Basado en E2M1-E2M8. Contiene también la mención a Tower of Babel y una breve explicación.
Desperté, pero al despertar entendí que las cosas a veces, no son como parece.
Aparecí frente a un corredor mientras miles de risas demoniacas se escuchaban detrás mío. A estas alturas todavía me sorprendía que las estructuras del lugar en el que estaba, seguían pareciéndose a las de Phobos. Tras un rato de meditarlo en silencio mientras veía por un ventanal el cielo rojo, comprendí que estaba en la desaparecida Deimos, y que una fuerza infernal era la que estaba detrás de esto.
Sinceramente, yo nunca he sido creyente de esas cosas. Nunca lo consideré necesario. Mi cabeza estaba tan confundida en ese momento que no sabía ni siquiera qué pensar, o quizá todo eso era la única prueba que pedí por años para asegurarme de que existía el cielo y el infierno.
Tras oler el hedor de la carne podrida, decidí avanzar y hacer frente a lo que hasta hace poco eran mis mayores miedos: la carne se descuartizaba en mis manos, mi escopeta volaba cabezas. Todo esto en un festín de asesinato necesario para sobrevivir. Avanzando lugar tras lugar, me di cuenta de que la invasión infernal, había traído a su paso un escenario tétrico en cada rincón: la madera, el mármol y la piedra, reemplazaron todo lo eléctrico que había. Incluso las luces eran ahora reemplazadas por veladoras y candelabros. La carne y la sangre colgaban y escurrían por las paredes y vigas como vil carnicería y los artefactos demoniacos estaban presentes en cada pasillo de ese lugar.
Incluso, comencé a encontrar una mayor resistencia, pues ahora había cráneos flotantes atacándome, otros más de color rojo y los Hell Knight que John me había mencionado, se había hecho cada vez más frecuente encontrarlos. Sin embargo, no todo era malo, pues en una de las excursiones por ese lugar, había encontrado un Fusil de Plasma, lo cual hacía mi misión un poco más sencilla.
Todo era... extraño, pues una parte de mí quería salir de ahí, y otra, consumida en su propia locura, quería quedarse. La idea había pasado ya fugazmente por mi mente antes, pero... ¿Y si los demonios en este lugar se pudiesen doblegar ante mí? ¿Y si no era necesario matarles? ¿Y si pudiera yo entenderles?. Atravesando los pasillos y mientras me convertía en la viva imagen de la muerte de esas criaturas, ese pensamiento no dejaba de rondarme por la cabeza, aunque fuese totalmente inútil, pues ninguno de ellos podía articular palabra y solo se dedicaban a atacarme cada que me veían.
Deseché dicho pensamiento. Rastrear la invasión era mi única misión, pues era lo que me permitiría volver a casa.
Pasadas varias secciones, vi la luz del exterior. A mis pies, imponente, se alzaba una torre gigantesca. Me hizo recordar a la Torre de Babel, una torre construida por humanos en el tiempo en el que todos hablaban una misma lengua. Dios, para evitar el desarrollo de la torre, había hecho que todos los constructores hablaran diferentes lenguas, lo cual provocó que la humanidad se dispersara por la Tierra. O al menos eso recordé de las tantas historias bíblicas que Joseph, un compañero de habitación, me contaba cuando ambos éramos un par de reclutas. Eso me hizo pensar: ¿Y si los demonios estaban construyendo esa torre para conectar Deimos con el Infierno?. La idea no parecía tan mala, pero eso me ponía a mí en un grave peligro. Avancé recorriendo los alrededores de la torre para toparme con la sorpresa de que había un cohete dirigiéndose hacia mí, el cual logré esquivar. Al ver de dónde había salido ese cohete, miré a un minotauro, o al menos eso parecía, pues estaba compuesto de partes robóticas y un lanzacohetes integrado a uno de sus brazos. Era imponente, pues yo calculé que medía aproximadamente unos 5 metros de altura.
—Maldición...
Tras un gruñido inicial, volvió a atacarme, por lo que comencé a disparar con el rifle de Plasma que tenía, sin miedo de perder munición y trazando un camino en zig zag que me permitiese estar un poco más alerta. Uno de los cohetes impactó justo a un lado mío, provocándome quemaduras en la mitad de la cara, por lo que tuve que seguir luchando con el ardor de la quemadura en mi rostro. No podía detenerme, no podía curarme. Hacer ambas cosas significaría el inicio de mi muerte.
La criatura lanzó un rugido final, antes de desvanecerse en una masa de carne y sangre sin forma. Utilizando un par de botiquines logré colocarme un vendaje en media cara para lidiar con mi quemadura, notando un poco de mejoría ante mi malestar. Me levanté del suelo y miré al cielo sin hacer nada más, notando que al pie de la torre comenzaba a formarse un portal. Una parte de mí quería quedarse en ese lugar y morir de inanición, pero otra, tenía curiosidad de saber que se encontraba tras el portal que se había abierto segundos antes. Tomé aire, y estando plenamente consciente de que posiblemente me arrepentiría, tomé mi arma en mis manos y me adentré a dicho portal.
Ese fue mi tercer error, pues ahora no solamente tenía que enfrentar mis temores externos, sino que tenía que hacer frente a los recuerdos y temores que estaban guardados en lo más profundo de mí.
08/01/2018
