Capítulo 4: Kouga, El Arcángel.

Retiro sus labios lo más rápido que pudo, al tiempo que inevitablemente sus mejillas tomaban un color carmesí mostrando cuan incomoda se encontraba con esa situación. Apretó los labios aun teniendo claramente la sensación de tibieza en ellos a causa de los segundos que apoyo los suyos en los varoniles. ¡Justo tenía que suceder en un momento tan incomodo como ese! ¡No podía ser en otro lugar o algo más privado! Nooo, debía ser justamente en un callejón cualquiera, con un mitad hombre —ya que no lo consideraba del todo humano por lo que había sucedido— y de postre con él sobre ella ¡en una posición tan comprometedora como intima!

«¡¿Por qué a mí!? ¿¡Por qué?!»

Quiso gritar de pura desesperación pero trato de calmarse ¿Cómo explicarle a la primera persona que se acercara en su ayuda que quien se encontraba sobre ella no era nada más ni nada menos que un mitad hombre? Sonaba absurdo y obviamente poco coherente. Suspiro cerrando sus ojos sin dejar de respirar con dificultad por el peso de él. A pesar de ser bastante delgado pesaba demasiado. Cerró sus ojos y trato de tranquilizarse, pensando en una posibilidad de cómo sacárselo de encima sin tener que recurrir a otra persona…

—Creo… —comenzó ladeando su cabeza con cautela para evitar lo de un momento atrás—, que tendrás que despertar.

Observo su rostro con atención, repasando cada centímetro de línea que se formaba con las sombras del atardecer que al parecer faltaba poco por hacerse presente. Era apuesto, tenía que admitirlo, de rasgos muy varoniles casi algo rudos. Piel dorada. Largas y espesas pestañas negras que creaban sombras en sus mejillas. Cejas gruesas pero no feas. Labios tentadores en donde sus labios se posaron por un segundo… el cual no podía dejar de pensar. Su mirada vago por esos labios por un largo momento, sin prestar atención a lo que se encontraba alrededor de ella, sin ver otra cosa que no fueran sus labios. Una vez tuvo un novio, con el cual compartió muchas cosas, como su primer beso, como su corazón… pero nada fue intenso sólo supo que estaba enamorada de él, jamás descubrió si lo que sentía por su antiguo novio era verdadero amor del cual algunas personas creen morir sino son correspondidos o simplemente lo quería. No. Ella jamás lo supo. Y ahora que veía los labios del medio demonio se preguntaba si con su ex novio también había tenido deseos de besarlo como los sentía con él.

Trago saliva sintiendo de pronto algo seca su boca. ¿Por qué? Si no sentía sed, ¿Por qué de pronto su garganta de seco? Bajo de nuevo su mirada a los labios del hombre que tenia sobre ella. ¿Acaso serian las irremediables ganas que tenía de posar una vez más sus labios sobre los de él? ¿Podría ser eso? Lentamente —casi con miedo— fue acercando su cabeza hacia la del medio hombre sintiendo un hormigueo algo extraño en el estomago cómo si miles de mariposas volaran dentro de él y los latidos de su corazón que le retumbaban en sus oídos como gritando de emoción. Se detuvo a solo centímetros del ángel/demonio observando el sereno rostro masculino. Suspiró. Lo escucho suspirar. Fue como si él mismo, a pesar de encontrarse dormido, se impacientara por sus dubitativos movimientos, como si se encontrara impaciente por recibir de nuevo ese suave e inocente rose de labios…

—No… no deberíamos… —susurró, lentamente cerrando sus ojos. Era cierto, ellos no deberían estar a punto de rosar sus labios, pero ella solo quería recordar lo que pasó accidentalmente minutos atrás y ese hombre solo se encontraba inconsciente. Y claramente impaciente por experimentar de nuevo ese contacto.

«Sólo unos centímetros más…»

Sentía la respiración lenta del medio hombre, advirtiendo que pronto sus labios llegarían a su destino… ya podía percibir el calor corporal de su rostro… solo unos centímetros más y…

—Creo que tienes razón —se escucho una voz desde enfrente de ellos, provocando que Kagome enrojeciera mas por la vergüenza de ser descubierta separándose casi al instante de Inuyasha tratando de empujarlo sin lograrlo—, no deberían hacerlo…

Trato —a duras penas— de alzar su cabeza por sobre el hombro del hombre que tenia encima para ver a el nuevo individuo que se encontraba con ellos. Se quedo de piedra al verlo.

—Otra vez no… dime que no… —susurró a Kami, logrando que él ángel de enormes alas blancas sonriera de oreja a oreja como entendiendo a que se refería.

—Al parecer has olvidado que antes tú eras uno de nosotros, en tu otra vida. ¿Eh, Kagome? —sonrió el chico de ojos celestes y piel morena, con coleta alta, dejando a la muchacha estupefacta ante la revelación. ¿Qué ella era uno de ellos? ¿A qué se refería con eso? ¿Ella antes era un ángel? Imposible… lo vio posar sus pies en la tierra y acercarse hasta ellos inspeccionando lo que aparentemente había sucedido minutos antes de que él apareciera.

Chasqueo su lengua de forma negativa.

—Vaya, vaya… se descontrolo al ver que no eras quien pensaba ¿no? —inquirió observándola atentamente. Kagome enrojeció y trato de ocultar su rostro en el hombro de Inuyasha sin dejar de observar al nuevo ángel que tenía enfrente. Por alguna razón que no comprendía no le temía, se sentía protegida con el cuerpo del medio hombre que tenia sobre ella, aunque fuera algo pecaminoso encontrarse así con él para un ángel que venía de un lugar tan puro como era el cielo, en donde se encontraba su tan querido Kami Sama, pero no podía evitarlo: el ángel demonio le transmitía protección, seguridad… cosa que más anhelaba en estos momentos de su vida— a que no me conoces ¿verdad?

Kagome negó con la cabeza parpadeando al perderse algo de la conversación, por concentrarse tanto en sus cavilaciones.

Él nuevo ángel sonrió de manera algo intimidante.

—Bien, mi nombre es Kouga y soy uno de los ángeles mensajeros de Kami Sama —se tomo el mentón como si hubiera recordado algo—. Aunque pensándolo mejor, no sé ni para que me presento si tu ya me conoces —Kagome frunció el ceño—, solo no lo recuerdas porque paso hace quinientos años, es por eso que este cabeza de alcornoque no te recuerda, tu ya no estabas con nosotros cuando el llego a los cielos.

—¿Y-yo fui un ángel e-en mi vida pasada?

—¡Claro! —Afirmó con notable jovialidad— solo (como ya te he dicho) no lo recuerdas. Nadie lo recuerda, porque se te olvida al momento de nacer —se inclino un poco hacia delante colocando una mano tras su espalda y mostrando su dedo índice como si le explicara a un niño pequeño— pero no pienses que todos lo son, solo algunos que por portarse bien en su vida pasada le regalan otra oportunidad —se incorporo y mostro otra devastadora sonrisa— y creo que al paso que bienes tú tienes muchas más oportunidades de renacer.

La muchacha lo observo con intensidad. Poco entendía de todo lo que sucedía en esos momentos, y tenia demasiadas dudas para creer en todo lo que ese tal Kouga le decía. Primero, ¿cómo era posible que hubiera aparecido sin que ella hubiera sentido alguna presencia? Ella era una sacerdotisa ya que provenía de un templo ¿Cómo era posible no sentir ninguna presencia sobre natural? Segundo, ¿Por qué demonios apareció tan silenciosamente cuando el medio hombre había aparecido con semejante estruendo más una extraña luz? Tercero, ¿Qué demonios hacia allí?

—Hey…

—Veo que ya no le temes tanto a los ángeles ni a lo sobre natural. La verdad, te felicito, eres una chica muy valiente. Aunque creo que no me temes porque ya nos conocíamos de antes.

No le temía porque ese hombre la estaba protegiendo con su cuerpo y extrañamente él le transmitía paz y tranquilidad. Parecía como si fuera su escudo personal.

—Bien… ¿vámonos? Tengo órdenes superiores de llevármelos hacia arriba.

Kagome abrió sus ojos desmesuradamente entendiendo que debía morir en ese preciso instante.

Él chico de coleta y cabello negro estallo en carcajadas al ver la mirada que le propino la muchacha al entender mal sus palabras. Se limpio lagrimitas que salieron de sus ojos al reírse tan estruendosamente.

—Ay, Kagome, tu no cambias más —exclamó sonriendo—. No me refería a matarlos, sino a llevarlos para que hablaran con Kami, tengo ordenes para guiarte a él, luego bajaras de nuevo a tu tan querida Tierra.

—¿Y él…? —inquirió observando al joven que tenia sobre ella.

—¡Vamos todos! —Concedió— hasta el gato que se encuentra a tu lado.

Giro su cabeza a un lado para observar un pequeño gato de manchas marrones, negras y blancas que se encontraba a un lado de ellos observando la escena curiosamente, moviendo su cola, atento a todo lo que sucedía. Era el gato que había salvado de unos perros callejeros. Frunció el ceño al verlo allí… ¿Qué demonios…?

Y escucho el chasqueo de unos dedos.

De pronto todo cambio.

El callejón en donde se encontraban hace solo segundos había desaparecido para luego de un parpadeo encontrarse con un lugar radicalmente distinto. La oscuridad de la noche que se hacía presente, se transformo en una luz radiante, con destellos naranjas y rosas, bañado de nubes esponjosas que se mostraban por todo el lugar, mostrándose sin tener fin. Boquiabierta observo el lugar, girando su cabeza para todos los lados, sorprendida de todo lo que la rodeaba. Escucho otro chasquido y observo hacia el frente viendo como el ángel mensajero Kouga sonreía abiertamente. De un momento a otro todos cayeron al suelo ya que se encontraban en el aire levitando sin haberlo notado.

Un intenso dolor le punzo el trasero haciendo que cerrara sus ojos con fuerza al sentirlo.

—¡Ay, ay, ay! ¡Me dolió! —se quejo sobándose su muy maltratado trasero. Fue como si hubiera caído al suelo…

¿Al suelo?

Abrió sus ojos y metió sus manos en las esponjosas nubes sintiendo suavemente como sus dedos las traspasaban y comenzó a palpar lo que sea que se encontrara debajo de ellas. Lo sentía duro y plano como si fuera suelo… más decidida qué nunca tomo aire y zambullo su cabeza entre ellas para ver lo que sea que se encontraba debajo —ya que con correrlas no era suficiente— abrió sus ojos de súbito viendo esponjosas montañas de nube que rodeaba todo su rostro sin permitirle ver nada. Frunció el ceño al ver pequeños destellos de luz traspasar alguna que otra nube… todo… todo pareció un gran sueño.

—Si ya terminaste de jugar, me gustaría que me siguieran —escucho hablar al ángel Kouga.

Saco su cabeza tomando aire con una gran bocanada ya que se había sumergido como si se tratara de agua.

—¿Qué es lo que se encuentra debajo de las nubes? —inquirió con pequeños trozos de nube en el cabello.

El ángel volteo comenzando a caminar, respondiendo:

—Nadie lo sabe… —luego de un minuto agrego—: pero se cree qué es el muro que divide el cielo de la Tierra…

Kagome observo la amplia espalda del ángel con sus inmensas alas blancas que al caminar una que otro pluma caía como si una brisa lo provocara, mientras este caminaba a paso tranquilo por un tipo de sendero que conducía hacia unos portones de oro que al parecer pertenecían a la propiedad de alguien que… por Kami Sama… ¡pertenecían a él! contuvo la respiración sintiendo los latidos de su corazón martillarle el pecho mientras seguía con la mirada a Kouga quien al parecer charlaba con otros ángeles como él. Notó que algo cerca de ella se movía y obligo a despegar su mirada del magnífico muro que pertenecía a quien rogaba y agradecía cada vez que oraba por alguien de su familia o ella misma. Vio con asombro como el demonio era alzado por nubes esponjosas que se separaban del propio suelo y comenzaba a andar por donde el arcángel se fue. Asustada, como llena de impresión, se hizo a un lado. Sintió un suave tacto que rozo su mano provocando que la alzara y observo hacia abajo viendo como una pequeña cola peluda se movía por entre debajo de las nubes. ¿Podría ser… que fuera el gatito? ¿También había ido al cielo?

¡Vamos todos! —Concedió— hasta el gato que se encuentra a tu lado.

Esto no podía estar pasando. Todo era una completa locura, nada de esto era verdad. ¿Cómo podría ser cierto que un demonio, con un humano y un gato, fueran al cielo para hablar con Kami Sama? ¡Eso solo pasaban en las películas ficticias! Esto era la vida real, ¡era poco coherente! Poso la mano en su pecho queriendo calmar su loco corazón que ya comenzaba a dolerle de tan rápido que latía. Sí, tenía miedo, mucho miedo, por todo, su vida no era así antes, ella era una mujer normal que trabajaba para poder pagar la universidad de su hermano, pagar sus gasto y ayudar a los animales… jamás había sido ambiciosa ni querido más de lo que nunca podría llegar a tener…

—Yo no quiero esto… —musitó, al tiempo que se levantaba del suelo y comenzaba a seguir a los demás. Trato de camina firme y recta, pero las piernas le temblaban demasiado por el terror que sentía ante todo lo nuevo que se aparecía en ese lugar. Niños/ángeles corriendo por doquier, personas adultas conversando tranquilamente como si fuera una tarde de domingo, y mucho más a lo lejos pudo ver un campo de flores de todos los colores, siendo iluminado por el astro sol… vaya… ese lugar se le hacía muy familiar y hasta le transmitía paz.

—Ese era tu lugar favorito.

Observo algo asustada hacia el frente, viendo la sonrisa cálida del arcángel Kouga que ya se encontraba con una mano sobre la perilla del enorme portón apunto de abrirlo.

—¿Estás lista para ver a tu amado señor?

—N…

Y las puertas se abrieron, permitiendo dar paso a una luz segadora que por poco y logra que sus ojos se hirieran ante lo repentino que apareció ante ellos. Bajo su brazo, el cual había alzado para protegerse de los rayos de luz, lentamente espero hasta que sus ojos se aclararan y observo el nuevo lugar: no había puerta en la entrada ya que sólo se veía el hueco donde debería ir una y las paredes eran blancas con suaves dibujos tallados sobre ellas. Kouga comenzó a caminar con el demonio y el gatito pisándole los talones, pero Kagome reparo un momento en la arquitectura del lugar asombrada porque muchos de los dibujos que ella veía cuando era pequeña eran de la misma manera que es la "casa de Kami Sama". Por alguna extraña razón que aun no legaba a comprender, ese lugar se le hacía muy familiar…

—¿¡Bienes o te quedas!? —grito ya en la entraba el arcángel Kouga.

—¡Sí, voy! —respondió, dando un pequeño trote desde la entrada del lugar donde estaban ellos.

Fue un camino corto el que tuvieron que recorrer para llegar hacia la sala de Kami Sama. Todo era muy parecido a la entrada de ese lugar: las paredes tenían una hilera llena de dibujos mitológicos con monstruos que al parecer tenía una conversación como si fueran buenos amigos y hace tiempo que no se veían, luego paisajes y un árbol que llamo mucho su atención. Algo en ese dibujo le parecía haberlo visto en algún momento de su vida, estaba segura, y no era como la casa de Kami Sama o el valle de flores que vio afuera… era como si…

«Yo… conozco ese árbol.»

Sintió un escalofrió recorrerle la espalda y volteo sorprendida hacia atrás, notando que detrás de ella se encontraba Inuyasha aun durmiendo pero con su ceño fruncido como… como…

—Ay, no.

Abrió sus ojos.

Se incorporo con un gruñido y las nubes desaparecieron como si algo las hubiera hecho estallar desapareciendo en el aire. Por poco y se cae de espaladas hacia atrás, pero al ser un demonio tenia mejores reflejos que ella y evito limpiamente una caída que le dolería hasta el alma. Poso la palma de su mano justo en la sien, queriendo mitigar el dolor que al parecer le roía la cabeza lentamente, fruncía su ceño y gruñía levemente aun sin percatarse en donde se encontraba.

Ya con la respiración agitada observo hacia todos los lados buscando con la mirada al arcángel que al parecer desapareció junto con el pequeño gatito en alguna parte del lugar. Retrocedió lentamente para no llamar su atención, todo lo que pudo hasta que su espalda choco contra la pared que formaba el pacillo de esa casa. Su respiración se volvió agitada y sentía que su estomago se encogía por los nervios que la invadían en esos momentos mesclados con el terror de que vuelva a suceder lo mismo que ese día a la tarde. Pego sus manos a la fría pared que se encontraba atrás de ella y observo con pavor cada movimiento del hombre demonio que tenía delante. Se masajeaba lentamente la sien, tratando de que el dolor que sentía se pasara pronto, sin dejar de gruñir.

Debía encontrar la forma más sigilosa de salir de ese lugar sin que él lo notara. Debía hacerlo si quería volver a la Tierra. Lentamente comenzó a moverse hacia el lado izquierdo, paso por paso, sin ningún apuro… pero al parecer algo le fallo porque cuando comenzó a moverse él alzo su mirada y se encontró una vez más con la de ella. Su corazón se detuvo por un simple segundo al ver que esos ojos que eran de un intenso color azul comenzaban a volverse claros… hasta llegar al tono dorado. Contuvo la respiración y el pareció notarlo porque mostro unos caninos que no eran de humano… más bien… ella los vio en algún lugar… pero ¿Dónde?

«¡Son los colmillos de un perro!»

—¿En dónde estoy? —pregunto con la voz rasposa, como si necesitara beber agua.

—Tra-tranquilo… —tartamudeo alzando la palma de su mano para que él no se exaltara— nos encontra-tramos en el cielo…

Lo vio abrir sus ojos un poco más como si se encontrara sorprendido.

Sus largos cabellos negros comenzaron a mecerse como si una suave brisa los moviera lentamente. Sus manos se encresparon y de las uñas se transformaron en filosas garras al tiempo que su cabello se volvía plateado… igual que cuando se lo encontró la primera vez, igual que cuando lo vio de espaldas en el café francés, igual que ahora. Lo vio sonreír siniestramente mientras que movía sus hombros esperando que de ellos parecieran… sus alas.

Pero anda sucedió.

—¡¿Qué?!

Volteo como lo hace un cachorro al juagar con su cola y no poder tomarla, con la diferencia que él no quería tomar nada sino ver qué era lo que sucedía.

¡¿Dónde estaban sus las?! ¿Por qué no aparecían como antes? ¿No era que al llegar al cielo las recuperaría? Entonces lo recordó… cuando sintió compasión por ella, entrecerró sus ojos con odio, sus alas estallaron en mil fragmentos esparciéndose por todo el departamento de la maldita que se parecía tanto a Kikyô y luego como por arte de magia fueron desapareciendo una por una… excepto una sola, qué fue la que le dejo sobre su cama cuando la levanto del suelo…

—Maldición… —se lamento posando una palma en su frente cerrando sus ojos. Su suerte no podía empeorar… ¿o sí?

—¡Oh, ahí están! —ambos ladearon el rostro al ver a un hombre que Kagome jamás había visto e Inuyasha estaba hasta la coronilla de verlo siempre.

—Kami Sama… —susurró con pesar…

Continuará…

N/A: ¡Jajaja! Yo que quería en este cap presentar la obligación de Kagome hacia Inuyasha… uf, pero bueno, creo que me quedo demasiado largo ^0^. Ahora que lo pienso… Inuyasha si que durmió bastante ¿eh? Debería dormir menos, se perdió de todo, ¡hasta de ver a su quería amigo Kouga! Que tonto… jiji.

Mil gracias por los reviews n,ñ creo que tengo menos audiencia jeje eso me pasa por retrasarme tanto en mi trabajo, uf bueno, no importa el que aun me lean éso es mucho más importante que lo demás.

¡Nos leemos el año que viene! (xD)

Y por las dudad… ¡feliz año nuevo!

.°.°.°D.K.L°.°.°.