Awwwww!
Tengo que confesar que cada vez que alguien deja un review me dan ganas de salir corriendo a publicar 8 capítulos todos juntos ¿saben? Pero no puedo... les juro...
LuxzBelle: me alegra que te guste la historia y te agradezco por informármelo de una manera tan convincente y sincera.
Lo mismo va para ViWincherster.
Espero no decepcionar a nadie. 3
Un saludo. Y gracias por visitarme.
Lo mismo de siempre.
Lavaba la ropa cuando advirtió que una muda de Sam se había quedado en el cesto junto a la lavadora. Se preguntó si aún estaba a tiempo de alcanzársela, o si en verdad la necesitaría. Así como la navaja que estaba en los pantalones. Decidió llamarlo y averiguar. Él le respondió que no era estrictamente necesaria, pero que deseaba recuperar la navaja ya que le pertenecía a Dean. Ella le respondió que se la alcanzaría sin mayor problema.
Llegó al motel y se detuvo frente a la habitación nº 6. Se acercó a la puerta para llamar cuando oyó ruidos provenientes del interior.
– ¡SAM! ¿¡Estás ahí?! –gritó luego de comprobar que la puerta estaba cerrada desde dentro.
– ¡VETE DE AQUÍ! –obtuvo como respuesta.
Lógicamente ignoró completamente la advertencia. Derribó la puerta ingresando al cuarto. Contempló como Sam era atacado por tres demonios, la distracción que la joven provocó con su irrupción permitió al gigante derrotar a uno de sus enemigos. Erika desenfundó su daga y mató al que se abalanzó sobre ella. El demonio restante abrió la boca comenzando su huida.
–Humiliare sub potenti manu Dei, hostis humana salutis, inventor et magister omnis fallacia, vade, satana
El humo negro volvió a meterse dentro del traje de carne y ella se abalanzó clavándole su espada, ante los incrédulos ojos de Winchester.
– ¿A dónde creías que ibas….? Hijo de puta… –murmuró –no llevarás chismes a ningún lado… ¿Estás bien? –preguntó a Sam tendiéndole la mano.
–Si… creo… -dijo el castaño incorporándose. – ¿Qué crees querían?
– ¿Tú no lo sabes?
Él negó con la cabeza.
–Debí dejarlo vivir un poco más y averiguarlo.
– ¿Cómo has hecho eso…?
– ¿Qué cosa?
–Que se volvieran a meter….
–Es fácil. Crowley me enseñó. Te lo explicaré si te interesa…
Sam rodó los ojos al escuchar el nombre del demonio.
–Seguro… ¿Sabes? Creo que no es buena idea que te deje sola….
–No, Sam. Has tomado tu decisión. Yo estaré bien. –dijo con tranquilidad –siempre estoy bien. No soy presa fácil. Pero búscame si me necesitas… ¿Ok? Y te avisaré si sé algo acerca de Kevin o de tu hermano. ¿Trato hecho?
–Trato hecho…
Crowley entró a la sala despreocupadamente, del mismo modo que lo hacía a diario.
–Hola, cariño
–Esa es mi línea. – dijo volviéndose hacia ella – Erika… Tanto tiempo sin verte ¡Qué grata sorpresa!
–Tú y yo sabemos que eso es una burda mentira, Crowley.
– ¡Qué maravilloso es que hayamos avanzado en nuestra relación al punto de que te des cuenta de algo así…!
Ella contempló el suelo, sentada, cómodamente , casi desplomada se podría decir desde el inmenso sofá que había elegido para esperar al demonio. Éste también miró hacia sus propios pies, contemplando la trampa pintada sobre la alfombra, casi imperceptible, que había pisado distraídamente.
–Bueno…no me llevo así contigo… -protestó él. – ¿Tienes alguna idea de cuánto costaba esta alfombra?
– No. Pero lo que sí sé es que comprar una nueva no te supondrá ningún problema financiero.
– Cierto. Sobre todo si la reemplazo por una hecha con la linda piel que arrancaré de tu cuerpecito mientras me suplicas piedad.
Ella se puso de pie y se le acercó lenta y sugestivamente.
–Te echo de menos… ¿sabes?
– ¿Y necesitabas meterme en una trampa para decírmelo…?
–No. Necesitaba meterte ahí para obligarte a contestar un par de preguntas.
–Si es sobre tu amiguito el ángel…
–No… no es eso.
–Qué alivio… empezaba a cansarme de la monotonía de nuestras últimas charlas.
–Me preguntaba por qué he tenido que salvar a Sam Winchester de tres de tus chicos el día de ayer…
Crowley se encogió de hombros.
–Estoy confundido… -declaró entornando los ojos. – ¿Por qué me importa esto?
– ¡Dímelo tú! –exigió –¿Por qué quieres muerto a Sam?
– ¡Yo no lo quiero muerto! –...Bueno. Si. Pero no precisamente ayer... –divagó.
– ¿Y por qué lo mandaste matar?
–Yo no lo mandé matar…¿Te has vuelto idiota de repente? Seguramente alguno de ellos intentaba ganarse puntos conmigo...
–No tomes nota de sus nombres... no tendrán oportunidad de reclamarte ninguna recompensa, como te podrás imaginar. – interrumpió.
Crowley hizo un gesto de resignación.
– Sam quiere dejar el negocio.
– ¿En serio? –preguntó sin ocultar su complacencia.
–Si. Definitivamente. Ya ha tomado la decisión. Y te pido encarecidamente que no vuelvas a atentar contra su vida.
– ¿Cuántas veces debo repetir que no tuve nada que ver con eso?
–Entonces vigila a tus chicos. O se las verán conmigo…
– ¿Alguna otra cosa que quieras reprocharme antes de que te despedace? –indagó con sarcasmo en su voz y cierta ira en su mirada.
–Si. Kevin Tran.
– ¿Qué? –cuestionó, volviendo a repetir el característico gesto que siempre afloraba en él cuando no era ni totalmente culpable ni totalmente inocente.
– ¿Dónde está?
–Él está bien…
–Quiero entrar en eso…
–No… lo arruinarás... tienes un mal currículum respecto al cuidado de prisioneros…
–Prometo que me comportaré. A cambio no harás daño a Sam. Si Winchester está a salvo, te garantizo que Kevin será tuyo.
–Naahh. No podrás. Te conozco. Aunque tengo cosas que puedes hacer por mí si es que aún estás interesada en hacer un trato. Casualmente estoy necesitando una arqueóloga…
– No te estoy proponiendo un trato.
– Pues me sonó a que eso era.
–Y no soy arqueóloga soy antropóloga –le reprochó
–Antropóloga… arqueóloga…. –se burló. –Necesito a alguien que sepa mirar piedras con estilo… ¿Qué dices, princesa?
–A cambio de la seguridad de Sam y del profeta.
– ¿Y sigues insistiendo en que no es un trato? Pero por un momento casi había olvidado que eres una negadora compulsiva... Necesito al profeta con vida… y a ti de nuevo en el equipo ganador. En cuanto al alce… -se encogió de hombros –si en verdad se va del juego, no tienes de que preocuparte. Te doy mi palabra de que nadie lo molestará. Es un trato justo.
–Nada de contratos con letra pequeña.
–Un acuerdo de caballeros… –se burló haciendo referencia a los muy poco femeninos modales que a ella siempre le gustaba ostentar – aunque sé que te mueres por besarme –se jactó.
Ella se acercó a él, ingresando a la trampa, aunque sin abrirla, con actitud desafiante. Lo miró a los ojos fijamente. Luego sonrió.
–Y tú adoras hacer negocios conmigo. Admítelo y te dejaré salir.
–Y ¿qué te hace pensar que no pasaré sobre ti para hacerlo?
–Todo… me encanta ver como contienes la furia que te provoco. Me despedazarías ahora mismo sin dudarlo. Pero no lo haces. –se acercó aún más a él jugueteando con su fina corbata –y te juro que descubriré qué me hace tan importante para ti….
– ¿Es un desafío? –le preguntó con tono seductor –Espero que seas razonable y no apuestes en grande. Eres lo suficientemente lista para ganar un par de manos. Es por eso que lo nuestro me resulta tan entretenido. Es más., es lo que más me atrae de tenerte cerca. Pero no lo eres tanto como para ganar el juego… –concluyó acariciándole la barbilla.
Ella se dio la vuelta alejándose un paso, casi imperceptiblemente.
– Una condición más...
– ¿Quién te has creído que eres para ponerme condiciones a mí?
– La que no está metida en una trampa para demonios... – le dijo con tono burlón. Él guardó un furioso silencio al tomar conciencia de que ella había salido de la trampa mientras estaba distraído rumiando entre sus propios pensamientos y perdido con ello la oportunidad de escapar – No vas a impedir que siga buscando la forma de traer de vuelta a Dean y a Castiel – Crowley rodó los ojos con fastidio – es más, vas a ayudarme.
El rey del infierno sopesó las posibilidades a su alcance. Encerrado a merced de Erika, quien tenía conocimiento suficiente para mantener al margen a sus cerberos y toda su custodia, sin mencionar que dicho conocimiento era tan vasto que podría acabar son él si era necesario. Estaba midiendo la situación y ésta le era claramente desfavorable.
– De acuerdo. – dijo finalmente, con el rostro más serio que ella pudiera recordar desde que lo conocía. – Aunque para serte sincero... ¿para qué quieres a esos dos de vuelta en tu vida? Tú no les importas. Nunca les importaste. Te dejarían tirada para salvarse uno al otro a la primera eventualidad que surgiera y tú lo sabes.
Ella guardó silencio por unos largos segundo. Una parte de su mente, la más razonable y fría había aprovechado la ocasión para murmurarle que el demonio tenía razón. Erika la calló diciéndose a si misma que esa no era excusa para no preocuparse por ellos. Ser un amigo no siempre significaba arriesgarlo todo por el otro. A veces tan solo consistía en estar allí cuando que te necesitaran. Y eso es lo que ella haría. No sabía si podría recuperarlos, probablemente no, y por eso necesitaba hacer algo por Dean, algo de lo que de sintiera mínimamente orgulloso: iba a poner a salvo a su hermano.
– ¿Qué tengo que hacer? – preguntó mientras se agachaba para cortar la alfombra y abrir la trampa.
–Tienes que viajar a medio oriente y robarte una reliquia por mí…
– Vaya… casi nada ¿Y si lo hago dejarás ir a Sam?
–Siempre y cuando no cometa la torpeza de ponerse en mi camino…
–Me encargaré de eso ahora mismo… –Dijo sacando su móvil y marcando un número.
–Ah ah ah… –advirtió el demonio –con altavoz. ¿Está claro?
Ella obedeció. La llamada fue atendida por la voz del menor de los Winchester.
–Erika. ¿Qué ocurre? ¿Descubriste algo?
–No… Sam. Lo siento mucho.
–Entiendo. ¿Algo sobre Kevin?
–No… tampoco. –mintió –Pero te prometo que cuidaré de él en cuanto lo encuentre. Si Crowley lo tiene no veo muchas probabilidades de liberarlo. Tienes mi palabra de que no dejaré que le haga daño. Y trataré de averiguar que planea hacer con el chico.
–Bien… ¿Hay algo que necesites?
–No. Estaré bien…. Bueno… en realidad si. Hay algo que quiero pedirte.
–Seguro. Lo que sea.
–Busca tu camino, Sam. Y no sientas culpa por hacerlo. Si por azar o por lo que fuere llego a encontrar a Dean… o siquiera un rastro suyo… te prometo que me comunicaré contigo. Pero tú… solo márchate. No hay nada que puedas hacer. Ni por Dean, ni por mí…
–Gracias –respondió con pesar.
–Y Sam: siempre estaré aquí para ti. Por lo que sea. Si de pronto descubres que no tienes a dónde ir… aquí hay lugar para ti. Cuentas conmigo.
–Gracias de nuevo y adiós, supongo.
–Digámosle… hasta otra oportunidad.
Cortó la comunicación.
– ¿Satisfecho? –preguntó mirando a Crowley.
–Satisfecho y sorprendido. Eres una gran actriz. Quiero pensar que lo eres… y no que tienes en mente traicionarme.
–Nos conocemos lo suficiente para que yo sepa que eso no me conviene y para que tú tengas claro que cuando digo que estoy contigo lo digo en serio. –dijo acariciando la mejilla de Crowley – ¿Nunca volverás a afeitarte? Pareces un viejo patriarca con esa barba… –comentó –Te sienta bien.
– ¿Te gusta?
–Si.
–Bien. Prepara las valijas. Te quiero lista cuanto antes.
