Hola de nuevo. Gracias a todos los que leen y siguen mi fic. Espero que estéis igual de ilusionados que yo o al menos os divirtáis leyéndolo, como yo escribiéndolo.
Heridas
Con los primeros despuntes del sol, al alba, retomaron su camino. Nada más que el sol salió en su plenitud empezó el calor. El sofocante calor, y otra vez volvía la cantinela de quejas. Por suerte, el calor y la aridez del desierto, provocaron que Kankurō dejara de comentar lo horrible que era el desierto. Una suerte, pensó Gaara, que en ese momento prefería el silencio.
No quedaría más de una hora para llegar. Aunque todavía no podían vislumbrar la ciudad, debido a las inmensas dunas, lo que sí percibieron, a lo lejos, fueron dos pequeñas columnas de polvo, una persiguiendo a la otra. Así pues, aceleraron el paso, para investigar de qué se trataba.
A la vez que se iban acercando, pudieron contemplar, cómo un grupo de tres forajidos, dos con el cabello azabache y otro tostado, perseguían a otra persona que estaba herida, y parecía pertenecer al clan Kaimatachi, por sus vestimentas. Llevaba una túnica color salmón y un velo del mismo color, donde se distinguían varias manchas de sangre.
El cansancio y la pérdida de sangre parecían hacerle mella. Mientras, sus perseguidores parecían divertirse con la caza. El que más parecía disfrutar era el del pelo tostado, ya que iba en cabeza y, de vez en cuando, lanzaba algún kunai a su víctima.
Los tres hermanos no tardaron mucho en actuar, sobre todo cuando el perseguido se tropezó, y cayó de bruces contra la arena. Ese fue el momento que aprovecharon para interponerse entre él y sus perseguidores.
Los hombres pararon en seco, y sus sonrisas sádicas cambiaron a una expresión bastante más seria, incluso, se podría decir que de miedo. Todos por aquellos lares sabían quién era Sabaku No Gaara, y lo mortal que podía llegar a ser un enfrentamiento con él.
—Mi nombre es Kento. Y esa chica nos ha robado, y después ha intentado asesinarnos. Simplemente, le estamos enseñando a no jugar a los forajidos —aclaró apresuradamente el hombre del cabello tostado. Los otros dos, asistieron a lo dicho por su compañero. La joven no dejaba de jadear por el cansancio, apenas podía hablar, ni mantenerse en pie.
—¿De verdad te piensa que nos vamos a creer esa sarta de mentiras? —preguntó Kankurō con sarcasmo y arrogancia. Kento apretó los puños con ira, no quería dejar escapar a su presa.
—Será mejor que os marchéis ahora, si no queréis formar parte del desierto —les advirtió Temari con soberbia y desenfundado su abanico. El marionetista cogió sus pergaminos, la verdad era que se había quedado con las ganas de darle una paliza a Âkil, así que estaba deseando desquitarse. Gaara, seguía con su fría mirada, mientras empezaba a salir arena de su calabaza.
El jefe apretó los dientes con fuerza, debido a la frustración, pero no podían dejarla escapar. Así que, se dispuso a atacar, pero antes de que hiciera un solo movimiento, los tres hombres fueron tragados por la arena, y aplastados. El kazekage no tenía piedad ante los que dañaban a inocentes.
—Bah, hermanito, podrías haberme dejado que pateara algún culo —dijo con decepción el marionetista, guardando sus pergaminos, y reparando en la joven.
—Tranquila, ya estás a salvo. —Le habló Temari con amabilidad, ofreciéndole la mano. La joven lo agradeció tomando su mano mientras sonreía, o al menos eso parecía. Sin embargo, cuando cruzó la mirada con el pelirrojo, la expresión de sus ojos morados cambio a una mirada de pánico. Se puso tensa y no se movió, ni siquiera respiraba, hasta que se desmayó—. Tenemos que llevarla a un hospital, ha perdido mucha sangre —dijo la mayor, tomándole el pulso, mientras Kankurō la cargaba.
No obstante, el kage no se inmutaba, era como si no estuviera allí, un recuerdo se había reproducido en su mente. Esa mirada, era exactamente la misma que la de Ai justo cuando la atacó, ese miedo e impotencia. Se le hizo un nudo en el pecho, había visto esa mirada de desesperación tanta veces, pero hasta ese momento no le había afectado.
—Gaara, tenemos que movernos o morirá —le advirtió su hermana. El menor volvió de sus recuerdos y haciendo caso a la advertencia, se subieron en varias nubes de arena, para poder llegar lo más deprisa posible al hospital.
Cuando llegaron a las puertas de Suna, no hubo mucho tiempo de actuación, Kankurō y Temari fueron a llevar a la joven a que la atendieran y Gaara se fue a la torre del Kazekage, para reunirse con el consejo e informar de todo lo ocurrido. Además, de ponerse al día con su trabajo en la aldea. Quería mantener la mente ocupada todo el tiempo posible.
En la reunión, se consensuó las medidas que se dispondrían en la aldea, cuando vinieran los nómadas a por la compra y venta de mercancías. Todos estuvieron de acuerdo en lo acertado que era volver a retomar estas negociaciones para la ciudad. Y por último, se habló de la mujer desconocida que habían traído a la aldea. Al final se acordó, que cuando fueran los Kaimatachi podrían reconocerla, e irse con ellos, así las negociaciones serían más prósperas.
Habían pasado dos días desde que volvieron a Suna, pero la joven todavía no había despertado. En el hospital estaba dada la orden de que si despertaba, avisaran a alguno de los hermanos para tomarle declaración. Le habían quitado el velo para atenderla mejor, se podría decir que era una chica agraciada, donde contrastaba mucho su color de piel con su pelo blanquecino, el cual estaba adornado con trenzas y cuero; sin embargo, en lado derecho de su cara tenía una gran herida ya cicatrizada alrededor de su ojo y bajando un poco por la mejilla. Le faltaba la piel, y era de un tono más blanquecino que su color tostado, debido a la poca pigmentación que tendría. Además, de la pequeña herida que tenía en la frente, y el pequeño tatuaje color morado debajo de su ojo izquierdo.
Por lo que informaron los médicos, tenía varias heridas cicatrizadas por todo su cuerpo y varias fracturas en los huesos que se habían regenerado, a parte de las heridas que tuvieron que curar. Al parecer, tenía un cuerpo atlético, con las caderas demasiado anchas para una anatomía tan delgada, y escaso pecho.
Cuando avisaron al Kazekage, ya había anochecido, y solo había pasado una hora desde que se despertó. Temari ya estaba allí cuando él llegó, era un poco tarde para interrogarla, pero era lo que se tenía que hacer. Cuando los médicos salieron de la habitación, entraron ellos. Todavía se estaba recuperando las heridas, pero parecía que el dolor no había hecho desaparecer su hambre, ya que no dejaba de comer.
Echó una rápida mirada a los jóvenes, siendo más intensa en el kage… ¿acaso se podía vislumbrar odio?, aunque no duró mucho. Acto seguido, una sonrisa forzada se dibujó en sus labios y saludó con la mano.
—Vosotros fuisteis los que me salvasteis —recalcó la joven, dejando la comida a un lado—. Muchas gracias, ya pensaba que iba a morir en ese desierto —agradeció mientras se miraba las manos de forma triste. Temari le devolvió la sonrisa brevemente, mientras que Gaara se quedó sin palabras, era igual a ella, su voz, sus ojos… no podía ser.
—No te preocupes por eso. Él es Gaara, el Kazekage, y yo soy Temari, la embajadora, ahora mismo te encuentras en Suna. Hemos venido a hacerte una serie de preguntas, ¿si no es molestia? —informó la mayor, la joven asistió con la cabeza esperando las preguntas—. Bien, pues em… —No pudo continuar, ya que fue cortada de forma fortuita por su hermano menor.
—¿Cuál es tu nombre? —preguntó de forma cortante el kage. La joven lo miró amablemente, «¿Dónde estaban las miradas anteriores? ¿Será imaginación mía?» se preguntó.
—Mi nombre es Shandi, Kaimatachi Shandi —respondió lentamente. Decepción, es lo que se pudo leer en la cara de Gaara, por un momento le quedaba esa esperanza—. Por cierto, ¿sería mucha molestia que volviera a ponerme mi velo? Me siento desnuda al mostrar mi cara ante un desconocido —explicó con el trozo de tela entre sus manos.
—No, claro que no habría problemas —respondió Temari, la chica lo agradeció con una pequeña reverencia de cabeza y poniéndoselo—. Bien, nos gustaría que nos explicará lo ocurrido en el desierto —dijo en forma de pregunta. Shandi miró por la ventana.
—Habíamos terminado de montar el campamento y estábamos preparándonos para cenar cuando atacaron. Todo fue un caos, yo estaba en la tienda con… mi esposo. Entraron y lo asesinaron, pero yo escape, era la única Kaimatachi... fue una matanza —explicaba la joven con rabia e impotencia. Los hermanos estaban muy atentos escuchándola—. Pero debieron verme porque me persiguieron, estuve huyendo hasta que me tope por con vosotros… Mil gracias de nuevo —terminó de decir. Parecía bastante afectada. Gaara y Temari se miraron, su historia parecía creíble, y todo concordaba.
—Entiendo, sentimos mucho tu perdida. En un par de semanas, vendrán algunos miembros de tu clan para comerciar en Suna, podrás irte con ellos. Mientras…—Otra vez fue cortada en mitad de la frase, solo que esta vez por la joven.
—¡No!, ¡ellos me mataran por haber huido! No puedo volver, prefiero que me dejéis en mitad del desierto antes que volver. —La chica se alteró bastante. Se llevó las manos a la cara, tapándola.
—Tranquila, no harás nada que no desees. Y si te place quedarte en Suna, podrás hacerlo —contestó el Kazekage con seriedad y un poco de amabilidad, o al menos un intento de ello. Mientras, su hermana lo miraba sorprendida ante ese gesto. Él solo pensaba en que no dejarían que le hicieran daño. A ella podría protegerla.
—Muchísimas gracias por tanta amabilidad. Gracias de verdad —agradeció Shandi, con varias reverencias de cabeza, tan efusivas fueron, que se hizo daño en las heridas, retorciéndose un poco en la cama del dolor.
—Será mejor que te dejemos descansar. Volveremos cuando te recuperes —se despidió Temari, y Gaara la siguió, no sin antes contemplar, por una última vez a la joven que volvía a mirar por la ventana.
—¿Crees que el consejo aceptará que se quede? —preguntó su hermana, una vez en los pasillos del hospital. El jinchūriki la miró.
—No habrá otra opción, no tendría lógica salvar a alguien para después entregarla a la muerte —contestó. Temari estaba impresionada de lo mucho que había cambiado su hermano desde su enfrentamiento con Naruto. Siempre le estaría agradecida por ello, por haberle devuelto a un hermano.
Los hermanos salieron del edificio para volver a casa. Mientras, una chica los observaba marchar desde la ventana del hospital, apretaba los puños con fuerza; al mismo tiempo que mojaba su velo con lágrimas.
Continuará…
Como siempre, espero vuestros comentarios con cualquier sugerencia, crítica o ánimo.
Besos a todos.
