Nota inicial: Los diálogos situados en cursiva y entre comillas pertenecen al libro original: Los juegos del hambre.


Capítulo 4: De confesiones y tiempo.

La entrevista de Peeta me resulta algo aburrida, intenta hacerse el gracioso, y por las reacciones del público es obvio que lo consigue. Pero yo no estoy interesando en reír ahora mismo. Cuando te enfrentas al capitolio, a sus riquezas, no hay muchas actitudes posibles, indignarte o buscarle el lado divertido, y es obvio que ningún tributo destaca por echarles en cara lo injusto de su sistema. Al contrario.

Portia, más atenta que yo, me da un codazo, la miro ceñudo y ella sin decir palabra me señala el escenario de la entrevista, me he pasado el tiempo observando las expresiones de Katniss, ella tampoco parece muy concentrada. La conversación de Peeta y Caesar era banal hasta ahora.

–"Bueno, hay una chica. Llevo enamorado de ella desde que tengo uso de razón, pero estoy bastante seguro de que ella no sabía nada de mí hasta la cosecha."–Le observo con curiosidad, conque el chico está enamorado. Me pregunto como se sentirá Haymitch oyendo eso, puede que yo fuera el impulsor de la alianza de nuestros tributos, pero fue él el que les instó a actuar como dos locos enamorados. Yo por mi parte, no siento nada más que alivio, si Peeta confiesa su amor por aquella chica esta farsa de él y Katniss habrá acabado al fin. Solo quedarán los juegos, y francamente es lo mejor.

Pero cuando Peeta desvela su identidad me quedo perplejo, "ella está aquí conmigo". Imposible, este chico no puede amarla. A ella, un tributo, su compañera de distrito. Pero por encima de todo él no puede amar a Katniss.

Mi estrella.

Instantáneamente mis puños se cierran y casi debo agradecer que todos las cámaras enfoquen al tributo en cuestión. Si alguien me mirase, aunque fuese por un segundo, tal vez se asustaría. No es que tenga ganas de controlarme ahora mismo. Katniss luce perpleja, agacha la cabeza intentando ignorarlo todo, los gritos de la multitud. La tristeza de Peeta, su ya visible rubor. Todo.

– Cinna, creo que deberías tranquilizarte, ella no ha dicho que lo quiera –Me viro hacia Portia, que procura calmar mi ánimo. Pero es inútil, no importa las veces que me lo repitan, la tormenta de mi interior es difícil de aplacar.

Siempre he sido una persona de ardiente carácter, excéntrico, como todos los artistas, mis ideas fluyen en los momentos menos esperados. Haciendo perfectos milagros, no conozco límites. Desgraciadamente eso también aplica a mi humor: mis emociones siempre han sido intensas, ya fueran estas amor, alegría, tristeza o, como ahora, enfado.

Estoy enfadado contra Peeta, conozco el motivo, los celos que me embargan, pero al mismo tiempo no entiendo su presencia. Peeta está en los juegos del hambre, eventualmente va a morir.

De nada servirá que el Capitolio se sienta conmovido por sus sentimientos por Katniss ¿O sí?

.

–Una entrevista, preciosa, ¿no creen?–Haymitch intenta hacer ambiente en el ascensor al que por fin pudimos entrar después de librarnos de los periodistas. Suelto un suspiro, como siga comiéndome la cabeza con Peeta y Katniss enloqueceré. Dicen que mi maestra lo hizo, que el tributo de su distrito fue su perdición. Yo por mi parte siempre pensé que Lyra estaba perdida desde mucho antes, al igual que yo, enamorarse de un tributo no cambia lo que pienses.

Rehúso contestarles, solo quiero que el tiempo pase rápido, encontrarme con Katniss otra vez para poder mirarla a los ojos. Poder ver que todo esto la harta, que realmente no siente nada por él, aunque esté mal para el juego.

Y cuando nada más salir, veo a Peeta en el suelo, con una mano ensangrentada a causa de caer sobre un jarrón de flores. Siento que mi deseo se ha cumplido.

–"Ha sido idea tuya, ¿verdad? ¿Lo de convertirme en una idiota delante de todo el país?"–Katniss casi grita frente a su mentor, está furiosa, malhumorada. No sé si es por qué ha malinterpretado la situación, o porque simplemente le molesta ser parte de un espectáculo a base de mentiras. Ojalá pudiera calmarla, pero ni quiero, ni sé como. La herida de Peeta parece aplacarme hasta que él se confesa como autor de la artimaña. Entonces lo observo con furia, mientras Katniss sigue discutiendo con su mentor. Eventualmente me entero de su enfado, no le molesta el espectáculo, le molesta que la gente la observe con pena por estar "enamorada". Ansía que la vean como alguien fuerte, admirable por su valor y fortaleza, no por amar a un tributo donde solo uno de veinticuatro sale vivo. Increíble.

"No lo apartes, no lo apartes" Debo repetirme cuando el mentor casi la aplasta contra la pared, lo que me pone más furioso de todo esta discusión no es su brusquedad, es algo esperable de Haymitch. Sino que tiene razón, a lo largo del tiempo muchos tributos han destacado por amar a sus familiares, querer volver por ellos. Aunque nadie lo hizo como ella. Es una auténtica luchadora. Sin embargo, tras la confesión de Peeta no solo se ha vuelto admirable, sino deseable, la gente la ama porque es el objeto del amor del chico. Más no es la única favorecida, él también, hasta que habló de amor su entrevista era insulsa, divertida pero insulsa. Ahora en cambio, es inolvidable, al igual que ella.

Los trágicos amantes del distrito doce.

De solo recordar el nombre por el que los llaman siento ganas de vomitar.

Katniss retrocede, asqueada por el mentor, inmediatamente la rodeo con un brazo y le permito inspirar hondo y relajarse. Como cuando nos abrazamos, no parece incomodarle mi cercanía. –Aunque me duela admitirlo... –Le susurro dejándola intrigada antes de virarme hacia todos y elevar la voz. –Creo que tiene razón, Katniss. –Luce sorprendida pero asiente resignada. Aludiendo a que era mejor que conociera el juego. Portia añade que no reaccionaría bien y Peeta, él me deja sorprendido sus palabras:

– "Lo que le importa es su novio."–La miro confuso, ¿novio? ¿Quién…? Katniss me mira negando apresurada. –O quizás otra persona. –El chico parece haber reparado en nuestro intercambio de miradas. Y parece algo celoso. La acerco un poco más a mí, sosteniéndole la mirada a Peeta, cuando ella se ruboriza y se aparta.

–"No tengo novio." –Afirma con el rostro aun encarnado. Peeta sigue hablando, intentando quitarle hielo al asunto. No sé quién se imaginó como novio de Katniss, ni me importa. Yo la creo. Parece calmarse un poco, y aunque me sigue enfermando su juego de las parejas, (sobre todo cuando se le ocurre preguntar si parecía enamorada o no), yo también lo hago con ella.

Portia se va a curar a Peeta y Katniss… Ella me mira por un momento mientras nos sentamos a cenar ¿Qué pasa? Finalmente agacha la cabeza, parece sentirse culpable, expresión que se agrava al chico volver vendado. Arqueo una ceja, ¿que pasa entre estos dos? ¿Existen motivos acaso para asegurar que ella no…? Espera ¿Por qué me estoy preguntando eso en primer lugar? Lo de Katniss y yo es tan imposible como lo de Peeta y ella.

Ignoro la repetición de la entrevista, concentrándome en cualquier cosa menos la imagen de Peeta y Katniss en pantalla. No lo soporto. Me habría ido de no ser porque es el ultimo día antes de los juegos. Tras el programa vienen las despedidas del mentor y acompañante, Portia me observa con cuidado antes de que Peeta se le acerque. Katniss en cambio parte sin decir nada, no sé si agradecerlo o no. No sé que le diría ahora ante los demás. Suspiro resignado, supongo que es inevitable.

– De modo que eso pasa. –Me dice el mentor sonriendo maliciosamente. –Supongo que era demasiado pedir que me lo dijeses en su momento, ¿verdad?–Niego con la cabeza.

–No sé a qué te refieres. –Murmuro.

–¡Oh, por favor! ¡Es obvio que bebes los vientos por esa chica!–Eleva la voz haciendo que Peeta nos observe un minuto, pero enseguida Portia le disuade susurrándole algo antes de dejarlo partir. Espero que se vire y me diga algo más pero no lo hace.

–Piensa lo que quieras. –Corto a Haymitch malhumorado. –Yo me voy a dormir. Mañana me tocará llevarla a la arena, como bien sabes. Necesito estar despierto. –Me aparto de él con toda la intención de partir cuando su brazo me detiene.

–Quizás deberías hablar con ella. –Me aconseja, su tono es menos jocoso ahora, no sé porque. –Tener una linda despedida. Ese podría ser su último momento juntos. –Por un momento estoy perplejo, mas termino asintiendo. Otra vez tiene razón, y otra vez me duele, no quiero perderla.

Pero desgraciadamente con querer su vida no basta, hay miles de variantes que lo cambian todo, y por esas miles de variantes quizás, solo quizás, Katniss se merezca algo más que un simple "que la suerte te acompañe". Algo que la haga luchar con más ahínco.


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El rostro de Katniss se ve intranquilo mientras duerme. Supongo que es algo habitual en los tributos, no sé porque la observo con tanta asiduidad ¿Será cosa del amor?

Cuando me llamaron para ir a llevarla a la arena fui incapaz de sentirme bien, y no precisamente porque todavía no supiera que decirle antes de partir. Ni si era incorrecto incluso abrir la boca. Desvelarlo todo. Yo…

Solo quería poder alejarla de allí. Escapar juntos.

Pero supongo que es imposible huir del Capitolio ahora mismo.

–Mnnn. Cinna.–Intento acercarme, tocarla, pero la despierto. – ¿Ya es hora?–Asiento despacio, intentando mantenerme sereno. Ella se incorpora y las luces se encienden, es algo automático que pasa en todas las habitaciones. Cuando veo que está preparada le pongo una túnica. Todo es muy silencioso, casi melancólico y ella lo nota. Pero no dice nada, solo me sigue.

Me entretengo acariciando con mi mano el amuleto de Katniss. Un broche en forma de sinsajo, de oro. Recuerdo que, al verlo en el tren, me sorprendió mucho que una chica como ella poseyera eso. Pero tampoco era nadie como para preguntar quién se lo dió.

¿Podría ser quizás… ¿Un regalo de su novio?

No, no creo que Katniss tenga algo como un novio, no me dejaría acercarme de ser así. Menos habría permitido la historia con Peeta.

Vuelvo en mí justo en el momento en que la escalera me recoge del tejado. Un avox nos guía a donde está nuestro desayuno. Katniss luce nerviosa, tensa a pesar de la tranquilidad del viaje. Pero come a pesar de todo, algo bueno. Yo por mi parte le doy vueltas a mi comida mientras observo el paisaje. Pensando en aquel Sinsajo, el animal rebelde, que nació con todo en contra y sobrevivió a pesar del abandono del Capitolio. Siendo… Libre.

Libre para volar adonde quiera, con quién quiera.

Lo envidio.

Cuando el aerodeslizador donde viajábamos se posa, bajamos a las catacumbas. Mando a duchar a Katniss mientras me envían su ropa, decido no sacarla hasta hallarme frente a ella. En el momento en que está lista se la enfilo y hablamos de aquel traje de la arena. Unos pantalones rojizos combinados con una blusa verde claro, un robusto cinturón marrón y una fina chaqueta negra con capucha que le llega hasta los muslos. Tocarla se siente tan bien... un privilegio del que solo dispondré hasta la partida. Entonces habría que esperar a que volviese viva.

Le voy dictando algunas claves mientras culminamos, momento justo que elijo para devolverle su sinsajo.

–"¿De dónde lo has sacado?"–Me pregunta. Sonrío tranquilo.

– "Del traje verde que llevabas puesto en el tren. Es el símbolo de tu distrito, ¿no?"–Le explico, ella asiente y deja que se lo prenda en la camisa. –"Casi no logra pasar por la junta de revisión. Algunos pensaban que podía usarse como arma y darte una ventaja injusta, pero, al final, lo aprobaron. Sí, eliminaron un anillo de la chica del Distrito uno; si girabas la gema salía una punta envenenada. La chica decía que no tenía ni idea de que el anillo se transformase, y no había pruebas que demostrasen lo contrario. De todos modos, ha perdido su símbolo. Bueno, ya está. Muévete, asegúrate de estar cómoda." –Se mueve, corre, me confirma que está cómoda y cuando le pregunto si quiere comer niega con la cabeza. Sigue luciendo nerviosa, me preocupa la forma en que se muerde las uñas y el interior de la mejilla. Luego se aprieta el bulto del localizador y yo... Quisiera calmarla pero no sé cómo, yo mismo estoy demasiado nervioso, demasiado preocupado.

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–"¿Quieres hablar, Katniss?"–Sacude la cabeza, sin embargo me da la mano y se la aprieto en silencio, acariciándola un poco incluso. Parece servir. Intento hablar de nuevo.

– Katniss yo...–Me mira por un momento, algo expectante, pero no sé continuar hasta que la llaman para el lanzamiento. Katniss no se suelta pero se acerca a la placa de metal. Busco desesperado unas últimas palabras. Algo. –"Recuerda lo que dijo Haymitch: corre, busca agua. Lo demás saldrá solo "–Ella asiente pero no me callo. No puedo dejarla irse así.– "Y recuerda una cosa: aunque no se me permite apostar, si pudiera, apostaría por ti."–Katniss me observa perpleja, duda tanto de mis palabras que me siento obligado a confirmarlas.

– De verdad. Katniss yo… –Vuelvo a probar, su rostro refleja expectación y nerviosismo. No entiende qué me ocurre. Y no tengo mucho tiempo para explicarlo. Decido intentarlo, juntar mis labios con los suyos, probar su sabor cuando, inesperadamente, se aleja confusa.

—Cinna...—Murmura. Su rostro se ha teñido de un rojo intenso, puede que incluso más que cuando Peeta declaró sus sentimientos por televisión. Me quedo mirándola sorprendido ¿Hice mal? Probablemente. Abre la boca pero enseguida la cierra, no sabiendo qué decir.

—No te preocupes, tu solo vuelve, ¿sí? Podemos hablarlo después. —Me aparto para permitir que baje el tubo en el momento indicado, pero antes de ello ella me llama.

—Tiempo. —Dice firme. —Peeta, tú...—Se queda callada y no dice más. Tiempo, creo poder entenderla, el chico se le declaró la noche de las entrevista y yo ahora. No es algo fácil de gestionar a punto de entrar en una arena. Asiento y beso su cabeza.

—Está bien pero regresa. Sé que puedes hacerlo, te conseguí muchos patrocinadores. —Ella asiente más confiada, justo cuando debo echarme atrás para que el tubo se cierra. Eleva la barbilla mientras yo me mentalizo que estos bien podrían ser mis últimos minutos con ella.

Me pregunto si habría cambiado algo el haberla agarrado para forzar el beso… Seguramente sí, podría haberme abofeteado, en cambio así…

Tiempo.

No sé para que se lo concedí. Porque confío en ella para vivir. Ni que haré si no es así. Tengo demasiadas preguntas en mente y ningún tiempo para responderlas. A menos que vuelva.

Debe hacerlo. La necesito.