿Que estaba escondiendo? Encima todos los del gremio lo habían acogido con los brazos abiertos. ¡A un completo desconoció! Menuda estupidez.

— ¿Pasa algo, Charle?— Escucho como Sora preguntaba. Se había confiado, a pesar de su cara de estúpido era muy perceptivo. Durante unos segundos se dedico únicamente a observarlo, pensando si debía gastar su valioso tiempo en hablarle, hasta que llegó a la conclusión de que eso era más entretenido que andar en silencio hasta el pueblo y si decía alguna estupidez solo tenía que ignorarle.

— ¿No te sorprende?

— ¿Sorprenderme? ¿El qué?

— Que pueda hablar. — Intervino Wendy — Charle es una gata, ¿no te sorprende?

— No. ¿Debería?— Para Sora, quien había visto hablar a tantas criaturas y objetos, escuchar hablar a una gata era tan normal como respirar.

— Eres realmente raro — Charle pensó en voz alta.

— Vaya, gracias.— Sabia que no era un cumplido, pero siendo honestos, esas eran las palabras más bonitas que le había dedicado.

Charle únicamente rodó los ojos mientras decidía ignorar al castaño.

Wendy por su parte, estaba debatiéndose internamente si debía o no preguntar a Sora.

— Sora-san — Dijo con un hilo de voz captando la atención del castaño y de la gata —. Tu... dijiste que, junto a tu amigo, derrotaste a alguien antes de llegar hasta aquí.— Empezó, recibiendo un asentimiento de Sora. — ¿Peleaste con esa persona en tus islas?

— No, de hecho en ese momento estábamos bastantes lejos.

— ¿Entonces has visitado otros lugares?

— Sí, he viajado mucho y he visto muchos lugares diferentes.

— En ese caso... — Tragó saliva antes de hacer la gran pregunta. — ¿Por casualidad no habrás visto... a algún dragón? — ¡Ya esta! Lo había dicho. Cerró los ojos con fuerza esperando escuchar alguna riso o burla pero no escuchó nada de eso.

— ¡Wendy! — Charle gritó molesta —¿Porque le preguntas eso? Es un desconocido.— Se acercó hasta su amiga dispuesta a seguir reprochándola pero la voz pensativa de Sora la frenó.

— Bueno... — Se cruzó de brazos mientras sus mano derecha se posaba en su mentón. — Una vez vi a una criatura que lanzaba fuego por la boca.

— ¿De verdad? — Wendy preguntó esperanzada.

— No lo puedo creer. — Murmuró Charle impactada.

— Si...pero más que un dragón parecía un lagarto.

— ¿Un lagarto? — Preguntó la pequeña mientras ladeaba la cabeza.

— Si...era pequeño y no tenía alas.

— Entiendo. — Dijo soltando un suspiro. Por un momento llegó a pensar que la había encontrado, pero al final fue demasiado bueno para ser verdad.

— Así que estas buscando a un dragón ¿Por qué?.

— Una dragona — Corrigió —. Se llama Grandine... Es mi madre.

— Entien... ¡Espera! ¿Tu madre? ¿Tu madre es una dragona?— Preguntó impactado.

— Me acogió cuando era pequeña y no tenía a donde ir. Además de que ella me enseño a utilizar la magia.

— ¡Oh! Así que fue ella la que te enseño a curar.

— Mayormente si, aunque también me enseño la magia de Dragon Slayer (Matadragones).

— ¿Dragon Slayer? ¿Porque un dragón te enseñaría magia para matar dragones?

— Grandine me dijo que era para que pudiera superar los futuros enfrentamientos de mi vida, aunque nunca entendí a que se refería.

— ¿Y no sabes donde esta?

— No... — Suspiró mientras bajaba la mirada — Desapareció hace siete años de repente y sin decirme nada. La estoy buscando desde entonces pero empiezo a creer no la encontrare nunca.

— No digas eso... — Se detuvo junto a la pequeña y se agachó para quedar a su altura — Estoy seguro de que la encontraras algún día.

— ¿De verdad?

— Sí, seguro que ella también está deseando volver a verte. — Hizo una pequeña pausa para colocar su mano derecha sobre su corazón — Mientras sigáis pensando la una en la otra vuestros corazones volverán a reuniros.

— Sora-san... Gracias. — Habló un poco más animada.

— ¡Vosotros dos! Daos prisa, no tenemos todo el día. — Ambos dirigieron su mirada hacía Charle que seguía avanzando, dejándolos atrás.

— Espéranos Charle. — Gritó el castaño mientras se erguía.— Vamos Wendy.— Después de un asentimiento de esta, ambos se dispusieron a dar alcance a la gata.

El resto del viaje continuo sin problemas y, después de un buen rato caminando, llegaron al pueblo donde conseguirían los suministros que el maestro les había pedido. Sora había decidido que pagaría para agradecer la hospitalidad que le habían dado a pesar de que Wendy protesto por ello, no obstante surgió un pequeño problema a la hora de pagar.

— ¿Que no vale? — Preguntó Sora indignado — ¿Que quieres decir?

— Precisamente eso, no vale. — Contestó el dueño del establecimiento. Un hombre de unos cuarenta años — No sé de dónde has sacado esto muchacho pero no es dinero y dudo mucho que en algún sitio lo acepten como tal.

— Debes de estar de broma — Se cruzó de brazos mientras intentaba hallar una solución —. ¡Ya sé!, ¿hay algún moguri en el pueblo? — Preguntó, quizás podía comprarles a ellos los suministros o quizás negociar un trueque o algo así.

— ¿Pe-Perdón?- contestó el hombre algo descolocado ante la pregunta.

— Ya sabes, moguris — Habló como si fuera lo más obvio del mundo —. Parecen pequeños peluches, llevan un pompón sobre su cabeza, kupó ¿entiendes? ¡Kupó! — Exclamó agitando los brazos y asustando al hombre que ya empezaba a cuestionar las facultades mentales del castaño.

Por su lado, Wendy miraba la escena con algo de vergüenza hasta que su amiga le habló.

— ¿Por qué se lo has contado?— Habló mirando el espectáculo que estaba causando Sora.

— No estoy segura — Respondió con sinceridad mientras se rascaba la mejilla derecha —. Simplemente las palabras empezaron a salir y no pude detenerme.

— No me fío de él. — Admitió, haciendo que la chica de pelo azul la mirara asombrada.

— ¿Por qué? Yo creo que es muy simpático y amable.

— No sabemos nada de él — Replicó —. Podría ser un enemigo.

— Imposible.

— ¿Como lo sabes?— Preguntó mientras dirigía sus ojos hacía los de su amiga — ¿Como puedes estar tan segura?

Wendy sonrió mientras se inclinaba hacía su amiga, como si fuera a contarle un secreto. — Simplemente lo sé. — Murmuró para acto seguido dirigirse donde estaba Sora.

— Que estupidez — Masculló la gata mientras seguía a su compañera.


El sol empezaba aponerse cuando Sora, Wendy y Charle llegaron a cait shelter. Al final fue Wendy quien tuvo que pagar por todo con el dinero que el maestro le había dado y Sora descubrió que los platines no valían para nada en ese mundo.

— Por fin hemos llegado. — Dijo el castaño agarrando con fuerza una bolsa llena de comida mientras miraba hacía el horizonte, donde el sol empezaba a esconderse. —¿Como podéis ir todos los días hasta allí?

— No siempre vamos nosotras — Contestó Wendy llevando otra bolsa —. Siempre van dos personas diferentes casi cada día.

— Además, habríamos ido mucho más deprisa si tu ni hubieras venido. — Añadió Charle mirando a Sora.

— ¡Charle!

— ¿En serio? ¿Cómo? — Preguntó el héroe de la luz con curiosidad.

La pequeña felina se paró a unos metros delante de Sora y Wendy mientras se cruzaba de brazos y elevaba levemente el mentón, formando una pose altanera. Durante unos segundos no pasó nada pero, de repente de la espalda de Charle dos alas blancas emergieron y esta empezó a volar.

— ¡Guau! — Sora tuvo que reforzar el agarre de bolsa para impedir que el contenido de esta acabara esparcido por el suelo.— ¡Charle eres increíble!¡Puedes volar!

— Hmph. — La mencionada levantó un poco más el mentón, orgullosa. Jamás lo admitiría pero haber impresionado a ese estúpido casi le hacía sonreír...Casi.

— Normalmente Charle me lleva volando hasta el pueblo, así vamos mucho más deprisa. — Wendy tomó la palabra sacando al castaño de la sorpresa.

— Entonces... ¿Tu también has volado? — Sora preguntó recibiendo un asentimiento de la muchacha.— Es genial ¿verdad? Yo nunca podre olvidar la primera vez que volé. — Ante esa declaración Wendy ladeó la cabeza en señal de confusión y Charle levantó una ceja con escepticismo.

— Sora-san, ¿puedes volar? — preguntó Wendy incrédula.

— ¡Si!

— Imposible. — La voz de Charle sonaba más molesta de lo normal.

— Es verdad — Se defendió el castaño —. Hace tiempo la hada Campanilla me roció con sus polvos mágicos y...— Charle le cortó antes de que pudiera continuar.

— Estás loco.— Afirmó mientras volvía al suelo y sus alas desaparecían mientras se dirigía a la entrada del gremio.

— ¡No lo estoy!

— Díselo a los moguris. — Añadió con sarcasmo antes de entrar al edificio, dejando a un molesto Sora.

— Se-Sera mejor que entremos, nos estarán esperando. — Wendy, que había preferido no entrar en aquella discusión, habló intentando cambiar de tema.

Sora no dijo nada, simplemente asintió con la cabeza. Había perdido practica volando pero en cuanto lo dominara de nuevo, haría que esa gatita terca y presumida se tragara sus palabras.

Nada más entrar, encontraron al maestro esperando junto a un integrante del gremio.

— Bienvenidos — Saludó Roubaul —. Sora, me gustaría hablar contigo, sígueme.

— Claro. — Sora le dio la bolsa al otro integrante del gremio que, junto a Wendy, se fueron a guardar los suministros, mientras el castaño siguió a Roubaul hasta una pequeña sala.

El maestro se sentó en un cojín que se encontraba en el suelo mientras señalaba otro cojín que se encontraba delante suyo. — Siéntate. — Pidió.

Una vez ambos estuvieron sentados Roubaul habló — ¿Que tal te ha ido con Wendy?

— Bien, es una persona muy agradable.

— Ya... ¿Por casualidad te ha hablado de su madre?— Esa pregunta tomó a Sora desprevenido.

— ¿Grandine? Si ¿A que viene eso?

— Me lo imaginaba.— Pensó con una sonrisa.— Olvídalo. Esto...— Habló al mismo tiempo que cogía un papel que se encontraba entre ambos— es un mapa de Fiore. En él he marcado los gremios más famosos, quizás en alguno de ellos podrías encontrar a tu amigo.

— Vaya, muchas gracias.

— Pero antes... Me gustaría pedirte algo — Hizo una pausa para coger aire —. Me gustaría que te unieras a nuestro gremio.

— ¿Por qué?

— Quiero que formes un equipo con Wendy y Charle. Que tengan a alguien en quien confiar, un amigo.

— No lo entiendo, viven en el gremio ¿verdad?¿Acaso no están rodeadas de amigos?

Roubaul no respondió inmediatamente, cerró los ojos mientras soltaba un largo suspiro.

— No puedo responderte, sé que lo que estoy pidiendo es egoísta y entenderé que no aceptes.—Habló sin abrir los ojos.

— Está bien. — Roubaul abrió los ojos de la impresión.

— ¿De verdad? — Preguntó incapaz de creer que pudiera haber aceptado tan fácilmente.

— Sí... No entiendo muy bien que está pasando, pero es para ayudar a Wendy y Charle ¿no? Así que acepto.

— ¿Y que hay de Riku?

— Estará bien, además sé que nos encontraremos tarde o temprano.

— No me equivocaba contigo, Sora.— Pensó mientras se levantaba.— Esta es una gran noticia, vamos a comunicársela al gremio.

Roubaul no tardó a reunir a todos los integrantes del gremio que no se habían ido de misión.

— Atención, tengo una gran noticia. Hoy es un gran día para nuestro gremio, por favor... Dadle un gran aplauso a nuestro nuevo miembro, ¡Sora!

El gremio entero estalló en aplausos y gritos de bienvenida y, de entre toda la gente, una pequeña de cabello azul se acercó al castaño.

— Sora-san, ¿porque has decidido unirte al gremio?

— Ya sabes, es mejor estar con amigos ¿verdad? Además, creo que seremos un gran equipo.

— ¡Un momento!— La voz alarmada de Charle cortó la conversación entre ambos. — ¿Que quieres decir con eso?

— ¿Tú qué crees? — Preguntó Sora con una sonrisa, disfrutando de la cara de horror de la gata. — Ya veréis, entre los tres encontraremos a Grandine y Riku antes de lo que creéis.

— Wendy, ¿no vas a decir nada? — Charle se dirigió a su compañera esperando que la salvara de trabajar con semejante chalado.

— Sí, Sora-san, esforcémonos de ahora en adelante. — Wendy sonrió sin percatarse de que su amiga estaba a punto de desmayarse.

— Muy bien Sora, permíteme decirte en nombre de todos.— Bebió de una botella.— ¡Bienvenido a Cait Shelter! — Habló si con el liquido aun en la boca, provocando que este se derramara por el suelo.

— ¡Traga antes de hablar! — Gritaron todos los integrantes del gremio.

Fin del capitulo.

Eso es todo por ahora. ¿Te ha gustado el capitulo? ¿No? Cualquier duda, opinión o crítica serán bien recibidas.

Nos vemos.