Disclaimer: Esta es una obra de Fanfiction usando personajes del mundo de Bajoterra, que son propiedad de Asaph Fipke y Nerd Corps. Lo único que me pertenece son los OCs.

N/A: Sus reviews son totalmente inspiradores, muchísimas gracias. Reviews con cuenta registrada responderé por PM.

Reviews:

Annima:¡Muchas gracias! Interesante.

EmMa Y SoFiA:Yep, ¡gracias por el review!

Asapasap: ¡La espera se acabó!


Soundtrack: London Grammar - Devil Inside (INXS Cover)


Capítulo 3. Esto es un sueño.


1930. Martes, 17 de Junio.

El sol comenzaba a ocultarse, mientras que Trixie se encontraba absorta en el códice que el día anterior había empezado a leer.

Un doble golpe suave en su puerta le hizo sobresaltarse.

—Zona de lectura —musitó.

—¿Y a mi qué? ¡Ábreme la puerta o si no busco a alguien para que la tumbe! —dijo la voz al otro lado de la puerta.

Trixie se puso de pie y abrió la puerta con una sonrisa.

—¡Dana! —chilló con entusiasmo.

—Señorita Sting —Ella se inclinó levemente, señalando con sus ojos que había una persona importante cerca —Necesito tomar la escoba. Creo que la he dejado en su habitación por error. Discúlpeme.

—Claro, no hay problema —habló con naturalidad —Pase.

Luego, de cerrar la puerta, Dana sonrió y saludó de manera amistosa a su mejor amiga.

—Estuvimos cerca —declaró, soltando una risa.

—Ni que lo digas —murmuró la pelirroja.

—Y bien… Trix, ¿Tienes algo que decirme?

—Es una lástima que no trabajes ni los Lunes ni los Viernes ¡te perdiste de la cara de mi madre cuando le dije al estúpido niñato que…! —Trixie rió, con un tono más calmado dijo: —Si quería ocupar la vacante de mi padre.

—¡Por Dios! —Dana rió, hasta que le dolieran las mejillas —Vendería un riñón en el mercado negro solo para poder ver eso.

Ambas habían sido amigas durante años, siendo Dana la persona que informara a Trixie de lo que pasara fuera de los muros de su lujosa casa, ya que Anne le permitía solamente salir para visitar a sus extravagantes vecinos y uno que otro paseo necesario por la ciudad.

Dana colocó un cabello rubio rosado detrás de su oreja y suspiró.

—¿Sabes, Trixie? Hay una fiesta de los dioses parranderos el Viernes ¿no quieres ir? —preguntó con delicadeza.

La pelirroja se le quedó mirando pensativa.

—No —susurró, como si hubiese considerado la idea —No puedo ir. Mamá no me dejaría.

—Tienes diecisiete años y nunca has asistido a una fiesta que no sea tu cumpleaños o que te haya obligado tu mamá —Dana mencionó —. Siempre le complaces en casi todo, ¿Qué mal hace un poco de rebeldía?

—No quiero problemas, Dana. Y tú lo sabes.

—Lo que tu mamá no sepa, no le hará daño. Además, estas charlando conmigo, algo prohibido para ti —dijo con una sonrisa burlona.

Trixie abrió la boca para negarlo, pero la cerró al notar que su amiga tenía razón.

—Es diferente —Se excusó.

—Es diferente —le imitó la rubia —Excusas.

—¿Qué ganas con que vaya? —musitó.

—Yo no gano algo, tu ganas un poco de libertad.

La chica de ojos verdes soltó un suspiro de derrota.

—Iré.

Dana aplaudió con alegría.

—No te arrepentirás.

—Creo que comienzo a hacerlo —musitó.

oOo

Tres días después, exactamente el viernes 20 de junio, Trixie se fue a "dormir" más temprano de lo normal.

La verdad era que ella tenía un plan.

El primer paso era hacerle creer a su madre que iba a descansar para que no sospechara.

Hecho.

—Trixie.

La susodicha abrió un ojo y salió de su cama usando un vestido Chanel negro.

Se asomó al balcón, donde, supuestamente, Dana le estaría esperando.

Colocó ambas manos en sus labios para ahogar un grito, al ver sentada a la rubia en el árbol frente a su balcón.

—¿Qué rayos? —murmuró Trixie asustada —¡Te puedes caer!

—Relájate. Me subo aquí desde que era una niña —declaró la chica de ojos negros.

—¡Estoy desobedeciendo a mi mamá! —declaró.

—Y yo a mi jefa. Las dos perderemos, así que, ¿Qué usas?

Trixie le dio una mirada a su vestido y luego a su amiga, confundida.

—¿Qué tiene de malo?

—Ese vestido cuesta el triple del salario que cualquiera persona que vaya a la fiesta gana.

—Bien, ese es un problema ¿verdad?

—Tendremos que ir a ver a El Caballero.

—Está bien. Pero, ¿Cómo bajaré sin que me vean?

Dana señaló donde estaba sentada.

—¿Y si me caigo? —interrogó aterrada.

—No lo harás.

Trixie optó por unos pantalones cortos azul oscuro y un abrigo negro de tres cuartos de largo, junto con un sombrero negro.

Una hora después, se encontraban caminando hacia Velis nolis, el lugar donde trabajaba El Caballero.

Según Dana, El Caballero era una persona de confianza, alguien inteligente y muy formal. El local vendía ropa tanto para mujeres como para hombres.

—¿Es tu novio? —preguntó la pelirroja con una sonrisa pícara.

—¿Qué? —Dana soltó una risa nerviosa —No.

—Claro —dijo Trixie, sin creerle a su amiga.

Al llegar al lugar, la joven de ojos verdes leyó un cartel que decía "Cerrado".

—¡Está cerrado, Dana Por! —exclamó molesta.

—Relájate, por Dios —La rubia rodó los ojos y dio un tocó la puerta con tres veces.

En menos de dos minutos, un chico de cabello negro salió con una sonrisa.

—¡Dana! Y… —Frunció el ceño al observar a la chica que escondía su rostro debajo de un sombrero.

—¿Podemos entrar?

—Claro. Señoritas —Se apartó lo suficiente para que ambas pasaran.

—Necesito un favor, Trevor.

—Siempre ha sido directa ¿lo sabías? —dijo, dirigiéndose a Trixie. Ella se quitó el sombrero, dando a conocer su identidad —La hija del gobernante.

Su voz denotaba sorpresa.

—Difunto gobernante —corrigió en voz baja la pelirroja.

—¿De qué trata el favor, Dana?

—Le urge un vestido y un diferente color de cabello.

El Caballero asintió.

—Espera —intervino Trixie —¿Teñirme el cabello? Jamás accedí a eso.

—Deberías —dijo el pelinegro —Eres la única chica de cabello rojo y ojos verdes en la ciudad.

—Te podrán reconocer fácilmente —declaró Dana.

—Bien.

oOo

Trixie observó su reflejo en el espejo, estupefacta.

Su cabello era negro.

¡Negro!

Por esa noche, le había dicho adiós a la cabellera heredada de su padre.

—La próxima vez que me invites a una fiesta, no iré —le informó a su amiga.

—Querrás ir, lo sé.

—Muy bien, señoritas. Si quieren llegar elegantemente tarde a la fiesta de Pronto y Kord, deben apurarse.

—¿Elegantemente tarde?

—Muéstrale los vestidos —dijo con una sonrisa Dana.

—Será un placer —El Caballero juntó las manos, malicioso —Sígueme, Beatrice.

La pelirroja suspiró y decidió ignorar que él le había llamado por su nombre.

Ambos entraron en una habitación a oscuras. El Caballero encendió la luz y miró a Trixie satisfecho.

Ella observaba asombrada por los hermosos y diferentes vestidos.

—Quizás estoy soñando —hablé.

—No, es real —confirmó Trevor.

—¿Por qué no hay vestidos verdes? —Señaló las prendas.

—Todos los vestidos verdes de la ciudad son dirigidos directamente a la casa de la familia del gobernante para la heredera.

—Oh.

Los vestidos iban a su casa, específicamente a su armario. Eso no lo sabía.

—¿Cuál deseas usar?

—Son todos tan bonitos… —Trixie caminó y los observó a través de la vidriera local.

Sus zapatillas al hacer contacto con el piso de madera pulido producían pequeños tap, tap.

Los ojos de ella se maravillaron al captar un flapper negro.

—Me encanta.

—Llévatelo —El Caballero movió la vitrina y sacó el vestido.

—Gracias.

Acompañó su vestimenta con un accesorio elástico para la cabeza color plata y aretes plateados.

Con el cabello negro suelto, los ojos verdes, su tez blanca, los labios rojos y su vestimenta apropiada, Trixie se dirigió al bar "El Troll Danzarín".

El bar era un enorme establecimiento formado por un karaoke, una pista de baile y una pequeña taberna. Las paredes exteriores estaban pintadas de rojo y blanco. Una puerta transparente dejaba salir las luces parpadeantes interiores.

Un hombre fornido, intimidante y de brazos musculosos con un enorme tatuaje de serpiente estaba de pie en la puerta.

—¿Por qué está ese hombre… ahí? —cuestionó la chica de ojos verdes, su voz ligeramente quebradiza.

—Es para evitar a los ladrones y todo eso.

Trixie asintió, no del todo aliviada.

—Que te diviertas —Dana dio un paso para marcharse, pero su amiga le detuvo.

—¿A dónde vas? —Frunció el ceño, confundida.

—A cuidarte las espaldas.

—Rose se está encargando.

—Su horario termina dentro de media hora. Yo puedo seguir porque vivo ahí. No te pasará nada, Trix —Le aseguró —Además, Trevor está a una cuadra.

—Bien.

Ella estaba segura de que había dicho muchas veces «Bien».

—Recuerda: Debes irte a las doce.

—¿Por qué?

—Tu madre va a revisar que estés durmiendo a la una de la mañana.

—¿Qué? —Ella no sabía eso.

—¿Cómo crees que se entera que te desvelaste leyendo?

Ahora todo tenía sentido.

—Bien —¿Cuántas veces? ¿Tres? —A las doce, irme. Captado.

—Cuídate. No bebas mucho y diviértete.

Trixie asintió y se despidió de su amiga. A continuación, se dirigió a la entrada. El corpulento hombre se apartó y le dejó pasar. Ella sonrió en respuesta.

Al entrar, la recibió Poor Man's Soon de Noah Gundersen acompañado de voces borrachas en el karaoke. Se sentía extraña: nadie le saludó y no tenía a su mamá diciendo que hacer.

Por primera vez, ella no sabía cómo actuar.

«Sé tú misma» se dijo.

Algunos chicos le clavaron la mirada descaradamente. «Debería correr» pensó.

No lo hizo.

Siguió su camino, mirando cómo la gente reía y se divertía, algunos más que otros (como estaba aquella chica del flapper doradocompartiendo saliva con un castaño).

Se acercó al mostrador, detrás de él había un rubio de ojos azules que en su chaleco traía una identificación: Kord Zane. Había un cartel que decía "Bebidas gratis".

—¿Kord Zane? —El joven le dirigió la mirada, con una pequeña sonrisa —¿Por qué me suena tu nombre?

—Será porque soy uno de los que organizó esta fiesta, niña.

Oh.

Qué vergüenza.

Esto era culpa de Dana; ella no le había dicho de quien era exactamente la fiesta.

—Claro —Se percató como la única persona que también estaba en el mostrador reía en voz baja —¿Me acabas de decir niña?

Evitó sonreír al hecho de que él no la reconoció.

—Por supuesto. ¿Qué deseas beber?

La única vez que había bebido fue en sus quince años y no fue por voluntad propia. Un mesero le había ofrecido vino y su madre hizo que él le sirviera una copa. Debido a la presión de su progenitora (a causa de la compañía de las personas más importantes de la ciudad y pueblos vecinos), tuvo que beberlo.

Dos horas después, acabo en el baño vomitando hasta su desayuno.

—Dame caramelo con limón.

—¿Eso es digno de una dama? —Kord preguntó mientras le servía la bebida en un pequeño vaso de vidrio.

Trixie se apoyó al mostrador de espaldas.

—No soy una dama —aclaró.

—Si es así, deberías hacer una parada de barril —comentó el joven que le acompañaba en el mostrador.

Esta vez, Trixie le miró: era joven, quizás no pasaba de los veinte años, de ojos azules y cabello de una mezcla entre negro y azul.

—Como si quisiera subir al escenario a… —Calló al ver la sonrisa coqueta del chico —¿Pasa algo?

—Aquí tu bebida, niña —El rubio colocó el vaso a un costado de Trixie.

—Que seas mayor que yo, no te da el derecho de llamarme niña —comentó.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó el ojizarco.

—Diecisiete —respondió, llevándose el vaso a los labios e inclinando la cabeza hacia atrás. Dos segundos después, sintió un ligero ardor en su garganta.

—Eres una niña —dijo Kord —Tengo veintiuno y créeme; yo no tomaba eso a tu edad.

—¿Es tu primera vez? —curioseó el otro joven —Por cierto, me llamo Eli.

Ella sonrió.

—Un gusto, Eli. Y sí, podría decirse.

—¿Comiste algo? —Trixie asintió, un tanto extrañada por la preocupación del muchacho.

—¿Nos das un segundo? —pidió Kord a la joven.

—Por supuesto —Caminó hacia el karaoke, un poco alejado de la barra.

Los hombres susurraban, pero al criarse en una casa llena de secretos susurrados, Trixie desarrolló un buen oído.

—¿Por qué no la invitas a bailar?

—¿Estás loco? Una chica tan bonita no debe desperdiciar su tiempo —Ella se sonrojó.

Quizás no era tan malo estar en una fiesta.


Parada de barril: Según Ciudades de Papel de John Green, es beber de cabeza un barril de cerveza, con el surtidor de barril en tu boca.

N/A. El Caballero, al tener un nombre desconocido, decidí colocarle Trevor, que es la persona que presta su voz al personaje.

Tengo malas noticias: la semana que entra empiezo clases. Por lo tanto, no esperan capítulo hasta, por lo menos, dos semanas. Lo siento.