Las cosas cambian

Capítulo III: Sospechas

Jeremie se había encontrado con su padre hace poco tiempo, quien le ayudó a sacar su equipaje del maletín del coche y quien le entregó algo de dinero para "poder sobrevivir en la escuela", guiñándole un ojo e inclinando la cabeza en dirección a Aelita al momento de dárselo.

El rubio se limitó a responderle de manera torpe por el gesto, pensando en los diferentes lugares a donde podría llevar a la pelirrosa a pasear, sonriendo como un torpe.

Después de eso el señor se despidió con un fuerte abrazo y le deseó un excelente año en la escuela, recordándole que tenía que esforzarse mucho para poder entrar a una buena universidad en un futuro. Ese era un tema bastante delicado para Jeremie. Él no quería pensar en eso, pero sus días en Kadic se habían pasado volando y pronto él y sus amigos tendrían que separarse para seguir con sus estudios, ya que, posiblemente, no tendrían la oportunidad de ingresar a la misma universidad y estar juntos todo el tiempo como lo habían hecho hasta ahora.

Sin embargo, trató de ignorar ese tema por ahora, ya que su principal preocupación en ese momento era trasladar su enorme maleta a su habitación. Trató de cargar su equipaje junto con el de Aelita, pero gracias a su condición física le fue totalmente imposible, así que se resignó y le entregó la maleta rosada a la chica antes de siquiera subir un escalón con ambas.

Actualmente él y Aelita se encontraban a la mitad de las escaleras, transpirando y totalmente agotados. "A este edificio le vendría muy bien un ascensor", comentó la chica, batallando para subir unos escalones.

"El agregar un ascensor a estas alturas es una tarea casi imposible, ya que el edificio se construyó hace mucho tiempo, a principios de los años noventa. Si se llega a modificar la estructura interna el edificio entero podría colapsar", le respondió el rubio recordando la historia que leyó sobre Kadic hace algún tiempo.

"Es una pena", le comentó con pesar Aelita, "el tener uno nos ahorraría a nosotros y a todos los demás estudiantes este mismo problema todos los años."

"Si tan sólo mi padre no estuviera tan cansado le hubiera pedido ayuda…"

"Tu padre sí que se veía cansado", le comentó la chica recordando las bolsas que presentaba el señor debajo de sus ojos. "¿Tan mal ha estado el viaje?"

"Estuvo peor de lo que imaginas, eso te lo aseguro."

Finalmente llegaron al segundo piso, donde se encontraban los dormitorios de los hombres y consecuentemente el cuarto de Jeremie. Arrastraron las maletas por todo el corredor hasta llegar frente a la habitación del rubio. Jeremie abrió la puerta y descubrió que su cuarto estaba un poco sucio, con cierto polvo sobre las sábanas y en su cuadro de Albert Einstein, pero era de esperarse ya que nadie lo había usado en un tiempo. Se acercó a la cama y se sentó en ella, seguido por Aelita, quien lo imitó. Se detuvieron un poco para descansar y recuperar sus alientos, pensando en la tragedia que sería subir la maleta de Aelita al piso superior.

"¿Por qué no buscamos a Jim para que nos ayude con la maleta? No creo poder subir otro piso con ella…", le comentó el rubio totalmente exhausto, recostándose en la cama y observando el techo. Estaba teniendo dificultades para respirar adecuadamente, así que trató de calmarse. Esto le sucedía todos los años, pero normalmente su padre lo ayudaba en este tipo de situaciones.

"¿Dónde crees que este?", le preguntó Aelita preocupada, ella sabía que él ya había hecho mucho esfuerzo y no quería que se esforzara aún más.

"Esa es una muy buena pregunta… Según yo, a estas horas debería de estar revisando los dormitorios", Jeremie se levantó la manga y revisó la hora en su reloj. Como él supuso, Jim a estas horas debería estar rondando los pasillos y marcando que estudiantes ya habían llegado a Kadic. "También tenemos que darnos prisa si queremos pasar a la cafetería antes de clases."

"Entonces voy a buscarlo", le comentó la chica levantándose.

"No es necesario, te aseguro que en poco tiempo podremos escuchar su gran voz gritando los nombres de los estudiantes o contando alguna de sus historias pasadas", comentó con ciertos ademanes imitando el porte del profesor.

No tuvieron que esperar mucho antes de escuchar la voz potente del profesor gritando ciertos nombres en el corredor.

"Ya era hora…", le mencionó dirigiéndole una sonrisa a la pelirrosa.

. . .

Kiwi se encontraba acurrucado en la cama de Ulrich, reposando del largo viaje que había tenido junto con Odd. El hecho de estar encerrado en una mochila todo el trayecto lo había cansado en extremo.

Además, su amo había prometido traerle comida más tarde, así que estaba esperando ese momento con paciencia. Él realmente esperaba que no lo regañaran por estar acostado en la cama equivocada. No le agradaba del todo la cama de Odd, por alguna "extraña" razón el olor en la cama del castaño era mejor que la cama de su amo.

Mientras dormía creyó escuchar un ruido extraño y levantó una oreja para escuchar mejor a su alrededor. Como no oyó nada más y como todo parecía estar tranquilo se acostó nuevamente hasta que escuchó otro ruido similar pero más fuerte cerca de los enchufes que lo alarmó y asustó.

Se levantó bruscamente y se acercó al enchufe que provocó el ruido. Lo observó por unos segundos y trató de olfatearlo, pero en cuanto acercó su hocico el enchufe lanzó un poco de estática, lo cual le provocó un fuerte toque en la nariz.

Kiwi tenía una nariz en extremo sensible, así que ese toque lo había lastimado. Se recostó en el suelo, cubriendo su nariz con sus patas, y empezó a aullar en dolor esperando que alguien viniera a ayudarlo pronto.

. . .

Jeremie y Aelita se encontraban en el cuarto de enfrente, esperando a que Jim llegara para ayudarlos con la maleta. No faltaba mucho para que eso pasara ya que el profesor se encontraba revisando los dormitorios de ese mismo piso.

Mientras esperaban, empezaron a escuchar sonidos extraños provenientes del cuarto de enfrente.

"¿Qué es eso?", le preguntó el rubio tratando de distinguirlos.

Se levantó de la cama y abrió la puerta para poder oír con mayor claridad.

"¡Ese es Kiwi!", le respondió Aelita al reconocer los sonidos que provenían del cuarto de Odd y Ulrich.

"¿Pero qué hace ese perro? ¡Si no se calla Jim lo va a atrapar y Odd estará en muchos problemas!", exclamó angustiado agarrando con fuerza su cabello, pensando en lo peor.

"Parece como si estuviera llorando", comentó la chica al distinguir que sus aullidos sonaban más como gemidos o llantos. "¿Qué hacemos?"

"¡Ugh!", hizo un pequeño sonido de desesperación en lo que pensaba que hacer. "No hay más remedio… Aelita, ve a distraer a Jim. A ver si puedes entretenerlo un poco en lo que entro al cuarto y tranquilizo al perro. Si nos llegan a atrapar será más fácil explicar porque yo estaba dentro del cuarto de los chicos", le dijo con nerviosismo.

"Vale, veré que puedo hacer", le respondió antes de salir de la habitación.

Jeremie la observó corriendo por el pasillo y, deseándole suerte mentalmente, trató de entrar al cuarto de enfrente. Giró la perilla pero se llevó un enorme susto al notar que la puerta estaba cerrada, y que por más que giraba no podía entrar. Intentó forcejear colocando su hombro en la puerta y empujando, pero no pudo moverla mucho.

"¡¿Cerrada?! ¡Pero sí siempre la dejan abierta! ¿Por qué Odd ha cerrado la puerta precisamente hoy?", gritó muy molesto a los cuatro vientos, girando la cabeza a todos lados en busca de ayuda.

. . .

"¡Jim!", Aelita corrió por el pasillo tratando de detener al profesor de gimnasia y conseguir un poco más de tiempo.

"¡Ah, Stones!", el profesor de gimnasia volteó a ver a la pelirrosa al escuchar su nombre, "Te estaba buscando para decirte algo importante, pero primero, tengo que tachar tu nombre de la lista", acto seguido, buscó su nombre en las hojas que estaban ancladas en una tabla de madera que tenía en su mano, antes de tacharlo con un marcador rojo.

"Hola Jim, verás, lo que sucede es que…", se detuvo al razonar lo que le dijo Jim, "¿Me estabas buscando? ¿Qué es eso que tienes que decirme?", inclinó ligeramente su cabeza hacia un lado, la curiosidad invadiéndola por completo.

"Te tengo muy buenas noticias. A partir de esta noche ya no tendrás que dormir sola, tendrás una nueva compañera de habitación."

"¿Enserio? ¿Cómo se llama? ¿Quién es?", preguntó Aelita sorprendida, no sabía si estar emocionada o asustada por cómo podría ser su compañera. Si su compañera llegara a ser como Sissi, no quería ni imaginar esa posibilidad…

Jim clavó la mirada en las hojas que tenía en su mano, rascando su cabeza con la mano que tenía libre, "Su nombre es… es…", no podía encontrar a esa persona en las listas, le tomó un tiempo hallarla. Eso a Aelita le benefició, ocupaba ganar tiempo de alguna manera. "¡Ah, aquí está!", gritó emocionado, "Su nombre es Crystal Blum. Vaya, nunca había escuchado de ella, no tengo idea de quien sea o como pueda ser", se quedó pensando unos momentos, pero ese nombre no lo había escuchado más que esta mañana cuando el director le comentó que llegaría una nueva estudiante en un grado superior. Los alumnos de nuevo ingreso son muy comunes, pero los de grados superiores no lo suelen ser tanto. "Bah, que importa", hizo un ademán con su mano, indicando que no hiciera más preguntas, "Me imagino que la conocerás después, por ahora preocúpate por tus clases y no se te ocurra llegar tarde, los estaré vigilando", prosiguió con su camino revisando las demás habitaciones.

Aelita se quedó un momento procesando lo que acababa de escuchar, "¿Así que una nueva compañera?", murmuró para sí misma. "Solamente he convivido con Yumi, no he tenido otra amiga, ¿Seré capaz de hacerlo?", pensó para sí misma, preocupada por lo que podría pasar. Cerró los ojos y siguió cuestionándose sobre su nueva compañera, "Bueno, eso no debería preocuparme tanto, sólo debo ser yo misma y esperar lo mejor…", suspiró y se mantuvo con una actitud positiva.

De repente, abrió los ojos de golpe. "¡Espera! ¡Jim!", gritó al recordar que tenía que conseguir un poco más de tiempo o de lo contrario Odd estaría en problemas, girando su cabeza repetidamente hacia los lados trató de sacar todos esos pensamientos de su mente.

. . .

Ulrich y Yumi venían subiendo los escalones en ese momento, arrastrando la maleta de Ulrich con cuidado.

"Muchas gracias por la ayuda, mi brazo no podía aguantar cargarla más tiempo", le comentó el castaño con una sonrisa.

"No hay de que, entre dos ha sido mucho más fácil", dio un último estirón y la maleta por fin subió hasta el pasillo. Desde allí Ulrich tomó la agarradera y la arrastró hasta su cuarto.

"¿Pero qué?", se preguntó al distinguir a un chico tratando de entrar a la fuerza a su cuarto. Dejó la maleta allí, y él y Yumi se acercaron corriendo a la habitación. "¿Jeremie? ¿Qué pasa? ¿Qué haces tratando de entrar al cuarto? ¿Y qué es ese ruido?", le preguntó Ulrich con desesperación al no entender nada.

"¡Ulrich! ¡Es Kiwi! Se ha puesto como loco y no logro entrar, Aelita ha ido a distraer a Jim", le respondió con angustia al ver que el perro no mostraba signos de silenciarse.

Desde allí podían distinguir la voz de Jim junto con la de Aelita, cada vez más cerca.

"Parece que no está haciendo un gran trabajo en distraerlo", le comentó Ulrich en tono sarcástico buscando con desesperación las llaves en su mochila.

"¡Ulrich, date prisa!", le presionó Jeremie.

"¡Estoy haciendo lo que puedo! Casi nunca cerramos la puerta con llave, ¿Qué le pasa a Odd?", le gritó con frustración al no poder encontrar su llavero con las llaves.

"Esto es un problema, iré a ayudar a Aelita, ustedes traten de callarlo", les dijo Yumi apuntando a la puerta, antes de irse corriendo por el pasillo.

Ulrich encontró la llave después de tirar casi toda su mochila, "Hazte a un lado, Jeremie", le comentó irritado, moviéndolo ligeramente. Colocó la llave en el cerrojo y la giró. La puerta cedió y ambos entraron con rapidez a la habitación, encontrando a Kiwi temblando frenéticamente frente a un enchufe.

Se observaron entre ellos por unos momentos y cerraron la puerta con rapidez.

"¿Pero qué le pasa?", Ulrich se acercó al perro y lo cargó entre sus brazos. Lo examinó para tratar de encontrar alguna herida pero no distinguió nada fuera de lo usual. El chico le acarició suavemente la cabeza y consiguió tranquilizarlo un poco.

Jeremie tenía la mirada fija en el enchufe, temiendo que sus suposiciones fueran ciertas. "Esto es lo que me temía…"

El castaño observó los enchufes y su expresión se oscureció, "Jeremie, ¿Tú crees…?"

"Sí, esto puede ser obra de X.A.N.A", acabó de decir el rubio con un semblante totalmente pensativo. "Me gustaría poder revisar Lyoko para ver si hay alguna torre activada pero el ordenador se encuentra apagado… Creo que iré después de clases a encenderlo y comprobarlo yo mismo".

"¡Tienen que ser tonterías, Jeremie! X.A.N.A no puede estar vivo", a Ulrich no le agradaba en lo absoluto la situación actual. ¿Encender el superordenador? Se supone que ya habían acabado con X.A.N.A, ¿sería posible que aún siguiera con vida ese programa?

"A mí me agrada esta tranquilidad al igual que tú, Ulrich", lanzó un gran suspiro antes de proseguir, "Vamos a la cafetería, allí les contaré mis sospechas, esto es algo que tenemos que hablar entre todos", su mirada cayó al suelo al salir de la habitación, tenía demasiadas cosas en la cabeza que ya no sabía ni que pensar.

Ulrich dejó a Kiwi en la cama de Odd, le acarició un poco más el lomo consiguiendo que el perro se calmara por completo. Se quedó observando la cama pensando si era el momento adecuado para lo que tenía planeado o si debía esperar un poco más, levantó sus hombros y pensando que nunca es malo jugarle bromas a su compañero de cuarto y que estaba tan estresado que el resultado de esta broma lo animaría bastante, buscó en su maleta un cojín de gas, el cual escondió debajo del colchón de Odd antes de salir de la habitación y seguir a Jeremie.

. . .

Los 4 chicos se reencontraron en el pasillo, fuera de la habitación de Odd y Ulrich. Las miradas de los muchachos no eran las más amigables, ambos estaban pensando en lo peor. Las chicas notaron esto de inmediato, pero decidieron esperar hasta más tarde para preguntar ya que Jim estaba justo detrás de ellas.

"¡Belpois y Stern!", gritó tachando ambos nombres de la lista, "Ya llegaron ustedes dos, ¿saben si Della Robbia ya llegó?"

"Sí, vino hace rato a dejar su equipaje y en estos momentos de seguro está en la cafetería esperándonos", contestó Ulrich casi monótamente, buscando una excusa para librarse de Jim lo más pronto posible y poder hablar de lo que pasó con Kiwi, su preocupación era más que notoria.

"Ya veo, en ese caso, ¡dense prisa para que no se les haga tarde y lleguen a tiempo a sus clases!", les ordenó antes de dar media vuelta y proseguir con su labor.

"¡Espera, Jim!", gritó Aelita deteniéndolo, "Necesito pedirte un favor."

"¿Qué sucede, Stones?"

"No puedo subir mi maleta al piso superior, ¿Serías tan amable de ayudarme?", le dijo entrando a la habitación de Jeremie y, con la ayuda del rubio, arrastraron la maleta rosada fuera del cuarto. El profesor de gimnasia simplemente roló los ojos y aceptó ayudarla.

"¿Cuál número de habitación tienes?", le preguntó cargando como si nada la pesada maleta de la chica.

"La número 589, muchísimas gracias", le dirigió una sonrisa, la cual no fue del todo correspondida. El profesor ya se encontraba demasiado estresado como para aceptar ayudar a los alumnos con gusto.

"La voy a dejar enfrente de tu armario, ¡daos prisa o se les hará tarde!", le ordenó una vez más antes de marcharse por completo.

"Ahora sí, ¿Por qué traen esas caras? Pues, ¿Qué ha pasado?", Yumi se cruzó de brazos y los miró fijamente.

Jeremie suspiró, "Les comentaré todo en la cafetería, me gustaría que Odd también estuviera presente".

. . .

"Sí que se han tomado su tiempo en llegar aquí", Odd les comentó en un tono entre molesto y sarcástico, cerrando su consola y guardándola en su bolsillo del pantalón.

"Lo sentimos, Odd, pero no estamos para bromas", Ulrich se sentó en la mesa y lo miró seriamente. Los demás lo imitaron y el chico de vestimenta púrpura pudo sentir la tensión de inmediato.

"¿Pues qué ha pasado?", levantó una ceja y preguntó inocentemente. No tenía ni una pista de porque todos andaban tan raros.

La chica que estaba sentada cerca de la mesa de los guerreros Lyoko también notó la tensión que se estaba formando. Tenía muchas preguntas y casi ninguna respuesta sobre lo que estaba pasando a su alrededor, pero algo no le cuadraba y no iba a quedarse con los brazos cruzados, además de que ya se había terminado su desayuno y no tenía algo más interesante que hacer. Lanzó despistadamente el tenedor con el que estaba comiendo cerca de la mesa de los chicos, lo suficientemente lejos para no ser vista por ellos pero si lo suficientemente cerca para escuchar lo que estaban diciendo.

Jeremie se aclaró la garganta y todas las miradas se centraron en él, "Tengo sospechas de que X.A.N.A ha vuelto a las andadas."

"¿X.A.N.A?", pensó la chica, "Me suena ese nombre, siento que lo he escuchado antes… ¿No es el programa del que siempre está hablando el Jefe? ¿Por qué lo conocen ellos?"

"Oye, Jeremie, ¿No ocupas que te preste un calendario? Hoy no es el día de los inocentes, pero, casi caigo en la broma, ¡estuvo muy buena chicos!", Odd observó con cuidado el rostro de cada uno sus amigos, analizando sus encriptadas expresiones, "Es una broma, ¿no?", observó con una mirada suplicante a Jeremie, esperando escuchar que sólo era un chiste. El rubio no pudo soportar verlo a los ojos, "Me gustaría que fuera una broma, Odd", pensó bajando la mirada para evitarlo.

Ninguno de los demás dijo nada, todas las miradas recayeron en el rubio cuatriojos.

"De casualidad, ¿No pudieron ver las noticias hoy por la mañana?", les preguntó seriamente. Todos los presentes menos Aelita negaron con la cabeza, ella sabía bien que era lo que iba a decir Jeremie. "El aeropuerto de mi ciudad se volvió loco, pero, ¡realmente loco! No hablo de locura por el inicio de clases o por viajes de negocios, era otra clase de locura. Ningún avión pudo despegar o aterrizar en él, la torre de control estaba intermitente, así como las luces en general. Los altavoces y bocinas también estaban dementes, lo único que podía escucharse era una estática extraña, sin importar cuánto hablaron las aeromozas. Pero, eso no fue todo, este caos se extendió por toda mi ciudad. Los centros comerciales tenían problemas con la electricidad, y los semáforos también estaban intermitentes, provocando varios accidentes automovilísticos."

"¿Aeropuerto?", la chica seguía escuchando con claridad todo lo que comentaban, "Por la mañana nosotros tampoco fuimos capaces de tomar un avión, me pregunto si estará hablando de la misma ciudad en donde nos hospedamos… Y si no mal recuerdo, el Jefe estaba molesto por la cantidad de accidentes que hubo en el camino acá…"

"Esas cosas pasan, Jeremie… ¿Tal vez sólo hubo una falla en la central de electricidad?", Odd se encogió de hombros tras mencionar esto, él estaba tratando en vano de alivianar la tensión a su alrededor.

"Si hubiera sido una falla eléctrica, la ciudad simplemente se hubiera quedado sin electricidad", comentó Yumi pensativa.

"Yumi tiene razón, esto es más que una falla eléctrica. Recuerdo haber escuchado en las noticias que nadie tenía una explicación coherente para definir el fenómeno que estaba ocurriendo", argumentó Aelita.

Odd simplemente las observó con asombro, no tenía ninguna respuesta para refutar sus argumentos.

"Jeremie quiere encender el superordenador para verificarlo", protestó Ulrich molesto, cruzado de brazos. Él no estaba de acuerdo con encenderlo, tenía miedo de que las sospechas de su amigo fueran ciertas.

"Necesito comprobar si hay una torre activada, y la única manera de hacerlo es encendiéndolo…", justificó el rubio, "Yo tampoco quiero encenderlo… Yo también tengo miedo de que mis sospechas sean ciertas".

Hubo un silencio incómodo en la mesa.

"Yo creo que lo mejor es encenderlo, sólo para estar seguros…", Yumi fue la primera en hablar, "Si de verdad destruimos a X.A.N.A, no debería haber ninguna torre activada, el análisis tomará unos 10 minutos y después de eso simplemente apagaríamos el superordenador para siempre, ¿no?"

"¿Los demás que opinan?", Jeremie preguntó un poco nervioso.

"Yo sigo sin estar de acuerdo con encenderlo…", Ulrich perdió su mirada en el exterior, pensativo, "Pero si lo que dice Yumi es cierto, no tomará más de diez minutos demostrar que X.A.N.A fue destruido por completo…"

"Estoy de acuerdo contigo Jeremie, lo mejor es encenderlo", Aelita tomó una de las manos del chico y la sostuvo con fuerza. El rubio agradeció el gesto con una sonrisa.

"De paso podrías mandarme a Lyoko y darme mi tabla, hace tiempo que no me divierto un poco allá", comentó Odd.

"Entonces está decidido, iremos después de clases a la fábrica para encender el superordenador", fue lo último que mencionó Jeremie antes de dar por concluido el tema, mostrando una mueca de nerviosismo y preocupación en su rostro.


Gracias por sus comentarios, no está en mis planes abandonar la historia de nuevo, hasta ahora, me está agradando mucho más esta versión, así que de verdad me gustaría darle el final que tengo planeado. Por eso, no teman, puedo tardar pero quiero acabarla.

Como quiera, disculpen la demora, espero que el capítulo les haya gustado ^-^

Actualizaré pronto, hasta entonces