Capítulo 4. No te dejare jamás

La vida como la conocía había cambiado. Ahora, había cruzado aparentemente sin percatarme de ello, a una clase de extraña dimensión desconocida, donde la lógica era una bastante retorcida.

No es que odiase esto, de hecho, nunca en mi vida me había sentido más pleno y feliz.

La cosa era, que estaba consiente que algo aquí no estaban bien, que si dejaba que este enredo siguiera este cauce, probablemente mi cabeza terminaría en algún saco de lona flotando por algún río, pero a pesar de todo no me importa.

Ella me había pedido que la llevara de compras, lo hare, que comamos juntos, lo hare y que la lleve de paseo por la gran manzana, lo hare. Soy su fiel y humilde esclavo.

Me es imposible negarle alguna petición, esa niña debe estar haciéndome alguna clase de vudú.

Bueno hechizado o lo que sea, soy su títere. ¿Quién lo diría? Hikaru Hitachiin el fiel perro faldero de una niña.

Me gustaría que esto fuera algo así como, oh claro, Haruhi no sabe quien es el padre de la niña, tal vez sea yo, por eso tengo ese terrible afecto por ella. Si como no, si es tan obvio, solo mírenle a los ojos, idénticos a los del Señor, y en muchas cosas más, ella es la viva imagen de su padre.

Oh bien, Kaoru me cree un pederasta, ¿que cosa tan mas terrible podría seguirle a semejante acusación?, supongo yo que nada.

Creo que lo superare.

—Tío Hikaru. ¿Enserio estas bien?

Mierda, hable muy pronto.

Ahí estaba ella, con esos ojos de cachorro, —como los que ponía el Señor cuando quería conseguir algo de nosotros y normalmente lo hacía—, justo eso pasa aquí, solo que lo que ella me provoca es en una forma totalmente distinta.

—Si Karin, estoy bien, iremos de compras en un rato—solté un enrome suspiro—. ¿Bien?

—Claro que si—respondió algo ruborizada, demonios, ¿por qué es tan condenadamente linda?

Ella se marcho a su habitación con esa hermosa expresión en su rostro, me podría quedar contemplándola toda la vida, pero. Oh genial el teléfono, desearía tirarlo por la ventana, bien, contestare.

—Si, habla Hikaru.

Tú, roba hijas inconsciente, ¿dónde la tienes? —tuve que retirar treinta centímetros el auricular de mi oído, su voz casi me rompe los tímpanos.

—Primero, ella vino por que así lo quiso, yo no sabía que lo haría; segundo, no la tengo en ningún lado, esta en su habitación; tercero, ¿podrías dejar de gritar?, me rompes los oídos —bien, no era lo que tenía pensado decirle luego de tantos años sin hablarle, pero el comenzó.

—Si algo le pasa será culpa tuya Hikaru, ella es solo una bebe, mi bebe—era como si el teléfono comenzara a derramar lagrimas—, nadie puede aprovecharse de ella ¿me entendiste?

—Tono, no se que imagen mental tengas de tu propia hija, pero actualmente ella es una jovencita de 15 años—le dije resaltando lo obvio.

Con que así la vez ¿no? aleja tus sucias intenciones HIkaru—el teléfono aún parecía bañado en lágrimas, de pronto, lo imagine con dos pequeñas manos que comenzaban a estrangularme. Suspire.

—Yo también me siento contento al hablar contigo luego de estos años Tono—solté el sarcasmo con la intención de cambiar el tema, claramente me hacía sentir, culpable.

Hikaru tú…Lo mismo, si te tuviera enfrente te mataría—su voz cambio drásticamente, me sorprendió un poco pero en cierta manera me alegro.

—Lo siento, pero las explicaciones luego, Karin esta bien, la llevare a pasear y luego comeremos juntos, ella se ve radiante, siempre tiene esa hermosa sonrisa en su rostro, es una chica maravillosa—mierda, mi voz sonaba con una estúpida religiosa devoción, maldición, ¿cómo me salvo de esta ahora?

Hikaru, se que eres un hombre responsable y maduro—un escalofrío me recorrió la espalda, su voz sonaba tan serena—, por eso mismo te advierto, si le pones un solo dedo encima te mato ¿me entendiste?

Amenaza segura, mi cabeza terminaría en alguna jaula.

—Si, por dios soy como su, su—vamos estúpida palabreja sal de mi boca, sal—su, emm…. tío.

Por alguna razón me costo mucho articular esa última palabra.

Bien, pero estas advertido—respondió no muy convencido—, si le pasa algo te mato, no la dejes ir con otros hombres, y cuídala muy bien, es mi bebe, ¿entendiste?

—Si, si, lo sé, cuidare muy bien de tu niña—con mi vida, lo juro—, por cierto Tono, dale saludos a Haruhi de mi parte, me da gusto que estén tan felices, Karin me conto de las mellizas, que bueno que todos estén bien.

Y de alguna manera, todo sonó tan limpio y sincero, creo que por qué, efectivamente, así lo era.

Lo haré, ella te extraña—admitió —, y si no la cuidas te mato….

Colgué el teléfono, no pretendía escuchar otra media hora seguida sobre sus regaños y consejos paternales. Kaoru era suficiente.

Eran ya casi las dos de la tarde, fui a mi habitación y me arregle un poco, me mire fijamente en el espejo, soy un hombre de 31 años, debo saber lo que quiero, de hecho lo sé, pero es una completa estupidez.

Podría ser su padre, o un tío, ¿qué rayos me pasa?

Mejor tomo aire fresco, tengo que despejarme y no pensar en nada relacionado a eso, tan pronto salí de mi cuarto, la vi, en la sala, se veía hermosa.

Su largo y hermoso cabello castaño caía en cascadas hasta su cintura, sus hermosas mejillas sonrosadas, su hermosa figura enmarcada en ese encantador vestido, sus labios carnosos y rosados, sus… Basta, me patee mentalmente por cada uno de mis impuros pensamientos, ¿qué clase de escoria humana soy?

De la peor clase al parecer.

Este día será más largo y difícil de lo que imaginaba.

Karin POV

Estaba tan nerviosa, escuche la conversación de mi padre con Hikaru y la verdad temía que le dijera algo como "quiero a mi bebe de regreso", "debo cuidar de ella" y cosas como esa, lo hizo al parecer, y quería ahorcarle por intentar separarme del hombre mas maravilloso que hay.

Luego la conversación dio un giro interesante, creo que uno bueno.

Eso me tranquilizo y decidí no meterme más.

Fui a mi habitación y arregle con esmero mi cabello, debía estar lo mas hermosa posible, saldríamos juntos y quería que la gente nos viera como a una bella pareja, valla cine mental el mío.

Él y yo, tomados dela mano por el hermoso parque, de pronto, me besa con una intensidad tal, que siento me deja sin aliento.

Me es imposible no fantasear al respecto, pero cuando regreso a la realidad, es como si un balde de agua muy fría me callera directo a la cabeza.

Ahora mismo, me encontraba en la sala y él, me miraba fijamente, mis mejillas se enrojecieron mas de la cuenta, ¿pensara que me veo bien?

Mis piernas tiemblan, y entre mas prolonga su silencio, mas prolonga mi agonía.

Bueno debo decirle algo, lo que sea, vamos, no es difícil.

—Ya estoy, lista—balbuce—, ¿nos vamos?

Él me miro algo confundido y luego de un rato me respondió.

—Si, vamos.

Dicho esto, tomo mi mano, su contacto me quemo la piel, sentía que flotaba en una nube de felicidad.

Subimos al hermoso auto convertible de Hikaru, y mientras el conducía, procuraba grabar en mi mente cada pequeño detalle de él. Claro, procurando que no me atrapara en tan vergonzoso acto.

Muy pronto llegamos a un enorme y lujoso centro comercial.

Bajamos del auto, el tomo mi mano y caminamos por las lujosas tiendas.

Mientras lo hacíamos, notaba la mirada de muchas mujeres sobre mí.

Era incomodo, pero al ver la envidia correr por sus venas, me sentí rara. Más bien, me sentí satisfecha.

Sin darme cuenta, dos de ellas nos abordaron con cierta brusquedad, me asuste un poco, pues ni siquiera pude ver de donde salieron.

—Hikaru. ¿Qué haces por aquí? —pregunto una de esas, rubia y con un cuerpo artificial tremendo.

—Britney, nada de tu incumbencia—le dijo despectivamente.

—No sabía que te gustaran tan jóvenes—comento la otra chica mientras se mordía el labio inferior.

—Hikaru, pero si tengo 24 años, no soy una anciana—la mirada de la tal Britney estaba posada sobre mí, y no era muy amigable—.¿Que edad tienes niña?

—Quince—respondí muy quedamente.

—Le doblas la edad amor que..

Pero él no la dejo terminar.

—Nos vamos, si nos disculpan tenemos prisa—poso su brazo sobre mis hombros y luego el otro, me… abrazo, mi cara ardía con furia.

—Es tu novia Hikaru—era una afirmación por parte de esa Britney.

—¿Y que?

Y nos fuimos.

Esas palabras resonaron en mi cabeza haciendo ecos. ¿Qué significaban?

Él, tal vez, solo tal vez, me veía de forma distinta…

—Disculpa Karin, esas mujeres son unas acosadoras.

Y no las culpo en realidad, aunque las deteste.

—Esta bien tío Hika…

—No me… llames así Karin—estaba rojo, era extraño verle así.

—¿Por qué?

—Dime solo Hikaru—su rostro se deformo por unos segundos, como si se avergonzara o se arrepintiese de tal petición, eso me hacía sentir muy triste.

—Claro, pero, ¿enserio esta bien? —quería confirmarlo, si me decía que si, sería la chica mas feliz de la tierra.

—Si, esta bien—respondió con una expresión seria—. No quiero sentirme un viejo Karin es todo.

Soltó una risa nerviosa y luego paso sus dedos por su hermoso cabello, amaba todos y cada uno de sus movimientos, que eran como él, perfectos.

Me daba vueltas la cabeza, estaba en medio de un sueño hermoso.

No me duro mucho en realidad.

—Espera aquí, voy al baño—me dijo de forma atropellada y se marcho.

—Si.

Me quede de piedra, eran demasiadas cosas para poder digerirlas en un solo día.

Sin mucho que pudiera hacer, me senté en una banca y comencé a contemplar a la gente que paseaba por el lugar.

Debí haber perdido la noción del tiempo, y cuando menos lo pensé, dos chicos como de unos 18 años se sentaron a un lado de mi.

—Hola linda—me saludo repentinamente uno de ellos.

—No eres de por aquí, no te habíamos visto—afirmo el otro, que, para que miento, era algo atractivo, ojos verdes y cabellos rojizos.

—No, solo estoy de visita.

Respondí poniendo más interés del que debiera.

—¿Qué haces sola en este lugar? —pregunto el otro, tenía cabello negro y ojos azules.

—De compras.

—Bueno linda, soy Seth—dijo el chico pelirrojo, era atractivo pero, algo me impedía coquetear con él.

—Yo soy Alex.

Los mire fijamente por unos segundos, no estaba muy cómoda, pues sentía que olvidaba algo, aunque no sabía que.

—Soy Karin—conteste no muy segura.

—Bueno Karin, ¿no quieres dar un paseo con nosotros? —ofreció Seth.

—No, es que, espero a alguien.

—Oh vamos, no creo que a tu acompañante le moleste, te vimos con él, ¿era tu hermano? —pregunto Alex.

—Pues…

Pero no pude articular la siguiente palabra.

—Karin, amor, ¿nos vamos?

Solo escuchar esa voz, sentí como cada parte de mí temblaba y se estremecía, aunque sonaba ligeramente irritado.

—Claro.

No pude decir mas, me tomo de un brazo, y rodeo mi cintura, jalándome hacia él.

—Con permiso—dije dejando a esos dos chicos solos, quienes solo nos miraban con una cara llena de asombro.

Caminamos en silencio por un buen rato, para ese momento, él ya me había soltado, caminaba en sin emitir una sola palabra, su silencio me estaba matando.

¿Estaría enojado? ¿No me hablara más? No podía soportarlo, era terrible, el que no quisiera hablarme eran como miles de lanzas atravesando mi pecho.

—Ti…Hikaru, ¿pasa algo? —por fin me atreví a preguntar.

—No—dijo secamente.

—Pero, ¿no pasa nada? —mi voz comenzaba a quebrarse.

No, por dios, no puedo llorar ahora. Intente contener mis lagrimas, pero cuando menos lo pensé, ya estaba llorando, quise patearme por ello.

Intente cubrir mi rostro, pero fue tarde, cuando pase una mano por mis mejillas, Hikaru, con una de sus manos, seco mis lagrimas. Ahora él parecía como si fuera a llorar.

—Lo siento, verte así, llorando, soy de lo peor—sus ojos me lo decían también, se sentía mal.

—Hikaru, esta bien, ¿sabes?, siempre lloro por todo, soy una niña muy llorona—dije entre risas, nada arruinaría la mejor tarde de mi vida.

—No, no esta bien Karin, perdóname—su voz sonaba tan arrepentida, como si hacerme el mas mínimo daño le causara un enorme pesar.

Me miro fijamente a los ojos, nuestras respiraciones comenzaron a ser agitadas, nuestros rostros estaban peligrosamente cerca, sentí que debía prepararme, cerré los ojos esperando que pasara, pero nada ocurrió.

Él comenzó a tornar su mirada en un camino distinto, lucía arrepentido y culpable, como si hubiera cometido algún delito.

Ahora mismo, estaba realmente confundida.

—¿Pasa algo? —pregunte con la voz temblorosa.

—Nada Karin, todo esta bien—me miro dulcemente—mi obligación es cuidarte—añadió en el mismo tono de voz.

—Pero, mi padre exagera.

—No, no lo hace, eres una niña tan bella y delicada, que es normal, cualquiera que te conozca, inevitablemente te adora y tiene esa necesidad de protegerte —sus mirada era intensa, tanto, que sentía como mi cara ardía.

—¿Tu…lo haces…?—pregunte incrédula.

—Claro que si, disculpa si te moleste con esos chicos—su mirada se había intensificado—,¿te hicieron algo?

—No, nada, solo platicaban conmigo, no se veían malos.

—Karin, yo tuve su edad alguna vez, y te aseguro que esas pistolas cargadas de hormonas no iban con buenas intenciones.

—Suenas como mi padre—dije sonriendo.

—Pero no lo soy, me hervía la sangre de solo pensar que te hicieran algo.

No sabía que pensar, mi rostro debió denotar esa confusión, pues me miro algo dolido y me dijo:

—Pero si gustas ir a divertirte y que te deje sola un rato, dímelo, me iré y regresare por ti en unas horas.

¿Irse?, ¿dejarme sola?, ¿estar sin él?...Nada de esto era procesado por mi cerebro, pues no concebía nada de eso.

—No—repliqué frenéticamente y sin darme cuanta le abrase.

Me aferre a él con fuerza, como si la vida se me fuera en ello. El momento era perfecto y deseaba que nada lo arruinara. Me sentía en la gloria, pues de un momento a otro él me sujeto con fuerza, parecía como si no quisiese soltarme jamás.

—No, la tarde perfecta para mí es contigo, haciendo todas las cosas que teníamos planeadas ti… Hikaru, por nada del mundo quiero que me dejes sola aquí—musite mientras seguía aferrada a su pecho.

—Entonces no te dejare, me quedare a tu lado mientras tú así lo desees.

Y lo quería para toda la vida, era duro pensar que nos tendríamos que dejar de ver algún día de estos, el momento era perfecto, ni siquiera me importaba la gente que pasaba y susurraba cosas de nosotros, algunos captando la escena y tachándonos de inmorales, y otros menos perceptivos tomándonos por padre e hija.

No importaba, estaba con Hikaru y me sentía la persona más feliz del mundo. Nada podría interrumpir este hermoso momento. Nada.

—Que bueno verlos tan animados—comento con sarcasmo—. Hikaru basta, estoy aquí por si no notas a tu nuevo hermano invisible.

Bien, hable muy pronto, tío Kaoru a la vista, dios mío que vergüenza, ojala no se lo diga a mi papá.

Y se separo de mí, eso de alguna manera me dolió en el alma.

—No seas ridículo Kaoru. ¿Qué haces aquí por cierto?

—Oh nada, vine a comprar elefantes morados con manchas amarillas—replicó sarcásticamente.

—Suerte me compras uno—respondió Hikaru de igual forma.

—Hice hasta lo imposible por salir del trabajo—recordó algo perturbado—, además quiero estar con Karin y vigilar estas cosas que por lo visto se te están saliendo de control.

—Nada se sale de control Kaoru—dijo Hikaru molesto—. ¿Desde cuando eres tan paranoico?

—Desde que mi hermano presenta ese extraño proceder.

Parecían molestos, mi cara demostraba inocencia y como si no supiera de que hablaban, pero tonta no soy y se que esto es por mi culpa, al parecer las cosas no serían nada fáciles, esto era algo destinado al fracaso.

No importa, hare hasta lo impensable por estar cerca de la persona más maravillosa del mundo, así tenga que luchar contra medio mundo, comenzado por mi tío Kaoru y mis padres.

Encontré al hombre perfecto y no me separarían de él jamás.

OoOoOoOoO

Bueno me tarde en actualizar, gracias a todas las que me dejaron su comentario, en verdad fue por ustedes que continúe, la historia tomara otros giros interesantes, pero por ahora quiero hacer esta extraña relación más profunda. Que la verdad me encanta y disfruto mucho mientras la escribo.

Espero con ansias todos sus reviews que son mi fuerza para continuar escribiendo.