Como siempre, demorándome años, lo siento xDDD
Les informo que nos vamos acercando al final, porque el capítulo 5 es probablemente el último de esta historia. Muchas gracias por los reviews y por acudir a este pequeño espacio de negación, donde las cosas son algo más bonitas que en la serie real D:
Sin más que agregar, les dejo las recomendaciones de canciones. Las que recomendé en el capítulo anterior sólo eran para Barry, pero ahora agrego algunas desde el punto de vista de Caitlin y a ustedes les toca adivinar cuáles son (fácil, creo):
Find My Way Back - Eric Arjes
In This Life - Chantal Kreviazuk
I'll Get You - The Beatles
Glad - Tyler Hilton
Falling - Mandy Smith
¡Nos leemos!
—Uno, dos… —contó Caitlin, sosteniendo la nariz de Barry entre sus dedos índice y corazón.
—¡AAAAAAAAAGH! —aulló Barry cuando ella, sin llegar al tres, le enderezó el puente con un brusco tirón—. ¡QUEMA, QUEMA!
Caitlin se alejó de la camilla con una evidente expresión de culpabilidad, mientras Cisco se desternillaba de la risa.
—Es el crujido más asqueroso que he oído —comentó, arrojándole al lesionado una toalla ya manchada de sangre, para que se la volviera a colocar debajo de las fosas nasales.
—¡Lo siento tanto! —se disculpó Caitlin con Barry, juntando las palmas por enésima vez—. ¡Me dijiste que golpeara con todo mi peso!
—¡YA SÉ! PERO, ¿POR QUÉ EN LA CARA? —se quejó él, por primera vez desde que habían dejado el cuarto de velocidad, en el que habían instalado sacos de boxeo y colchonetas para entrenar—. Rayos, Caitlin…
Barry, al verla adorablemente afligida en su ropa de gimnasia de STAR Labs, dio un suspiro lo más hondo que le permitió su hinchada y muy, muy adolorida nariz.
—¿Sabes qué? Creo que me enderezaste el tabique. Puedo respirar mejor ahora —mintió, con voz congestionada—. Y fue un gran puñetazo —agregó, alzando el dedo pulgar.
Caitlin sonrió y extendió su brazo hacia él. Posó tres dedos sobre su nariz y desplegó una leve ola de frío. Barry cerró los ojos en alivio.
—Nuestro primer entrenamiento cuerpo a cuerpo y ya le rompiste la nariz a Barry —señaló Cisco, intentando no lucir demasiado orgulloso delante de su amigo—. ¿Estás segura de que tu musculatura no se ha realzado absorbiendo la energía de la máquina?
—Segurísima —afirmó Caitlin, encogiéndose de hombros—. Nada me salvará de tener que levantar pesas. Ahora sólo estaba cansada, adolorida… y enfadada con Barry por gritarme —agregó, con un dejo de rencor.
—Conseguí que te defendieras —intervino el aludido, sintiendo que por fin su cara estaba dejando de latir—. Casi me incrustas la cara en el cerebro, pero te defendiste.
Caitlin retiró su mano de la nariz de Barry y, con un floreo, materializó una barra de hielo y se la entregó envuelta en una venda.
—Me tengo que ir. Tengo un compromiso y debo llegar a casa a arreglarme —avisó—. Cisco, ¿me llamarás en caso de cualquier eventualidad?
—Oh, sí. ¡Espera!
Cisco salió corriendo del cuarto médico con un dedo en alto y regresó cinco minutos después, cargando un bolso de gimnasio.
—Tu traje —le recordó a Caitlin, dándoselo. Acto seguido, se sacó algo del bolsillo del pantalón—. Y… tu máscara.
—Eh… Cisco —dudó ella, alzando la máscara con forma de mariposa—. Sin ofender, el traje ya parece un vestido en el que enseño un poco más de la cuenta. Con esto voy a parecer salida de la mascarada de Christian Grey.
—Sabía que harías esa conexión —gruñó él, sacándose otra máscara azul más neutra del otro bolsillo—. Ten esta. Es igual a la de Jesse —Caitlin le sonrió al recibirla—.Te llamaré al primer delito menor del que oigamos, para que hagas tu primera salida.
—Eres el mejor, gracias.
Caitlin le revolvió el cabello a Cisco con una mano y salió del cuarto médico.
Barry no pudo evitar notar que no se había despedido de él y, sin hacer mucho circo, salió del cuarto médico detrás de ella.
—Caitlin —la llamó, antes de que se subiera al ascensor.
—¡Barry! Ay… —exclamó, aparentemente concientizándose del olvido.
—¿Necesitas un aventón? Pareces tener prisa.
—Tengo una cita.
Barry sufrió un agudo pinchazo en el pecho al recibir ese nada oportuno disparo y aprovechó que Caitlin lo dejó de mirar para componer su cara.
(N/A: Aquí es cuando todos me gritan por ponerle un interés amoroso XDDD. Sigan leyendo ;D)
—¿Una cita? —repitió, para asegurarse de haber oído bien.
—Sí —confirmó Caitlin, mirando hacia un rincón—. ¿Estás… bien con esto?
—¡Oh! Sí, sí —mintió Barry, formando una sonrisa que ya sabía que ella no se creería—. ¿Con quién?
—Es… alguien de la CCPD. ¿Detective Pearson?
"Un policía… de nuevo" bufó Barry en su mente. Dave Pearson se caracterizaba por ser muy callado y estar siempre enfocado en su trabajo. Era autosuficiente y solitario, tanto que todavía no le asignaban un compañero, y Barry dudaba que alguien se ofreciera como voluntario para soportar sus silencios incómodos. Definitivamente, no era el tipo de sujeto que se imaginara aproximándose a una chica para pedirle una cita.
Aunque Barry no quería arrepentirse de haberle confesado a Caitlin sus sentimientos, hacía ya dos semanas, sentía que había estropeado todo haciéndolo. No podía dejar de pensar en cómo ella había considerado empezar algo con él, fuera lo que fuera, antes de que la pequeña crisis con sus poderes se pusiera en el camino. Quizás habría sido bastante más astuto de su parte comenzar a acercarse de a poco nuevamente, quizás habrían empezado con una salida a un bar y las cosas habrían salido tan bien que ya estarían juntos oficialmente… pero no, la había asustado con una declaración de extra avanzados sentimientos románticos.
No obstante, Caitlin tenía razón en algo que nunca llegó a decirle explícitamente: ambos merecían algo mejor que empezar una relación desnivelada que acabaría arruinando su amistad. Desde el rechazo, Barry se había propuesto descargar sus emociones haciendo cosas que ayudaran a Caitlin a avanzar, y así seguiría haciéndolo. Hubiera otro sujeto o no.
—Lo… Lo conozco. Conozco a Dave un poco —tartamudeó, rascándose insistentemente la coronilla—. Él es… bueno, no sé si es muy tímido o no le caemos bien. ¿Él te invitó?
—Sí, pero Barry…
—Caitlin —la cortó él, tratando de dejar de lado sus propios sentimientos—. Llevabas años escondiéndote en este laboratorio… es tiempo de que tengas una vida. Cisco y yo te ayudaremos en todo lo que podamos… si quieres salvar vidas, te entrenaremos. Si hoy tienes una cita… puedo llevarte —Hasta que no pronunció ese ofrecimiento, nunca pensó que algo pudiera sentirse tan bien y tan mal al mismo tiempo—. Quiero que seas feliz. Y…
Barry se calló y clavó la vista en el suelo, sin saber si Caitlin permanecía ahí para darle la oportunidad de expresarse o porque se sentía algo culpable por irse ahora que él sabía hacia dónde se dirigía. Un intrusivo recuerdo abordó su mente cuando volvió a levantar la vista, intentando que la desesperanza no se le notara en la cara: hacía ya varios años, cuando Iris estaba en la universidad, le había leído en voz alta un corto artículo sobre psicología cognitiva, titulado "El Sesgo Retrospectivo". Este era el fenómeno responsable de que las personas pensaran que había algo que pudieron haber hecho para obtener distintos resultados de una situación, moldeando el recuerdo previo a conveniencia. Eso era exactamente lo que Barry sentía en ese momento, que debió haber notado las señales: Debió saber que estaba tratando a Iris como parte de su plan en la vida y no como una persona, debió detenerse a pensar en todas las veces en que Caitlin lo sacó de un apuro, lo hizo sonreír en las semanas más difíciles de su vida o él se detuvo a verla trabajar por más de cinco segundos. Pero, por sobre todo, no debió dejar al futuro dictar sus acciones. Sus sentimientos por ella, abrumadores como eran, tenían esa característica sorpresiva que sólo intensificaba su frustración: hermosa, imperfecta, socialmente torpe y con ese enorme corazón que ella tenía, la había pasado por alto. Habiéndola tenido en frente tantas veces como aquella, recién la veía.
La frustración sólo crecía cuando se forzaba a recordar que en esos tiempos él estaba enamorado de Iris, saliendo con otra persona o comprometido, mientras Caitlin estaba comprometida, viuda o también saliendo con alguien más. No obstante y pese a todo eso, él siempre percibió que había algo entre ambos a lo que no le estaba poniendo atención. Y, ahora que el corazón de Barry se había abierto a la fuerza a amar de nuevo, el de Caitlin esta zurcido y adolorido. Era como si se hubieran perdido un montón de oportunidades que nunca tuvieron.
Estaban malditos, nunca era el momento.
—Tú tenías razón: estaba desbordado de afecto por lo que había pasado —declaró Barry, lacónico—. Estaba sintiendo demasiado en ese momento, por lo cercanos que somos, y he llegado a la conclusión de que todo lo que dije fue producto de eso —continuó, con la mentira carcomiéndole la boca como ácido—. ¿Podemos olvidar que alguna vez dije todo lo que dije en tu departamento?
—Por supuesto —respondió Caitlin, antes de que él terminara de formular la pregunta—. Me di cuenta de eso, por eso te dije que lo pensaras…
—Bueno, seguí tu consejo y esos… sentimientos de los que te hablé ya no están.
Caitlin tragó saliva y bajó la vista. Sus pupilas se tornaron blancas y se asentaron en azul. A Barry le costó mucho no atribuirlo a lo que acababa de decirle.
—¿Estás bien? —le preguntó, por si las dudas.
—Sí, sólo necesito recargarme antes de irme… como el refrigerador humano que soy —rió, con la voz algo ahogada.
—No me refiero a eso. Me refiero a la tristeza.
—¿A quién engaño, Barry? —explotó Caitlin, blandiendo con brusquedad la máscara que aún no guardaba en el bolso—. La gente sabrá que soy yo… ella.
—Nos hicimos cargo de ello, ¿recuerdas? Borramos las cámaras de seguridad y tu… su archivo —Barry se acercó unos pasos, pese a lo pesado que sentía el pecho después de mentirle—. Dave Pearson apenas llegó a la CCPD este año, desde Coast City… puede que ni haya oído hablar de ella. Además, ya no luces así… nadie lo sabrá.
Caitlin no tuvo que decir nada para que Barry adivinara lo otro que le estaba preocupando: el pensar que, conociera a quien conociera, tendría que ocultarle el 90% de su vida.
—Oye —le dijo Barry, acercándose del todo.
Cuando Caitlin no lo miró, Barry encontró la excusa perfecta para tocarla, levantándole el mentón con los dedos. Intentó que la sonrisa que se le escapó no se agrandara al verla tan cansada.
—Siento que le estoy mintiendo a todos cada vez que salgo de aquí en ese traje —musitó, haciendo un gesto con la cabeza hacia el córtex—. La gente podría sospechar que tú fuiste Killer Frost, tal vez, pero verán a una criminal redimiéndose... a mí me siguen viendo igual que siempre, sin saber que creé Flashpoint y que tal vez cambié sus vidas para peor. Incluso soy la razón de que hicieras esas cosas —Barry bajó la cabeza. Siempre se aseguraba de evitar la mirada de Caitlin cuando recordaban eso—. La cosa es… la gente juzgará con o sin saber, y en ambos casos pueden estar igual de equivocados. Nadie excepto nosotros podemos decidir qué nos define… pero estoy seguro de que no son nuestros errores.
—Esa es mi más y, a la vez, menos favorita característica tuya —comentó Caitlin, sonriente e ignorando la palma que Barry acababa de posar en su mejilla—: Siempre sabes qué decir.
—¿Menos favorita porque…?
—Dejas al otro sin saber qué decir.
—Sólo di "Barry, estoy atrasada para mi cita, por favor dame un aventón" —contestó Barry, sintiendo que iba a escupir un pulmón por el esfuerzo—. Oye.
Esta vez, él le enderezó el rostro con ambas manos para que no lo dejara de mirar. Caitlin se lo agradeció con otra sonrisa y un ligero roce de sus dedos en las manos sobre su rostro.
(N/A: Ya que el fic está escrito desde el punto de Barry, él no puede describir que aquí ambos están teniendo uno de esos clásicos y eternos Snowbarry "eye sex" que ya hemos visto en la serie. Por fortuna, me tienen a mí para decirles :D)
—Con una condición —propuso Caitlin, sin alejarlo de ella—. No quiero que vuelvas a decir que lo que me pasa es tu culpa.
—Pero…
—Te perdoné hace tanto tiempo, Barry. Tienes que perdonarte a ti mismo. Además, si algo me han enseñado estos últimos dos años, es que soy bastante dura —Se dio un golpecito en el pecho, ya sin rastro de falsedad en su sonrisa—. Me gusta.
—Siempre has sido la más valiente de todos nosotros —concedió Barry.
—Tú sabes que quiero que seas feliz también, ¿verdad? —Algo extraño sonó en su voz, como si quisiera llorar y estuviera manejándose muy bien para no hacerlo—. Tan feliz que llegue a ser molesto… ya sabes, como lo fuiste hace dos años.
—¿Quieres decir brevemente?
Barry se rió cuando ella pareció querer disculparse, para hacerle ver que sólo bromeaba. Ninguno de los dos se había dado cuenta de que habían ido acortando de a poco la distancia y sus narices estaban sólo unos pocos centímetros. Las azuladas pupilas de Caitlin recorrieron la cara de Barry hasta alinearlas con las de él, mientras ambos escuchaban atentamente sus respiraciones alteradas. Ella rompió ese silencioso e íntimo contacto y se alejó un paso para que Barry dejara caer sus manos de su rostro.
—Siempre te las arreglas para estar muy cerca de mí cuando estoy al mínimo —comentó, sin ignorar la situación—. Llevo una semana sin entrar a la máquina y he usado mis poderes todos los días.
—Oh, claro… tu recarga. El efecto de ese armatoste sí que dura, ¿eh? —balbuceó Barry, dando un paso para entrar al ascensor y golpeándose el hombro contra las puertas cerradas. Caitlin disfrazó la risa con otro carraspeo—. Olvidé el botón —rezongó, oprimiéndolo.
Cuando el ascensor finalmente llegó, balanceó su brazo hacia el interior para que la doctora pasara delante de él.
—Entonces… ¿ya estás bien y en vías de superación? —inquirió Joe, en el salón de tiro de la CCPD, bajando su arma después de dar tres limpios en el blanco.
—¡POR SUPUESTO QUE NO! ¡ME ESTÁ MATANDO! —gritó Barry desde la cabina de al lado, haciéndose oír por sobre los cinco furiosos disparos fallidos que acababa de dar a su blanco. Al finalizar, se quitó las gafas protectoras y se volteó hacia su padre adoptivo con un suspiro—. ¡No puedo creer que no fui su primera opción para salir ahora que solucionamos su problema! Ni siquiera conoce a Dave. Diablos, ¡ni siquiera nosotros conocemos a Dave! ¿Qué pasa si es genial? O peor: ¿qué pasa si es un imbécil? Apenas la vio una vez aquí y ya la invitó a salir y… ¿por qué nunca me dijiste que esto era tan liberador? —preguntó, con una fuerte exhalación, al darse cuenta de lo bien que le había sentado la vibración de la pistola en sus manos y el gritar un poco.
—Entonces recuérdame, ¿por qué rayos la llevaste a su cita con Dave? —Joe vació su arma de su última bala. Barry, quien ya se había quitado las orejeras, dio un saltito—. Y no me digas 'porque la amas'.
—Pero esa es la razón —rezongó, con un dejo grosero—. Quiero que sea feliz, esa parte es verdad. Quiero hacerle las cosas sencillas, apoyarla.
—Tú también puedes hacerla feliz.
—No, ahora mismo lo único que puedo hacer es respetarla —Barry agarró una botella de agua y se sentó en la orilla de la ventanilla de su cabina de tiro—. Esto es nuevo para mí… me odio de sólo pensar en insistir y no estoy esperando nada a cambio. Con Iris… habría dado lo que fuera porque mirara. No podía decir que no a nada, con la esperanza de que alguna vez las cosas cambiaran… pero, con Caitlin, odio la idea de que siquiera se corte con un papel —Recordó, algo avergonzado, cómo había puesto algo nervioso a Cisco para que adquiriera materiales más resistentes para sus trajes. Específicamente cuando empezó a trabajar en el de Caitlin—. YO traje toda esta locura a su vida. Soy responsable de todas y cada una de las tragedias, empezando con Thawne haciéndose pasar por Wells. Y hay algo en la forma en que no me necesita que me hace querer sentirme aún más útil. Caí tan bajo cuando estábamos lidiando con Savitar que aprendió a no recurrir a mí. ¿Te das cuenta?
—No voy a ahondar en qué tan diferentes eran las cosas en ese entonces, porque no te va a gustar lo que te voy a decir —le advirtió Joe y Barry, por primera vez en su vida, se arrepintió de abrirse tanto con él. Este era un tema muy delicado que habría deseado poder hablar con Cisco, el único cercano que no estaba emparentado con su ex—. Pero ahora mismo, en el presente, estás cometiendo autosabotaje. Estás en un tira y afloja contigo mismo, no…
Barry se alivió de oír la alarma de emergencias de su celular y, al consultar la pantalla, se encontró con un aviso de robo de bancos. Apenas despidiéndose de Joe, se apresuró hacia el Banco de Central City.
Se sorprendió mucho cuando, al detenerse en la puerta de entrada del banco, se encontró con que Caitlin ya estaba ahí, medio escondida detrás de un pilar. Era la primera vez que la veía en completo modo superhéroe y no pudo no sonreírle con todos los dientes.
—¿Cómo llegaste tan rápido? —preguntó Barry, mirándola de arriba hacia abajo con una ligera carcajada de júbilo.
—Estaba en el restaurant de ahí —le recordó ella, señalando con la cabeza el lugar donde Barry la había dejado dos horas atrás—. Una de las cajeras activó la alarma silenciosa en cuanto los vio entrar. Están limpiando la bóveda y deberían salir en cualquier momento. ¿Cuál es el plan? —agregó.
—No voy a mentir: los robos son algo fácil de atender. No tenías que abandonar a Dave.
—Te dije que estaría aquí
Caitlin salió de detrás del pilar cuando los dos ladrones salieron del banco, cada uno empuñando una bolsa en una mano y un arma en la otra.
—Oye, la convención de Game of Thrones no comienza hasta Julio —rió uno de ellos, señalando a Caitlin.
—Cisco, ¡te lo dije! —se quejó Caitlin, tocando el intercomunicador en su oreja.
—Rayos, creí que no lucirías tan Tangaryen sin el cabello blanco —oyó Barry decir a Cisco desde STAR Labs.
—¿Podrías dejar de intentar vestirme como tus protagonistas femeninas favoritas?
—Relájate, cuando regreses acortaré la chaqueta un poco.
—Chicos… —intentó interferir Barry.
Miró de reojo a los asaltantes, esperando a que Caitlin dejara de discutir con Cisco, porque quería que participara en la captura.
—Aunque luce genial —comentó el otro ladrón, encogiéndole los hombros a su compañero.
—¡GRACIAS! —exclamó Barry, compartiendo un milisegundo de complicidad masculina con el asaltante. Luego, se giró hacia Caitlin—. ¿Ves? Te ves genial.
Aprovechando ese minuto de distracción, los dos maleantes levantaron sus pistolas. Barry se adelantó hacia ellos y regresó junto a Caitlin en milésimas de segundo, con ellas en sus manos. Dando un grito, ambos echaron a correr calle arriba, empujando a quienes se cruzaran en su camino.
—¿Están… corriendo? —inquirió Caitlin, inocentemente anonadada ante la estupidez humana.
—Sip —suspiró Barry, cruzándose de brazos y apoyándose de espaldas contra el pilar que tenían detrás—. Los ladrones de bancos no son los más brillantes adversarios, siempre intentan correr. Y deberías ver cuando Kara los atrapa, se gastan todas sus balas intentando dispararle.
—¿Qué estás esperando? Los vamos a perder.
—No si tú me ayudas —Le guiñó un ojo, para hacerle ver que sólo estaba intentando extender el ejercicio lo más posible—. Supongamos que en este momento sucediera algo que no me permitiera ser lo bastante rápido…
—Oh no, no esa canción otra vez… —interrumpió su compañera, llevándose los dedos al puente de la nariz.
—Déjame terminar, mujer —le dijo Barry, ladeando la cabeza con impaciencia al oír a Cisco riéndose en su oído—. Supongamos que necesito un pequeño impulso para atraparlos a tiempo…
—No eg pog nagda… —terció Cisco, quien de seguro tenía algún dulce en la boca— pero van a desaparecer de la vista en tres, dos, uno…
Barry se puso en posición de carrera y se volteó hacia Caitlin.
—'Beam me up, Scotty' —recitó, retrocediendo un par de metros a súper velocidad.
—¿Qué? ¡Oh, cierto! —recordó Caitlin, a tiempo, estirando sus brazos hacia el suelo.
Balanceando sus brazos hacia adelante y hacia atrás, Caitlin creó un camino de hielo lo más largo que pudo delante de sí y, cuando Barry regresó corriendo, se deslizó sobre él para impulsarse y llegar aún más rápido hasta donde estaban los ladrones del banco subiéndose a una camioneta.
—Sabía que ustedes dos eran trekkies —se quejó Cisco, por el intercomunicador. Barry pudo imaginárselo con la palma sobre la cara—. ¿Por qué no 'Halcón Milenario a la Velocidad de la Luz' o algo?
—Porque vimos Star Trek antenoche en el laboratorio —respondió Caitlin por el intercomunicador, con un resoplido.
—¡¿SIN MÍ?!
—¡Bastó una llamada de Gypsy para que no regresaras de Tierra-19 en dos días! Estábamos aburridos.
Barry, rodando los ojos ante la discusión, volvió a desarmar a los asaltantes, quienes habían extraído dos armas más de su camioneta. Usando un cable que tenían en la parte trasera del vehículo, los ató sin mayor violencia y los regresó a rastras hasta la entrada del banco, donde varios autos de policía ya estaban estacionados.
—Buen trabajo —le dijo Barry a Caitlin, haciéndose oír por sobre las sirenas, una vez que entregó a los asaltantes y el dinero a los policías.
—No hice nada —contestó Caitlin, encogiéndose de hombros—. Pero fue muy divertido.
—Ya sé que puedes manejar situaciones más peligrosas, pero tener práctica exterior que no involucre gente intentando matarnos es un alivio.
—Oh, no.
Barry se volteó al ver a Caitlin tensar los dientes y cambiar sus ojos de color bajo su máscara. Justo cuando pensó que algo andaba mal, se dio cuenta de que era simplemente porque el Detective Dave Pearson, con quien Caitlin acababa de tener una cita, había llegado junto a ellos. Siguiendo el ejemplo de protección de identidad de su amiga, Barry vibró su rostro.
—Gracias, Flash —dijo el hombre y, fijándose en Caitlin, añadió:—. Y…
—Frost —respondió Barry vibrando sus cuerdas vocales, para salvar a Caitlin de tener que usar su voz.
—¿Eres algo así como la Green Arrow de Central City?
—¿Perdón? —inquirió Caitlin, intentando colocar su antigua voz de Killer Frost.
El falsete grave que le salió resultó tan inesperado que a Barry se le escapó una risa ahogada. Caitlin le dio una patadita en el tobillo.
—Tú sabes: Arrow era un vigilante y un criminal… y, cuando murió, Green Arrow tomó su lugar redimiendo todos sus pecados —explicó Dave, encogiéndose de hombros y agitándose con cierta emoción. Barry arqueó una ceja. Nunca se habría imaginado que el tipo tenía una faceta fanboy—. Hubo una criminal suelta hace casi dos años… Killer Frost, ¿verdad?
—Redimir los pecados de Killer Frost, que en paz descanse, es exactamente lo que estoy haciendo —contestó Caitlin, con el mismo sonsonete.
Caitlin evitó intercambiar una mirada con Barry, pero era bastante obvio que ella también estaba pensando en la ironía: el ex Arrow, Oliver Queen, seguía vivito y coleando, al igual que la ex Killer Frost.
—Ya perdimos nuestra mesa en el restaurant. ¿Te gustaría ir a tomar algo de helado? —le preguntó Dave a Caitlin, cuyos ojos retornaron al café de la pura sorpresa—. Oh, vamos, Caitlin. Ambos recibimos la notificación del robo al mismo tiempo. Saliste corriendo y ni siquiera te molestaste en cambiarte el peinado al ponerte ese traje.
—Puedo… explicarlo —intentó Caitlin, sin mirarlo. Estaba más enfocada en disculparse silenciosamente con Barry por semejante torpeza.
—No tienes qué —la tranquilizó el policía, quien se volteó hacia Barry—. No te preocupes, hay una razón por la que llevan máscaras, lo entiendo. Sus identidades no son información relevante para mis reportes.
—Gracias, detective —dijo Barry, sin dejar de vibrar su rostro y sus cuerdas vocales.
Dave le ofreció la mano y Barry se la estrechó.
—Mira nada más: Flash —suspiró, dándole un golpecito al emblema en el pecho de Barry—. Espero que no seas guapo bajo esa máscara —agregó, en un susurro.
—Lamento interrumpir, Dave —rió Caitlin, tomando el brazo de Barry—. Pero sería bueno que Flash me sacara de aquí para poder cambiarme.
—Oh, sí, sí. Claro. Te veré en la entrada del restaurant.
—¿Estás seguro? —comenzó Caitlin, alzando manos para elaborar un poco de vapor blanco. El policía frunció el entrecejo al ver sus ojos cambiar de color otra vez—-. No sé si procesaste… pero soy una metahumana.
—¿Y? —Se encogió de hombros—. No es como que no estemos rodeados de ellos.
Habiendo hecho ese corto, pero poderoso comentario, Dave se giró y cruzó la calle.
—Vaya. Me agrada —le comentó Barry a Caitlin, pese a que admitir dicha verdad le dio náuseas—. Es genial, no tendrás que mentirle.
—¿Estás molesto conmigo? —preguntó Caitlin en cambio, preocupándose muy poco por lo que él mencionaba.
—Claro que no. Está con la CCPD. Nuestros policías son algo mejores que los de Star City en admitir que necesitan nuestra ayuda. No les conviene delatarnos —Barry sonrió al ver el alivio instantáneo en el rostro de ella, a través de la máscara—. Y dijo la verdad, no es exactamente un chismoso… aunque espero que sí esparza eso de que Killer Frost está muerta.
Sabiendo que le sería mucho más difícil dejarla ir con Dave si seguían hablando por más tiempo, Barry se aproximó a Caitlin y la transportó a súper velocidad al lugar donde ella le indicó que había dejado su ropa.
Los siguientes días transcurrieron de una forma parecida y rutinaria: Barry y Cisco se turnaban para sacar a Caitlin a rondas, cosa de que aprendiera a sincronizarse con ambos, lo cual no resultó muy difícil.
Ese día en particular había sido un verdadero éxito, cuando unos trabajadores accionaron por accidente unos explosivos en un puente. Caitlin, superándose a sí misma, había logrado prevenir que el puente se cayera congelándolo casi por completo, dándoles tiempo a Barry y a Cisco de sacar a los pasajeros de la veintena de autos que estaban en el tráfico antes del accidente, la mayoría de los cuales se encontraban atrapados entre escombros o con las puertas trabadas.
Habiendo comprobado que todos los heridos estaban en ambulancias y de camino al hospital, Caitlin se retiró a su departamento para descansar, mientras que Cisco seguía a Barry de regreso a la CCPD.
—Vamos, Barry.
—Cisco, ya te lo dije: no hay nadie —respondió Barry, por enésima vez, bajando los pies de su escritorio.
—Oh, te conozco, mosco —insistió Cisco, señalándolo con un lápiz desde el viejo escritorio de Julian Albert—. Estás deprimido. No se-acabó-el-mundo deprimido como ya te he visto… pero ya no recuerdo el último viernes en la noche que saliste conmigo, porque últimamente siempre te vas del laboratorio a casa y de casa al laboratorio… ah, y no creas que no noté tu playlist de Dashboard Confessional.
Barry se apresuró a tocar la pantalla de su computadora para cerrar el iTunes.
—Cisco…
—Barry, no darte una segunda oportunidad en el amor me parece algo extremo. Ya dame detalles —lo instó él—. No te cierres, quizás te vendría bien un consejo.
—Já, ¿tú quieres aconsejarme? —bufó Barry, poniéndose de pie para ordenar unas carpetas en su archivador.
—Auch. Ahora ya no estoy tan seguro —declaró Cisco, ofendido.
—Incluso si hubiera alguien, el estar deprimido significa que no está funcionando, que la chica en cuestión no me hace ningún caso o que está viendo a otro tipo —Si bien no podía contarle a Cisco nada, le había molestado que interpretara tan mal sus silencios. Habría dado un brazo porque su amigo pudiera leerle la mente o adivinara lo que pasaba, sin que él tuviera que faltarle el respeto a Caitlin—. De lo que menos querría hablar sería de eso.
Una vez que Cisco se rindió en lo de intentar indagar en la vida amorosa de Barry, Dave Pearson apareció con otro par de carpetas bajo el brazo.
—Allen, qué bueno que sigues aquí —comentó y, echándole una ojeada a Cisco, añadió: — Oh, hola.
Cisco, quién tenía la tapa del lápiz en la boca y estaba dibujando un bosquejo sobre el escritorio, le hizo un torpe gesto con la mano.
—¿Qué necesitas, Dave? —inquirió Barry. Desde que Caitlin salía con él que se le formaba una sonrisa algo exagerada cuando lo veía.
—Necesito hablar contigo —respondió, apoyando sus manos sobre el escritorio de Barry—. En privado —especificó, inclinando la cabeza hacia Cisco.
—Oh, claro. Lo siento —dijo Cisco, colocándose en pie y yendo hacia la puerta—. No he terminado contigo —gesticuló con los labios, antes de cerrar la puerta tras de sí.
Barry alzó los ojos al techo, regresó a su silla y le solicitó al policía que tomara asiento frente a él.
—Soy todo oídos.
—Ya sé que tú eres Flash —disparó Dave, sin anestesia.
Barry se llevó una mano a la garganta e hizo como que se la rascaba, para poder tragar saliva sin que se le notara. No era como si pocas personas supieran su identidad, así que ese era un shock para el que estaba acostumbrado y que se sentía capaz de manejar sin mayores consecuencias.
—¿Qué? —rió, agarrándose el estómago—. ¿Me has visto? Apenas puedo levantar una mancuerna.
—Deja eso, Allen —se exasperó Dave—. Lo sé de buena fuente.
—¿'De buena fuente'?
Dave consultó su reloj y repartió miradas nerviosas por la habitación, como si Barry lo estuviera haciendo perder valioso tiempo.
—Caitlin —dijo, cuadrando los hombros—. ¿Quién más?
—¿Qué? —inquirió Barry, negándose a creerlo—. Caitlin jamás, jamás te diría eso.
—Gracias por confirmarlo —Dave hizo un pequeño guiño al ver a Barry caer en la cuenta de su error, frotándose la frente con la palma—. No tuvo que hacerlo… cuando continuamos con nuestra cita, esperaba que se sintiera en la libertad de contarme cómo era trabajar con Flash. Imagina mi sorpresa cuando, en lugar de eso, no habló de otra cosa que de su buen amigo Barry Allen —Pese a la preocupación, las comisuras de los labios de Barry se extendieron al máximo, como jaladas por hilos—. No hace falta ser un genio para unir esas piezas.
Barry, preocupado de que se avecinara una negociación, se sentó bien derecho en su silla para no lucir intimidado.
—¿Qué quieres de mí? —preguntó, sin rodeos.
—Tu ayuda —respondió el policía, dejando las tres carpetas que llevaba sobre el escritorio entre ellos y deslizándolas hacia Barry—. Tres casos que no llegué a resolver en Coast City.
—¿Debo asumir que, si digo que no, les dirás a todos quién soy?
Barry se sintió horrible por estar deseando contarle ese supuesto chantaje a Caitlin cuanto antes.
—¿Qué? No seas ridículo. Ya te lo dije: no me importa quién sea Flash —explicó, entre susurros—. Esto no es un 'si no me ayudas, les diré a todos que eres Flash', es un 'sé que puedes ayudarme porque eres Flash'.
Barry arqueó las cejas y entornó los ojos, fastidiado por las dos posibles situaciones: Si Dave estaba coaccionándolo, podía sentirse libre de odiarlo. Pero, si no, entonces no tenía ninguna razón para que no le cayera bien y eso, inmaduro como sonaba, le resultaba intolerable.
—No te preocupes. Sólo soy nuevo y observador, no tengo malas intenciones —continuó Dave, animadamente, sin renunciar a la misión de ganarse la confianza de Barry—. Las personas que constantemente los rodean ya están muy acostumbrados a ustedes como para siquiera imaginarlo, pero yo crecí con los cómics de Jay Garrick y sé una cosa o dos sobre superhéroes.
—¿Los cómics de Jay Garrick? —inquirió Barry, contrayendo la cara por la sorpresa.
—Sí —Dave agitó los puños como un niño—. Creí que te llamabas 'Flash' en honor a él.
Barry se quedó con la boca abierta, mientras decidía si expresar o no su sorpresa. No quería ni imaginarse la reacción geek de Dave si llegaba a enterarse de que Jay Garrick existía en otra tierra.
—Justo cuando pensé que las cosas no podían ponerse más raras… —comentó finalmente.
—Estoy seguro de que esto no tiene nada que ver, pero si crees que intento vengarme porque las cosas no fueron bien entre Caitlin y yo…
Barry, quien se iba a parar de su silla para tomar su abrigo y librarse de su colega, se detuvo en seco.
—Para —le indicó a Dave, con una palma en alto—. ¿Qué quieres decir con que las cosas no fueron bien entre Caitlin y tú? Creí que ustedes seguían saliendo.
—¿Qué? Nunca tuvimos una segunda cita —aclaró Dave, confuso—. Le dije que me parecía que tenía asuntos que resolver, y que tal vez era mejor si no la volvía a llamar. No es como que ande buscando algo serio, pero claramente ella venía con mucho equipaje.
—¿Qué quieres decir?
Barry se puso algo defensivo, al imaginarse a Dave como un idiota al que no le gustaba salir con viudas. Más le valía cuidar mucho lo que diría a continuación.
—Wow, veo que aún no los resuelve —murmuró para sí mismo.
—¿Qué quieres decir? —repitió Barry, comenzando a enfadarse.
—Quizás no debería…
—¡Dave!
—¿Quién lo diría? No eres rápido para todo —se sorprendió este, ante lo cual Barry alzó los ojos al techo. Definitivamente, el tipo le caía mejor cuando era callado—. Allen, una chica sólo habla tanto de ti cuando eres su hermano (N/A: lololol no me aguanté XD) o cuando está… no lo sé, ¿nunca has pensado que tal vez le gustes?
Barry dejó caer la expresión de su rostro por dos milisegundos, frenándose a tiempo de mostrar semejante vulnerabilidad frente a un extraño.
—Estoy seguro de que también habló bastante de Cisco —musitó, malhumorado.
—¿Vibe? Sí, lo hizo —confirmó Dave. Barry intentó no rechinar los dientes al darse cuenta de que el secreto de los tres ya estaba completamente fuera de STAR Labs—. Pero él sería el hermano, en este caso.
Dave esbozó otra sonrisa deductiva que volvió a despertar en Barry una necesidad de amenazarlo con encerrarlo en la tubería del acelerador de partículas. Parecía ser honesto en sus declaraciones, pero experiencias pasadas le estaban dificultando creerse esta amabilidad tan repentina… o, simplemente, Dave le estaba sugiriendo algo con lo que no quería ilusionarse
—Bueno, no es de mi incumbencia —concluyó Dave, al ver que ya se estaban desviando del tema.
—No, no lo es —concordó el forense, ahora sí logrando llegar hasta su perchero para tomar su abrigo y su maletín—. Debo irme. Te veo el lunes.
—¿Entonces me ayudarás?
—Sí, te ayudaré —Barry atravesó el pasillo lo más rápido que le permitieron las piernas—. Ahora cállate —agregó en voz baja, una vez que estuvo lo bastante lejos.
Barry no se puso a correr a súper velocidad hasta que estuvo fuera de su laboratorio. Se sintió algo mal por haber abandonado a Cisco, pero no quería ser arrastrado a ningún tipo de situación social esa noche.
Cuando se dispuso a virar por la esquina que de inmediato lo encontraba con la calle de su departamento, vio las luces y los edificios encogerse y desaparecer, como si el espacio fuera una hoja que acababan de doblar en dos. Al detenerse en seco, se encontró a sí mismo de pie frente a STAR Labs. Su chaqueta se había prendido fuego y tuvo que arrojarla al piso, donde acabó de consumirse.
Resignado, se llevó los dedos a las sienes y dio un malhumorado suspiro.
—¿Esto alguna vez parará? —preguntó al aire, como esperando que la fuerza de la velocidad le contestara. Esta vez, sin ninguna necesidad de esforzarse o verla, supo de inmediato que Caitlin había retornado al edificio para seguir entrenando, pese a que Barry y Cisco le insistieron con que necesitaba dormir—. Por Dios, si será cabeza dura…
Barry corrió hacia el interior y se detuvo unos metros antes de la puerta del cuarto de velocidad, para que Caitlin oyera sus pasos y no se asustara.
—Hey —la saludó Barry, al asomarse hacia el interior.
Caitlin se retrajo al agitar la mano con la que acababa de golpear el saco de boxeo, como si le avergonzara que él la hubiera descubierto entrenando sola.
—Es viernes en la noche, boxeadora. ¿Qué haces aquí? —le preguntó, llegando frente a ella.
—Recuerdo a Henry llamándote así —comentó Caitlin, en respuesta—. "Boxeador".
—Sí —Barry asintió con un suspiro, complacido de que captara la referencia—. Y así y todo sigo recibiendo palizas… desearía que Eddie siguiera por aquí para entrenarnos en combate básico a los tres.
—Bueno, si no progresamos… Cisco y yo siempre podemos pasar unas semanas en Star City.
—¿Con Oliver? ¿Estás loca? Eso es como el campamento militar —Riendo, Barry se aproximó hacia Caitlin y, colocándose innecesariamente cerca, le rodeó la cintura con los brazos por detrás—. Con todo tu cuerpo, ¿recuerdas? Este —Le enderezó las caderas con un lento y prolongado tirón— es tu centro, y tus golpes —Posó su mejilla contra la suya y sonrió para sí mismo cuando la oyó contener la respiración y la sintió tensarse. Por más que intentó alejarlas, las sospechas de Dave resonaban en su mente. A continuación, tomó una de sus muñecas y la llevó hasta sus costillas— salen del interior…
Caitlin se giró sorpresivamente y Barry llegó, apenas, a frenar un puñetazo dirigido a su estómago a tiempo.
—Creí que habíamos dicho 'sin poderes' —protestó, cuando Barry también frenó el golpe que ella intentó dar con su otra mano.
—Tú hiciste trampa primero —la acusó Barry y, como ya había sospechado, ella puso cara de incomprensión—. La semana pasada.
—No, no los usé.
—Oh, sí. Sí lo hiciste —Él jaló de la muñeca de ella y la alzó a la altura de su vista—. No te diste cuenta, pero fue justo después de que dije que tenías el impulso de un hámster y que ni siquiera estabas intentando —Caitlin frunció el entrecejo ante el recuerdo—. Tu mano estaba congelada en sólido, así fue como rompiste mi nariz… pero, por más contento que esté de que hayas aprendido Puño de Hielo y ya seas un Pokémon de alto nivel —Se cortó luego de su propia broma, contagiado por la risa de ella— te debo una disculpa.
—Barry, estaba bromeando con lo de Star City. No te tienes que disculpar…
—Ya sé. Es sólo que no quiero que pienses que tienes que ser una guerrera o algo… sólo me pone algo ansioso que alguien pueda tomarte por sorpresa. Los ataques a distancia son lo tuyo.
Barry, como tantas incontables veces, tuvo que verla alejándose de él con una expresión de tedio.
—Ya es suficiente —impuso Caitlin, cruzándose de brazos—. ¿Qué estás haciendo?
—¿A qué te refieres?
—¿Por qué eres tan amable conmigo?
"Uh oh" pensó Barry.
—Siempre he sido amable contigo —le recordó, haciéndose el santo tarado—. Somos amigos.
—No como ahora —insistió Caitlin—. Estás demasiado atento e incluso condescendiente.
—Te enfadé lo suficiente como para que usaras tus poderes. Disculparme es lo menos que puedo hacer.
—¿Qué estabas haciendo aquí tan tarde?
Barry sabía que explicar u omitir el cómo sabía que Caitlin estaba en el laboratorio sería igual de extraño pero, ya que lo primero le significaba exponerse respecto a los sentimientos que ya había negado esa mañana, optó por decir una verdad parcial.
—Quería ver… cómo estabas —balbuceó, arrugando el ceño casi involuntariamente ante su pobre excusa.
—¿Ves? Eso es exactamente a lo que me refiero —continuó Caitlin, descruzándose de brazos y golpeándose los muslos con las palmas—. ¿Por qué de pronto aparecieron tantas atenciones y consideraciones?
—Lo hago porque quiero.
—Eso no es suficiente.
Barry, contra todo pensamiento racional en su mente, sintió un ligero fuego en la boca del estómago, que reconoció como creciente ira. O sea, no sólo había tenido que tomarse bien el que Caitlin lo rechazara en dos ocasiones y verla salir con uno de sus compañeros de trabajo sino que, ahora que casi había llegado a la aceptación y las cosas comenzaban a sentirse un poco como antes, ella se empecinaba en volver a complicarlo todo.
—¿Por qué crees que lo hago? —disparó Barry, preparado para que las cosas tomaran el rumbo que tanto temía—. Digo, si te inquieta, es porque tienes alguna teoría.
—Te sientes culpable por Flashpoint —aventuró Caitlin—. Estás intentando arreglar nuestra amistad y poniéndome un poco incómoda en el proceso, porque no es natural… incluso llegaste a pensar que estabas enamorado de mí —añadió, con un bufido—. No necesito esa clase de protección: puedo cuidarme a mí misma.
"¿Es en serio?" pensó Barry, enojado. Sabiendo que se pondría a gritar si respondía de inmediato, ganó tiempo frotándose las sienes con las palmas de las manos.
—¿Así es cómo crees que opera mi afecto por las personas? ¿Qué sólo estoy ahí cuando siento que les debo algo? —inquirió, entre risas de frustración—. Caitlin, me has visto salir disparado en un traje rojo prácticamente cada día desde que nos conocemos para salvar a gente cuyos nombres desconozco y, aún así, ¿sospechas que tengo razones de fondo para ayudar a mis propios amigos?
—Whoa. Eso no es lo que quise decir —lo paró Caitlin, ambas manos delante de sí.
—No, tienes razón: tal vez no quisiste hacer ese tipo de generalización —Barry se tomó un descanso de cinco segundos para decidir qué decir a continuación. Se llevó ambas manos a la coronilla y se despeinó el cabello, que le quedó apuntando en diferentes direcciones—. Es mi afecto hacia a ti, específicamente, el que no te tomas en serio y no puedo entender por qué.
—¡Soy yo la que no puede entender que todo este 'afecto' surgiera ahora! ¿Qué pasa, Barry? ¿Hay algo mal conmigo que no sepa?
—¡No! No…
—Entonces, ¿qué pasa?
—No es que no seas capaz de cuidarte sola. Soy yo quien se preocupa demasiado.
—¿Por qué?
—¡Porque estoy enamorado de ti!
Barry se sintió como un completo idiota y se enfadó aún más con Caitlin cuando la vio llevarse las manos a la cintura y darse una pequeña vuelta en su lugar, mordiéndose el labio con desaprobación. De pronto lucía muy obvio que su intención había sido sonsacarle la verdad desde que esa discusión había comenzado.
—Ahí lo tienes. Lo quieras creer o no, eso es real —continuó, ignorando la sacudida de cabeza que la aludida dio—. Mentí cuando dije que no. Mentí porque, por más egoísta que me hayas visto ser en el pasado, no quiero ser egoísta contigo. No puedo —Decidido, acortó casi toda su distancia con Caitlin y le sostuvo la mirada hacia abajo. El único espacio entre ellos que quedaba era la diferencia entre sus alturas, muy considerable cuando ella no llevaba tacones altos—. ¿Que si me siento culpable? Sí. ¿Es la única razón por la que hago todo esto? No. ¿Que si me siento mal por no haber sido un buen amigo para ti y haber permitido que te transformaras en Killer Frost? Rayos, es lo único en lo que pienso… pero ahora tienes todo para comenzar de nuevo y estoy haciendo mi mejor esfuerzo para ayudarte con eso, para estar ahí para ti. Las razones no importan, pero tengo muchas para enumerar: me inspiras porque por más rota que dices estar, no te rindes y, cada vez que entras a una habitación, es como si trajeras una luz contigo. Una luz que derrotó una oscuridad de la que, si te soy sincero, creí que jamás te recuperaríamos… No estoy buscando ninguna ganancia personal, no quiero nada de ti, excepto tu compañía… y, si crees que pienso que te merezco o que tengo alguna oportunidad, es que no me has visto crecer —A Barry se le formó un nudo en la garganta al decir eso porque, por más desinteresado que fuera todo lo que había hecho, no valía nada—. Y eso sí duele.
—Barry —comenzó Caitlin, en un tono menos duro y más precavido—. Somos compañeros. Más recientemente, somos compañeros en el campo. No quiero ser parte de una dinámica en que, llegado un momento, me elijas a mí por sobre otros.
—He cambiado…
—Tal vez, pero estás intentando irte al otro extremo de la balanza y eso no es posible —Su amiga agitó los brazos, como si la conversación la estuviera frustrando mucho—. No puedes ser desinteresado con los que amas y con el mundo al mismo tiempo, Barry. Nunca has podido.
"Ese no es tu problema, es mío" quiso decirle Barry, hasta la coronilla de tanta benevolencia. Lo peor es que el gran 'pero' de la pelea era una situación todavía hipotética. Caitlin no le estaba dando ni siquiera una oportunidad.
—¿Y qué quieres que hagamos? —preguntó Barry, con sus primeros dejos de enojo real en la voz—. ¿Que uno de los dos deje el equipo o qué?
—¡No, sólo quiero que te replantees esos sentimientos tuyos y te des cuenta de que sólo me ves como algo que quieres reparar! ¡Mírate! —vociferó Caitlin, dándole a Barry la impresión de que se estaban acercando a terreno un poco más personal y peligroso—. ¿No deberías estar siquiera un poco molesto conmigo por jugar con tus emociones?
—Caitlin, con todo respeto, casi vomitaste cuando me declaré —le recordó el, amablemente—. No jugaste con mis emociones, porque no tenías idea de que dichas emociones existían. Y, la última vez que vi, se necesitaban al menos dos personas para tener sexo. Deja de demonizarte, porque eso es lo que haces en respuesta a la gente preocupándose por ti.
—¡Y todos ustedes tienen que dejar de idealizarme y justificarme! —Caitlin alzó un poco más la voz al ver a Barry llevarse las manos a la cara y contar hasta diez—. Con toda esta amabilidad… sólo me haces sentir peor.
—¿Y qué quieres que haga para que tú te sientas mejor? ¿Que te odie? ¿Que deje la habitación cuando entras? ¿Qué te fuerce a quererme? O, no lo sé, ¿que te pregunte por qué sigues actuando como si fueras a salir con Dave de nuevo?
Fue en ese momento en que Barry supo que había sido muy pronto para usar ese recurso. La forma en que Caitlin entornó los ojos, se llevó las manos a la cintura y tensó la boca hizo que su sistema nervioso simpático se alistara para la huida.
—¿Hablaste con Dave de mí? —preguntó, arrastrando las palabras de una forma más terrorífica que cualquier grito.
—Sí, y me dijo cómo te pidió que no lo volvieras a llamar… Cait —El recuerdo de ella pidiéndole que no la llamara así seguía fresco en su memoria, pero el apodo era necesario para el tono dulce que quería emplear—. Dave no debió decirme lo que me dijo, pero no necesitaba su testimonio para sospechar que sientes algo por mí. Si lo sientes, ¿qué rayos estás haciendo?
Esta vez fue Caitlin quien se llevó las manos a la cara demasiado rápido. Barry no pudo distinguir si se había enjugado un par de lágrimas o no.
—Sólo quiero que me dejes sola —siseó ella, incapaz de sostenerle la mirada a su amigo.
Barry pudo sentir la vena de su frente hinchándose. Esa última y sencilla frase era la que había colmado el vaso de su paciencia. Había hecho todo, absolutamente todo, y aun así terminado con corazón, sistema límbico y cualquier parte relacionada con las emociones pisoteada.
—¡Perfecto! —concluyó Barry, dando un aplauso al aire. Caitlin levantó la vista ante la discordante respuesta—. No te quiero en el campo conmigo.
—¿Qué? —exclamó Caitlin, con una risotada.
—Ya me oíste. De ahora en adelante, sólo saldrás con Cisco. No te quiero allá afuera conmigo.
—Cuando dije que quería que me dejaras sola, me refería a las atenciones…
—¡BUENO, NO PUEDO SEPARAR AMBAS COSAS! —espetó, dejando un eco resonando en el cuarto de velocidad al dejar salir gran parte de la rabia—. ¡TE AMO AQUÍ, TE AMO ALLÁ… TE AMO! ¡NO PUEDO APAGARLO EN NINGUNA CIRCUNSTANCIA!
Barry sintió un ridículo impulso de reír ante esa última frase porque, si pensaba en la fuerza de la velocidad, había un aspecto literal e lo de 'no poder apagar' sus sentimientos, que estaban directamente conectados a sus poderes ahora.
—Sabía que estabas enfadado conmigo —suspiró Caitlin, llevándose una mano al pecho. Barry formó un puño con la suya, porque sintió un terrible impulso de hacer lo mismo—. Sabía que eventualmente arruinarías todo.
—Yo no arruiné nada, Caitlin. Tú lo hiciste —declaró Barry, atragantado y forzándose a no llorar—. Por no hacerte cargo de tus acciones, tus palabras y, no conforme con eso, por presionarme a ser un imbécil contigo.
Lo inesperada de la cachetada que recibió en la mejilla le indicó que no se la había ganado por una de las cosas que había dicho, sino por insistir en amar y creer en alguien que no creía en sí misma.
Barry, preocupado e ignorando el ardor en su mejilla, observó a Caitlin sacudir la cabeza y cerrar los ojos insistentemente para que regresaran a su color.
Estaba furiosa.
—¡No has cambiado en nada! —gritó, aproximándose hacia la salida—. ¡Sigues siendo un cínico y un egocéntrico!
—¡Y yo recientemente descubrí que eres difícil y convenientemente indecisa! —gritó Barry, agitando los brazos hacia atrás y hacia adelante.
—¡Cállate!
—¡TÚ CÁLLATE!
En cuanto Caitlin salió dando un portazo, Barry se giró hacia la mesa más cercana y le dio una descomunal patada, enviando todo el equipo al suelo. Sin sentirse mejor, dio un furioso grito al vacío del cuarto de velocidad.
Dio un respingo al oír la puerta abrirse de nuevo y se apresuró a recoger la computadora que había tirado, pero se detuvo al ver que era Caitlin quien acababa de volver a entrar.
Barry la contempló sorprendido, pero no menos enojado.
—¿Terminamos? —preguntó ella, jadeando y aproximándose a lentos traspiés.
—¿Qué cosa? —inquirió él, de muy mal modo.
—¿De gritar?
Barry, inhaló y exhaló varias veces, para asegurarse de ofrecer una respuesta afirmativa.
—Yo sí.
—También yo.
Barry percibió cómo la tensión entre ellos densificaba el aire, haciéndoles aún más difícil recuperar el aliento que habían perdido discutiendo. Como él había adelantado una pierna al mismo tiempo que veía a Caitlin impulsarse hacia adelante, no se podía establecer un veredicto respecto a quién había empezado en esa ocasión. Tal vez él había usado su súper velocidad, tal vez Caitlin había cruzado ese espacio a zancadas, no lo sabía… lo único que importaba y que merecía su concentración era la desesperación con la que se reunieron a mitad de camino, se entrelazaron en un abrazo y estrellaron sus labios contra los del otro.
—Lo siento —murmuró ella, sin separar ni su frente ni sus labios de los de Barry, y llevando su mano a la mejilla que había abofeteado.
—No, yo lo siento —contrapuso Barry, con el corazón casi escapándosele por la boca. La abrazó fuerte por la cintura, temeroso de que volviera a cambiar de opinión.
—Nunca había abofeteado a nadie…
—Shhh.
Barry abrió sus labios para tener completo acceso a la boca de ella y así impedirle el siquiera intentar interrumpir ese momento otra vez. Percibió la electricidad surcando su cuerpo y temió producir un shock pero, al abrir los ojos, notó que la estática se asentaba alrededor de ellos pacíficamente.
—Eso no pasó la primera vez —jadeó Caitlin, cuando Barry la sentó sobre la mesa vacía que había pateado y se posicionaba entre sus piernas.
—Es sólo la fuerza de la velocidad…
—¿Qué?
—Nada.
Caitlin, con la mano enterrada en el pelo Barry, se recostó de espaldas en la mesa y jaló de él para que se le uniera. Ella se rió contra su boca cuando lo oyó golpearse en la rodilla al intentar subirse.
—¿Estás bien? —preguntó, acariciándole la espalda con una mano y la nuca con la otra cuando él se posó sobre ella con delicadeza.
—Nunca he estado mejor —gimió él, ignorando el dolor y trazando una línea de besos desde su mandíbula hasta su cuello.
De reojo, vio que Caitlin estaba sonriendo con sus ojos cerrados y volvió a posicionar su cara la altura de la suya.
—Ahí está esa sonrisa de nuevo —comentó, algo atontado ante ese leve instante de reflexión.
—Esta sonrisa siempre ha estado aquí —respondió ella, señalándose la boca.
—No la conocía.
—Eso es porque apenas estás poniendo atención.
Barry entrecerró los ojos para dar signos de curiosidad, porque un '¿cuánto llevo sin poner atención?' le estaba sonando muy invasivo para el momento, y no sabía si Caitlin estaba lista para dar esa clase de respuesta o si él lo estaba para oírla. Haciendo uso involuntario de su pensar rápido, Barry hizo una fugaz, pero profunda retrospección de todos esos años como compañeros. El contenido le resultó abrumador: Caitlin mirándolo cuando él no estaba mirando, Caitlin defendiéndolo y siempre viendo lo mejor de él, Caitlin salvándole la vida, Caitlin prolongando abrazos con él un poco más que con los demás, Caitlin sonriendo para sí misma luego de que él le hiciera algún cumplido, Caitlin asistiendo al Día de Flash, una celebración que debió haber conmemorado a su difunto esposo y no a él.
… rayos, Caitlin diciéndole que tenía que superar a Ronnie y encontrar a alguien nuevo.
Un abrasador calor se extendió por su estómago ante la realización, como los restos del golpe de una bala de cañón, junto con la necesidad de darle un remezón a su yo del pasado.
¿Era posible que…?
—Cait —susurró, con la voz quebrada de sentir demasiado, pegando su frente a la de ella. Caitlin alzó las cejas en respuesta su nombre y sonrió de nuevo. Aunque era posible que ella se hubiera dado cuenta de lo que acababa de hacer, se inclinó a pensar que leer su expresión era suficiente. Ella siempre sabía—. De verdad… de verdad te amo.
—Te creo —dijo ella, después de una pequeña pausa, trazando circulitos en las mejillas de Barry con sus pulgares.
Barry se paralizó en su sitio cuando ella alzó la cabeza unos centímetros de la superficie de la mesa y lo besó de nuevo. Al igual que la primera vez que ella había tomado la iniciativa, sentía que nada nunca lo prepararía para ella iniciando el contacto físico.
—¿Estoy fría? —inquirió Caitlin, cuando a Barry se le cortó la respiración.
—Para nada —contestó él, agitado, metiendo una mano por debajo de su camiseta. Su espalda estaba incluso más cálida que la mano de Barry.
Desde hacía un tiempo, él había comenzado a sospechar algo muy agradable, basándose en cómo la había salvado de la congelación en su departamento, pero ya se lo explicaría más tarde.
—¡Oh, Dios! —exclamó Caitlin, arqueándose.
—¿Qué? —rió Barry, deteniendo la mano que tenía en el borde de su pantalón y mordiéndole el labio inferior—. No he hecho nada todavía.
—No, Barry…
Barry alzó la vista cuando Caitlin le cubrió la boca con la palma y lo separó de ella. Tenía la cabeza estirada hacia la puerta.
—Oh, Dios —concordó Barry, al ver que no estaban solos en el cuarto de velocidad.
—Creo que esa es mi línea —intervino Cisco, estupefacto, sosteniendo su tazón de Star Wars en un ángulo extraño y con una gran posa de café a sus pies.
